Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.
UN MUNDO NUEVO
CAPÍTULO 9 : "Las réplicas"
(Sakura)
«No hay nada que explicar, es una zorra y punto.»
«Tan perfecto que parecía todo... insisto: ¿no hay nadie feliz en este mundo?»
«La única víctima aquí es Cerberos, me da pena.»
«Yo no la culpo ¡Son dos bombones!»
«No les creo nada, los famosos se juntan y se separan por publicidad. Ya verán como aparecen en todos lados ahora.»
«La verdad es que me decepciona, tan buena que parecía.»
«¡Era una farsa! Todo el mundo sabe que ese rubiecito es marica.»
«Son TODAS iguales.»
«Pero qué estupidez. ¿Acaso esos dos no saben que hay cientos de hoteles en la ciudad?»
«Si a Cerberos lo engañan, ¿qué podemos esperar los mortales?»
«Me ofrezco a consolarlo.»
«Perra, arrastrada, trepadora, nada tonta, puta, infiel, idiota, pésima actriz, traidora...»
—Sabes que eso no te hace bien, ¿cierto?
—¿Cómo entraste?
—Rompí la puerta de una patada, debiste haberlo visto, fue espectacular —Gruñí y suspiró—. Aún tengo la llave, Sakura, ¿de qué otra forma si no?
—No debiste hacerlo, esta ya no es tu casa, yo decido quien entra y quien no.
Meiling bajó la tapa de mi notebook y se sentó a mi lado. Miró a mis acompañantes y después a mí.
—Intoxicándote con alcohol y tabaco no resolverás nada.
—Déjame en paz.
—Ni de broma. Yo me quedo aquí, me necesitas.
—Lo que necesito es estar sola, entiéndelo de una vez.
Llevó su mano a mi hombro y lo acarició con cuidado.
—No me imagino por lo que estás pasando, pero sé que esto que te estás haciendo no es buena idea. Ya he estado ahí.
Alejé su mano con un movimiento brusco.
—No me harás sentir culpable, no me cabe más culpa.
—¿Qué pasa, Sak? Tú no eres así.
Por supuesto que no lo era, pero a nadie parecía importarle.
Después de que Eriol me dejara en mi departamento, me desplomé en el sillón a llorar por no sé cuantas horas. Cuando se hizo de noche me levanté y fui a abastecerme de alcohol y cigarrillos como para quince personas. Afortunadamente, en la calle no encontré mucha gente pero en el supermercado todos me miraban y murmuraban a mis espaldas. Corrí lo más rápido que pude y me encerré un día entero sin atender llamadas o mirar mensajes. Cualquier contacto con el exterior me aterrorizaba.
—Touya ya lo sabe —afirmé más de lo que pregunté— ¿Qué dijo? —La vi despegar los labios y me arrepentí—. No, mejor no me respondas.
—Está preocupado por ti, como todos nosotros.
Nos quedamos en silencio unos minutos. Yo jugaba con la tapa de una botella sobre la mesita de café sabiéndome objeto de su análisis. Sin desviar la atención de mi perfil, volvió a hablar.
—Syaoran está como loco buscándote, me dijo que vino pero no le abriste la puerta.
—Sí, lo escuché.
Flashback:
Timbre.
Golpes.
—Sakura, soy Syaoran, abre por favor.
Timbre.
—Ábreme, estoy preocupado.
Silencio.
Sé que estás ahí, Eriol me dijo que te trajo.
Silencio.
—Ok, no quieres verme, lo entiendo, pero hazme saber que estás bien.
Silencio.
—De acuerdo, como quieras, pero seguiré viniendo hasta que me dejes entrar. Llámame si necesitas algo, lo que sea, a cualquier hora.
Después de que lo hiciera conmigo, mi amiga observó todo a su alrededor, seguramente no reconociendo la casa en la que había vivido tantos meses. Las cortinas estaban cerradas, por lo que no tenía noción de si era de día o de noche, la mesa del comedor se encontraba repleta de cadáveres de licor y filtros de cigarrillo, nada de comida, cubiertos o semejantes, no me apetecía probar bocado.
