Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.


UN MUNDO NUEVO

CAPÍTULO 5: "De tratos hechos y deshechos"

(Syaoran)

Me desperté esa mañana realmente casando y maldije mi ansiedad de no querer esperar al fin de semana para verla.

En ese momento recordé lo que había vivido la noche anterior y una sonrisa se escapó de mis labios. La había pasado estupendamente, pero tenía que volver al mundo real. Giré un poco la cabeza encontrando a Sakura plácidamente dormida dándome la espalda y preferí no despertarla aún.

Me levanté de la cama y fui al baño. Al salir tomé mi atado de cigarrillos y encendí uno cuando estuve en el balcón. Ni siquiera disfrutaba del sabor del tabaco pero estaba ya tan jodido que lo consumía igual.

Miraba concentrado el pasar de los autos cuando sentí su presencia llegar.

—Buenos días —me saludó bostezando.

—¿Dormiste bien? —le pregunté mientras la miraba de reojo. Estaba apoyanda en el barandal, despeinada, con el maquillaje corrido y mi camisa puesta.

E increíblemente sexy.

Se me ocurrió que un mañanero nos vendría bien a ambos, pero ya no había tiempo para eso, necesitaba comer algo o de desmayaría. Bueno, quizás exagero pero tenía mucha hambre.

—Bastante, aunque no lo suficiente, todavía tengo sueño —contestó la pregunta que yo había olvidado en el instante en que mis ojos se cruzaron con sus piernas.

—Lo siento, me encantaría que pudieras descansar un poco más pero tengo que trabajar.

—Sí, lo sé, no pasa nada.

—¿Desayunamos? Necesito reponer fuerzas de alguna manera —le dije y me sonrió.

—Sí —Amplió su sonrisa y su rostro se iluminó por completo—, muero de hambre.

Preparamos juntos un poco de café y unas tostadas. Tenía que ser rápido o no llegaría a llevarla a su casa y a tiempo a la oficina. Me sentía muy relajado con ella. Esos momentos en los que su presencia me ponía nervioso habían quedado atrás para ser reemplazados por la agradable sensación que me daba su compañía. Definitivamente podía ver a Sakura como una amiga, una de esas especiales, claro está.

—Está bien, pero sólo acepto porque me da vergüenza salir vestida así a esta hora.

Y la comprendía, su vestido corto y sus tacos altos de seguro llamarían la atención de los transeúntes, de los masculinos, principalmente. De igual modo me causó gracia su comentario y no lo escondí.

—Me imagino —afirmé, terminando de reírme—, la próxima podrías traer una muda de ropa para no sentirte incómoda.

—¿La próxima? —repitió casi susurrando.

—¿Qué, a caso no pensabas volver a verme?

No creía que hubiese estado tan mal, de hecho, para mí fue todo lo contrario.

—No eso, es que no sé. No pensé que, bueno...

—A ver si entendí, ¿creíste que pasaría la noche contigo y no volvería a llamarte? —No me contestó pero no tenía que hacerlo, vi la respuesta en sus ojos—. Ok, esta es la oportunidad ideal para poner las cartas sobre la mesa. No voy a mentirte, trataré de decir esto lo más claro y directo posible: Cuando te invité a venir, lo hice pensando que podría seducirte y que nos veríamos algunas veces, sólo eso, pero cambié de parecer. Tú me agradas, Sakura, en serio, y creo que yo a ti también ¿cierto? —Asintió—. Correcto, tienes que saber que no estoy interesado en tener una relación con nadie por el momento, ni creo que eso vaya a cambiar en mucho tiempo, pero no significa que no podamos seguir viéndonos. Ya sabes, como amigos.

Ella me miraba fijo, permaneciendo totalmente inmóvil y prestando atención a cada una de mis palabras.

—Es más —agregué—, yo quiero que seas mi amiga, y si nos llevamos bien en la cama, ¿por qué privarnos de eso? Siempre que estén las cosas claras creo que podría funcionar, ¿qué piensas?

