Buenas, ¿Cómo les va? Traigo una humilde ofrenda para ustedes. Ahora, me voy hacia el espacio nuevamente.

Esté es un fic Elsanna.

Universo altero.

No contiene incesto; pero si algo de helsa.

Relación chica-chica.

Si nada te gusta, nos vemos en el infierno. Na, mentira. O quizás no(?)

Frozen y los demás personajes que pueden aparecer en estaba historia son de Disney, o de sus restos congelados.

Él seguía dormido en el sillón con el esmoquin totalmente desarreglado, abrazando la manta que en la noche le había traído para resguardarlo del posible frio. Hans había llegado a su casa durante la madrugada, dándole un susto de muerte. Había entrado con la copia de la llave que ella solía guardar bajo la madera floja de la entrada y había hecho tal ruido que Elsa se había hecho de un antiguo palo de hockey para golpear, al que ella pensó, sería un ladrón. Pero cuando llegó a la sala encontró a su prometido tirado en el sofá, balbuceando tonterías y despidiendo un olor etílico de lo más desagradable. Lo dejó allí tirado, no tenía fuerzas, ni ánimos para subirlo por las escaleras y llevarlo al cuarto de visitas. Sin embargo, le había quitado los zapatos y le tiró aquella manta.

Elsa se acurrucó más en el pequeño sillón que se hallaba junto a la ventana, subió los pies, dejó de lado la taza de café y cogió el libro que había comenzado hacía un par de días.

"…y allí estaba ella, a pesar del frio, a pesar del hielo. El viento se detuvo, los árboles silenciaron su cantar, mi corazón vibró al tiempo que su cabello pelirrojo se llenaba de escarcha.

-Así que aquí te has escondido ¿Sabes cuánto llevo buscándote?- No, no lo sabía. Pero…

-¿Sabes cuánto tiempo llevo buscándote yo a ti?- y ella sonrió como respuesta…"

Elsa bajó el libro, miró por la ventana, y sin motivo alguno su mente viajó a la noche anterior, a Anna Summers llena de aderezo hablando sobre cómo había descubierto aquel lugar cuando se fugó un día de la escuela; y al instante ya estaban caminando juntas hasta la puerta de su casa. Elsa se tocó la mejilla. Aquel beso efímero le ardió en la superficie de la piel. Suspiró.

-Se me había olvidado lo bonita que te ves en las mañanas.- se exaltó, como cuando a uno lo descubren haciendo trampa.

-¡Hans!- dijo sorprendida, mirando a su prometido que la contemplaba desde el sillón.

-Lo siento ¿Estabas muy concentrada en la lectura?- le preguntó sentándose.

-No, solo… no importa. ¡Buenos días!- Hans meneó una mano al tiempo que con la otra se tomada los ojos.

-Mmm… ni tan buenos.- respondió. Elsa aguantó una risa ante la inminente resaca de su prometido.

-Te prepararé un café y tendré listas unas aspirinas; pero deberías darte un baño antes de desayunar, aún apestas a alcohol.- señaló ella dejando el libro junto a la taza y poniéndose de pie. Hans soltó un lamento.

-Tienes razón. ¿Tengo alguna muda de ropa aquí?- Elsa se detuvo a medio camino de la cocina.

-No lo recuerdo, echare un vistazo mientras estás en la ducha.- Hans se puso de pie y estiró los músculos.

-De acuerdo. Si no la encuentras tengo una muda de emergencia en el baúl de mi coche.- lo escuchó desde la sala.

-¡Vale! ¡Hay toallas limpias en el armario del baño!- gritó. Un refunfuñar le llegó desde la sala y luego los pasos subiendo la escalera.

Había sacado la muda que Hans tenía de reserva en el coche. La encontró sin problema, estaba dentro de una maleta pequeña perfectamente ordenada. Cerró la puerta del baúl y se encaminó hacia la puerta del conductor, había dejado su cartera dentro la noche anterior, así que aprovecho la ocasión para sacarla de allí. La encontró junto al asiento, se agachó para tomarla, cuando algo brillante en el asiento del copiloto le llamó la atención, era un zarcillo. Lo examinó un segundo, era sencillo con una piedra color verde. Negó con la cabeza, se lo guardó en el bolsillo de su abrigo y salió del coche para encaminarse de regreso al interior de la casa.

-¿Has visto lo que son estos números?- Hans sacudió el periódico que tenía entre las manos.- ¡Trecientos por ciento!- soltó un silbido de asombro.

