Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.
UN MUNDO NUEVO
CAPÍTULO 8: "Entre caníbales"
(Sakura)
—Te amo.
Realmente lo hacía, todo era un mal entendido.
—Pero aún así mientes y me escondes. ¿Quién es ese tipo, eh? ¿es más importante que yo?—dijo mirándome fijo.
—¡No, es sólo un amigo! No te pongas así —supliqué pasando mi mano por su espalda.
—¡No me toques! Jamás fui suficiente para ti, con él si puedes ir de la mano por la calle tranquila, ¿no? Pues hazlo y déjame en paz.
—Él no me importa. Tienes que escucharme, dame una oportunidad.
—Ya te escuché y no te creo nada. Es mejor que te vayas. —Se paró de la cama que compartíamos dándome la espalda. Sentía su furia y decepción— Llévate todo lo que puedas y te enviaré el resto después.
Comencé a llorar.
—No me hagas esto, no puedo vivir sin ti.
—Debiste pensarlo antes de engañarme.
—¡Joder! ¡no te engañé!
—No volveré a preguntártelo, ¿te acostaste o no con él? —Lanzó una de sus peores miradas de odio contra mí. No pude soportarlo más y rompí en llanto asintiendo despacio— ¡Ves como me mentías! —Sacudió mis hombros y me empujó— ¡Largo! ¡fuera de mi vida!
Me acerqué y recibí un cachetazo que me dio vuelta la cara, y destrozó mi corazón.
—¡Me sentía sola! —le grité en un intento desesperado de que me comprendiera. Quería arreglar las cosas.
—No te atrevas a echarme la culpa.
—No estoy diciendo eso. Hablemos, Anna, yo te amo a ti. Podemos resolverlo.
Habíamos pasado de todo por estar juntas, valía la pena intentarlo, ella también lo sabía pero estaba demasiado herida como para que le importase.
—Me voy —informó después de una pausa. Yo negaba enérgicamente con la cabeza, sabiendo que ya no había nada más que decir—, pero más te vale que cuando vuelva no estés o te sacaré por la fuerza. Adiós, Reira.
Cerró la puerta de nuestra habitación y la perdí.
—¡Corte! —dijo el director de «Condenado amor», mi primera película, sin apartar la vista del monitor—. Déjame ver como salieron las lágrimas de Kinomoto. Esa cara ¿ves?, me gusta.
—¿Cómo estuvo, señor Azuma?
—Muy bien, Kinomoto —dijo distraído, después levantó la cabeza y se rascó la barba—. Ahora que lo recuerdo, sé que no te corresponde, pero quería pedirte un favor.
—Claro.
—¿Podrías venir mañana temprano? Quisiera que ayudaras a Olivia con sus líneas, la siento un poco acartonada.
—Lo siento pero tengo otro compromiso, de todos modos apenas termine vendré a ver que puedo hacer.
—Te lo agradezco. Es todo por hoy, ve a descansar.
—¡Hasta mañana!
Los saludos fueron desde austeros hasta muy alegres.
El grupo de la película podía ser mucho más formal que el de Cazadores, pero igualmente cálido y contenedor.
Estar en dos producciones tan diferentes era estimulante. Acababa de firmar el contrato por las tercera y última temporada de la serie que me condujo a todo esto. Las grabaciones ya habían empezado, pero mis escenas recién lo harían el día siguiente.
Estaba muy atareada, apenas tenía tenía tiempo para dormir. Rodajes, estudiar los guiones, el mantenimiento de la casa, ayudar a Tomoyo con lo de su boda, las apariciones públicas con Kero.
Su fama se incrementó muy rápidamente y el trabajo le llovía, por lo que sólo nos veníamos en eventos publicitarios y por el estilo. Él parecía disfrutarlo mucho. Los rumores que lo atormentaban desaparecieron tan rápido como llegaron otros. Nos inventaron viajes, futuros matrimonios y hasta embarazos.
No sé por qué gustabamos tanto como pareja pero imagino que tenía que ver con lo sorpresivo de la situación y con que Kero se había vuelto más extrovertido y cercano con los periodistas. Todos decían que el amor lo había cambiado, pero yo sabía que ese era su verdadero yo, que lo otro era una máscara de excesiva masculinidad que lo protegía de seguir alimentando una idea errónea sobre su sexualidad. Yo misma estaba aburrida de salir en todos lados, pero el público al parecer no.
