Para Llamar a un Compañero
Esta historia no es mía, es de Penthesileia la cual fue muy amable en dejarme traducir su fic, el cual originalmente está escrito en inglés. Espero que les guste tanto como a mí. Si quieren leer la historia en su idioma original les dejo el link:
w w w . fanfiction s / 4627810 / 1 / To - Summon - a –Mate
solo tienen que quitar los espacios.
Tiene contenido fuerte, lean bajo su propia responsabilidad.
Aviso-Yo no soy dueña de Inuyasha y no estoy haciendo dinero con este fic.
Sin tiempo ni lugar ...
-Pero ... ¡pero estás muerta!- Kagome escupió, incapaz de ocultar su sorpresa. -Tienes que estar muerta. Esto no puede ser posible.
-Que elocuente.- Murmuró Naraku. -¿Estás segura de que quieres reclamarla como una de nuestras líneas?
Inuyasha gruñó, sus colmillos empezaron a mostrarse. -Cállate, mierda. ¡Cualquier persona se sentiría honrada de tener a Kagome!- Él la defendió.
Los ojos de Naraku se estrecharon en rendijas, sus brazos lentamente se estiraron alrededor de su pecho. -Cuida tu tono, muchacho.- Su tono era tan frío que podría haberle dado la gripe a Sesshomaru.
Midoriko trató de rodear a su compañero, apenas sorprendida cuando él no se movió. -Chicos, ahora siéntense.- Ella calmó -No seré feliz si ensucian de sangre las flores.
Kagome tenía la sensación de que le gustaría su bis-lo que fuera-abuela.
Apretó la mano de Inuyasha, intentando en silencio quitar el gruñido de su cara. -Lo siento por mi rudeza.- Kagome se disculpó. -Es solo que ... ha sido un día muy estresante.
-Podemos verlo.- Naraku señaló fríamente, estudiando las manchas de sangre de Inuyasha y los jeans quemados.
Kagome intentó pararse frente a Inuyasha cuando sus ojos parpadearon, peligrosamente en un color parecido al rojo. ¡Recuerda a Kagura! Dañar a Naraku no haría ningún bien. Kagura era realmente la única que sufriría. Y entonces Sesshomaru haría sufrir a todos. Me prometiste que no harías un alboroto asesino, Inuyasha.
No. No lo hice. Kagome podía sentir que luchaba por contener su furia hirviente, lejos de donde podría estar tentado a actuar. Sé que es tu familia, pero Kagome ... Inuyasha se calló, apretando los dientes.
Si Naraku sabía lo cerca que estaba Inuyasha de lanzarse hacia él, no lo demostró. Mantuvo el ceño fruncido en su rostro, sin molestarse en hablar, amenazar o alardear. Parecía contento de mirarlos con furia hasta que se fueran.
Lo siento por esto, Inuyasha. Ella realmente era. En cualquier otro momento, ella lo habría alentado mientras él arrancaba la garganta de Naraku. Pero mientras él todavía estaba conectado con Kagura y estaban atrapados en la joya, simplemente no era el momento.
Inuyasha apretó la mano de Kagome un poco desesperadamente. Me controlaré. Por ahora.
Midoriko sonrió alegremente, ignorando la actitud menos que emocionada de Naraku y el gruñido de Inuyasha. -Tengo la sensación de que tenemos mucho que discutir. ¿Te importaría sentarte?- Hizo un gesto detrás de ella, almohadas que cubrían el suelo del pabellón. Ella tiró de la manga de Naraku. -Vamos, querido.
Naraku gruñó, de mala gana dirigiéndose a la estructura de madera. Midoriko lo siguió de cerca, enviando otra sonrisa tranquilizadora sobre su hombro.
Inuyasha retumbó en su garganta. Compañera, no me gusta esto ...
Lo sé, tampoco estoy emocionada. Pero no me digas que no tienes curiosidad. Señaló Kagome. Ella sabía que quería conocer a su familia. Sus dos padres habían sido hijos únicos, por lo que nunca había crecido con tías o tíos o primos. No podía dejar de querer aprender sobre sus antepasados ... incluso si uno había asesinado a los padres de su compañero. Además, creo que estaremos bien. Parecen saber de nosotros de alguna manera.
Feh, ¿y eso es algo bueno?
Solo vámonos. Tenemos que averiguar cómo salir de aquí de todos modos, ¿verdad?
...bien. Pero ni siquiera pienses en dejar mi lado.
Ella no tenía ningún problema con eso.
Faroles colgaban de las ventanas, columnas rojas sostenían el techo. Las almohadas coloridas y cómodas que se veían fuera del lugar del ambiente japoneses que cubría el suelo y rodeaban una mesa situada en el centro del pabellón. Midoriko y Naraku se acomodaron cerca, Midoriko esperaba expectante mientras Naraku solo sospechaba.
Naraku apenas esperó a que se sentaran frente a ellos, la mano de Kagome aun firmemente enredada en la de Inuyasha. -¿Qué están haciendo aquí?- Él ladró.
Bueno, ahí se fueron sus sueños de una feliz reunión familiar ...
