¡Hola! Sé que ha pasado tiempo pero aquí estoy para traer un nuevo capítulo. Lamento la tardanza, espero que disfruten y les guste cómo va la historia.

Saludos y espero leer sus comentarios pronto.

Disclaimer: Frozen, ni sus personajes me pertenecen; son propiedad de Disney.

...

Si Elsa había aprendido algo a lo largo de su vida era a guardar las apariencias, a fingir. Y lo hacía perfectamente. Podía engañar a cualquiera, fingía interés en negocios que no eran importantes, fingía concentración en las largas reuniones que organizaba su padre, incluso podía fingir tenerle aprecio a cada uno de los abogados con los que se había visto obligada a trabajar. Sí, el engaño era un truco sencillo. Guardar las apariencias era para ella un juego de niños. Pero esta vez se encontraba ante el desafío más grande que tuviera que afrontar. No solo debía fingir frente a todos estar aún enamorada de Hans, sino, que también debía fingir estar entusiasmada por una boda que no deseaba. Y ese todos incluía a su recién llegado hermano Tarzan. Aunque Elsa tenía un ligero presentimiento que él y Gogo, su hermana menor, ya había mantenido un conversación sobre la situación que en ese momento ella vivía. Porque ambos se pasaron aquel almuerzo soltando indirectas que en más de una ocasión hicieron que Hans frunciera el ceño o que su padre la mirara con los ojos fijos de advertencia.

― ¡Oh! Ya quiero ver tu vestido, Elsa. ¡De seguro es maravilloso!― exclamó Beatriz una de las hermanas de Hans. Ella sonrió levemente.

― Ciertamente lo es. Aurora ha hecho un trabajo increíble.― respondió. Gogo hizo a un lado su plato y tomó su copa de vino.

― Ya lo creo. Fue ella quien diseño el vestido de Ariel para su boda y, déjame decirte, fue exquisito.― comentó Jazmín, la hermana menor de Hans, y su suegra estuvo de acuerdo con ese comentario. Luego dijo algo sobre la decoración de la iglesia que Elsa no escuchó, pues su hermana movió la copa de vino elevando las cejas y susurrándole.

― ¿Puedo saber por cuánto tiempo más seguiremos con estaba farsa?― Elsa le dedicó una mirada, aquel no era el momento mucho menos el lugar.

― No ahora, Gogo.― murmuró. Su hermana elevó la copa a la altura de sus labios.

― ¿Por qué no? Estamos todos aquí, incluso Tarzan y Jazmín han llegado ya.― agregó haciéndole una gesto a su hermano mayor quien respondió con una sonrisa.

― No es el momento.― dijo ella devolviéndole la sonrisa a su hermano y tratando de zanjar el asunto. No funciono.

― ¿Y cuándo lo será, Elsa? ¿Cuándo te hayas casado con él?― cuestionó Gogo. Elsa tomó su propia copa de vino y miró a hurtadillas hacia su derecha, donde Hans masticaba un trozo de carne y asentía en dirección a su padre, luego dirigió la mirada hacía Jazmín que junto a Gogo se servía más verduras.

― No es tan fácil como simplemente dejarlo. Y te sugiero que no metas las narices en esto. No sabes cómo son las cosas.― su hermana apretó los dientes y entrecerró lo ojos pero no dijo nada más del tema, en cambio se volvió hacía la hermana de su prometido para preguntarle si le apetecía ir con ella a ver una carrera de motocicletas.

― La boda será increíble, es una promesa.― aseguró Hans en voz alta sujetándole la mano. Elsa se volvió hacia él solo para notar sus ojos verdes encendidos. Por un momento se preguntó si había escuchado algo de lo que hablo con Gogo.

― No prometas tanto, Hans.― soltó Tarzan de la nada.

― Pero que dices, hijo.― le reprendió su padre, él se encogió de hombros.

―Es que simplemente aun no puedo creer que Elsa vaya a casarse.― Gogo sonrió y la hermana de Hans a su lado.