-¿El neto?- cuestionó ella. Él sonrió satisfecho.

-El neto, cariño. Mi padre debe estar en las nubes y ni que decir del tuyo.- agregó antes de darle un trago a su café.

-Los beneficios de una alianza inesperada, supongo.- comentó ella no dándole mucha importancia. Cuanto crecía el capital o las inversiones de ambas empresas desde el compromiso y definitiva unión de las empresas no le importaba mucho.

-Solo piénsalo, el setenta por ciento de todo esto es nuestro. Seremos los reyes de las multinacionales.- comentó Hans. Elsa lo miró de soslayo.

-Hablando de eso. ¿Vas a acompañarme al partido benéfico de esta noche?- Hans dejó el diario de lado y tomó una tostada.

-¿Era hoy? Lo había olvidado.- dijo con indiferencia.

-Y… eso es un no.- afirmó Elsa que lo conocía bien.

-Sabes que los actos de caridad no van conmigo.- respondió él antes de morder la tostada.

-Dijiste que me acompañarías la semana pasada. Ya te pareces a mi padre, solo te falta pensar que estos solo son útiles para eliminar la carga de impuestos.- señaló ella. Él sonrió.

-Vaya que lo son. Es más, pueden anularlos completamente. Tu padre es un muy buen jugador cuando se trata de eso.- Elsa negó.

-¡Debes estar bromeando! Sabes lo importante que son las obras de caridad, ayudar a los que menos tienen a conseguir un futuro más próspero. Al igual que son importantes las becas científicas, si no podemos hacer eso de que nos sirve…-

-¡Elsa, ya!- la silenció elevando la voz.- tranquilízate. Claro que estoy de broma.- agregó volviendo al tono cálido.

-¿Qué me tranquilicé? Yo no fui quien levantó la voz.- señaló ella. Hans suspiró.

-Lo siento, es solo… tengo un poco de migraña aún, y no estoy para tus largos discursos de moral.-

-Mis largos discursos…- aquello era inaceptable.- pues, disculpa por molestarte al decirte lo que pienso.- respondió. Hans le dio un sorbo a su café, ella hizo lo mismo. El silencio reino.

-Lo siento, de acuerdo. No quiero discutir, y no tenía intensión alguna en levantar la voz.- dijo de pronto Hans estirando la mano para tomar la suya. Elsa asintió.

-Yo también lo siento, sabes que no soporto esa idea de…-

-Lo sé. Y me encantaría acompañarte; pero… ¿hockey?- Elsa sonrió ante la forma desdeñosa en que Hans había pronunciado la palabra.- No te rías, sé que tú lo amas.-

-Está bien, está bien. No tienes que acompañarme, ni escucharme gritarle obscenidades al árbitro.-

-Y a los jugadores, los entrenadores, los preparadores físicos y al propio público.- agregó él.

-¡Oh, caya! Sabes cómo me pongo con las cosas que me apasionan. Es una de mis únicas debilidades.- comentó. Hans sonrió de lado; tenía esa mirada que ponía a veces, donde sus ojos verdes brillaban.

-La mujer perfecta que se transforma en un camionero cuando va a ver hockey.- dijo.

-Es parte de toda mi perfección.- agregó ella.

-Claro. Claro. Gracias por librarme de verte hecha una fiera; pero ¿con quién iras?- cuestionó divertido. Elsa se encogió de hombros.

-Supongo que mi mejor amiga estará dispuesta a acompañarme.-

-¡Tiana tiene un lugar en el cielo! ¡Oh dioses, resguárdenla por siempre!- exclamó Hans, Elsa rió ante su exageración. Ese era, sin duda, el Hans que ella quería, el que era su amigo; pero de pronto él se puso de pie y ajustó su traje.

-¿Ya te vas?- preguntó sorprendida, había guardado la esperanza de que pasaran el día juntos, al menos hasta que ella debiera marcharse.

-Sí. Mi padre quería hablar conmigo hoy, me dijo que tenía un par de temas de vital importancia que tratar, y aún debo pasar por mi oficina a buscar unos papeles que tengo para enseñarle.- dijo terminando de acomodarse el traje azul oscuro.

-Mándale mis saludos a mis queridos suegros entonces.- respondió ella. Hans apoyo sus manos en sus hombros y le dio un beso en la sien.

-Lo hare. Y si Tiana decide ahorrarse el espectáculo, mi hermana estará más que dispuesta a acompañarte. Ya sabes cómo le gusta esos eventos de caridad.- comento él. Elsa rodó los ojos.