Antes de escuchar su respuesta me pasaron cientos de cosas por la cabeza. Esperaba que aceptara, no le iba a hacer el papel de novio, eso estaba fuera de discusión, pero no quería que se alejara tan pronto.

—En conclusión, no más cenas románticas ni actitudes de galán de novela. Sólo tú y yo siendo nosotros mismos, ¿no?

—Es exacto lo que digo.

Se llevo una mano al pecho y suspiró.

—Qué bueno —dijo sonriente—, por un momento me hiciste creer que me había metido al departamento del Christian Grey chino.

—¿Quién? —Eso sí que me confundió pero algo me dijo que se estaba burlando de mí.

—Te explico en el camino —Sonrió ampliamente y me extendió su mano con el meñique levantado—. Acepto.

Me acerqué y entrelacé mi dedo con el suyo.

—Es una promesa, enana. —Comencé a reírme al ver su expresión de enfado, pero mi alegría desapareció cuando sentí un fuerte pisotón en el pie.

—Estamos a mano —sentenció mientas yo me retorcía de dolor—. Ya deja de llorar, Christian y vámonos de una vez.

—¡Ajá! Sabía que el tal Christian no era nadie bueno. Vamos, pero más te vale que me digas quién es ése o lamentarás.

—¡Oblígame! —Me sacó la lengua, tomó sus cosas y se escapó descalsa hacía los ascensores.

—Ya verás, enana.

Me arremangué la camisa y la corrí dispuesto a aplicar mi venganza a punta de cosquillas.

Ambos salimos riendo a carcajadas entre mutuas burlas. Al cruzarnos con alguien intentábamos disimular pero no pudimos ni una vez. Cosechamos varias miradas entre curiosas y desaprobatorias, pero no me importó. Realmente me alegraba conocer a Sakura y confiaba en que a ella le pasara lo mismo.

(Sakura)

Las últimas veinticuatro horas habían sido una montaña rusa de emociones. Me sentí confundida, temerosa, enojada, triste, preocupada, nerviosa, excitada, alegre y la lista seguía. Todo eso más de una vez y variando de intencidad a gran velocidad.

Quería canalizar toda esa carga y conocía el lugar exacto donde podría hacerlo. Habiendo dormido un par de horas me levanté y lo llamé anunciando que iría de visita aprovechando mi día libre. Cuando tuve todo listo tomé un autobús a la estación de tren. Dos actos de "Hernani" y unas cuantas canciones y puestas en escena en mi mente después, había llegado a Tomoeda.

Recorrí sus calles observándolo todo con cierta nostalgia hasta que di con aquel pasaje solitario que escondía uno de mis lugares favoritos en el mundo. Me quedé contemplando el disonante edificio como siempre lo hacía, tratando de guardar en mi memoria cada detalle de su fachada. Era antiguo, de estilo barroco. Sus columnas y molduras estaba notablemente gastadas y la gran puerta principal seguía rechinando tanto o más que cuando la conocí. Atravesé el umbral y me interné en sus pasillos. El olor a madera y terciopelo me anunciaron que estaba en casa.

—¡Gatita! —me llamó la voz del hombre que buscaba desde el interior del taller de costura.

—¡Fye! —Me acerqué a él y lo abracé con fuerza—. Te extrañé.

—Yo también te extrañé, gatita —me dijo correspondiendo a mi abrazo—. Pero ya habrá tiempo de reclamar la frecuencia con la que nos visitas, pasa, prepararé algo de té y nos pondremos al día.

Me indicó que lo siguiera hacia el pequeño y acogedor cuarto donde había pasado las mejores experiencias literarias de mi vida hasta el momento. Al entrar, me recibieron las estanterías habitadas por autores de la talla de Schiller, Molière, Cervantes, Beckett, los para mí grandiosos Shakespeare y Víctor Hugo, algún oriental como Monzaemon, entre tantos otros. Tragedias y comedias: clásicas y contemporáneas. De prosa, óperas y dramas Wagnerianos, con danza o sin ella. Podrías vivir mil vidas si se te antojara zambulléndote en las muchas páginas que ese rincón del globo te ofrecía.