―Yo tampoco me lo creo, pero aquí la tienes… total y completamente enamorada.― Elsa casi le dio un punta pie bajo la mesa por el tono de sarcasmo que esperó nadie más notara, entonces vio a su madre elevar una ceja y supo que no había sido así. Hans carraspeó.

―Tanto como yo lo estoy de ella.― afirmó Hans. Tarzan tosió y Jane, su esposa, a su lado tuve que darle un par de palmadas en la espalda.

―Lo lamento… el pavo esta algo salado.― se disculpó. Elsa iba a matar a sus hermanos.

― Deberíamos hacer un brindis.― propuso Gogo, e incluso su padre pareció sorprendido.

― Definitivamente.― dijo Jazmín y Elsa ya no estaba segura si ella era ajena a toda la situación.― ¡Por Elsa y Hans!― exclamó elevando su copa.

Aquello era una catástrofe.

― Por el amor verdadero, que nos enseña a ser valientes.― agregó Tarzan, quien le regalo un guiño cómplice a Gogo. Si, ella iba a matarlos.

(…)

El almuerzo termino, por un milagro inexplicable, sin víctimas fatales. La familia de Hans y el propio Hans se habían marchado. Jane y su madre tomaban el té en el jardín mientras su padre se había recluido en su oficina con un par de papeles que Westergard padre le trajera en una carpeta enorme. Elsa tendría que haberse reunido con él, sin embargo se puso en búsqueda de sus hermanos, que tras la comida se escabulleron en silencio hacia algún lugar recondito de la mansión. Ella supo exactamente donde estaban en cuanto encontró el mini bar del salón de juegos abierto, se hizo de una botella más y fue a buscarlos con la esperanza de revivir viejas épocas.

― Pensé que la regla sagrada de Kai era nada de hierba en la mansión. En especial si nuestro padre estaba cerca.― dijo asomándose por la ventana trasera de un Cadillac del 50 del que salía no solo humo sino también risas.

― ¡Ya te estabas tardando!― exclamó Tarzan abriendo la puerta del coche como una invitación. Ella entró y apartó el humo con su mano mientras su hermano le sacaba la botella de whisky que traía en la otra.― ¿Dónde estaba escondida esta botella?―preguntó. Elsa se acomodó en el asiento junto a él.

― En la parte de abajo, justo donde no revisaron.― informó. Aceptando el gracioso cigarrillo armado que Gogo le tendía.

― Tu siempre supiste donde encontrar el mejor licor de nuestro padre.― dijo su hermana, que se ponía de pie y se estiraba para encender la vieja radio de coche.

― Eso es porque papá siempre confió en mi.― aseguró tras darle una larga calada aquel extraño cigarrillo.

― ¡Grave error!― bramó Tarzan mientras servía el whisky en un vaso de plástico color rojo.

― Muy grave error. ¡Oh, esa es una buena canción!― exclamó Gogo antes de volver a su asiento. Elsa se relajó por primera vez en esa semana.

― Soy una farsante.― dijo antes de dar otras larga calada. Tarzan asintió.

― ¿Quién no lo es en este mundo?― preguntó tendiéndole el vaso y sacándole el cigarrillo de la mano.

― Ustedes no parecen serlo.― comentó. Gogo rió y tomó la botella para beber directo de ella.

― Todos fingimos, Elsa. Tratamos de ser lo más honestos y sinceros que podemos pero tarde o temprano caemos en la mentira, pequeñas, insignificantes quizás, pero no terminan de ser mentiras.― aseguró su hermano. Ella bebió un trago de whisky y luego se dejó caer sobre su hombro. Aquello era justo lo que necesitaba en ese momento.

― Te extrañe, hombre de la selva.― confesó. Él le tendió el cigarrillo a Gogo y pasó el brazo sobre los hombros de ella.

― También te extrañe, reina de las nieves.― aseguró. Gogo carraspeó como llamando la atención de ambos.

― Se están olvidado de su pequeña hermana.― dijo. Ambos rieron.

―Cómo podríamos olvidarte si eres un grano en el culo.― exclamó Tarzan tirando de su brazo y casi volcando el whisky en el tapizado del coche. Los tres rieron como en los viejos tiempos, cuando se permitían ser unidos y hacer cosas como aquellas.