-No sabía que Jazmín ya había llegado.- comentó refiriéndose a la hermana menor de Hans, la única que le caía bien.

-Hablo de Beatriz.- dijo él sonriendo.

-Prefiero ir sola, gracias por el ofrecimiento.- Hans soltó una carcajada al tiempo que ella se ponía de pie.

-Despreciando a mi pobre hermana. Ella que te aprecia tanto.- comento. Elsa comenzó a caminar hacia la entrada.

-Sí, me aprecia tanto como aprecia a una víbora.- respondió con sinceridad.

-Ya, ya. Mejor no hablar de temas ponzoñosos.-

-Sí, mejor.- Ella le entregó las llaves de su auto.- Nos veremos mañana, supongo.-

-Claro. ¿Almorzamos en casa de tus padres?-

-Sí. Se puntual, es lo único qué te pido.-

-Seguro. Te quiero.- Hans se aproximó, y depositó un beso el sus labios, luego simplemente se marchó. Elsa no vio irse, sacudió la mano cuando sacó el coche. Suspiró mientras el Lamborghini negro se alejaba. ¿Por qué no siento lo mismo con sus besos? Cerró los ojos; el temblor ante el contacto con Anna la sacudió una vez más. Soltó una maldición al aire antes de volver al interior de la casa.

Anna se había levantado de la cama para el medio día, mas por pereza que por otra razón. En realidad, se pasó parte de la mañana rememorando la noche anterior; pero tras decidir darse una ducha, salió hacia lo de sus abuelos donde iría a almorzar como cada fin de semana.

-Llegas tarde.- le dijo el señor Johnson cuando ella entró al jardín que estaba tras la tienda de antigüedades.

-¡Hola abuelo! Lo siento, ya sabes como soy.- le dijo ella dándole un beso en la mejilla al hombre que estaba sentado quitando maleza de entre sus rosales.

-Sí, copito. Mejor ve a ayudar a tu abuela que está preparando pasta.- Anna sonrió.

-¡Mmm… la pasta es deliciosa!- comento ya encaminándose hacia la puerta que daba entrada a la cocina.

-Bueno, bueno, ahora que tu abuelo se ha ido a dormir y nos ha dejado solas vas a decirme porque traes esa linda sonrisa.- Anna había ayudado a su abuela, habían almorzado entre anécdotas de la semana, y tras eso, su abuelo anunció que dormiría una siesta, mientras que con su abuela se habían trasladado al jardín donde ahora se disponían a compartir una taza de café.

-No sé de qué sonrisa hablas.- respondió haciéndose la desentendida; pero no pudiendo evitar sonreír.

-¡Ah! Que maravilloso. Ahora dime ¿cómo se llama ella?- preguntó directamente. Anna bebió su café con tranquilidad. Su abuela siempre lo descubría todo, y recordó el día en que la sentó en la cocina y sin rodeos, como en ese momento, preguntó si le gustaban las chicas.

-Solo… ¿Recuerdas a Elsa Arendelle?- su abuela asintió.

-Sí, coleccionabas sus fotos de las revistas y las pegabas en un álbum.- señaló. Anna casi tira su taza por aquel recuerdo del que ahora no se enorgullecía.- Tenías una obsesión con esa chica. Ahora… escuché que va a casarse, déjame decirte que su prometido es guapo; pero Anna, él no sería competencia para ti.- Anna dejó con cuidado la taza antes de terminar tirando su contenido por culpa de los comentarios de su abuela.

-¿Que él no sería competencia? ¿Qué dices?- exclamó ella.- Él es rico- agregó. Su abuela le restó importancia con un ademán.

-El dinero no hace a la gente feliz, y bien lo sabes. Pero no importa, dime porqué me preguntaste si me acordaba de ella.- Anna suspiró, ahora no estaba tan segura si contar lo sucedido la noche anterior. Al final optó por hacerlo, claro que, tuvo que explicar todo desde el hecho que estaba trabajando con la familia hasta llegar al tema en cuestión.

-Vaya… que amable de su parte llevarte a tu casa. Todo el mundo dice que ella es una arpía, no me mires así, solo repito lo que he leído.-

-Pues se equivocan, Elsa es amable y muy educada. No me llamó Anna hasta que le dije que lo hiciera.- señaló ella. Su abuela dejó la taza a un lado.