El señor Clow, mi nuevo representante, me recomendó que me creara una página donde mis fans (¿pueden creerlo?) pudieran comunicarse conmigo. Descubrí que los reportajes y el contacto con la prensa no eran lo mío, pero que el intercambio a través de una red social sí. Resultaba maravilloso leer sus comentarios de apoyo y tenerlos ahí escritos para cuando los necesitara. Por supuesto había críticas y quejas pero eran mínimas.
Otra cosa que me recomendó Clow fue que me comprara un auto. Era cierto que la gente me reconocía más fácilmente que antes, y eso combinado con mi natural déficit para calcular el tiempo, hacía que me retrasara el doble en llegar a cualquier lado.
Estaba viviendo sola. Mi hermano no soportó la presión y fue a buscar a Mei a Estados Unidos. Ella me llamó feliz diciendo que se quedarían algunos días más de vacaciones allí. Todo indicaba que les había ido bien, porque al volver me comunicaron su decisión de vivir juntos.
—¡Sakurita! Pasa.—Me invitó mi amiga Tomoyo.
Se notaba que su prometido no había opinado en lo absoluto en cuanto a la decoración del departamento que compartían. Excepto por el par de katanas de colección que descansaban sobre la pared detrás del sofá de tres cuerpos, todo lo demás gritaba «Tomoyo Daidouji» por doquier. El blanco, el azul y distintos tonos de violeta predominaban en su living. Los materiales nobles como la madera y la piedra conformaban las estructuras de los muebles de estilo francés, y siempre los adornaba orquídeas o flores de cerezo.
—¿Qué te parece?
—Tommy, es preciso —Me quedé atónita con el vestido que había hecho para que yo lo usará el día de su boda—. ¿Y el tuyo?
—Aún no lo termino. Ten, pruébatelo por favor —me pidió extendiendo la caja que contenía su creación.
Era color champagne, largo y con unas mangas de encaje llenas de detalles.
—¡Estás soñada! —exclamó con los ojos destellantes y sosteniéndose el rostro con ambas manos.
Jamás me acostumbraría a sus exageraciones hacia mí.
—Gracias —balbuceé.
—Acércate, quiero ver algo.
—¿Estás nerviosa? —le pregunté mientras soltaba las costuras de mi cadera. Había subido un poco de peso. Convivir con Kero hacía que los dulces abundaran y al muy suertudo no le afectaban en nada. Debía apuntarme al gimnasio, no tenía suficiente disciplina como para resistirme a la tentación, y menos en ese momento en particular.
—Todavía no, estoy más entusiasmada que otra cosa —Hizo una pausa y luego miró con los ojos humedecidos—. Sabes, mientras esté a tu lado, sé que todo estará bien.
—Ay, no Tommy, no llores —La levanté y la abracé fuerte—. Estoy aquí.
La sentí tensarse un ínfimo segundo, luego se relajó y dijo:
—Lo siento, últimamente estoy muy sensible.
Le acaricie el cabello esperando que eso la calmara. Era muy raro verla así, ella siempre la más calmada y segura de las dos.
- Es natural —supuse luego de una pausa —, en tu estado las hormonas pueden jugarte malas pasadas.
En realidad no estaba segura de lo que decía, no sabía mucho de embarazos. Pero era ese tipo de conocimientos que tienes y no sabes de dónde sacaste pero asumes como una verdad porque siempre estuvo ahí.
—Puede que tengas razón. Ya me da pena lo rápido que me irrito con Kurogane, a veces hasta su forma de respirar me molesta —dijo atrapando una lágrima que cayó por su mejilla—. No veo la hora de que se me pase.
—Bueno, eso sí que es extremo. Ojalá no tenga que vivirlo.
Que te altere tanto la pensona que amas debe ser malo, pero más debe serlo ser la otra parte de eso. Pobre Kurogane, esperaba que le tuviera paciencia.
—Por supuesto, además no parece que tengas posibilidad alguna de quedar embarazada ahora más que por obra divina —Su burla hacia mi vida sexual nula le hizo recuperar el buen humor y a mí me apagó un poco—. Oye, era un chiste cariño, no te pongas mal por favor o volveré a llorar.