― Oigan, ya basta o volcaran esa cosa en el coche.― advirtió Elsa al verlos forcejear. Tarzan le arrebató el cigarrillo a Gogo y se lo llevo a los labios.

― Es cierto, mejor vamos a manchar la última adquisidor de nuestro padre.― comentó señalando un Bugatti que valía casi como todos los autos en esa cochera.

― Estas demente, nos mataría.― dijo Elsa, pero Gogo ya estaba saliendo del Cadillac y Tarzan iba tras ella. Elsa los miro incrédula desde su sitio.

― ¡Hasta podríamos dar una vuelta! ¡Tiene las llaves puestas! ― gritó su hermana.

― ¡Él va a matarnos!― contestó ella. Tarzan le hizo señas con la mano.

― ¡Anda! No se atrevería a quedarse sin herederos. ¡Ven!― Elsa se mordió el interior de la mejilla, negó con la cabeza antes de salir del Cadillac, cerró la puerta y bebió de un trago el whisky que quedaba en su vaso. Se sentía extrañamente excitada, como si fuera una adolescente.

― Les voy a echar la culpa de todo.― advirtió con una sonrisa mientras se aproximaba.

― Solo será una vuelta.― le dijo Gogo que ya ponía el motor en marcha y chilló de la emoción. Ella rió atribuyendo aquello al alcohol y la hierba así que terminó aceptando que aquello sucedería.

(…)

― ¡We are de champions! ¡We are de champions… of the World! ― Los tres cantaban a todo pulmón la canción que había comenzado a sonar en la radio y que ya estaba cerca del final.

― Somos los reyes del mundo.― gritó Tarzan desde el asiento de atrás y Elsa miró escandalizada como se quitaba el cinturón.

― Gogo creo que estas yendo un poco rápido. Y Tarzan, ponte el cinturón por favor.― dijo. Sujetándose de la manija de la puerta cuando su hermana tomó un par de curva.

― Este auto es rápido, ni siquiera estoy yendo al máximo.― señaló Gogo, acelerando un poco más.

― Relájate, Elsa. Nuestra hermana es buena conduciendo.― señaló Tarzan que gracia al cielo volvió a abrocharse el cinturón.

― Esto no es una carrera, por favor, Gogo.― pidió ella ignorando a su hermano. Su hermana menor giró en una curva y la inercia los llevo de lado.

― Papá jamás ira a más de 40 y este bebé quiere un buen paseo antes de una vida de miseria y olvido.― aseguró ella.

El motor rugió, Tarzan alzó los brazos y comenzó a cantar la nueva canción que ya sonaba al tiempo que levantaba sobre su cabeza la botella ya vacía de whisky. Elsa no había tomado más que un vaso y comenzaba a pensar que debía quitar del volante a su hermana.

― Gogo, por favor.― rogó, ella la miro con fastidio.

― ¿Es que acaso quieres conducir tú?― cuestionó.

― Sí.― se apuró a decir. Gogo giro en la esquina antes de detener el coche.― ¡Gracias!― exclamó Elsa que desprendió su cinturón y se dispuso a bajar. Ni bien cerró la puerta tras de sí el coche se encendió e inicio la marcha.― ¡Gogo!―

― ¡Nos vemos en una hora!― le gritó. Ella elevó los brazos justo cuando la cabeza de Tarzan salir por la ventanilla y gritaba.

― ¡Saluda a Anna de nuestra parte!― sólo entonces Elsa se dio cuenta de donde la habían dejado. Justo frente a la casa de Anna Summers.

(…)

Por primera vez en lo que llevaba de la semana Anna se sentía ligeramente en paz, sin tener a Elsa presente en su cabeza, sin preguntarse porque no había ido a verla, porque ni siquiera la había llamado como prometió. Aunque ella entendía que la situación era complicada, quizás más de lo que pudiera imaginar teniendo en cuenta todo lo que estaba en juego. También era consiente de que podía esperar a Elsa, podía hacerlo a pesar de que todos los días debía repetirse a sí misma que la paciencia era un virtud y que ella la poseía. Si, sabía que podía esperar… al menor por ahora.

