N/A: Empezaré diciendo que este fanfic es un regalo de cumpleaños para Ale, mi partner de rol. No me voy a ir en floro porque no acabaría nunca (y porque ya le saludé por privado con un testamento estilo ah that gentleman), solo diré que es el mejor Seto de la vida y que estoy contenta de haberle conocido (:
Nota importante: En el rol, Jesse y Seto tuvieron gemelos, Ikki y Nagisa. Pueden verlo como gusten: adopción, Mpreg, lo que sea más cómodo para ustedes; no lo especifiqué porque sé que no a todos les va el mpreg y tal.
Advertencias: ninguna, creo. OoC en Jesse (as usual) y quizás en Seto.
ONÍRICO
One-shot
Cuando Seto entró a la habitación de los bebés, vio a Jesse con uno de ellos en brazos. Había escuchado a Nagisa llorar desde su oficina y por eso se había apresurado en llegar para atenderla, solo que Jesse se le había adelantado y por eso ya la tenía cargada, meciéndola con cuidado mientras caminaba distraídamente por la habitación. La bebé empezaba a calmarse poco a poco y Seto agradeció internamente por eso, ya que Ikki seguía dormido en su propia cunita. El mayor inconveniente con tener gemelos era ese, precisamente, que si uno se despertaba llorando lo más probable era que el otro también lo hiciera. En parte, era esa la razón por la que el CEO pasaba más tiempo en la mansión, manejando Kaiba Corp. a distancia, sabía que Jesse no se daría abasto él solo y no le hacía gracia que las mucamas se encargaran de la atención de sus hijos (tenía que reconocerlo, se había vuelto muy celoso en ese aspecto).
-¿Tiene hambre o necesita un cambio de pañal? -le preguntó mientras se acercaba para observar la situación.
-En realidad, creo que solo quiere que la carguen -respondió Jesse, bajando la mirada hacia la bebé- qué engreída eres, mi amor.
Seto dejó ir una risa contenida, aproximándose a la cuna de Ikki para verificar que todo estuviera en orden con él.
-Se parece a alguien que conozco.
Jesse mostró falsa indignación, pero no dijo nada más respecto a eso, solo sonrió y se sentó en la mecedora. Miró el reloj en la pared y se dirigió a Seto nuevamente para hablarle.
-Ya casi es su hora de comer. Ikki se despertará pronto.
-Está bien, prepararé los biberones.
Jesse asintió con la cabeza, vio a Seto caminar hacia donde estaba para inclinarse y poder dejar un beso en la cabeza de su hija, seguía despierta pero estaba distraída con su chupón. Mientras Seto bajaba por las escaleras para ir a la cocina, se puso a pensar en lo mucho que había cambiado su vida en los últimos años.
Primero, había conocido a Jesse, un chico tan impulsivo y directo como testarudo y boca floja. Tenía que admitir que, al principio, le recordaba un poco a Atem por esa mirada tan desafiante y la forma tan tajante de escupirle las verdades en la cara. Había creído encontrar un reemplazo del Faraón en ese chico tan excéntrico que también le proporcionaba sexo y compañía siempre que se lo ordenara. Además de eso, no había conseguido ganarle un solo duelo (en más de una ocasión lo había puesto en aprietos, pero el CEO lograba salir bien librado con victorias aplastantes que, lejos de martillar el orgullo y el entusiasmo de Jesse, lograban despertarle unas ganas desmesuradas por mejorar su estrategia).
Poco a poco, fue descubriendo más que solo un muchacho del montón que, de otro modo, jamás hubiera volteado a mirar. Jesse era guapo pero nada extraordinario, no tenía el mejor cuerpo, tampoco gozaba de buenas conexiones más allá de las que Seto le proporcionaba y, sin embargo, había logrado obtener su atención con la simpleza de su carácter arrebatado y la manera tan descarada en la que se le enfrentaba cuando algo no le parecía. Lentamente, y sin que el CEO se diera cuenta, había pasado de ser el sustituto de alguien que no volvería, a una persona digna de su atención y su afecto.
Incluso después de años en los que la convivencia había hecho que la relación se formalizara, ninguno de los dos había perdido el toque que los hacía quienes eran. Lo que lo llevaba al segundo punto: sus hijos. Si a Seto le había sorprendido terminar proponiéndole matrimonio al que alguna vez fuera su amante, le sorprendió aún más descubrir que quería formar una familia con él. Ikki y Nagisa eran un regalo del cielo (no literalmente, por supuesto, porque cuando tienes tanto dinero como Seto Kaiba lo imposible es solo una payasada), una prueba de que Seto podía aspirar a algo más que solo odiar y hacer crecer su imperio.