-No veo cual es el escándalo. En mi época no llamabas a nadie por su nombre hasta que se te permitía hacerlo. Pero dime, es solo por eso qué estás tan feliz, ¿por qué te llevo hasta casa?- cuestionó la mujer. Anna había omitido la cena en el restaurante y la charla, y por supuesto, el beso. Se terminó encogiendo de hombros. Su abuela la tomó de la mano.- Anna, sabes que amo verte feliz; pero… no hagas castillos en el aire. Sabes que ella va a casarse y…- el celular de Anna comenzó a sonar, miró el número desconocido y no estaba por atender, pero su abuela le hizo un gesto para que lo hiciera antes de levantarse para adentrarse en la casa en busca de más café.

-¿Hola?-

-Esto es enteramente culpa de Kristoff, lo juró.-

-Oh, por los dioses, ¿él no se atrevió a hacerlo?- preguntó al aire tras escuchar la voz de Gogo al otro lado.

-Digamos que puede que me haya aprovechado un poco de su borrachera, pero si lo hizo.-

-Ya rendiré cuenta con él. Y en cuanto a ti…-

-En cuanto a mí, solo debes decirme que aceptarás la cita que tengo planeada para esta noche.- Anna rió divertida.

-¿Cita? ¿Así que esas eran tus malvadas intenciones al sacarle mi número a mi ebrio mejor amigo?-

-Soy totalmente culpable. ¿Y? ¿Qué me dices? Tengo unos boletos de primera para el partido de hockey de hoy, en las arenas.- Anna pestañeó un par de veces.

-¿Estas de broma? ¿El de los Frisk contra Stavanger?- cuestionó, la risa le llego del otro lado de la línea.

-No. Mi familia patrocina el evento es un partido a beneficio de nuestra fundación.-

-Sí. Y las entradas se vendieron en cuestión de minutos. Dios, Kristoff va a volverse loco si le digo que logre ir, y él no.- comentó sin pensar.

-Sabía que aceptarías. Entonces… ¿paso por ti a las 7?-

-¿Qué? No dije que aceptaba… es decir, no es que no quiera ir y… Sabes, el montañés merece sufrir. A las 7 sería estupendo.-

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Gogo sonrió cuando colgó el teléfono.

-Primera parte, cumplida. Ahora solo falta.- escribió un mensaje de texto y lo envió. Hizo girar la silla donde se encontraba, la verdad era que el hockey no era su deporte favorito, ella prefería las carreras de velocidad incluyendo las de patinaje; pero si su plan salía bien, valdría la pena. El teléfono sonó, abrió la casilla de mensajes y su sonrisa se amplió.

"No me lo perderé, sabes que soy fanática. No, Hans tiene mejores cosas que hacer pero Tía me acompañara. ¿Y tú? ¿Qué te ha picado que vas ir?"

-¡Ay, hermana! cuando lo descubras vas a matarme.- dejó el teléfono de lado y se levantó de su silla, para al fin poder volver al laboratorio.

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-Sabes que solo acepté porque eres mi mejor amiga.- resaltó Tiana luego que aparcara en la zona del estadio.

-Y por cosas como estas es que tú eres la mía.- añadió Elsa antes de abrazarla por los hombros, estaba del mejor humor posible. Había dejado todo el tema de Hans y Anna atrás. Concluyó que la noche anterior solo había sido algo diferente y que eso estaba bien. No tenía por qué hacerse un drama por ello; mucho menos buscar explicación a lo que sintió por ese beso. Solo había sido por que la señorita Summers era una extraña y ella no estaba acostumbrada a ese tipo de trato, solo había sido eso.

-¿Tengo que usar la bufanda del equipo?- cuestionó Tiana de pronto.

-¿Acaso no eres fanática?- preguntó ella con una sonrisa.

-Sabes que no… Entonces, ¿es el partido lo que tiene tan extasiada?- cuestionó su amiga. Elsa elevo una ceja, se aproximaban a la entrada lateral por donde ingresarían ellas.

-Amo el hockey, lo sabes. Y ¿Qué tiene de malo estar… extasiada?- cuestionó, Tia negó con un sonrisa en el rostro.

-Nada… me encanta verte así. Lo que sea que estés tomando no lo dejes.- le dijo. Elsa rodó los ojos, antes de saludar al personal de seguridad.

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-Jamás he estado en la zona vip de nada, y eso de que la gente de seguridad nos saludara… ¡Wow! ¿Eres la dueña de este lugar, verdad?- exclamó Anna mientras caminaba junto a Gogo por los pasillos del estadio.