Sabía que ella tenía razón, lo que hacía tenía sentido. Mi autodestrucción no sumaba en lo más mínimo, pero tampoco tenía un manual que me ilustrara en los pasos a seguir después de algo así, por lo que sólo me dediqué a sentir, y las emociones que me controlaban en ese momento eran tan o más tóxicas que los venenos que estaba consumiendo.
Mei jamás fue de las que se quedan calladas pero era obvio que ella tampoco tenía el manual del que hablo.
—¿No vas a contarme que pasó? —inquirió después de otro rato. Su pregunta me sacó de mis pensamientos... y casillas.
—Me follé a tu primo en su auto y ahora todo el mundo lo sabe. Vaya que eres lenta.—La agresión me brotaba tan naturalmente como en algún tiempo lo hicieron las sonrisas.
—Voy a pasar eso por alto porque sé que estás enojada. ¿Las cosas con Kero no estaban bien?
Otra pregunta estúpida. Quería acercarme a ella pero no dejaba de joderme el humor.
Me paré del sofá y fui a la cocina a servirme otro trago.
—¡Claro! Éramos la pareja perfecta. Una perfecta mentira. —Fue la amargura la que se hizo presente.
—No te entiendo.
Golpeé la mesada de mármol con el vaso completame irritada por su cuestionario.
—No importa —dije con la mirada perdida, pensando que si le decía cómo habían sido las cosas me volvería loca pidiendo más explicaciones—. No quiero seguir hablando, vete por favor.
Se lo pedí lo más pacientemente que pude, no estaba de ánimos para contarle nada y no sabía cuánto más toleraría su presencia sin enojarme de verdad. Si sólo hubiese podido cerrar la boca...
—Pero...
—Pero, pero —la imité con un tono de burla—. Ya, Meiling.
—De acuerdo, eso quiere decir que estás con Syaoran.
Meiling era muy suspicaz, pero le faltaba información. Igualmente dio en el clavo para terminar con mis intentos de amabilidad. No dije nada más, sólo le señale la puerta con un movimiento de cabeza.
—¿En serio quieres que me vaya?
—Noo, debe ser idea tuya. —Bien, lo admito, el sarcasmo no es una de mis especialidades.
—Estás intratable. De acuerdo —repuso con su paciencia también agotada y algo de lástima en sus ojos, eso me hizo sentir todavía más miserable— pero te estás equivocado.
—No me digas, ¿más?
—Sí. Y deja de leer eso, te pone peor —afirmó señalando mi notebook.
Me serví otro trago, ignorándola.
Se paró colgando su bolso en el doblez del codo y dio fuertes pasos hasta la puerta. Yo la conocía, se estaba conteniendo para no golpearme y hacerme entrar en razón.
Antes de irse se volteo y abrió la boca para decir algo, pero yo la detuve.
—¡Largo! —grité y le arrojé el vaso que tenía aún lleno. El sake barato manchó el viejo armario de zapatos y parte de su traje azul de marca. Se pasó la palma sobre las gotas y se marchó dando un portazo.
Al escuchar el pitido ascensor llegando, fallaron mis rodillas y acabe en el piso. La cascada de lágrimas que ya amenazaba con deshidratarme, volvió a empapar mi rostro en un santiamén. Nunca y cuando digo nunca es nunca, se me ocurrió que algo como eso pudiera pasarme. A mí, que llegaron a llamarme santurrona, que era sumamente vergonzosa, que jamás había tenido aventuras antes, que era demasiado desconfiada y romántica como para liarme con alguien porque sí. A mí, me trataban de puta y traidora sin comerla ni beberla, porque no sólo las fotos eran viejas, sino que, ni Kero era mi novio, ni Syaoran cualquier hombre. Quizá sí me había equivocado en aceptar su propuesta, pero eso no hacía de lo nuestro un simple revolcón. Yo lo quería, era mi amigo y se había despertado una confianza casi inmediata con él desde el momento en el que se acercó a mí en aquella fiesta en la que me lo presentó Mei, por segunda vez.
