Hola. Nueva actualización, espero la disfruten.
Advertencias: es un fic Elsanna.
Contiene helsa.
Universo alterno.
Nos son hermanas.
Dejen sus review para saber si les a gustando la historia.
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-No puedes llevar esa camioneta.- le advirtió Kristoff. Anna coloco sus brazos en jarra, había accedido a ir aquel club "exclusivo" incluso había aceptado ponerse un bonito vestido y tacones pero aquello, era demasiado.
-¿De qué hablas y en que se supone que iremos?- cuestiono ella.
-En taxi.-
-Por que ir en taxi, si tenemos nuestro propio auto.-
-Porqué tu auto es una chatarra.- señalo él. Anna llevo sus manos al pecho con dramatismo.
-¿Cómo puedes ofender así a Betty?- dijo, Kristoff negó.- ve tú en taxi. Yo iré en mi camioneta, o tengo una mejor idea, no iré.- ante sus palabras su amigo levanto las manos a modo de rendición.
-¡Wo, woo! de acuerdo, vamos en tu cacharro. Pero por favor Anna, prométeme que lo dejaras unas cuadras antes.- le pidió. Anna resoplo.
-Está bien. Está bien.- le dijo.- Mejor sube y vámonos antes de que me arrepienta.-
Hans se acomodó el moño de su esmoquin por segunda vez, soltó un gruñido y finalmente se volteó para mirar a Elsa.
-Cariño, ¿Podrías ayudarme?- le pregunto. Elsa estiró las manos en el reducido habitáculo del ascensor donde se encontraban.
-Hiciste mal el nudo.- le advirtió, deshizo por completo el trabajo de Hans y comenzó de nuevo.
-Es que prefiero las corbatas, lo sabes.- le dijo él sin dejar de observarla.
-Lo sé.- replicó ella no atreviéndose a levantar la mirada y chocar con sus ojos verdes.
-Me gusta el perfume que llevas ¿Es nuevo?- pregunto Hans. Elsa terminó de ajustar el moño y le sonrió.
-Un presente de mi madre.- comentó, levantando la mirada. Se encontró con los ojos de su prometido, él llevaba una sonrisa pintada, una autentica. No como las miles que regalaría esa noche. Y la miraba como solía hacerlo a veces, con un brillo inusual; como si no existiera en el mundo nadie más que ella.
-Es delicioso.- murmuro antes de acortar el espacio entre ellos.
-Hans.- le advirtió Elsa, pues el ascensor se detuvo. La puerta se abrió pero Hans estiró el brazo y apretó un botón al azar. Elsa vio como la puerta se cerraba nuevamente.- ¿Qué haces?- cuestionó algo divertida por su actitud infantil.
-Nadie se molestara si llegamos un segundo tarde. Y recordé que aún no me has dado mi dosis de besos de hoy.- dijo él mientras la tomaba de la cintura.- Además… estás hermosa.- Elsa rodo los ojos y soltó un suspiro.
-¿Enserio? Pensé que te molestarías porque opte por un traje en lugar de un vestido- coloco sus brazos en los hombros de él. Hans bufo.
-No importa que lleves puesto, siempre te ves hermosa.- meneó la cabeza ligeramente.- Aunque siempre prefiero los vestidos.- agrego. Elsa negó. El ascensor se detuvo, Hans volvió a estirar la mano para indicar un piso cualquiera. Guardaron silencio hasta que se puso de nuevo en movimiento.
-Eres un niño.- rió Elsa. Él se encogió de hombros y por fin se aproximó para poder besarla. Un beso, dos, tres, las manos se afianzaron a su cintura. Elsa deseo sentirse como él en ese momento, pero no lo consiguió.
-Tal vez podríamos huir de esta fiesta.- le susurro Hans cuando el ascensor se detuvo, la puerta se abrió y se cerró. Elsa lo miro a los ojos. Le encantaba ese Hans. Despreocupado, espontaneo, incluso divertido. ¿Por qué no podía amarlo?
-Pensé que tenías que capturar un nuevo e importantísimo socio.- le dijo ella. Él meneó la cabeza antes de dar un paso atrás.
-Lo sé, esta fiesta es crucial para el negocio.- dijo, se estiro apretó el botón del piso al que se dirigían y se miró en el espejo para acomodar su esmoquin.
