¡Hola, queridos lectores! Lamento mucho la tardanza. Tuve una especie de bloqueo que no me dejaba continuar, pero ahora parece que he encontrado la luz. Espero les guste el capítulo.
Quería consultarles si les apetecería leer un Diakko porque realmente tengo muchas ganas de escribir algo de esa pareja.
En fin, espero sus respuestas y sus comentarios.
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ACLARACIONES: SI, ES ELSANNA.
SI, CONTIENE HELSA.
SI, ES UN UA.
NO. NO SON HERMANAS. LO SIENTO.
SI, ESCRIBO SOBRE LA MARCHA Y PUEDE TENER ERRORES.
DISCLAIMER: Frozen es propiedad de Disney.
(…)
-No podemos sentar a ella junto a él. Terminarían peleando y manchando de sangre los manteles de lino.- comentó Hans en un intento de broma. Elsa solo asintió, borrando el nombre que acaba de escribir en el esquema de ubicación de las mesas. Hans suspiró al darse cuenta que él había sido el único en reír. Se sentía frustrado, ya no sabía que más hacer para que Elsa le perdonara la maldita reacción que había tenido hacia un par de semanas. Desde ese día, y tras su desaparición, ella no parecía ser la misma. Era algo en sus ojos, una nebulosa oscura y triste que él no soportaba.
-¿Qué hay de Claesson, podemos sentarlo junto a lord Berg?- cuestionó ella con el ceño fruncido.
-No, el viejo lord tiene una riña económica con Claesson desde la última crisis de su empresa.- El anillo de compromiso de Elsa brilló ante la luz del sol cuando escribió otro nombre.
-Esto es como un juego.- Hans la miró con gesto interrogante.- Me refiero a todas estas piezas que parecen competir por poder y dominación. Dispuestos a derramar sangre si fuera necesario. Parece algo tonto.- concluyó con tristeza.
-Sí, esas parecen ser las reglas del juego aquí.- concordó él. La imagen de su padre y sus palabras lo travesaron como un rayo. "Te quedaras sin nada, Hans. Si ella te deja porque no supiste controlar tu carácter juro por dios que te dejare sin nada."
-… Lo sé. Es un pensamiento tonto.-
-Perdona ¿Qué decías?- preguntó al darse cuenta que solo había captado una parte de aquella frase. Elsa escribió un nuevo nombre en el esquema.
-Oh, nada realmente, solo que este mundo es todo apariencias. Que bajo la elegancia y la riqueza no somos más que criaturas primitivas, ambiciosas, que no podemos ver más allá para buscar nuestra verdadera felicidad.- Elsa suspiró. Hans sintió un calambre en el estómago en el mismo momento en que ella levantaba la vista para estudiar el enorme salón de baile donde se realizaría la recepción. La brisa que se coló por una de las grandes ventanas pareció esparcir el silencio entre ellos. Él estiró su mano vacilante y tomó la de ella.
-Yo… si he encontrado mi verdadera felicidad.- Elsa lo miró. Los ojos opacos que no se contagiaron de la sonrisa que tardó en segundo de más en llegar. Un segundo que a él le fue suficiente... Su corazón lo sabía desde hacía tiempo; pero ese segundo de ausencia le había bastado para confirmarlo. Ella ya no lo amaba.
(…)
-¿Pensaste de qué color vas a querer las rosas? ¿Blancas? ¿Rosadas? ¿Amarillas? ¿Rojas..?- preguntó Cruela que había dejado de caminar por enorme salón de baile del antiguo palacio en cuanto ellos terminaron de ordenar la distribución de las mesas, pero que aún blandía su bolígrafo como si fuera una espada.
-Rojas no.- no era que Elsa odiara las rosas rojas, era solo que el rojo era un color pasional y no sentía pasión alguna por su propia boda.
-Y tampoco amarillas. Me hace pensar en abuelas enfermas.- Hans rió por lo bajo.
-Verdes o azules, tal vez.- agregó él mientras observaba el alto candelabro del techo.
