Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.


UN MUNDO NUEVO

CAPÍTULO 6: "Lluvia de cerezos, parte I"

(Sakura)

Una de las cosas que más hecho de menos de vivir en Tomoeda, es lo bella que se ponía en primavera.

Recuerdo el largo camino de cerezos que recorría de casa a la escuela, y durante esos meses templados, me embelesaba con la lluvia de pétalos que se desprendían de sus flores cayendo sobre mí y mis patines.

El día que más tiempo me tomaba para verlos era el 1ro de Abril, mi cumpleaños. Amaba y sigo amando cumplir años, de alguna forma siento un clima distinto en el ambiente, de celebración y cariño, o algo así.

Al mudarme a Tokio, el paisaje de los cerezos se hizo menos recurrente, por lo que con Tommy siempre nos ocupabamos de ir una tarde a disfrutarlos a algún parque. No este año.

La popularidad de "Cazadores" crece a ritmos estrepitosos y estamos un poco mareados. De la noche a la mañana hay jóvenes que nos saludan por la calle y nos piden fotos con ellos, afortunadamente son todos muy amables y respetuosos. Ellos, los que nos saludan. Desde que Eriol, Rika y yo aparecimos en algunos programas de televisión, gente que no consume la serie también nos reconoce y el murmullo que muchos provocan está comenzando a alterarme. Pero como me dicen todos, es cuestión de acostumbrarse.

Las grabaciones son la mejor parte, aunque últimamente pueden ser tediosas también. Naoko se pone cada vez más histérica y perfeccionista, lo que no le está haciendo bien al grupo. La entiendo, es su gran oportunidad, o la primera de ellas; pero me gustaría que no contagiara a todo el elenco y trabajadores técnicos con sus inseguridades. Ahora mismo estamos corrigiendo tomas que no gustaron en post-producción y, aunque jamás creí que lo vería así, saber que estamos terminando me alivia bastante.

Para más noticias, Tomoyo y su novio Kurogane me invitaron a su departamento hace unos días para anunciarme su compromiso. Sí, ¡mi mejor amiga se va a casar! Me emocioné mucho al enterarme, ya que a Kurogane se lo ve igual de realizado y radiante que a ella, menos alegre, claro, por su carácter hosco, pero los ojos no dejan de brillarle y esos nunca engañan. Verlo así hizo que cambiara mi opinión sobre su relación, ahora estoy convencida de que el amor que se tienen es mutuo y sincero.

No sé como vaya a festejar este año, quizás ya lo hayas notado, pero no estoy igual de animada que siempre, me siento un poco nostálgica y sensible. Quizás sea la edad, ¡y no te rías! Pero estar un poco más cerca de los treinta puede que me afecte más de lo que me podría haber imaginado, o puede que no tenga nada que ver con eso y sólo sea la sensación de no sentirme del todo bien con lo que estoy logrando, ¿y si me estoy equivocado, papá? ¿quién y cuándo me va a avisar? Sé que tengo que ser yo misma la que lo descubra y haga algo al respecto, pero no puedo evitar pensar en la época en la que todo se solucionaba con un pastel horneado por los dos.

No te cuento esto para que te preocupes por mí, estoy sana y generalmente feliz, pero quiero que sepas que jamás me olvido de ti o de mamá, y que deseo que ambos sigan siendo parte presente de mi vida.

Te extraño, espero poder viajar pronto a verte.

Mándale mis saludos a Yuuko y dile que también la extraño.

Te quiero muchísimo.

Sakura.

Pd: ¡Espero que el grosero de mi hermano te esté escribiendo también, si no es así, sólo dilo y yo me ocupo!

—¡Sakura! —Mei se tiró en mi cama a penas contesté un mail—. ¿No me digas que vas a pasar todo el día encerrada? ¡Es tu cumpleaños! Pasas el cuarto de siglo y te ves fabulosa, hay que animarse.

Sus comentarios siempre me hacían reír.

—Gracias. Y no, no pensaba quedarme encerrada, estuve hablando con Kero y dijo que vendría a verme, así que de seguro pasaré la tarde con él.

El rostro de mi amiga se transformó en la perfecta combinación de la burla y la complicidad.

—Con que Kero, eh...

Golpeó el colchón con el puño y dijo:

—¡Lo sabía! Sabía que había un hombre. Estás más linda y te he atrapado sonriendo distraída, más de lo normal.

—E, ¿en serio?

¡Ay, que vergüenza!