-No lo decía en serio.- señalo Elsa, quien también aprovecho para acomodar su ropa, Hans la miro.
-Lo siento, amor. Pero yo tampoco lo hacía al decir aquello de huir.- agrego. El ascensor se detuvo, Elsa miro un segundo el suelo, luego la espalda de Hans que se marchaba; se preguntó cómo debería sentirse estar ebrio de amor, y salió para unírsele.
Llegaron al lugar caminando, pues Kristoff realmente insistió en dejar a Betty unas cuadras más allá. Aquel club ni siquiera parecía un club desde el exterior y, de no ser por las personas que formaban fila a un lado, Anna lo hubiera pasado de largo. Tuvieron que mostrarle las entradas a un gorila que era incluso más grande que Kristoff, a travesaron un pasillo oscuro solo iluminado con tenues luces rojas.
-Esto no me da buena espina, Kris.- había dicho ella, pero su amigo estaba tan fascinado que ni siquiera la escucho. El pasillo oscuro terminaba en una pista de baile donde la música no lo dejaba a uno siquiera escuchar su propio pensamiento.
-¡Esto está de locos!- grito Kristoff extasiado y la tomo de la mano para hacerse camino entre la multitud.
De aquello hacia una hora, se hicieron de una mesa alejada, estuvieron bailando y Anna se arrepintió de haber llevados tacones tan altos.
-¿Quieres otro trago?- le grito Kristoff. Ella negó con un movimiento de la mano.- Eres una aburrida.-
-¿Sabes que debo conducir, verdad? Alguien deberá cargarte hasta casa.- le grito ella, él rodó los ojos.
-Iré por una bebida para mí ¿Te traigo agua?- cuestiono, esta vez Anna asintió y vio como Kristoff se alejaba. Aprovechó su ausencia para respirar un poco aunque todo el aire del lugar parecía viciado, se enderezó en el asiento, se cercioró que nadie la observaba y se quitó los zapatos por un segundo; el alivio de sentir los pies libres fue inmediato.
-Por eso yo no uso tacones.- escucho de pronto a su lado. Anna sintió el rubor subir por sus mejillas y de inmediato comenzó a ponerse los zapatos.
-Ah… Yo… En realidad… Solo estaba.- se enredó con sus palabras. Gogo frunció el ceño y se sentó a su lado.
-Lo siento no te escuche, debes hablar más alto.- le dijo. Anna asintió y se alejó un poco de la joven con discreción.
-Solo necesitaba descansar un segundo.- respondió.- ¿Qué haces aquí?- preguntó. Gogo le sonrió y señalo hacia una mesa donde se encontraban un grupo de jóvenes. Todos levantaron la mano para saludarla y ella devolvió el gesto antes de mirar nuevamente a su interlocutora.
-Es el cumpleaños de Wasabi, el de la camisa verde. Y decidimos que tenía que salir a probar suerte.- le comento, Anna asintió.- ¿Y tú? ¿Acaso estas con tu "no novio"?- le pregunto. Ella soltó una risa.
-Si lo dices por el chico rubio. Ese es Kristoff, mi amigo.- señalo.
-Pues, vaya amigo. Parece un hombre de la montaña. Tardé en aproximarme porque tenía miedo de que sacara un hacha o algo.- le dijo, Anna rió a un más fuerte y agradeció a la música que amortiguo el sonido.
-Él es algo grande y rustico, si.- atino a decir.
-Ya veo, pues si enserio es solo tu amigo deberían unirse a nuestra mesa, mi amiga se muere por conocerlo.- Gogo señaló una chica rubia, delgada y que llevaba un vestido rosa chicle.
-Oh claro, estoy segura de que a él le encantará conocerla. Allí mismo viene.-
Era una de esas fiestas de coctel, en donde todo el mundo llevaba una máscara sin necesidad de tener en verdad una. Elsa misma tenía que fingir cada expresión, cada gesto. Cada palabra debía ser medida antes de ser dicha.
-Aun así, me parece que la nueva política de impuestos es absurda.- le respondió una de las mujeres con la que conversaba.
-Está hecha para ayudar a la nueva generación de inmigrantes y eso es algo que no debería aprobarse.- argumentó otra.
-Creo que nuestro país tiene una gran capacidad para crecer y ayudar a otros a desarrollarse, y unas pocas coronas tal vez salven la vida de alguien.- acotó ella.