-Técnicamente mi abuelo fundó este club ¿O fue su padre? No lo recuerdo, pero si ha estado en mi familia desde entonces.- comentó Gogo. Mientras salían a la zona de gradas. El ruido de la multitud llego a sus oídos, junto con la música que sonaba en el estadio. Estaban básicamente a lado de la pista. La mascota del equipo, un hombre de nieve bastante particular, bailaba en la pista junto a un par de chicas que vestían las camisetas del equipo.

-¡Esto es genial!- gritó Anna a Gogo. Ella asintió.- ¡Te amo, Olaf!- le gritó al muñeco de nieve.

-Vaya, tu si que eres fanática ¿verdad? Yo ni siquiera sabía que se llamaba Olaf- cuestionó Gogo sorprendida.

-Oh, sí. Cuando era niña venía a todos los partidos con mi padre… ¡Wow!- Anna miró sorprendida, la zona de palcos, el espacio entre las sillas, las sillas mismas, la barra donde se servían bebidas, una mesa con bocadillos.- Esto es… Kristoff va a morirse. Tienes que tomarme una foto.- le dijo a Gogo antes de tomarla de la mano y aproximarse al vidrio que separaba el lugar de la pista.

-Te tomaré todas las fotos que quieras; pero no me arrastres de un lugar a otro.- le pidió la morocha risueña.

-Lo siento.- se disculpó Anna al darse cuenta de su torpeza.

-No lo hagas, mejor dame tu teléfono así te hago las fotos.-

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-Siempre es un placer verlo, señor Akanne. Y sí, estoy segura de que ganaremos.- le dijo Elsa al hombre bajito y algo regordete con el que hablaba.

-Eso no lo dudo, señorita Arendelle, pero dígame ¿su padre o su prometido vendrán?- Elsa suspiró.

-Mi prometido no lo hará, y a mi padre no creo le sea a posible. Pero si quería tratar con él algo, ya sabe que los temas del club debe usted tratarlos conmigo, yo soy quien lo administra todo aquí.- respondió dispuesta. El hombre se mostró sorprendido y pareció dudar un segundo.

-Pensé que…- negó con efusividad.- No me haga caso… me habrán informado mal. Entonces la estaré llamando a usted.- dijo.

-Esperaré su llamado y disfrute el partido.- respondió con una sonrisa y estrechó la mano del hombre. Cuando este se alejó, Tiana se aproximó. Elsa frunció el ceño por las palabras que había pronunciado. ¿Informado que?- se preguntó.

-¿Qué te preocupa?- cuestionó su amiga, ella hizo un gesto con su mano.- De acuerdo. Dime qué ese no es otro patrocinador. Por eso odio venir a ver los partidos contigo.- se quejó cuando otro hombre de traje se aproximaba a ellas, pero éste solo pasó saludando a Elsa con una inclinación de cabeza.

-Son los patrocinadores, sabes que este equipo es mío. Y pensé que odiabas venir por mis gritos.- respondió.

-Esa es la segunda razón. Vamos a nuestros lugares antes de que alguien más quiera hablar contigo "solo un momento"- exclamó prácticamente empujando a Elsa a la zona de las gradas.

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-Aquí tienes.- Gogo le entrego una cerveza.

-Gracias. No tenías que…-

-Ya te lo dije aquí la barra es gratis.- le recordó antes de sentarse a su lado.

-Ventajas de ser la dueña, supongo.- comentó divertida.- ¡Oh! pero no tiene nada del equipo.- señaló, antes de dejar su bebida en el porta vasos. Gogo miró su ropa llevaba una remera con su chaqueta de cuero y unos pantalones de mezclilla negro.

-Si… bueno.-

-Aquí tienes.- Anna de pronto le colocó la bufanda del equipo.

-No, Anna, la verdad es que…- protestó comenzando a quitársela, pero Anna detuvo sus manos y se la colocó dándole un par de vueltas

-Te la dejarás puesta, sin discusiones. Eres una de las dueñas es un insulto, para un fanático como yo, que no tengas una insignia del equipo.- Anna sonrió y ella se encogió de hombros

-Ya que.-

-Vaya… parece que al fin encontraste a quien te ponga los puntos.- ambas miraron a un lado para ver a Tiana aproximándose, mientras Elsa se había quedado como una piedra un poco más allá. Anna la miró y rápidamente quitó sus manos de encima de la prenda que le había colocado a Gogo.