Le sonríe todo lo que pude.
—No pasa nada. Además tienes razón, estoy más cerca de aprender a hablar Hebreo con fluidez que de estar embarazada. —Esta vez nos reímos las dos.
—Hablando de eso —dijo fingiendo restarle importancia— ¿al final hablaste con Li?
Sí, no pude sostenerlo más y le conté a mi prima todo lo que había pasado con Syaoran y de mi angustia por no saber nada de él en semanas. Tomoyo me aconsejó que le diera un poco de espacio y si él no me buscaba, que yo lo hiciera. Mi mejor amiga tenía la teoría de que mi «relación» con Kero lo había hecho alejarse de mí, y yo no tendría mucho que refutar al respecto teniendo en cuenta que ambas cosas pasaron casi al mismo tiempo.
—Por teléfono. Dijo que estaba todo bien y que seguíamos siendo amigos pero que su ascenso dentro de la empresa de su familia lo tiene muy ocupado.
—¿Y de lo otro?
—Nada. Imagino que se sobreentiende.
Posó una de sus manos en mi hombro.
—¿Estás bien?
—¡Claro! ¡No te preocupes! —contesté negando con las manos—. Mientras sigamos siendo amigos eso realmente no importa tanto —mentí—. ¿Tomamos té?
Tommy me dedicó una de sus más suspicaces miradas pero en seguida volvió a lo que hacía.
—Cuando termine, por supuesto.
Mentí porque aunque Syaoran me aseguró que seguía todo igual, yo sabía que no era así, lo escuché en su voz. De hecho, ni siquiera le dije que mi relación con Kero era ficticia, lo sentía tan lejano que no me nació tener esa confianza con él. De alguna manera esa llamada me confirmó que lo había perdido, y eso me entristecía. Cada cierto tiempo me atacaba la devastadora idea de que el motivo de su distancia fuera que ya no podría acostarse conmigo si yo estaba en pareja. Hubo días en los que me sentí usada. Tonta. Confieso que llegué a llorar creyendo que jamás me había apreciado ni un poco y que sólo le interesaba si podía tener acceso a mi cama. De todas formas, intentaba convencerme de que todo era una coincidencia y simplemente lo nuestro había terminado tan fugaz como empezó.
Siempre me costó alejarme de mis amigos, pero así es la vida. Algunos se quedan, otros se van, lo que no significa que no dejen marca.
Y la de Syaoran todavía quemaba.
(Syaoran)
"If you're leaving, close the door.
I'm not expecting people anymore.
Hear me grieving, I'm lying on the floor.
Whether I'm drunk or dead I really ain't too sure.
I'm a blind man, I'm a blind man and my world is pale.
When a blind man cries, Lord, you know there ain't no sadder tale.
Had a friend once in a room,
had a good time but it ended much too soon.
In a cold month in that room
We found a reason for the things we had to do.
I'm a blind man, I'm a blind man, now my room is cold.
When a blind man cries, Lord, you know he feels it from his soul."
When a Blind Man Cries - Deep Purple.
Estaba jodido, lo tenía asumido.
A los pocos días de ver a Sakura en televisión ya sentía que caminaba por las paredes. Ella no se había comunicado conmigo, no le importaba lo que yo pensara de aquel asunto del que seguro sabría que ya me habían enterado.
Yo no le importaba.
No sé si les habrá pasado, pero sentía un vacío enorme. La extrañaba tanto como quería tenerla lejos.
Una noche me sorprendí a mí mismo en la patética acción de reproducir una y otra vez un reportaje que le habían hecho en el estreno del programa que protagonizaba, y lo comprendí. No sólo me gustaba físicamente o me agradaba su compañía, estaba loco por ella. Confundí la electricidad que me daban sus besos con simples ganas; la aceleración de mi pecho, con nervios provocados por recuerdos infantiles; la ilusión de volverla a ver con curiosidad y más tarde con un capricho idiota, que obviamente jamás había tenido.
Me sentía extraño, como si ya no fuera yo mismo, incluso me amargué por haber tenido tanta mala suerte. Pero como dije, al final tuve que aceptar la situación.
Ahora, la pregunta clave: ¿Acaso importaba?
Para nada.
