Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.


UN MUNDO NUEVO

CAPÍTULO 4: "Situaciones Extremas"

(Sakura)

Llegué a mi casa completamente agotada. Tiré el bolso y las llaves en la mesa y me desplomé en el sillón. Quería un poco de paz, silencio y oscuridad que en ese momento la sala en penumbras podía darme. Cerré los ojos intentado conciliar el sueño pero un golpeteo constante no me dejaba llevar a cabo mi plan. Me senté perezosa y oí un golpe seco más fuerte que los anteriores.

—¿Mei? ¿estás ahí? —Me levanté y comencé a caminar en dirección al sonido—. ¡Mei, no es gracioso!

Encendí la luz y noté que las llaves de mi amiga no estaban donde siempre, en ese momento escuché una especie de gruñido proveniente de su habitación. Un escalofrío recorrió mi espalda cuando pensé en aquello.

—Basta, Sakura. Ya estás grande para creer en fantasmas. Esas cosas no existen y lo que no existe no puede hacerte daño.

Pum.

—Ay, no, yo me voy... —Me paré en seco— ¡No! Debo enfrentarlo, no soy una niña, no soy una niña...

Otro golpe, otro escalofrío.

No, no soy una niña pero los adultos podemos tener miedos también ¿no?

Pensándolo bien, ¿y si le pasó algo a Mei y por no averiguar se empeora?

—Debo ir —resolví.

Me acerqué a paso sigiloso hasta la puerta de la habitación junto a la mía y la abrí con cuidado.

Lo que vi me podría dejar más traumas que cualquier estúpido temor a los fantasmas.

Meiling estaba de espaldas, desnuda y sentada sobre un hombre en igual condición en la punta de su cama. Cuando notaron mi presencia ambos votearon a verme y yo palidecí.

—He, he, hermano...

—¡Monstruo! —gritó Touya Kinomoto, tan o más pálido que yo. Mi compañera de casa ahogó un grito y se tapó los pechos con el primer retazo de tela que encontró—. ¡Cierra la puerta, maldición!

Di un respingo y salí de ahí lo más rápido que pude. Volví a sentarme en el sillón y respiré profundamente.

Y pensar que yo estaba nerviosa por lo que pudiera decir Meiling si se enteraba de la cita que tenía con su primo , ¡ja! Ella me estaba sacando ventaja desde quién sabe cuándo.

Me levanté buscando un trago pero me encontré con que no había nada en la casa.

Los vi salir pasados escasos minutos y mi hermano me miró con la misma cara de pocos amigos que tenía siempre.

—Ella te explicará, debo irme, pero si quieres hablar después, sólo llámame —dijo Touya.

—¿Adónde crees que vas? —le reclamé con los brazos en jarra— Quiero hablar contigo ahora.

—Te dije que no puedo ahora, monstruo —Gruñí pero me ignoró—. Te llamo —avisó, dirigiéndose a mi amiga. Le dio un casto beso en los labios y se fue dejándonos solas.

—Siéntate por favor, Sak —Dejé caer mi brazos y sin decirle nada fui a mi habitación—. ¿Adónde vas? —preguntó extrañada.

Busqué en el fondo de uno de mis cajones el atado de cigarrillos que sabía que tenía. Volví a la sala, me senté enfrente suyo y le ofrecí uno. Saqué otro para mí y luego lo encendí, habiendo dado la primera calada, la miré.

—Ahora sí, te escucho —le dije pausadamente.

—No sabía que fumabas.

—Sólo en situaciones extremas, ésta, por ejemplo. —Volví a inspirar.

Pasamos más de una hora hablando del tema. Resultaba ser que se habían conocido porque mi hermano fue el médico que la atendió cuando ella terminó en el hospital con una severa intoxicación por alcohol y otras sustancias. La reconoció como una de mis amigas y la cuidó hasta que estuvo mejor. Mei le hizo prometer que no me diría nada sobre su problema de excesos, pero Touya aceptó con la condición de que lo dejará a él acompañarla en su proceso de recuperación. Con el tiempo, su relación dejó de ser una amistad, pero Meiling no quería seguir arrastrándolo a aquello, así que le escribió una carta explicando sus motivos y regreso a Hong Kong hasta que se sintiera lista para recuperar su vida en Japón.

