Hola. ¿Alguien más esta enojado con Elsa por cómo va la cosa? Espero la historia les esté gustando. Los leeré en sus review.

Por cierto ¿Ya han leído las historias de Klein W. Stark? Si no lo han hecho los invito a darse una vuelta por su perfil. Es increíble.

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ACLARACIONES: SI, ES ELSANNA.

SI, CONTIENE HELSA.

SI, ES UN UA.

NO. NO SON HERMANAS. LO SIENTO.

SI, ESCRIBO SOBRE LA MARCHA Y PUEDE TENER ERRORES.

DISCLAIMER: Frozen es propiedad de Disney.

(…)

-¡ESTO ES UN DESASTRE! ¿¡CÓMO PUEDE SER SIQUIERA POSIBLE!?- exclamó la mujer que él había contratado para que se encargara de los detalles de la boda con la intensión de que Elsa no se sintiera sobrecargada. Su prometida soltó un suspiro y pasó una mano por su cabello.

-¿No estas exagerando un poco?- cuestionó. La mujer negó rápidamente.

-Elsa, querida, faltan dos meses para la ceremonia y tú ni siquiera has visto un solo vestido.- le reclamó. Hans meneó la cabeza era cierto que Elsa estaba siendo algo vaga con aquello, cosa que era extraño en ella.

-Mi hermana Beatriz dejo su vestido para último momento y fue un pequeño caos.- comentó. Cruela le sonrió como si aquellas fueran las palabras correctas.

-¿¡Lo ves!?- Elsa lo miró como diciendo "gracias por la ayuda" él se encogió de hombros.- Y tú, Hans, querido ¿ya has visto algún frac para la ceremonia?-

-Si.- se limitó a responder apartando la vista de Elsa.- He ido a varias tiendas a ver modelos y he dejado mis medidas en las mejores sastrerías de la ciudad, será cosa de llamar y…- chasqueó los dedos para terminar la frase.

-¡Fantástico! y yo aquí sin nada.- mascullo Elsa. Él le tomó la mano.

-Tranquila. Me casaría contigo aunque vistieras jersey y pantalones caquis.- le dijo. Ella sonrió con franqueza.

-Allí lo tienes.- se dirigió a la mujer triunfal. Ella asintió.

-Sí, tu prometido es un encanto y te ama, por eso, querida, me harás el favor de hoy mismo ponerte en campaña de conseguir un vestido adecuado o al menos miraras un modelo; te daré unos libros que…- Cruela siguió hablando, pero Hans se concentró en Elsa; en sus gestos, en la forma en que su boca se curvaba hacia abajo, en como sus ojos parecían apagarse. Algo no iba bien, lo sabía. Lo intuía de hacía tiempo, quizás por eso le hizo la propuesta, no quería perderla. La amaba. La amaba más de lo que estaba dispuesto admitir.

-Hans se encargara de la banda. ¿Puedes hacerlo?- le preguntó ella.

-Claro, amor. Tú solo di que salte y yo preguntaré ¿Cuán alto?- afirmó divertido. Elsa le apretó la mano pero desvió la mirada en un gesto huidizo. Él se preguntó si realmente deseaba averiguar que le ocurría.

-Y el hotel donde pasaran la noche deberá ser especial también, ya que es allí donde comenzara la luna de miel.- comentó Cruela mientras tecleaba velozmente en su pequeño portátil.

-Allí comenzara todo.- masculló Elsa antes de soltar un suspiro. Hans estiró una mano y le acomodó un mecho rebelde tras la oreja. Ella pestañeó.

-¡Eh! Que todo irá como la seda.- susurró. Los ojos de Elsa miraron las manos que aún estaban entrelazadas y asintió.

-Lo sé.- respondió. Nada está bien, gritó una voz en su interior cuando se volvía hacia la organizadora que hablada de reservas y hoteles.

Recordó las palabras de la secretaria de su padre el día anterior, cuando Elsa no apareció en la reunión.

"Pues Jim y yo vimos es partido y déjame decirte que a tu prometida se la veía muy bien acompañada. ¿Quién era ese chico rubio y grandulón con el que estaba? La cámara la enfocó un par de veces y él se veía muy guapo."