Soltó un suspiró al aire antes de mezclar un par de colores en su paleta con el pincel. Su cuadro era una mezcla de caos y tranquilidad como una ciudad tras una tormenta, sin ser una ciudad y sin ser del todo una tormenta. Pasó el pincel sobre el lienzo, una pincelada firme y rápida, luego otra y otra. De nada servía quemarse la cabeza pensando en los haces y deshacer de Elsa, pensado en todo lo que anhelaba.

No.

Lo mejor era hacer algo productivo con todo aquello o, al menos, eso era lo pensaba hasta el sonido insistente del timbre la hizo dejar de lado la paleta, el pincel y el cuadro.

―Si eres tú, Kristoff…― masculló con fastidió antes de abrir la puerta y ver ante ella a la mujer de cabello platinado que le sacudía el suelo sobre el que sus pies se encontraban.

―Buenas tardes, señorita Summers.― dijo con un tono que causo que sus rodillas flaquearan, apretó el pomo de la puerta para sostenerse. Elsa estaba… hermosa.

― ¡Elsa! Hola, que agradable verte por aquí.― Elsa sonrió de lado, el mundo de Anna se inclinó con aquella sonrisa.

―También es agradable verla, señorita Summers, muy agradable.―afirmó con una pose casi presidencial.

― Qué cosas dices, pero ven. Pasa. Me alegra tanto verte, justamente estaba pensando en ti y pintando. No es como si estuviera pintando un retrato tuyo, aunque creo que eso sería interesante, no en el sentido de interesante como si fuera a pintarte desnuda. Me refiero a solo interesante porque eres hermosa y… creo que comencé a divagar ¡Dioses!― exclamó antes de soltar una risita nerviosa. Elsa sonrió y se aproximó un poco más hacia ella, solo entonces Anna notó el particular aroma que la envolvía.

― Yo creo que sería interesante ver cuánto te sonrojas al intentar pintarme desnuda.― bromeó e ingresó a la casa dedicándole un guiño. Ella cerró la puerta y rió.

― Ya, ¿puedo saber qué haces aquí?― olfateó el aire mientras se cruzaba de brazos y elevaba una ceja a modo de incógnita. Debía admitir que aquella situación le parecía de pronto de lo más cómica.― ¿Y porque hueles como un recital de los setenta?― cuestionó, Elsa miró hacia la puerta y preguntó.

― ¿Vas a llamar a la policía o algo así?― Anna negó con la cabeza y se atrevió a tomar la mano de Elsa.

― No me atrevería, pero ven podemos sentarnos y me cuentas todo.― Elsa la siguió obediente aunque se atrevió a decir.

― Con esa ropa que traes lo último que quiero hacer contigo es sentarme a conversar.― Anna sintió el rubor subir por su rostro por lo que evito volverse para mirarla.

― Entonces ¿tendré que quitarme esta chaqueta vieja y manchada para evitar que saltes sobre mí?― Elsa rió suavemente justo antes de soltar un estornudo seguido de otro y otro. Anna la miró.― ¿Estás bien? ¿Acaso has pescado un resfrió?― Elsa volvió a estornudar antes de responder.

―En absoluto, creo que es…― y su respuesta se vio interrumpida por una nueva serie de estornudos que le permitieron a Anna llegar por si misma a la respuesta.

― ¡Oh, por Dios! son las margaritas. Lo lamento tanto, no tenía idea que vendrías. Si lo hubiera sabido las habría quitado.― se apresuró a decir al tiempo que, a gran velocidad, atravesaba la sala y tomaba el delicado ramo de margaritas blancas que adornaba una mesa.― las sacare ahora mismo y abriré las ventanas, tal vez quieras ir al jardín un momento y…― Anna se llamó al silencio al notar la expresión complicada en el rostro y los ojos de Elsa. Apretó el ramo contra su pecho y sin decir palabra se dirigió a la cocina.

(…)

Había sido ella. Todo ese tiempo había sido Anna. Claro que tenía la sensación de haberla conocido antes y era, porque de hecho, la conocía de antes. Elsa sacó un pañuelo de su bolsillo, sonó su nariz y se permitió respirar el aire del jardín que Anna mantenía intacto. Sonrío antes de llevar nuevamente el pañuelo a su nariz.