-¡Fa! esos solo quieren vivir de nosotros.- argumento una de las mujeres, que vestía un tapado de piel y llevaba el cabello recogido en un peinado demasiado alto.
-Creo que el gobierno solo quiere brindar mejores oportunidades a los desafortunados que terminan huyendo en busca de una mejor calidad de vida.- la mujer era exasperante y el dichoso impuesto, del que no había dejado de quejarse, no afectaba en lo más mínimo, ni a su negocio ni a sus millones ya acumulados.
-Me parece que jamás estaremos de acuerdo. ¡Oh, pero mira! Allí viene tu flamante futuro esposo.- le dijo antes de sonreír y menear la mano de manera exagerada hacia Hans. Él se aproximó con una de sus sonrisas calculadas.
-Buenas noches, señoras.- las saludó.- Veo que están teniendo una bonita conversación.- les dijo tomando suavemente la cintura de Elsa.
-Nada de eso. A ver si le enseñas a Elsa algo sobre políticas de estado. Me temo que no tiene mucha idea de ello.- dijo como si ella no estuviera allí. Hans la miró con los sentidos alerta. Sabía que eso podía hacer que ella explotara, pero era una reunión de negocios, así que solo dejo pasar lo dicho por la mujer.
-Elsa tiene ideales muy admirables y sabe mucho sobre política. La verdad no creo que deba enseñarle nada, es más, ella es quien me enseña a mí.- respondió él. La mujer estalló en una risa estridente igual que las demás.
-Tu sí que eres un galán.- le dijo de manera coqueta. Hans sonrió.
-¿Me imagino que ya comenzaron con los preparativos para la boda?- preguntó de pronto otra de las mujeres.
-Por supuesto, las invitaciones ya están en marcha. Y tengo entendido que Elsa ya arregló lo del servicio de catering.- respondió.
-¿Dónde la realizaran? Es la boda del año, quiero creer que por ende será inolvidable.- comentó la mujer.
-Hans ha optado por el antiguo castillo.- respondió Elsa. Se hizo silencio un momento.
-¡Aaah! Pero si es de ensueño.- exclamo la mujer casi conmovida.
-¡Magnificó!- dijo la otra.
-Ustedes serán como un par de príncipes, ya me lo imagino.- Elsa rodó los ojos pero termino encontrándose con la mirada de Hans y una sonrisa autentica. La tomó de la mano y con su pulgar le acarició el dorso; él siguió conversando pero Elsa se había perdido en ese gesto. Aquello no era una farsa, no era parte del teatro que venían armando, fue real; de pronto cayó en cuenta de algo. Se sintió mareada, para Hans todo era tan real, en cambio para ella…
-Allí está el señor Scolaro, será mejor que vayamos a saludarlo.- miro a su prometido que se despidió de las mujeres de manera cordial, ella solo les dedicó un gesto y un intento de sonrisa. ¿Qué estás haciendo, Elsa? se preguntó de pronto.
-Anda, Anna. Déjame que te lleve.-
-No, en serio. Tengo la camioneta a unas cuadras puedo ir sola.- Gogo suspiro rendida.
-Está bien, tú ganas. No insistiré más de la cuenta.- le dijo con media sonrisa.- Pero que conste que esto no cuenta como una cita.- señalo, Anna sonrió y negó con la cabeza.
-Ahora tendré que buscar otra excusa para decirte que no.- bromeo. Ambas rieron, se encontraban fuera del bar, el casi silencio de la noche era reconfortante después de tanta música. Anna dijo que debía marcharse cuando Kristoff la abandonó en la mesa junto a Gogo y Fred, un chico demasiado extraño quien ella estaba segura había consumido algún tipo de droga.
-Supongo entonces que te veré el lunes.- dijo Gogo.
-¿Nos ayudaras? No pareció gustarte mucho la última vez.- señalo ella, la chica hizo un ademán con la mano.
-A menos que prefieras estar a solas con Elsa.- comentó como si nada. Anna se cruzó de brazos y miró el suelo.
-Yo, no… es decir, me gusta trabajar con Elsa pero… yo… ah… también me gusta que nos ayudes.- la morocha le miró y elevó una de sus cejas en un gesto que también le había visto a su hermana mayor.
-Entonces me veras.- respondió, el silencio se hizo presente.
-Nos vemos.- pronuncio. Gogo asintió.
