Estamos tan próximos al final de esta historia que quiero llorar. Voy a trabajar mucho para que esté a la altura de lo que ustedes esperan.

ACLARACIONES: SI, ES ELSANNA.

SI, CONTIENE HELSA.

SI, ES UN UA.

NO. NO SON HERMANAS. LO SIENTO.

SI, ESCRIBO SOBRE LA MARCHA Y PUEDE TENER ERRORES.

DISCLAIMER: Frozen es propiedad de Disney.

...

Hans Westergard contemplaba en silencio el enorme sauce a través de la ventana de la pequeña oficina, y Anna lo contemplaba a él con un par de taza de café de por medio. El hombre era más hermoso de lo que podía admitir, ella misma podría a haber caído ante esos ojos verdes y esa sonrisa que ahora estaba ausente.

-Una vez escuche una leyenda, creo que me la conto mi niñera, hablaba de un sauce mágico y de una mujer que podía ver a través de tiempo.- comentó él sin despegar la vista del árbol. Anna carraspeó.

-Los sauces son arboles mágicos, al igual que las hayas.- afirmo ella. Él se volvió a verla y sintió sus manos temblar. Estaba nerviosa, no podía negarlo. Después de todo, había tenido relaciones con la prometida del hombre que tenía sentado antes sí. Suspiró.

-Sí. Las hayas tenían ese poder… el de los hombres que podían ocultarse dentro.- intento recordar, pero lo dejo en el aire.

-Señor Westergard, ¿ha venido usted a hablar conmigo de árboles mágicos? Porque si es así no soy ninguna experta en eso y dudo que yo pueda…- se calló súbitamente. Su expresión de sorpresa estaba dirigida a la mano que Hans sobre la suya.

-Lo siento. No es de eso sobre lo que quería hablar, sino, de Elsa.- el corazón de Anna se detuvo, una capa de niebla cayó sobre los ojos de él.

-Ella…-

-Eres su amiga ¿no es así?- le preguntó.

-No sé si pudiera decir que somos "amigas".- Anna pronuncio lentamente.

-Elsa tiene una conexión contigo, puedo verlo. Es como si ella brillara.- el comentario la hizo sentir incomoda.

-No creo que…-

-Yo creo que sí y estaba pensando que tal vez tú puedas decirme porque ella...- hizo una pausa como si buscara acomodar sus ideas. Una bola oscura llena de espinas se enredaba dentro del pecho de Anna. -Pensé en hablar con Tiana, pero ella no me dirá nada. Es tan fiel a Elsa que es absurdo. Y entonces pensé que tu… el chico que trabaja contigo… acaso él y Elsa…-

-No.- afirmó con rapidez. Su pulso se disparó, se liberó del agarre de Hans.

Esto es tú culpa. Amante. Eres su amante.

La voz de su conciencia se transformaba en su enemiga. Pero ella no podía. No le correspondía decirle nada.

-Primero, déjeme decirle que no creo que deba ser a mí a quien usted haga este tipo de preguntas.- tranquilidad, tenía que mantenerse tranquila. Le sostuvo la mirada como si pidiera perdón.- Creo que a quien debería preguntarle es a Elsa. Y segundo, si es que lo deja más tranquilo, déjeme asegurarle que Kristoff no tiene nada que ver con su prometida.- su corazón sintió el golpe de aquella palabra.

Eres tú. Tú eres la culpable.

Se preguntó en que había estado pensando en el momento que se permitió cruzar las barreras con Elsa. ¿Pero que decía?, si no había pensado en absoluto.

Hans se acomodó la corbata y paso la mano por su cabellera color fuego. Suspiró. En sus ojos se veía la derrota.

-Tal vez… tenga razón.- murmuró.- Pero no puedo hablar con Elsa. Si lo hago… No quiero perderla.- confesó.

Anna se sintió una intrusa. Una ladrona. Estaba sucia. Tan, pero tan sucia.

-Lo siento.- logro decir mientras la bola oscura se transformaba en algo venenoso. Hans le dedico una mirada como si entendiera su silencio.

-No tiene usted la culpa de nada.- dijo con una falsa sonrisa y se puso de pie.- Gracias por su tiempo y lamento haberla importunado con esto.-

-No tiene que disculparse.- logró articular. Hans se encogió de hombros antes de mover la cabeza como si hubiera recordado algo importante.

-Por cierto, Elsa vendrá a verla en estos días, sería mucho pedir que no mencionara que yo…-

Las alarmas de Anna se encendieron ante aquella información.

-Tranquilo, no diré nada.- se apresuró a asegurar, tratando de no sonar ansiosa pero no pudo con su curiosidad.- Espere, ¿Elsa vendrá?- Hans parecía recuperado, ya no veía la oscuridad en sus ojos como hacia un instante.

