Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.
UN MUNDO NUEVO
CAPÍTULO 3: "Nuestro tiempo"
(Sakura)
Una cena, un vestido rojo y una sesión de peinado y maquillaje después, me encontraba junto a Meiling en la entrada de una especie de bar combinado con un club nocturno, supuestamente, para la tranquila fiesta de una revista. Debo decir que de tranquila yo no le veía nada.
Al entrar, observé que todas las mesas estaban repletas de gente bebiendo y conversado a los gritos por lo alto de la música. Más al fondo había dos accesos, uno era un ventanal que daba a un patio trasero, y el otro, una escalera que conducía a la pista de baile y la terraza.
Caminamos entre la gente hasta llegar a la primera barra y nos sentamos.
—Una cerveza, por favor —le pedí al barman.
—Que sean dos —dijo Meiling.
Sentí una mano apoyándose en mi cintura y no llegué a ver quién era el atrevido cuando lo escuché hablar.
—Tres, y yo invito.
—¡Eriol! ¿Qué haces aquí? —No oculté mi sorpresa al verlo.
—Hola, pequeña. Como ves, no te puedes librar de mí ni los fines de semana —Sonrió y yo lo imité, giró la vista y la posó en la morena a mi lado—. Meiling, cada vez que te veo luces aún mejor.
Ella sonrió con satisfacción y yo miré a uno y otro sistemáticamente, como si siguiera la pelota en un partido de tenis.
—¿Ustedes se conocen? —pregunté, apuntándolos con una de las pintas de Asahi que acababan de llegar.
—Naa, obviamente es psíquico—ironizó ella e hice un mohín en respuesta—. Es amigo de mi primo. »¿Estás aquí por él? —le preguntó ella a Eriol, quien gurdaba su cartera después de pagar la primera ronda— Hace años que desapareciste, creí que ya no se veían. Ya sabes, desde que rompiste tu compromiso con mi prima.
—Sí y no —le contestó él, igual de enigmático que siempre—. Me invitaron porque soy amigo de Syaoran, pero fue Fuutie quien lo hizo. Es su hermana —aclaró gentilmente al ver que yo no había entendido—. Y en cuanto a lo otro, también es cierto, hace más de tres años que no sabemos nada el uno del otro, pero ahora que las cosas con Fuutie están resueltas, creo que podemos volver a llevarnos bien sin que deba temer por mi integridad física.
—Mmm, ¿has hablado con él? —preguntó Meiling y lo miró con desconfianza mientras le daba el primer trago a la cerveza que nos había invitado él.
—Por supuesto —aseguró—, y no sabes la cara de sorpresa que puso cuando me vio. Por suerte, pude persuadirlo para que me escuchara y ahora estamos en paz.
—Mejor, Syaoran jamás debió interferir en ese asunto, pero sabes lo sobreprotector que puede ser. Y hablando de él, ¿tienes idea de dónde está?
El pelinegro alzo la vista al techo como si eso lo ayudase a recordar.
—Hace unos minutos me dijo que iría a fumar al patio, si te apresuras seguro lo alcanzas —dijo finalmente, señalando el ventanal a nuestra izquierda.
Mei asintió en agradecimiento, se levantó y caminó en esa dirección sin decir más nada. A penas lo hizo, Eriol ocupó la banqueta que ella dejó vacía y nos pusimos a hablar tonterías un rato.
(Syaoran)
Me había encontrado con Eriol Hiraguizawa, quien durante varios años había sido mi mejor amigo. Y creo que a pesar de todo, seguía siéndolo.
Cuando íbamos a la Universidad, Eriol empezó a salir con mi hermana Fuutie, parecía que la relación iba en serio e incluso se comprometieron. Todos en la familia recibieron al heredero de los Hiraguizawa con gran aceptación y alegría. Incluso yo, que siempre fui muy cauteloso con sus pretendientes. Conocía a Fuutie lo suficiente como para estar seguro de que podía tomar buenas decisiones por sí sola, pero ser precavido no estaba demás si con eso le evitaba sufriento, por eso fue que lo que ocurrió me calló como un balde de agua helada.
