Hola. Gracias a todos por sus comentarios, el apoyo en el primer capitulo fue increible. Hoy les traigo uno medio largo pero espero que les guste.

-aclaraciones-

Este fanfic ocurre en un universo alterno donde Elsa y Anna no son hermanas

SI, las chicas seran la pareja principal.

contiene algo de Helsa.

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Yo solo me divierto con esto.

Anna miro la fotografía en el periódico, desde que se había anunciado el compromiso parecía que el país no hablaba de otra cosa más que de la futura boda de Elsa Arendelle con Hans Westergard. Suspiro, para su mala fortuna llevaba enamorada de la rubia desde hacía bastante tiempo. Claro que ella no era más que una chica, con la cual por las puras casualidades del destino Elsa se había cruzado y Anna dudaba de que en verdad ella lo recordara. Fue una mañana de martes, cuando un accidente de esos cotidianos cruzo sus caminos. Ella tenía que hacer entrega de un ramo de flores en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. Para ese entonces, la vieja florería de sus padres aun funcionaba. Le indicaron la habitación y recordó como pidió en un grito que detuvieran el ascensor, corrió hasta allí y fue en el momento en que agradeció, al por entonces desconocido, cuando se encontró con aquellos atrapantes ojos azules.

-Gracias.- balbuceo antes tocar el botón del piso al que debía subir. La joven rubia solo le asintió en señal de que la había escuchado. Fue segundos después cuando todo se volvió de lo más interesante.

-¡Achís!- estornudo Elsa.

-Salud.- respondió ella.

-Graa… ¡Achís! Gracias.- le dijo.- ¡achís!-estornudo por tercera vez.

-¿Estas bien?- le pregunto ella.

-Sí, solo... ¡achís! Creo que… ¡achís!- le dijo Elsa sacando del bolsillo de su traje de etiqueta una pañuelo blanco. Miro el ramo que Anna tenía entre sus manos.- esas... ¡achís!... ¿son margaritas?- le pregunto antes de estornudar una vez más.

-Emm... sii.- respondió Anna mirando las flores.

-¡Achís! Me dan alergia.- contesto Elsa. Ella se sintió de lo más apenada.

-¡Oh! Si quieres puedo bajarme.- comento. Elsa negó con un movimiento de mano y le restó importancia.

-No, tranquila… ¡achís!... solo será unos instantes más ¡achís! ya casi llego a mi piso- dijo entre estornudos.

-Lo siento.- se disculpó sin necesidad.

-No tiene por qué disculparse, señorita.- le respondió Elsa antes de volver a estornudar. Fue cuando el ascensor tembló y se detuvo.

-¿Qué fue eso?- pregunto aterrada. Elsa se aproximó al tablero y presiono el botón de su piso.

-Creo que… ¡achis!... se ha quedado varado.- dijo despreocupada.

-¿Estas de broma?- pregunto Anna exaltada y aproximándose hasta Elsa para comenzar a apretar todos los botones con su mano.- ¡oh no! no, no, no.- dijo sin percatarse que lo estornudos habían aumentado en su frecuencia. Elsa se apartó de ella y se ubicó en el otro rincón del ascensor.

-¡Achís! solo por favor… ¡achís! manténgase lo más lejos de mi.- le pidió. Pero Anna estaba fuera de control le tenía pánico a la idea de estar encerrada allí. Culpaba enteramente a una película que había visto la noche anterior en la cual un ser entraba por la trampilla del ascensor a torturar a sus ocupantes.

-Moriremos aquí. ¡Oh dios! y encima será de la peor manera.- vocifero recordando las torturas de la película.

-Claro que… ¡achís!..- no- le aseguro Elsa. Anna camino hasta ella.

-¿De qué hablas? ¡Vamos a morir!- grito completamente histérica.

-Solo… ¡achís!... se atascó. Es algo normal- comento la rubia. Anna le arrojo el ramo de margaritas a la cara produciendo que Elsa lo tira lejos suyo al instante, no sin antes, producirle una olea de estornudos.

-¿¡Solo se atascó!? ¿¡Es algo normal!?- pregunto a los gritos tomándola por los hombros y sacudiéndola.

-¿Acaso... ¡Achís! está usted Loca?- le pregunto. Pero Anna ya se había sentado en suelo y abrazaba sus rodillas como si se tratara de una niña.

