Hola, chicos. Antes que nada, ¡Feliz comienzo de año!

Ahora, las disculpas por la larga ausencia. No los agobiaré con mis problemas que me terminaron llevando a terapia, pero… si les diré que mi médico me recetó volver a escribir; supongo que por eso estoy aquí.

Tras esa innecesaria explicación, el capítulo. Y dejaré en claro que le cambiare el nombre al fic, solo porque no creo que este título lo defina… Si tienen ideas me gustaría escucharlas. Mejor dicho, leerlas.

ACLARACIONES: SI, ES ELSANNA.

SI, CONTIENE HELSA.

SI, ES UN UA.

NO. NO SON HERMANAS. LO SIENTO.

SI, ESCRIBO SOBRE LA MARCHA Y PUEDE TENER ERRORES.

DISCLAIMER: Frozen es propiedad de Disney, como casi todo hoy en día.

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La larga mesa estaba rebosante de platillos deliciosos, los lugares a su alrededor completos. El elegante comedor se llenaba de los más exquisitos aromas y de los sonidos de los cubiertos chocando unos con otros. El murmullo de voces se fue reduciendo a la casi inexistencia, salvó por uno que otro cumplido o las voces de los sirvientes.

-¿Un poco más de ensalada, señor?-

-¿Quiere más vino?-

Elsa estudio su plato y los cubiertos que se extendían a un lado y a otro, por un momento se sintió una extraña en ese lugar; como si fuera una pieza que no encajaba en el rompecabezas. Suspiró lentamente.

-¿Elsa, acaso no te gusta el cordero que preparo nuestra cocinera?- la voz de su suegro le llego desde el extremo de la mesa. El padre de Hans, era casi idéntico a su hijo, salvo por el prominente bigote y las salpicaduras blancas en su pelo.

-Mi hija prefiere el pescado, además que el preparar la boda del año de seguro la tiene estresada.- su padre respondió por ella. El padre de Hans sonrió.

-¡Ah niña! No debes estresarte tanto.- le dijo animado.

-Debes comer bien, Elsa, o llegaras a la boda hecha piel y huesos.- agregó la madre de Hans. Ella se vio obligada a sonreír.

-Lo hago. De hecho, estuve robando del pastel que Gerda hizo en nuestra casa y es él el culpable de mi falta de apetito.- justifico.

-Tan poco te hagas amantes de los postres cariño o no entraras en tu vestido de novia.- comentó su prometido antes de llevarse la copa de vino a los labios. Una risa general lleno el salón. Elsa miró a su madre quien fue la única, además de ella, que no rió.

-Creo que Elsa tiene una figura magnifica y dudo que no vaya a entrar en el vestido de novia.- le defendió su madre, y casi se lo agradece pero entonces le preguntó.- Por cierto ¿Me imagino que ya has elegido algún diseñador?- Elsa le lanzó una mirada de depredador, su madre mejor que nadie sabía que ella ni siquiera había pensado en eso.

-He hablado con algunos, pero ninguno me convence.- mintió, su madre rió tras su copa de vino.

-No te preocupes por eso yo tarde casi seis meses en escoger el mío.- comentó la hermana de Hans.

-Pero Elsa no tiene tanto tiempo, Beatriz. Sabes querida, si quieres uno de estos días podemos ir a ver a mi diseñador. Estoy segura de que él tendrá un modelo al que no podrás negarte.- agregó la madre de Hans. Ella le sonrió a su futura suegra, más por cortesía, que por otra cosa.

-Me encantara ir contigo, Anja.-

-¡Oigan! que tal si dejan de atosigarla por un momento, aún faltan un par de meses para la boda.- Hans salió a su rescate antes de alguien dijera algo más. Ella lo miró realmente agradecida por ello.

-¡Mi hijo tiene razón! Mejor hablemos de cosas más importantes.- Su suegro no tardo en enfrascarse en una larga y aburrida conversación sobre negocios con su padre. Claro que ella participo, en especial cuando los negocios se iban de lado y la política ocupaba su lugar.