No había sabido que responder. Se quedó sin palabras; primero, porque Elsa no había mencionado a ningún muchacho como acompañante, y segundo, porque estaba seguro que no tenían en común ningún conocido con aquellas características. Recordó el sabor amargo que le subió por la garganta cuando llego a su casa y no la encontró. Se había sentido traicionado; pero luego Elsa apareció con una pinta terrible contando aquella historia de la juerga con la tal señorita Summers y él se convenció a media que el muchacho seria el novio, el hermano o algo de aquella muchacha. Decidió que el tema debía morir allí, aunque su interior ahora era un huracán a punto de golpear la costa; dispuesto a destruirlo todo, porque sin Elsa, él era…

-¿Hans? ¿Estás bien?- se encontró a Elsa y Cruela mirándolo curiosas y se sacó una sonrisa de la manga.

-Sí. Sí, lo siento. Es una cosa de unos contratos que debo firmar más tarde.- aseguró, Elsa torció el gesto y Cruela le restó importancia.

-¡Empresarios! Siempre tan ocupados- exclamó.- pero, como le decía a Elsa, éste es un plano de la distribución de las mesas y está la lista de invitados. Tendrán que decidir dónde y con quien sentaremos a cada uno.- la mujer extendió una carpeta hacia ellos.

-Lo charlaremos en estos días.- afirmó Elsa haciéndose de la carpeta.

-Sí. Lo charlaremos en estos días.- agregó él.

(…)

-Podríamos ir a ver aquellos muebles de los que te hable.- propuso Hans cuando se encontraban en el auto. Elsa se apoyó contra el reposa cabezas de su asiento y cerró los ojos. La mujer, Cruela, la había puesto de los nervios con todas sus preguntas y reproches.

-¿Pensé que era en una tienda de Estocolmo?- murmuró.

-No. Te dije que los dueños eran de Estocolmo pero la tienda queda aquí, de hecho está cerca del Mesón de Tiana. Podríamos pasar por allí y luego ir a ver lo del menú para la recepción.- ella suspiró y clavó sus ojos él. A pesar de haber intentado poner toda la buena voluntad con la contaba para la reunión, para poner manos a la obra la boda, sabía que había fallado olímpicamente; en especial porque durante toda la mañana no dejo de pensar en que no vería Anna ese día. Hans la miró a hurtadillas, había salvado la reunión.

-¿Y, qué dices?-

-Digo que eres encantador.- susurró sabiendo que era verdad. Él sonrió triunfante, como si acabara de ganar un premio, infló el pecho y volvió a dedicarle una mirada.

-Tienes suerte de que vas a casarte con este galán.- bromeó. Ella rió sin ganas, sin dejar de mirarle.

-¿La tengo?- cuestionó arrepintiéndose en el acto. El coche se detuvo en una señal. Hans se volvió hacia ella, el silencio lleno el habitáculo del auto. Él paso saliva un par de veces y Elsa estiro su mano para acariciarle aquella barba pelirroja que seguía creciendo. Él cerró los ojos ante el contacto. La mirada de Anna Summers fue una visión vertiginosa que apareció y desapareció. Elsa se detuvo, bajó el brazo y Hans abrió los ojos.- Creo que tengo suerte.- susurró en un tono triste. Hans pasó las manos por el cuero del volante antes de soltar aquellas palabras que dejaron a Elsa en jaque.

-La suerte no importa. Yo… solo quiero que seas feliz.- silencio. Si ella debía que decir algo era justo ese instante el que necesitaba, lo supo de inmediato, igual que supo que Hans era tan consiente como ella de eso . El verde ojos de él le pidió a gritos que revelara lo que sentía.- Dime… que eres feliz. Aquí, conmigo.- Era un suplica. Abrió la boca para hablar… Un par de bocinazos se escucharon tras ellos.

-¡Muévete, imbécil!- gritó el conductor enfadado, Hans suspiró hizo un gesto de disculpa y el auto volvió a moverse. El momento había pasado.