-No, no. Creo que rosadas seria el color perfecto.- argumentó Cruela. Ella se encogió de hombros que banal parecía esa charla. Colores de rosas… Ja, ¿Cómo si eso importara? Se suponía que la boda se trataba sobre el amor y si ella fuera a casarse con…
Suspiró.
-El color que quieras está bien.- dijo mirando a Hans, se aproximó a él. Sabía que realmente lamentaba la explosión de furia que había tenido y había intentado enmendarla. Flores, regalos, incluso le dijo que podían quedarse a vivir en la vieja casa si era lo que deseaba. Él había estado actuando como al principio. Como si deseara conquistarla una vez más. Le tomó la mano y lo sintió un gesto lejano. Si tan solo él supiera la verdad. Si ella tuviera el coraje…
-Creo que deberíamos traer a la florista para que vea el lugar y que ella decida.- comentó él.
-No, yo lo decidiré. Pero deberías traer a la muchacha de todos modos, para que tenga una idea de las dimensiones y haga el pedido con antelación. Necesitará muchas flores y demás adornos verdes.- comentó Cruela.
-¿Ya tienes a una chica?- cuestionó Elsa. Hans asintió con una ligera sonrisa.
-Algo así, fue idea de tu madre. Me la recomendó ese fin de semana que te tomaste en la finca Winter.- el corazón de Elsa se detuvo.
-¿Mi… mi madre?-
Ella no pudo ser capaz de…
-Se trata de tu amiga, la joven Summers. Anna Summers.-
Anna, el simple nombre fue una catástrofe. Trató de mantenerse impasible, pero supo que no lo logro cuando Hans frunció el ceño.
Cualquiera menos ella.
-Pensé que te agradaría la idea.- comentó su prometido ahora algo contrariado por su reacción.
-No es que no me agrade. Es solo que no creo que la tienda de Anna se dedique a… este tipo de eventos.- murmuró. Hans sonrió como para alivianar el peso.
-Pues aún no he hablado con ella. Pensaba hacerlo mañana. Podría preguntarle y en caso de que no lo haga puedo buscar a alguien más, tal vez, incluso, pueda darme una recomendación.-
Sintió un hueco en donde había estado su corazón, bajó la mirada al suelo y soltó la mano de Hans. ¿Cuánto daño estaba haciendo? ¿Cómo le explicaría a Anna? ¿Cómo la afrontaría ahora que sabía que su boda seguía adelante? La voz de Cruela se escuchó, hablando de alfombras.
-Yo… me gustaría que me dejaras a mi esa charla.- pasó saliva al tiempo que jugaba con sus manos.- Si no te molesta, claro está.- murmuró y se maldijo cuando escuchó un deje de súplica en su tono. Hans se había aproximado, le sujeto el mentón y la obligó a mirarlo. Guardaron silencio. Elsa no se atrevió a mover un musculo, pero quería susurrar, decirle de una vez que no podía ser su esposa. Las cejas color cobre de él se alzaron ligeramente en un gesto triste, luego asintió dando un paso atrás.
-¿Hans, que te parece este espacio para la banda?- cuestionó Cruela. Él se volvió hacia la mujer.
-Me parece perfecto.- dijo antes de redirigir la mirada hacia ella.- Ve y habla con ella entonces. Arregla lo que debas arreglar.- y con eso se alejó.
(…)
-¡Kristoff! ¡Kristoff! ¿¡Podrías hacer algo de lo que llevo horas pidiéndote!?- Anna gruñó al no obtener respuesta alguna a sus gritos.- Como es posible que no pueda mover unas simples bolsas ¿recuerda caso que soy su jefa?- masculló entre dientes antes de simplemente saltar sobre el mostrador para ser ella quien llevara a cabo el trabajo. Colocó un par de bolsas más de fertilizante en la carretilla a pesar de que su espalda no estaba del todo bien tras las noches que paso durmiendo en su sofá tratando de buscar respuesta que tal vez no existían y mientras recordaba momento que no volverían. Resopló con frustración, tendría que dejar a Elsa de lado para siempre. Tomó los mangos y la levantó, pero no pudo llegar muy lejos tras un par de pasos un tirón de la zona lumbar la hizo soltar un grito y la carretilla se tumbó de lado en el preciso momento en que Kristoff aparecía cargando una tanda de masetas.
