Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.
UN MUNDO NUEVO
CAPÍTULO 2: "Pero, ¿qué sería de mí sin ellos?"
(Sakura)
Me encontraba en el elegante restaurante que mi amiga había escogido para almorzar juntas. Se trataba de un salón con temática europea ubicado en el centro de Ginza que era conocido por su variedad de platos de excelente calidad y lo atractivo de su decoración estilo Luis XV. Me distraje con su belleza un momento antes de estirar el cuello intentando dar con Tomoyo. Esquivé los sillones de orejas tapizados con telas estampadas con la mirada y busqué entre las personas hasta que encontré el inconfundible rostro de una joven pelinegra de finos rasgos y compasivos ojos amatistas elegantemente vestida. Volteó en mi dirección y me hizo un gesto con su pálida mano pidiendo que me acercase. Unos pasos después, ya estaba sentanda en su mesa.
—¡Hola, Tommy! ¿Cómo has estado? —le pregunté sonriente.
—Estoy estupenda, Sakurita. Ahora más feliz porque al fin puedo verte en persona —Una sonrisa maliciosa se asomó en sus labios—. Claro, ahora que eres famosa, no tienes tiempo para los simples mortales como Kuro y yo —se quejó haciendo una mueca de dolor exageradamente dramática.
—Ja, ja, ja. Qué graciosa. Sinceramente no sé que haces metida en un taller entre tantas telas, privando al mundo de tu talento para la comedia —contraataqué sarcástica.
—Quizás deba escucharte, es decir, estoy frente a una exitosa celebridad. Quién mejor que tú para juzgar mis dotes artísticas.
Entrecerró sus ojos desafiante y esperó. Al ver que yo no tenía una respuesta digna, estalló en carcajadas. Fruncí el ceño mientras murmuraba insultos, lo que al parecer, la divertía más.
Cuando se calmó volvió a hablar.
—Ya en serio, ¡no sabes cómo extraño nuestras largas conversaciones! Cada vez tenemos menos oportunidades de vernos y no me gustaría pensar que me estoy perdiendo de algo en tu vida. De hecho, otro día vi en YouTubeuna entrevista que les hicieron a los chicos y a ti, y debo decirte amiga, que no te veías para nada contenta —Su semblante cambió a uno de sincera preocupación—. ¿Está todo bien?
Por más que los años pasaran, tanto Tomoyo como Meiling tendrían conmigo una actitud sobreprotectora. Tommy era como una madre cariñosa y sabia que siempre daba los mejores consejos, me ofrecía su apoyo incondicional y velaba por mi felicidad incluso más que yo misma. En cambio, Mei era como una hermana mayor: nuestras peleas podían ser intensas y groseras, pero sabía que ella me defendería de todo y de todos con uñas y dientes de ser necesario. Era como si ninguna de las dos hubiese notado que había crecido, dejando atrás a la niña demasiado ingenua y despistada que supe ser. Aunque a veces eso podía ser irritante, también me hacía sentir muy querida, cosa que les agradezco infinitamente. Me gusta pensar que yo también las hacía sentir así.
No reprimí mi sonrisa ante su actitud.
—Estoy bien, Tommy, es sólo que la prensa me pone nerviosa. Diga lo que diga, no puedo evitar pensar en cómo podrían sacarlo que contexto —le confesé—. Además, tú me conoces, no es que me encante hablar de mí misma todo el tiempo, y menos a extraños.
Ella seguía sin pronunciar palabra por lo que seguí hablando.
—No sé. Estoy empezando a pensar que cometí un error al aceptar la propuesta de Naoko. Ella es muy talentosa y la historia es excelente, debí haber adivinado que algo así ocurriría. No sirvo para esto, amiga.
Al terminar clavé la mirada en mi regazo mientras, internamente, le seguía dando vueltas al asunto.
—Disculpen señoritas, ¿puedo tomar su orden? —nos interrumpió un joven completamente vestido de negro parado a nuestro lado.