Midoriko solo puso los ojos en blanco. -Perdona a mi compañero, son los primeros visitantes que hemos tenido.- Ella le dio una palmadita en la mano, tratando de aliviar la tensión que corría apretada en sus músculos. -Está un poco nervioso al recibir un invitado de la línea de Inu no Taisho.
Kagome le dio un codazo a Inuyasha cuando él abierió la boca. No es que no mereciera gritar todos los abusos que quería cometer contra el asesino de su padre, pero ahora no. -Entendemos.- Ella dijo rápidamente, luchando por la cortesía. -Pero me temo que no entendemos mucho más.
Midoriko asintió, -Por supuesto. Puedo ver que esto es confuso para ambos. Así que comenzaré con tu primera observación.- Ella sonrió levemente. -Tienes razón, estoy muerta. Técnicamente.
Los ojos rojos de Naraku se volvieron negros, las garras se clavaron en la mesa.
Midoriko casualmente tomó su mano entre las suyas, dejándolas descansar sobre su regazo fuera de la vista. -Morí para ayudar a impulsar la transformación de Sango. Después de mi trabajo.- La sonrisa se desvaneció de sus labios, y se inclinó hacia adelante, con los ojos fijos en Kagome. -Dime. ¿Ha habido alguna noticia sobre Rin?
Kagome e Inuyasha intercambiaron una mirada. Él se encogió de hombros, y tampoco era como si ella hubiera escuchado ese nombre. -Lo siento, no sé quién es.
-Oh.- Midoriko se recostó, -Esperaba que Kagura hubiera dicho algo ... pero no importa entonces.- La decepción tallada en su rostro se borró, una sonrisa tenue tomó su lugar. -Sí, morí. Pero había demasiados asuntos pendientes para que me fuera. La joya fue un ancla para mi alma, y Naraku me dio carne.
¿Eso te suena asqueroso también?
Todo esto es jodidamente antinatural, señaló Inuyasha sombríamente. Estaba tenso y rígido a su lado, no parecía feliz.
Midoriko se sonrojó un poco bajo su confusión. -La sangre de Naraku me da forma.- Ella explicó más.
Kagome no pudo evitar el jadeo que se escapó. Es por eso por lo que Kagura tenía tantas heridas. No era venganza, era para que Naraku pudiera estar con su verdadera compañera.
Fue extraño, retorcido e injusto para Kagura ... pero algo agradable.
-Quita el arco iris y el sol de tus ojos.- Espetó Naraku, adivinando la dirección de sus pensamientos. -Kagura no se lastimaría si no estuviera unido a ella. Tengo que insultar a Sesshomaru de alguna manera.
Ok, no tan agradable entonces. -Así que realmente has estado espiando como ellos lo han sospechado.- Kagome concluyó.
Naraku se encogió de hombros, sin vergüenza. -Es la única forma de obtener noticias del mundo exterior, nieta.- Su mirada roja tocó su palma. -Sin embargo, podría haber muerto feliz sin saber que mi sangre estaba acoplada a la línea de Inu no Taisho.- Dijo con gravedad.
Eso finalmente le ganó a Naraku una mirada aguda de su compañera mientras Kagome prácticamente abrazaba el brazo de Inuyasha contra su pecho, rogando que mantuviera la calma. -Como has aprendido bien, no podemos ayudar a los compañeros con los que hemos sido regalados.- Midoriko señaló, para los dos. -Solo puedes sacar lo mejor de ello.
Naraku gruñó, eligiendo no comentar.
Kagome miró a Midoriko, pensando sobre algo en su cabeza. -Esa extraña marca en Kagura, la M ... esa eras tú, ¿verdad?- Ella preguntó. -Querías hacernos saber que estabas aquí.
-Era una posibilidad remota, pero esperaba que alguien lo descubriera.- Midoriko admitió. -No le dije a nadie sobre el portal que construí en la joya, pero una vez que supe de ti, esperé que vinieras.- Miró a Inuyasha, aclarando su garganta. -Fue una ... sorpresa agradable que también hayas traído a tu pareja.
-¿Eso es todo lo que puedes decirme?- Inuyasha gruñó, finalmente hablando. -¿Es una "sorpresa agradable"? Déjame decirte algo, no fue "agradable" estar atrapado en un espejo durante 500 años y confiarlo a la perra que nos engañó a todos.
Naraku mostró sus colmillos mientras Midoriko miraba hacia la mesa. -No me importa quién eres, no hablarás con mi compañera de esa manera, o yo-
-No Naraku, tiene razón.- Midoriko interrumpió. Miró hacia atrás para poder reposicionar sus manos en su regazo, inclinándose ligeramente. -Señor Inuyasha, me disculpo por mis acciones. Pensé que podía confiar en Kikyo, y no lo descubrí hasta que fue demasiado tarde que no podía hacerlo. Cuando se trataba de la protección de la joya y Nar... y el tesoro, puedo admitir que reaccioné con dureza. Pido humildemente su perdón, por el bien de nuestras familias.