(…)

Anna no se esforzado mucho ese día en su trabajo en la huerta de Idun Arendelle, la nueva ausencia de Elsa la obligó a sacarse una excusa de la manga para marcharse antes de tiempo y poder así ganar un par de días más para trabajar con la rubia codo a codo. Apagó el motor de Betty echando al tiempo un suspiro al aire. El habitáculo quedo en silencio, apoyó las manos en el volante, su espalda se pegó al cuero de la tapicería y se permitió pensar un segundo Elsa. Recorría los finos brazos, sujetaba su estrecha cintura, se envolvía en el aroma de su perfume, contaba las casi inexistentes pecas mientras le acariciaba el largo cabello.

"Anna"

Toc. Toc. Toc.

El par de golpecitos que sonaron en la ventana del copiloto la sacó de su ensimismamiento, al volver la mirada se encontró con la radiante sonrisa de Elena.

-¿Te encuentras bien? Tu abuelo me ha mandado a ver si seguías con vida o si el aire toxico de tu cacharro ya te había matado.- comentó risueña. Ella negó con la cabeza y se dignó a bajar del coche. Habían pasado la noche juntas y tras despedirse Elena le dijo que la vería en la tienda de sus abuelos cuando se desocupara.

-Betty ya no tiene perdida de gasolina y el aire del habitáculo no es toxico.- exclamo, Elena río.

-Ve y dile eso a él.- señalo con la cabeza la entrada de la tienda donde su abuelo se encontraba parado mirándola con el ceño fruncido.

-¡Hola, señor Johnson!- lo saludo pero el negó con la cabeza y volvió al interior de la tienda de antigüedades.- ¿Le sucede algo?- indagó Anna mirando a Elena. Ella ya se encontraba abriendo la cajuela de la camioneta para sacar unos plantines con flores coloridas.

-Aun no entiende bien eso de las ventas por internet y dice que es tu culpa.- Anna bufó antes de tomar una caja igual a la de Elena.

-Ya. ¿Y por qué es mi culpa?- cuestionó cerrando la cajuela de un golpe.

-Muy sencillo, cariño, la idea del sitio web fue tuya.- le dijo comenzando a caminar hacia la tienda. Anna la siguió de cerca.

-¡Estas de broma! Pero si las ventas aumentaron un 50 por ciento.- exclamó. Elena se encogió de hombro.

-Sí, pero tu abuelo cree que los problemas en el sistema son tu culpa. Además… ¿Has visto las fotos que él intento subir por su cuenta?- Anna masticó su rabia murmurando un par de palabras malsonante que hicieron reír a Elena.- Tranquila. No está de taan mal humor.- afirmó, Anna se detuvo antes de entrar a la tienda.

-Explícate.- le pidió. Ella rodó los ojos.

-En mi viaje al sur encontré un par de cosillas que le han encantado.- le informó antes de ingresar al local con una sonrisa satisfecha. Anna no pudo más que sonreír también. Elena y su abuelo se llevaban de maravilla. Ella intuía a que se debía a esa extraña conexión que podía existir entre un vendedor de antigüedades y una arqueóloga. Aunque en realidad no lo entendía, pero que más daba tenía sentido para ella.

Anna atravesó el mostrador y encontró a su abuelo en la pequeña oficina de atrás reclinado sobre un escritorio de madera robusto con una lentilla colocada sobre el ojo derecho, examinaba una pieza que bien podía ser una moneda algo grande.

-He traído las flores que me pediste.- informó. Su abuelo pareció no escucharla, lo conocía lo suficiente para saber qué haría caso omiso de su presencia hasta que se le pasara el enfado así que se dispuso a seguir con su camino hasta la casita cuando él exclamó.

-¡Ah! Es una pieza maravillosa.- se volvió para verlo quitarse la lentilla, él giró extendiendo la mano libre y la señaló como si fuera a darle un sermón, pero en ese instante una sonrisa apareció en su rostro; Elena tenía razón no estaba tan enfadado como parecía.- Esa chica es una maravilla. Halló está pieza en un mercado de baratijas en Narvik, él hombre que la tenía aseguraba que era falsa; pero Elena vio su valor real.- su abuelo levanto una insignia con una esvástica en ella, Anna sintió los vellos de la nuca erizársele.

