A veces las palabras fluyen solas, como el cauce tranquilo de un rio.
Otras, se atropellan unas a otras y me llevan consigo.
Pero, hay veces en que simplemente desaparecen. No importa cuánto las busque
Ellas no están. Mi centro es todo silencio y vacío que espera a que como la hierba que crece entre las gritas del cemento, sencillamente, brote una vez más.
Y ese es mi proceso creativo, así que, me disculpo desde ya por la espera. Sé que desean la actualización de "Entre bruma y escarcha" pero ese lado por ahora estaba en silencio. Despertara pronto, eso sí.
Por cierto la inclusión de Elena es culpa de Anna. Mi Anna. Igualmente la canción que entona Elsa "Wings" de Birdy.
ACLARACIONES: SI, ES ELSANNA.
SI, CONTIENE HELSA.
SI, ES UN UA.
NO. NO SON HERMANAS. LO SIENTO.
SI, ESCRIBO SOBRE LA MARCHA Y PUEDE TENER ERRORES.
DISCLAIMER: Frozen es propiedad de Disney.
(…)
Anna dejo caer su cabeza contra el mostrador. Estaba perdida. Estaba tan condenada al maldito infierno. Llevaba un mes ayudando a Idun Arendelle en su jardín. Bueno no a Idun precisamente más bien llevaba un mes trabajando codo a codo con Elsa. Una Elsa que desde el primer día la había dejado en una nube que con el trascurso de los días lo único que hacía era subir y subir. Y tras la noche anterior ya sabía que la jodida caída iba a dolerle tanto que terminaría destrozándola y lo peor era que llegaría en cualquier momento. Resopló, Elsa no se hizo presente esa mañana; pero recordó la risa estridente que había soltado durante el desayuno cuando ella le preguntara sobre las palabras rimbombantes que los ricos usaban para ver si alguna podía ser la de su fallido crucigrama. Recordó como su interior burbujeo, como la calidez le recorrió cada fibra. Había perdido el aliento cuando la rubia la miro con aquella sonrisa que hasta ese momento no le había visto.
"Anna" susurro el viento con la voz de Elsa.
Levantó la cabeza y volvió a dejarla caer, lo repitió, una vez más y otra y otra, hasta que su cabeza golpeó un ramo de tulipanes naranjas.
-Vas a quedar más idiota de lo que ya eres, o lo que es peor, romperás el mostrador y no seré yo quien lo arregle. Ya tengo suficiente con quedarme encargado de la tienda más de medio día mientras tú juegas a la jardinerita.- le dijo Kristoff, sonaba molesto aunque Anna sabía que no lo estaba, pero igualmente hablo con un hilo de voz.
-¿Supongo que un lo siento no es suficiente?- Él se puso a tachar pedidos.
-Vas a terminar hecha papilla. No entiendo porque esa mujer no contrata aun agrónomo o algo ¿Acaso no está forrada en dinero?- Anna se encogió de hombro.
-Todo terminara en un par de días. Luego si los cultivos muere…-
-Tu esfuerzo se iría al caño. Supongo que es cosa de ricos.- término de decir Kristoff.
-Si... Tal vez solo quiere un tema del que hablar el día de la boda de su hija.- la acidez le subió a la boca. Kristoff le tendió el libro de encargo para los proveedores y negó con la cabeza haciéndose del de contabilidad.
-Y allí está el verdadero motivo por el que sigues yendo. Porque no creas que me trague eso de los pasteles de chocolate, sé que tu abuela puede prepararte los quieras.- Anna repasó la lista de pedidos y añadió un par más.
-Estoy enamorada de ella.- confeso con amargura. Kristoff la miro con pena.
-Llevas años enamorada de ella.- dijo sin miramientos, luego suspiró.- ¡Te flechó, Anna! Te atravesó como un rayo, y como un rayo, ahora va a matarte. Mejor aléjate desde ya.- le aconsejo.- Basta de ir a la mansión esa, basta de los partidos. No lo necesitamos, podemos ver la final en el bar de Oaken.- Ella dejo caer la cabeza sobre el libro de pedidos.