Sirvieron el postre y Elsa quería salir corriendo. Su suegro y su padre eran casi burócratas de la peor calaña y Hans, para su desencanto, no estaba muy lejos. Deseó por momentos estar en aquella tienda de comida barata, escuchando la música de la rokcola mirando como Anna Summers se llevaba una patata frita tras otra a la boca y hablar tanto de trivialidades como de cosas más serias. Sonrió de pronto al recordar que esa noche irían juntas a ver el partido. Y la ocultó de inmediato cuando escuchó el sonido del cristal y vio a su suegro ponerse de pie.

-Quiero hacer un anuncio. Sé que aún falta para la boda, pero quiero decirles que mi regalo llegara antes de tiempo y quiero que sean ustedes quienes lo elijan.- Hans la miró con una sonrisa cómplice, que ella no compartió; pero la intriga despertó así que observó con curiosidad a su futuro suegro.- También me gustaría que tengan en cuenta el hecho de que espero tener muchos nietos así que me imagino lo consideraran al elegir la casa que pienso regalarles.- el sonido de emoción lleno el lugar, pero el padre de Hans los llamó al silencio.- Quiero que vivan cómodamente, así que no miren precios. Nada de eso. Solo decídanse por una que les guste y será toda suya. Aun que si me permiten sugerirles algo, creo que debería elegir una que tenga salida al fiordo.- Elsa vio que Hans no cavia en sí de la felicidad y se puso de pie para agradecer a su padre de inmediato. Ella sabía que debía hacer lo mismo. Su futuro suegro estaba ofreciéndole un regalo de lo más extraordinario. Así que lo hizo mientras escuchaba a su padre exclamar cosas como…

-Me la has dejado difícil, Frank.-

-Tendré que ver como compito contra eso.-

Y pensaba en su pequeña casa a las afueras de la ciudad, en cómo debería decirle adiós. Su mundo comenzaría a extinguirse y seria absorbido por el vórtice que prometía ser su nueva vida. Elsa se ahogaba.

()()()

-Finales del 2003. Martín Hook tiene el puck se lo pasa a…-

-¡Rupert Stievenson!- gritó Kristoff

-¡Correcto! Stievenson pasa el primer bloqueo, envía el puck por debajo de las piernas del segundo, se abre paso en el hielo; pero un defensa se aproximaba y… ¿Elsa recuerdas qué paso?- Anna miró a la rubia que dejo de lado el jarro de cerveza barata que tenía en las manos. Habían salido del Arenas con un triunfo de los Frisk que los dejaba a solo un partido del campeonato y Kristoff insistió en ir a festejar a un bar que estaba a solo unas cuadras. Anna no pudo contener su alegría cuando Elsa acepto acompañarlos, y ahora estaban allí, bebiendo y hablando sobre las épocas doradas del equipo.

-Como no recordarlo… Stievenson pensaba que perdería el puck y seria nuestra perdición, pues el contra ataque seria feroz; pero entonces hizo algo sin precedentes. Tomó impulso y se arrojó al hielo, su palo golpeo el puck con tal fuerza y con tanta buena suerte que termino colándose a un lado del arquero.-

-¡Fue inolvidable!- exclamó Kristoff.

-¡Sí! Mi padre y yo estábamos en la arena, recuerdo que me alzo en sus hombros tras el silbato final. Aquella noche terminamos comiendo un helado gigante a modo de celebración.-

-Yo también estaba en el estadio, había ido con mi abuelo. El entregó el trofeo y Stievenson me obsequió su bastón.- señaló Elsa. Anna dio un respingo en su silla.

-¿¡Estás de broma!?- exclamó, Elsa negó.

-No. Lo tengo en mi oficina.- señaló ella.

-Exquisita decoración.- comentó Kristoff.

-Ya lo creo. ¡Wow!- ella levantó su cerveza y le dio un largo trago.

-Vaya… siendo las dos tan fanáticas es una pena que no se hayan conocido antes.- señalo su amigo. Anna suspiró.