― Realmente lo lamento. Como ya te dije no esperaba tu visita, pero prometo no volver a traer margaritas de la tienda, ni volver a tenerlas en casa. Supongo que estaba entusiasmada porque llego la temporada y se veían tan bellas.― Anna interrumpió su perorata al notar como Elsa la miraba.― Yo… ah… ¿Te encuentras bien?― cuestionó. Elsa asintió, una sensación cálida comenzó a latir en su pecho y a extenderse por su cuerpo.

― Pensé que te conocía de alguna vida pasada, que te había visto antes y…― hizo una pausa y rió al aire.― ¿Lo recuerdas, verdad? Tú… estabas tan histérica porque pensaste que morirías ¿Acaso era por alguna película de terror? Me arrojaste el ramo a la cara y casi me matas.― exclamó. Anna sonrió y rodó los ojos.

―No te lo arrojé a la cara y podíamos haber muerto las dos en esa cosa, así que, qué más daba.― dijo con cierta indignación infantil en la voz. Elsa se aproximó. No entendía porque no podía dejar de sonreír, no comprendía porque de pronto todo tenía sentido. Siempre había sido Anna, la chica que se había obsesionado por encontrar, la chica que dejo ir cuando subió al avión que la llevaba de regreso al extranjero a su vida de estudios tediosos. Extendió una mano y le acarició la mejilla llena de pecas antes de negar con la cabeza.

― Nunca supe tú nombre, ni el de la florería en el que trabajabas…― sonrío. Y Anna se encogió de hombros.

― No tenías porque, es decir, yo solo era… una extraña y tú eras… ¡Wow! ¡Elsa Arendelle!― exclamó. Ella suspiró, tomó la mano de Anna delicadamente y le besó la palma.

― Yo no era nadie en ese entonces, no era nada. Absolutamente nada antes de conocerte, Anna. Estaba perdida. Tu cambiaste mi vida, no… tú me diste vida.― los ojos de Anna eran un lago donde ella se zambulliría para nunca salir.― Todo este tiempo es como si hubiera estado esperándote, buscándote, y…― entonces ya no pudo hablar, los labios de Anna se pegaron a los suyos, casi pierde el equilibrio cuando las manos se le enredaron en el cabello. Aquello era aire, aquello era la vida de la que estaba hablando. Aquella era ella, la auténtica. Ya se había cansado de fingir.

(…)

Hans podía sentir los celos dentro de él. Era un veneno que corría por sus venas, una masa oscura que comenzaba en el fondo de sus entrañas y extendía sus tentáculos por todo su ser.

Expandiéndose. Expandiéndose.

Apretó la mandíbula con fuerza. Aquello desde el comienzo había sido más que por el dinero, más que por el respeto de su padre, aquello era porque amaba a Elsa. La amaba con locura, una locura que se había adueñado de él. Y que ahora se transformaba en ira, ira hacia Anna Summers. Ira hacia Elsa. Ira hacia él mismo.

Él no fue suficiente para Elsa. Y ella se había marchado, no de la forma en la que alguien se marcha físicamente, sino de una manera más profunda. Ella se marchó en espíritu, en esencia y se llevó consigo todo su amor.

Todo.

De un movimiento hizo volar una pequeña mesa donde se encontraban un par de fotografías de ambos, una mentira. Un vano recuerdo que quedaba de lo que habían vivido juntos, del escaso tiempo donde ella lo amo. Y a pesar de que él intentaba sostenerse, aferrarse a aquel ínfimo cordel que quedaba de lo que tuvieron sabía que faltaba poco para que se rompiera. Se dejó caer ante esa verdad que lo derrumbó. Sus rodilla tocaron el suelo, un grito brotó de su garganta y solo entonces las lágrimas cayeron. La había perdido y no había nada que él pudiera hacer.

Nada para que ella lo amase de nuevo. Tomó la fotografía y separo los cristales rotos, tal vez si había algo que él pudiera hacer.

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