-¿No lo entiendes? Es que no puedo. Podríamos terminar el trabajo está semana, pero llevo horas pensando en cómo hacer que dure un día más. Pensado en ir juntas la próxima temporada.- murmuró enderezándose y mirado a su amigo.
-Eres una miserable.- le dijo sin más. Ella resopló.
-Gracias por el apoyo.-
-De nada. Y volviendo al hecho de que estaba enfadado contigo.- Él cerró el libro de contabilidad y se lo dio para que ella lo viese luego.- Un lo siento no me basta, pero estaba pensando que podíamos ir a Toni´s por una de esas suculentas hamburguesas de queso y de paso ver, ya sabes, si podemos conseguirte una chica que no vaya a casarse en unos meses.- sugirió. Anna sonrió con desgano, tal vez solo necesitara despejarse, alejar a Elsa Arendelle de su mente un segundo.
-Me vale lo de las hamburguesas. Cerremos todo y vámonos.- Kristoff sonrió.
(…)
Elsa cerró el ordenador de un golpe había estado revisando las acciones de las dos empresas. No había podido dejar el trabajo de lado, se la pasó repasando contratos y leyendo financiamientos pero en ese momento había ido, en realidad, a comprobar lo que su futuro suegro le dijo esa tarde entre risas. Las acciones y los números no habían hecho más que subir desde que anuncio la alianza Arendelle-Westergard. Claro que podía atribuirse a la época del año pero… seria mentir. El maldito padre Hans tenía razón con aquello "un negocio inigualable."
-Odio esto- masculló llevándose la mano a la sien. Eso era lo que ella y su boda representaban para Frank Westergard, un negocio. Su móvil sonó era un mensaje de Hans.
La organizadora te mando un mail. Te quiero.
Elsa resopló, si para Hans significara lo mismo sería más fácil. Pensó en contestar, pero lo descarto de inmediato. Abrió el ordenador una vez más, fue a su casilla de correo y si, allí estaba el mail esperando a ser leído. La mujer señaló con urgencia que la reunión seria mañana mismo. Definitivamente debía escribirle a su prometido. Releyó un par de veces el mail antes de responder; debía confirmar que ya contaba con quien se encargaría del catering. No había siquiera mirado un solo libro sobre vestidos. ¡Dios! ¿Qué clase de novia era?
-Una que no quiere casarse.- mascullo entre dientes.
Alguien que ponga las flores…
El rostro de Anna se dibujó en su mente, llevó las manos al teclado. Sabía que terminado el trabajo en casa de su madre la chica volvería a su rutina y solo iría a la casa para hacer controles cada tanto, además, la temporada terminaba lo que significaba que no la vería los fines de semana para los partidos. Escribió que ya contaba con alguien que se encargaría de las flores. Se mordió el labio. Su corazón se aceleró. Borró lo escrito y en cambio escribió "A pronta respuesta". Envió el mail pensando que lo mejor sería preguntarle a Anna si le gustaría encargarse de las flores para su boda. Cerró el ordenador. ¿Qué estaba pensando? Era una locura pedírselo a Anna.
"No sabes cuánto lo deseo."
Su boca se secó. Aquella mañana había desarreglado las sabanas con Hans buscando sentir lo que sentía en ese momento. Aquel punto de escape, tan similar a la euforia.
No lo sintió.
Pero ahora… "No sabes cuánto lo deseo."
La sensación era tan familiar y la vez tan lejana. Cómo sí se tratase del recuerdo efímero de un sentimiento que se había obligado a olvidar. Pensó en Mérida… No. Aquello no se comparaba, aunque si tenía las mismas ansias, la misma expectativa por verla; se vio llegando a la casa de su madre antes de tiempo. Se vio mirando a Anna Summers a hurtadillas.
-No eres una adolescente, Elsa. ¡Vas a casarte, por todos los cielos!- se regañó, pero quería sonreír. Sonreír por que se acordaba de Anna concentrada en el crucigrama, se acordaba de ella trabajando bajo el sol. Dejando de lado el ordenador se puso de pie de un salto. Una melodía comenzó a sonar en su cabeza y de pronto en su mente solo había lugar para Anna. Salió de la casa calzándose una cazadora y sus llaves. Necesitaba aire, algo que apartara aquello que se comprimía y se expandía en su pecho. Era algo caliente que al tiempo parecía estar enredado. Expectante a, simplemente, liberarse. El aire le acarició las mejillas y no fue consiente del preciso momento en que comenzó a correr, pero, sin duda, lo estaba haciendo.