Tenían la fecha de la boda y varias cosas compradas cuando Eriol habló con su prometida para decirle que todo aquello era un error, que no estaba listo para el matrimonio y necesitaba vivir un poco más antes de atarse a alguien por el resto de su vida. Para mi sorpresa, mi hermana se tomó la noticia con calma, pero conociéndola, estaba seguro de que ese mal nacido le había roto el corazón. Yo no podía ser paciente ante esa situación, y es que también me había traicionado a mí. ¡Carajo! Le había pedido por favor que la cuidara, ¡era mi hermanita de la que estábamos hablando! No pudiendo contenerme, lo enfrenté y nos peleamos como nunca antes. Salí de su casa con un moretón en el pómulo, dando un portazo y dejando al tipo que había sido mi mejor amigo, apenas pudiendo levantarse del piso. No sin antes gritarle que no volviera a acercarse a nosotros.
Claro, como si ese idiota alguna vez me hubiese hecho caso...
Afortunadamente, puedo decir orgulloso que Fuutie se recuperó antes de lo que yo hubiese previsto y estaba viviendo un momento profesional y personal óptimo, por lo que no sentí nada de culpa cuando me alegré al verlo de nuevo. Por más cursi que suene, lo había extrañado, aunque jamás fuese a decírselo.
Una voz más que conocida me sacó de mis pensamientos de repente.
—¿Cuándo vas a dejar esa porquería? —inquirió mi prima, mientras se apoyaba a mi lado en una de las paredes del patio del bar.
—Cuando dejes de meterte en mi vida —le contesté serio, para después darle otra calada a mi veneno favorito.
Una sonrisa socarrona apareció en su boca.
—Te morirás de cáncer antes de que eso pase, eres mi victima predilecta.
—De eso no me cabe la menor duda —La miré de reojo—. Viniste sola —afirmé, pero la vi negar con la cabeza.
—Te equivocas galán, te traje a la dulce y sexy Sakurita —habló en un tono burlesco y me pegó un ligero codazo en las costillas.
—No sé de que hablas —la evadí lo más convincentemente posible, apagando el filtro de mi cigarrillo con la suela del zapato—. Te dije que la invitaras porque me contaste que vivías con ella. Eso, querida, se llama cortesía.
Meiling me guiñó un ojo con el gesto de burla todavía reinando en su cara.
—Sí, ajá, cómo no. Yo no me olvido de lo locamente enamorado que estabas de ella —Llevó sus manos a mis mejillas y las apretó—. Si te ponías como un tomate con sólo saludarla.
Efectivamente mi rostro enrojeció, pero de enfado.
—Cierra la boca —Saqué sus manos de mi cara de un golpe—. ¡Tenía diez años! Olvidalo de una maldita vez y déjame en paz.
Mis gritos y su carcajada despertaron la curiosidad de varias de las personas que estaban cerca nuestro. Cuando lo noté, sentí que podría estrangularla, y a mí mismo por no controlarme.
—Ya calmate, Syao, era sólo una broma —Levantó una ceja mirándome fijo—. Pero ni creas que no he notado tus segundas intenciones. Me conoces y sabes que si quero invitar a alguien lo hago, con o sin tu permiso. Además, puedes ser sutil para los demás, pero para mí no tienes secretos, muchachito. Que traiga a Sakura no fue una sugerencia, fue una orden. Lo que no logró adivinar es de dónde viene ese renovado interés, porque no creo que hayas cambiado tanto este tiempo como para ser el tipo de hombre que ve un programa que es prácticamente para adolescentes.
Bien, atrapado, no tiene sentido que le mienta.
—Le hicieron una entrevista para la revista y la crucé en el ascensor.
Aunque puedo omitir la patética parte en la que le pido a Nakuru que organice esa entrevista con la excusa de considerarla rentable, para después buscarla como un demente por toda la redacción.
—Y la reconciste... Eso es muy dulce.
Puso una carita de quinceañera enamorada que no me gusto nada y la paré en seco.
—Espera, espera, este asunto es todo menos dulce, Meiling.
Y era cierto, eso de un reencuentro romántico con un «amor de infancia», jamás me pasó por la cabeza.
Meiling posó sus manos en la cadera y frunció el ceño.
—Sabes que ella no es como las zorras con las que andas, ¿cierto, Syaoran? —Levante las cejas fingiendo inocencia pero me ignoró y siguió con su digno discurso—. No es que sea una tonta enamoradiza, ni creo que vayas a lastimarla, pero definitivamente no permitiré que la insultes con tus propuestas de una sola noche. Si te interesa mi amiga, por mí está bien, pero más te vale que seas un caballero si no quieres perder la posibilidad de tener descendencia. ¿Se entendió?
