Lo sé es un capitulo corto pero no quería dejarlos otra semana en suspenso. Espero les guste. Gracias por el constante apoyo y por sus palabras en los comentarios.
¡MOMENTO ELSANNA!
ACLARACIONES: SI, ES ELSANNA.
SI, CONTIENE HELSA.
SI, ES UN UA.
NO. NO SON HERMANAS. LO SIENTO.
SI, ESCRIBO SOBRE LA MARCHA Y PUEDE TENER ERRORES.
DISCLAIMER: Frozen es propiedad de Disney.
...
El sol le mordía la piel cuando despertó en aquel lecho de sábanas blancas y ventanas abiertas. Se incorporó lentamente y estiró los músculos con pereza.
-¿Elsa?- llamó al no encontrarla a su lado y no verla a su alrededor. El pánico casi se disparó dentro suyo, pero entonces notó las prendas esparcidas por el suelo. Un regadero de pólvora que llevaba al lugar de la detonación. Se puso de pie dejando las sábanas tras ella, tomo sus bragas y se las subió, no encontró su camiseta; pero la de Elsa, de un color azul cielo, estaba allí. La tela le cubrió los pechos desnudos, aproximó el cuello a su nariz, aun llevaba la fragancia de su dueña impregnada. Bebió algo de agua de la jarra que se hallaba próxima a la ventana y llevó a su boca unas hojas de menta que la acompañaban. Se aproximó al amplio balcón, las cortinas se elevaron gracias el viento permitiéndole espiar un poco del exterior de aquella finca, que como todo lo que envolvía a Elsa Arendelle, se la podía distinguir bella y única.
-Has despertado.- la voz aterciopelada a su espalda la sobresalto lo justo para hacerla girar y encontrarse con la mujer más hermosa que había visto jamás. Elsa sostenía una bandeja de desayuno y vestía nada más que su camiseta y las bragas, Anna no pudo evitar sonreír.
-Sí. um… ¿Te ayudo?- ofreció, pero Elsa negó.
-Puedo sola con ella. Mejor vuelve a la cama o ¿prefieres que desayunemos en el balcón?- preguntó.
-¡Oh, no! Desayunar en la cama suena genial.- dijo.
Se deslizó en entre las sabanas y acomodó las almohadas para que Elsa también pudiera estar cómoda.
-Espero que el café no esté tan horrendo. No puedo creer que no tengan un cafetera en esta casa.- exclamó Elsa dejando la bandeja sobre la cama y acomodándose a su lado.
-¿Lo has preparado a la vieja usanza?- indagó, la rubia asintió. Parecía tranquila, sin culpas. Anna debía admitir que no sabía cómo Elsa enfrentaría el día siguiente, y si era sincera con ella misma, ni siquiera esperaba encontrarla a su lado, y mucho menos, verla allí dispuesta a que desayunaran juntas.
-¿Quieres leche?- la pregunta corto su hilo de pensamiento.
-Sí.- respondió rápidamente.
-¿Dos de azúcar?- asintió, luego tomó la taza que Elsa le ofrecía y se quedó mirándola mientras endulzaba su propia bebida. El cabello color plata caía libre, los ojos azules tenían un brillo imposible. Anna se atrevió a decirse que podía acostumbrarse a esa visión por las mañanas. – Prepare unos sándwiches y corte algo de fruta fresca. No soy para nada amiga de la cocina así que fui por lo básico.- comentó al sentirse observada.
-Podrías haberme pedido ayuda.- respondió Anna antes de apartar la vista y clavarla en un punto imaginario de las sábanas.
-No, te veías tan linda durmiendo que no podía permitirme molestarte.- el calor subió a sus mejillas al pensar en Elsa observándola mientras dormía. Se sintió algo tonta, teniendo en cuenta lo que había sucedido y que ahora ambas estaban en bragas y con la camiseta de la otra. Sonrió con simpleza tratando de apartar la sensación de que había algo en el aire de la habitación, algo muy parecido a la tensión; una especie de incomodidad extraña. Le dio un sorbo a su café al mismo tiempo que Elsa.
-¡Oh!- exclamó, la rubia también lo hizo.
-No tienes que beberlo.- se apuró a decirle, Anna rió por lo bajo disolviendo aquella sensación por completo.
-No es tan malo.- respondió, Elsa elevo una ceja escéptica.- De acuerdo, esta repugnante. Pero he bebido el café irlandés de Kristoff y a lado de esa cosa esto es el mejor café del mundo.- aclaró, Elsa negó dejando de lado su taza.