-¡Eh, Tiana, tiempo sin vernos! Y no es lo que piensas…Anna, ella es Tiana. Tiana, Anna.- tuvo que dejar de mirar a Elsa para saludar a la chica que le era presentada.

-Es un placer.- le dijo.

-Lo mismo digo y… Ella y yo..-

-Oh, no tienes que aclarar nada. Solo era broma. Aunque ¿tú que piensas…- la mujer se volteó y se sorprendió de no ver a su amiga a su lado- ¿Elsa? ¿Se te congelaron los pies o algo?- cuestionó, la rubia apartó su vista de Anna y se aproximó negando.

-No. No… solo. No es nada.- balbuceó.

-Y allí tienes a la fanática número uno de este equipo, al menos de mi familia.- señaló Gogo en referencia a Elsa.

-Hola, Anna. ¿Cómo has estado?- se limitó a preguntar la rubia ignorando el comentario de su hermana.

-Hola Elsa. Bien, gracias por preguntar. ¿y tú?-

-Bien… que sorpresa encontrarte aquí, y con la camiseta del equipo… veo que…- Elsa se sentó junto a Anna de pronto. Tiana miro a Gogo con curiosidad.

-Oh, si… soy una gran fanática. Gogo me ha invitado y no pude resistirme. Así que aquí estoy. Espero no te moleste que haya venido.-

-No, no; en absoluto. Es decir… el que estés aquí es genial. En cuanto a lo de Gogo...- Elsa miro a su hermana. Que abrió los brazos y pareció estar por protestar cuando la voz del estadio se escuchó.

-¡Buenas noches, fanáticos! ¿Están listos para un partido que promete ser histórico?-

-¡Siii!- gritaron Elsa y Anna. Tiana aún miraba a Gogo con curiosidad; pero ella le hizo un gesto para que esperara. Ya le explicaría todo.

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Se encontraban durante el primer intervalo, el zamboni cruzaba la pista lentamente y en los alto parlantes sonaba una canción de David Guetta, la gente en las tribunas saludaba a la cámara cuando aparecían en la pantalla gigante. El partido iba en empate; pero a Anna, ya parecía importarle poco. Miró a Elsa que bebía una soda, estaba sorprendida, la rubia era de lo más increíble, ¿Quién diría que bajo esa fachada de niña buena existía en realidad una fanática del hockey? Y dios, ellas habían gritado cada falta, cada gol, habían insultado al referí cuando sancionó una penalización de 5 minutos para Torgalov, de más está decir, injusta.

-Sin esa sanción estaríamos ganando.- comentó Elsa dejándose caer en su asiento.

-No tengo ni idea en donde diantres vio un bloqueo.- exclamó ella.

-Es obvio que ese árbitro necesita anteojos.- agregó Elsa

-Podrían calmarse ustedes dos.- les dijo Tiana.

-Era una injusticia y sabes que las odio.- señaló Elsa, su amiga rió.

-Está bien, está bien. Solo… no griten tanto ¿okey?- les pidió.

-Anna y yo no gritamos, solo…-

-Le damos consejos al árbitro en voz alta.- agregó la pelirroja.

-Exacto, en voz muy alta.- Elsa sonrió.

-Bien, Anna aquí está tu hot dog, y el tuyo Tiana.- Gogo llegó con los hots dogs en la mano y se los entregó.

-Gracias, Go.- dijo Anna.

-De nada. ¿Cómo es que van?- cuestionó ella que había pasado mirando su teléfono en lugar de mirar el partido.

-2 a 2.- respondió Anna antes de darle una mordida a su comida.

-¿Acaso no estas mirando el partido?- cuestionó Elsa.

-Em… si… solo que ya sabes…- Gogo dibujo un círculo con la mano.

-Hay cosas más interesantes de ver.- señaló Tiana. Elsa frunció el ceño.

-¿Enserio? ¿Qué?- preguntó Anna que ya tenía mostaza en la mejilla.

-No creo nada que sea más interesante que el partido.- dijo Elsa, que para sorpresa de todos estiró la mano, le limpió el aderezo a la pelirroja y luego llevó el dedo con éste a sus labios.

-Gracias.- pronunció Anna con rubor en las mejillas. Elsa entonces se dio cuenta de lo que acababa de hacer, y también el rubor subió a su rostro.

-Lo siento.- pronunció rápidamente, Anna sonrió y se encogió de hombros antes de darle otro mordisco al hot dog, la rubia le devolvió la sonrisa.