En el centro estaba su escritorio. Hecho en madera de roble macizo, sostenía su inconfundible lámpara de lectura, el siempre desordenado lapicero, un libro pequeño (abierto y tachado, debía ser una obra que estaría revisando), hojas sueltas con ideas, una taza de café vacía y aún tibia y un montón de pequeños objetos que iban a parar a ahí de la mano de su caótico dueño.

La oficina del director del teatro parecía no ser afectada por el paso del tiempo, al igual que él mismo. Fye D. Flowright era el nombre artístico del rubio a mis espaldas. Nunca supe el verdadero pero tampoco creí que importara. Como dije, lucía y se comportaba igual que cuando yo tenía doce años. Era alto, de ojos azules, un poco flacucho; llevaba siempre su cabello algo largo y una sonrisa deslumbrante adornando su bello rostro. Sólo con los años comprendí que si mirabas con atención sus orbes claras, podrías notar que esa sonrisa no era del todo sincera, y es que mi maestro de teatro había llegado un día de la nada al pueblo sin rastro de familia o amigos, lo que debía ser muy triste.

Fye era un actor faboluso y podía hacerle creer a cualquiera su pantomima de felicidad constante. Pero no a mí, no porque fuese más observadora que los demás, diría incluso que todo lo contrario; pero mi admiración por él me llevó en una época a pasarme largas horas estudiando cada una de sus facciones y gestos para aprender su técnica de arte dramático.

—Toma, espero que te guste. Kero me lo trajo de su viaje a Ingraterra y me gustó tanto que no lo compartí con nadie hasta ahora.

Le agradecí y lo degusté, realmente estaba delicioso. Bebí un poco más y la pregunta que me dejó dando vueltas por la cabeza se escapó de mis labios sin quererlo.

—¿Kero estuvo aquí?

—Oh, sí, volvió, es más, creo que incluso está viviendo en Tokio también, tengo su número por si quieres verlo.

Creo que notó en mi expresión que la idea no me convencía del todo porque se cruzó de brazos y me miró con suspicacia.

—Ya va siendo la hora de que dejen todo ese asunto atrás, fueron amigos muchos años y no creo que sea bueno que pierdan eso por una relación que no funcionó.

Y tenía razón, Cerberos o mejor conocido por su apodo, Kero, había sido junto a Tomoyo y Mei, mi mejor amigo desde que se mudó a Tomoeda cuando íbamos en cuarto de primaria. Al crecer, comencé a sentir cosas nuevas por él, lo cuál deribó en una relación que al final nos lastimó a los dos. Kero había sido mi primer y único hombre, hasta anoche.

—Lo sé, dámelo, lo llamaré.

—¡Excelente, gatita! —Dio una palmada y su característico semblante alegre regresó—. Me gustaría poder reunirnos a todos uno de estos días, incluyendo a Kurotón y Tommy. Dime, ¿cómo están?

—Pues, Tomoyo está muy bien y por lo que me cuenta, Kurogane también, pero a él casi no lo veo.

—Es que es un amargado, no sé como esa lindura de chica lo soporta.

—Imagino que de la misma forma que tú lo hacías.

Los dos nos echamos a reír al recordar aquellos tiempos. Conocimos a Kurogane cuando entró a trabajar como utilero en el teatro y enseguida se convirtió en presa de las burlas de Fye. Eso lo hacía rabiar hasta el punto de insultar al rubio a los gritos y amenazarlo de muerte varias veces al día, pero todos sabíamos que en el fondo esa era la dinámica de la amistad entre ellos.