—¡Sí! Pero cuenta, cuenta, ¿volvieron? ¿cuándo?¿por qué no me dijiste nada?

—Bueno, este, en realidad...

—¡Ni se te ocurra a ti casarte también ahora! No hasta que no convenza a Touya. Tu hermano es un terco, Sakura.

—Sí, él puede ser...

—¿Sí? ¿vas a casarte?

—Mei.

—¡Y me lo dices así como si nada!

—Mei, espera.

—¿Qué hubiese pasado si no te lo hubiera preguntado? ¡Necesito tiempo, Sakura! Tengo que comprar otro vestido y un traje para Touya, porque el padrino no puede repetir el traje en ambas bodas, no queda bien.

—Mei, basta no...

—¿Touya no es el padrino? ¿Ni un testigo siquiera?

—¡MEILING, ya calmate!

—NO ME GRITES. ¡¿Qué, qué pasa?!

—¡No voy a casarme! Mierda, nunca escuchas.

—¿Cómo que no? ¿entonces?

—Entonces, te pusiste a sacar conclusiones locas y hablar sola. Estoy viendo a Kero, sí, pero todavía no tenemos una relación. Él dice que me quiere y que le gustaría intentarlo de nuevo, pero vamos con mucha calma. Para estar juntos debemos asegurarnos de que sea más adulto y sólido esta vez.

Mi compañera dejó salir casi todo el aire de sus pulmones y se recostó boca arriba abrazando una de mis almohadas.

—Supongo que es lo correcto, la verdad es que con Touya no pudimos tener esa prudencia.

—Alerta de demasiada información —le advertí—. Ya hablamos de esto.

Me alegraba por mi amiga y mi hermano pero definitivamente las charlas sobre sexo con ella habían quedado restringidas.

—Lo sé, lo sé —me contestó poniendo los ojos en blanco—. Igual no me creo que no se estén acostando, te he visto en abstinencia y no estabas ni la mitad de radiante.

—Mei, eso es machista.

—No, Sakura, es realista. Huelo el buen sexo a varios metros de distancia y en este momento tú apestas a él —Yo estaba como un tomate y no reaccionaba ni para callarla—. A mí no me engañas, llevas meses viéndolo, lo sé, se te nota, y es más, creo que por eso rechazaste a mi primo.

El corazón se me aceleró a una velocidad que no me pareció sana.

—De todas formas hiciste bien, Syaoran no es para ti, su estilo son las zorritas bien vestidas y sin nada en el cerebro —La que se va a quedar sin nada en el cerebro seré yo si no logro normalizar mis signos vitales—. Como sea, me da gusto que se lo haya tomado bien y que sean amigos —Pegó un salto y se puso de pie—. Bueno, tomaré una ducha. Luego me cuentas, eh traviesa. —Me guiño un ojo y salió.

Imagino que mi caos químico interno no se percibía desde afuera porque no mencionó nada al respecto de mi ataque. Por suerte, a Mei se le dio por dar un monólogo y no espero mi respuesta para ninguna de sus suposiciones.

Lo más probable era que ella lo viera normal, y no creo que quisiera saber detalles sobre su primo como yo no quería los de mi hermano, pero no me parecía correcto contarle a nadie de mi relación con Syaoran. A él le divertía todo eso de jugar a esconderse pero yo no lo hacía por la excitación extra (aunque admito que era emocionante), el motivo era otro. El cual con el pasar del tiempo, identifiqué como vergüenza. Me sentía como engañando a algo o alguien, a mí, llegué a pensar. Por más que para la mayoría de las personas de mi edad mi situación ¿romántica? No, sexual, era muy común, yo misma me juzgaba por eso. No me arrepentía del tiempo que había pasado con él, pero algo me decía que era hora de empezar a emprender la retirada. Esperaba con toda el alma que Syaoran no se lo tomara a mal, tenía que darle una buena explicación y hace unas dos o tres semanas, milagrosamente, Kero volvió a mi vida.

Cuando Fye me dio su número de teléfono intenté llamarlo varias veces, pero no tuve el valor. Estoy segura de que mi maestro lo supuso porque no volvió a mencionarlo en mis visitas al teatro.

Ese asunto volvió a enterrarse hasta que se comunicaron conmigo y me propusieron hacer un largometraje para presentar en un festival internacional. En la primera reunión que tuvimos me enteré de que Kero lo producía. Nos cruzamos algunas veces hablando poco y nada, hasta que un día decidimos salir juntos. Me contó que su carrera de modelo iba excelente y que conoció varios países aunque su amor por el cine seguía intacto y quería apostar a eso cuanto antes.