-Moriré aquí, junto a una chica muy bonita que no deja de estornudar.- chillo. No supo que expresión puso Elsa porque oculto su rostro entre sus manos. Pero recuerda que la intento tranquilizar.

-tranquila... ¡Achís! yo... ¡Achís! la sacare de aquí aunque en este momento… ¡Achís! Parezca que… ¡Achís! tengo algún síndrome nervioso y mortal.- le dijo.- lo prometo.- agrego antes de volver a estornudar.

-Es inútil... moriremos.- lamento ella levantando mirando a la rubia, las luces del ascensor se habían apagado. La vio tomar su celular, hablar con dos personas. Anna no recordó muy bien que dijo, solo recuerda que para ese momento ya había comenzado a sollozar. Elsa saco otro pañuelo y se lo ofreció.

-Aquí tienes… ¡Achís! nos sacaran en un minuto.- le dijo- soy ¡Achís! Elsa.-se presentó Anna tomo el pañuelo y se enjuago las lágrimas. La nariz de Elsa estaba teñida de un adorable color rojo al igual que sus mejillas.

-Gracias, Achís Elsa.- le dijo. La rubia sonrió antes de volver a estornudar.

- De nada.- le respondió luego de una cinco minutos se escuchó una serie de sonidos y de un momento a otro el ascensor comenzó a descender.- te dije que no moriríamos. ¡Achís!- anuncio victoriosa Elsa. Anna sonrió.- ¡oh! yo… ¡Achís! Lamento lo de sus ¡Achís! Flores.- agrego aproximándose al ramo y entregándoselo a Anna. Ella se encogió de hombro estando nuevamente de pie.

-No te preocupes, no eran para mí. Pero deberé decirle al cliente que una rubia que no dejaba de estornudar las arrojo al suelo con malicia.- comento Anna produciendo una carcajada de parte de Elsa.

-Odios las margaritas.- confesó al tiempo que las puertas del ascensor se abrieron. El gerente mismo del hotel estaba allí para disculparse con Elsa, el hombre ni siquiera miro a Anna. Pero los médicos que ya se encontraban esperándolas, le preguntaron si estaba bien. Ella afirmo que sí y cuando busco a Elsa, quien era llevaba hacia una ambulancia, Anna se quedó con el pañuelo que la rubia le había dado y observo como se la llevaban.

Sonrió con nostalgia al recordar aquel primer encuentro entre ellas hacía ya, seis años. Jamás le dijo su nombre a Elsa y fue mucho después, y por una casualidad, que se enteró quien era en realidad la joven.

-Sabes si te vas a pasar las mañanas mirando las fotografías de Elsa no volveré a comprar el periódico.- escucho decir a Kristoff. Llevaba una camisa y un pantalón de trabajo, y cargaba en sus manos una bolsa de tierra.

-No estaba mirando su foto, sabes.- le defendió ella.- solo que la nota está en la misma sección que las tiras cómicas.- agrego dejando el diario de lado y dirigiéndose hacia una caja con plantines que debía entregar.

-Sí, sí. Seguro.- dijo Kristoff.- por cierto, ya trajeron la camioneta del mecánico y te deje entre esos papeles la lista de entregas para esta mañana.- le grito encaminándose hacia la parte trasera del vivero. Ella dejo de lado los plantines y reviso las entregas. 3 pedidos además de los que correspondían al señor Jhonson. Sería mejor que se pusiera a cargar la camioneta.

Hans no había parado de hablar en todo el camino. Evidentemente la reunión entre sus padres había resultado de lo más benéfica para ellos. Y además no había dejado de decir lo fantástico que era el salón de baile del viejo castillo. Elsa solo asentía a cada comentario, poco le importaba la parte de la empresa de su padre y poco le importaba como él hubiera usado sus influencias para conseguir el salón sin problemas.

-¿Estas bien querida? Te noto algo retraída.- le comento él.

-Si, lo siento. Tengo un contrato que me envió Weselton y debo revisarlo para la tarde, es todo.- Se disculpó ella. Hans aparco el coche y le dedico una sonrisa que antes la hubiera deslumbrando.

-Entiendo que estés preocupa; pero me gustaría pedirte que no pienses en el trabajo ahora.- le dijo con más dulzura que la que esperaba, así que, sonrió y asintió.

