Disclaimer: los personajes usados para este fic son propiedad de J.K. Rowling.
Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.
La categoría que me tocó para esta historia fue los SAGRADOS VEINTIOCHO, mis condiciones:
1.Debe aparecer una rana de chocolate
2.Alguien debe hacer un hechizo
Y mi personaje: Gideon Prewet
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En esta historia se incluyen:
· FAMILIA: Carrow
· PROMPT: Compasión
DUELOS Y MALDICIONES
Amycus y Alecto eran los descendientes de una de las familias sangre pura más oscuras de la época, una tradición que no dejaron de seguir ambos niños.
Alecto, a pesar de ser una niña y quizás por eso, era la favorita de su padre, fue a la que, desde muy pequeña, le enseñó todo lo relacionado con las artes oscuras, con sus efectos, consecuencias y beneficios.
Archivald era muy duro con ambos, pero al ver el carácter más débil de Amycus, si lo comparaba con su hermana, no tenía compasión en que Alecto practicara sus maldiciones en él o que lo hechizara mientras aprendía nuevos maleficios, después de todo, se sabe que el dolor curte a la gente y que mejor manera que hacerlo a una temprana edad.
Amycus no era más débil que su hermana, al contrario, su magia era muy superior, pero su carácter era más tranquilo en comparación con la personalidad explosiva de su gemela, quizás por eso se convirtió en el conejillo de indias mientras Alecto aprendía lo que le mandaba su padre.
Todo esto cambió cuando llegaron de su primer año en Hogwarts.
Ambos habían caído en la Casa Slytherin (no podía ser de otra manera viendo su educación y su propia familia) pero sus compañeros fueron un tanto diferentes. Amycus empezó a juntarse con chicos fuertes de carácter, orgullosos y agresivos, lo que hizo que poco a poco su personalidad sufriese un cambio.
Ese cambio lo notó su padre nada más llegar del colegio en el verano, cuando los llevó a la mazmorra para que practicaran magia oscura y sin venir a cuento le lanzó sin compasión la maldición cruciatus a su hermana.
A partir de ese momento, sus prácticas eran auténticos duelos en los cuales, incluso su padre, tuvo alguna que otra dificultad en paliar los resultados de varias maldiciones.