Kero y yo estábamos pasando casi por lo mismo, exceptuando que él iba unos cuantos pasos delante de mí. Se había hecho un lugar en su medio, el dinero no le faltaba y por supuesto, tenía fama. Cada vez que hablamos del tema me decía que al principio él se sintió igual de aturdido que yo, pero que pronto se adaptó. No sabía cuantas veces debía escuchar lo mismo para calmarme de una vez y no preocuparme más por el tema, pero hasta el día de la fecha, no eran suficientes.

—Hola.

—¡Feliz cumple, Sakurita!

—¡Gracias! Justo estaba pensando en ti.

—Mmm, ¿y en qué pensabas pequeña pervertida? ¿ya quieres tu regalo? Dijimos que iríamos con calma pero podemos hacer una excepción por tu cumpleaños.

—Cierra la boca, el único pervertido aquí eres tú —Lo escuché reírse ruidosamente del otro lado del teléfono.

—Bueno, dicen que lo último que se pierde es la esperanza —Se aclaró la garganta y se puso serio—. Oye, lo siento pero no podemos vernos esta tarde. Tengo que trabajar, acaban de llamarme para que reemplace a alguien en la agencia. Te prometo que en cuanto salga voy a verte a tu casa, ¿sí?

No voy a mentir, estaba un poco desilusionada, pero trabajo es trabajo.

—No te preocupes, lo entiendo, sólo llámame cuando termines porque es posible que no este en casa, unos amigos me invitaron salir hoy pero lo pospuse para verte.

—Oh, gracias, me siento horrible pero te lo compensaré.

—Sé que lo harás.

—¿Con sexo?

—¡Kero!

—Entendí, con calma.

La pesadez con que pronunció cada palabra me causo mucha gracia pero lo escondí. No sabía hasta que punto eran ciertos esos comentarios que hacía últimamente y no quería que sintiera que me burlaba de él sólo porque yo sí estaba satisfecha.

Francamente no sabía porque aún no me había acostado con Kero, teníamos años de confianza y era arrasadoramente guapo. Mestizo, igual que Eriol pero no era mitad inglés sino mitad griego. De figura atlética -quizás demasiado para mí, pero más de una aceptaría gustosa estar en mi lugar-, rubio como el sol, hasta sus ojos eran dorados. Y tenía ese pícaro ímpetu mediterráneo que me arrancó cientos de carcajadas, y algunos suspiros, debo reconocer.

Supongo que si al fin estaba de esa forma con él, implicaría que volvimos oficialmente y antes de eso me gustaría hablar con Syaoran.

—Debo irme.

—Sí, yo también, nos vemos más tarde Sak, te quiero.

—Yo también te quiero. Adiós.

(Syaoran)

Eriol y yo nos habíamos pasado buena parte de la tarde entreteniendo a Sakura para que sus amigas pudieran ultimar detalles de su fiesta sorpresa. Para mí era un cliché y además odio las sorpresas, pero sabía que a ella le encantaría.

La llevamos a un centro comercial con juegos de todo tipo. Nunca me cansaría de su actitud de niña competitiva o de lo emocionada que se ponía por cada oportunidad de diversión que ofrecían las máquinas y puestos.

—¡Corran, parecen dos ancianos!

—Qué energía tiene Sakura.

»Aunque no creo que eso escape a tu conocimiento.

Eriol me dedicó una de sus miradas de «sé lo que haces y no lo niegues porque será peor», pero a mí no me intimidaba.

—No sé de qué hablas.

Estudiaba mis facciones de reojo mientras yo clavaba la vista al frente intentando que no descubriera nada.

—Ah, mi pequeño saltamontes —Apoyó su mano sobre mi hombro pero me la aleje de mí de un golpe—. Te la tiraste, lo tienes escrito por toda la cara. Y no me digas que no porque no te creo nada, no sabes mentir.

—¡Syaoran! ¡Apresúrate, tú tienes las fichas!

—¡Ya voy!

Aproveché el llamado de Sakura para huir de ahí como un cobarde, y supongo que con eso obtuvo su respuesta. Odio admitirlo, pero el idiota tenía razón, yo nunca supe mentir. Por mucho que lo hubiera intentado al final se me notaría, y más com Eriol Hiraguizawa, que era demasiado observador y metiche. Si hubiese sido cualquier otra mujer se lo hubiera contado hace mucho, sin detalles, no me gusta darlos, pero era Sak, la enana, mi amiga. No quería hablar de su intimidad con uno de sus compañeros de trabajo por más amigo mío que éste sea.