-Esa cosa es escalofriante.- su abuelo asintió.

-Lo es… y es auténtica.- ambos contemplaron el medallón de acero en silencio. Luego su abuelo se apoyó sobre la mesa, parecía tener mil años de edad.- Recuerdo cuando se instalaron en este país. Yo era joven, aun vivíamos en Suecia y mi padre era marinero. Su barco llevaba hierro y otras provisiones; aquella campaña le rogué que me dejara ir con él. Claro que no, me dijo. Salió desde Fjällbacka y jamás regreso.- murmuro, en sus ojos Anna vio los años de horror pasar de manera fugaz pero al instante desaparecieron.- Como sea. Esa niña es increíble, a ver si te dignas a pedirle que se case contigo de una buena vez.- le reclamó. Ella rió aligerando el ambiente.

-Eso no va a pasar.- afirmó, su abuelo hizo un gesto con la mano y se volvió hacia el escritorio de nuevo.

-Cuando te des cuenta de lo que pierdes ya será demasiado tarde.- Anna negó con la cabeza.

-Lo tendré en cuenta.- dijo para seguir con su camino, atravesó la puerta y alcanzó a oír la campañilla de la tienda antes de adentrarse en el pasillo.

(…)

-¡Hola!- vociferó Hans mientras ella comenzaba a recorrer la tienda. Era un lugar agradable, un poco abarrotado de objetos eso sí, pero aun así agradable.

-Hola. Lamento haberlo hecho esperar.- escuchó la voz agradable de un hombre.

-No se preocupe. Venimos a ver los muebles, hable con usted por teléfono ayer por la mañana…- la voz de Hans se perdió cuando entró en un ala de la tienda con estanterías llenas de libros y lámparas que colgaban del techo. Sonrió comenzando a recorrer los lomos, algunos de cuero gastado, con los dedos. Aquel era un lugar con historia.

-¿Elsa?- Hans estaba de pie al borde de la entrada.- Ven, el señor Johnson nos mostrara los muebles.-

-Me gusta estaba tienda.- comentó ella de paso. Hans sonrío radiante.

-A mi también. Anda, vamos.- caminaron juntos hasta la recepción donde los esperaba un hombre bastante mayor, de aspecto robusto y rostro amable.- el señor Johnson es el dueño de la tienda.- comento Hans. Elsa estiró la mano para estrechar la del hombre.

-Elsa Arendelle.- dijo.

-Un placer.- el hombre le dedico una sonrisa antes de soltar su mano y luego agrego.- Si me siguen por este lado tengo exactamente lo que necesitan.- saltearon una galería estrecha y poco iluminada con cuadros de Elvis a todo lo largo, Hans sonreía y ella también. Cuando de tiendas de antigüedades se trataba, los dos eran como un par de niños en una dulcería. Terminaron en un ala contraria a la anterior; había un estante lleno de cámaras fotográficas al que Hans se aproximó, era un fanático de la fotografía. Elsa le dedico una mirada divertida al verlo inspeccionar un aparato en particular. Aquel era el Hans que adoraba.

-Esté es un escritorio "secreter" de caoba ingles con anillas de bronces. Sale a catorce mil, pero el precio es negociable.- le informó el señor Johnson al tiempo que quitaba los ficheros llenos de propagandas de Coca-Cola de encima. Ella se aproximó para repasar los cajones y cerciorarse que estaban en buen estado. Paso la mano por la madera con una sonrisa. El mueble estaba impecable.

-Pagaremos el precio completo.- afirmó. El señor Johnson asintió y señaló una biblioteca.

-Biblioteca de roble italiano, renacentista, vitrales de vidrio pintado y detalles en bronces. Sale a cuarenta mil.- Elsa se volvió a aproximar para inspeccionar el mueble.

-Es más alta de lo parecía en la fotografía.- oyó comentar a Hans que había dejado las cámaras de lado y se les unió.

-Dos veinte de alto.- dijo el señor Johnson. Hans miró a Elsa.