—Oh, casi lo olvido —Tomé mi mochila y saqué un paquete blanco—, traje galletas. Las compré en la pastelería de Chiharu al llegar —Abrí el envoltorio y le ofrecí servirse—. Cuando pasé ella no se encontraba pero quizás la vea al volver.

—¡Qué bueno! Gracias, gatita. Esta exquisitez amerita un poco más de té —dijo mirando su tasa sin líquido.

Estuve varias horas hablando con el director del teatro en su oficina. Confieso que me sentía terriblemente a gusto ahí. Le conté del programa y mis problemas con la exposición, él me dijo algo muy similar a lo que Tomoyo me expresó una semana antes, lo que me tranquilizó aún más.

—Me parece bien que seas cautelosa, debes cuidarte incluso ahora que apenas tienes medio pie en ese universo. Por otro lado, es una oportunidad que pudiera no repetirse y creo que deberías aprovecharla. Sakura, ya estás en edad de saber que las cosas no siempre son como uno quisiera, pero tu talento y tu esfuerzo te acercaron bastante, y lo harán más todavía. Nadie trabaja exactamente de lo que desea, por lo menos no todo tiempo y tú siendo tan joven le llevas ventaja a miles. Alégrate, celébralo y felicítate por ello. Date el gusto de sentir la gratificación que sólo te da el cumplir con tus objetivos. Y si lo que quieres es volver al teatro, aunque sea poco, siempre serás bienvenida aquí. Hoy como visita y cualquier día como actriz o lo que te plazca, esta es tu casa, que no se te olvide.

Y no me cabía duda, por eso fui ese día. El teatro como arte, no sólo ese viejo edificio perdido en Tomoeda o el grupo de personas que lo frecuentaban y de alguna forma me hacían no querer desprenderme de él. La acción de actuar, moverse, pensar, decidir, ser otras personas. Personajes. Tener otras existencias en los mismos u otros tiempos y lugares. La interpretación; éso, eso era lo que me apasionaba. Sin cortes, si repeticiones para captar más ángulos o mejor luz; yo en otro plano, sobre las tablas y levantando la voz. Añoraba las épocas en las que podía hacerlo sin pensar si llegaba con el alquiler o si me cortarían los servicios por mora. En un mundo ideal, no tendría que preocuparme por esas insignificancias, pero como dijo Fye, y como de seguro ya deben saber, las utopías no son lujos a los que se nos permita acceder, lo que no significa que no siga persiguiéndolas. Esa determinación me llevó a donde estoy ahora, y al igual que mi mentor, creo que seguirá acercándome a mis sueños. Entre más cerca, mejor.

También le relaté lo de Mei con mi hermano y de mi felicidad porque se tuvieran el uno al otro. Fye se alegró por ellos, aunque no evitó una catarata de chistes subidos de tono que me hicieron arder las mejillas y a él regodearse con toda la situación.

Cuando llegamos al tercer té y con el plato de galletas vacío, le hablé de Syaoran. Le dije que conocí al primo de Meiling, que me caía bien y que rápidamente nos volvimos amigos. No le mentí, pero omití la parte de la cita y el hecho de que me hubiese acostado con él. Para Fye ése sería todo un acontecimiento y no quería que me convenciera de que podía haber algo más entre Syaoran y yo más allá de nuestra recientemente pactada amistad. El actor que tenía enfrente podía manipular a la gente a su antojo, y si le apetecía, haría que yo me ilusionara con lo que no debía. En caso contrario, tampoco quería que se preocupara por mí pensando que Syaoran me estaba usando. Todos a mi alrededor solían tratarme como una niña, incluyendo a Fye, y no deseaba discutir con él.

Pasó una hora más y llegaron los miembros de la compañía. Le pedí a su director que me dejara presenciar el ensayo y así lo hizo. Pasé letra a algunos actores y hasta probamos nosotros algunas escenas cuando ellos se hubieron ido. El tiempo volaba estando sobre las tablas, lo cual ratificaba el porque elegí esta increíble profesión.