—Perfectamente. —Le sonreí y ella se relajó.
—Correcto, entonces vamos a que te la presente. La dejé sola con Hiraguizawa y a esta altura puede que te haya ganado de mano.
Me tomó del brazo y la seguí entre la gente en dirección a la barra.
OoOoOoOoO
Meiling llevaba a su primo al encuentro de los dos jóvenes que charlaban en la barra de aquel bar. Todavía se preguntaba si no estaba cometiendo un error al dejar a Sakura a merced de su querido, pero no por eso menos impredecible, primo. Rápidamente se recordó que su amiga era una adulta y sabría controlar la situación, tendría que dajarle a ellos la opción de decidir.
Al llegar a destino, interrumpió carraspendo las risas de Eriol y Sakura.
—Ya volví y miren a quién traje —dijo señalando al castaño a su lado—. Syaoran, ella es una amiga, Sakura Kinomoto. Sak, él es mi primo Syaoran Li.
—Hola —saludó el hombre en un tono un tanto tímido que lo hizo sorprenderse de sí mismo y a Eriol alzar la ceja con curiosidad.
—Mucho gusto —contestó la chica con una mezcla de falsa alegría y nerviosismo. Porque Sakura podía ser despistada, pero no lo suficiente como para no darse cuenta. El más querido primo de su compañera de casa, ése que había mencionado incontables veces, era el tipo del ascensor. Realmente había creído que no lo volvería a ver jamás, pero ella sabía de sobra que el destino tenía un sentido del humor bastante curioso, por no decir cruel.
Si una mancha más no cambia al tigre, una situación vergonzosa más no modifica en nada mi larga lista —pensó mientras jugaba diatraídamente con un maní sobre la madera de la barra.
—Me alegra que se nos unan —medio gritó Eriol, para que los tres escucharán a través de la estruendosa música. Después pidió otra ronda de cerveza y los invitó a sentarse en una mesa vacía de las que estaban escondiendas al fondo del local.
No pasó mucho antes que los recién encontrados amigos comenzaron a charlar con confianza como si el tiempo no hubiese pasado.
—Así que estrellita de Internet, ¿eh? ¿Por qué no dejas las niñerías de una vez y te pones a trabajar en serio, Hiraguizawa? —bromeó Syaoran, aunque dejando entrever su postura sobre el tema.
—Porque si lo hago, tu revistita iría a la banca rota.
»Al parecer están viviendo de nuestro éxito, ¿no es así, pequeña?
El inglés pasó su brazo por la cintura de Sakura acercándola a él. Ella se encogió de hombros y Eriol, al notar que no entendía, le explicó.
—Tienen una sección semanal donde hacen reseñas de cada capítulo, su portal es el que nos compra los vlogs que grabamos a veces, y, por si eso tampoco has notado, esta es la fiesta de la revista que nos hizo la entrevista el jueves.
—Eso sí lo noté —dijo Sakura, evitando hacer contacto visual con Syaoran.
—Soy un hombre de negocios, viejo amigo —contestó Li en su característico tono autoritario, no pasando por alto las monótonas respuestas de su «presa», pero evitando acotar sobre el tema—. Así es justo como se trata a las modas, se las exprime hasta que no tienen más que dar, se las patea y se toma la siguiente.
Eriol se acomodó los lentes saboreando con anticipación su contraataque, pero antes de que pudiera hablar, Meiling se apresuró a tomarlo de la mano y lo levantó de un tirón.
—Ya basta de charla —dijo, nerviosa—, estamos en una fiesta y quiero bailar. Ven Eriol, acompañame, Syao pueder ser muchas cosas pero jamás un buen bailarín —se burló la joven dejando a su primo con una queja en la punta de la lengua.
(Syaoran)
Sakura comenzó a juguetear con los dedos sobre su regazo en señal de lo incómoda que estaba.
Y yo no podía sentirme más inútil.
Estaba ahí, enfrente mío, luciendo espectacular, dicho sea de paso, y no se me ocurría qué mierda decir. Parecía un adolescente virgen con miedo a arruinar su primera oportunidad de ponerla.
Es suficiente, a matar traumas de la infancia.
—Y bien, piensas preguntar o prefires quedarte con la duda. —Busqué sus ojos esperando su reacción.
—¿Disculpa? —exclamó sobresaltada. Era obvio que había estado ensimismada muy lejos de ahí, y de mí.