Ella ya tenía a alguien y se veía muy feliz, sería muy egoísta de mi parte aparecer y perturbarla con mis tonterías. Además, tenía miedo. Si llegaba a ver un ápice de lástima en los ojos de Sakura, de seguro quedaría devastado.
Parece exagerado, y probablemente lo era, pero así se sentía.
Por suerte, antes de convertirme en una copia sin talento de Johnny Cash, mi madre nos convocó a mi hermana Fuutie y a mí para comunicarnos que había decidido que yo fuera su sucesor. Mis nuevas obligaciones me tenían tan repleto de trabajo que no había tiempo para nada más.
Semanas después de que asumiera mi nuevo cargo, Sakura me llamó. El ritmo cardíaco se me disparó hasta hacerme doler el pecho y tuve que respirar profundo para calmarme y contestarle.
No hablamos mucho. Me dijo que ella estaba tan ocupada como yo con sus proyectos, también me ofreció vernos, pero todavía no me creía capaz de soportar que me hablara sobre su novio o su perfecta vida sin mí. No le mentí. Le dije que no contaba con nada de tiempo libre y aseguré que seguíamos siendo amigos, que estaría ahí para lo que necesitara. Ella me respondió algo similar y se despidió.
Ya la había dejado ir una vez, y aunque en esta ocasión las memorias a superar no se trataban de inocentes ilusiones de un preadolescente, no tenía más opción que hacerlo. En definitiva, fui yo quien le propuso el estúpido acuerdo de vernos sin compromisos. Incluso antes de intentarlo, me había boicoteado la oportunidad de estar con ella y ser quien la hiciera feliz. Debía pagar el precio por mi necedad y ese parecía ser perderla.
—Con permiso, Señor Li —dijo Ai entrando a mi nueva oficina. Le había ofrecido acompañarme ya que no podría imaginar una secretaría más eficiente, sin contar que la de mi madre se había retirado con su jefa.
—¿Qué sucede?
—Em, este —Hizo una pausa en su balbuceo y suspiró—. Revise su casilla de e-mail, por favor.
Eso me llamó la atención, ella solía ocuparse de contestar todo.
—De acuerdo —Dirigí la vista a mi computadora y noté que no se iba—. ¿Necesitas algo más? —le pregunté mirándola de reojo.
Ai dio un respingo y se ruborizó un poco.
—No, no —contestó casi asustada y, aún más roja que antes, se fue por donde había venido.
¿Qué le pasará? Estuvo muy rara toda la mañana.
Entré a mi mail y vi varios mensajes de usuarios que no tenía agregados, todos abiertos por mi secretaria. El único remitente que reconocí fue a Eriol, así que empece por ése.
Estás en problemas hermano, avísame si necesitas algo.
—¿Qué mierda es esto?
(Sakura)
Había oscuridad en todos lados pero no ahí dentro. La luz estaba bien encendida y la temperatura extremadamente alta. Ambas cumplieron sus funciones en ese momento inmortalizado y lo hacían mientras contemplaba las pruebas. La luz que me había dejado disfrutar de su atención puesta en mí, delataba hasta la última de mis pecas y la temperatura que me había confesado su deseo, me hacía querer tirarme a un pozo y desaparecer para siempre.
Foto 1: Mi cabeza para atrás, él sobre mí. Le habían pixeleado la boca por estar pegada a mi pecho. Sus manos escapaban a la vista del espía con cámara. Las mías no. Una estaba en su cabeza jugando con su pelo; la otra, perdida en la abertura que le había hecho a la camisa.
Foto 2: Nuestro espectador se dio el lujo de cambiar el ángulo para captar mejor. Estábamos frente a frente. Yo tenía los ojos cerrados y me impulsaba con las manos en sus hombros. Él me tenía agarrada de la cintura con la vista clavada en los píxeles.
Foto 3: Me tomaba fuerte de la cadera. El cuadro no llegaba a demostrarlo, pero estuve ahí, recuerdo que fue así. Tenía los labios apretados, se notaba lo que hacía. Yo parecía querer protección. Lo abrazaba por el cuello y me escondía en él. Era tarde, ya me habían visto.
Foto 4: Obtuve lo que deseaba. Pasó sus fuertes brazos por la parte superior de mi espalda y me pegó a su pecho semidesnudo como pidiendo que no me fuera. Yo no me había movido.