-Sí, pero no puede decirle más. Esperó volver verla pronto, y una vez más, gracias por la charla y el café.- Anna se puso de pie.

-Déjeme acompañarlo-

-¡Oh! no es necesario. Conozco el camino y no terminaste tu café.- señaló. Anna ni siquiera se había dado cuenta de aquello.- no te robare más tiempo. ¡Adiós Anna!- y sin más se marchó como había llegado, como si fuera una sombra. Una sombra que la envolvió en preguntas.

...

Elsa estaba sentada en las gradas y maldecía a su hermana en cada pensamiento. Llevaba un par de días evitando la visita a Anna, a pesar de que Cruela la había llamado y amenazado con contratar a cualquier florista de la ciudad si ella no hablaba de una vez con la muchacha. Pero ahora estaba allí y en el campo de softball Anna se acomodaba la gorra del equipo nacional antes de tomar un bat. Gogo sonreía desde la segunda base. Ella intentaba fijar la mirada en su hermana pero las largas piernas de Anna en aquellos cortos oscuros le impedían cumplir con su objetivo. La muchacha del equipo contrario lanzo la bola y Anna la dejo pasar. El sol le bañaba la piel perlada por el sudor de aquel día particularmente cálido. La primavera estaba llegando y nadie podía detenerla.

Elsa maldijo cuando Anna golpeó la bola que su contrincante lanzó y comenzó a correr a toda velocidad.

-¡Vamos. Vamos!- la animaba Gogo. El partido estaba a punto de terminar y aquel golpe que había mandado la bola lo suficientemente lejos les garantizaba el triunfo. Anna llego a la última base levantando los brazos en triunfo y con una sonrisa que perdió totalmente a Elsa.

El enfado se fue disolviendo dejando solo espacio para aquella calidez extrema que Anna le despertaba, para ese sentimiento tan real y tan terrible. Era como un terremoto o un golpe de una brisa de verano.

-¡Oye, Els!- la llamó su hermana que se prendía al alambrado que separaba las gradas del campo.- Vamos a ir al bar de enfrente a tomar unas cervezas ¿te unes o prefieres que hablemos de que tenemos que hablar y ya?- cuestionó cuando tuvo su atención. Ella volvió la vista a la muchacha de pelo castaño del equipo contrario que hablaba a Anna casi aproximándose a su oído, rozándolo deliberadamente. Un enfado sin fundamentos la golpeó.

-Iré con ustedes. Tampoco es tan importante lo que tengo que hablar contigo.- le restó importancia y se dirigió hacia la salida mientras Gogo corría hacia el banco del equipo para juntar sus pertenencias.

...

El bar estaba repletó de chicas que compartían mesas y bebidas. La luz ingresaba por ventanales pintados para no dejarla penetrarla del todo. Gogo estaba sentada a su derecha explicando la teoría del movimiento circular a una muchacha que la miraba como si estuviera hablando en un idioma desconocido. Anna llegó con las bebidas, tan sonriente como siempre.

-Un par de cervezas calientes para nosotras y una soda fresca para ti.- le dijo antes de tomar asiento en el espacio libre a su izquierda.

-Gracias.- murmuro. Anna asintió ligeramente antes de dirigir su atención a lo que Gogo decía y bebió un trago de su bebida. Elsa la estudió refrescando los recuerdos de aquellos rasgos. La distribución de las pecas, el arco de las pestañas y las cejas color cobre, el hoyuelo en su mejilla y la finura de su mentón. Anna volvió los ojos hacia ella y apartó la mirada.

-No esperaba verte el día de hoy.- confesó la pelirroja en un susurro. Elsa la miró.

-Yo poco lo esperaba. Tenía que hablar con Gogo sobre el vestido de dama de honor y…- su voz se apagó al ver la mirada de Anna caer hacia la mesa. El silencio entre ellas se llenó con la canción que comenzaba a sonar. Anna elevó los ojos y murmuró una parte de la canción.

-Mientras estemos juntos ¿Importa adonde vayamos?- y entonces estiró la mano y la apoyó en el regazo de Elsa. Se aproximó lo suficiente como para cantar en su oído.- así que cuando estés preparada para ser valiente. Estaré esperando.- Elsa casi tumba su bebida, su corazón salto y la sonrisa le llego a los labios al mismo tiempo que el terror la recorría por dentro. Se puso de pie de forma brusca.

-Disculpen. Yo debo… tengo que irme.- dijo y se abrió paso casi empujando a su hermana y la joven con la que hablaba.

-¡Eh, Elsa! ¿Qué sucede contigo?- escuchó le reclamaba su hermana. Ella necesitaba huir, salir de aquel lugar. Apartarse de Anna. No podía ceder, no debía hacerlo.