Esa era una oportunidad, me cambié de silla sentándome junto a ella y me incliné para hablarle al oído.
—Que si ya me reconociste —reformulé.
Mientras lo hacía, pude sentir el delicado y dulce aroma que desprendía su cuello. Fue casi imperceptible, pero juraría que la vi estremecerse cuando mi aliento tocó el lóbulo de su oreja. Me enderecé apenas un poco dejando mi rostro frente al suyo e invitándola a contestarme de la misma forma.
Me miró de una forma que no supe reconocer, antes de posar su cálida mano en mi hombro y atraerme hacía ella.
—Suelo perder la memoria después de algunas copas, lo siento si te ofendi.
Una poderosa electricidad me recorrió el cuerpo en cuanto sentí su calor traspasando la tela de la camisa, y ni hablar de cómo me dejó sentirla respirar tan cerca mío.
Tengo que admitir que cuando Mei me la presentó me confundí un poco. Ver sus gestos tímidos, la actitud infantil con la que se defendía de Eriol y sus bromas, y el que no levantará la vista para verme en ningún momento, me hizo pensar que mi plan era una canallada. Estaría intentando abusar de una niña inexperta sin ofrecerle nada de lo que ese grupo en particular busca en un hombre. Por gracia divina, puedo decir aliviado que me había equivocado. Sakura era una mujer, una mujer sensual que me estaba ganando en mi propio juego. Aunque no por todo eso obvié su comentario.
Reí por lo bajo y volví a acercame.
—Bueno, esa no es la idea cariño, así que podrías empezar a medir tus tragos de ahora en adelante, créeme, querrás recordar esto.
Sin más, giré y posé mis labios sobre los suyos. Los saboreé por un instante y comencé a moverme esperando su respuesta. Sentí complacido cómo comenzaba a corresponderme. Deslizó su mano desde mi hombro a mi cuello e intensificó el beso. Con luz verde, tomé su cintura con una mano mientras que con la otra me apoyaba en el respaldo de su silla. Ya más confiado y cómodo, la impulsé a abrir la boca para poder explorarla a gusto.
Esa mujer era exquisita. Sus manos acariciaban mi cabello y nuca mientras su lengua jugaba son la mía como si se conocieran de toda la vida. Lo que por fuera debió verse como un simple beso, a mí me encendió todos los sentidos y alertó a mi entrepierna de la posible fiesta. En ese momento me acordé de Meiling y su advertencia.
¡Maldición! ¿Qué debía hacer? Generalmente cuando llegaba a esta instancia, que siempre requería de bastante más de estimulación (punto para Sakura), proponía a mi acompañante seguir con lo que estábamos un lugar más íntimo. Y aunque me estaba correspondido, eso no garantizaba que no me golpeara si no le gustaba la idea, o peor aún, que Mei lo hiciera.
Nos separamos un poco para respirar y noté que yo tenía la mano en su muslo y ella las suyas en mi pecho. La miré a los ojos, y, a pesar de la poca luz del lugar, pude ver claramente como estaban oscurecidos por el deseo.
A la mierda Meiling.
—Sakura, qué...
—Mírate nada más. Yo me paso tanto tiempo preparando el terreno para que llegues un día y de la nada aplastes mi trabajo —Escuché la insoportable voz de Eriol en un tono de dolor sobre actuado, acto seguido Sakura se separó de mí como si quemara.
—Oh! ¡la traición! —siguió, yse llevó la mano a la cabeza en un exagerado gesto teatral— ¡Creí que eras mi amiga, Sakura!
Ella abrió los ojos como platos y yo esbocé una sonrisa cómplice. Al ver que la cara de espanto de Sakura no se iba, le seguí el juego a mi amigo.
—No mi amor, tranquilo, sabes que soy tuyo cuando quieras, sólo tienes que pedirlo—. Le guiñé un ojo y él pestañó repetidas veces juntando las manos, si hubiese podido actuar un sonrojo, estoy seguro que lo habría hecho.
—¡Ya basta, joder! —ordenó Meiling, llegando con una botella de espumante y cuatro copas— Me revuelven el estomago.
—Eso es porque eres una intolerante de mierda, Meiling —Haciéndose el ofendido, Eriol se sentó de golpe y se cruzó de brazos mirando en dirección opuesta a mi prima—. Tú no sabes nada del amor.