—¿Qué se te antoja, Sakurita? —me preguntó Tomoyo mientras leía la carta.
—Una ensalada está bien para mí, no tengo mucha hambre.
Sin levantar la vista, mi amiga negó con la cabeza y dijo:
—Tonterías, no vinimos a este fabuloso lugar para que pidas una pobre ensalada.
Antes de que pudiera reclamar, le devolvió el menú al mesero y le pidió dos platos de una fina pasta que no reconocí y una botella de vino blanco.
—¡Tomoyo, dije que no tenía hambre!
—Y poco me importa, debes alimentarte, estás más delgada. De seguro ni siquiera duermes como es debido.
¿Recuerdan eso de la, a veces, irritante actitud de madre?
—Eres imposible, mujer.— dije, y la vi sonreír ampliamente ante una nueva victoria.
—En cuanto al tema anterior, yo creo que aún te estás adaptando. Cariño, tú naciste para esto, lo sabes, al igual que cualquiera que haya estado cerca tuyo por más de cinco minutos. Sin contar tu talento, tienes un carísima inigualable, podrías conquistar al mundo si te lo permitieras —Tomó una de mis manos atrapándola entre las suyas por encima de la mesa mientras hablaba—. Necesitas relajarte y disfrutar de lo que estás viviendo. Al final, te darás cuenta de que no es tan terrible y hasta te gustará.
No pude más que sonreírle y posar mi mano libre sobre su agarre.
—Gracias —alcancé a decir unos segundos después.
Esa era mi mejor amiga haciendo presente su don de darme paz bajo cualquier circunstancia.
—De nada, es la pura verdad. Aunque ahora que lo pienso, hay algo que puedes hacer por mí en compensación —Apretó mi mano y su rostro se llenó de ilusión, temblé ligeramente anticipando lo que venía—. Cancela todo lo que tengas esta tarde, yo haré lo mismo y cerraré la tienda para tenerla entera sólo para nosotras. Tomaremos té, hablaremos tonterías y podríamos mirar alguna película por Internet. ¡Ah! —Casi gimió— ¡Tengo muchos vestidos que están sin terminar que podrías modelar para mí! Sabes como me inspira tenerte de modelo, ¡me lloverán las ideas! ¿No te parece fantástico? ¿qué dices?
—Lo siento, Tommy, me encantaría, en serio, pero hoy no puedo —Infló las mejillas en una súplica infantil—. Esta tarde tenemos que grabar algunos exteriores para Cazadores, no puedo faltar.
Suspiró resignada volviendo a llevar sus manos a su lado de la mesa.
—En ese caso te perdono, pero no vas a huir de mí tan fácil, Sakura Kinomoto. Ya me hice ilusión con el tema de los vestidos, así que preparate. Este sábado iré temprano al departamento con varios modelos, me recibirás y pasaremos todo el día juntas, ¿está claro?
—¡Sí, señora! —exclamé acompañando con un gesto militar y haciendo más grave mi voz. Ambas nos echamos a reír como locas llamando la atención de más de un conservador comensal.
El resto del almuerzo pasó tranquilo y demasiado rápido. Nos despedimos con la promesa de volver a vernos el sábado y me dispuse a continuar mi camino hacia la locación donde filmariamos ese día con una involuntaria sonrisa adornando mi rostro.
(Syaoran)
—¿Es en serio o estás gastándome otra de tus bromas pesadas? Porque si es así, ya puedes reírte y dejarme trabajar tranquilo.
La mujer sentada al otro lado de mi escritorio frunció el ceño, seguramente ofendida por mi falta de tacto.
—Escucha hermanito. Tengo una vida, sabes. No vendría hasta aquí sólo para hacerte una broma, eso puedo hacerlo por teléfono— dijo Feimei, relajando su rostro al final.
—Cierto, pero no disfrutarías la cara de infeliz que debo estar teniendo en este momento —le refuté cruzando los brazos sobre la madera, todavía esperaba que se rindiera y confesara su mentira.