Kagome apretó la mano de Inuyasha, prestándole su fuerza. Apenas tuvo tiempo para considerar pertenecer a la misma línea que Midoriko y Naraku. No estaba segura de sí debería estar orgullosa o avergonzada. Pero ella no culparía a Inuyasha en cualquier manera que él eligiera reaccionar. Él muy bien podría devolver la disculpa de Midoriko a su cara.
Pero una pequeña y silenciosa parte de ella esperaba que él la tomara.
Midoriko era parte de su familia. Lo que sea que eso signifique.
-… feh.- Inuyasha finalmente resopló. -Kikyo me engañó también.
Una pequeña sonrisa se extendió en la cara de Kagome. Así que no es una disculpa del todo. Pero tal vez la comprensión era mejor de todos modos.
Sólo por ti, compañera. Inuyasha le apretó la mano.
-¿Por qué esperabas que viniera?- Preguntó Kagome, volviendo a enfocar la conversación.
-Para conocerte, querida.- Exclamó Midoriko. -Naraku y yo queríamos conocer a nuestra tatara, tatara, tatara -, Midoriko agitó la mano para indicar el resto de "tatara". -nieta. No pudimos criar a nuestra propia hija. Es algo que ambos lamentamos.
La expresión de Naraku no cambió, sin parecer demasiado preocupado.
¿Ella realmente ama a este chico? Kagome se preguntó. Él no ha dejado de mirarnos una vez.
Demonios, no me estoy metiendo en esa mierda. ¿Me parezco al Dr. Till? Inuyasha exigió.
Te refieres al Dr. Phil. Para un demonio que solo había estado expuesto a la televisión durante unas pocas semanas, Inuyasha se había vuelto extrañamente adicto a la televisión diurna. Kagome se mordió el labio ante la indignación de Inuyasha, tratando de mantener su atención. Dudo que esa sea la única razón por la que Midoriko me quería aquí.
Eso despertó el interés de Inuyasha, calmando algo de la rabia rodando en su estómago. ¿El demonio interno está arrojando su opinión?
Algo parecido. Es solo una fuerte sensación visceral. Kagome no estaba segura de cómo explicarlo. Tal vez el cinismo del Abuelo se estaba frotando en ella.
Bueno, avísame cuando tenga algo que decir. Quiero escucharla rugir y luego hacerla ronronear. Inuyasha descansó sus manos unidas en su muslo, acariciando su muñeca con su pulgar.
Las mejillas de Kagome se calentaron, resistiendo el impulso de retorcerse. No. Es. El. Momento.
Feh.
Kagome se aclaró la garganta, luchando por mantener su compostura y recordar sus modales. -Estoy muy feliz de conocerlos ...- se calló, no estaba segura de sí era apropiado llamarla Midoriko o su tatarabuela, -pero me temo que no tenemos tiempo para una visita. Kikyo sigue viva y quiere la joya. Vinimos a la tesorería para detenerla, pero accidentalmente me atrajeron a la joya. Ella todavía está aquí, luchando contra nuestros amigos mientras sostiene a mi hermano como rehén.- La preocupación que había dejado de lado volvió a la vida. Souta se veía tan asustado en las manos de Kikyo. Su compañero estaba a salvo, pero no podía decir lo mismo de su hermano.
Lo haremos. Lo haremos a tiempo, prometo susurró Inuyasha, tranquilizándola.
Un escalofrío se hundió por su columna vertebral cuando Naraku de repente se quedó muy quieto, su atención enfocada y fría. -¿Cuáles son sus intenciones?
Kagome se encogió de hombros, acercándose un poco más a Inuyasha. Tenía que recordar que este hombre no era su dulce abuelo, ligeramente confundido, de buen carácter, sin importar su relación. Este hombre había tratado de derrocar el cielo, condenando todos los costos. -Para robar la joya. No estamos realmente seguros de por qué. ¿Tal vez para liberarte?
Los ojos de Naraku se oscurecieron, su cabello se despegó de su cuerpo. Sus garras se clavaron en la mesa de nuevo, con la mandíbula apretada. -Esa mujer traicionera. No dejes que me libere. La joya no debe ser destruida.
Inuyasha empujó a Kagome detrás de él, incluso cuando la sorpresa hizo que sus cejas se alzaran. -¿Prefieres estar preso para siempre y luego continuar tu revolución?
-Tonto. Si me liberan y la joya se va, ¿qué crees que le pasará a Midoriko?- Naraku contestó. -Se habrá ido, ninguna cantidad de mi sangre derramada podrá atarla a mí.- Miró a su compañera, la rabia se suavizó lo suficiente como para relajar sus dedos. -Eso no pasara.
Midoriko colocó una mano tranquilizadora en el hombro de Naraku. -Querido, trata de calmarte. No iré a ninguna parte. Estoy aquí contigo.
Inuyasha negó con la cabeza, sin convencerse. -¿Me estás diciendo que Kikyo no es tu compañera? ¿Que estos no han sido tus planes durante siglos? ¿Qué has renunciado totalmente a matar a mi hermano, a Dios, ya alguien más que se interponga en tu camino?
Naraku resopló. -No estoy diciendo que no haya renunciado a ninguno de mis planes. Dios tiene mucho por qué hablar después de dejar morir a Midoriko.- El siseo -Solo estoy decidido a encontrar otra forma de liberarme de la joya, sin dejar que Midoriko se vaya.