Ya no pude contener la risa y solté un sonora carcajada, Eriol se me sumó al instante, mientras que la aludida hacía un gesto de desaprobación, aunque me di cuenta de que escondía una involuntaria sonrisa en él.
—Siguen siendo unos idiotas —dijo Mei, en lo que llenaba las copas con el líquido de la botella.
El hombre de lentes frente a mí se aclaró la garganta y dijo solemne:
—Brindo por la idiotez, que tantos buenos ratos nos ha hecho pasar.
Levantamos las copas y mi prima lo siguió.
—Por los reencuentros —brindó ella y nos miró a todos un segundo.
—Por las sorpresas —dije yo y volvimos a beber.
—Por lo nuevo —pronunció una ya recuperada Sakura, no pude evitar sonreírle.
Terminamos la botella y notamos que la mayoría de la gente se estaba yendo. Me levanté a saludar a los invitados más importantes y cuando volví a la mesa me enteré de que mi prima había invitado a Eriol y a Sakura a mi departamento para seguir con los tragos.
—No me mires con esa cara, es temprano y estamos pasando un buen rato. Los invitaría a la nuestra pero no hay nada para beber y a esta hora no conseguiremos donde comprar —Alcé una ceja ante su insinuación—. ¿Qué? ¿Me vas a negar que estás más que abastecido de alcohol? Dudo que hayas cambiado tanto.
Descrucé los brazos y los dejé caer a los costados de mi cuerpo
—Bien, vamos —acepté, rendido.
Meiling saltó desde su silla a mis brazos y comenzó a darme cortos besos en la mejilla.
—¡Gracias, gracias, gracias! ¡Eres el mejor!
—Sí, sí, lo sé. —Pasé la mano por su cintura y le hice un gesto con la cabeza a los demás para que nos siguieran. Media hora más tarde estuvimos en mi casa.
Tomamos cerveza, comimos papas fritas y hasta hicimos juegos de adolescentes que terminaban siempre con alguien metiéndose un shot de tequila. Nadie pudo nunca sacarme de la cabeza la imagen de Eriol Hiraguizawa imitando a Madonna con el labial rojo de mi prima esparcido por toda la cara, o la de Sakura y Meiling cantando y bailando al ritmo de las Spice Girls sobre los sillones de la sala.
Puede que esa noche no haya tenido sexo, pero aún hoy la recuerdo como una de las más divertidas de mi vida.
(Sakura)
Tenía miedo, no, estaba aterrada. Veía como mi mejor amiga estaba corriendo peligro sin que yo pudiera más que observar. Me sentía tan impotente que me desesperaba. Pero se lo había prometido, le aseguré que me quedaría en ese lugar que ella consideró seguro para mí y trataría de no ser vista. Sujeté mi bolso con más fuerza y ahogué un grito al verla caer al suelo. Su espada se había resbalado de sus manos y ahora estaba a merced de una amenaza de la que yo no podría defenderla aunque quisiera. Temí por su vida como nunca antes y actúe sin pensar. Arrojé mi cámara lejos de mí provocando un estruendo que los descolocó a ambos y corrí en dirección opuesta para que no me vieran. Pero era tarde. Sus enormes ojos rojos se clavaron en mí y comenzó a seguirme. No me detuve.
—¡Misaki! ¡NO! —gritó Sayuri.
Me caí en mi carrera lastimándome la rodilla.
El hombre se acercaba.
Me apuntó con su espada.
Cerré los ojos a la espera de mi fin.
—¡Corte! —mandó Naoko desde su puesto— Precioso, estuvieron estupendos chicos.
»Sak, ¿te lastimaste mucho?
—Naa, qué va. Es sólo un raspón.
—Bien, descansa un poco —me ordenó ayudándome a levantar— ¡Va para todos! Descansen. Menos tú, Rika, quiero que repasemos un poco la escena siguiente —pidió señalando a la protagonista.
Caminé hacía una la mesa del catering y tomé un vaso con agua. Me acerqué a mi bolso que descansaba en una silla a un costado del set y me puse a revisar mi celular. Entré a mi red social favorita y vi una solicitud de amistad que me hizo dar un respingo.
Syaoran Li quiere ser tu amigo.
Sí claro, amigo, como no. —Me reí por lo bajo ante la ironía. Acepté y a los dos minutos me hablaron por el chat.
Syaoran: Hola, veo que las copas del sábado no te afectaron tanto, o será que aceptas a cualquiera.