—Puede ser, no lo niego, pero no es el caso —Se levantó y yo la imité—. Como sea, yo cumplí con mi obligación de hermana mayor. Estás advertido.
La compañé hasta la puerta de mi oficina y le coloqué el abrigo que había dejado en el perchero cuando llegó.
—A ver cuando tú empiezas a cumplir con las tuyas y vas a ver a tus sobrinos —reclamó, mientras levantaba una ceja.
—Tienes razón, iré, lo prometo —le contesté con algo de pena.
Quiero mucho a mis sobrinos, pero no era fácil para mí encontrar tiempo para visitarlos. Lo que no significa que no me sintiera culpable por no hacerlo. Mis hermanas siempre estuvieron ahí para mí cuando las necesité (y cuando no también, montón de metidas), pero a veces pensaba que yo no les retribuía como debía. No solía ser cariñoso ni mínimamente cercano, pero así había sido toda mi vida y dudaba que eso cambiase algún día.
—Así me gusta —respondió satisfecha. Me mostró una enorme sonrisa y sin previo aviso saltó a mi cuello para abrazarme—. ¡Qué lindo mi bebé! ¡Gracias, cosita de su hermana! ¡Aaay, estás tan grande!
Sentí como mis mejillas se ruborizaron en el acto y forcejeé para librarme de sus garras.
—¡Ya sueltame, loca!
—Bien, bien, me voy. Nos vemos, lobito —Gruñí pero no le importó—. Y no te pierdas, eh —advirtió apretando su índice contra mi pecho.
—¡Qué no! Serás pesada.
Cerré la puerta y la abrí de inmediato al darme cuenta de que me había olvidado de algo fundamental.
—Fei... —la llamé cuando ya estaba en el pasillo, volteó y le sonreí tímidamente—Gracias.
Ella me devolvió el gesto y se fue después de saludar a mi secretaria con la mano.
Volví a mi sillón de cuero negro y traté de concentrarme en lo que estaba haciendo, pero sabía que ese día ya era imposible lograrlo y me alegré de que ya estaba terminando la jornada.
Joder, qué dolor.
Pasé una mano por mi cuello intentando aliviar la contractura que me generó mi hermana cuando me contó aquello.
La gran señora Ieran Li reclamaría mi presencia en cuanto volviese de su vieje a China; presuntamente para retomar esa charla que tuvimos cuando cumplí la mayoría de edad, ésa que tan exitosamente venía pateando desde entonces, aún sabiendo que tarde o temprano concluiría.
Mejor tarde.
Es decir, jamás fui irresponsable y menos que menos un cobarde. El asunto era que había sopesado más de una vez las ventajas y desventajas del puesto, y créanme, carecía de encanto. No hablábamos de dirigir una empresa, que no es poca cosa, sino de comandar un puto imperio. Y no sólo eso, tendría que lidiar con el resto de las cabezas de familia del Clan que, para mí, no eran más que una parvada de buitres ventajeros.
¿Por qué digo un Clan? Permítanme explicar.
Los Li son, efectivamente, un gran grupo de personas relacionadas por la sangre y un pasado en común, más precisamente, un antepasado en nuestro caso. Ahora, dentro de ese grupo hay varias familias, y para mantener las costumbres y beneficios, se las organiza eligiendo un jefe por cada una y un líder que está por encima de estos últimos, pero que igualmente debe responder ante ellos en caso de ser requerido. Somos algo así como un pueblo aparte sin territorio específico. Con el paso de los siglos, muchos clanes chinos desaparecieron pero, como podrán adivinar, algunos sobreviven y se relacionan política y socialmente entre sí. Por suerte, muchos aspectos se modernizaron y ya no son tan estrictos, como los matrimonios arreglados por ejemplo. Pero eso no quiere decir que ser el jefe de un clan sea sencillo, y mucho menos de uno tan poderoso como el Li.