-Los limites invisibles que imponen las clases sociales.- comentó Elsa.- Habríamos sido muy buenas amigas.- agregó mirando a Anna. Ella asintió levemente.

-Sí.- murmuró perdiéndose un segundo en aquella mirada, Elsa hizo lo mismo preguntándose ¿Si era de allí de donde la conocía? Quizás había visto la cara de Anna Summers varias veces entre la multitud y por eso se le hacía tan familiar. Luego pensó que de conocer a Anna con anterioridad… querría que fuera más que su amiga. Alejó ese pensamiento de manera fugaz echándole la culpa al alcohol que corría por sus venas.

-Bueno… creo que llego la hora de hacer promesas tontas si salimos campeones.- propuso Kristoff antes de llamas a una camarera para le sirviera más cerveza.- Anna tu comienzas.-

-¡Oye! ¿Por qué yo?-

-Está bien. Está bien. Yo lo hare.- Kristoff pensó en algo mientras le daba un trago su reciente cerveza.- Si ganamos el campeonato me rapare.- la boca de Anna formó una "O" y luego estalló en un carcajada.

-¿Quedabas calvo?- cuestionó Elsa que ya sentí la cabeza afectada por el alcohol. Kristoff asintió seriamente.

-Como colita de bebe.-

-¡Definitivamente espero que ganemos el campeonato!- exclamó la pelirroja.

-Vamos. Ahora es tu turno, rojita, y espero algo realmente alocado.- le dijo Kristoff.

-Veamos…- Anna pareció meditarlo mientras se llevaba a la boca un puñado de patatas fritas que había pedido ni bien llegaron.- ¡Ya sé! Si salimos campeones iré a Australia. Un día tomare mis maletas, te dejare a cargo e iré a ese país lleno de insectos gigantes.- Kristoff le dio un par de palmadas a su amiga y ella no pudo evitar una risa que broto de sus labios.

-¿Iras a Australia? Eso sin duda es temeroso para alguien como tú.- comento. Anna se encogió de hombros.

-El campeonato lo vale.-

-Muy bien, Elsa. Solo quedas tu.- ella miró su jarro con cerveza y por un momento por su mente paso la posibilidad de decir que no se casaría… Se rió ante la locura que podía pensar y negó con la cabeza.

-No sé qué decir.-

-¡Oh vamos! Tiene que haber algo.- la animó Anna.

-Si gustas puedes ir a Australia con nuestra rojita.- Anna se atragantó con su cerveza y ella sintió el rubor en las mejillas mientras Kristoff reía. Luego la pelirroja le dio un golpe en el brazo que lo hizo quejarse. Elsa observo un segundo esa interacción, le dio un trago largo a su cerveza que le supo amarga, la cabeza le daba vueltas.

-¿Saben que siempre he querido hacer?- preguntó con el alcohol hablando por ella.- Siempre quise arrojarme en paracaídas.- un par de ojos la miraron divertidos.- Si. Ya saben… sentir el viento, la libertad.-

-De acuerdo, eso merece otra cerveza.- Kristoff llamó a la camarera que no tardo en traer otra pinta mientras ella se perdía en los ojos de Anna que comenzaba a hablarle.

-Saltar en paracaídas… ¡Wow! Creo que eso no va contigo… es decir, que no me lo imagino. Ya sabes… a ti… saltando, supongo.- Elsa tomó la mano que Anna tenía sobre la mesa. No sabía que hacia ¿o sí?

-Salta conmigo.- pidió. Anna la miró divertida, deteniendo la verborrea que había comenzado a salir de sus labios. La mirada no tardo en pasar de ser profunda, y sin que se diera cuenta, Elsa ya estaba midiendo la distancia entre sus labios.

-¿Saltar… contigo?- preguntó la pelirroja que pasó la vista a sus manos entrelazadas.

-Sí.- Elsa por alguna razón deseaba que Anna dijese que sí con todas sus fuerzas. Se sentía… no sabía que sentía. Solo que se aproximaba al caos más grande que pudiera existir. Y cuando la pelirroja sonrió y se jugó con sus dedos supo que había ganado y que quería saber que como era aquel caos.