No, Syaoran no era como los otros hombres que había conocido, era especial, me hacía sentir especial. Podía ser yo misma, sin necesitar medir nada de lo que dijera o hiciera y para él siempre estaba bien. Reflexionar sobre eso reforzó un dolor que creía estar olvidando. Se había alejado. Debía acostumbrarme a la idea de una vez por todas y concentrarme en los que aún seguían conmigo, siempre y cuando no insistiera en echarlos como acababa de hacer con Meiling.
De repente me atacó la desesperación al caer en cuenta de que le había hecho a una de mis grandes amigas. A Mei, quien estaba dispuesta a brindarme su apoyo y rechacé de la peor manera posible aún siendo consciente de que lo necesitaba horrores. No quería estar sola, estaba asustada, enojada y extremadamente triste, pero es que no sabía reaccionar de otra forma, ¡en serio lo habían intentado! Pero no pude. Había vencido sin mucho esfuerzo a la persona que toda la vida demostró tener una altísima tolerancia a mis escasos días de mal humor.
El miedo volvió a colarse en mi pecho mientras pensaba en aquello. ¿Existiría un ser humano capaz de soportarme lo suficiente como para ayudarme? Porque estaba segura de que lo que más deseaba, por encima de cualquier otra cosa, era que alguien me rescatara de mí misma.
Alguien, por favor.
(Syaoran)
—¿Cómo está?
Meiling se colocó en cinturón de seguridad y frunció el ceño.
—Hecha una bruja, jamás la había visto tan de enojada —Suspiró—. Está muy ebria, Syaoran. No me está gustando nada esto.
A mí tampoco me hacía un mínimo de gracia la situación y me preocupaba aún más por Sakura después de su comentario. Pero no dije nada, sólo miré al frente y encendí el auto para llevarla a su casa esperando que no volviera a bombardearme con preguntas.
—¿Tú tampoco piensas decirme de qué va todo esto?
Por supuesto sabía que quién estuviera allá arriba era un experto en pasar por alto mis deseos.
—No es asunto tuyo —contesté intentando que no insistiera, aunque no lo creyera posible.
—¡Ah, no! —espetó— Mi mejor amiga se comporta como una arpía alcohólica, tú pareces un trapo de piso y no es asunto mío. Perfecto, como quieran, no me importa.- Bufó y se cruzó de brazos.
—No te enfades, Mei, es que no sé que decirte.
—Podrías empezar por contarme cómo fue que terminaron así.
En realidad no le veía el caso a eso, pero ya no encontraba motivos para no contarle.
—Estuvimos viéndonos un tiempo pero hace semanas que no sabía nada de ella más que por una llamada sin importancia que me hizo. Esas fotos son del día de su cumpleaños.
—Con que por eso tardaron tanto —Asentí—. Dejaron de verse cuando empezó a salir con Kero, supongo.
—No tengo idea de cuándo comenzó a salir con ese tipo, sólo sé que desapareció.
—Y ustedes eran...
—Amigos.
Porque soy un imbécil.
—Qué amistad tan rara —dijo con desdén, posando la vista en la ventanilla.
—No te hagas la puritana, Meiling, sabes de lo que hablo.
—Sí, lo sé, sólo que me parece una pésima idea.
—Agradezco tu opinión —repliqué sarcástico—, pero llegaste tarde para eso. Además, todo hubiese pasado sin penas ni glorias si no hubiese sido por esas estúpidas fotos.
—Hablando de eso, ¿tienes novedades?
—Llamé a Tsukishiro cuando estabas arriba. Me dijo que las borraron de Internet y tienen prohibido exhibirlas en otros medios pero no se puede hacer nada con lo que ya está en la calle.