-Te prometo que mandare a comprar una cafetera para la próxima.- masculló antes de tomar un cubo de fruta y llevárselo a la boca. Anna se mordió el interior de la mejilla y su pulso se disparó "¿Habrá una próxima vez?" No se atrevió a mirar a Elsa solo dejo la taza sobre la bandeja y tomó un sándwich.
-O simplemente podrías despertarme y pedirme ayuda.- murmuró. Elsa clavó los ojos en los suyos como si cerraran un trato del que no podían hablar y sonrió.
-De acuerdo.-
...
La verdad la finca era dos lugares distintos al mismo tiempo. Por dentro, lujosa, una especie de mansión aristocrática del siglo XVIII. Un lugar que lo dejaba a uno sin aliento. Pero por fuera parecía una simple y acogedora granja. Con graneros y cobertizos de madera angostos para el ganado, amplios y de techos en punta para almacenar el forraje. También entre las colinas se podían encontrar construcciones de piedra, más antiguas que la casa misma, lugares para almacenar maquinaria, pequeños puestos para que los peones descansaran. Elsa siempre había tenido un alto aprecio por aquella propiedad perteneciente a la familia de su madre. Siempre le había gustado respirar la paz, el aire limpio de la granja Winter.
-Este lugar es maravilloso.- Anna dejo soltar aquella palabras junto a un suspiro de admiración. Ella la miró con una sonrisa y sintió vértigo al verla tan bella, tan rodeada de verde.
-Sí. Es una pena que ya ninguno de nosotros venga aquí y que mi madre esté pensando en venderla.- dijo con una amargura que no se esperaba. Anna se aproximó a un árbol cargado de ciruelas sin recoger.
-¿Venderlo? ¿Hablas enserio?- cuestionó. Elsa aspiró el aroma conocido de la tierra, del verdeo de los árboles, del musgo y asintió.
-Mi padre lleva años diciendo que es una propiedad que solo causa pérdidas, y creo que mi madre opina lo mismo, pero jamás se atrevió a venderla.- dijo, Anna arrancó dos ciruelas de árbol y le arrojó una, Elsa la atrapó y la hizo girar para inspeccionarla.
-¿Por qué crees que no la ha vendido?-
-Esa es una buena pregunta. La verdad es que no lo sé… Fue la casa en la que se crió, tal vez tiene demasiados recuerdos que la unen a ella.- Anna limpió la ciruela y luego le dio un mordisco. Elsa se quedó mirándola embelesada, parecía una criatura hetera, salida de algún cuento fantástico. Por un segundo se preguntó ¿Qué estaba haciendo allí y con ella? ¿Por qué la había elegido?
-Pero antes era una granja, no es así.- señaló la joven. Elsa apartó la vista de ella.
-Lo era. Una de las granjas de mayor producción en la región. Mi abuela materna era la conocida entre los ganaderos como "la gran dama". Ella llevaba los negocios, ella trabajaba codo a codo con los peones y capataces. Supongo que por eso era una mujer tan dura y exigente. No recuerdo un solo día en que ella le diera un abrazo a alguien.- comentó luego mordió la ciruela, el jugo dulce le llenó la boca.
-Suena un poco como tú.- dijo Anna. Elsa masticó la fruta y meditó un poco aquella respuesta, al final tuvo que admitir que sí, su carácter se parecía mucho al de su fallecida abuela.
-Yo no tendría el coraje de llevar adelante un lugar como éste.- dijo. Anna arrojó el corazón de su ciruela junto al árbol. Un viento sopló y las hojas cantaron una melodía apagada.
-Es una pena.- susurro ella como si sus palabras fueran parte de aquella música, caminó unos pasos y se quedó mirando la extensión de colinas y valles, de graneros sin usar, de pasto que ya no alimentaba a ningún ganado. Elsa dejó caer el corazón de la ciruela. Su mano rozó la de Anna cuando se paró a su lado y su corazón se atragantaba. Se sentía inestable parada allí. Estaba tan llena de felicidad, de entusiasmo y al mismo tiempo de congoja. Las imágenes de la forma en que la había tocado la noche anterior la llenaban de un deseo desconocido. Estaba aterrada, y a la vez, jamás había sido tan valiente. Movió las manos para rozar la piel de Anna, pero ella la tomó de los dedos para entrelazar sus manos. Elsa estudió su perfil, luego sus manos unidas; aquel momento tenía el sabor de lo imaginario. Su pecho burbujeo como si fuera libre de elegir quedarse allí para siempre, y sin embargo, sabía que no conocía la libertad. Sonrió tal vez Anna podía enseñarle un poco de todo aquello.
