Quizás la próxima actualización tarde un poco más de la cuenta ya que tengo que preparar un examen. Gracias por los review, son increíbles.
¡Momento Elsanna!
(Aunque no sé escribir lemmon. Perdonen.)
ACLARACIONES: SI, ES ELSANNA.
SI, CONTIENE HELSA.
SI, ES UN UA.
NO. NO SON HERMANAS. LO SIENTO.
SI, ESCRIBO SOBRE LA MARCHA Y PUEDE TENER ERRORES.
DISCLAIMER: Frozen es propiedad de Disney.
...
Y los Frisk empezaron perdiendo. Elsa solo había tenido tiempo de ver como Jotsson rompía el bloqueo y anotaba. Sin amigos, hallándose sola en el palco era blanco fácil tanto para los socios más importantes como para los patrocinadores ya existentes, y los interesados en serlo. Soltó un suspiro cuando penalizaron a Eckermann y Krommer pedía al equipo tranquilidad. Ella intentó hacerse eco de aquel pedido cuando escuchó la elocuente voz de Dimitri Stovanoff, un ruso caza talentos, que había mostrado su interés por Krommer desde la temporada pasada. Elsa se encargó personalmente de hablar con el jugador, a quien conocía desde que eran niños, para saber si deseaba abrirse pasó en el mundo del hockey ruso y él fue muy claro cuando dijo que no le interesaba jugar en ningún equipo que no fueran los Frisk. Así que Dimitri se había marchado llevándose solo a un muchacho de las ligas inferiores.
-¡Señora Westergard!- la saludó con el talente de cretino que le era tan propio. Ella se puso de pie y aceptó la mano que le tendía.
-Arendelle. Aún no he contraído matrimonio.- informó tratando de mantener su tono formal característico. El hombre soltó unas sonoras carcajadas.
-Lo mismo da, niña. Si ya has dicho que sí, eres suya.- replicó. El ojo izquierdo de Elsa comenzó a latirle a causa de la irritación.
-¿Cómo se encuentra usted, señor Stovanoff?- preguntó para no ahondar en un tema espinoso, en especial en ese momento. El hombre se sentó, o más bien se tiró, en el asiento junto al suyo sin siquiera pedir permiso para hacerlo.
-Bien, me encuentro bien. Pero siéntese.- la invitó. Elsa tomó aire y lo hizo.
Miraron el primer cuarto en silencio, aunque Stovanoff retomó la charla ni bien el árbitro indicó el descanso.
-Señora Westergard, la verdad he venido a decirle que me alegró mucho que reconsiderará mi última oferta. ¡Debo admitir que llegue a pensar que me volvería a ir con las manos vacías!- exclamó el hombre sacando del interior de su saco una cajetilla con puros, se la tendió a Elsa quien negó con un gesto.
-No fumo, gracias.- hizo una pausa mientras veía al hombre sacar uno para él y encenderlo sin tener el menor cuidado de hacia donde se dirigía el humo.- Disculpe, ¿pero dice que yo reconsidere la oferta?- preguntó, ella no había reconsiderado nada. El hombre sonrió antes de parecer una chimenea.
-Usted. Su esposo… Lo mismo da. Aunque no me extrañaría que Westergard se haya puesto los pantalones de una vez y tomara la decisión sin consultarle.- bromeó. Elsa no acompañó su risa.
-¡Aun no es mi esposo!- remarcó "Y tal vez no lo sea nunca" agregó para sí. Stovanoff elevó las pálidas cejas y se cruzó de piernas.
-Pues entonces déjeme decirle que su padre le tiene mucho aprecio al muchacho ¿O es que acaso ha vendido y no se me informó?- el estadio quedo en silencio Elsa miro directamente a aquel hombre tan desagradable. Desagradable sí, pero el único dispuesto a decirle la verdad.
-He de confesar que estuve desligada de los negocios desde que comencé a preparar mi boda; si usted pudiera informarme un poco más de lo que sabe.- pidió esperando a que el ruso hablara. Él se acomodó más en el asiento y miro a Elsa como si ella fuera la invitada en aquel lugar. Sonrió levemente.