-¡Ya vete!- le gritó al sentimiento que no dejaba de crecer. Estaba tan enojada, mas, el sonido fresco de la risa de Summers se unió a la música. La melodía tomaba forma y ella corría. Le ardían los pulmones, ya no podía más… lo dejo salir. La melodía sonó más fuerte, tomó impulso y la letra se abrió un canal en su garganta.
-Oh, lights go down in the moment
We're lost and found
I just want to be by your side
If these wing could fay
For the rest of our lives
No le importó en absoluto que una mujer la mirará como si estuviera loca, tal vez lo estaba. Después de todo, iba a casar con un hombre que no amaba y ese tren era imposible de detener. Nunca tendría el valor. No podía dejar a Hans hecho pedazos.
-I'm in the foreign state
My thoughts, they slip away
My words are leaving me
The caught an airplane
Because I thought of you
Just from the thought of you.
Elsa soltó un grito y se dobló sobre ella misma apoyando sus manos en sus rodillas buscando donde sostenerse. Se estaba desmoronando. Buscó aire, miro a su alrededor había terminado el medio del gran parque que se encontraba bastante lejos de su casa. Caminó hasta un pequeño banco de madera y se dejó caer rendida. Las rodillas le temblaban, su cuerpo entero se sacudía. Echó la cabeza hacia atrás tratando de controlar su respiración. Pero algo le pesaba; miro su mano, el anillo de compromiso brillo desafiante. Ella se lo arrancó hizo amague de arrojarlo lejos suyo. Ver si de aquella forma podía deshacerse de todo lo demás.
"Te amo tanto. No puedo creer que envejeceré a tu lado."
Las personas no eran objetos de los que simplemente podías deshacerte y Hans era... él era…
-¡Argh!- gruño con fastidio y optó por guardar el anillo en el bolsillo de la cazadora. Volvió a tirar la cabeza hacia atrás, contempló las estrellas se envolvió en el silencio de la noche y cerró los ojos. Al menos aquel sentimiento había menguado.
(…)
-El truco está en no pensar que tan picante es la salsa.- dijo Kristoff cual experto mientras hundía un nugget de pollo en la salsa del desafío picante de Toni´s.
-No podrás comer veinte de esos.- señaló Anna antes de beber de su soda.
-Tengo que intentarlo. Un año de comida gratis debe valer la pena.- afirmó alzando el nugget frente a la camarera que lo miraba risueña. Anna negó divertida al tiempo que lo veía meterse esa bomba en la boca. La cara de Kristoff se desfiguró y la camarera le extendió un vaso de agua pero el negó, trago el nugget y sacó la lengua.
-¿Estás bien? parece que morirás.- le advirtió. Él asintió rápidamente.
-Estoy bien. Quiero otro.- Anna negó nuevamente al ver a su amigo tomar un nuevo nugget y comerlo.
-¡Joder!- exclamó.- ¿Qué diablos le ponen a esa cosa?- preguntó con las mejillas subiendo a un tono escarlata.
-Veo que la salsa es demasiado para el parroquiano.- la voz de una joven de piel como la canela y sonrisa astuta, que Anna y Kristoff conocían a la perfección, se hizo presente.
-Disculpa. ¿Qué me has llamado?- cuestionó Kristoff incrédulo. Ella se aproximó a la mesa y mirando a la camarera le dijo que le pusiera un desafío también, volviéndose hacia el rubio agregó.
-Le enseñare a esta niña como comer salsa picante.- Kristoff estaba rojo quizás por la salsa o tal vez por la provocación, Anna no lo sabía. Se puso de pie y alzó un nugget para señalar a la muchacha.
-Solo seremos tú y yo, Elena.- advirtió, hundió el nugget y se lo llevo a la boca. Ella sonrió divertida.