...
Toda la magia de ese día a Anna le estaba rompiendo el corazón. Porque sabía, muy en el fondo sabía que esa felicidad tenía fecha de caducidad. Las copas de los árboles, los pastos de un verde correcto, la piel caliente de Elsa, su risa suave, todo desaparecería. Pasó saliva "Eras consiente de eso cuando aceptaste. Eras consiente de que ella iba a casarse, de que solo sería un día, un vez… nada más" Suspiró, dejo que todos sus pensamientos se le deslizaran por los hombros y los dejo caer. Se volvió solo para encontrarse con los ojos de un azul que la dejaban sin aliento.
-¿Qué?- preguntó con el cuerpo temblándole desde su centro. Elsa acortó la distancia y deslizó una de sus manos por su cintura.
-Estaba pensando en que tal vez te bese.- murmuró con voz ronca. Anna se sintió deseada. Estaba lista para que le rompieran el corazón, para que Elsa se lo arrancara del pecho para siempre.
-Hazlo entonces.- soltó sorprendida de su propio coraje.
Sus labios se tocaron, suaves, tibios. Se buscaban la una a la otra. Elsa retrocedió, Anna le devolvió la mirada. Un segundo beso llego más intenso, más cargado de deseo. La rubia volvió a retroceder estaba vez alejando su cuerpo.
-¿Eso es todo?- quiso saber Anna. Elsa sonrió, su mano le acarició el pelo, luego su espalda hasta que se aferró a su muñeca.
-Ven.- dijo.
La siguió por entre los arboles a través de un mundo iluminado por la sonrisa en su rostro. Cruzaron pastos altos, saltaron una cerca pintada de blanco. Entraron a una vieja construcción de piedra, subieron una escalera cubierta de moho y de pronto estaban en un cuarto de descanso para los peones. Anna rió.
-¿La casa nos quedaba muy lejos, verdad?- cuestionó pasando las manos alrededor de su cuello, acercando a Elsa tanto como le era posible. Si iba a tenerla poco tiempo lo aprovecharía al máximo.
-Una vez mi abuela me dijo que los negocios y el dinero no eran todo en la vida, por ese entonces ella era anciana que vivía en una granja y yo era un joven algo tonta… Así que, no conseguí creerle.- Sus manos se aferraron a la cintura de Anna.- No lo hice hasta que te conocí.- la garganta le tembló y el aire de la habitación desapareció.- Voy a romper el compromiso, quiero ser libre para ti.- la sombra que crecía en el corazón de Anna desapareció. Una dicha infinita la atravesó, como mil fuegos en un invierno eterno. Besó a Elsa entonces; un beso profundo, intenso, lento, cuidadoso.
-Te estaré esperando entonces.- logró decir apoyando su frente en la suya.
-Tal vez tarde unos días.- aclaró Elsa, sabiendo que aquella sería una batalla dura. Pero Anna no le importaba, tenía una vida para esperarla.
-Allí estaré esperándote.- le besó las mejillas, el cuello.- Ahora solo hazme tuya.- pidió antes de que Elsa la empujara contra una de las pequeñas camas. Cayeron y el cuerpo de Elsa estaba sobre el suyo, apretándolo como si de aquella forma pudiera impedir que Anna escapara. Ella deseó que el tiempo se detuviera por completo, no quería ir a ninguna parte.
Las manos de Elsa se apoyaron sobre su cintura y el calor atravesó la tela de su camiseta. Mientras sus dedos deshacían la trenza y los cabellos platinados caían como cortina sobre su rostro. Se besaron, no con la suficiente rapidez, no lo suficientemente profundo para expresar lo que sentían. Pero para Anna el mundo se estaba reduciendo al roce de los labios de Elsa sobre su piel.
Los dedos largos desprendieron la camisa de su amante, la piel de Elsa era blanca como el algodón; Anna le mordisqueó el hombros y obtuvo una caricia en el vientre como respuesta. Las manos firmes la sentaron para quitarle la camiseta, y cuando lo hizo, de un movimiento invirtió sus posiciones. Se sentó a horcajadas sobre Elsa, y sonrió como si hubiera ganado una batalla.