—Pero, ¿por qué no me dijiste nada? No confiaste en mí, sabes que jamás te juzgaría, ¡somos amigas por todos los cielos! —Me dolía el pecho y sentía ganas de llorar, pero con fuerza las contuve, no era momento de eso.

—No fue falta de confianza, fue vergüenza —Jugaba nerviosamente con sus dedos y los miraba como si fueran la cosa más interesante del mundo—. Imaginaba que los iba a decepcionar a todos, no quería lastimarlos. Sentía pena por mí misma y eso me impulsaba a meterme en más y peores cosas. En este momento estoy limpia de todo, pero puedo recaer. Por eso trato de que no tengamos nada en casa, consumo en exceso sólo cuando estoy sola, como un castigo o algo así —Hizo una mueca que no supe interpretar, atrapó sus rodillas con los brazos sobre la silla y comenzó a mecerse de forma casi imperceptible—. Hago terapia. Y me va muy bien a pesar de que el Dr. Tsukishiro dejó de atenderme cuando se enteró de que volví con Touya —Levantó la vista y sonrió tímida—. Ya sabes, ellos son mejores amigos, y para tratarme debe ser lo más objetivo posible. Me recomendó un estupendo colega suyo y hasta me consiguió trabajo en el estudio de su hermano.

Con que fue él quién convenció a Yue.

—Yukito es un gran hombre —le dije sonriendo.

—Sí que lo es —me contestó imitando mi gesto—. Lo siento amiga, fui una tonta, lo sé, no confíe en ti y me arrepiento, ¿podrías perdonarme?

—Por supuesto, Mei —Rodeé la mesa, la hice pararse a mi lado y la abrace fuerte—, pero promete que no volverás a pasar de mí así y que me dejarás cuidarte.

Escondió su cabeza en mi cuello y la sentí sollozar.

—Lo prometo —susurró.

OoOoOoOoO

Syaoran tenía todo listo. Había preparado una magnífica cena dejando relucir su mejor repertorio culinario. Se decidió por apostar a la gastronomía occidental, ya que no sabía si la china sería territorio seguro, y si bien era bueno en la japonesa también, esa opción le pareció que no cumpliría con su objetivo de impresionar a Sakura. Verduras, pollo, crema y queso reposaban perfectamente sazonados sobre la cocina en la habitación del mismo nombre. Dentro de la heladera, se enfríaba un postre de chocolate que lo hacía esperar con ansias el final de la comida, un agasajo un poco egoísta, ya que era su favorito, pero también su especialidad, así que confiaba en que su invitada también lo disfrutase.

La iluminación se volvía tenue al llegar a la sala. En el centro se imponía una mesa sobria y elegante que robaría la atención de quien estuviera a su alcance. El cuidadoso dueño de casa había puesto sobre el vidrio dos platos de porcelana blanca, un juego de copas de cristal cortado, cubiertos de plata y servilletas de tela del mismo verde que los individuales y camino que evitaban que los objetos antes descriptos arruinaran el gran mueble de patas cromadas.

De la expectativa a la impaciencia había pasado en a penas dos cigarrillos, yendo por el quinto, la furia se instaló en su persona. Paseaba de un lado al otro similando un tigre enjaulado, y así se sentía. Estaba con una copa de su mejor Sauvignon Blanc casi vacía en una de sus manos y en la otra tenía su celular encendido, lo miraba fijamente mientras meditaba si morder o no. Eran casi las nueve de la noche y ni rastros de Sakura, ni una llamada, ni un mensaje avisando de su retraso o cancelación.

¡¿Quién se cree esa enana para dejarme plantado así?!

—Ya fue, que se joda —se dijo.

Yo: Si no pensabas venir, debiste haberlo dicho. No me hubiese muerto, sabes. No te creas tan importante, lo que pensaba obtener de ti no es nada que no consiga en otra. Eres u...