Quizás este fuera el último bastión de esa rebeldía que tanto me caracterizó hasta que me dejé tragar por el mundo de los negocios, pero mi madre no se podía quejar. Gracias a mi, digamos, impropia forma de ser, mi sector en la empresa funcionaba mejor que nunca.
En fin, el punto es que no digo que no pudiera, o que no debiera, digo que no quería.
De golpe, sentí mi celular vibrando en mi bolsillo.
—Aquí Li.
—Aquí también Li, zopenco. ¿Esas son formas de saludar a tu prima favorita?
—Hola, Mei. Espera, ¡oye! Si valoras tu vida no vuelvas a llamarme así.
Del otro lado del teléfono se escuchó una sonora carcajada, tan fuerte que tuve que separar el auricular un momento para conservar la salud de mis tímpanos.
—Ahórrese la amenaza, señor Li —Fruncí el ceño aunque ella no pudiera verme—. No te temo, no porque no te considere capaz de matar, sino porque no podrías vivir sin mí. Me amas y me necesitas, eres tan egoísta que no te privarías de mi presencia voluntariamente.
—Tú sigue probando mi paciencia y verás como no lo lamentaré para nada, Meiling —la desafié a la ligera—.Pero dime, molestia con patas, ¿a qué debo el honor de tu llamada?
—Amado y sensual primo, te llamo para hacerte una invitación. Tengo la noche libre y te extraño horrores, así que pensé que podríamos ir a un bar a charlar y ponernos al día.
—Estás aquí —afirmé con un dejo de desconfianza.
Se suponía que Meiling estaba en China, se mudó tiempo después de graduarse de la facultad de leyes, cosa que me pareció estúpida teniendo en cuenta que estudió derecho en Japón, por lo que no podría ejercer en Hong Kong, pero ella nunca estuvo muy bien de la cabeza, así que no le dije nada.
—Elemental mi querido, Syaoran. Estoy en Japón, más precisamente en Tokio. Y te sorprenderá más aún saber que llegué hace casi cuatro meses.
»Tengo mucho que contarte, vamos, anímate, salgamos.
—Eso no lo dudo, pero no lo sé, mañana tengo mucho que hacer.
No estaba buscando la forma de sacármela de encima, de hecho, tenía ganas de verla (aunque no fuese a admitirlo nunca), pero si no terminaba el trabajo ese día tendría que hacerlo temprano el siguiente y no cumpliría al cien por ciento si tenía resaca o no huebiese dormido bien.
—Nada de excusas —dijo, firme—.En un minuto te enviaré la dirección por mensaje y estarás ahí o te odiaré por siempre.
No la vi, pero apostaría a que estaba amezando al aire.
Por más de que no me gustara reconocerlo y fuera a quejarme mucho después, Mei casi siempre me convencía de hacer lo que pedía. La manipulación es el súper poder de las caprichosas, o de todas las mujeres quizá, supongo que sólo altera sus resultados si realmente te interesan o no.
—Bien, iré —acepté para no seguir perdiendo el tiempo en una batalla con final cantado—, pero ya deja de patalear, ya estás vieja para berrinches.
Me contenté con el ruido indescifrable de protesta que soltó antes de colgar y me recosté en mi sillón imaginado su cara furiosa y todos los insultos que me estaría dedicando. Todavía me estaba riendo cuando me llegó su mensaje con los detalles de lo que acordamos sumados a una nada amigable advertencia de que me dejara de reír porque ella se enteraba de todo. Y no lo dudaba, Meiling Li me conocía más de lo que me gustaría, o conviene.
(Sakura)
—¡Ya voy!
Me levanté del sillón y fui hasta la puerta de mi departamento, en cuanto la abrí, pude ver a una radiante Tomoyo cargada de bolsas y fundas para vertidos.