-¿Quieres agua, bebé?- preguntó alzando el vaso. Él negó.
-Elena, siempre es un gusto verte, pero podrías no provocarlo.- pidió Anna haciéndose espacio entre los dos. Ella le sonrió al tiempo que la camarera dejaba sobre la mesa otro platón de los componentes del desafío.
-Tienes que comer los veinte sin beber nada.- le dijo, Elena asintió.
-Será todo un gusto.- y sin más se zampó los dos primeros tras sumergirlos en la salsa.- ¡Como extraño mi tierra!-
-Ya volverás allí cuando te deporten.- mascullo Kristoff que se apresuró a comer un nuevo nugget.
-Lamento informarte que tengo los papeles en regla, grandote, además… bien sabes que puedo casarme con una residente y no irme jamás.- dijo aquello dedicándole un guiño a Anna.
-Sigue esperando.- murmuró. Lo cierto era que Anna se divertía mucho con Elena. Pero sus encuentros de cama no duraban más allá de una noche o dos. Ella jamás daba pie a nada que no fuera eso. Noches de diversión.
-Un día no podrás resistirte.- le dijo Elena llevando otro par de nugget a la boca. Ella negó y suspirando volvió a tomar asiento para disfrutar del espectáculo que aquellos dos cabezas huecas prometían llevar a cabo y del que ya se habían hecho eco todos los presentes.
-¡Que empiecen a correr las apuestas!- gritó divertida al ver lo roja que se habían puesto las orejas de Kristoff.
(…)
Elsa no se quedó el parque más que lo necesario para calmar su mente agitada y poner sus pensamientos en orden nuevamente. Solo quería volver a casa y acurrucarse en su cama. La brisa fresca le puso los pies en la tierra por lo que rebuscó el anillo en el bolsillo donde lo había dejado, se topó en el camino con otra cosa, lo alzo en alto y reflejado por las farolas el pendiente de Anna brilló. Suspiró. Todo aquello era una locura; Elsa no cometía locuras. Devolvió el pendiente al bolsillo tomando en el proceso el anillo, se lo colocó antes de ponerse en marcha. Aun podía ir por algo de comida chatarra antes de volver a casa.
(…)
Ni Elena, ni Kristoff pudieron terminar el desafío, ambos había caído al llegar a la docena de nugget y luego se había ahogado en vasos de agua para intentar apagar el incendio en sus bocas. El empate terminó con ambos chocando puños y compartiendo una pinta que Anna le invito a los dos.
-¡Por la valentía y el coraje de ser unos imbéciles!- dijo elevando en alto su vaso, ellos le siguieron.
-¡Salud!- bramó Elena. La bebida corrió, la risa se mezcló con el animado ambiente de Toni´s y la música comenzó a sonar desde los parlantes. Anna sentía que el día estaba mejorando, o al menos su humor lo había hecho considerablemente.
-Y bien, Elena ¿qué haces por aquí? Hace mucho no nos vemos y justo cuando estoy haciendo el tonto apareces.- cuestionó Kristoff.
-Estuve en un viaje de la universidad. Encontraron unas ruinas al norte, en una zona donde no hay nada más que hielo. Es un hallazgo increíble, pero no puedo hablar mucho de ello aun.-
-¿Qué tan al norte?- preguntó Anna.
-Demasiado para mi gusto.-
-¿Te congelaste ese caribeño trasero?- Kristoff soltó una risa ante su propio comentario. Elena sonrió.
-Más de lo que me gustaría admitir. Pero… volviendo al tema, regresé la semana pasada y he ido al bar de Oaken para el partido pero no los he visto.- señaló dejando de lado el vaso de cerveza vacío para recargarse sobre la mesa.
-Hemos estado ocupados.- comentó Anna. Kristoff terminó su cerveza y asintió.
-Un poco de esto y de aquello. Pero es Anna la que más desaparecida ha estado de los dos. Es decir, sabes que a mí me puedes encontrar en la tienda o en mi casa, en cambio a ella...- la señalo con la mirada y se puso de pie.- En fin, ya te lo contara todo.-
-La noche es larga.- ronroneo Elena y Kristoff le dedico una sonrisa cómplice.