Sakura: ¡Syaoran! ¡Hola! Justo estaba por escribirte. Lo siento muchísimo, sé que es muy tarde pero tuve unos inconvenientes, ya estoy a una cuadra, nos vemos. ¡Beso! *

Borrar, borrar, borrar.

Eso estuvo cerca —pensó en un sonoro suspiro.

Apagó la pantalla de su teléfono y se acomodó un poco para arreglar la desabotonada camisa. En seguida sonó el timbre del portero electrónico, y al atender, descubrió a una voz agitada que resultaba ser la de Sakura.

—Pasa —le contestó presionando un botón.

Se dirigió a la entrada, abrió la puerta y la esperó apoyado en el marco.

Era un edificio claramente lujoso, digno de un niño rico como él. Sakura llegó al décimo nivel y apenas salió del ascensor descubrió al hombre de intensa mirada cruzado de brazos, aparentemente esperándola. Le sonrió un poco nerviosa y caminó unos pocos pasos hasta la entrada.

Lucía realmente guapo, tenía una camisa gris claro que delataba su delgada pero atlética figura, unos pantalones y zapatos negros de materiales notoriamente finos y su cabello tan despeinado y rebelde como lo recordaba. Ese que le traía la imágen de quien la había besado con tanta pasión apenas unas noches atrás.

Cuando estuvo frente a su anfitrión, él se agachó un poco y le plantó un corto beso en la comisura de los labios, acción que la hizo estremecer, pero que intento que se no notara.

—Cada vez que te veo estás más hermosa —dijo mirándola a los ojos—. Ven, pasa —ofreció después, guiándola con una mano apoyada en la cintura de la joven.

No podía confiarse, tenía que hacer las cosas bien con Sakura. No se iba a permitir perder esta oportunidad, porque Syaoran Li no perdía nada nunca, y no iba a empezar ahora, pero era tan fuerte el deseo de satisfacer ese capricho de tenerla para él, que lo hacía sentir torpe.

"Ya calmate de una maldita vez, Sakura Kinomoto es una mujer como cualquier otra. Has hecho esto decenas de veces, así que deja las estupideces y manos a la obra." —Le ordenó una voz en su mente.

—Ponte cómoda, iré por un poco de vino para ti —le dijo a Sakura, que lo miraba desde el comedor.

Abrió la puerta de su cava, extrajo la botella que había descorchado hacía casi una hora y volvió al encuentro de su invitada que ya estaba sentada a la mesa jugando con el borde de su copa.

—Espero que te guste, es de mis favoritos —le comentó mientras ella oxigenaba la bebida con el movimiento circular de su mano.

Se veía muy bella con ese vestido azul de escote profundo que resaltaba el tono de piel. Llevaba el cabello suelto y unos adornos plateados que le daban un acabado aún más femenino a su aspecto, sin contar su perfume. Ese perfume que amenazaba con volverlo loco. Eso, y la forma tan sensual con la que degustaba el vino. Apartó la vista de golpe para no intimidar al precioso espécimen que en ese momento le sonrió tiernamente. Como resultado de aquel gesto, Syaoran sintió que un ligero rubor se aporderaba de sus mejillas.

"¿Qué parte de que te calmes es la que no entendiste? Contrólate, no me hagas repetirlo." —volvió a hablarle su mente. Entre avergonzado y enojado, ladeó la cabeza y retomó la compostura.

—Muchas gracias, es realmente exquisito —alagó Sakura su elección antes de juntar las manos y comenzar a jugar nerviosamente con los dedos—. Te debo una disculpa, Syaoran. Todo es muy bonito, seguro que la comida está deliciosa y yo no soy capaz de llegar a tiempo. Lo siento mucho.

No podía enojarse con ella cuando se veía como un cachorro regañado. Estúpida empatía.

—No te preocupes, me encargaré de que me lo compenses, primero disfrutando de la cena —intentó tranquilizarla el hombre parándose—. Voy por ella, espera aquí.