—Adivino, te peleaste con Kurogane y te mudas de vuelta. Lo siento pero ya no hay vacantes. A menos que quieras luchar con Mei por una cama- dije seria, pero al segundo no aguante la risa.
Me moví dejando pasar a mi amiga y tomé algunas de las cosas que traía para liberarla un poco del peso. Dejó su carga sobre la mesa, giró y me miró.
—Ya quisieras —Levantó el mentón en un símbolo de orgullo—, tu vida debe ser un desastre sin mí, pero lo siento cariño, Kuro y yo no podríamos ser más felices así que no pienso irme a ningún lado.
Cerré la puerta y también dejé las bolsas sobre la mesa.
—¿Desayunaste? —me preguntó.
Negué con la cabeza.
—Acabó de levantarme, te estaba esperando, imaginé que traerías algo aunque yo te pidiera que no lo hicieras —inquirí alzando una ceja—. ¿O me equivoco?
—Por supuesto que no, tengo los mejores dulces de la ciudad esperando por ser degustados justo aquí —Tomó una caja rosa y blanca y la dejó en la mesada de la cocina. Volteó y puso a calentar agua para el té—. ¿Mei todavía no se levantó? No me digas que volvió a su costumbre de andar de fiesta en fiesta.
—Para nada, de hecho ya se fue, tenía algunos asuntos pendientes en el estudio, ya sabes, aún está a prueba y Yue no es exactamente un tipo tolerante. Todavía me sorprende que la haya contratado con tan poca experiencia.
Mientras hablaba, Tomoyo abría la caja con los dulces y los ponía en un plato. Mis ojos se iluminaron ante tanta delicia junta, me acerqué y senté en un banco del otro lado de la superficie de mármol.
—Igualmente, seguro la verás —comenté, mientras robaba una fresa de una mini tarta de crema—, dijo que volvería a eso de las dos o tres de la tarde.
»Mmm, delicioso.
—Me alegra que te guste — admitió ella, sonriente.
Cuando el agua estuvo a punto, sirvió dos tazas de té y se sentó a mi lado para empezar a desayunar.
Justo como lo había prometido, nos pasamos toda la mañana entre risas y vestidos. Mi mejor amiga parecía entrar en un trance mientras hablaba sola por lo bajo y anotaba cosas en un cuaderno con dibujos, tanto, que no me atrevía a interrumpirla.
—¡Estás simplemente divina, Sakurita! —exclamó, y volvió a tomar un sorbo de su segundo té, que ya debía estar frío —Realmente eres una fuente de inspiración inagotable, tengo tanta suerte de que seas mi musa. —Con destellos en los ojos, me miró como yo a los dulces que había desayunado.
—Exageras, Tommy —le contesté, con una risita nerviosa y muerta de pena.
Volteamos cuando escuchamos unas llaves contra la puerta y al segundo apareció Meiling.
—Ya llegué! —Levantó la vista y esbozó una sonrisa —¡Tomoyo! Sakura no me aviso que vendrías, ¿cómo estás?
-Perfectamente, Meiling. Pero ven, relájate y come algo, traje tu dulce favorito, Sakura lo guardo en la heladera.
»En un minuto terminamos con los vestidos y podríamos ver una película —propuso la aludida volviendo su atención a la tela frente a ella.
La recién llegada se sacó los zapatos de taco alto dejándolos en la entrada, caminó unos pasos y tiró su cartera de marca en el sillón de la sala.
—Primero tomaré una ducha y enseguida estoy con ustedes —le contestó Mei, y se metió en su habitación.
Pasaban las cinco de la tarde y se me ocurrió que podía ser buena idea ir al parque a tomar un poco de aire fresco, propuesta que mis dos amigas aceptaron encantadas. Paseamos por el bosquesillo, tomamos un helado y jugamos carreras hasta los columpios satisfaciendo a nuestras niñas internas.
—Vamos, será divertido. Desde que estoy aquí no has salido a divertirte más de lo que puedo contar con esta mano. Ambas necesitamos relajarnos.