-Señorita Arendelle, que pensarían sus gloriosos antepasados si la vieran ahora.- dijo tomando a Elsa de las muñecas y aprisionándola contra la cama.
-Creo que me tendrían envidia.- respondió Elsa empujando su cadera contra el centro de Anna, ella comenzó a mecerse lentamente antes de besarla. Pronto la ropa comenzó a molestarle a ambas por lo que hicieron una pausa para que la una desvistiera a la otra entre susurros y caricias.
Sin las barreras de la ropa se tumbaron en la vieja cama, Elsa tomo entre su labios uno de los senos de Anna mientras sus dedos empezaban a trazar dibujos en su vientre. El aire se llenaba de la tormenta que ambas tenían bajo la piel. Anna gimió y arqueó la espalda cuando Elsa mordisqueó el otro seno y sus dedos se deslizaban a su entrepierna húmeda. Dispuesta a recibirla a ella, solo a ella. Elsa se paseó por los bordes sin llegar al centro, le recorrió los muslos.
-Por favor.- rogó Anna y fue complacida. Sus manos se aferraron a la espalda desnuda de la mujer que ahora la miraba con un brillo de estrellas en los ojos. Gimió con fuerza, la mano de Elsa era delicada pero firme, dura; con movimientos lentos, profundos que hacían que los cuerpos encajaran como engranajes. Anna la aproximó, la besó hundiendo su lengua en ella, buscando robarle el aire. Pero se separó, se separó porque el mundo se estaba fragmentando.
-¡Elsa!- exclamó.
-Aquí estoy, Anna. Aquí me quedare.- y con esas palabras ella se transformó en partículas que llenaron la habitación.
...
Elsa alisó uno arruga invisible en la manga de su traje color oscuro. Había dejado a Anna en su casa esa mañana y tras un fin de semana desaparecida pensó que encontraría a Hans hecho un furia en la pequeña casa, pero de él no había más rastro que su ropa en los armaros. Sin embargo, se encontró con un par de llamadas en su casilla de parte de su padre, quería verla en la oficina lo ante posible. Así que allí estaba, el ascensor se detuvo en el último piso del edificio.
-Buenos días, Elsa.- la saludó la secretario de su padre.
-Buenos días, Audrey. ¿Él está ocupado?- cuestionó.
-Solo pase, él ordenó que si aparecía tenía que cancelar todas sus reuniones y tomar todas sus llamadas.- Elsa elevó una ceja y la secretaria se encogió de hombros.
-De acuerdo, no lo hare esperar más. Y por cierto Audrey, gracias por enviarme los informes la otra noche.- dijo aproximándose a la puerta y sacudiendo la carpeta que llevaba en la mano.
-No ha sido nada. Me gusta ser útil, Elsa.-
Entró sin golpear y encontró a su padre encorvado sobre unos papeles. El gran escritorio de roble y el alto techo lo hacían parecer pequeño, pero no lo era.
-Buen día, padre.- lo saludó al aproximarse a uno de los sillones de cuero dispuestos para las visitas.
-Hasta que te has dignado a aparecer.- masculló él sin levantar la vista de los papeles, una táctica que Elsa le conocía bien. Se sentó recta y apoyó la carpeta en sus rodillas.
-Me parece que tenemos que hablar.- dijo, su padre soltó un gruñido bajo antes de cerrar el contrato que leía y arrojarlo sobre una pila que tenía a un lado.
-A mi también me parece que tenemos que hacerlo.- concordó, cruzó las manos sobre el escritorio y clavó los ojos en ella. Magnus Arendelle era un maestro en aquello, los silencios, los tonos de voz, las miradas.- ¿Quiero que me digas en que diantres estás pensando?- preguntó. Elsa apretó la mandíbula ante el tono frío.
-Si pudieras ser más específico...- dijo elevando una ceja de incertidumbre, ella también era una maestra.
-¡Estoy hablando de tu relación con ese estúpido muchacho!- exclamó. El rostro de Elsa tuvo que demostrar asombro porque su padre negó con la cabeza antes de tirar sobre el escritorio un juego de fotografías. Elsa las tomo, paso una tras otra.
-¿Qué demonios?- cuestionó. Tenía que ser una broma, un juego sucio de algún paparazzi. Eran fotos de ella y Krommer. Él cargándola en hombros, ambos riendo, él besándola en la mejilla; aunque por el Angulo de la fotografía era difícil saber que no lo hacía en los labios. Elsa rió por lo bajo.