—Lo siento, Sakura, como comprenderás, este tipo de cosas distorsionan la imagen del programa.
No puede ser.
—Pero nada de lo que has hecho hasta ahora terminará en la basura, incluiremos lo que ya tenemos y resolveremos lo demás cambiando un poco el argumento.
¿Cómo no apagamos la luz?
—Sobre tu remuneración, se te hará la liquidación correspondiente más el plus por incumplimiento de contrato, de nuestra parte, claro.
¿Por qué a mí?
—Es que ciertamente no se nos ocurrió que algo así pudiera pasar.
No lo entiendo.
—Quiero que sepas que no tenemos más que felicitaciones para darte en cuanto a tu trabajo. Todo esto es una verdadera lástima pero bueno, lo hecho, hecho está.
Ese es Syaoran, esa soy yo. Esa es mi pluma el primer día que la usé.
—Bien eso es todo ¿Tienes alguna pregunta?
—No. Debo irme.
- De acuerdo, en serio. Nos conocemos desde pequeñas y sé como eres, créeme que no es personal. Pero los productores ponen el dinero, y por lo tanto toman las decisiones. Puedes venir a visitarnos cuando gustes y me encantaría volver a trabajar contigo en el futuro.
—Gracias, Naoko, discúlpame pero realmente debo irme.
—Buena suerte.
Iba a necesitarla, pero para qué. Para que Kero no me mate por convertirlo en el cornudo del siglo, podría ser una opción. Para que mi hermano y mi padre no volvieran a usar Internet, leer el periódico o ver la televisión japonesa, otra. Para que nadie me reconozca nunca más, esa era buena. Para no morir de vergüenza, la más improbable de todas.
Salí de la oficina de Naoko completamente desorientada ignorando a quienes se acercaron para hablar conmigo. No suelo ser maleducada, pero es que mi cuerpo no reaccionaba más que para caminar y mi mente no podía borrar esas imágenes.
Alguien nos había tomado fotos a Syaoran y a mí el día de mi cumpleaños y las había dado a conocer a través de una publicación amarillista. Cualquiera diría que nadie le presta atención a esas cosas, pero se equivocaría. En un par de horas, ya estaban dando vueltas por toda la red, opinaban de ellas en los programas tipo magazine, y hasta Rika me contó que las vio en un diario en la sección de entretenimiento. Claro, porque es muy entretenido meterse en la vida de los demás.
Las llamadas y mensajes no dejaban de llegar. No quería ver quiénes eran ni qué querían. Tenía miedo de saber.
Llegué hasta la puerta del estudio y sentí que una mano se posaba sobre la mía.
—Yo no haría eso, pequeña, está atestado de periodistas ahí afuera. Sígueme, te sacaré por atrás y te llevaré a tu casa —ofreció Eriol más serio de lo que lo hubiese visto nunca.
No dije ni hice nada más que seguirlo por el set hasta la entrada de camiones y cosas de escenografía. Cuando estuvimos afuera pude verlos de lejos, no sabría decir cuántos eran, pero rondarían los veinte.
Lo interesante de esto era que ni siquiera lo hacían en escencia por mí, la noticia no era «Sakura Kinomoto se revuelca con Syaoran Li», el que les interesaba era Kero, Cerberos para ellos.
«La novia del supermodelo Cerberos lo engaña con empresario chino.» —Se leía en el artículo que la directora de la serie de la que acababa de ser expulsada tan apenada me mostró.
—¿Tienes las llaves?
Las saqué de mi bolso sin apartar la vista de los chupasangre y se las di.
—Lo único que falta es que ahora me saquen fotos contigo.
No lo miré así que no sé cuál fue su reacción, pero me respondió:
—Me alegra que hayas recuperado el habla —Sonreí amargamente—. No te preocupes, con estos vidrios jamás sabrán quién va dentro.
Internamente le agradecí a Clow por haber insistido en que los oscureciera.
—Quizás debamos recomendarle a Syaoran que también polarice los suyos —Agaché más la cabeza, no tenía fuerzas ni para enojarme—. Muy pronto, entendí, vamos de a poco. Lo siento.
—Está bien, muchas gracias por la ayuda.