Después de los juegos, nos separamos para que Eriol pudiera prepararse para la noche. Aunque no fue eso lo que le dijimos a ella, por supuesto. Yo tenía toda la intención de llevarla a mi casa cuando lo recordé.

—Lo siento, olvide algo importante en la oficina. ¿Te molesta si pasamos por ahí primero?

—¿Tan urgente es?

—Mucho.

—En ese caso, no me molesta, vamos.

Atravesamos la ciudad lo más rápido que pude. A mí tampoco me hacía mucha gracia no tener tiempo para ir a mi casa. Llegamos al desolado edificio y subimos hasta el último piso.

—¿Sakura, te pasa algo?

Casi estábamos en mi oficina cuando se paró en seco y se sentó en la silla de Ai, mi secretaria.

—Estoy bien, es sólo que los zapatos que me prestó Mei me están matando. Mejor te espero aquí.

—Será un minuto y luego te llevo a tu casa.

—Ve tranquilo, no hay apuro. —La sonrisa de mi amiga fue bastante sospechosa pero decidí ignorarla.

Al fín había encontrado lo que buscaba cuando la puerta se abrió lentamente y me mostró a Sakura descalza, con la falda un poco levantada y una expresión compungida.

—Se, Se, Señor Li. Lo siento mucho, volví a derramar café sobre sus documentos —Se me acercó con la cabeza gacha y sollozando un poco. Si no supiera lo que pretendía me hubiese asustado.

—No se preocupe, señorita...

—Amamiya.

—Señorita Amamiya, sólo hay que volverlos a imprimir, no debe atormentarse por eso.

—Pero no es sólo eso señor. No puedo hacer nada bien, siempre arruino todo, en serio quisiera serle más útil pero no sé cómo.

Se mordió el labio inferior y clavó su vista en el centro de mi cadera dándome el pie para empezar de una vez.

—No se ponga así, no piense en eso. Ahora lo único que quiero de usted es que se relaje —Caminé hasta estar frente a su espalda para masajearla—. Está muy tensa y eso no es bueno para el trabajo, déjeme ayudarla a calmarse. Como su empleador es mi deber velar por su bienestar mientras esté en este edificio.

No sabía si Sakura seguía escuchando, en cuanto comencé a hablarle al oído, cerró los ojos y sus palabras se transformaron en cortos suspiros. Aún teniéndola de espaldas deslicé las manos por el torso de la «señorita Amamiya» intercalando caricias y ligeras presiones hasta llegar a sus pechos.

—Señor, no me...

Estaba por quejarse pero era parte del personaje, no se movió un milímetro ni atinó a separarse me mi agarre mientras hablaba.

—Shh, tranquila, déjame hacerlo. —Asintió y la sentí estremecerse cuando la besé subiendo desde su hombro a su mandíbula.

—Usted sí que sabe lo que hace —consiguió decir con la respiración entrecortada.

La apoyé delicadamente boca abajo sobre mi escritorio. Sujeté su muñecas y le estiré los brazos invitándola dejar caer su peso sobre el mueble.

—Todavía no has visto nada —le susurré al oído y me pegué a su cuerpo para que pudiera sentirme. Su respuesta fue un suspiro más profundo que los anteriores—. Tengo mucho para ti, Amamiya.

La despojé de la blusa y el sostén recorriendo toda su espalda con las manos y la boca. Una de las cosas que más me gustaban de Sakura, sin dudas, era su piel. Era suave, tersa y completamente adictiva. Podría pasarme años explorándola sin aburrime un sólo día, pero la tensión que se acumulaba en mi entrepierna me suplicaba que apresurarse un poco las cosas. Llevé una de mis manos a su pecho y me entretuve ahí mientras con la otra cariciaba muy suavemente la cara interna de uno de sus muslos, sabiendo a esta altura que eso nunca fallaba a la hora de tenerla lista para mí. Cuando la sentí aumentar la intensidad de sus jadeos, subí casi por completo su falda e introduje mi mano en su parte íntima. Era increíble como su cuerpo reaccionaba tan rápida e intensamente a mi tacto, lo cual me complacía enormemente. Comenzó a tensarse y a rasguñar la superficie de mi escritorio, faltaba poco, así que aumenté el ritmo de mi labor.

—Ah, sya...

Sí, dilo, grítalo, que todo el mundo se entere.