-Ya lo creo. Mejor me voy.-
-Pensé que te quedaría un poco más- comentó Anna, él negó.
-Tengo que alimentar a Sven y sacarlo a dar un paseo. Nos veremos mañana.- y sin más se marchó dejándola sola a merced de aquella mirada felina que Elena le estaba dedicando.
-Entonces… ¿en qué andas metida?- cuestionó al tiempo que formaba círculos en la mesa en el lugar donde había estado apoyado su vaso. Anna terminó su cerveza antes de responder.
-Estoy montando una huerta para una de las mujeres más ricas del país.- admitió.
-veo que no tienes nada que envidiarle a mi expedición.- Anna se encogió de hombros.- Y dime está mujer es…-
-Una persona muy agradable de hecho.- la interrumpió, Elena asintió.
-Ya veo. ¿Y qué hay de lo demás?- cuestionó sugerente.
-¡Oh, por dios!- exclamó divertida.- No puedo creer que pienses que me la estoy tirando. ¡Estas enferma!- Elena soltó una carcajada de aquellas que dejaban a Anna encantada. No podía mentirse, la morena le gustaba mucho. Tal vez comenzaba a ser momento de…
-Solo preguntaba. Una nunca sabe, además siempre me dejas de lado y… ¡Vaya! hablando de gente rica. ¿Esa no es Elsa Arendelle?- cuestionó mientras señalaba la puerta con un movimiento de cejas. El corazón de Anna entró el paro.
(…)
Termino tomando el camino contrario de su casa, a sabiendas de que si se desviaba por allí y doblada por acá terminaría pasando ocasionalmente por el vivero de Anna Summers, mas se había regañado a medio camino y acabó por entrar en aquel lugar de hamburguesas, Toni's. Era un sitio agradable, extravagante por la cantidad de sombreros mexicanos colgados de las paredes que, a decir verdad, no entonaban mucho con la decoración ochentosa. Se aproximó a la barra sobre la que colgaban carteles que lo invitaban a uno al desafío de la salsa picante.
-¿Qué te sirvo, linda?- le preguntó con desgano una camarera. Tras ordenar y escuchar el grito de en "20 minutos" se recargó en la barra, su teléfono sonó el nombre Hans aparecía junto a su fotografía, atendió la llamada.
-Hola.- giró sobre sus talones, paseó la vista y se quedó prendada. Tuvo que parpadear un par de veces para estar segura de estar viendo a quien creía estar viendo.
-¡Hola! ¿Elsa? ¿Me escuchas? ¿Qué es ese sonido?- preguntó la voz de Hans. Apartó la mirada de Anna Summers, quien le había dedicado un saludo con la mano.
-Ahora no puedo hablar. Te llamare.- se apresuró a decir. Escucho un grito de "Espera" del que hizo caso omiso y colgó. Se quedó un segundo meditando si aproximarse a la mesa de Anna o no. Concluyó que sería descortés no hacerlo.
-¡Elsa!- exclamó Anna con una sonrisa cuando estaba a unos pasos de su mesa. Elsa se sintió mal por la felicidad que le producía ver a Anna, por verla con aquella sonrisa que le hacía sentir algo en estómago.
-Que sorpresa verte aquí.- dijo. Anna elevó una de sus cejas pintadas.
-Soy yo quien debe decir eso. ¿Cuál es la razón por la que su majestad visita está humilde posada?- no pudo evitar ocultar una risa bajo la mano por la forma de hablar de Anna; a punto estuvo de responder cuando escuchó un carraspeo. Solo en ese momento se percató de la joven que acompañaba a Anna.- ¡Oh! Lo siento.- mascullo la pelirroja mientras ella sentía una especie de picazón en la nuca.- Elsa, ella es Elena Avalor. Elena, Elsa Arendelle.- la mujer sonrió y extendió una mano amistosa.
-¡Encantada!- dijo.
-¡igualmente, Señorita Avalor!- respondió aceptando el gesto.
-Si tu pedido va a tardar puedes sentar con nosotras un momento.- propuso Anna. Elsa vaciló.