-Nada más interesante que ver…- murmuró Tiana, al notar el guiño de Gogo al otro lado de ellas dos.

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-¿Pero… qué? ¿Acaso son imbéciles?- gritó Anna saltando de su silla indignada, el árbitro y el asistente llevaban un rato hablando entre ellos.

-¡Solo sanciona el maldito penalti, amigo!- agregó Elsa.

-¡face-off, face-off, face-off!- comenzaron a gritar al tiempo que lo hacía todo el estadio. El silbato sonó, indicando que debía dispararse el penalti, estaban en el último tiempo y los Frisk ganaban por un punto; pero era bueno holgar un poco más el resultado antes del final. El jugador estrella, Krommer, se aproximó al puck.

-¡Krommer! ¡Krommer! ¡Krommer!- fue el grito que llenó el estadio. Elsa miró a Anna un segundo, jamás había tenido una compañera de hockey tan entusiasta. El jugador se preparó, el silencio reino en el arenas, se escuchó el silbato, disparó y…

-¡Gooool!- gritaron ambas elevando los brazos.

-¡Bien hecho, Krommer!-gritó Anna antes de pasar uno de sus brazos por sobre los hombros de Elsa.

-¡Eres el mejor!- vociferó la rubia. El pitido final llegó, Elsa tomó la cintura de Anna.

-¡Frisk. Frisk. Frisk. Frisk. Frisk!- se unieron al grito de la multitud que festejaba la victoria frente a su mayor rival, sin importar que no fuera un partido que contara en la liga.

-Excelente partido.- comentó Tiana poniéndose de pie.

-¿Ya terminó?- cuestionó gogo, antes de mirar a Elsa y Anna.- y ustedes están abrazadas… ¿Por qué?- agregó. Ninguna de las dos se había dado cuenta que seguían en aquella posición, pero ni bien Gogo lo señaló se alejaron sin mirarse.

-Creo que Elsa ya consiguió con quien venir a ver la temporada.- señaló Tiana.

-Eso parece… ¿Qué dices Elsa? Parece que Anna es una loca fanática como tu.- comentó Gogo.

-Que yo… no… es decir… si, a los Frisk, pero… no es necesario que…- Anna se enredó con sus palabras.

-Lo siento, Anna.- dijo Elsa.- creo que mi hermana tiene razón, no te quedara de otra que acompañarme el resto de la temporada.- comentó con una sonrisa.

-¿Cómo sobrevivirá otro partido sin ti?- agregó Tiana, mirando de manera cómplice a la hermana de su amiga. Ya no necesitaba que le explique nada, conocía a Elsa y la forma en que estaba actuando era… bueno, era la Elsa real.

-Tia, tiene razón. Solo quedan tres jornadas para terminar la temporada y puedes traer a tu amigo, Kritofforo, si deseas.- Anna rió.

-Me encantara venir y de seguro a "Kristoff" también.-

-Oh, lo siento. Kristoff.- se corrigió.

-Es mejor irnos ¿O tienes alguien con quien reunirte, Elsa?- preguntó Tiana. La rubia negó

-No. ¿Vamos a comer algo?- cuestionó.

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Y allí estaban de nuevo… Gogo había dicho que le surgió una urgencia en el laboratorio, y se había disculpado con Anna; pero debía marcharse, al parecer algo se estaba incendiando. Tiana por su parte argumentó tener que regresar con Naveen, pues al día siguiente saldría de viaje y necesitaba ayuda para hacer las maletas.

-Has cambiado de auto.- comentó Anna, junto a ella.

-¿Eh? No, es decir… sí. El lamborghini es de Hans, él tiene una obsesión por los autos caros.- respondió.

-Ya.- un silencio algo incómodo se hizo presente. Anna había declinado la invitación a cenar, pero si había aceptado que la llevara a casa.

-Entonces… ¿eres fanática desde niña?- preguntó.

-Sí, mi padre lo era y desde pequeña siempre me llevaba a ver los partidos con él.- Elsa asintió.

-Oh, entonces puedes extenderle mi invitación a venir con nosotras.- comentó. Anna sonrió.

-Estoy segura que le encantaría, pero no es posible que él asista.- Elsa quiso golpear su frente contra el volante.

-lo siento, él esta…-

-¿Qué? No.- Anna estalló en una risa.- Quita esa cara de espanto. Mis padres viven en Australia.-

-Ya. Eso me deja más tranquila. Pensé que había metido la pata y…- Anna volvió a reír, el corazón de Elsa vibró ante ese sonido.