Estaba sinceramente preocupado por mí y eso,en un pequeño lugar de mi desastrosa mente, me reconfortaba. Dicen que en los momentos de adversidad se conoce a los verdaderos amigos, y Eriol estaba demostrado ser uno.
Una vez nos subimos a mi auto, el hombre a mi lado encendió la radio. Imagino que intentaba distraerme, pero lejos de lograrlo, descubrimos que a los conductores del primer programa que sintonizó también les interesaba sacar conclusiones sobre Kero y la facilita de su novia. Él simplemente apagó el estéreo y el resto del camino lo hicimos en silencio.
(Syaoran)
Lo había leído varias veces y seguía sin poder creerlo. Parecía un mal sueño.
Escándalo: La novia del supermodelo Cerberos lo engaña con empresario chino.
Él es el modelo japonés más codiciado del medio. Ella, en cambio, una de las protagonistas de la exitosa serie "Cazadores". Ambos conforman la pareja del momento, pero no todo lo que brilla es oro.
Sin lugar a dudas estamos hablando de Cerberos (25) y Sakura Kinomoto (26), quienes se vieron envueltos en un escándalo después de que trascendieran fotos explícitas que comprueban la infidelidad de la actriz.
El tercero en discordia no es nada más ni nada menos que Syaoran Li, el joven CEO de la multinacional china Empresas Li.
Al parecer, Kinomoto no sólo tiene buen ojo para los hombres atractivos, sino también un agudo olfato para el dinero...
—Señor Li, no quiero molestarlo pero la señorita Akizuki está aquí y quiere hablar con usted.
—No estoy para nadie, Ai.
—¿Seguro señor? Dice que es, bueno, sobre las fotos —Mi secretaria se puso más roja y nerviosa de lo que jamás me imaginé que podría.
—Está bien, déjala pasar.
Cerré la ventana de mi casilla de e-mails, no quería seguir viendo eso, y escuché a Nakuru entrar.
—Hola guapo. Vaya, ahora sí que eres toda una celebridad.
—No molestes. ¿Qué es lo que sabes?
Se sentó con las piernas cruzadas al otro lado del escritorio.
—Sabes Syaoran, el lugar de trabajo es sagrado, no deberías follar aquí.
—Nakuru, en serio, hoy tengo menos paciencia que nunca. Ve al punto por favor.
—Bien, directo al grano, como a ti te gusta. Fui yo quien tomó esas fotos y las vendió a ese portal sensacionalista.
Abrí los ojos a más no poder.
—¿Qué estás diciendo? —mi voz salió tensa.
—Eso, voy a contarte una pequeña historia: Ese viernes me quedé como niña buena terminando un trabajo cuando escuché ruidos y te vi caminando por el pasillo. Estuve a punto de ir a buscarte pero a tiempo noté que una mujer te acompañaba. Los seguí discretamente hasta tu oficina y vi que tú estabas sobre ella en tu antiguo escritorio...Me pregunto si ya habrás estrenado éste —dijo acariciando el borde del vidrio con una sonrisa cínica—. Realmente me enojé contigo, Syaoran. Hacía meses que casi no me tocabas, supuestamente porque estabas cansado, pero para esa puta sí que tenías tiempo y energía ¿no?
—Cuida tu vocabulario para referirte a ella —Le ordené amenazante. Todavía no podía procesar lo que escuchaba pero que insultara a Sakura realmente me enfurecía.
Suspiró despejando su frente del flequillo.
—Cuando ella se levantó, en seguida la reconocí, es una de las actrices que está en ese programita infantil. Y me pareció que a la prensa le fascinaría verla chupándote la polla.
—¡Es todo! ¡fuera! —le grité golpeando la superficie del escritorio, olvidando por completo mis intentos de permanecer calmado para hacer que me diera toda la información posible—.Sal de aquí si no quieres que te saque a patadas.
—¿Y vas golpear a una mujer ? Mejor para mí, más escándalo —Me hervía la sangre, podría estrangularla ahí mismo, pero la perra tenía razón, no debía—. Como te decía, estaba demasiado oscuro y si usaba el flash me descubrirían así que fui tras ustedes —Claro, el mensaje, qué idiota—. Esperaba encontrar un beso y ya inventaría algo después, como que éramos novios y me estabas engañando con ella, pero lo que vi fue incluso mejor. Tuve tanta suerte que me la dejaste fácil follándotela en un auto en plana calle.