Midoriko estaba tranquila y serena a su lado. Como ella había escuchado este argumento miles de veces, decidida a no hacerle saber la respuesta a su pregunta.
Inclinándose hacia adelante, Naraku mostró los dientes, sin importarle cuando Inuyasha los mostró en respuesta. -Kikyo no va a tener éxito. Júrame, nieta. No dejarás que la demonio ponga sus manos en la joya. Tienes mi espada ahora, depende de ti.
-Oh para, Naraku. Tengo suficientes personas obligadas para matar a Kikyo.- Las mejillas de Midoriko se sonrojaron, y sus ojos se posaron en la mesa, avergonzada de mirar a otra parte. -No necesitamos agregar a nuestra nieta a esa lista.
Kagome se lamió los labios nerviosamente, todavía sin sentirse liberada del gancho. -Tengo mis propias razones para detener a Kikyo.- dijo con cuidado. Porque tampoco era como si ella pudiera prometer la seguridad de la joya.
Mientras viviera Naraku, Kagura estaría en peligro. Naraku había asesinado a los padres de Inuyasha antes de que él tuviera la edad suficiente para recordarlos. Ella no sabía cómo se sentía cuando él era parte de su familia, pero no podía negarlo.
Naraku no apartó su mirada de ella, sus ojos negros y furiosos. -Promételo. Antes de jurar que, si la joya deja de existir, no tendré piedad. Ni siquiera por una de mis líneas.
-¡Naraku!- Midoriko finalmente se quebró. -Estás perdiendo el control de tu temperamento. No me gusta cuando pierdes tu temperamento.- Ella le recordó. -Cállate antes de que digas algo de lo que te arrepentirás.
Por un momento terrible, Naraku parecía que iba a negarse. Luego resopló, levantándose de la mesa.
Es agradable ver incluso a Naraku azotado por su compañera. Pensó Inuyasha. No me siento tan aburrido de que seas la dueña de mis bolas.
Kagome le lanzó una mirada mientras Naraku salía del pabellón con los puños apretados contra su costado. Y no lo olvides.
-Lo siento por tu abuelo, Kagome.- Midoriko se disculpó, volviendo su atención a ellos una vez que Naraku estaba en su mansión. -Pero en su defensa, ha progresado bastante en los 500 años que hemos estado juntos.
-Entonces, ¿por qué realmente me querías aquí?- Preguntó Kagome sin rodeos, odiando perder más tiempo mientras su hermano estaba en peligro.
Midoriko se miró las manos y dijo: -Tenías razón, Kagome. Tenía un poco más en mente que solo hacer pequeñas charlas.- Cuando levantó la vista, la abuela cariñosa se había ido, reemplazada por la sacerdotisa guardiana que recordaba de los recuerdos de Sango. Necesito tu ayuda. Si hay que creer a Kagura, puedes ver los lazos de compañeros-
-¿Los lazos?- Kagome interrumpió, sin seguir. -¿No nos querías aquí por Sango?
Midoriko hizo una mueca, algo de su orgullo se desvaneció en la culpa. -Sí, Sango era otra persona de la que quería hablar contigo. Pero primero necesito saber. ¿Le estabas diciendo a Kagura la verdad sobre las cintas que has visto en alguna ocasión?
Kagome no miró a Inuyasha, sabiendo que ambos compartían la misma confusión. -Sí. Una vez en la memoria de Sango y otra vez cuando Naraku estaba cortando a Kagura. Pensé que eran una especie de firma de poder, pero Sango dijo lo contrario.
Midoriko asintió una vez. -Sango tenía razón. Esas no son firmas de poder, Kagome, son lazos de compañeros. Puedes verlas.- Se inclinó hacia delante, su mirada sin parpadear. -Y creo que eres la única persona que puede romperlos.
... Kagome realmente estaba empezando a odiar las revelaciones. Y siendo especial. -¿Qué?
-Eres de tres seres, Kagome. Demonio, humano y miko. Con tus poderes de sacerdotisa, tu habilidad para empuñar la espada de Naraku; uno de los artefactos del cielo utilizados por demonios, y tu humanidad, no solo puedes ver los lazos que unen a los compañeros. Puedes separarlos .- Explicó Midoriko. -Eres increíblemente rara, Kagome. Los pocos demonios y mikos que tenían hijos juntos nunca tuvieron la suerte de ser bendecidos con descendientes en el oficio. Tenía esperanza con Rin ...- Se detuvo de nuevo, sacudiendo la cabeza. -Pero no había tiempo de explicárselo. Y no era como si alguien supiera que Naraku era su padre.
Kagome no estaba preparada para tocar el tema de Rin hasta que su cabeza dejara de girar desde el primer torbellino. -Pero solo los he visto dos veces. Suena más como una coincidencia.
Midoriko estaba negando con la cabeza incluso antes de que Kagome terminara de hablar. -Es solo otra habilidad que dominar. Estás viendo cosas que existen en otro nivel del universo. Solo tienes que practicar un poco.