¿Qué estaba haciendo ahí? Se sentía extraña, Li la intimidaba. El arreglo de la mesa, el aroma de la comida proveniente de la cocina, lo espectacular del departamento y su decoración, ÉL. Todo era perfecto, demasiado, parecía irreal y si no lo fuera, ¿cómo estaría a la altura de semejante circunstancia? Sakura no se menospreciaba, pero no podía dejar de preguntarse qué era lo que quería un joven y atractivo empresario con ella que no tenía nada extraordinario para ofrecerle. Lo vio llegar de la cocina con dos platos, uno de los cuales colocó enfrente suyo.

—Espero la gastronomía occidental sea de tu agrado.—Esbozó una tímida sonrisa y se sentó del otro lado de la mesa.

Pasaron unos minutos y lo único que se escuchaba era el sonido de los cubiertos al chocar. La joven Kinomoto no salía de sus pensamientos e inseguridades mientras que Li esperaba que no se estuviera aburriendo. Él no solía hablar mucho, y si la conversación debiera ser su responsabilidad, no le vea un buen futuro a aquello, pero tenía que intentarlo.

—¿Qué fue lo que te pasó para que llegaras tarde? Es decir, no es un reclamo, es simple curiosidad —se apresuró en aclarar.

¡Ay, no! ¿qué le digo? ¿qué le digo? No puedo contestarle eso sin que se entere de lo de Meiling, y ella me pidió que sea un secreto.

"Debiste haberlo pensado antes Sakura, era obvio que preguntaría y se merece una explicación, esperó más de una hora y no se quejó."

Pero odio mentir, ¿qué clase de relación tendremos si le miento desde ahora, encima en algo así?

"Primero que nada, si se entera debe ser por Meiling, no te metas en cosas de familia. Segundo, no tienes que mentir, sólo no des detalles, sabes hacer eso como nadie. Y tercero, ¿qué relación? Recuerda lo que dijo Eriol y lo que decidimos después, nada de sentimientos ni compromisos, a pasar el rato y cada uno por su lado. Ahora contéstale que te esta esperando."

—¿Te encuentras bien? —La expresión de desconcierto de su interlocutor la hizo percatarse de que se había perdido en su mundo interno más de la cuenta.

—Sí, sí, lo siento soy un poco distraída —se disculpó apenada—. Mi hermano estuvo de visita en mi casa por eso llegué tarde. A veces pierdo la noción del tiempo, no me enorgullece, pero no lo puedo evitar.

—Si lo he notado. Yo también tengo cosas que no puedo evitar, no soy muy buen conversador, por ejemplo.

—¿De verdad? A mí no me pareció, hablaste mucho más que yo cuando nos conocimos —le contestó ella sorprendida.

La incomodidad se instaló en él al recordar todas las estupideces que dijo esa noche.

—Bueno, eso es porque estaba ebrio, pero si te gusto más así, compré un vodka que podría hacer el trabajo en...

—¡No! No, así estás bien —casi gritó atropelladamente Sakura, negando con las manos.

Syaoran soltó un breve carcajada.

—Tranquila, era una broma, no planeaba hacerme alcohólico para estar contigo. Igualmente, me alegra no tener que recurrir a eso.—Le guiñó un ojo y ella se ruborizó un poco.

Su timidez era algo adorable, pero igual de grato fue descubrir que Sakura había crecido, aunque de algún modo siguiera siendo la misma. En cuanto se sintió cómoda, él casi no tuvo que emitir palabra. Le contó de su vocación por la actuación; que estudió arte dramático en la Universidad pero que creía que lo más valioso de su formación lo había aprendido en un teatro independiente al cual asistía desde que era adolescente; que prefería el escenario a las cámaras y que gracias a su amor por ese arte descubrió el mundo de la lectura y la música no tan popular. También le mencionó que no tenía ni intérpretes ni estilos favoritos porque apreciaba que la labor de los artistas sea variada. Entre muchas otras cosas relacionadas. Sakura Kinomoto no era sólo bonita y simpática, era fascinante. Lo sorprendió con sus conocimientos de historia y literatura, y la pasión con la que intentaba que él aprendiera. Syaoran la escuchaba con mucha atención, todo lo que le contaba era muy interesante. A pesar de haber tenido una educación por demás exigente, ella le habló de cosas de las que no había oído antes, nunca se imaginó que esa pequeña despistada pudiera ser tan culta.