-Parece que su padre juega como se debe.- masculló soltando humo.- el correo que envié hace una semana, elevando mi última oferta en un veinte por ciento, fue respondido ayer de mano de las oficinas Westergard. Se me informaba que ahora era Hans Westergard quien llevaba las riendas del club y que Krommer estaba entre los jugadores que ellos pondrían a la venta en el mercado de pases.- Stovanoff volvió a soltar humo y asintió despacio. Elsa se quedó mirándolo sin creérselo. Su padre. Su padre. Su padre.- Pensé que ya se había casado usted y que a eso se debía el cambio de manos; pero no siendo así… me sorprende. Un Arendelle fundó este magnífico club y es una pena que la familia se desligue de él.- meditó antes de ponerse de pie.- ¡Ja! Aunque usted se casara pronto con ese muchacho incompetente así que…- dejo la frase sin terminar y giró sobre sus talones.- Creo que debo volver ya a mi asiento. Siempre es un pacer verla señora Westergard.- y sin más se marchó dejando sendas volutas de humo tras él.
Elsa estaba furiosa. El partido se reinició, observó la pista con los ojos empañados. El sonido del estadio estaba a punto de doblegar su alma. La sonrisa de su abuelo paseó entre imágenes de todo lo que había vivido allí. Revivió la última discusión entre su padre y él.
"Jamás venderé ese club. ¿¡Has escuchado!? ¡Jamás!" apretó los puños, junto cuando Krommer igualaba el marcador, un grito salió de su garganta y lo vio mirar hacia su palco. Ella alzo el puño en señal de victoria. Las gradas comenzaron a cantar. Elsa sintió la bravura, la valentía de los que estaban en el hielo. Hablaría con su padre, hablaría con Hans. Había llegado el momento de actuar. Una cosa era la empresa, otra muy distinta, el club. Su vida. Torgalov le dio un pase magnifico a Krommer y el puck se deslizó dentro de la red. Los Frisk se pusieron a la delantera.
...
Contó la cantidad de cervezas vacías en la mesa y miro hacia donde se hallaba Kristoff. Su amigo se inclinaba sobre el oído de una muchacha para decirle algo que la hizo soltar una carcajada. El último cuarto acababa de comenzar, con los Frisk sacándole unos cuantos puntos a su rival, el ambiente en el bar de Oaken era de pura algarabía.
-Parece que alguien se no regresara a casa solo.- comento Elena señalando a Kristoff y la chica con un ladeamiento de cabeza.
-Eso parece.- afirmó intentándose hacer escuchar por sobre los gritos que despertó el hecho de que le dieran a Krommer una suspensión de 3 minutos.- ¡Eso es injusto!- exclamó ella. Elena sonrió llevando una cerveza a sus labios.- ¿Puedes creerlo?- cuestiono indignada, la morocha negó con la cabeza.
-No. Es una atrocidad.- respondió antes de dejar la botella de lado y capturar la mano de Anna.- Dime ¿Tú tienes planeado ir a casa sola esta noche?- su voz ronroneo en su oreja. Ella la miro antes de volver los ojos a la pantalla donde las cámaras señalaban el asiento vacío de Elsa; ambos comentaristas se preguntaban ¿Dónde había ido la joven? Y Anna también lo hizo. La mano de Elena subiendo por su brazo la llamó a la realidad.- Estas algo distraída.- Anna se liberó de su agarre y se encogió de hombros.
-Siempre estoy distraída y en respuesta a tu pregunta- vacilo un segundo mientras su corazón sentía un disparo de adrenalina. Aquello estaba prohibido.- he quedado para verme con alguien una vez finalizado el partido.- Elena la miro a hurtadillas, se recargó contra la silla e hizo tamborilear sus dedos sobre la mesa.
-¿La conozco?- cuestionó y ella podría jurar que sintió un puñado de celos en aquella pregunta. Las cámaras enfocaban a Krommer en la jaula de suspensión rodeado de cristal. Anna meneó la cabeza.
-Puede.- se limitó a decir. La morena asintió lentamente, se puso de pie.