Yo: Pues, no, ni acepto a cualquiera, ni me afectaron lo suficiente. Pero dime, ¿no deberías estar trabajando? No te imaginaba tan ocioso.
Syaoran: Imaginas bien, no lo soy, pero tengo prioridades, y en este momento lo es un asunto que quiero resolver cuanto antes.
Qué bueno que esta vez sí me recuerdas, odiaría tener que empezar de cero. De nuevo.
Yo: ¡Ah! Eso me recuerda que al final no me dijiste de dónde diablos es que nos conocemos, o que tú me conoces, mejor dicho. Estuve pensado pero no se me ocurre nada.
Syaoran: Primero lo primero. ¿Qué te parece si nos vemos uno de estos días? Podrías venir a mi casa, no es que ya no le tengas confianza —Cierto, estuve saltando en su sillón con Mei, qué vergüenza—, y además soy un excelente cocinero.
Empecé a escribir y borrar como por un minuto reloj y él obviamente lo notó.
Syaoran: Vamos, si vienes te diré dónde y en qué circunstancias nos conocimos.
Yo: ¿Me estás chantajeando?
Syaoran: Yo diría que más bien convenciendo. ¿Mañana? Podría pasar por ti a las siete.
Salí del chat y lo pensé un poco. Hacía un tiempo que no tenía una cita y nadie en el mundo sería capaz de negar que ese hombre era por demás atractivo, aunque, ¿era correcto? ¿debería preguntarle a Mei primero? ¿ella me preguntaría a mí de ser al revés? Podría enviarle un mensaje pero... De repente sentí mi teléfono vibrar y vi otra notificación.
Syaoran: ¿A todos los dejas esperando así o ya puedo sentirme especial?
Yo: Se le llama pausa dramática.
Syaoran: Jajaja. Entiendo, ¿y bien? ¿cuánto durará? Estoy un poco ansioso.
Yo: Ok, Li, ganaste. Pero no pases por mi casa. Estaré en la tuya a las 19:30.
Syaoran: Que conste que intenté ser un caballero. Pero de acuerdo, te espero mañana entonces. Y dime Syaoran por favor.
Yo: Está bien, Syaoran. Nos vemos.
Syaoran: Eso seguro. Hasta luego.
Apagué la pantalla del celular y lo guardé en mi bolso. Acto seguido sentí una mano pesada caer sobre mi hombro.
—Así que eso es lo que te tiene con una ronrisita tonta pintada en la cara —dijo un divertido Eriol mirando mi bolso por encima de mi cabeza—. Bien, me alegro, Syaoran sabrá mantenerte de buen humor.
—¡Sal de aquí! ¡Eres un machista y un mal pensado! —lo acusé más alto de lo que hubiera querido. Él comenzó a reírse como un loco y yo me puse roja como un tomate.
—¿Mal pensado yo?¿Por qué? Sólo evidencio los hechos. Eres tú la que planea encerrarse en el departamento de un tipo soltero, vaya a saber uno por cuánto tiempo.
—¿Y qué? ¿ahora no puedo querer tener un amigo nuevo? —le dije desafiante y el idiota volvió a reír.
—Ay pequeña, si crees que lo que Syaoran busca en ti es una amistad, ya pasas de la ingenuidad a la estupidez —Cerré los puños conteniendo mis ganas de darle un buen golpe. Me miró entrecerrando los ojos y acomodándose los lentes con su cínica sonrisa todavía plasmada en el rostro—. Recuerda que es de un amigo mío de quién estamos hablando, y ya sabes lo que dicen, Dios nos cría y el viento nos amontona.
—Pero tú nunca me has tocado —repliqué.
—Porque nunca me has dejado, pero si ese es un reclamo... —me acarició el hombro y sentí un horrible escalofrío— tiene arreglo.
Me aparté de un salto.
—¡Ay, no! ¡qué horror! —grité incluso más roja que antes.
—Ok, ok, entendí, pero no hacía falta la alevosía, me lastimas el orgullo, Sakura.
—Lo, lo siento, no quise, es que me sorprendiste y bueno yo, tú, emm.
Miraba al piso apenada hasta que escuché su risa seguida de un abrazo amistoso.
—Eres única, Sak, nunca cambies.
Antes de que pudiera contestarle, la asistente de Naoko nos llamó para ensayar una escena. Al llegar a nuestros puestos, Eriol se agachó alcanzado la altura de mi oído.