Por mucho tiempo, lo único para lo que vivía era Mokuba y Kaiba Corp., mientras cargaba con los fantasmas de una infancia mancillada por el abuso y la tristeza. Jamás creyó que algún día estaría listo para tener descendencia y más aún, para anhelarla. Por eso, se le hizo sumamente raro cuando un día, estando recostado en la cama con Jesse acurrucado junto a él, salió de su propia boca: "¿Has pensado en tener hijos?". Recordó ver a su esposo levantar la mirada, sonreírle con esa dulzura que a veces olvidaba que tenía y empezar a llenarle el rostro de besos, repitiendo "¡Sí, claro que sí!" una y otra vez. No fue hasta ese momento que Seto se dio cuenta de la estabilidad emocional que había conseguido, que sus demonios ya no lo atormentaban por las noches y que deseaba, desde lo más profundo de su corazón, tener hijos con el chico del que se había enamorado.
Mokuba fue el primero en saberlo, desde luego, y la alegría que mostró fue suprema y genuina. Durante años había sido la única prioridad de Seto (más allá de la corporación, los duelos y su eterna rivalidad con Atem) y verlo así, tan tranquilo y listo para dar un paso más, era algo que él había deseado desde siempre para su hermano mayor. A los pocos días de enterarse, anunció que se iría de la mansión.
-No tienes que hacerlo -le dijo Seto- esta casa es bastante grande para todos.
Mokuba asintió porque lo sabía. Cualquiera con un par de ojos podía ver que sí, era más que suficiente.
-Lo sé, era algo que ya estaba considerando desde hace unos meses. Creo que solo necesitaba este empujoncito para terminar de decidirme.
Ninguno de los dos dijo nada más, no lo necesitaban para saber las razones, era obvio: ambos habían crecido y estaban tomando las riendas de sus vidas, aunque eso los llevara por caminos diferentes. Mokuba se sentía orgulloso, de algún modo, era como si le estuviera cediendo la batuta a Jesse y a sus hijos (sus sobrinos, increíble).
A Seto también se le infló el pecho de orgullo porque había hecho un gran trabajo criando a su hermano menor.
Luego de verificar que la temperatura de la leche fuera la adecuada, tomó ambos biberones y subió rápidamente a la habitación de los niños, justo a tiempo, porque a lo lejos podía escuchar los quejidos de Ikki, indicativo de que ya era la hora de comer. Se acercó a Jesse, que aún estaba en la mecedora con Nagisa en brazos y le extendió uno de los biberones para que pudiera alimentarla. Caminó hasta la cuna de Ikki para cargarlo antes de que empezara a llorar más fuerte y se lo llevó hasta la otra mecedora para darle el biberón.
-¿Te he dicho que te ves mucho más sexy en tu faceta de papá? -escuchó la voz de Jesse. Levantó la vista y se encontró con sus brillantes ojos verdes puestos en él.
Seto sonrió de lado, volviendo su atención al pequeño Ikki.
-Si Nagisa se atora por tu distracción, te ahorcaré.
Jesse se rió. Cuando los bebés terminaron de comer, se quedaron profundamente dormidos otra vez y así sería hasta que necesitaran un cambio de pañal.
Luego de besar a sus hijos en sus diminutas frentes, salieron de la habitación, con mucho cuidado de no hacer ruido, rumbo a la oficina de Seto para que este pudiera acabar sus últimos pendientes del día.
-A veces me parece que todo esto es un sueño -le dijo Jesse una vez que se instalaron en su lugar, él en el sofá y Seto frente a su escritorio.
-Sí, creo que sé a lo que te refieres.
Por supuesto que lo sabía, en ocasiones sentía que todo era una ilusión, que despertaría un día y descubriría que nada de lo que tenía ahora era verdad.
-Me has dado una familia muy bonita. Gracias.
Seto lo miró. Parte del encanto de su relación era que podían responderse con sarcasmo y altanería, era divertido, como un acuerdo tácito de lenguaje universal del matrimonio Kaiba-Anderson. Pero esto se sentía distinto, al CEO no le apetecía responder con ironías porque Jesse, dentro de su infinita cursilería, estaba exteriorizando lo que seguramente Seto haría si supiera una o dos cosas sobre expresar correctamente sus sentimientos.
Él no era bueno con las palabras pero sí con las acciones, así que se puso de pie, caminó unos pasos hasta quedar frente a su esposo y lo tomó de la mano para ponerlo de pie y besarlo con mucha dedicación.
-Siempre pensé que yo te había cambiado la vida a ti -le dijo al separarse, sin quitar su mirada de la otra- pero fue al revés.
Jesse sonrió sin entender muy bien a qué se refería con eso y acarició su mejilla derecha con la mano. Seto cerró los ojos, suspiró e inclinó su rostro, disfrutando la sensación que dejaba Jesse sobre su cuerpo cada vez que lo tocaba.
Para Seto Kaiba no existía el hubiera pero tenía que admitir que, de no haber tomado las decisiones que había tomado, seguramente no habría conseguido nada de lo que tenía en ese momento.
Happy birthday, my sweet love! xx