-¡Elsa!- sus pasos de detuvieron cuando la voz dulce la llamó por su nombre. Estaba a medio camino de travesar el parque y ni siquiera sabía cuando llego tan lejos.- ¡Oye! Lamento si yo dije… no quería que tu…- se giró. Anna estaba de pie allí. Y se veía tan linda. Su corazón no lo resistía.

-Ya no puedo con esto, Anna. No puedo pedirte que me esperes porque… la promesa que te hice jamás va a cumplirse y tú no te mereces esto. Yo no te merezco.- Anna se aproximó despacio como si ella fue un animal lastimado.

-¡Ey!- un murmuró suavemente, una manos que limpiaban las lágrimas.- Puedo entender eso. Puedo entender que tu no vas a dejarlo, pero tú tienes que entender que yo…-

-No lo digas.- pidió. Anna le limpio una nueva lágrima.

-¿Pero, lo sabes verdad? ¿Sabes que jamás dejare de sentir esto por ti?-

-Anna, por favor.- rogó. La pelirroja le tomó la mano y estudio el anillo de compromiso en ella.

-Lo siento, pero no puedo dejar de amarte de un día para otro y tampoco puedo culparme por eso. Sé que está mal porque tú vas a casarte.- hizo una pausa.- y sé que debería sentirme culpable. Lo he hecho, pero, sencillamente, no puedo dejar que este sentimiento me destruya… porque solo es amor.- Elsa sintió como se quebraba.

-Anna…- susurro. La pelirroja soltó su mano y bajo la cabeza derrotada.

-Pídeme que me vaya, Elsa. Pídeme que me aleje de ti, que te borre de mi mente y de mi corazón. Solo así podre entenderlo. Dime que ya no quieres verme.- en ese momento no podía moverse, tampoco podía hablar y cuando los ojos de Anna se encontraron con los suyos sintió una infelicidad inmensa… aguda.

Elsa dio vueltas a las palabras de su padre y las de su madre buscando una respuesta. Una salida.

-Yo…- trato de mantenerse entera.- voy a casarme con Hans, Anna.- la pelirroja se alejó un paso y asintió.

-De acuerdo.- murmuró.

Ambas se miraron, las caras suaves. Tristes. Aquel era el adiós entonces. El adiós. Pero no podía serlo porque Elsa aún tenía muchas palabras, muchos besos, muchos de ella y todo; cada gota debía ser para Anna y solo para ella.

Dio un paso hacia adelante, como un salto y todas las palabras que tenía embotellada dentro de sí… tal vez, no las necesitaba en ese momento.

Sus dedos tocaron los de Anna. Tibios, firmes… acarició uno y la mirada esperaba, esperaba a ver que más estaba dispuesta a hacer. Elsa entonces pudo ver que lo que su vida había sido, lo que sería, un acto de equilibrio entre verdades y mentiras. Mentiras que ya no quería, que no deseaba. Así que doy un paso más y corto con todas las distancias. Rompió su propio equilibrio. Cayó pero los labios de Anna estaban allí para salvarla. Para elevarla de nuevo a las estrellas.

...

Anna miró a Elsa sin aliento, y ella le sonrió. Una sonrisa abierta, tan intensa como la que le había dedicado aquel día en la finca Winter. Pensó un segunda en las sombras que la visita de Hans Westergard había dejado sobre ella, en la culpa. Pero no podía sentir culpa, no por amarla. No por sentir lo que sentía. Sino, por la forma en que todo había ocurrido.

-Esto significa… ¿Qué significa, Els?- preguntó con un eco de esperanza y temor en la voz.

-Significa que te amo y que estoy dispuesta a perderlo todo por ti.- Elsa entrelazo las manos con las suyas.- Estoy lista para que saltemos y enfrentemos la caída juntar. Porque solo contigo… solo por ti podría hacerlo.- el cuerpo de Anna tembló y su interior se llenó de luz. Una luz clara, tan brillante como el sol que resplandecía en ese momento.

Volvió a besar a Elsa y fueron el comienzo, el medio y el final, fueron una canción que se había cantado desde el comienzo del mundo. Un mundo del que estaban a punto de caerse, juntas.

-Bueno… ya era hora.- la voz alegre de Gogo las obligo separarse y buscar aire. La hermana menor de Elsa aplaudió y rió ante la vergüenza de ambas.- Debes dejar que yo le diga a nuestro padre que pateaste a Hans.- agregó y la cara de Elsa pasó a ser una máscara de acero pero no le soltó la mano a Anna en ningún momento.

-Primero debo hablar con Hans y aclarar todo. Luego hablare con nuestro padre.- dijo algo tensa pero cuando miro a Anna su expresión se había suavizado y sus ojos eran tibios y seguros.