-Muy bien… Saltaremos juntas.- Deseó que significara algo más. Anna se liberó de su agarre suavemente y tomó su jarro de cerveza junto con Kristoff.

-¡Por la libertad!- proclamó el rubio.

-¡Por la libertad!- repitió Anna. Elsa asintió, cogió el jarro de cerveza lo alzó en alto y lo hizo. Se lanzó al caos.

-¡Por la libertad!-

()()()

A pesar de que Elsa se negara rotundamente Kristoff se agachó y la alzó en hombros como si fuera un saco de papas. Anna debió que contener las carcajadas que pedían salir ante la imagen de la rubia comenzando a golpear a su amigo hasta que finalmente se rindieran y colgara cual muñeca de trapo. Suspiró. En vano había llamado a la madre de Elsa, pues ésta le dijo a Anna que lamentaba mucho el estado de su hija pero no había nadie en la mansión para recibirla, y que, sin más miramiento, colgó. Por su parte, Gogo solo se dignó a decirle a Anna que "le deseaba buena suerte" para también colgar sin siquiera haberle dado la dirección de la casa de Elsa para poder llevarla. Así que no tuvo más remedio que seguir la sugerencia de Kristoff, quien sin ton ni son depósito, a una muy ebria Elsa, en el asiento de copiloto de Betty.

-Será lo mejor, Anna. No podemos simplemente dejarla en su auto y esperar a que despierte mañana. Pensara que nos aprovechamos de ella o los dioses sabrán que.- y como siempre él tenía razón.

Anna miro entonces a Elsa, que ya dormitaba a su lado tras pasar lo largo del trayecto murmurando cosas quizás para ella misma. Metió a Betty hasta la entrada del garaje y apagó el motor. ¿En qué se había metido? Llevar a Elsa a su casa podía ser quizás el peor error de su vida… o tal vez no. Sacudió la cabeza. Ella también debería estar algo ebria. Salió de la camioneta y la rodeó para ayudar a su compañera a bajar. Abrió la puerta del copiloto y, al contrario de lo que esperaba, se encontró con los ojos de la rubia mirándola directamente.

-Hemos llegado.- anunció.- ¿Puedes bajar sola o necesitaras ayuda?- le preguntó.

-¿Por qué tus pecas tienen que ser tan lindas?- le dijo Elsa a cambio. Anna sintió el rubor correr por su mejilla, pero Elsa estaba ebria y estaba segura que no era aquello lo que pensaba decir en realidad.

-Supongo que necesitas ayuda entonces.-

Sacar a Elsa de la camioneta no fue tan difícil como hacerla subir las escaleras. Anna estaba segura que al día siguiente tendría más de una masculladura en el cuerpo al intentar que su inesperada huésped no se lastimara, aunque estaba segura que había fallado olímpicamente.

-Solo un par de escalones más, Elsa.- murmuro jadeando por el esfuerzo.

-Me encanta está casa. ¿De quién es?- pregunto Elsa.

-Es mi casa recuerdas. Ya te lo dije antes.- pero Anna sabía que nada de lo que dijera serviría en esos momentos.

-Tú me encantas.- mascullo Elsa y ella elevó una mirada al cielo.

-Como me gustaría escuchar esas palabras cuando no cargaras con una cubeta de alcohol encima.- Elsa rió no entendiendo en realidad lo que Anna decía. La pelirroja soltó un suspiro.- ¡oh! Doblemos a aquí. Eso es… Ves, estas en la habitación sana y salva.- Elsa le sonrió casi de una forma tonta y se afirmó sobre sus pies.

-Que traviesa eres, Anna Summers.- siseó mientras le pasaba los dedos por el cabello.

-¿¡QUÉ!?- casi tuvo un infarto y estaba segura que su cara estaba roja.- No. Yo, no… Solo… Tú y yo… Jamás pretendería eso… es decir, si… pero no contigo… o sea… claro que me encantaría hacerlo contigo; pero yo… ¿¡Acaso dije eso en voz alta!? Por favor dioses que ella no recuerde nada de esto mañana.- Elsa soltó una carcajada y su corazón dio un salto. Jamás la había visto reír de aquella manera… bueno, jamás la había visto ebria tampoco.

