No saben cuánto me ha costado este capítulo. Fue una larga pelea contra mí misma. Una batalla larga con espadas, escudos y faldas escocesas. Si, pueden imaginarse a su sensual autora con un kilt libremente. La cuestión es que lo termine y ahora viene otra batalla, así que… ténganme paciencia. Por cierto, estoy escribiendo un Diakko, pueden pasarse por allí a darle una ojeada si desean.

Como siempre Gracias por sus comentarios. Me ayudan a seguir trabajando.

Perdón por los posibles errores.

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Disclaimer: Frozen, ni sus personajes me pertenecen; son propiedad de Disney.

...

El anillo de compromiso estaba sobre la mesa de la cocina. Elsa soltó un suspiró, convenientemente Hans se marchó la noche anterior por un viaje de negocios y no volvería hasta esa tarde, o al menos, eso decía la nota que ella encontró sobre esa misma mesa.

Recordó el día anterior casi como un sueño. Una bruma de felicidad…

(…)

Gogo no había dejado de hablar, o sonreír, o de abrazarla. Y Anna la había tomado de la mano con dulzura.

― Sabes que voy esperar.― susurró.― Puedo esperar todo el tiempo que necesites, Els. Solo no quiero que olvides lo que siento por ti.― ella asintió. Porque ya lo había decidido, porque quería que ese tiempo fuera lo más corto posible, porque aún tenía que hablar con Hans y terminar con la revolución que aquello armaría en su vida.

―Gracias.― respondió mientras su hermana pensaba la mejor manera para capturar la cara de su padre cuando ella se lo dijera.

(…)

Ella estaba tan feliz. Un futuro. Un futuro con Anna. Podría tenerlo, podría llegar a ser realmente feliz, sin máscaras, sin mentiras encapsuladas en frascos de cristal. Sonrió a pesar de la tormenta que se aproximaba, a pesar, de que primero, tendría que batallar.

El sonido agudo del timbre la volvió a la realidad. Se puso de pie, camino hacia la puerta y la abrió.

― Sé que no debería estar aquí pero adivina ¿Quién no va a marcharse a Rusia?― Víctor estaba en la puerta con una sonrisa en el rostro que ella compartió.

― Me apena un poco saber que no vas a congelarte el trasero en Siberia.― comentó ganándose una fingido gesto de dolor.

― Y yo que te traía bollos de azúcar para celebrar.― dijo dejando a la vista una bolsa de la confitería favorita de ella.

― ¡Víctor, te dicho antes que podría llegar a amarte!― exclamó, el rió y negó con la cabeza.

― No lo suficiente, pero si preparas algo de café podrías hacerlo. Tengo entendido que tienes una sillón especialmente cómodo para ya sabes que…― bromeó guiñándole un ojo y soltando una sonrisa de galán. Ella rodó los ojos.

― Solo entra y dame esa bolsa de bollos de una vez.―

― No entraras en el vestido de novia.― comentó extendiéndole la bolsa y abriéndose camino dentro de la casa.

― Si… con respecto a eso. No será necesario, pero te lo contare todo luego, anda quítate los zapatos.―

(…)

En el transcurso de la tarde Elsa le contó todo lo sucedido con Anna, sin dejar de lado los detalle, pero evitando las preguntas de su amigo de manera épica. Al final él tenía una sonrisa en el rostro y no tardó en verse envuelta en los brazos de Víctor, que la abrazó apretujándola más de lo debido.

― Vic, no puedo respirar.― le dijo, él aflojo el agarre pero no la soltó.

– Estoy tan feliz por ti.― le susurró al oído.

― ¿Elsa?― la voz de Hans rompió el abrazó. La cólera en sus ojos era incalculable cuando se volvió hacia Krommer.― ¡Tendría que haber sabido que eras tú, bastardo!- exclamó y se lanzó contra ellos sin miramiento. Su amigo fue rápido y pudo evitar el golpe, pero Hans volvió a lanzarse sobre él hasta que logro sostenerlo de las solapas de su camisa.

― Detente.― pidió Elsa.

― Voy a matarte. Ella va a ser mi esposa, maldito.― profesó Hans. Víctor lo empujó contra un librero que se balanceo tirando algunos libros.

― Eres un idiota, Hans, y hacía tiempo que deseaba darte un golpiza.― masculló al tiempo que uno de sus puños iba contra el rostro del pelirrojo.