-Tienes razón. Dejare el trabajo en la oficina.- murmuro. Él le acomodo un mecho de su cabello.

-Gracias. ¿Vamos a ver esas invitaciones?- le pregunto entusiasta y ambos salieron de auto hacia la tienda.

-¿Qué te parece esta, Elsa.- le pregunto Hans pasándole la décima tarjeta que le habían mostrado. Elsa la inspecciono era tan bella, todas lo eran en realidad, pero por alguna razón ella sentía que tras aquella belleza estaba grabada su sentencia a prisión. Se odio por pensar aquello. Diablos, iba a casarse con un hombre bien parecido, y que después de todo la quería. A su manera, claro, pero la quería.

-Elsa.- escucho que la llamaba.

-Si… yo… es bonita.- dijo regalándole un intento de sonrisa. Hans suspiro.

-¿Estas de nuevo pensando en el contrato?- cuestiono.

-Lo lamento es que…- se quedó sin palabras.

-Tal vez deberíamos haber venido otro día.- le dijo él con voz de derrota y quitándole con cuidado la invitación de las manos. Hans no se merecía a alguien así. Elsa vio cómo su prometido se ponía a mirar otros modelos de invitación con los ojos caídos, con cuidado lo abrazo por la cintura y apoyo su cabeza en su hombro.

-Lo siento, estoy siendo una cretina.- murmuro. Hans la miro con los ojos verdes entrecerrados.

-No te disculpes. Suelo ser peor que tú cuando tengo contratos importantes en mis manos.- le dijo antes de sonreír.- además, ahora que el 70 por ciento de la empresa será nuestro me imagino que eso le da un peso extra.- agrego. Elsa omitió ese comentario y tomo una de las primeras invitaciones que Hans le había mostrado. Si ella en verdad fuera a casarse por amor aquella seria la invitación que sin dudar elegiría.

-Me gusta esta.- dijo sin más. Él miro la invitación y sonrió.

-Era una de mis preferidas.- confeso.

-¿Seguro que te gusta?- cuestiono ella.

-Si.- le dijo antes de darle un beso en la cien.- queremos este modelo.- informo a la mujer que los había atendido en un principio.

-Tengo que volver a la empresa. ¿Te llevo?- le pregunto Hans echándole un mirada a su móvil.

-No. Ya que estoy por aquí pensaba pasar por la mesón de Tiana, ya sabes para hacerle los encargo para la boda.- respondió, en realidad lo que quería era caminar un poco y hablar de paso con su amiga.

-Está bien. Recuerda que vainilla y fresa es mi pastel favorito.- le dijo Hans.

-Lo se.- se limitó a responder iba a iniciar su marcha cuando él la detuvo.

-¿No me vas a dar un beso de despedida?- cuestiono divertido. Elsa se obligó a sonreír y sin más sello sus labios.

-Te quiero. Te veré luego.- susurro él cuando se separaron.

-Yo a ti. De acuerdo.- respondió en automático y comenzó a caminar. Así parecía que transcurría su vida últimamente, en automático. Tal vez debería cancelar la boda y terminar con Hans y… ser una mujer soltera con 30 gatos a la que su padre odia.

-Ni siquiera me gustan los gatos.- murmuro para sí misma.

Anna cerró la compuerta de la parte trasera de la camioneta con dificultad, llevaba entre sus brazos el pedido de las masetas ornamentales del señor Jhonson. Se encamino hacia el local que vendía muebles antiguos y se adentró, salteo una que otra mesa de café ubicada en el camino hasta llegar al mostrador.

-¡Señor Jhonson!- llamo, de inmediato un hombre de pelo y bigote blanco salió para recibirla con una sonrisa.

-Al fin llegas muchacha.- le dijo aproximándose a ella.- déjame ayudarte con eso.- agrego quitándole una de las cajas de madera de las manos.

-Lamento la tardanza, mi camioneta estaba en reparación.- comento.

-¿Aun conduces esa carcacha que tu padre llamaba automóvil?- le cuestiono adentrándose de nuevo tras el mostrador mientras Anna lo seguía de cerca.