Mientras conversaban termaron de cenar y Sakura insistió en lavar los platos a pesar de las negativas de Syaoran. También le pidió que le dijera dónde estaba el postre, y cuando lo supo, lo empujó hasta la mesa y lo sentó.

—¿Oye, qué haces?

—Tú quédate aquí, de ahora en adelante yo me encargo, ya has hecho más que suficiente.

—Sakura —la llamó Li con un tono de advertencia que a ella no le hizo mella.

—Sakura, nada. Haz lo que te digo —ordenó—. Deberías dejarte mimar un poco, Syaoran.

Sin dale tiempo a nada, desapareció tras el umbral de la cocina.

La esperó hasta que llegó con el postre de chocolate que él había preparado, el cuál estaba delicioso. Syaoran amaba el chocolate con pasión, pero su invitada no parecía estar disfrutándolo.

—¿No te gusta? Lo siento, debí preguntarte antes que querías de postre. Es que como es mi favorito, me resulta difícil creer que a alguien pueda no gustarle, pero puedo ver que tengo y te preparo otra cosa.

—¡Hey! No es eso, está buenísimo, estoy satisfecha, es todo —le contestó sonriendo.

—¿Segura? No tienes que mentirme.

—No lo hago, todo estuvo exquisito, en serio. Si no hubiera comido tanto lo devoraría en minutos, amo lo dulce.

—Y yo el chocolate —le dijo.

Levantó ambos platos y los llevo a la cocina sin explicación aparente, volvió a la sala y la tomó de la mano invitándola a pararse.

—No te preocupes, lo dejaremos para después, ahora quiero mostrarte algo.

Ella lo siguió hasta la puerta doble que comunicaba el comedor con un sector más privado. Tenía una mesa de billar, una biblioteca enorme, y, entre otras cosas, un piano de 1/4 de cola. Syaoran sonrió al notar como Sakura miraba el magnífico instrumento.

—Es de mi hermana —le aclaró—, yo no tengo oído para la música. De hecho soy un desastre, si no fuera por la teoría ni siquiera hubiese pasado esa materia en el colegio —Se rió por lo bajo al recordar sus intentos fallidos de tocar la flauta dulce en la primaria—. Cuando ella vivía conmigo se pasaba todos sus ratos libres en esa cosa, pero al irse decidió dejarlo aquí. Dijo que la habitación perdería encanto si se lo llevaba, así que se compró otro para su nueva casa.

—Es precioso, y creo que tiene razón, se ve perfecto donde está —opinó acariciado la tapa del teclado—. ¿Ellas son tus hermanas? —le preguntó sosteniendo un marco que encontró en una repisa cerca del Steinway and sons.

—Sí, pero esto no es lo que quería mostrarte —Syaoran agarró la foto y volvió a colocarla en su lugar—. Sígueme y las verás hasta cansarte —le dijo volviendo a tomarla de la mano.

A pesar de que la joven no entendió eso último, asintió y lo obedeció. Atravesaron esa segunda sala hasta dar con un pasillo en penumbra. Al final, encontraron una puerta blanca la cuál él abrió para acceder a su dormitorio.

Cuando Sakura se dió cuenta de donde estaban, se puso nerviosa, pero se reprendió por eso.

"¿Qué esperabas?¿no viniste justamente a esto? Es tarde para arrepentimientos" —le recordó su mente.

Syaoran encendió la luz y notó que el semblante de Sakura estaba exageradamente serio y decidido, cosa que le dio ternura. La fugaz idea de que la mujer a su lado pudiera ser virgen atravesó su cerebro, pero la ignoró.

—A ver, lo había dejado a mano para cuando vinieras —habló mientras abría el cajón de uno del par de muebles junto a su cama—. Ah, aquí está —Sacó un libro, comenzó a revisarlo y se detuvo cuando llegó casi al final—. Tómalo, tú cumpliste tu parte del trato así que debo hacer lo mismo.