Midoriko miró por encima de sus hombros, asegurándose de que Naraku no hubiera regresado. -Has visto mi firma de poder como cintas destrozadas, porque Naraku se ha apareado con otra mujer en lugar de conmigo. Necesito que corrijas eso.
Kagome se sacudió, sus ojos se ensancharon. Sesshomaru tenía razón. Realmente puedo liberar a Kagura.
Feh, no dejes que el bastardo te oiga decir eso. Se regocijará al respecto ante nuestros propios tatara, tatara, tatara y tatara nietos. A pesar de sus palabras frívolas, Inuyasha acercó la mano de Kagome hacia él. -¿Y qué, Kag corta una línea invisible y ¿Kagura está libre?
-Bueno, Naraku tiene que estar vinculado a Kagura en ese momento.- Advirtió Midoriko. -Pero sí, es así de simple.
-Pero una vez que libere a Kagura, Sesshomaru no tendrá ninguna razón para permitir que Naraku viva, y la joya desaparecerá y ... desaparecerás.- Señaló Kagome, su asombro se desinfló un poco. Ella acababa de conocer a su abuela. ¿Fue esta la única vez que tendrían juntos?
Midoriko sonrió levemente. -Estoy cansada, Kagome. Naraku no lo admitirá, pero él también. Me debería haber muerto hace 500 años, pero he estado atada aquí. Es hora de que nos vayamos los dos. Y yo ... -Ella contuvo el aliento, sus manos aferradas a un lado de la mesa. -Odio que esté atado a esa mujer. Esa debería ser yo. Si pudiéramos habernos encontrado un poco antes ...- Se detuvo, riendo amargamente. -Estos celos me han estado comiendo viva. Y luego me siento culpable por desearlo tanto porque es mi enemigo, un asesino, pero también es mi compañero, así que debería tener mi lealtad absoluta. Estoy cansada de esta existencia, Kagome. - Midoriko negó con la cabeza. -Quiero a Naraku completamente para mí, libre de cualquier deber, culpa, o antiguos lazos. Incluso si tenemos que viajar al próximo reino para lograr eso.
Curiosamente, Kagome lo entendió. -Una vez que todo termine con el juicio de Kikyo e Inuyasha ... haré lo mejor que pueda.- Ella prometió.
Midoriko se echó hacia atrás, pareciendo aliviada. -Gracias, nieta. Gracias.
-Pero ¿que hay de Sango?- Inuyasha exigió. -Ya la has jodido lo suficiente. ¿Qué pasará con ella una vez que hayamos terminado de realizar tu trabajo sucio?
Midoriko se estremeció. -Tienes razón. Me lo merezco. No era lo suficientemente fuerte como para manejar a Naraku o Kikyo, así que se lo pasé a Sango. No quería ser yo quien decidiera si Naraku debería morir, o si Kikyo realmente estaba diciendo la verdad. Sango fue la guerrera más capaz que he conocido. Sabía que ella podría lograr lo que no pude.
Kagome la estudió por un momento, -¿Entonces no hubo una gran visión como le dijiste a Sango? ¿Pensaste por tu cuenta que necesitaban ser detenidos?
Midoriko suspiró. -No, mi confesión en el lecho de muerte no fue completamente ... veraz. Me tomó algo de tiempo para aclarar mis ojos nublados. Entre otras cosas.
Enderezó nerviosamente las mangas largas de su kimono, apoyando la tela sobre sus manos. -Naraku estaba escuchando la teoría de Kagura, y por supuesto, ella tiene razón sobre Sango.- Ella sonrió levemente. -Ella siempre fue demasiado lista para su propio bien. Lord Sesshomaru estará feliz de finalmente reclamarla y obligarla a establecerse.
Kagome apenas reprimió su risa, ignorando a Inuyasha cuando tosió en su brazo. ¿Kagura establecida? Jaja -¿Entonces ella regresará a su cuerpo normal una vez que Kikyo y Naraku estén muertos?
-Sí. La encerré en un lugar alejado del tiempo, así estará bien. Su cuerpo humano no ha envejecido 500 años. No quería castigar a la niña, después de todo.- Ella levantó una ceja ante la mirada sorprendida de Inuyasha. -¿Nunca te preguntaste por qué no moriste de hambre o de sed? Estuviste aislado del tiempo y del espacio. No podría hacer que te murieras si quería que te encarcelaran.
-Pero entonces, ¿qué pasa con su compañero?- Preguntó Kagome, redirigiendo la conversación. -¿Desaparecerán los lazos una vez que sea humana otra vez?
-... ¿Sango tiene un compañero?- Repitió Midoriko, era su turno de estar en shock. -Nunca tuve en cuenta eso. Nunca esperé que ella obtuviera uno. Me pregunto por qué Naraku no dijo nada sobre eso. Hmmm. Eso podría cambiar algunas cosas, supongo ...
Kagome no gruñó ni golpeó la cabeza contra la mesa como ella quería. Algo más que averiguar entonces. Otras familias se reunían con una cazuela de papas y una pequeña charla incómoda. ¿Por qué todas sus reuniones incluían increíbles poderes nuevos, conversaciones con un fantasma y preguntas ridículas que nadie podía responder de inmediato? Su cabeza casi se giró, sintiéndose un poco ligera y hueca por el shock. Odio ser especial.