-Sí, claro. Yo volveré a dentro. Anna, con respecto a Elsa…- Gogo dudo un segundo.- No es nada, mejor… nos vemos luego.- dijo y tras eso simplemente giro y se adentró nuevamente en el club. Anna se quedó sola, suspiró y emprendió camino hacia su camioneta para volver a casa.
Se habían marchado luego de que Hans se encontrara con unos amigos de la universidad. Su prometido estaba más que contento tras lograr atraer al posible socio y acordar una reunión la semana siguiente, así que cuando sus compañeros le ofrecieron ir por unos tragos a una lugar más divertido, él no dudó en aceptar; estaba con ánimos de fiesta. Elsa se despidió de él en el estacionamiento, no soportaba a los amigo de Hans y mucho menos sus fiestas de tragos, así que se excusó diciendo que moría de cansancio y que solo les aguaría la fiesta. Hans pareció algo molesto pero luego solo cedió a su pedido, incluso le entrego las llaves de su auto para que se fuera en él, argumentando que tomaría un taxi más tarde.
Tomó la ruta más larga para volver a casa, estaba perdida en una nebulosa; no podía dejar de pensar en aquella epifanía que había tenido de pronto. Ella estaba haciendo de su matrimonio un acto más en la obra de teatro que había sido su vida los últimos años, sin embargo para Hans, aquello era algo real; muy real. Suspiro.
-Tendrás que hablar con él, Elsa.- se dijo, pero… ¿Qué se supone que le diría? No. Lo mejor era intentar. Si, ella debía hacer que fuera real; tenía tiempo. Ella podía llegar a hacer real ese compromiso, solo era cuestión de proponérselo, cuestión de…
-Esa es…- un vehículo estaba varado a un lado del camino, un vehículo que Elsa conocía.
Tendría que haberle hecho caso a Kristoff, o incluso haber aceptado la propuesta de Gogo. Si no hubiera sido tan cabezota ahora no estaría como estaba, varada a la vera del camino porque Betty había decidido dejar de funcionar.
-Vamos, cariño. Por favor.- le rogó, pero el motor seguía ahogado.- Por favor, Betty. Te prometo que te pagaré un tapizado nuevo el próximo año, incluso un motor lujoso. Lo que desees, solo enciende.- Anna acciono el mecanismo de encendido pero su camioneta tosió con violencia para luego apagarse por completo.- Esta bien. Si así lo deseas.- vociferó dándole un golpe al volante, tiró los zapatos a algún lugar de la cabina y abrió la puerta para ir a echarle un vistazo al motor ella misma. Abrió el capó, revisó el aceite, controló el sistema de refrigerado y encendido, todo hasta que dio con el problema o lo que ella pensaba podía ser, el alternador.
-¡Maldición!- soltó al aire, volvió al vehículo y buscó su bolso, sacó su celular y terminó pegándole un puñetazo al volante acompañado de una grosería, no tenía batería.- Joder, Anna. ¡Serás idiota!- exclamo. Se acomodó en el asiento del conductor, apoyo su cabeza y sus manos en el volante. Suspiro pesadamente. Anna, con respecto a Elsa… De inmediato escucho un par de bocinazos.- Estoy en la maldita banquina, imbécil.- gritó. Cuando levantó la vista un auto de lujo color negro había estacionado delante de su camioneta.- Oh, no… así es como muere la gente en las películas.- mascullo. Se preguntó dónde había dejado la porra que Kristoff le había regalado, se agachó en el asiento y la tomó; irguió el cuerpo dispuesta a atacar pero entonces, Elsa Arendelle levantó una mano para saludarla.
Tiró la porra en algún lugar, se apresuró a ponerse los tacones y salió del coche al tiempo que Elsa se aproximaba a ella. Vestía un elegante traje color gris oscuro y estaba maquillada como si viniera de una fiesta.
-¡Hola! Ah… vi su camioneta y decidí detenerme para ver si todo marchaba bien.- le dijo. Anna se acomodó el cabello que seguro llevaba hecho un desastre y le sonrió.
-¡Hola! Sí, es decir, no… la verdad es que me he quedado varada. La he revisado y creo que es el alternador tendría que llamar a un técnico pero… bueno, resulta que soy un desastre y no he puesto a cargar mi teléfono en todo el día. Así que si… tengo algunos problemas.- soltó una risita tras ahogarse por hablar demasiado rápido. Elsa entonces llevó una mano al bolsillo de su saco y le tendió un móvil.