—Te voy a matar— espeté, me sentía verdaderamente capaz de hacerlo, pero me detenía la sensación de merecer lo que estaba pasando.
—No seas mal educado, estoy hablando.
»Como sea, mi intención era que salieran a la luz apenas las tomé pero un par de días después me enteré que esa tonta con cara de santita realmente estaba siéndole infiel al modelo que tiene por novio y que su fama crecía gracias a él, por lo que me pareció mejor esperar.
»Dejé pasar el tiempo apropiado y ¡boom! Aquí estamos.
—Hija de puta, ¿por qué lo hiciste? ¿dinero? ¡¿qué?! ¡¿qué mierda fue?!
—Ay no, dulzura, no me subestimes, no me tomaría todo ese trabajo por unos cuantos yenes.
—Entonces habla de una puta vez.
—Venganza.
Debe ser una broma.
—Sí, como lo oyes, fue venganza. Y no me mires con esa cara, esto no tiene nada que ver con bobadas de una enamorada despechada. Teníamos un trato Li, uno simple y placentero, pero tú lo rompiste cuando dejaste de aceptarme, y a mí, querido, no se me deja con las ganas.
—¿Por esa estupidez hiciste todo esto? ¿por qué no te buscaste otro y listo? ¡Sakura debe estar sufriendo por tu culpa! —dije apretando los dientes, más para mí que para ella.
—Bueno, espero que tengas razón. Nadie se queda con lo mío así de fácil. No me mal interpretes, no soy posesiva. Yo no hubiera tenido problema en compartirte, pero tú no pudiste con las dos —Chasqueo los labios—. Qué decepción.
La gota que rebalsó el vaso.
Me paré de un salto y la levanté tomándola fuerte por el brazo, sonreía como una maniática y eso me irritaba más aún. Dando grandes zancada llegué a la puerta y la abrí de un golpe.
—¡Vete de aquí y no vuelvas! —Varias personas se voltearon a vernos y ella al notarlo, comenzó a llorar desconsada. Yo sabía que estaba fingiendo, pero los demás no. Algunos nos miraron con sorpresa y otros alternaban la lástima y el odio entre Nakuru y yo.
—¡¿Cómo pudiste, Syaoran?! —recriminó con lágrimas de cocodrilo manchando sus mejillas de negro— ¡Yo te amaba!
—Deja de fingir, loca de mierda.
Lanzó un grito desgarrador.
—Siempre hice lo que quisiste, no le dije a nadie de nuestra relación porque decías que no era bueno divulgarlo en el trabajo —mentía entre ahogos— pero jamás me imaginé que era para revolcarte con cuanta zorra se te cruzara.
Sollozaba tan convincentemente que por un instante pensé que Sakura no había sido la única actriz con la que me había acostado.
Algunas mujeres que llegaron, supongo que al escuchar los gritos, se acercaron a consolarla. La muy desgraciada les había hecho creer a todos ahí que era un monstruo desalmado e infiel. Tengo que admitir que mi colera aumentó cuando vi a Ai negando desaprobatoriamente con la cabeza y uniéndose a sus compañeras. Trabajábamos juntos desde hacía años, se suponía que me conocía.
Por favor, no puedo creer que se traguen sus mentiras, ESTÁ LOCA. No tuve una relación como la que dice con ella y mucho menos me ama, me aprecia o me respeta siquiera. ESTOY HARTO —pensé, pero no iba a darles explicaciones.
Me ahorré el gasto inútil de palabras y mirando a Nakuru con desprecio dije:
—Todo el mundo a trabajar, no voy a repetirlo.Y tú , Ai, si quieres consolarla bien puedes hacerlo cuando termine tu horario aquí, ahora asegúrate de que se vaya y que no tenga que ver esa cara otra vez.
—Syao, por favor.
—Desaparece, Akizuki.
Antes de volver a cubrirse la cara con las manos me guiñó un ojo casi imperceptiblemente. Evitando convertirme en un asesino, volteé y me encerré en mi oficina dando un portazo.
Escuché murmullos que venían de afuera pero tenía algo más importante en que pensar, mejor dicho, alguien: Sakura.
¿Los sorprendí?
Mezzolec.