Tú y yo. La próxima vez, nos quedaremos en casa con el jarabe de arce. Inuyasha gruñó de vuelta.
No obtendrás una discusión de mí.
-¿Algo más que quieras compartir, Midoriko?- Incitó Inuyasha. -Estábamos en medio de algo antes de que nos chuparan aquí. Sabes, salvar al hermano de Kagome, detener a Kikyo, limpiar mi nombre. Ese tipo de cosas.
-Oh, por supuesto, perdóname. Por favor, no dejes que los estorbe. Tienes toda una aventura que terminar.- Midoriko se levantó rápidamente, Inuyasha y Kagome la siguieron. -Vengan a la hierba, es doloroso transportarlos a través del pabellón.
-Quiero agradecerles a ambos por venir, incluso si fue por accidente.- Midoriko juntó modestamente sus manos. -Probablemente sea mejor que te vayas antes de que Naraku regrese. Se pone sentimental con respecto a las despedidas.
Inuyasha y Kagome intercambiaron una mirada, pero no dijeron una palabra.
Extendió la mano para ahuecar la mejilla de Kagome con delicadeza. -Estoy muy agradecida de haber tenido la oportunidad de conocerte. Te prometo que Naraku también lo está.- Ella rápidamente la tranquilizó. -Tiene un lado bastante suave cuando tienes la oportunidad de conocerlo.
-Estoy segura.- Kagome dijo por falta de otra cosa que decir. Sería incómodo discutir con su abuela cuán malvado podría ser su abuelo. Sobre todo, porque ella probablemente no tendría la oportunidad de conocer su lado suave. -¿Te importaría decirnos cómo irnos?
-Sólo pide salir.- Ella dijo serenamente. -Te encontrarás de nuevo en el cuarto de la joya.
Justo como cuando ella dejó los recuerdos de Sango. ¿Por qué no pensé en eso? Kagome esperaba que Inuyasha captara el sarcasmo.
Porque parece demasiado fácil. El aseguró. Teníamos otras cosas en la mente.
-Bueno adiós.- Se sentía incómoda, no estaba segura de qué hacer con sus brazos o cómo educar su rostro. ¿Debería ella abrazarla? ¿Estrechar su mano? ¿Hacer una reverencia? Ella no estaba realmente segura de cuál era el protocolo para saludar a tu tatara, tatara, tatara, tatara abuela.
Midoriko hizo una ligera reverencia. -Te ruego que vivas bien y prosperes. Puedes estar segura, nieta, te cuidaremos.
Kagome no estaba segura de que quisiera el tipo de observación que Naraku podría proporcionar, pero tomaría lo que pudiera conseguir.
-Esperen.- Ordenó Naraku, sin tener que levantar la voz antes de que Kagome se congelara. Bajó de su mansión, con las manos metidas en las mangas y el largo cabello suelto a un lado de su cara. Parecía haber tomado el control de sí mismo, su expresión en blanco y vagamente interesado.
Se detuvo justo frente a Kagome, estudiándola sin una palabra, ignorando los gruñidos de Inuyasha. Ella asintió ligeramente a su compañero, tratando de tranquilizarlo. Ella no sentía que Naraku quisiera hacerle algún daño, solo parecía ... curioso. Sus ojos rojos recorrieron su rostro, su cuerpo, su ropa, sin comentar sobre lo que estaba buscando.
Sin previo aviso, de repente se adelantó y ahuecó su mejilla, su mano se enfrió contra su piel. Kagome se obligó a quedarse quieta cuando quería saltar hacia atrás, pero no pudo evitar que su poder se elevara para encontrarse con la mano de Naraku.
Ella tampoco podía disculparse cuando Naraku finalmente retiró su mano, examinando las ampollas que florecían en su piel. No mostró dolor, a pesar de que varias partes estaban agrietadas y sangraban. -Hmm. Saca tu daga.
¿Cuándo se había convertido en su daga? Temerosa de romper la frágil conexión entre ellos, Kagome se quedó en silencio, agarrando el mango en su lugar. A pesar de cómo la hoja se torció en un punto, se deslizó fácilmente fuera de la vaina. El cañón brillaba incluso bajo la luz del cielo falso, las joyas brillando.
-Enfócate en eso ahora.- Ordenó, su atención completamente puesta en ella. -Haz que sea una extensión de tu mano.
Todavía no estaba segura de lo que estaba pasando, pero más curiosa que asustada, Kagome miró fijamente la daga. Ella nunca había tenido realmente un arma real antes. La única manera de realmente imaginárselo como parte de ella era si su poder era parte de él.
Su poder se disparó en el acero, las gemas incrustadas en la espada de repente brillaron y resplandecieron. Un brillo púrpura rodeaba la espada, el mango casi palpitaba en su mano.
Naraku asintió una vez, retrocediendo. -Eres aceptable, nieta. Mi daga es tuya ahora. Si fueras a matarme, moriría con honor.
Kagome trató de no dejar que su boca se abriera, sin estar segura de cómo responder a eso. Estaba incómodamente consciente de que la estaba mirando fijamente, el silencio comenzó a volverse incómodo.