-¿Qué te parece?- cuestionó pasando un brazo sobre sus hombros. Ella asintió.

-Su estado es impecable. La madera se ha mantenido y sabes que eso es…-

-No me refería a eso.- le cortó Hans. Elsa elevó una ceja no entendiendo, él sonrió.- me refiero a que te parece para la nueva casa. La que mi padre nos regalara.- aquello la descolocó de pronto. Claro, los muebles eran para la nueva casa ¿Cómo pudo pensar siquiera que eran para la oficina de Hans? La había remodelado hacia unos meses no tendría que hacerlo de nuevo. Esbozó un intento de sonrisa.

-Creo que es apropiada para una oficina.- observo, cruzando la mirada con el señor Johnson que la había estado observando.- ¿qué opina, usted?- cuestionó, él se encogió de hombros.

-Creo que la señorita tiene razón. Es un mueble de oficina demasiado aparatoso para una casa… aunque puede depender mucho del tamaño de estaba ultima- Hans meneó la cabeza.

-Tendré una oficina en casa.- masculló. Elsa suspiró.

-Debemos elegir una primero.- le recordó.

-Tienes razón.- luego se volvió hacia el señor Johnson.- ¿Qué tal si nos muestra los otros muebles?-

El señor Johnson se encargó de mostrarle todos los muebles, jarrones y chucherías que Hans había marcado en su lista de interés en la página web de la tienda, salvando alguno que otro que se encontraban en un almacén anexo al otro lado de la ciudad.

-El último viernes del mes pueden ir. Yo no manejó los remates pero ni nieta se encargó de conseguir a un hombre muy juicioso para llevarlos a cabo y ella también estará allí.- le dijo al tiempo que intentaba anotar los datos de Hans en un ordenador. Elsa volvió a pasear la vista dirigiendo sus ojos a un piano de cola color oscuro que ocupaba gran parte de una de las alas del lugar. Pasó una mano por el hombro de Hans que repetía su número de teléfono al hombre y se aproximó al instrumento, era hermoso. Perfecto para el espacio vacío en el living de su pequeña casa.

-Iré por mi nieta ahora mismo. Ella se encargara de esta cosa.- masculló el señor Johnson antes de desaparecer por la pequeña puerta que estaba tras el mostrador. Elsa levanto la tapa para dejar al descubierto las teclas blancas y negras, sonrió. Tocó unas notas antes de sentir las manos de Hans rodeándola por la cintura. Su cuerpo se tensó.

-¿Qué sucede?- pregunto él apoyando su barbilla en su hombro. Ella bajo la tapa nuevamente y suspiro desembarazándose de sus manos.

-No ocurre nada. Solo…- Hans espero a que ella completara la frase.- es con respecto a la casa, no estoy segura de…- volvió a interrumpirse cuando la voz del vendedor se volvió a hacerse oír.

-Lo hablaremos en la noche ¿vale?- susurro Hans.

-Vale.-

-Aquí la tenemos. Ella cargara sus datos, señor Westergard.- Elsa se volvió hacia el mostrador solo para encontrarse con el sonriente rostro de Anna Summers.

-¡Anna!- exclamo sin ocultar la sorpresa. La pelirroja hizo un gesto con la mano.

-Y esa soy yo.- murmuró.

-¿Se conocen?- preguntó Hans que ya se aproximaba a Anna con una mano extendida.- Hans Westergard.-

-Anna Summers.- respondió ella cordialmente.- Es un placer, ¿Es usted el prometido de Elsa, no?- la pelirroja fue directa. Hans asintió con una sonrisa, complacido de que ella supiera quien era.

-Eso es correcto y usted es…- hizo una pausa tratando de recordar. Elsa tardo más de la cuenta en salir de su asombro y cuando lo hizo Hans ya exclamaba.- ¡Claro, pero que tonto! Usted, es Anna. La compañera de temporada de Elsa.- Anna asintió algo incomoda porque él supiera quien era.

-Así es…- se limitó a responder volviendo la mirada a Elsa que ya se encontraba junto a Hans.

-Que sorpresa encontrarte aquí.- dijo ella. Anna se encogió de hombros.