-Es un buen vehículo.- resalto ella, haciendo que el hombre bufe mientras se adentraban por la puerta de la que él había salido con anterioridad y cruzaban una pequeña oficina.- además, tú coleccionas antigüedades; mi camioneta debería parecerte una joya.- resalto ella. El hombre se giró un poco en aquel pequeño pasillo donde se encontraban para mirarla.

-¡Es un carcacha!- repitió.- me gustaría si estuviera bien cuidada. No estés insinuando que no me gustan los autos viejos.- agrego abriendo una puerta de madera que llevaba a un jardín frente a una pequeña casa.

-Jamás insinuaría eso.- dijo Anna con una sonrisa antes de cerrar la puerta.

-Deja las cajas a un lado y ve a saludar a la señora Jhonson.- le ordeno el hombre.

-¿Ha regresado de su viaje?- cuestiono ella. Él se agacho con dificultad y deposito su propia caja en el suelo.

- ¿Y qué esperabas? Siempre regresa.- le dijo.- anda ve, yo regresare a la tienda.- agrego antes de marcharse. Anna negó con la cabeza mientras ocultaba una sonrisa y giro sobre sus talones para dirigirse hacia la pequeña casa.

La puerta de la cocina estaba abierta como de costumbre. El aroma de bollos recién horneados golpeo a Anna directo en cara y recordó su precario desayuno de esa mañana, escucho la voz de la mujer desde dentro tarareando una melodía que Anna conocía muy bien.

-Toc, toc.- dijo mientras daba golpes invisibles a la madera. La mujer se giró y le regalo una sonrisa increíble.

-Anni, mi pequeña.- le dijo estirando los brazos para que ella se acercara y así lo hizo. Fue envuelta en un cálido abrazo de esos que a uno lo ayudan a renovar las energías.- te extrañe tanto ¿Cómo has estado?-

-Yo también te extrañe abuela.- respondió.- estoy bien.- dijo cortando el abrazo la mujer la miro de arriba abajo.

-Pero mírate ¡estás en los huesos!- exclamo, Anna rodo los ojos.- de seguro no has comido bien mientras yo no estaba. Tu abuelo me lo dijo; Anna solo comió un plato de los fideos que dejaste el fin de semana.- agrego.

-Abuela te fuiste solo 5 días, no es posible que este en los huesos y estuve comiendo bien ¿de acuerdo?- dijo, aunque sabía que aquello era una verdad a medias.

-Cinco días puede ser mucho tiempo. Mejor siéntate y desayuna algo conmigo.- le ordeno.

-En realidad ya debo irme aún tengo un par de entregas y…- Anna vio la mirada severa de su abuela y alzo los brazos en rendición.- de acuerdo un desayuno rápido.- dijo.

-¡Argh! Cada día tu carácter se parece más al de tu madre.- protesto mientras servía una taza de espeso chocolate.- Un desayuno nunca debe tomarse a las apuradas. Es la comida más importante del día.- le dijo colocando la bebida frente a ella. Anna sonrió. Cinco días había sido demasiado tiempo.

Elsa entro al restaurante por la parte de atrás como sabia debía ser.

-Buenos días, señorita Arendelle.- fue el saludo que recibió de parte de los chef que se encontraba, ya comenzando a trabajar.

-Buenos días.- respondió ella antes de comenzar a subir la escalera circular que la llevaría a la oficina.

-¡He dicho que no! Quiero que los platos de Jambalaya se sirvan primero.- decía la voz de Tiana a alguien por teléfono. Elsa le hizo un gesto con la mano y se sentó en un sillón junto a una de las ventanas mientras esperaba. Tras tres veces de repetir las mismas instrucciones su amiga colgó la llamada y soltó un largo suspiro.

-Lamento eso.- comento. Elsa le restó importancia y se puso de pie.

-Entonces… estaba pensando que podíamos ir por un café y unos panecillos.- propuso haciendo que Tiana sonriera.

-Es una buena idea.-

Salieron del restaurante y se encaminaron hacia el Starbucks que se encontraba en la esquina, pidieron dos cafés y torta de chocolate.

-¡Oh! casi lo olvido.- exclamo Tiana antes de expenderle un caja rectangular que saco de su cartera, Elsa la miro con curiosidad.