-Entonces debería ir a buscar suerte en otra parte, tal y como hace Kristoff.- Elena se colocó su chaqueta.- Lo malo de Kristoff es que a veces no puede mantener la boca cerrada.- dijo justo cuando Elsa reaparecía en el palco junto con varios hombres que los comentaristas se tomaron el tiempo de presentar. Anna miro a Elena y ella alterno la vista entre la pantalla gigante del bar y sus ojos.- Ten cuidado en donde te metes, Anna. No sé si pueda recoger tus pedazos.- agrego aproximándose hacia ella y dándole una beso en la mejilla. Sintió su aliento en la piel.- Pero si fuera necesario… lo intentare.- el equipo rival anotaba, Krommer negaba desde su jaula. Elena se marchó, pero Anna se quedó allí mirando el ceño fruncido de Elsa Arendelle en la pantalla. Rodeada de gritos y escandalo ya había tomado una decisión.
...
El pitido final fue acompañado por un estallido de festejos en el estadio. Los Frisk se consagraban campeones una vez más. Elsa elevó los puños en alto para saludar a su amigo Krommer y se puso de pie.
-Creo que ahora le debo una botella de Dom Pérignon.- le dijo Stephan Garbensson, el presidente del equipo rival. Habían hecho una apuesta, para agregarle un poco de sabor al partido, cuando se encontraron en el pasillo luego de que Elsa se hubiera retirado unos segundos a su oficina dentro del club. Tuvo que hacer unas cuantas llamadas de urgencia a su secretaria, la de su padre y la de Hans; las tres mujeres le prometieron que tendría un informe y los papeles en su salida de fax antes de que el encuentro terminara, así que Elsa confiaba que ahora esperaban a por ella.
-Siempre confió en mi equipo.- respondió estrechando la mano del hombre luego se volvió para estrechar la del entrenador del equipo nacional.
-¡En hora buena! Ya tengo a estos chicos en la mira.- exclamó.
-Gracias y siempre es un placer que nuestros talentos puedan poner a Noruega en lo alto del hockey mundial.- el hombre rió
-Muy cierto, señorita Arendelle. Muy cierto.- asintió y por primera vez miro a la cámara que la enfocaba, elevó la mano saludando con elegancia.
-¡Señorita Arendelle!- la llamo uno de los coordinadores del evento.
-¿Sí?-
-Necesitan que baje ahora para la entrega de premio.- se apuró a decir. Ella le dedico una sonrisa a sus compañeros de palco.
-Caballeros.- dijo a modo de despedida. Ellos le hicieron un gesto y repitieron sus felicitaciones antes de que ella se marchara tras el asistente.
Caminaba a paso rápido, Elsa conocía el protocolo a la perfección. Sonrió con entusiasmo al pasar por la zona de prensa, conversó con el encargado de colocarle un micrófono por si deseaba decir unas palabras, se colocó unos patines de hielo solo porque en ella era una tradición y dedicó un pensamiento hacia su abuelo.
-Ya puede salir, señorita Arendelle.- le informaron. Ella se detuvo antes de salir al hielo, al sonido retumbante del estadio que vibraba. Soltó un suspiro no había deseado nunca compartir un momento así con Hans, ni con nadie desde que perdió a su abuelo. Pero ahora, ese día… quería que Anna Summers estuviera allí a su lado. Sintió el suave tacto de su mano sujetando la suya y deseó con todo su corazón encontrarla en el estacionamiento cuando saliera de aquel estadio, solo entonces pisó el hielo.
...
La entrega fue alegría tras alegría, risa acompañada de otra risa. Krommer incluso había hecho que sus pies se despegaran del hielo cuando la alzo en alto en un efusivo abrazo. Los fanáticos habían delirado cuando Olaf, la mascota del equipo, salió a entregar remeras a la tribuna. Ahora Elsa escuchaba los canticos de los fanáticos que provenían desde el exterior del estadio, también podía escuchar las bromas y risas provenientes del vestuario mientras caminaba por los amplios y fríos pasillos hacia su oficina. Se había retirado del festejo general prometiendo que vería a los jugadores en la fiesta privada que se llevaría a cabo en la terraza del hotel plaza, a menos que Anna la esperara fuera del estadio.
Cerró la puerta de la oficina, el silencio se llevó todas las voces. Caminó hacia su escritorio, se recargó en la silla y encendió su computador, girándose luego para comprobar que los papeles estaban en su salida de fax como las mujeres con las que habló prometieron.