Sorprendida, sujetó aquel libro de cuero rojo y dorado dándose cuenta de que en realidad era un álbum de fotos.

—Somos Mei y yo de pequeñas. No entiendo.

—Ese día nos conocimos, y nos vimos varias veces después de eso —le explicó señalando la página siguiente—. Mira el lugar, es el mismo que éste y esos somos mis hermanas y yo el mismo día.

Sakura observó con atención esa fotografía. Había cuatro adolescentes de diferentes edades que se parecían mucho entre sí: todas eran castañas, altas y estaban sonriendo ampliamente. En oposición, el niño junto a ellas estaba realmente serio, tenía lo brazos cruzados y el ceño fruncido, pero a pesar de eso, podía verse que sus facciones eran lindas. Tenía el cabello color marrón chocolate, la piel morena clara y un par gruesas cejas que enmarcaban sus penetrantes ojos ámbar. No había que ser muy perspicaz para concluir que ese niño, de no más de diez años, y el hombre que la acompañaba en ese momento eran la misma persona.

—Recuerdo esta casa —Tocaba los lados de la foto sin salir del desconcierto—, Mei siempre estaba invitándome a esas reuniones familiares. Debo confesar que cuando descubrí que eras su primo, intenté recordar si me había presentado uno alguna vez, pero no pude.

Estaba apenada y no podía sacar la vista del pequeño castaño.

Syaoran se encogió de hombros.

—Lógico —aseguró—, porque no me presentó como su primo, estás viendo al flamante ex-prometido de Meiling Li.

¡¿El qué?! ¿Syaoran había sido prometido de su amiga? Pero...¡oh, sí! ¡ya lo recuerdo!

Mei había tenido un prometido de su mismo clan. Ella estaba felíz y enamorada pero él jamás se mostró ni mínimamente interesado. En cuanto el matrimonio arreglado se abolió en su familia, ese chico canceló el compromiso. Recordaba que Meiling había estado triste por ello, pero en seguida se recuperó cuando entraron al Instituto y comenzó a llamar la atención del sexo opuesto.

—Ahora te recuerdo... Siempre nos ignorabas y le rompiste el corazón a Mei —Sakura frunció el ceño y a él eso no le gustó nada.

—Déjame que te explique —le pidió Syaoran—. Sí, cancelé el compromiso con Mei apenas tuve la oportunidad, pero trata de ponerte en mi lugar. Me estaban obligando a casarme por conveniencia con mi prima, encima de que ese montón de morbosos tuvieron el descaro de criarnos juntos, ¡como hermanos! ¿tú te hubieras casado con tu hermano? —Sakura negó con la cabeza, pero aún lo miraba desafiante— Eso creí.

—Te entiendo. Pero eso no quita que Mei haya sufrido, te parezca loco o no, ella te quería —replicó ella al arrebato de lógica de Syaoran.

—No como imaginas, Sakura. Meiling había sido educada para ser mi esposa, por lo que la habían llenado de ilusiones al respecto de ser la mujer del jefe del Clan, pero cuando entendió como nos habían manipulado, hasta me agradeció por haberla librado de eso. Desde entonces nos volvimos muy cercanos, incluso más que con, podría decirse, mis otras hermanas.

—Y nos tratabas así para no hacer crecer sus ilusiones —dedujo Sakura.

—En eso te equivocas, era igual con todo el mundo. Siempre fui muy tímido y callado, ser sociable no es lo mío —Le apartó el álbum de las manos y lo dejó sobre la mesita de la cuál lo había sacado—. Con los años aprendí que así me perdía de muchas cosas y decidí enfrentar mis limitaciones. Sigo siendo serio, pero ya no me da timidez decir ciertas cosas.

Se acercó a ella lentamente y la tomó del rostro con ambas manos.

—Eres preciosa, Sakura, disfruto mucho de tu compañía y me gustaría que te quedaras un poco más —Antes de que pudiera contestar, Syaoran cortó las distancias y posó lentamente sus labios en los de la joven—. Toda la noche —le susurró sin apartarse—, duerme aquí, conmigo.