-No quisiera interrumpir.-
-No interrumpes nada, Elsa. ¿Puedo llamarte así?- ella asintió.- Fantástico. Me gusta dejar de lado la formalidad.- argumento Elena. Anna se hizo a un lado, dejando espacio para que Elsa se sentara a su lado, así lo hizo; aunque aún tenía aquella sensación en la nuca de… ¿Qué diantres era?
-Kristoff estaba aquí hace un momento, pero acaba de irse. Tenía que pasear a su perro o al menos eso fue lo que dijo.- le informó Anna. Elsa asintió, el saber que el amigo montañés de la pelirroja había estado allí le produjo una inexplicable calma.
-Es una pena que no nos hayamos encontrado.- atinó a decir. Anna le restó importancia con un movimiento de su mano.
-Le daré tus saludos.- Elsa devolvió la sonrisa que Summers le dedicaba.
-Estoy intrigada… ¿De dónde se conocen?- cuestionó Elena de pronto.- digo, tú no eres una mujer de mundo.- agregó refiriéndose a Anna que, en un gesto infantil, le enseño la lengua antes de responder.
-La dama para la que trabajo es la madre de Elsa.- explicó sin complicaciones.- Ella se ha visto obligada a trabajar bajo el sol con los esclavos.- le dedicó a Elsa un guiño cómplice que disparó su pulso.
-¡Venga ya! Es todo un placer ayudarte.- se encontró diciendo. Elena rió mientras Anna bajaba la mirada.
-Siempre pensé que eras una tirana malvada.-
-Kristoff exagera, te lo he dicho infinidad de veces.-
-Ahora es cuando creo que tienes razón.- murmuró Elena con sencillez. Elsa se quedó un segundo contemplando la familiaridad de aquella conversación y sin pensarlo preguntó.
-¿Se conocen hace tiempo?-
-Tres años o cuatro. No estoy segura.- respondió Anna pensativa.
-Tres. Fue el día de la cena en casa de tus abuelos.- afirmó Elena haciéndole un gesto a la camarera para que les pusiera otra bebida.
-Tienes razón. Cuando mi abuela te obligó a tocar el piano y a mí me hizo cantar aquella cancioncilla de los años cincuenta.- Elsa se sintió una punzada por dentro, una especie de enojo que incremento cuando Elena estiró la mano y tomando la de Anna canto los versos de una vieja canción que la pelirroja acompaño con una sonrisa. Un calor subió por su pecho cuando ambas rieron. Apretó los puños y se puso de pie.
-Creo que mi pedido está listo.- anunció.
-¿Qué? ¿Tan rápido?- preguntó Anna.
-Yo creería que no.- musitó Elena señalando al hombre que recogía la bolsa tendida por la camarera. Elsa le dedicó una mirada que se demoró más de la cuenta. Era bonita. Una joven que ella misma se hubiera detenido a observar si no fuera porque ahora mismo estaba junto a Anna.
-Quédate un segundo más con nosotras.- pidió la pelirroja apoyando su mano sobre la suya. Una corriente, que no debería estar allí, subió y bajo. Elsa odio el anillo de compromiso que brilló bajo la mano de Anna.
-Tal vez me equivoqué.- murmuró antes de volver a sentarse.- Lo siento.- Elena soltó un silbido de asombro.
-¡Esa sí que es una piedra!- exclamó observando el anillo de Elsa. Ella escondió la mano bajo la mesa. Elena sonrió dejando de lado el gesto y miro a Anna.- Jamás podré comprarte algo así, cariño.- le dijo. Elsa paseó la mirada entre ambas y frunció el ceño, una vez más se disparó el impulso de querer salir de allí. Pasó la mano por su nuca intentando que la molestia que sentía se fuera. No se iría.
-¡Elena!- masculló la pelirroja a modo de advertencia. Ella rió mientras la camarera ponía tres bebidas en la mesa. Elsa volvió a pasear la mirada de Anna a Elena, esperó a que la muchacha se alejara y preguntó.
-¿Ustedes están…?- ni siquiera podía terminar la frase. El hielo sobre el que caminaba era muy débil.