—¿Qué? No te escuché.

—Sya, Syao.

—No te escucho, Sakura, más alto.

—Sya, ¡Syaoran! —gritó y sentí como sus paredes se contraían.

Algunos podrán pensar que era un enfermo de mierda, otros, que era sencillamente ridículo, pero me lo crean o no, que me nombrara en esos encuentros y más en los momentos de mayor placer, me hacía sentir más poderoso y seguro de mí mismo que nunca en la vida. Lograba hacerme creer por un instante la estúpida ilusión de que yo era el único para ella, el último y el mejor.

La giré y me apoderé de su boca. Dejó caer sus manos por mi pecho hasta mis piernas y liberó al fin al ansioso prisionero.

—Aquí estás cariño, te extrañé —dijo en lo que se agachaba y recorría a mi excitado compañero de una punta a la otra con las dos manos.

El aliento tibio de Sakura chocando contra esa zona tan sensible estaba volviéndome completamente loco. Un instante después, olvidé mi nombre, edad, familia o cualquier dato relevante sobre mí, anterior a sentir que sus labios habían reemplazado a sus manos en la tarea.

—Sak, no voy a aguantar —advertí esperando que fuera en japonés.

—No lo hagas —me respondió y volvió a concentrarse en lo suyo.

—Ay, Dios.

Eso sí que no sé en que idioma fue.

La expresión «alcanzar la gloria» jamás me pareció más acertada que cuando me rendí y sentí a Sakura succionar. No sabía que había hecho para merecer eso, pero en otra vida de seguro fui un tipazo.

Me dio un corto beso y se limpió las comisuras de los labios. Si no hubiera estado tan cansado de seguro ese gesto ameritaría un segundo round. Quizá después.

—Necesito un baño —me dijo con una sonrisa traviesa. Sí, definitivamente Sakura iba a matarme.

—Hay uno detrás de esa puerta —le indiqué mirando hacia lugar al que me refería.

Estar con ella era como tener todo en una. Su gusto por la construcción de personajes hacía que pudiera cumplir cientos de fantasías; las conversaciones que teníamos eran desde muy absurdas a increíblemente profundas; era detallista y generosa, siempre me sorprendía con un chocolate o regalos, y en compensación yo trataba de invitarla a buenos lugares y cumplirle unos cuantos caprichos.

Quien esté leyendo esto podría pensar que éramos una pareja como tal, pero estaría en un error. Fuera de la habitación, por decirlo así, éramos un par de amigos como cualquier otro. No había besos, caricias o abrazos con segundas intenciones. Nada que a alguien que nos estuviera viendo le hiciera sospechar de nosotros. Lo que me lleva a otra cosa a favor de Sakura: entendió perfectamente lo que le propuse y parecía disfrutar tanto como yo con nuestro acuerdo. No estábamos pendientes el uno del otro ni hablábamos todos los días, además de la obvia posibilidad de tener otros amantes. No sabía como era para ella, pero yo tenía a Nakuru, y aunque la veía cada vez menos, principalmente por mi constante cansancio, la puerta seguía abierta por si me apetecía entrar. Éso me lo dejaba en claro prácticamente cada vez que nos cruzabamos. Tengo que admitir que las veces que lo hacía era porque no había visto a mi amiga en varios días, o sí, pero sin acostarnos. También creo que me servía para confirmar que todo seguía bajo control. Puede que no lo sepan, pero tener sexo con alguien con quien se llevan tan bien como Sakura y yo puede ser peligroso si no se presta atención. Por mi parte no estaba dispuesto a arruinar nada de lo que teníamos.

Después de arreglarnos salimos para su casa. En el camino recibí un mesaje de Mei pidiendo que la retrasara un poco más así que me pareció el momento indicado para darle lo que fuimos a buscar a mi oficina. Busqué unos minutos para dar con el lugar adecuado, y finalmente detuve cerca de un parque.

—Tengo algo para ti —Saqué el estuche dorado de mi bolsillo y se lo extendí— Felicidades, Sak.

—¿Qué es?

—Ábrelo y lo sabrás, tonta.

Su sonrisa se me contagió al instante. Cuando vio el colgante con esa pluma de plata con detalles en rosa tan peculiar, su rostro se iluminó y yo me di por satisfecho.

—Syaoran, ¿cómo lo recordaste? Hace mucho que lo vimos.