-No sé nada de mecánica, pero puede que esto ayude para que llame a alguien más.- le dijo con una sonrisa. Anna parpadeo un par de veces y sonrió.
-Gracias.- dijo antes de tomar el móvil.
-¿Cómo que no puedes venir?- pregunto indignada.- Luigi te pago una fortuna cada maldito mes para que Betty funcione. Es tu culpa que me encuentre a un lado del camino en este momento.- exclamo. Elsa pareció morderse el interior de su mejilla y ella acomodó su cabello en un gesto, buscando tranquilidad.- Bien ¿Y cómo hago que encienda?... ¿Qué? No, claro que no tengo otra batería. Ya. Sabes que, mejor ven por ella mañana y ni pienses que voy a pagarte.- dicho eso colgó el teléfono con furia.
-Así que… ¿no vendrá?- cuestionó Elsa, ella bufó y le tendió el teléfono.
-Mejor no digas nada.- agrego.- ¿Qué se supone que hare ahora?- pregunto abriendo la puerta del copiloto para poder buscar su cartera y algo de dinero extra que tenía en la guantera. Cerro la puerta con furia.- Supongo que llamar un taxi, ¿Podría usar tu teléfono nuevamente?- cuestionó recuperando algo la compostura. Elsa asintió pero dudo un segundo.
-Sabe, señorita Summers. Para mí no sería una molestia llevarla hasta su casa.- Anna la miró y sonrió.
-No quiero importunarte, Elsa. Yo…-
-Insisto. Déjeme llevarla a casa. No será ninguna molestia.- Elsa no la dejó terminar. Anna lo meditó un segundo, y al final soltó un suspiro.
-De acuerdo, pero solo porque has tenido que escucharme gritar como una histérica.- cedió encaminándose hacia el auto de la rubia.
-En realidad, y discúlpeme el atrevimiento, ha sido una escena de lo más cómica.- le dijo Elsa, siguiéndole los paso.
-Que vergonzoso.- murmuró Anna ocultando su rostro entre sus manos.
-Nada de eso, supongo que si yo fuera el tal Luigi en este momento estaría rogándole a los dioses por no conocer su furia.- comentó al tiempo que le abría la puerta del acompañante. Anna negó con la cabeza.
-Tienes suerte entonces, de en cambio, ser mi ángel guardián.- le dijo antes de entrar al auto.
Encendió la radio para apaciguar el silencio que reinaba tras la disparatada explicación de cómo Anna termino aun lado de la carretera y además vestida con aquel ajustado vestido color verde. Ahora Anna Summers tarareaba la canción que comenzó a sonar y ella misma se había visto golpeando al ritmo de la música el volante. De pronto había dejado de pensar en el asunto de Hans, ni siquiera lo recordaba. En cambio no podía dejar de pensar en lo bonita que sonaba su voz, en lo delicioso del perfume que traía y en como la había llamado, su ángel guardián.
-jamás había estado en un Lamborghini autentico, mucho menos en uno que cuesta 5.3 millones. Este es uno de esos días que quedan para las historias.- comentó Anna.
-Más aún si empiezan con una linda pelirroja varada al costado de la carretera ataviada con un vestido de ensueño.- agrego Elsa. El silencio se hizo presente, y fue cuando su cerebro reacciono.- Ah. Yo… Bueno. Es un vestido bonito y usted…- miró a Anna una fracción de segundo, guardó silencio.
-Gracias.- se limitó a decir la pelirroja. Wings comenzó a sonar y fue cuando agrego.- Tú también te ves muy bonita.- el pulso le martilló y apretó el volante, volvió a mirar a Anna a hurtadillas. La pelirroja miraba por su ventanilla perdida en algún pensamiento.- Sabes, amó esta canción.- dijo de pronto y como si se tratara de su auto le subió el volumen antes de comenzar a cantar. Elsa se limitó a sonreír y negó con la cabeza- ¡Oh, dios! Lo siento. A veces me pongo nerviosa y actuó sin pensar… espera. No es que tú me pongas nerviosa, aunque de hecho lo haces; pero no es algo así como nerviosa en el sentido de que me alteras es solo que… mejor me arrojare del auto ahora mismo.- dijo Anna. Elsa soltó una risa, una que Anna no le escuchó nunca.