-El destino no deja de hacer que nos encontremos.- respondió. Elsa paso saliva.

-Llevas toda la razón y yo que pensaba que no te vería el día de hoy.-

-Qué curioso, yo pensé exactamente lo mismo.- Anna sonrió antes de agregar.- El trabajo se hace pesado sin ti allí.- Elsa sintió algo en el estómago. Anna se volvió hacia la pantalla del ordenador que tenía delante, el corazón le martillaba.

-¡Vaya! Sí que se llevan bien.- comentó Hans.

-Lo hacemos.- afirmó Elsa. Anna la volvió a mirar antes de volver los ojos a su prometido.

-Puede repetirme sus datos, señor Westergard.-

-Por favor, dime Hans; y claro que puedo hacerlo.- El pecho de Elsa era un pájaro que revoloteaba inquieto pidiendo escapar. Su mente era un regadero de pólvora. Anna estaba allí. De todos los malditos lugares del mundo ella tenía que estar allí. Y se veía… ¡Dios! Hermosa. No es que estuviera arreglada o que llevara ropa elegante, ella no lo necesitaba. Era hermosa de una manera tan natural que dejaba a Elsa sin aliento. Apartó la mirada de la pelirroja cuando ella la miro a hurtadillas, se volvió hacia Hans que la ciñó de la cintura. Elsa se concentró en la costura del hombro en el saco de él, alejando lo que sentía.

-Eso es todo. Le enviaremos las cosas cuando nos confirme la dirección, mientras tanto, se embalaran y se destinaran a un galpón especial.- informó Anna.

-Iré por talón para hacerle los recibos.- mascullo el abuelo y se volvió a perder tras la puerta. Anna suspiró.

-Eso le llevara tiempo.- susurró como si fuera una tragedia.

-¿Disfruta usted de los partidos?- preguntó de pronto Hans.- Elsa me ha dicho que es tan fanática de los friso como ella.- se volvió hacia a Anna, algo ansiosa por escuchar la respuesta, o más que la respuesta el tono de voz que la pelirroja usaría.

-Lo disfruto mucho.- afirmó. Hans asintió paseó la vista entre ambas antes de agregar.

-¿Y el joven que las acompaña es su novio?- Elsa frunció el ceño por la manera en que él pregunto aquello. Había algo filoso en su voz pero desapareció tras la burbujeante carcajada que Anna soltó.

-Claro que no. ¡Cielos! ¿Imagínate eso? No. Kristoff es solo mi amigo, de hecho a mí me va otro rollo.- Hans elevó las cejas y miró a Elsa con una sonrisa pero ella estaba asimilando todo. Así aquello de que se divertía con…

-Anna, cariño, ya me voy.- la voz de una mujer se escuchó por detrás de Summers. Elena aparecía por la puerta por la que el señor Johnson se había marchado. Elsa apretó los dientes y le dedico una mirada de incredulidad a Anna. ¡Claro, se "divertían"! se regañó por haber sido tan ingenua.- Lo siento no sabía que estabas con clientes.- dijo la morena tomándola de la cintura.-¡Elsa!-

-Señorita De Avalor.- respondió quizás más cortante de lo que debería.

-¡Oh! solo Elena estaba bien para mí ¿y el caballero es…?- cuestionó elevando una ceja. Anna carraspeó.

-Hans Westergard a su servicio.- respondió él dedicándole a la joven una sonrisa que punzo a Elsa en algún lado.

-Un Westergard a mi servicio, eso quiero verlo. Elena de Avalor, un placer.- dijo siendo todo encanto.

-Que amigas más encantadoras tienes, Els.- comentó él y ella fingió una sonrisa.

-De hecho no tenemos el gusto de ser amigas, aún.- aclaró Elena.- Solo conocidas.- Hans hizo una pantomima.

-Siempre sobra el tiempo.- Elena se volvió hacia Anna y asintió.

-Puede que sí, pero no en este momento debo irme ya. ¿Nos vemos está noche?- pregunto tomando de la cintura Anna. Elsa apartó la mirada, un calor le subió por el pecho. Se divertían.