-¿Qué es esto?- pregunto tomando la caja entre sus mano. Su amiga le dio un sorbo a su café y realizo un gesto con la mano indicándole que lo abriera. Elsa levanto una ceja y se cruzó de brazos.- ¿dime de que se trata?- cuestiono.

-Es solo un presente por tu compromiso.- le aclaro. Elsa entonces dejo la caja sobre la mesa y se lo extendió.

-No gracias.- dijo, Tiana resoplo.

-¡Oye! solo porque tú me hayas dado algo horrible cuando yo me comprometí, no significa que yo vaya hacerte lo mismo.- señalo volviéndole a extender la caja. Elsa sonrió, aun recordaba el pequeño muñeco vudú que le había dado.

-Naveen bien se merecía la desconfianza.- se defendió produciendo que la morena rodara los ojos.

-Ahora es un bonito adorno de navidad.- comento. Elsa oculto su risa bajo el dorso de su mano.

- Apuesto que si.- tomó la caja entre sus manos, le quito el laso y miro a Tiana con desconfianza antes de terminar de abrirla. Pestañeo un par de veces y de ella saco un hacha como las de verdugo de unos quince centímetros.

-Es para que te cortes la cabeza.- le aclaro Tiana. Ella inspecciono el pequeño modelo del arma.

-Muy graciosa.- respondió devolviéndola a la caja.- pero debe ser más grande para que me corte la cabeza, Tia.- señalo antes de darle un sorbo a su café. Su amiga negó con un gesto.

-Es una metáfora, Elsa. Ya te has puesto bajo el hacha el verdugo cuando aceptaste ese matrimonio y a partir de ahora solo bastara que digas si quiero para que Hans deje caer el arma que acabara para siempre contigo.- las palabras salieron amargas y Elsa apretó su bebida con los manos.

-Pensé que estarías de mi lado.- comento ella. Tiana suspiro.

-Y lo estoy pero… ¿casarte con Hans? ¡Dios! es una locura. No lo amas y parece que solo él no se da cuenta. Aunque si has aceptado tal vez seas tú la que esta ciega- comento- Elsa comenzó a jugar con el trozo de pastel de chocolate que tenía delante de ella.- mejor díselo, acaba con esto y luego podemos ir a algún bar para que encuentres a la chica de tus sueños.- agrego su amiga haciendo que Elsa le mirara escandalizada.

-No digas eso.- le espeto.

-¡Por dios, Elsa! Te conozco desde hace demasiado tiempo. No me vengas a mí con esas miradas y esas palabras con las que vas con tu madre.- le reclamo.- además, pensé el tema de las chicas ya no te molestaba. Digo, después de… ya sabes quién- Elsa suspiro, el tema de las chicas había quedado cerrado hace siglos… excepto que… la imagen del cabello pelirrojo de Mérida se enredó con un recuerdo lleno de besos prohibidos y secretos.

-Me casare con Hans, Tiana. Tal vez no lo ame pero sé que es lo mejor.- comento.

-¿Lo mejor para quien, Elsa?- contra ataco la morocha.- ¿para la empresa? ¿Para tu padre? ¿Para la reputación de él? ¿o para ti?- pregunto mordaz. Elsa tomo aire.

-Para todos- soltó sabiendo que aquello era mentira. Tiana negó con la cabeza guardaron silencio mientras bebían el café pero luego su amiga la tomo de la mano.

-Está bien, está bien. Lamento atosigarte. Pondré a tu servicio el mejor banquete de bodas de todo el país, y preparare el pastel favorito de Hans.- le dijo, Elsa la miro. Sin duda Tiana era una buena amiga.- pero.- agrego.- también tendré preparado un coche y un boleto de avión de las Bahamas por si cambias de opinión a última hora.- Elsa sonrió.

Se despidió de su amiga prometiendo que vendría uno de esos de esos días con Hans o con su madre para degustar las opciones de menú para la boda. Pidió un taxi y se encamino hacia la empresa. Tenía que darle una última revisión al contrato que Weselton había enviado antes de pasarlo a su padre para la firma. Apoyo su mentón en el dorso de su mano y soltó un suspiro.

Anna despidió de sus abuelos, prometiendo que los visitaría el fin de semana y subió a su camioneta. Entregaría un pedido más y luego se encaminaría hacia la mansión de la familia Arendelle. Coloco en marcha el vehículo y encendió la radio. De pronto se encontró de muy buen humor, sonrió y salió a entregar el pedido. Tal vez tuviera suerte y Elsa se encontrara en casa.