-Tranquila, Anna. No balbucees, ni te distraigas, y mucho menos, divagues.- Elsa arrastró las palabras y se colgó del cuello de Anna. Dioses, sus labios estaban tan cerca. Aquello era como un sueño… salvo por el estado de su acompañante. Así que Anna lucho contra sus impulsos más salvajes y se liberó de las garras de la rubia.

-Lo mejor será que te recuestes. Ya mañana lo veras más claro y… creo que tengo algo de ropa que podría quedarte y…- Anna se cayó cuando Elsa le posó un dedo sobre los labios.

-Solo vamos a disfrutarlo. ¡Por la libertad!- gritó. Anna rodó los ojos, pero casi muere asfixiada cuando Elsa retrocedió unos pasos hacia la cama y levantó su camiseta del equipo como para quitársela.

-¡Wo! ¡Wo! ¡Wow! Alto allí, Els. No hagas nada de lo que puedas arrepentirte.- le dijo volviéndole a bajar la camiseta rápidamente. Pero había visto más de la cuenta. ¡Diablos! ¡Diablos! ¡Diablos!. Anna ya no podía con eso. Ni siquiera podría esperar a que Elsa se cambiara de ropa sola porque, por cómo se encontraba, corría el peligro de verla desnu… la imagen mental desapareció antes incluso de hacerse presente.- Solo metete en la cama ¿sí?-

-Pensé que querías esto tanto como yo.- susurro Elsa y el corazón de Anna cayó al suelo hecho un nudo.

-No sabes cuánto lo deseo.- admitió cuando la rubia se aproximó y enredó sus dedos en sus cabello y ella se permitió hacer lo mismo. Pegó la frente a la ella respirando su aroma.- pero no puedo… No contigo así.-

-Anna.- la llamo Elsa. Abrió los ojos y el mundo colapso ante esa mirada frente a ella.- solo…- el silencio llenó cada rincón y los muebles parecieron respirar expectantes. Elsa se aproximó lentamente, los labios de Anna comenzaron a hormiguear; pero justo cuando parecía que todo terminaría en aquel tan soñado y ansiado beso, ella volteo el rostro. Elsa se alejó de su mejilla.

-Es muy dulce de tu parte, pero esto…- paso saliva ente la mirada confundida de la rubia.- está mal… no… no dé estaba forma. No cuando vas a casarte… no en este estado.- murmuró. Acarició la mejilla de Elsa y ella siguió la caricia casi hasta el infinito. Le acomodó el cabello.

-Lo siento.- susurro Elsa con la mirada nublada por el alcohol.

-No importa…- Anna se tragó todo lo que sentía.- es mejor que te metas a la cama. Ya mañana estará todo mejor. Volverás a ser tú.- la rubia caminó con desgano y se dejó caer sobre el colchón. Ella se tomó unos segundo para recomponerse antes de aproximarse para quitarle los zapatos.

Elsa parecía haberse quedado dormida mientras le hacía prometer a Anna que prepara hot cakes para desayunar alegando que eran sus favoritos. Ella la arropó bien y la contemplo unos minutos.

-Quisiera que te quedaras aquí para siempre.- susurró. Su cabeza era un lío, pero admiraba su capacidad para mantenerse en posición y no haber cedido al deseo que gritaba. Se felicitó un par de veces mientras observaba a Elsa dormir. Era tan perfecta, tan hermosa… le acomodó un mechón de cabello y le depositó un beso en la sien. Se puso de pie y salió de la habitación. Se recostó contra la puerta, se deslizo lentamente conteniendo un grito. Se permitió una par de segundos para procesar lo ocurrido, maldijo a Kristoff otro par y al final se levantó. Suspiró. Definitivamente necesitaba una ducha de agua bien fría antes de ir a acomodarse al sillón.