Se sumergió rápidamente en los documentos, al principio llevo cuenta de la hora, pero luego se olvidó del tiempo. Repasó papeles y papeles. Fue desde el testamento de su abuelo hasta la última hoja de venta que su padre le entrego a Hans. Mascullo una maldición al ver la cantidad a pagar junto a la firma de ambos. Se rió de aquella estupidez de contrato pre matrimonial. Y se quedó mirando a la nada cuando en uno de los documento apareció su firma a modo de autorización.
-Dime que no lo hiciste de nuevo, papá.- susurró antes de sentirse traicionada. Volvió a ver la fecha de aquel documento luego lo dejo sobre el escritorio, se recargó en la silla y cubrió su rostro con sus manos. Recordaba haber firmado aquel papel, pero…
-¿Elsa?- quitó las manos solo para encontrarse a Krommer vestido de con unos pantalones de mezclilla y una sudadera color gris.
-¡Víctor!- se sorprendió ella al verlo allí.
-No quise interrumpir, la puerta estaba abierta y…- dio unos paso hasta entrar y cerró la puerta.- Solo quería saludarte. Ah, ¿te encuentras bien?- preguntó. Ella soltó un suspiró y le indicó la silla frente a la suya.
-Solo trataba de entender una cosa.- comento cuando él se acomodó.
-Yo también estuve tratando de entender una cosa estas semanas y es por eso que vine aquí.- confesó Krommer. Elsa lo vio atusarse el cabello nervioso.- ¿Has vendido el club?- pregunto confuso. Los hombros de Elsa se rindieron. El desánimo el lleno el alma porque, al mirar la hora, se había dado cuenta lo tarde que era y si Anna la había esperado, era evidente que ya se tendría que haber marchado.
-Hace unos meses mi padre me hizo firmar unos documentos que no leí. Confié en él una vez más y, una vez más, me ha embaucado.- comentó. Krommer se quedó en silencio y recorrió las paredes de la oficina, llena de fotos, de recuerdo, de historia.
-Siempre ame este club.- comentó y señaló una foto en la pared a su derecha.- Recuerdo cuando comencé a entrenar, era tan malo que me pusieron en el equipo mixto. Lo odia, en especial cuando llegabas tú.- Elsa sonrió ante el recuerdo de ellos dos vestido con camisetas enormes y patines de hielo.- Eras fenomenal, siempre lograbas quitarme el puck. Y yo te odiaba… luego me enamore de ti.- ambos compartieron una mirada cómplice.- ¿Recuerdas esa noche que entramos a hurtadillas y nos pusimos a patinar tomados de la mano?- Elsa se acordaba.
-Le robe las llaves a mi abuelo y el casi nos asesinó al encontrarnos besándonos en las gradas.- Víctor rió y ella lo acompaño.
-Ese día me enseñaste a cómo defender mejor el puck. Ese día jure que jamás me iría de este club y tu juraste… juraste…- él se quedó mirando la fotografía y Elsa tuvo que contener el llanto.
-Lo recuperare y no tendrás que irte.- Víctor asintió.
-Lo sé… siempre fuiste una luchadora.- dijo poniéndose de pie y sacudiendo sus hombros para aliviar la tensión.- Ahora ¿Qué tal si nos vamos a la fiesta?- preguntó aproximándose a ella. Elsa sonrió, apagó el ordenador, guardó los papeles en su bolso y se puso de pie.
-Todas las chicas se morirás de envidia cuando me vean con el jugador estrella.- bromeó, él rió y acortó distancias.
-Siempre podemos ahorrarles la mala pasada y quedarnos aquí. Las gradas están vacías y mi boca arde por unos besos.- el rubor subió a las mejillas de Elsa haciendo que le diera un golpecito en el musculoso pecho al jugador, quien volvió a reír a carcajadas.
-¡Víctor!- exclamó.
-Es broma. Es broma. Mejor me dedico a causarles envidia a todos, incluso a tu prometido porque estoy seguro de que él no puede hacer esto.- Elsa iba preguntar ¿Qué? Pero al instante Krommer la alzaba en su hombro. Ella soltó un gritito, el segundo de la noche.
-¡Voy a matarte cuando me bajes!-
-Elsa no me hagas vivir contigo a cuestas. ¿Has aumentado de peso?- preguntó después, ella le dio un golpe en la espalda.