La mansión de la familia Arendelle dejo a Anna con la boca abierta, es decir, ella sabía que era jodidamente millonarios pero aquello. El guardia en la entra que le dijo que la esperaban, el parqueado central, comenzó a sentir vergüenza de su vieja "Betty" como le gustaba llamar a su camioneta. Estaciono a un frente a la casa, bajo del vehículo y soltó un silbido a modo de exclamación.

-Tal vez le di pocos plantines.- dijo para sí misma recordando las explicaciones de Idun Arendelle sobre las dimensiones de su jardín trasero, lo cierto era, que la mujer no tenía ni idea. Se encamino hacia la imponente puerta de madera de roble y toco el timbre con las manos sudorosa. Un hombre regordete con algo de cabello pelirrojo abrió la puerta.

-Usted debe ser la señorita Summers.- le dijo como si nada.

-En persona.- respondió y espero que el hombre se presentara pero no lo hizo.- ah… he traído los plantines y las bolsas de fertilizante que faltaban.- aclaro, el mayordomo asintió.

-Déjeme ayudarla a descargar.- Anna realizo un gesto, no quería que ese hombre se manchara en fino uniforme.

-No se preocupe yo puedo sola, nada mas dígame donde debo llevarlo.- él le dio las instrucciones para llegar al jardín trasero donde podría encontrar una carretilla para descargar todo más rápidamente, y le dijo que una vez echo eso podía esperar a la señora en dicho jardín.

Anna se adentró en la casa y camino con suavidad, le daba la impresión que podía manchar el piso con sus botas de trabajo. El lugar era inmenso y lujoso, con cuadros, sillones de cuello, escaleras de madera y ese tipo de decoración que uno solo ve en las revistas. Salteo la sala tomo el pasillo izquierdo, luego doblo a la derecha encontró una escalera y una puerta, abrió la puerta y estaba en una cocina de programa.

-¡Wow!- exclamo.

-¿Quién es usted?- escucho la voz de una mujer que la miro con el ceño fruncido.

-Yo soy… ah… no soy un ladrón, ni nada… la señora me esperaba y…- la mujer levanto la mano para que se callara.

-No se ponga nerviosa. Usted debe ser la señorita Anna. Yo soy Gerda.- le dijo. Ella paso saliva.

-Un placer. Ah… voy al jardín en busca de una carretilla.- Gerda asintió y con un gesto de la mano le ordeno que siguiera con lo suyo. Anna atravesó la cocina y al fin se encontró en el patio donde colocarían la huerta. Hayo la carretilla y fue por los materiales.

Tuvo que hacer dos viajes pero luego de que Gerda le indicara como llegar allí sin tener que pasar por la casa logro hacerlo en tiempo record. Claro que se dedicó un segundo a contemplar la maravillosa piscina y el jacuzzi que había tenido que sortear, pero aun así, lo hizo muy rápido. Descargo todo y volvió a colocar la carretilla dentro del cobertizo donde además encontró herramientas. No se había molestado en llevar las suyas ya que Idun Arendelle le había dicho que no sería necesario y ahora veía porque. En aquel cobertizo había hasta lo más mínimo. Saco lo esencial para comenzar a trabajar y por primera vez se dedicó a mirar el trabajo que ya comenzado. Anna se golpeó la frente con la palma de la mano. No había una sola línea de cultivo y los plantones estaban en un lado o de otro. Se aproximó y tomo algo de tierra con las manos, ni siquiera le habían colocado fertilizante. Suspiro. Acaso no había sido clara con Elsa al darle las instrucciones. Se preguntó.

-¡Oh, Anna! allí estas- escucho que exclamaban levanto la mirada y la señora Arendelle se aproximaba con un sombrero de ala ancha y una de esas ropas de catálogo que presumían ser para trabajo pero Anna sabia no servían.

-Buenos días Idun.- saludo llamándola por el nombre pues si no lo hacía se ganaría un tiro de oreja o al menos eso le había dicho la mujer.

-¿Qué te parece?- dijo señalando con la mano el intento de cultivo.- mis hijas me han ayudado o al menos la menor, Elsa tuvo que irse antes de que empezáramos siquiera.- agrego con todo de disgusto al final. Anna volvió a pasear la vista por el lugar.