-¿Puedo saber que es tan gracioso?- Su padre era de piedra. Ella apoyó las fotos sobre el escritorio.- ¿Sabes cuánto tuve que pagar para que esa mierda no saliera a la luz?- la risa se borró de su rostro, pero no de sus ojos.
-Pues déjame decirte, padre, que te vieron la cara.- replicó ella impávida. Su padre apretó los dientes.
-¿Ah, sí? entonces dime querida hija ¿dónde estuviste metida el fin de semana? Porque tuve a tu prometido tirando fuego por la boca en la casa en varias ocasiones y a su padre llamándome para averiguar de tu paradero.- el cuerpo de Elsa se tensó. Si su padre se enteraba de Anna…
-Estuve en la finca Winter.- se apuró a responder. Su padre se dejó caer contra el respaldo de su silla.
-Elsa… ¿Eres consiente acaso todo lo que la compañía se ha jugado tras anunciarse el compromiso? ¿Sabes cuánto hemos invertido y cuanto podemos perder si Hans decide que ya no te quiere para calentar su cama?- el coraje le subió al pecho, aquella palabras eran cuchillos. Su padre se puso de pie.- Westergard está invirtiendo mucho dinero en mi campaña para el senado y si su hijo decide botarte ¿Dónde creer que quedo yo?- preguntó, los pasos sonaron por la habitación. Las paredes se comenzaron a cerrar entrono a ella.
-Podemos salvar las inversiones, tenemos gente que está dispuesta a quedarse a pesar de que la alianza no se lleve a cabo.- dijo. Su rabia era contenía en un pañuelo de seda que podía romperse.- Tu campaña puede solventarse tranquilamente con el dinero que poseemos. El club acaba de ganar el campeonato. ¡No somos unos miserables, padre! Tenemos dinero de sobra, la empresa puede salir a flote aunque tenga tres años sin ganancias. ¡Mi matrimonio no es un maldito contrato de negocios!- explotó.- ¡Mi vida no es un negocio! ¿Qué hay de lo que yo quiero?- se tomó el tiempo de respirar antes de tender la carpeta a su padre. Él la tomó sin decir nada, mirándola con aquellos ojos tan azules como los suyos.
-¡Quiero el club de vuelta! Si no deshaces el contrato de venta esos papeles serán llevados antes un abogado y tendremos que ir a juicio.- dijo. Magnus Arendelle rió, una carcajada tras otra.
-¿Todo es por esto? Tu berrinche de recién. Tu amenaza de que… que no te casaras con Westergard ¿Es por esto?- volvió a reír.- ¿Elsa, cuando dejaras de ser una niñas?- preguntó su padre y ella no pudo no sentirse insignificante.
-No es por eso. Yo… no estoy enamorada de Hans.- admitió, el pulso saltando, las manos heladas. La expresión de su padre se volvió glaciar.
-¡Deja de ser una niña! La vida es un negocio, Elsa, siempre lo es. Y ahora tú tienes en tus manos el destino de la compañía. Deja tu corazón de lado y piensa con la cabeza, joder. Cásate con Westergard, cierra el maldito trato y luego revuélcate con Krommer o con quien quieras pero no arruines el negocio.- el alma de Elsa se sintió acorralada, no podía respirar. Sabía que no iba a ser fácil romper el compromiso, pero no esperaba eso de su padre; sino de Hans.
-Padre, tú no puedes pedirme eso…- sintió las lágrimas amenazando.
-Escucha, yo recupero el club y Krommer se queda aquí. ¿Eso te haría feliz? ¿Eso te convencerá para que te cases?- preguntó apoyando las manos en los hombros de su hija.
-¿Y si… y si no quiero casarme con Hans?- la mano le apretó el hombros con tal fuerza que casi la hace doblarse sobre sí misma.
-Dejaras de ser mi hija.- susurró en su oído. Elsa vio el mundo desmoronarse, el frio le lleno los rincones. El agarre en sus hombros desapareció.- piénsatelo bien, ninguna aventura vale perder a tu familia.- Magnus se reacomodo en su silla.- Ahora ve a ver a Hans y dile donde te encontrabas antes de que Frank vuelva a llamarme.- Elsa sintió las cadenas en sus manos. Y cuando salió de la oficina en silencio algo se fracturó tan completamente en su interior que supo que no había esperanza de arreglarlo ni ahora, ni nunca.
En el amor siempre había algo que perder y ella solo debía ser un poco más valiente.