OoOoOoOoO

Pasen por favor, Señores Li, Señorita Meiling —El anciano de traje gira un poco y se sorprende al ver a la jovencita de ojos verdes—. Señorita Sakura, ¿usted también?

Buenas noches, Wei —Hace una reverencia— sólo vengo a acompañar a Meiling porque ella me lo pidió.

El mayordomo les sonríe y los invita a seguirlo.

La señora está en el estudio y el joven no tarda en bajar —Direcciona su vista a los pasos en la escalera—. Ahí está.

¡Xiao Lang! —grita la voz de Meiling haciendo un ademán de abrazar al recién llegado pero éste discretamente la detiene.

Buenas noches, Meiling —le responde a cambio del intento de alegre saludo de su prometidaprometida—. Buenas noches. —Esta vez se dirige a la pareja a su lado en un tono aún más frío de ser posible.

La única japonesa de la sala no entiende nada, desde que llegó ese chico todos hablan en chino y la hacen sentir que no debería que estar ahí. Ni siquiera sabe por qué su amiga insistió para que la acompañara, esta no estaba ni cerca de ser de esas las multitudinarias reuniones a las que siempre la invitaba. Parecía más bien un asunto privado, y a juzgar por la cara de los padres de Meiling, no era nada bueno.

El carraspeo de Wei la saca de su meditación.

Al levantar la vista se encuentra con esa soberbia y aterradora mirada, casi puede sentir que un rayo ámbar le fulmina el cerebro. El prometido de su amiga la sigue intimidando tanto como el día que lo conoció, hace más de cuatro años. A pesar de sus esfuerzos, ella jamás consiguió que la tratará amablemente. Si lo pensaba, eso la entristecia, aunque no supiera por qué.

Hola —le dijo sonriente e internamente invadida por los nervios.

Le parece, como otras veces, que él se ruboriza, pero simplemente no puede ser. El chico hace un corto gesto con la cabeza como respuesta al saludo y vuelve su atención al mayordomo de su casa.

Acompañenme por favor —dijo Wei y los cinco lo siguieron.

Cuando están por llegar el castaño se deja sobrepasar en su marcha y toma a Sakura por el brazo. Los corazones de ambos adolescentes amenazan con escapar de sus cuerpos. Lo de Sakura podría llamarse sorpresa, o hasta miedo, en cuanto a Syaoran, bueno, eso es otra cosa.

No entres —recomienda, casi ordena, en un perfecto japonés—, no entenderás nada y además eres más útil aquí, ya lo verás.

Sin más, la suelta y se mete en lo que de seguro es el estudio.

Meiling asoma la cabeza por la puerta y busca a su amiga que está paralizada a unos pasos de ahí.

—¿No vienes?

Sakura niega con la cabeza.

—No, aquí te espero.

Su interlocutora hace un gesto que la castaña no sabe reconocer y se pierde de su alcance cerrando aquella habitación.

Meiling mantiene la vista clavada en el piso, si emitir sonido, todo lo contrario a sus padres.

¡No puedes hacernos esto, Ieran! —grita la mujer—. Tenemos un acuerdo, planes, no puedes tirar todo por la borda. ¿Acaso la jefa del Clan no tiene palabra?

Syaoran observa a su prima sumido en la culpa y la tristeza. No quiere que ella sufra pero también sabe que mientras más se retrasa lo inevitable, peor es.

Claro que la tengo, no deberías dudar de eso, Liang —dice la imponente mujer de semblante inmutable al otro lado del escritorio—. Ten en cuenta que no fue mi decisión, sino la de Xiao Lang, y aseguró que cargará con todas las consecuencias que ésta conlleve.

Así que fue él —acusa cargado de odio el esposo de Liang Li—. Lo sabía, no tienes carácter suficiente para estar al frente, Ieran, como todas las mujeres, eres débil.

Syaoran se para de un salto y se planta frente a su tío.

—No le hable así a mi madre —exige—, usted no sabe nada. Y le recuerdo que su descendiente también es mujer.