—Algunos no somos tan distraídos como tú. Mira —Tomé la caja y le mostré la nota—, presentando esto en la joyería te grabarán un recuerdo en el reverso de la pluma. Una fecha, un nombre, lo que quieras. Yo no sabía que poner, así que prefiero que tu lo elijas.

—Me encanta, gracias, Syao.

No sé habrá sido nuestro encuentro anterior, el que mis ojos se posaran en su cuello cuando se colocó el collar o lo insuperablemente bella que se veía cuando sonreía; pero por lo que haya sido, no me resistí.

Solté el cinturón de seguridad y me abalancé sobre ella como depredador a su presa. Estaba desesperado, quería hacerla mía hasta que el cuerpo no me diera más.

Recliné su asiento y la besé y acaricié todo lo que esa posición me permitió. Sin dejar de deleitarme con esa piel que me enloquecía, bajé su ropa interior y la mía lo justo y necesario. Pronto comprendí que era un poco alto para que eso funcionara, así que volví a mi lugar llevando a Sakura conmigo y, no sin un poco de dificultad, la senté con las piernas abiertas sobre mi erección. No creía que fuera a durar mucho, pero ella parecía estar en las mismas.

La hermosa mujer que tenía encima me montaba como si su vida dependiera de eso, abrazándome fuerte y escondiendo la cabeza en mi cuello. Yo seguía el compás de sus movimientos intentando ir lo más profundo posible, como queriendo partirla en dos.

—¿Quieres que nos detengamos? —le pregunté como pude desacelerando un poco el ritmo.

Nos acercábamos a un punto sin retorno y no teníamos condón, sin embargo, internamente deseaba que me dijera que no le importaba. Y así fue, aunque sin pronunciar palabra, en respuesta mordisqueo con suavidad el lóbulo de mi oreja y retomó la velocidad de las embestidas.

Unos minutos después ambos terminamos. Nunca me había corrido realmente en su interior, y tengo que decir que fue grandioso. Incluso pensé en proponerle dejar los preservativos, pero para eso tendría que pedirle que fuera lo más cuidadosa posible con sus otros acompañantes, si es que los tenía.

—No sé que te pasó pero estuvo increíble —dijo pasando una pierna sobre mí para volver a su asiento.

Torpe como era desde que la conocí, no midió bien la distancia y se cayó sobre el volante haciendo sonar la bocina. Se asustó y con otro impulso aterrizó al fin donde debía. Nos miramos fijo y no tardamos ni medio segundo en estallar a carcajadas.

—Ten más cuidado, me sorprende que sigas en una pieza con todos los golpes que te das.

—¡Eso es porque soy muy fuerte! —Su voz se volvió más grave y me enseñó sus mínimos músculos imitando oposiciones de físico culturista.

—Estás loca, enana.

Aproveché que se retocaba el maquillaje para fumar y revisar mi celular. Recién cuando vi los mensajes y las llamadas perdidas de Mei me di cuenta de lo mucho que estábamos tardando. Sólo le escribí un austero «Ya voy» a mi prima y le pregunté a Sakura si ya estaba lista para que no se clavara el lápiz ése negro en el ojo. Asintió y encendí el auto para finalmente ir a su casa.

Durante el camino noté que su mirada estaba ausente y soltaba cada tanto algunos suspiros que estaba seguro que debían ser inconscientes.

—¿Qué tienes?

—¿Eh?

—Qué si sigues en este planeta, Sakura.

—Lo siento, sólo pensaba.

—Y no quieres contarme —indagué.

—Quizás en otro momento.

Yo miraba al frente, atento a la calle, pero por su voz me di cuenta de que se había desanimado.

—Como quieras.

Decidí no insistir, sabía que esa cara cambiaría apenas viera a las personas que la esperaban en su casa, por lo que no me preocupé.

Sentí mi celular vibrar en el bolsillo delantero de mi pantalón estando a pocas cuadras de nuestro destino. No necesitaba mirarlo para estar seguro de que era Meiling preguntando en cuánto llegaríamos o algo por el estilo, pero si no le contestaba se molestaría y se pone más insoportable todavía cuando está así. Frené en un semáforo y leí el mensaje. Para mi sorpresa no era Mei, sino Nakuru. Decía que quería que nos viéramos esa noche, cosa que me llamo la atención porque siempre lo hacíamos en el trabajo, sin embargo, no me detuve en eso. La rechacé escribiendo lo más rápido que pude y seguí manejando. Sólo le dije que estaba ocupado y nada más. No tenía que darle ninguna explicación, jamás lo hice, y asumí que lo había entendido porque no insistió.