Eso es realmente un gran cumplido, especialmente de un demonio como Naraku. Inuyasha trató de explicar.
... está diciendo que quiere que lo mate? Porque tan malo como era, Kagome realmente no quería hacerlo. Se sentía como si acabara de pasar algún tipo de prueba. Odiaba arruinar una posible relación con su tatara, tatara, tatara, tatara abuelo por tener que asesinarlo.
Inuyasha mostró sus dientes, gruñendo en lugar de sonreír. Yo me encargaré de ello. ¿Para qué más son las parejas?
-Gracias.- Dijo Kagome finalmente, deslizando la espada en su lugar. El brillo se apagó, y el brillo de las joyas se desvaneció. -No sé si estoy interesada en ser la que te mate.- Sobre todo porque Inuyasha estaba tan ansioso por ofrecerse como voluntario.
Naraku solo suspiró. -Te preferiría sobre la línea de Inu no Taisho. O la cazadora.
Midoriko por su parte solo sonrió a los dos. Como si fuera un momento reconfortante de unión entre abuelo y nieta, en lugar de que Naraku elija a su propio asesino para evitar que lo mate uno de sus enemigos.
Tienes una familia extraña
Kagome solo miró a su compañero. Sesshomaru. Kagura.
...buen un punto.
Midoriko le guiñó un ojo a Kagome como si acabara de probar su punto de la suavidad de Naraku. -Ustedes dos mejor se van. El tiempo se distorsiona un poco fuera de la joya ya que estamos fuera de él, no quieren perder demasiado tiempo aquí con nosotros.
Kagome asintió de nuevo, -Bueno, gracias de nuevo. Gracias por la daga y la ... recomendación.- Le dijo a Naraku.
-No olvides mi advertencia, nieta.- Naraku miró a Midoriko, la mirada más posesiva que si hubiera colgado un collar alrededor de su cuello con su nombre. -Midoriko no debe ser amenazada. Te mataría incluso a ti.
-No tendrás la oportunidad.- Inuyasha prometió, sus garras se clavaron en su palma lo suficientemente fuerte como para extraer sangre.
Estaban más allá del tiempo de irse. Inuyasha no duraría mucho más e incluso con la recomendación radiante, no confiaba en la hospitalidad de su abuelo. Realmente, parecía que solo quería negar a Inuyasha y Sesshomaru su venganza, y ella no podía prometerle eso. Y fuera de la joya, ella ya no podía dejar a Souta con Kikyo, y Sango y Miroku podrían necesitar su ayuda. Ahora, es hora de terminar esto.
Vamos, compañera.
Kagome cerró los ojos, imaginándose a sí misma e Inuyasha levantándose de la joya y regresando a la sala de tesorería.
Con una fuerte sacudida, se encontró de nuevo en pie, con el cristal crujiendo bajo sus zapatos mientras luchaba por mantener el equilibrio, lista para una pelea.
Solo para encontrarse en una habitación llena de recolectores de almas.
Sango sabía que era una mala idea. Tan pronto como vio que el recolector de almas salir de la bolsa en ruinas de Kikyo, debería haber llamado a Kirara para que se encargara de ello.
En cambio, ella guardó la joya en su cinturón. Ella sacó su espada y la cortó. Y cortó. Y cortó.
Y no se detuvo incluso cuando la habitación se llenó con sus engendros, sus largos cuerpos perezosamente dando vueltas alrededor de ella, esperando que ella se cansara. Ellos le acariciaron la piel con burla, sin preocuparse cuando ella se giró para cortarlos por la mitad.
Era estúpido y una tonto y no podía detenerse. Ella quería enojarse. Romper algo. Lastimar algo. Infligir lo que ella estaba sintiendo.
Los recolectores de almas eran solo un blanco fácil.
Especialmente desde que Miroku se había ido. Junto con el nuevo conjunto de cuentas de oración que probablemente había destinado para ella.
Un grito salió de su garganta, su espada golpeando mucho más fuerte. Porque ella no gemiría, no lloraría. Ni siquiera por Miroku.
Pero ella gritaría hasta que su garganta estuviera ronca y en carne viva y fuera incapaz de decir lo que realmente quería decir.
Lo que sea qué fuera eso. ¿Suplicar para que volviera? ¿Maldiciones por maldecir su nombre? Ella honestamente no lo sabía. Pero ella tendría mucho tiempo para averiguarlo mientras los cazaba.
Porque no se iría tan fácilmente, no importaba lo que resultara ser su decisión.
Inuyasha y Kagome aparecieron de la nada con un estallido, los ojos muy abiertos y sorprendidos. -¿Sango?- Kagome jadeó, su poder derritió a un recolector cercano. -Inuyasha, consigue a Kirara.
La vergüenza casi la mantuvo en silencio, pero ella sabía que tenían que saberlo. -Kikyo escapó y se llevó a Miroku con ella.
Sango finalmente se obligó a enfundar su espada cuando el poder de Kagome dibujó giros alrededor de su piel, retrocediendo para permitir que ella los terminara. -¡Mi hermano! ¿Dónde está Souta?