― ¡Víctor!― exclamó Elsa. Él la miro y negó como disculpándose, Hans aprovechó ese momento de distracción para atacar. Los cuerpo chocaron, las tazas sobra la mesa de café terminaron hechas añicos en el suelo. Víctor arrojó a Hans contra una de las ventanas, el cristal salpicó la sala.

― ¡Ya basta los dos!― ordenó Elsa pero fue en vano.

― ¡Hijo de puta!― bramó Hans y un golpe fue a la mandíbula de Krommer quien no tardo en regresar el favor.

― ¡Detente! ¡Hans!― pidió intentando parar el puño de su prometido quien se liberó y cargo contra Krommer. Elsa no veía escapatoria. Ellos iban a matarse allí mismo.

― ¡Elsa no te merece!―

― ¡Terminare contigo!― Hans elevó el puño una vez más cuando Elsa gritó.

― ¡Es Anna!― ambos se quedaron quietos. Hans la miró aun con el puño levantado.

― ¿Qué dices?―

― No es Víctor. Es… es Anna.― confesó y se sintió un tanto más ligera de lo normal.

― Elsa.― susurró Krommer un tanto atónito.

Ella negó ya no podía seguir mintiendo.

― De todos modos, vas a saberlo tarde o temprano. Es Anna.― Hans bajó la mano y aflojó el puño.

― ¿Summers?― cuestionó confundido, ella asintió. Todas las fuerzas parecieron abandonarlo cuando caminó hasta el sofá y se dejó caer en él.

(…)

― No puedes hacerme esto, Elsa.― la voz de Hans era un susurró bajo. Ella se sentó a su lado. Necesitaba fuerzas para aquello.

― Déjame ponerte esto en el ojo.― dijo dejando ver una carne congelada. Hans tiró el cuerpo hacia tras y recostó a cabeza en el respaldo del sillón.― sostenlo allí. Eso es. No tan fuerte vas a lastimarte más.― el silencio lleno la sala por unos instantes. Ella buscaba las palabras, las fuerzas que necesitaba. Ya había tenido bastante con convencer a Krommer que se marchara y ahora tenía que estar lista para esto. Hans insistió.

― No puedes hacerme esto.― ella junto sus manos en su regazo.

― Lo lamento, Hans; pero no puedo seguir con nuestra relación, con esta boda.― afirmó el alejo el pedazo de carne de su cara y la miró.

― ¿Y entonces vas a dejarme por una mujer que acabas de conocer? Tiraras dos largos años de nuestras vidas al caño solo por un romance de verano. Elsa creo que esto es una locura y que estas precipitándote.― Elsa suspiró y pasó una mano por su cabello.

― No puedes decir eso. Sabes que yo nunca tomo una decisión sin meditarla antes, y Anna… ella no es una desconocida para mi.― afirmó. Hans apoyó la carne nuevamente en su cara.

― Supongamos que no lo sea, aun así, me parece que te estas dejando llevar por la situación tu… solo estar asustada por la boda, Els. Muchas novias pasan por lo mismo, pero no por eso cancelan su boda. Si tienes un romance con esa chica lo entiendo pero entiéndeme a mí un poco, por favor. No puedes dejarme así cómo así, no cuando faltan solo semanas para que nos casemos ¿Qué dirá la prensa? ¿Tu familia? ¿MI familia?― Hans suspiró y se dejó caer contra el sillón. Elsa sabía que aquello solo era la punta del gigantesco iceberg que tendría que afrontar.

― Hans, lo entiendo… pero yo no puedo seguir adelante con esto. ¿Crees que no pensé en mi padre, en el tuyo? ¿Crees que no pensé en la empresa y en todo lo que podemos perder? Claro que lo hice. Es solo que yo… lo siento.― dijo extendiéndole el anillo de compromiso.

(…)

Él dejo la carne de lado y tomó la argolla entre sus dedos. Se quedó observándola un segundo luego volvió la vista hacia ella, se sentí furioso.

La cólera subía por sus poros, él la sentía corriendo por sus venas. Sería tan fácil estirar la mano y golpearla. Tomar el delicado cuello de Elsa y hacerle entender que él ere mortal, una bestia que ella no podía dejar de lado así como así. Hacerle entender que ella no lo podía desechar tal simplemente.