-No debe ser tan temerosa solo por complacerme.- respondió y el rostro de ambas subió un tono. El auto detuvo su marcha en un semáforo, Elsa miro a Anna.- Usted… también me pone algo nerviosa, señorita Summers.- dijo. La música llego a su estrofa final y se silenció. Anna abrió la boca para decir algo pero entonces su estómago rugió.
-Yo… no puedo estar sin humillarme un solo segundo.- dijo, el semáforo cambio de color y Elsa reinicio la marcha.
-Tal vez podríamos ir por algo de comer. Yo también muero de hambre.- propuso.
Anna la miró incrédula.
-Pensé que dijiste que habías estado en una cena.- señalo.
-Era una fiesta-coctel. Ya debe saber cómo es eso…- dijo, girando a la derecha.
-No. No lo sé.- respondió interesada. Elsa la miró de soslayo.
-Bueno, generalmente son reuniones de negocios disfrazadas de fiestas. Hay meseros que llevan pequeños bocadillo a los invitados, pero la verdad es que jamás puedes comer nada que no sea un bocadillo de caviar al llegar. Porque cuando te das cuenta estás rodeado de personas que quieren hablar contigo, todos con intenciones de hacerte la mejor propuesta de negocio, claro que, de manera casual.- comentó Elsa que ya conducía sin rumbo pues había optado por dejar de lado el camino que la llevaría hacia la casa de Anna Summers. Anna rió por lo bajo y negó con la cabeza.
-Sí que son extraños ustedes los ricos.- dijo.- ¡oh! dobla aquí, a la izquierda; te llevare a comer algo de verdad.- Elsa sonrió y obedeció sin más.
El lugar olía a frituras, el piso era de un color rojizo, una rocolla sonaba en un rincón con una canción que no llegaba a reconocer. Las lámparas con mamparas verdes colgaban por sobre las mesas de madera y los sillones de una imitación de cuero rechinaban con cada movimiento. Las había atendido una mujer desgarbada que reconoció a Anna de inmediato y que a ella la miró con suspicacia tal vez reconociéndola también. Elsa jamás había estado en un lugar como aquel, jamás había pedido una hamburguesa a las casi dos y treinta de la madrugada y jamás había visto a nadie ponerle tanto kétchup a unas patata fritas, sin embargo, se sintió extrañamente como en casa. Relajo los hombros y miró como Anna llevaba una patata a su boca, mientras reía de su expresión ante la grasosa hamburguesa que le habían puesto delante.
-Solo cómetela, estará deliciosa.- le dijo. Elsa tomó un par de cubierto y Anna la miró espantada.- ¡Noo! Con las manos, si comes con cubiertos te hare bailar la próxima cosa que suene en la rocolla.- le advirtió. Ella dejó los cubiertos y levantó las manos a modo de rendición.
-Usted es una pequeña tirana, señorita Summers.- le dijo. Anna rodó los ojos.
-Con que sigas diciéndome señorita Summers, tu lindo traje terminará lleno de katsu.- Elsa sonrió.- Vamos, puedes decirme Anna es el nombre más simplón que existe.- agregó antes de llevarse un puñado de patatas a la boca.
-No creo que sea simplón, me gusta. Anna.- repitió ella, tomando también una patata pero degustando el sonido de aquel nombre.
-Estas mintiendo.-
-¿Por qué haría algo así?- cuestiono.
-Porque intentas ser amable ante un nombre tan simplón. Te apuesto lo que sea a que en cualquier país que vayas encontraras al menos 100 Annas.- Elsa la miró de pronto, tenía el mentón manchado con aderezo, el cabello hecho un lio, las pecas esparcidas hasta los hombros, pasó saliva.
-Pero ninguna de ellas… serian tú.- murmuro. Anna desvió la mirada y capturó su soda para comenzar a beber. Elsa tomó la hamburguesa con las manos y le dio un mordisco. Una canción termino y comenzó otra.
-De acuerdo. Tu ganas.- dijo de pronto Anna, la miró.- ¿Y? ¿Qué te parece?-
-Bueno… es la cosa más grasosa que he comido en años, pero… también una de las más deliciosas. Creo que pondré este lugar como punto de reunión para cerrar negocios.- bromeo al final.
-Ágata estará encantada de atender a tus socios.- le dijo Anna señalando a la mujer que tomaba una orden con desgano. Elsa rió.