Sakura trepó con sus manos desde los brazos a la nuca del hombre en respuesta, él sonrió y comenzó a besarla con ansias.

(Sakura)

"... me gustaría que te quedaras un poco más."

¿Sí? ¿cuánto, Syaoran?

"Toda la noche..."

Toda la noche, una noche, esa noche.

No hubiera podido resistirme ni intentándolo realmente. Esos ojos insistentes y firmes en su cometido me parecieron lo más encantador este mundo, y en cuanto sentí el frío de sus manos sobre mis mejillas, supe que no habría vuelta atrás.

Nunca me había acostado con alguien en la primera cita, nunca creí que lo haría. Si me lo hubieran preguntado una semana antes, hubiese contestado que no tenía nada de malo pero que no era para mí. Simplemente no concordaba con mi romántica concepción del sexo o de las relaciones en general. Hacer el amor estaba bien, mas no follar.

Pero, cómo negarme a su pedido si había sido tan cálido, y hasta dulce conmigo. Cómo negarme, si me pasé dos días enteros sin tener otra cosa en la cabeza que las palabras de Eriol y mis conclusiones sobre ellas. Cómo mierda podría alguien negarse a Syaoran Li y sus besos, que ahora atacaban mi clavícula. Yo no podía. No quería poder, porque, ¿qué mejor excusa que la incapacidad?

Tomó mi cintura y me giró hasta quedar de espadas a la cama, me empujó suavemente para que me sentara sobre la misma y se inclinó obligándome a recostar. Me arrastré hacia el centro del lecho y lo sentí acomodarse entre mis piernas en lo que se entretenía pasando la lengua por el nacimiento de mis pechos. Antes de quedar aplastada, decidí hacer lo propio y comencé a desabotonar su camisa hasta llegar hasta su pantalón. Sus músculos se tensaron cuando mis dedos los rozaron al tirar de esa prenda gris. Disfruté de aquel tacto muchísimo. Su pecho era cálido y firme, lo acaricié cuanto quise y luego pasé a su espalda deleitándome con cada segundo de mis yemas sobre su piel tostada.

Syaoran me levantó un poco y pasó su mano derecha bajo mi espalda para bajar el cierre del vestido y liberar mi torso de su prisión. Pude ver como se le iluminaba la cara al descubrir que no llevaba sostén. No esperó un segundo antes de posar una de sus manos para acariciar mi pecho. Apoyó su brazo libre a mi lado y bajo la cabeza hasta que estuvo en el nivel correcto para que su boca pudiera arremeter contra mí. Besó, mordió, succionó y lamió ambos montículos a gusto miestras yo exploraba sus brazos y espalda. Cada tanto soltaba un gemido o le clavaba las uñas dándole a entender que lo que hacía estaba enloqueciéndome. Lo tomé de la barbilla y volví a apoderarme de su boca. En mi vida se me ocurrió que el aroma a tabaco que desprendía su pelo podría llegar a gustarme tanto.

Sentí las manos de Syaoran reptar desde mis rodillas a mi cadera, arrugó un poco mi vestido y tiró hacia arriba indicándome lo que quería. Lo ayudé levantándome nuevamente y pasé la prenda por sobre mi cabeza hasta quedar en ropa interior. El ardor bajo mi vientre se intensificó cuando empezó a acariciar mi parte íntima por encima de la ínfima tela que la cubría.

—Ah...

Sonrió de satisfacción contra mi cuello y gruño de igual forma cuando sus traviesos dedos notaron mi humedad al aventurarse debajo del encaje. A penas en un instante, me despojó de él, dejándome desnuda y a su merced.

—Estás tan húmeda —susurró en mi oído mientras dibujaba formas incoherentes sobre mi clítoris. Yo había perdido el habla y la razón, sólo podía pensar en la sensación de la temperatura de mi cuerpo alcanzando niveles insospechados.