-En absoluto, ellos se mudaron hace un par de años. Siempre fue su sueño, pero cuando yo nací tuvieron que postergarlo, hasta que pude hacerme cargo de mi misma, entonces decidieron abandonarme aquí.- bromeó.

-¿Abandonarte? Eso suena cruel- comentó Elsa, quien inconscientemente disminuyo la velocidad, pues se aproximaban a destino.

-Tienes razón. La verdad es… que me negué a ir. Es decir, me encantaba la idea de Australia; pero entonces vi un video en donde… ¡Dios! ¿Acaso viste el tamaño de esos insectos?- Elsa no pudo contener la risa ante el tono de espanto de su compañera.- No te rías, lo digo enserio. Creo que esa araña era más grande que un perro, es más, de seguro puede comerse un perro.- le dijo.

-Creo que estás exagerando.- comentó ella, solo para ver la mirada de indignación en la pelirroja.

-Si tú vieras ese video, no creerías que estoy exagerando.- Elsa detuvo el auto frente a la casa de Anna.-

-Creo que lo haces.- afirmó.

-No…. pero en fin. La cuestión es que decidí quedarme y aún no he tenido valor de ir a visitarlos solo hablo con ellos por skype.-

-¿No has ido a visitarlos?- cuestionó la rubia. Anna se desprendió el cinturón, Elsa hizo lo mismo.

-Claro que no. ¿Qué no escuchas, Arendelle? ¡Arañas gigantes!- recalcó. Elsa rodó los ojos y bajó para abrir la puerta de Anna.

-Bendito el internet.- le dijo extendiendo la mano para ayudarla a bajar, Anna aceptó el gesto.

-Si, por mostrarme los monstruos con los que me arriesgaba a vivir.-

-Yo decía por el hecho de que te permite hablar con tus padres a diario.- señaló Elsa.

-Agradezco a su creador.- rieron por lo bajo. El silencio de la noche era reconfortante. Elsa suspiró. El aire olía a verano y la mano cálida que tomaba la suya era… Retiró su mano de la de Anna con cuidado.

-Lamento que tu cita, haya tenido que marcharse tan rápido.- dijo cerrando la mano que ahora sentía tan vacía. Anna cruzó los brazos sobre su pecho y se encogió de hombros.

-Supongo que no podía hacer más que irse ante un incendio… y he pasado una buena noche contigo, así que…- Elsa miro los ojos de Anna deteniéndose frente a la puerta.

-Yo también… El partido. Esto…- las palabras murieron. Se quedaron en silencio, mirándose de a segundos.

-Supongo que Gogo ya intentara redimirse.- comentó Anna. Elsa suspiró.

-Sí. Supongo que… volverá a invitarte a salir.- un nudo se le formó en el estómago.

-Eso creo… Aunque, no lo sé. No quiero darle falsas esperanzas.- dijo la pelirroja de pronto, miró el suelo y luego los penetrantes ojos azules de Elsa.

-Tú estás…- dudó.

-No. No estoy con nadie. Si es lo que ibas a preguntar; pero... en mi corazón hay una persona que no logro sacar.- Elsa bajó la mirada y asintió.

-Ya veo.- aquello fue… ¿Cómo podía sentirse así? de dónde habían salido aquellas ganas de tomar a Anna por los brazos y preguntarle de quien se trataba.

-¿Elsa… quieres pasar a tomar un café?- preguntó Anna, quien a la vez luchaba por no gritarle a Elsa que ella era aquella persona.

-Te agradezco la invitación; pero es mejor que me vaya. Es tarde y…- Anna sintió.

-De acuerdo. Gracias por traerme a casa y por esta casi…- Iba a decir segunda cita, ella realmente iba a decirlo. - En fin, nos vemos, Elsa.- se aproximó y volvió a depositar un beso en la mejilla de la estática rubia, quedándose quizás más de a cuenta.

-Adiós.- susurró Elsa cuando el cálido contacto se alejó de su piel. Anna abrió la puerta y entró a la casa. Ella caminó lentamente de regreso al auto, una sensación le cosquilleaba la mano, la mejilla, el interior. Negó apartando todo. Haciendo un vacío, enfriando cada sensación. Congelando definitivamente el chisporroteo que le recorría la piel. Ella tenía a Hans, y Anna… alguien en su corazón.