Miré a mi amiga china con desconfianza y agregó:
—Además, podría hasta ser bueno para tu carrera, la revista se especializa en cine y televisión, de seguro habrá muchos actores y directores invitados. No me dejes tirada, no quiero ir sola —protestó mientras apretujaba las cadenas de su columpio contra sí.
—No estarías sola, dijiste que tu primo te invitó —le refuté observando distraídamente unos niños que jugaban en el tobogán.
—Sí, pero él es el director de la empresa, seguro estará muy ocupado. Sin contar que conociendo a Syaoran, apostaría a que pasará toda la noche haciendo relaciones públicas para futuros negocios —Rodó los ojos con hartazgo ante esa idea pero de inmediato se reincorporó— Di que sí, ¿sí? —casi suplicó Meiling haciendo un infantil puchero y clavando la suela de sus deportivas en el suelo para mirarme de frente.
—Vamos, Sakurita, no te hagas rogar, yo también creo que te vendría bien distraerte un poco —dijo Tomoyo, quien escuchaba atenta nuestra conversación—. No hablamos de una salvaje fiesta universitaria, es una inocente reunión empresarial...
—En un club —interrumpí su planteo—. Además, ¿por qué no la acompañas tú?
—Ya te lo dije, Kuro y yo vamos a celebrar nuestro medio año de convivencia —Iba a abrir la boca pero ella fue más rápida— Sakura, basta, harás que me enfade contigo.
No es que no me gustara Kurogane, sólo que no creía que fuese el indicado para ella. Es decir, Tomoyo era una mujer dulce y atenta, mientras que él podría calificarse de bruto. No la trataba mal, pero tampoco se lo veía enamorado, casi siempre estaba enojado y no lo había visto sonreírle no una vez, según recordaba. Mi intención no era atacar su relación, sino advertirle de algo que quizás no era capaz de ver por si misma, cegada por algún aspecto del que yo no tenía conocimiento. La pasión, se me ocurría, pero ni apasionado parecía. Como fuera, era momento de darle tregua al tema si no quería pelear.
—Bien, iré.
Me rendí pero mostré mi descontento cruzando los brazos con una mueca de hastío.
Ambas celebraron su triunfo sobre mi voluntad quebrantada y de un momento a otro, más rápido de lo que lo pude procesar, Tomoyo corrió hasta la vereda y tomó un taxi que en ese momento pasaba por allí.
—Tengo el atuendo ideal en mi taller. Vayan al departamento, no me tardo —prácticamente nos gritó desde el asiento trasero y cerró la puerta al segundo sin dejarnos derecho a réplica.
—Esa Daidouji no cambia, ¿cierto? —comentó Meiling con la vista todavía fija en dirección al auto amarillo que se alejaba del parque con nuestra amiga dentro. Sólo puede negar con la cabeza sin salir de mi sorpresa.
¡Hola otra vez! Espero que anden bien y que les haya gustado esta propuesta.
No me aguanté las ganas de subir este segundo capítulo también porque :
A) ya lo tenía escrito hace un tiempito, como dije anteriormente la historia esta bastante avanzada (ando inspirada jaja)
Y,
B) El primer capítulo me parece demasiado introductorio y ya tengo ganas de que se empiecen a empapar de lo que quiero contar, por supuesto, quien quiera hacerlo.
Aprovecho eso último para aclarar una cosa, sé que cuando se sube contenido a Internet queda a merced de opiniones de todo tipo, pero me gustaría que tuviesen en cuenta que esto no pretende ser más que un entrenamiento para ustedes y para mí. En ningún momento mi idea fue vanaglorearme de mis aptitudes literarias que ,como leerán, son las justas y necesarias.
Nada, eso, no sean crueles (?) Jaja
Gracias a los que se tomaron el tiempo de leer y espero haberles hecho pasar un buen rato.
Me despido hasta la próxima.
Éxitos!
Mezzolec.