-Te llamare ¿Vale?- masculló Anna. Ella posó los ojos en la pelirroja, pero se arrepintió en el momento en que veía a la morena plantaba un beso en la pecosa mejilla de Anna. Se mordió la cara interna de la mejilla.

-Ha sido un placer, Hans. Y siempre es bueno verte Elsa.- se despidió Elena cruzando el mostrador.

-El placer ha sido mío.- replicó Hans, ella se limitó a asentir. No estaba segura de que de su boca pudiera salir nada bueno. Volvió a mirar a Anna y clavó los ojos en los suyos. No sabes cuánto lo deseo. Rememorar aquella frase le dio ganas de saltar el mostrador para ser ella quien la rodeara por la cintura, para poder borrar con sus manos el beso que Elena le dejara y marcar su piel con sus labios. Quería cada centímetro de Anna. Reclamarla como suya para siempre.

-Los recibos están listos. Lamento la demora.- el señor Johnson le entrego los papeles a Hans.

-Gracias.-

-Gracias a ustedes por elegirnos.- respondió el hombre.

-Creo que ahora que sabemos que es una tienda de familia seremos clientes habituales.- respondió Hans cortésmente guardándose los recibos en el interior del saco. El señor Johnson iba a replicar algo cuando el teléfono de su prometido sonó.- Disculpen debo contestar. Anna ha sido un placer, te esperaremos en casa cualquier día para cenar.- le ofreció con una sonrisa él antes de atender. Un par de clientes más entró por la puerta al tiempo que su prometido salía y el abuelo de Anna los señaló.

-La dejo en manos de mi nieta, aunque ya está todo arreglado. Despídame de su esposo.- le dijo a Elsa alejándose.

-Él no es mi…-

-Pero va a serlo.- completo Anna antes de soltar un suspiró.- Lo siento. No debí…-

-Está bien. Llevas toda la razón con eso él va a ser mi esposo y tú…- hizo un pausa no podía quitarse la imagen de Elena besando la mejilla de Anna. Estaba tan enfadada. ¿Por qué Anna no le había dicho que le iban las mujeres?

-¿Y yo?- cuestionó la pelirroja.

-No me dijiste que te iba "otro rollo".- mascullo molesta.- Y ayer cuando pregunte si tú y la señorita De Avalor eran pareja dijiste que no. Pero hoy parecían…- Anna elevo las cejas ante el planteó extraño que ella estaba haciéndole. Elsa pasó una mano por su cabello.

-¡Wow. Wow. Wow!- las cejas de Anna bajaron tan rápido que Elsa no tuvo tiempo de disculparse por lo que acababa de decir.- Alto allí. No estamos saliendo, Elsa. Solo nos divertimos ¿Okey? Creo que tengo derecho a hacerlo. Y no tengo porque estar dándote una explicación de mi vida. Decirte que me va y que no, menos aun cuando tú vienes aquí a comprar muebles con tu futuro esposo.- recalcó de una manera que no parecía ser la Anna que Elsa conocía. Guardó silencio ¿La conocía realmente? Tal vez no. además ¿quién era para reclamar nada en absoluto? Se alzó en toda altura, acomodo trenza en su hombro y carraspeó.

-No sabía que está era la tienda de tu familia pero tienes razón. No tienes que…decirme nada en absoluto. Lo siento. Tu vida no debería importarme y si ya esta todo en orden. Nos veremos luego. Tal vez mañana o el día del partido.- se giró para marcharse. Hans estaba fuera de la tienda hablando por teléfono.

-Elsa…- Anna la llamó.- lamento lo que dije y querría hablar contigo sobre el partido.- soltó un suspiró, su pecho se comprimía lentamente, se volvió a Anna.

-Podemos quedar o…

-No. preferiría decírtelo ahora.- asintió, Anna jugó con sus manos un segundo.- Kristoff y yo no te acompañaremos al último juego. Nos parece que es mejor ver la final en el bar de Oaken. Es una tradición.- Ella pestañeó un par de veces, abrió la boca para protestar. No lo hizo. Algo se resquebrajaba lentamente en su interior, tenía un nudo en la garganta, así que solo asintió y se marchó.