»Inicié acciones legales contra la revista que las publicó, aunque proceso será lento, no voy a dejar que esto pase así como si nada.
También le había puesto una demanda a Nakuru pero preferí no explayarme en el tema.
Me sentía muy culpable por lo que estaba pasado. Yo comencé a ver a Nakuru sin saber prácticamente nada de ella, yo le propuse a Sakura ese trato idiota, y yo me le había tirado encima ese día sabiendo que alguien podía llegar a vernos. No sabía como manejar las cosas, pero no descansaría hasta solucionarlo.
—Ya llegamos. Entra, hablemos. Te ves pésimo.
—No lo sé.
—Vamos, Touya está de guardia, tardará en regresar.
Me permití dudarlo un poco. Casi no conocía al novio de Meiling pero tenía claro que era el hermano de Sakura. Yo soy hermano, y no sé como hubiese reaccionado si algo de lo que estaba pasando ella le ocurriera a alguna de mis hermanas, pero si decía que ese hombre no estaba...
—De acuerdo.
Acepté no porque me apeteciera hablar, sino que un poco de compañía y una mirada más o menos amable me venía bien. Esos dos días habían sido un completo infierno. En la oficina todos me miraban como si fuese la peor de las escorias, principalmente porque el escándalo de Nakuru se había propagado por toda la empresa. Mi madre me había llamado para sermonearme sobre lo inapropiado de mi comportamiento y, como siempre, no me quedó otra opción que escucharla sin chistar. No podía contar ni siquiera con Fuutie porque estaba en el extranjero, además de que nuestra relación no estaba en su mejor momento desde que había asumido mi nuevo cargo. Tampoco molestaría a mis otras hermanas o a Eriol con mis problemas sabiendo lo ocupados que estaban, por más que me lo hubieran ofrecido, no me daba la cara para eso.
Entramos a su apartamento y me sirvió un poco de té. Estuvimos callados un rato en lo que ella me observaba detenidamente.
—Habla ya, qué quieres saber. —Rompí el silencio cansado de su examinación.
—Tú, bueno, ¿la quieres?
No pude evitar la sorpresa. Para ser franco, no creí que se me notara tanto.
—Por supuesto, aún somos amigos.
—No me refiero a ese tipo de cariño, Syaoran.
Y lo sabía, pero me pareció mejor evadirla. Bastante tenía conmigo mismo torturándome como para que ella le diera más vueltas al asunto. Era patético pero no tanto. Mientras pensaba en cómo contestar, escuché que alguien llegaba.
Genial.
Ambos miramos a la puerta y encontrarmos a un tipo moreno bastante más alto que yo con una expresión iracunda plantada en el rostro.
—¡Touya! ¿qué haces aquí? Creí que...
—¿Qué hace éste aquí? —escupió.
No había nada que yo pudiese hacer o decir para calmar a Kinomoto, así que me pareció que lo más lógico era irme.
—Gracias por el té, Mei. Te llamo luego.
Estaba levantándome, pero mi prima me ganó de mano y me sentó apoyándose en mi hombro.
—Tú no te vas, no hemos terminado de hablar —Me lanzó una mirada desafiante para luego dedicarle otra más intensa a su compañero—. Él es mi primo, mi invitado y se queda.
—Esta también es mi casa y no lo quiero aquí —gruñó apretando fuerte los puños.
Tener una pelea con él no estaba en mi lista de prioridades, no porque temiera enfrentarlo, sino que no quería más problemas para Sakura, o para Meiling.
—Tiene razón, además estoy apurado.
Esta vez logré pararme sin que me detuviera.
—Syaoran...
—En serio, Mei, no pasa nada. Te mantendré al tanto.
Asintió con pena.
Ya me había puesto los zapatos cuando escuché al dueño de casa llamarme.
—¡Oye, tú!