-Estas olvidando mi bolso.- señaló, viendo que él se disponía a llevarla de aquella manera.
-No lo necesitaras en las gradas.- volvió a bromear. Elsa rodó los ojos.
-Mi bolso, Víctor.- repitió.
-De acuerdo. De acuerdo.-
...
Elsa se había quedado de piedra, su risa se apagó y su corazón comenzó a latir de una manera inimaginable cuando Krommer la bajo de sus hombros ya en el estacionamiento.
-Parece que alguien te está esperando.- le había dicho. Y allí estaba Anna, vestía una chamarra de cuero, unos pantalones de mezclilla oscuros y unas botas. Elsa se quedó sin aliento.
-Anna.- susurro sin poder ocultar el batallón dentro suyo. Víctor la miro y luego se volvió hacia Anna nuevamente.
-Ya veo… entonces si fuera pelirrojo ahora nos estaríamos besando en las gradas.- comentó pasando su mano por su cabello oscuro y volviéndose hacia Elsa que no supo que responder a esas palabras.
-Yo…-
-No diré nada.- susurró. Vaciló un segundo, y le tomó la mano a Elsa; el anillo de compromiso brillo.- ¿No vas a casarte?- cuestionó. Elsa se ahogó y el universo pareció dar un giro. Sus ojos azules buscaron con los suyos.
-Puedo responder a esa pregunta en otro momento.- Víctor asintió lentamente.- Tal vez…- su mirada se clavó en la de Anna, su boca se secó.- Tal vez necesite tu ayuda.- dijo. Krommer soltó su mano y se aproximó para darle un rápido beso en la mejilla.
-Pasare el miércoles por tu casa ¿vale?-
-Vale.- él le dedico una saludo a Anna y se marchó dejándolas solas.
Las piernas de Elsa temblaban, inspiró largo antes de dar el primer paso hacia la pelirroja. Entonces Anna sonrió, algo filoso brillo en ella; una ferocidad despertó en sus ojos. Elsa sintió en suelo vibrar bajo sus pies. Aquello era frenético, inestable.
-¿Nos vamos?- preguntó Anna en un tono salvaje. Elsa saco las llaves del bolso y se las arrojó.
-¿Conduces tú?- Anna volvió a sonreír. Aquello era inevitable.
...
El coche de Elsa respondía a cada uno de sus pedidos, por más mínimo que éste fuera. Primero se dirigió hacia el este, luego giro en dirección sur. No dijeron nada. Anna solo conducía. Elsa hacia apoyado su mano sobre la suya que sostenía la palanca de cambio. La rubia parecía dispuesta a ir a donde ella la llevara. Anna dispuso rumbo hacia las carreteras secundarias que subían a través de las montañas, el viento frío que entraba por la ventanilla obligó a Elsa echarse encima la chamarra que ella dejara en el asiento de trasero. La carretera estaba desierta, solo eran ellas en el camino. Ellas y todo lo que no pidan expresar con palabras.
Anna siguió subiendo, cambiando de montaña sin notarlo hasta que vio el fiordo a lo lejos, estaban sobre el puente de los sueños. Se volvió un segundo para encontrarse a Elsa mirándola a ella, con el cuello de la chamarra pegado a la nariz.
Apretó el volante.
Condujo hasta una hondonada, una vez allí, apagó el motor. El mundo quedo en silencio salvo por la respiración de Elsa. Se negó a mirarla así que volvió la vista hacia las aguas negras, azules… iguales que los ojos de la mujer que tenía a su lado, pasó saliva. Más allá las luces de la ciudad se elevaban hacia lo alto.
-Este lugar es maravilloso. No sé porque deje de venir.- masculló Elsa y ella se volvió solo para encontrarla con los pies sobre el asiento, acurrucada bajo su chamarra, con la mejilla apoyada sobre las rodillas mirándola a ella, o tal vez, a la ciudad lejana. Anna sabía que debía decir algo, pero no tenía palabras. La belleza que Elsa irradiaba era feroz, sublime. Los ojos de un cielo infinito, el cabello como luz de luna, la piel lozana y los labios como frutos prohibidos.