Un sí y un no se hicieron eco al mismo tiempo. Ella arqueó las cejas en señal de interrogación y advertía la mirada que ambas cruzaron. Anna parecía decir "no te atrevas" mientras la Elena decía "¿Por qué no?" Fue la morena quien tomó la palabra primero.
-Nos divertimos.- susurro inclinándose ligeramente hacia ella como si aquello fuera un secreto. Elsa buscó de inmediato los ojos de Anna, ella los clavó en la mesa. Se hizo de una de las pintas y bebió, el sabor amargo de la cerveza le lleno la boca. - Pero cambiando de tema ¿Cómo llevas todo? Me refiero a los preparativos de la boda. Mi abuela compra esas revistas y he leído que será algo así como "el evento del año".- cuestionó Elena sin darse cuenta de nada y alzando su bebida. Elsa permaneció en silencio. ¿Se divertían? ¿Qué significaba eso? y sobre todo ¿por qué Anna no se atrevía a mirarla?- Solo si se puede saber.- agregó Elena al notar que su silencio se prolongaba de más. Carraspeó, tenía un nudo en el centro de la garganta.
-Lo cierto es que, de hecho, aun no tengo nada en absoluto.- confesó. Anna la miro entonces.
-¿Qué?- cuestionó.
-¡No me lo creo!- exclamó Elena quien parecía divertida. Ella suspiró y pasó su mano por su cabello antes de volverla al sitio seguro bajo la mesa.
-Soy un desastre, lo sé. No crean que no. La organizadora que Hans contrató va a matarme, pero no he tenido cabeza para pensar en ello. Me… me asfixia.- confeso para su sorpresa. Tomó un poco más de aquella bebida antes de buscar los ojos de Anna una vez más, y está vez, los encontró. Anna estiró su mano para tocar la suya que seguía oculta bajo la mesa. El contactó la llevo de nuevo al parque y aquel sentimiento enredado reapareció en su pecho. Las cosas no deberían ser así, se recordó.
-Estoy segura que todas las novias tiene los mismos problemas.- susurró Anna Summers con algo en la voz que Elsa no pudo identificar. Ella estaba segura que no todas las novias tenían su mismo problema que radicaba básicamente en… la manera en que su corazón estaba latiendo en ese instante, en la corriente eléctrica que sentía disparase ante cada contacto con Anna y en que Hans era… Él solo era… su amigo. Una voz grito desde dentro y fue como si algo estuviera a punto de romperse, alejo su mano de la Anna, se puso de pie.
-Debo irme ya.- afirmó señalando a la dependienta que dejaba sobre la barra su pedido. Anna suspiro.
-Fue agradable verte.- Elsa asintió y se giró hacia Elena, ella le sonrió.
-Encantada de conocerte, Elena.-
-El placer ha sido mío y buena suerte con la boda.-
-Gracias...- miró una vez más a Anna. Cómo deseaba… tan solo… Si ella fuera más valiente. Se marchó agitando la mano y con el pecho apretándole como si fuera a morir allí mismo.
(…)
Anna soltó un suspiro, se ahogó en el vaso a medio terminar de Elsa. ¡Dios, ella iba a casarse!
No podía permitirse sentir lo que sentía, estaba mal. Termino su bebida de un trago y se encontró con los ojos curiosos de Elena.
-¿Vas a decirme que ha sido eso, bonita?- cuestionó.
-¿El qué?- retrucó fingiéndose indiferente.
-Vamos, Anna, que sabes de que estoy hablando. De Elsa Arendelle, sentada a aquí.- señaló. Anna se refirió a su relación con Elsa, como una amistad casual; sin más explicación que esa Elena terminó su bebida y la miró con aquello ojos suyos que decían que ella sabía que aquella no era toda la verdad, pero no volvió a nombrar a Elsa, en cambio preguntó.
-¿Vamos a tu casa o a la mía?- Anna suspiró. Se sentía frágil, vacía y con anhelos de un cariño que jamás tendría. Se puso de pie, Elena echó unos billetes en la mesa.
-A la mía.- Lo mejor sería eliminar el aroma a Elsa de sus sabanas y tal vez las caricias de Elena pudieran aliviar un poco el frio que comenzaba a sentir.