E igual que tu querida madre sólo sirve para esposa. Arruinaste la única oportunidad que tenía de no sentirme avergonzado porque la mía no fue capaz de darme un varón.

El heredero del Clan Li aprieta los puños y se dispone a escupirle unas cuantas verdades a su pariente.

¿Vas a desafiarme, mocoso? Bien —Se golpea el pecho con fuerza—, aquí me tienes.

Es suficiente —Se pone de pie Ieran Li—. Xiao Lang, vuelve a tu lugar

Mira a su cuñado con ira pero sin mover un sólo músculo de la cara.

—Wei, acompáñalos a la salida.

El hombre que había permanecido tan inmóvil que podría haberse confundido con la decoración, se acerca a la puerta y la abre.

Del otro lado Sakura escucha algo que no entiende:

—Quiero que esto quede muy claro; no permitiré que insulten a mis hijos o a mí. A partir de hoy tienen terminantemente prohibida la entrada en esta casa o cualquier propiedad en Japón, en China y en el mundo que nos pertenezca.

Ahora, retírense o llamaré a los guardias.

En sólo un instante, Meiling sale corriendo de ahí intentando disimular el llanto. Su amiga nota que algo no anda bien y la sigue.

¿Mei, qué tienes? —le pregunta cuando al fin la alcanza. Estaba agitada y llena de lágrimas.

¿Puedo dormir esta noche en tu casa, Kinomoto?

(Syaoran )

¿Dónde estoy? No se siente como mi cama, ni siquiera es una cama. ¿Qué esta pasando?

No podía mover ni un músculo y escuchaba voces lejanas. Traté de hablar, nada.

—Déjalo en paz, está cansado.

—Pero cuando se despierte va a quedar cuadripléjico si sigue en esa posición.

—¡Meiling!

—Es un decir, Sak, no seas exagerada.

—Qué lástima que Eriol ya se fue, podría haberlo llevado a tu cama o a la mía.

—Bueno no queda otra que despertarlo.

»Syaoran, despierta bobo. Syaoran.

Empiezo a sentir y Meiling tiene razón me duele todo.

—¡Xiao Lang! ¡Arriba! —gritó Mei en chino zamarreándome con fuerza.

Lo que la comunidad científica no sabe es que la Parálisis del sueño puede cesar antes de tiempo si se cuenta con una prima escandalosa cerca. Eso sí, no deja de ser cruel pasar por eso después de la horrible experiencia que significa, y a la que nunca logré acostumbrarme del todo.

Cuando terminó mi agonía y pude moverme, pegué un pequeño salto y me caí al piso asustando a las dos gritonas que tenía encima.

—¡Meiling! ¡mira lo que hiciste! ¿Syaoran estás bien? Déjame ayudarte.

Sakura me abrazó por las costillas y me llevó devuelta a su sillón.

—Estoy bien, enana, no te preocupes, aunque el cuello me está matando —le dije sobándome esa zona.

—¿Ves? Te lo dije —exclamó Meiling con aires de suficiencia—, había que despertarlo si lo queremos sano.

—Pero podrías haber sido más delicada —le reclamó su amiga cruzando los brazos y frunciendo el ceño.

—¡¿Y yo qué culpa tengo de que duerma como un tronco?!

En lo que ellas discutían yo recordé lo que hacía en su casa. Mei había recibido la noticia de que ya no estaba a prueba en su trabajo, que podía firmar el contrato por tiempo indefinido y hasta le dieron un aumento considerable de sueldo. Se puso tan contenta que me llamó para celebrar con ella, y como yo estaba con Eriol lo invitó también. Sakura llegó un poco más tarde con helado y varias películas.

Había estado cansado prácticamente todo el mes por exceso de trabajo. Muy paulatinamente mi hermana Fuutie comenzó a delegarme algunas de sus tareas dentro de Empresas Li a pedido de mi madre.