-Bueeeeno... He de suponer que tu hija Elsa no te hablo de las recomendaciones que le hice- Idun frunció el ceño y coloco una mano en la cintura.

-¡Esa niña! salió corriendo cuando le llamaron de la empresa. No menciono una palabra.- comento, se quitó el sombrero se abanicó en él- quizás ni siquiera te escucho.- Anna vio como sus labios se curvaban en un sonrisa.

-Tal vez estaba con la cabeza en otra cosa.- respondió. Idun soltó un no lo dudo antes de que Anna pudiera continuar.- la cuestión es que debemos comenzar de nuevo, quitare lo que colocaron viendo que podemos rescatar y reiniciaremos el trabajo.- dijo enérgica; la mujer se contagió de él, camino hacia el cobertizo tomo una pala y dijo

-A trabajar pues.-

Elsa miro una vez más el mensaje de su madre recordándole que había prometido ayudarla con la huerta. Había salido de la oficina y se había encaminado a su pequeña casa, su pequeño gran palacio. Se colocó ropa cómoda pero ahora dudaba en si ir o no. Su padre le había dicho que podía tomarse a partir de ese momento los días libres. Encárgate de preparar la boda. Le dijo tras soltarle la bomba de que Westergard había propuso un negocio internación que le daría a la empresa más prestigio del que ya tenía. Este matrimonio es una alianza para el futuro, no debes dejar cabos sueltos. Suspiro con resignación.

-Tal vez si agoto mis energías no tenga que pensar tanto.- mascullo tomando sus llaves para salir hacia lo de sus padres.

Elsa miro con curiosidad y gracia a la vieja camioneta color naranja que estaba estacionada frente a la casa, dejo compacto a un lado y leyó "mil girasoles" en el los costados. Se puso a pensar sin motivo alguno en la chica pelirroja, Anna, recordó. La imagino sentada en la cabina vestida con una camisa y un jardinero azul. Sonrió para sí misma y negó con la cabeza. Evito pasar por la casa y se encamino hacia el jardín trasero bordeándola. Cuando se aproximaba vio a su madre parada abanicándose con un sobrero de ala ancha bajo la sombra de un árbol un poco más allá diviso a la dueña de la camioneta, con una pala trabajaba una zona de tierra que estaba delimitada cuidadosamente con hilos.

-No deberías estar ayudándole.- le dijo Elsa a su madre que se sobre salto.

-Cariño, ya pensé que no vendría.- respondió esta.

-Se me hizo algo tarde; pero adivina.- su madre la miro expectante.- padre me ha dejado libre de todo cargo hasta que regrese de la luna de miel.- comento, su madre soltó un resoplido.

-Si es que hay una.- agrego, Elsa rodo los ojos.- no hagas caras.- la regaño.- mejor ve a darle una mano a la podre Anna, que yo estoy algo fuera de forma para la jardinería.- dijo aquello a la vez que la empujaba con la mano. Elsa la miro, negó con la cabeza y se encamino hacia donde se encontraba la joven.

-Mi madre me ha dicho que tal vez necesite ayuda con eso, señorita Summers.- dijo olvidando por completo el efecto que esa chica había tenido en ella. Pero lo recordó de inmediato en cuanto Anna se desencorvo y la miro regalándole una sonrisa que hizo a sus neuronas colapsar.

-Hola, Elsa.- el saludo fue como el uno que le das a un amigo que conoce hace tiempo. Anna paso el dorso de su mano por su frente antes de seguir hablando.- me vendría bien una mano, sí. Podríamos terminar las líneas de cultivo más rápido y colocar los primeros ejemplares.- Elsa frunció el ceño y se aproximó a ella salteando los hilos.

-Así que el trabajo de mi madre y Gogo no fue bueno- comento con tanta naturalidad que ella misma se sorprendió. Anna negó con la cabeza al tiempo que le tendía una herramienta que parecía una pala pero no lo era.

-Digamos que no recibieron instrucciones.- le respondió. Elsa parpadeo mientras una sonrisa se iba dibujando en el rostro de Anna. Lo había olvidado por completo.- no te preocupes.- le dijo la pelirroja despreocupada.- todos tenemos de esos días en que olvidamos algo o todo.- agrego y Elsa se preguntó que era aquello que Anna olvidaba o como eras sus días cuando lo hacía.