-¡Anna, por los dioses!- exclamó él aproximándose.- ¿Cómo se te ocurre levantar algo así? ¿Te encuentras bien?- le preguntó dejando de lado toda tarea y aproximándose para ayudarla.
-Llevo una buen rato llamándote.- le reclamó antes de pasar su mano por la zona que aún le dolía mucho.- ¡Ay! ¡Maldita sea! Pensé que podría llevarlo yo. No es tan pesado, suelo cargar cosas peores. Es que si no me doliera la condenada espalda.- bramó. Kristoff soltó un suspiró, el creciente mal humor de Anna había llegado al tope.
-Ya, no te preocupes. Venga, déjame ayudarte.- ofreció una mano pero la pelirroja la apartó de un golpe.
-¡Todo esto es tu culpa! ¿Dónde diantres estabas? Te recuerdo que yo soy tu jefa, no puedes hacer las cosas a tu antojo. Te necesitaba aquí. ¿Dónde estabas metido?- preguntó con enojo. Su amigo se cruzó de brazos y la dejo soltar todo el enfado que llevaba dentro.- No te quedas parado allí. Recoge las condenadas bolsas o has algo. ¡Ayúdame, joder! No ves que no puedo con todo yo sola.- se irguió soltando un gruñido y su voz se fue ahogando con la amargura que la invadía.- ¡Ve a trabajar, maldita sea!- exclamó. Cuando las lágrimas corrieron por su mejilla, Kristoff ya la abrazaba con fuerza.
-Todo estará bien.- susurró. Para Anna aquel fue un detonante que rompió por fin el dique que tenía por dentro.- Solo déjalo salir…- las lágrimas no llegaron a empapar la camisa de su amigo. Anna lo apartó con delicadeza.
-Ya. Estoy bien.- murmuró. Kristoff se cruzó de brazos.
-No tienes que hacerte la fuerte conmigo.- Ella asintió y levantó el mentón en alto.
-No me hago la fuerte, lo soy. Esa es la diferencia entre ella y yo.- su amigo la observo de hito a hito, esperando tal vez que aquellas fuerzas franquearan; pero no lo harían. Anna había sabido muy bien el terreno sinuoso en el que se metía desde el primer día.
-De acuerdo.- masculló Kristoff antes de tomar el mango de la carretilla.- pero si necesitas hablar recuerda que soy tu amigo.- agregó. Anna sonrió agradecida.
-Lo haré…- Kristoff también sonrió.- Siempre que recuerdes que yo soy tu jefa.- agregó entonces para aligerar el ambiente. Su amigo soltó una carcajada.
-¡Cómo podría olvidarlo, jefa!- exclamó antes de rodar los ojos y soltar un suspiro cansino. Ella lo despidió con un gesto que le indicaba que vaya con precaución. Aquella rutina era todo lo que necesitaba para que su mente no terminara llevándola hacia Elsa nuevamente. Suspiró dispuesta a volver a los libros de pedidos cuando una voz conocida la hizo dirigir la mirada hacia la entrada.
-Señor Westergard, que sorpresa verlo aquí.- Hans paseó la mirada por el lugar y asintió.
-¿Tendría un momento para hablar conmigo en privado, señorita Summers?- cuestionó. El corazón de Anna pareció soltar un suspiró y asintió.
-Seguro. Por aquí.- y señalándole el camino lo guió hacia el fondo de la tienda.
(…)
-¡Hola! ¿Hay alguien en casa?- Elsa se sorprendió al no ser recibida por Kai ni bien cruzó el umbral en la casa de sus padres.- ¿Hola?- llamó dejando de lado su chaqueta azul oscura y su bolso a juego. Esperó una respuesta pero no encontró más que silencio. Se encaminó entonces hacia la biblioteca, donde su madre acostumbrada tomar el té.
Allí la encontró. Idun estaba con la vista fija en un libro forrado en cuero oscuro, los finos lentes pendían de la punta de su nariz y si se percató de su presencia no lo dejo notar.