—Es en serio pequeña —susurró—, no te subestimo, pero no me perdonaría si no te dejara muy en claro esto: Syaoran Li no es un tipo para tener de pareja, si lo que buscas es un poco de diversión, perfecto, pero no le pidas nada más, es incapaz de dártelo.
—Lo sé, Eriol —En realidad no lo sabía, pero algo me decía que mi compañero tenía razón—. Te agradezco de todas formas, eres un gran amigo.
Me sonrió tan cálidamente que sentí como si me hubiera hechizado por un instante, pero una palmada en la espalda de devolvió a la realidad.
—Vamos chicos, Naoko está histérica por la escena del sueño y ya quiero terminarla de una vez para que me deje en paz —nos pidió una notablemente cansada Rika.
En verdad esperaba que a Mei no le molestara, ya éramos adultas, seguro lo comprendería. Además, no es como si yo estuviera abusando de su primito, fue él quién me buscó en primer lugar. Y Eriol tenía razón, Syaoran no parecía un hombre ingenuo ni mucho menos enamoradizo. Ella no podría culparme por querer pasar un momento ameno con él. Como fuera, estaba hecho, iría a verlo y punto final.
(Syaoran)
Cerré la ventana de esa red social y seguí revisando los números de contaduría. No habían pasado cinco minutos cuando escuché que tocaban a la puerta de mi oficina.
—Pase.
—Cuánta formalidad, guapo —dijo Nakuru dando felinos pasos hasta sentarse en mi regazo.
—No sabía que eras tú dulzura —contesté concentrado en sus interminables piernas—, apuesto a que no te gustaría que le hablara a todas como a ti, ¿o me equivoco?
—Para nada, pero ni creas que te he perdonado, últimamente ya no me atiendes como antes y eso no me está gustando nada. Quiero que lo sepas.— Se cruzó de brazos y levantó el mentón en un falso gesto de enfado.
—¿A sí? Pues, sabes que jamás te prometí exclusividad ni tampoco pienso darte explicaciones de ningún tipo pero —Corrí su larga melena y comencé a darle pausados besos en la nuca—, puedo compensar el tiempo perdido justo ahora.
Giró para mirarme de frente y plantó una sonrisa pícara en sus labios.
—Bien, te dejaré intentarlo, pero más te vale que te esmeres.
—Jamás te he decepcionado, ¿o sí?
—Jamás, jefecito. —Y fue lo último que dijo porque atrapé su boca con fuerza y la tomé de la cadera sentándola en mi escritorio. Separó las piernas y me atrajo hacia ella rodeando mi cintura.
Mi relación con Nakuru Akizuki era ideal, aunque al principio no lo creí posible. Cuando llegué a la empresa ella ya trabajaba ahí redactando pequeños artículos para la sección de curiosidades, la cual creció rápidamente gracias a sus vastos conocimientos de cine. Tan pronto como me la presentaron comenzó a abordarme cada vez que me veía sólo, yclaro, yo siendo demasiado joven para el puesto y con sus constantes ofrecimientos, creí que lo hacía pensado que sacaría ventaja por acostarse conmigo. Con el tiempo concluí que no era eso lo que buscaba. Le tendí cuanta trampa se me ocurrió para que se delatara pero jamás lo hizo. Ella sólo quería un cómplice para satisfacer sus deseos en horarios de oficina y yo no era quién para negarme.
Nakuru nunca me pidió nada, ni en el ámbito laboral, ni en el personal. Sólo llegaba, se insinuaba y esperaba a saber si yo tenía ganas. Después de esos encuentros, sólo se vestía y se iba como si nada. No comprendía del todo su actitud, pero tampoco me intesaba saber, por lo que nunca pregunté.
Hola otra vez!
Gracias a los que me escribieron y siguen la historia, obviamente eso me gratifica y mantiene estimulada para seguir escribiendo y publicando. Me encantaría que me contaran que les parece hasta ahora.
En cuanto al capítulo, estoy contenta porque al fín pude juntar a nuestra pareja protagonista, y también, muy satisfecha con la mini escena de "cazadores". Me divierte que en vez de que Sakura fuera la de los poderes, haga el papel de la mejor amiga contenedora que le corresponde a Tomoyo en fín, eso es todo por el momento.
Qué disfruten mucho la semana y nos leemos la siguiente.
Éxitos!
Mezzolec.