-Tienes razón se limitó a responder.- entonces miro su herramienta y se giró hacia la chica, la observo trabajar con la pala.- ah… no estoy muy segura de cómo se utiliza esto o que es lo que debo hacer exactamente.- confeso. Anna la miro, se enderezo, clavo la pala en el suelo y sin menor reparo se colocó tras ella. Sus manos viajaron por el brazo de Elsa y lo sujetaron con firmeza. La electricidad del primer encuentro volvió, corriéndole toda la espina dorsal.

-Debes hacer este movimiento. ¿Lo ves?- dijo. Elsa de pronto no sabía ni donde se encontraba. Todo lo que sabía era que el aliento de Anna le golpeo la piel y sus manos rozaban sus brazos.- ¿ya lo tienes?- le pregunto la voz.

-Si.- atino a responder casi con un chillido. Anna olía a una mezcla de sudor, jabón artesanal y verano.- ya puedo sola.- logro articular controlando su voz esta vez.

-Solo hazlo despacio.- le aconsejo y su alejo. Elsa entonces busco aire, y vio a Anna estática parada allí con la pala en la mano, luego, negó con la cabeza antes de seguir trabajando.

-Tranquilízate.- susurro ella para sí misma.

A la mitad del trabajo la madre de Elsa apareció con unos refrescos y con ropa limpia. Ella y Anna se quedaron mirándola incrédulas.

-Sabes yo solo venía a ayudarte. Se supone que tu debías trabajar.- le dijo Elsa tras beber un vaso de aquella bebida refrescante. Le dolían los brazos a más no poder y estaba segura de que al día síguete se enteraría de que podían dolerle músculos que ni sabía poseía. Su madre realizo un movimiento con la mano.

-Vamos Elsa, no vas a decirme que no te gusta trabajar con Anna.- comento como dobles.

-Claro que me gusta trabajar con ella.- respondió Elsa con rapidez. La chica pelirroja termino su bebida y dejo el vaso sobre la pequeña mesa de madera que Kai había acercado.

-Gracias por el refresco, mejor volveré al trabajo.- pronuncio y se marchó con la cabeza gacha. Su madre miro a Elsa con el ceño fruncido.

-Ya ves lo que causas.- le dijo, ella negó con la cabeza.

-También volveré al trabajo.- dijo, pero antes de marcharse miro a su madre.- recuérdame llamar a Gogo para decirle que se perdió la diversión.- comento, Idun sonrió y asintió.

Tomo nuevamente el asa y se encamino al lugar donde debía comenzar a trabajar, la clavo en la tierra y tiró de ella primero hacia delante y luego hacia tras, repitió la acción y entonces escucho la voz de Anna.

-Con más suavidad.- dijo. Se aproximó nuevamente y el corazón de Elsa se detuvo, pero esta vez, Anna solo le pidió la herramienta y le mostro como hacerlo.- estas removiendo la capas superficiales no intentando llegar al magma.- Bromeo mientras le tendía el mango de madera de regreso. Elsa se perdió de pronto en aquel rostro enrojecido por el sol, cubierto de constelaciones enteras formadas por pecas.

-¿Son verdes o azules?- no supo de donde había salido esa pregunta o tal vez si, de un deseo. La sonrisa de Anna se fue perdiendo y entonces sus ojos buscaron los suyos. Elsa percibió como el tiempo se había deteniendo lentamente, hasta que quedo estático.

-Ni lo uno, ni lo otro. Una mezcla de ambos.- murmuro Anna con un hilo de voz. El pulso le martillo, no podía seguir con aquello, y se vio obligada a romper el contacto ¿Por qué diablos era tan fuerte? Se preguntó. Asintió, el tiempo retomaba su curso, se sintió mareada, movió el asa de manera torpe. Uno de los hilos se rompió quebrando con él su propio equilibrio. Se vio caer, pero no hubo golpes unos brazos fuertes la sujetaron, el cielo mismo sonrió con Anna. Y Elsa descubrió entonces el único cabo suelto con el que su padre no habría contado jamás; pero que sin que ella lo supiera, su madre sí.