-¡Hola, extraña!- saludó. Su madre entonces le sonrió, dedicándole una leve mirada.
-Te escuche llegar, sabes. Ese carro que conduces últimamente hace cada vez más ruido.- dijo haciendo al tiempo una seña invitándola a aproximarse. Así lo hizo, ignorando adrede el comentario sobre su auto.
-¿Esperabas a algún invitado?- cuestionó al ver dos tazas de té descansando en la mesa junto a la tetera.
-No. Pero mi instinto me dijo que le pidiera a Gerda poner dos tazas y parece que no me equivocaba.- le sonrió una vez más. Elsa tomó asiento en un cómodo sillón frente a ella.
-Tal parece que no. Dos de azúcar para mí, por favor.- su madre asintió. El aire se llenó del aroma a la manzanilla y mosqueta de la infusión.- Gracias.- dijo y guardó silencio mientras revolvía el líquido color rojizo.
-¿Y bien?- cuestionó su madre quitándose los lentes y dejándolos de lado al igual que hizo con el libro. Ella soltó un suspiro y bebió un poco de té antes de responder.
-Ya casi tenemos todo resuelto. Terminamos de ubicar a los invitados… el salón es maravilloso. Cruela se encargara de elegir el color de las flores y Aurora me llamó está mañana para confirmarme que termino de hacerle los últimos ajustes al vestido.- lo ojos color azul la estudiaron tras la taza y ella esperó.
-Estas muerta de miedo ¿No?- Elsa desvió la mirada.
-Mm… ¿Se ira en algún momento? Digo, esa sensación.- cuestionó. Su madre depósito a taza junto a los lentes y el libro.
-Bueno... eso depende de que sea lo que te atemoriza, Elsa. ¿Es la boda o es tu padre?- sus ojos encontraron rápidamente los de su madre. No esperaba aquello, definitivamente, no lo hacía.
-Tu…-
-Soy su esposa desde hace casi treinta años, cariño. Lo conozco, además, se muy bien que tornillos ajustar para hacerlo hablar. No creas que se casó conmigo solo por mi belleza y el dinero de mi padre.- apoyó con cuidado la taza en su regazo, miró al vacío un segundo. Tomó aire. Aquella mujer era su madre y si no podía abrirle su corazón a ella, no podría hacerlo con nadie. Revolvió la infusión lentamente sin atreverse a levantar la vista.
-No sabría qué hacer si él cumpliera su promesa. Yo…- buscó los ojos de su madre.- Ustedes lo son todo para mí. La familia siempre ha sido lo más importante en mi vida y no podría… Ni siquiera me atrevo a pensar en perderlos por…- guardó silencio al notar el temblor en su voz. No debía permitirse llorar.
-Elsa, escúchame- su madre se había puesto de pie y le sacó la taza de las manos para depositarlo en la seguridad de la mesa.- Tu padre… él jamás haría algo así. Jamás te haría algo así a ti. Tú eres su niña. Desde que naciste siempre lo has sido. Tus hermanos y tú significan más que nada en el mundo. ¿Por qué crees que dejo a Tarzan marcharse? ¿Por qué piensas que aún no ha dejado a Gogo sin un centavo?- Idun se recostó en él apoya brazos de su sillón y se estiró para tomarle la mano.- Tu padre no es un ogro. Solo no sabe cómo tratarlos. Pero te aseguro que para él, el sol nace y se pone en ustedes, en sus sonrisas. Él nunca te haría nada tan terrible.- las lágrimas ya asomaban los ojos de Elsa y se deslizaban lentamente por sus mejillas.
-Es por eso que no puedo decepcionarlo.- masculló.- Lleva tanto orgullo de mí que si yo me fuera con…- vaciló, pero su madre asintió.
-Vete con ella, Elsa. Déjalo todo, que cuando regreses tu padre y yo te recibiremos con los brazos abiertos.- su madre la abrazó porque ya no podía detener las lágrimas.- Estarás bien.- le dijo.
-Lo sé.- masculló. Un beso cayó sobre su frente.
-No, no lo sabes. Pero yo sí. Eres valiente, hija, eso también lo sé.-