Me deslicé al inicio de su pantalón y desabroché su cinturón tan ágilmente como el hormigueo que me recorría me lo permitió. El cierre de aquella prenda siguió y le di un leve tirón hacia abajo para que pudiéramos deshacernos de cuanto estorbo se interpusiera. Cuando lo hubimos hecho, noté que su respiración se volvía aún más irregular mientras yo llevaba mi mano desde su abdomen al excitado miembro. Comencé a acariciarlo con devoción dándome cuenta de que él ya no jugaban en mi entrepierna y se dedicaba sólo a disfrutar de mi tacto. Aproveché mi ventaja para subir la pierna y sentarme a horcajadas sobre su cadera haciendo que nuestros sexos se tocaran. Me deslizaba de a arriba abajo mientras recorría su pecho con la boca. Gemí sin intención de controlarme cuando sentí que de una certera estocada se había hundido en mi interior. De inmediato empezó a moverse, sujetando mis caderas e intentado internarse lo más profundo posible. De repente, un rayo de cordura nos golpeó, llamativamente al mismo tiempo, y nos detuvimos en el acto. Ninguno tenía que decir nada, me corrí para dejarlo pasar y él se sentó en el borde de la cama.

—Aquí está —dijo en voz baja al encontrar la cajita con los preservativos. Una vez puesto, me tomó de las rodillas y me hizo abrazarle la cintura con las piernas —¿En qué estábamos? Ah, sí. —Sin más, volvió a embestirme brutalmente.

Por un tiempo indeterminado lo único en lo que pude concentrarme fue en las cada vez más violentas estocadas de Syaoran.

Más fuerte.

Mis caderas se movían al ritmo que él había impuesto y mis uñas se clavaban en su espalda con desesperación.

Más rápido.

—¡Más! —gemí con fuerza.

Involuntariamente mi figura se curvaba y yo sentía que toda esa excitación estaba a punto de explotar. Un poco de su sudor se mezcló con el mío cuando pegó su pecho a mi cuerpo mientras ambos intentábamos que me atraviesara, aunque eso fuera imposible.

—¡Syao! —grité cuando alcancé el tan ansiado clímax.

—Ah, Sakura... —jadeó unos segundos después al sentir el suyo.

Estábamos tremendamente agitados, no recordaba una sola vez en la que me sintiera tan satisfecha. Parecía como si después de esperarlo por mucho tiempo, al fin lo hubiéramos logrado. Pero por mí parte, esa sensación se fue diluyendo y dejó de ser suficiente. Quería más, mucho más. Aparentemente, a él le pasaba lo mismo, ya que después de ese primer polvo (porque de otra manera no lo puedo llamar), fuimos a la cocina a comer el postre de chocolate que habíamos dejado olvidado,y al terminar, su boca volvió a buscar la mía y nuestras manos a recorrer el cuerpo del otro.

Esa noche casi no dormimos. Cuando nos cansamos de tanto follar, se recostó en mi pecho y hablamos hasta que él cerró los párpados y ya no contestó. Yo me quedé jugando con su pelo un rato, pensando, como frecuentemente hacía hasta altas horas de la madrugada. No sé en que momento sucumbí ante Morfeo, pero lo próximo que supe fue que la luz proveniente de una ventana que no era la mía, me obligaba a abrir los ojos para encontrarme con la espalda descubierta de un hombre que fumaba en el balcón.


Buenas a todo aquel que este leyendo esto. Acá les dejo el cuarto capítulo, contiene el primer lemon que escribo en mi vida y me trajo bastantes conflictos, siendo sincera. No quería que fuera demasiado descriptivo para que no se viera grosero, pero tampoco quería que fuera muy insulso, sin contar que tenía que retratar algunos detalles de los personajes que van a ir cambiando notoriamente con el tiempo. Espero haber encontrado un buen equilibrio, yo creo que lo hice, pero me gustaría saber que piensan ustedes.

Por otro lado, empezamos a conocer un poco más a Meiling y a llegar a algunas conclusiones con respecto a detalles no del todo claros en su vida. Me quise poner en la piel de Sakura prácticamente todo el capítulo porque ella es la que siente más al extremo las escenas pero no quería dejar afuera los nervios de Syaoran :p

Sin más, qué tengan un buen día!

Éxitos!

Mezzolec.