-En el pasillo. Está a salvo.- Inuyasha le respondió, dejando a Kirara delante de ellos.
-¡Hola Inuyasha! ¡Te ves muy bien!- Kagome se relajó, visiblemente aliviada cuando escuchó la voz de su hermano.
Entre Kagome y Kirara, los recolectores de almas se extinguieron en cuestión de minutos, dejando a Sango nerviosa, molesta por su debilidad. Tan estúpida. Concedido, no había sido lo suficientemente fuerte como para moverse hasta que Kikyo y Miroku se habían ido por más de dos horas, pero debería haberlos perseguido de inmediato.
En su lugar, ella sacó su ira en recolectores de almas.
No es que importara cuán rápido se fuera para rastrearlos. Tan pronto como Kikyo se fue con Miroku, perdió todo su aroma. Era como si al salir de la sala de joyas hubieran desaparecido.
-¡Souta!- Kagome gritó, prácticamente cayendo sobre su hermano cuando Inuyasha lo llevó a la habitación, Kirara pisándole los talones. -¿Estás bien?
El chico asintió, extendiendo su brazo vendado. -Ese hombre me salvó. Me siento bien ahora.
Kagome se estremeció, abrazando a su hermano con más fuerza. -Sango, ¿qué pasó?
-No hay tiempo para explicar. Ya casi no tenemos tiempo para el juicio de Inuyasha. Es casi el amanecer.- Sango recordó tensamente. -¿Qué les llevó a los dos tanto tiempo?- Una pequeña copia de seguridad un poco antes habría sido apreciada. Tal vez las cosas hubieran terminado de manera diferente ...
-¿Prueba? ¿Está Inuyasha en problemas?- Preguntó Souta, claramente confundido. -¿Qué pasó con Dr. Saito y ese hombre?
-Te lo contaré más tarde, Souta, lo prometo.- Kagome levantó a su hermano en la espalda de Kirara. -Vámonos.
-Velocidad de deformación, Inuyasha.- Ordenó sango. -Mira las trampas explosivas.
Apenas esperó a que Kagome se acomodara en la espalda de Inuyasha antes de irse, evitando las trampas de Kagura con facilidad ahora que sabía dónde estaban. Sus ojos recorrieron el pasillo mientras corría, buscando alguna señal que Miroku pudiera haber dejado atrás, decidida a encontrar algo.
Pero no había nada.
La trampilla en el techo casi se disparó cuando Sango irrumpió a través de ella, dejando una abolladura permanente en el piso. Los demás estarían bien. Kagome e Inuyasha podrían ir al juicio y Sango podría comenzar su caza inmediatamente. No había tiempo que perder, especialmente después de su fiesta de compasión con los recolectores de almas. Recolectaría a Kirara, tomaría su búmeran y cualquier otra arma que pudiera encontrar, y dejaría a los tres en el auto ...
Sango se deslizó hasta detenerse, dejando surcos en el suelo fuera de la panadería con sus pies. El coche.
El auto de Kikyo todavía estaba estacionado enfrente, los neumáticos seguían rajados y la ventana aún estaba destrozada por los restos anteriores de Sango.
Pero el vehículo de Sesshomaru era aún peor. Los neumáticos estaban en pedazos, el capó se abrió para mostrar el motor perdido y el conductor en ninguna parte. No olía la sangre en el aire, pero eso nunca contaba mucho cuando se trataba de Kikyo.
Su culpa. Otra vez.
El jadeo de Kagome detrás de ella fue desgarrador. -Inuyasha, ya han pasado las cuatro. El auto ...
-Puedo llevarte a ti ya tu hermano.- Pero Inuyasha no parecía muy confiado al respecto. Ya estaba débil, y necesitaría toda su fuerza para el juicio. Probablemente podría transportar a su pareja y a su hermano en un viaje de dos horas, pero eso le costaría.
La joya pesaba sobre su cadera, recordándole su deber. Y que desgraciadamente ella falló. Al menos ella tenía la oportunidad de compensar algo ahora. -Kagome, sube en Kirara con Souta. Correré con Inuyasha.
Inuyasha la miró fijamente. -¿No irás tras tu compañero?
Sango se obligó a tragarse la amargura. Él ya no era su compañero. Pero ¿para qué mencionarlo ahora? -Todavía necesitará ser rescatado después del juicio. Vamos, no hay tiempo.
Inuyasha se encogió de hombros, sin entender. Ella no esperaría que él lo hiciera. Nada lo habría alejado de Kagome. Habría dejado a Sango alegremente atrás si la situación hubiera sido revertida.
Suficiente. Ella no podía concentrarse en esto. Sólo su deber.
Era todo lo que le quedaba.
Ahora casi todo están a salvo.
¿Qué les pareció el capítulo?
Apuesto a que este es uno de los pocos fics (por no decir el único que he leído) en el que Naraku actúa de forma casi "tierna".
¡Gracias al cielo Souta está bien! Pobre niño, demasiados traumas para él.
Por cierto, ¿ustedes qué creen que vaya a pasar tanto en el juicio de Inuyasha como con Sango y Miroku?