Tal y como me lo había adelantado Feimei, Ieran Li pidió una reunión conmigo para hablar de aquel tema inconcluso. Lo que no habíamos previsto fue que también citaría a la más joven de sus hijas.

Nos comunicó a ambos que planeaba retirarse y que aumentar mis responsabilidades era el primer paso para hacerlo, debía ser lento pero seguro para que no haya errores. También nos hizo saber que volvería a China pero que supervisaría todo desde ahí hasta que volviese con una decisión acerca del futuro de la empresa. No nos costó mucho entender que mi madre pensaba en la posibilidad de que no fuera yo quién se convirtiera en el líder del Clan, a pesar de las tradiciones y del expreso pedido de mi difunto padre de que así fuera.

Eso le dio una paliza tremenda a mi orgullo.

Ella estaba dispuesta a ignoralo todo por considerar que yo no estuviese capacitado para ocupar su lugar. Realmente no lo decía de machista, Fuutie estaba preparada para el trabajo y tenía más experiencia, pero me molestaba de sobremanera perder en la comparación. Quizás si nunca me hubiesen dicho que era el legítimo heredero, no lo hubiera querido y estaría muy felíz por mi hermana sabiendo que ella sí. Pero simplemente no podía.

—Me voy a mi casa —las interrumpí parándome. Ambas dejaron de discutir y me miraron.

—Tú no te vas. Te duermes en todos lados y podrías chocar.

—Sakura tiene razón, te quedas aquí. Las dos tenemos camas de dos plazas y ningún visitante hoy, así que elige tranquilo.

Sakura se sonrojó violentamente y me di cuenta de que no le había contado a su amiga de nuestros encuentros. Era mejor así, yo tampoco le había dicho a nadie, y es que el hacerlo en secreto lo hacía todavía más divertido. Aunque estaba seguro de que Mei debía intuirlo, sino no me explicaba por qué nunca más me preguntó por ella y mis intentos de ligármela sabiendo lo seguido que nos veíamos.

Por otro lado, la oferta que me habían hecho (o mejor dicho, la orden que me habían dando), sonaba tentadora. Tenía más de media hora hasta mi casa y en ese momento cada minuto de sueño valía oro.

—Bien pesada, dormiré contigo. Pero más te vale que no te pases de lista conmigo porque te denuncio.

—Ya quisieras, imbécil —espetó mi prima—. Acuéstate, yo ayudaré a Sak a ordenar un poco y voy.

»Hay un cepillo de dientes sin usar en el baño y ropa para dormir de mi novio en el segundo cajón del armario.

—Ok, gracias. Buenas noches.

—¡Y déjame espacio, bestia!

—Sí, ajá, ya veremos —le contesté ignorándola y recibí un cojinazo en respuesta.

Me hubiese encantado haberme despertado durante la noche y hacerle una visita a Sakura, pero no pasó. Sólo me desplomé sobre la cama y no existí hasta la mañana siguiente.


Hola!Espero que estén bien. Me dieron ganas de actualizar y así lo hice, sin estructura ni plazos. Les cuento de mi misma que soy bastante perfeccionista para trabajar (sólo en eso en todo lo demás soy un desastre) y desde que publico me puse bastante rompe para que los capítulos queden bien. Lamentablemente para mí se me dio por revisar los capítulos que ya subí y me contracture toda cuando vi la cantidad de errores que tienen -latigazos mentales-.

Pero bueno, en cuanto al capítulo en sí, me pareció que las Clamp le daban a Sakura un vinculación muy fuerte con el teatro y siempre me la imaginé actriz. Los trajes, la admiración de Tomoyo, las obras, no sé. Cuando pensé en quién pudiera recibirla me pensé que Fye era ideal (TRC), no sólo por lo cariñoso que es con ella, sino por lo extrovertido y porque básicamente, se pasa todo el manga , esto ya es muy largo y ni siquiera sé si alguien lo leemos la próxima.

Éxitos !

Mezzolec.