-Sé que debo decir algo pero en estos momentos estoy intentando entender… solo quisiera saber cómo…es posible que éste momento con la increíble vista, contigo aquí… cómo es posible que al verlo todo justo, al tener estaba vida tan maravillosa… como este momento puede…-
-Doler tanto.- adivinó Elsa.
Los ojos de Anna brillaron y asintió en silencio no pudiendo sofocar los sentimientos que estaban a punto de estallar dentro suyo.
-¿Crees que podamos descubrirlo?- preguntó. Elsa clavó sus ojos en los suyos.
-No sé si es algo que se pueda descubrir… Aunque en este instante te estoy mirando y…- hubo un silencio abrumador mientras Anna sentía los aleteos y piruetas que su corazón comenzaba a realizar en su pecho. Vaciló un segundo.
Cuando su mano tocó la piel caliente de la mejilla de Elsa supo que ya no podría borrar esa sensación de su cuerpo jamás.
-Se dónde podemos ir.- susurró Elsa como si fuera un secreto. Anna sabía que lo era. Aquel era su secreto.
-Llévame.- pidió.
Cambiaron de lugares y Anna se dejó llevar. Las luces amarillas iluminaban la carretera, su mano comenzaba a temblar. Era un secreto. Era un salto a la nada. Era tirarse sin red de seguridad. Elsa era un peligro. Era una bomba. Y aquello, lo que estaban haciendo, lo que harían, no estaba permitido. Era…
El auto entró por el camino de una vieja finca hasta detenerse frente a una casa antigua pero en buen estado. Elsa bajó del vehículo sin decir nada y le hizo señas para que la siguiera. Lo hizo. Aquello era…
Sus manos se entrelazaron cuando entraron a la casa. Atravesaron la amplia sala, subieron las escaleras con el corazón saliéndoseles del pecho. El deseo se respiraba entre ambas. Elsa se detuvo de pronto y se volvió hacia ella.
-Puedo ser valiente, solo… solo prométeme que estarás allí al amanecer.- pidió. Anna entonces solo pudo acortar la distancia que las separaba y la besó. Aquello era maravilloso.
...
Las caricias lentas, los besos húmedos, el deseo. El deseo. Elsa supo que podía morir en brazos de Anna Summers. Una Anna que estaba en todas partes, en su espalda, en su cuello, que se enredaba en sus piernas y se apretaba entre sus brazos.
El calor subía con cada roce, el aire comenzaba a escasear. Estaba en llamas, jamás había estado tan en llamas en su vida. La boca de Anna se prendió en su pecho y su lengua exploró con maestría. Elsa infló el pecho y soltó todo el aire de una sola vez. Era una tormenta que ella no quería que se detuviera nunca. Se aferró a la espalda de Anna contando pecas en la oscuridad mientras su mano descendía por su vientre. Eran estrellas, eran galaxias y ella quería descubrirlas todas, desprendió el sujetado de la pelirroja y sus pechos saltaron como frutos dulces llevó una mano hacia ellos.
Anna jadeó ante el tacto de Elsa, una mezcla de frio y calor. La primavera con el invierno. La nieve y los melocotones. Ahogó un grito en sus labios al sentir las firmes manos aferrándose a sus pantalones, que terminaron siendo arrojado a algún lugar del cuarto. La pierna de Elsa hizo presión en su centro; el mundo comenzaba a tener sentido o a perderlos ¿Cuál era la diferencia? La pregunta dejo de importarle cuando Elsa volvió a hacer presión. Apagó su mente, dejo que sus manos viajaras hacia las bragas que aun escondían la sexualidad de aquella mujer que la estaba llevando a un abismo sin retorno. Se deshizo de ellas antes de hacer lo propio con las suyas. Se hizo una pausa. El tiempo se suspendió en el aire cálido de sus alientos. Los ojos azules se derretían y volvían a crearse antes ella.
-Solo está noche.- susurró. Elsa pasó una mano por su cabello.
-Está noche y las que le siguen, Anna.- le dijo.- No quiero irme nunca de tus brazos.-
-No dejare que lo hagas.- afirmó. Elsa sonrió su mano le recorrió el largo de la espalda y se aproximó a su oído.
-Hazme tuya, Anna.- fue un pedido que estaba dispuesta a cumplir.