― Hans, ¿estas escuchándome?― cuestionó ella. Él negó lentamente y Elsa soltó un suspiro antes de volver a pasar la mano por su largo su cabello, era un gesto tan corriente pero estaba cargado de una belleza indescriptible. La boca de Elsa comenzó a moverse; sus ojos se enfocaron en los detalles de su rostro. Elsa era hermosa. Tan hermosa que le dolía, que lo enojaba. Sin darse cuenta comenzó a apretar el anillo en su mano. No podía perderla, la amaba. Más allá de sus familias, de su ambición, más allá de él mismo la amaba.

― No creo que estés escuchándome.― murmuró ella.

― Y yo no creo que estés pensando correctamente.― dijo. Elsa lo miro confundida.― creo que te estas dejando llevar por un sentimiento infantil. Aquí hay más cosas en juego de las que te imaginas, Elsa. No puedes simplemente decir que ya no vamos a casarnos. No puedes simplemente cancelar la boda. Esto es una estupidez de la cual no voy a ser participe.― se puso de pie y dejo la carne sobre el palto que había en la mesa de café.

― Hans, por favor, se razonable.― dijo ella también de pie. Él sintió la ira subir, sabía que tenía que marcharse.

― Soy razonable, maldita sea. La que no es razonable aquí eres tú. Te sientas allí y me hablas de sentimientos encontrados por una mujer que apenas conoces y me dices que debemos cancelar la boda. ¿Es eso razonable para ti?― preguntó elevando el tono más de lo debido. Debía irse antes de cometer una estupidez.

― Sí, claro que lo es.― respondió Elsa, él soltó una risa sardónica.

― ¡Por favor! Resulta que ahora la reina del hielo tiene sentimientos. Elsa deja estaba estupidez de lado. Acuéstate con esa muchacha, pasa las noches que faltan para la boda follandotela hasta el cansancio, pero luego te vistes de blanco y te casas conmigo ¿De acuerdo?― dijo extendiéndole la sortija. Ella negó con la cabeza.

― No, Hans.― dijo calmadamente, se cruzó de brazos y meneo la cabeza. La ira de él se volvía una bomba, una bomba que estallaría allí mismo si no se marchaba.

―Creo que no nos estamos entendiendo.― dijo él bajando el tono igual que ella y guardando la sortija en el bolsillo de su abrigo. Elsa elevó la mirada en alerta.

― No. No lo estamos haciendo.― murmuro desafiante. Esa era la Elsa que lo volvía loco…

La ira era extraña, siempre lo había sido. Desde que era un niño solía tener rabietas en la que terminaba golpeando a todo aquel que se le acercaba, solía romper sus juguetes, e incluso, a veces, la vajilla de su madre. Con los años fue aprendiendo a controlarla y, por sobre todo, había aprendido a distinguir el punto de no retorno. Un estado en el cual el enojo se apoderaba de él y él ya no podía contenerlo. Solía evitar llegar allí. Primero, por que odia no tener control sobre sí mismo; y segundo, porque solía traerle problemas. Hans evitaba las discusiones y evitaba llegar aquel punto; pero en ese momento no se sintió capaz de aferrarse a ese pequeño espacio de conciencia que le decía que se detuviera. No lo hizo, así que cruzó el espacio que lo separaba de Elsa a zancadas, la sujetó de las mejillas con un violencia tal que estaba seguro la lastimaría.

― Ahora vamos a comenzar a entendernos.― susurró tomándole la mano con la cual ella se defendía, o al menos, lo intentaba.― vas a casarte conmigo, Elsa. Me importa una mierda si quieres hacerlo o no. Me importa una mierda si decides acostarte con esa zorra. Serás mi esposa porque nadie desechar a un Westergard como si fuera basura ¿me escuchaste?― Elsa se movía intentando liberarse. Él retorció su brazo hasta que la escuchó soltar un chirrido.― ¿¡Has entendido, joder!?― pregunto sacudiéndola. Ella tenía lágrimas en los ojos. Unas lágrimas que causaron un placer oscuro en él.

― Sí.― logro decir ella. Hans le soltó el rostro, pero no el brazo y mientras Elsa sollozaba sacó la sortija de su abrigo y se la colocó en el dedo.

― Déjate de tonterías de una vez.― ella murmuró algo que él no escucho. Se dirigió a la puesta, pero se detuvo antes de marcharse.― a menos, claro, que quieras que me deshaga de nuestra amiga, la señorita Summers.―

― Hans, no te atrevas.― la voz asustada le recorrió el largo de la columna como suaves caricias.

― No me obligues entonces, cariño. Y por cierto, ponte esa carne en la mejilla. La necesitas.― y con esa victoria de su enojo se marchó dejándola sola.