-Umm. Si, tal vez venga cuando ella no esté de turno.- comento. Anna exploto en una risa que viajo por los oídos de Elsa hasta su centro para quedarse allí resonando.
Anna miró el perfil de Elsa mientras caminaban hacia el auto, la noche estaba fría y ella se había abrazado a sí misma, pero al segundo el saco de la rubia ya estaba sobre sus hombros. "soy inmune al frio" le había dicho. Se mordió el labio al tiempo que Elsa abría la puerta para que ella subiera. Suspiró cuando la puerta se cerró, aproximó la nariz a la suave tela; olía a Elsa. No solo a la fragancia de su perfume, sino a ella, a su aroma. Cuando su compañera subió se apresuró a abrocharse el cinturón. Elsa no encendió la radio esa vez, Anna volvió a mirar su perfil mientras maniobraba para salir del estacionamiento y tomar la calle.
-Jamás pensé que este día terminaría así.- comento Elsa, quizás para ella misma.
-Yo tampoco.- susurro ella. Elsa la miró de soslayo y sonrió. La voz de Gogo volvió a hacer eco en su mente "Anna, con respecto a Elsa..." con respecto a Elsa ¿Qué? Se preguntó. Negó e hizo que el recuerdo se marchara.
Aquella noche. Había soñado con algo así tal vez un par de veces, pero… nunca había sido tan perfecto. Ella ya no necesitaba más de Elsa, con eso le bastaba, con eso tenía de sobra. Con esa noche y las tardes trabajando a su lado, ya no podía pedir más. El auto se detuvo de pronto, había ido perdida mirando a Elsa que no detecto el tiempo, ni el movimiento. La rubia se desprendió el cinturón y bajó para abrirle la puerta. Anna tomó aire antes de descender.
-Tu casa es muy bonita.- le dijo Elsa tras cerrar la puerta del auto. Anna miró un momento la pequeña vivienda que sus padres habían comprado hacia años.
-No será una mansión pero tiene su encanto.- Elsa le sonrió y comenzaron a caminar hasta la puerta.
-Las mansiones suelen ser muy poco acogedoras y vacías. Personalmente prefiero una casa como esta.- comento Elsa. Anna aspiró el aire frio de la noche, se detuvo antes las escaleras que separaban la entrada, se giró hacia Elsa.
-Gracias por rescatarme del costado del camino, y por esta noche. Ha sido…- perfecta. Pensó.- de lo más agradable.- terminó diciendo. Elsa la miró a los ojos.
-Gracias a ti, Anna. Por las hamburguesas y la compañía. Creo que salvarte ha sido la mejor decisión de esta noche.- un grillo cantó en algún lugar incierto. Anna rogó porque el tiempo se detuviera, por no tener que voltearse y marcharse, porque Elsa no tuviera que irse.
-Creo que ya estas a salvo. Nos veremos el lunes.- claro que el tiempo no podía detenerse.
-Seguro. Gracias por todo y…- se quitó el saco y se lo dio a la rubia. Elsa lo dobló y se quedó mirándolo.
-No ha sido nada.- dijo, levantó la mirada azul. Anna casi su arroja al vacío, casi pierde todo con un movimiento, casi termina aquella noche como debía, como deseaba pero se contuvo y le besó la mejilla.
-Nos veremos el lunes. Nuevamente, gracias por todo. Adiós.- dijo y se giró. No volteó hasta que había abierto la puerta. Saludo a Elsa con un movimiento de mano que ella respondió precariamente y metió a la seguridad de su hogar con el corazón latiéndole como jamás lo había hecho. Se llevó la mano a los labios y sonrió mientras un terremoto sacudía algún lugar de su interior.
Un huracán de fuego, una tormenta terriblemente imparable, algo quebró la tierra, el mundo dio un vuelco y todo por el pequeño y rápido beso que Anna Summers le había plantado en la mejilla. Se había quedado sin palabras, apenas levantó la mano para despedirse y ni siquiera recordó como había llegado hasta el auto. Puso la mano en su mejilla y en su cabeza estalló una bomba molotov ¿Cómo se sentirá estar ebrio de amor? Hans. Anna.
-¿Qué acaba de suceder?- se preguntó antes de poner en marcha el auto y dirigirse a casa con el mundo quebrado en dos y por un simple beso.