Apenas había girado la cabeza cuando la agaché involuntariamente por el golpe que había recibido en el estómago. No llegué a relacionar antes de sentir otro en el mentón que me hizo caer sobre la pared. Ya más preparado, el siguiente logré esquivarlo antes de que me rompiera el ojo.
—¡Touya! ¡déjalo! —le suplicó su novia rodeándole un brazo con los suyos.
—TENDRÍA QUE MATARTE. Ahora todos piensan cualquier cosa de mi hermana y es tu culpa, infeliz —Forcejeaba para librarse del agarre—. ¡Suéltame!
—¡No! ¡Eres un troglodita!
Por alguna razón, la expresión decepción de mi prima lo hizo aminorar su furia y se relajó un poco, sólo un poco.
—Fuera de mi vista antes de que me arrepienta —amenazó entre dientes.
—Ve, Syao, hablaremos después.
Asentí sin despegar la vista de mi atacante. Detestaba no haber podido devolverle ni una, pero sabía que era mejor dejar las cosas así.
Subí a mi auto con bastante dificultad, siendo sincero, esa bestia sí que tenía fuerza. Cuando lo puse en marcha escuché una voz que venía del otro lado de la ventanilla.
—Toma —dijo extendiéndome unas llaves—, ve a verla, algo me dice que a ti te escuchará.
Agarré lo que me ofrecía Meiling y me fui sabiendo lo que tenía que hacer.
(Sakura)
—Estoy seguro que debe ser difícil pero tienes que continuar con tu vida, no es momento para que dejes de trabajar, todo lo contrario.
—Lo sé pero es que no estoy con ánimos ni de vestirme, mucho menos podré con las grabaciones.
—Sabía que dirías eso, no te preocupes, puedo ayudarte.
—¿Cómo?
—Con esto.
—Eso es...
—Sí.
—Pero yo nunca... No estoy segura de que sea buena idea.
—Tranquila, todos en este medio necesitan un empujoncito cada tanto, y esta ocasión lo amerita.
Seguía desconfiada.
—Vamos a hacer lo siguiente —continuó—, la dejaré aquí, puedes hacer lo que quieras, pero ten en cuenta que debes estar mañana en el set de filmación, no podemos permitirnos otra cancelación de contrato —Me miró con dulzura—. Lo hago por tu bien, Sakura, a esta altura de tu carrera es importante que seas lo más profesional posible.
—Entiendo, gracias.
Supongo.
Asintió ya con una sonrisa.
—De nada, y recuerda: sólo la mitad, si te sientes mal, una hoy y la otra antes de comienzar a filmar, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Después de eso acompañé a Clow a la puerta, todavía muy confundida.
(Syaoran)
Conduje hasta el departamento de Sakura decido a verla. Si no me abría por las buenas, entraría con la llave de Meiling, dijera lo que dijera. Pero dejarla sola después de lo que me había contado mi prima definitivamente no era una opción.
Salí del ascensor y me encontré con que el pasillo estaba invadido por la música de AC/DC a todo lo que daba. Naturalmente pensé que sería algún vecino, pero a medida que me acercaba a la puerta 401, el sonido se intensificaba.
I'm gonna take you down! down, down, down...
—¿Sakura?
Toqué el timbre una vez: nada. De nuevo: lo mismo. La escuchaba cantar, estaba ahí dentro, y bastante más animada de lo que imaginé.
—Shoot to thrill, play to kill...too many women with too many pills... ¡wow!
Golpeé varias veces y no me contestaba.
—¡Sakura! Soy Syaoran, ábreme.
Y con la música tan alta no me va a escuchar nunca. A la mierda.
Entré y la encontré en el medio de la sala, de espaldas, usando sólo unas bragas, cantando y bailando como loca.
Siguiendo con lo que hacía, dio un giro hacia dónde estaba yo. Primero se asustó, pero en el instante siguiente su sonrisa me dijo que me había reconocido.
—¡Syaoran! —gritó saltando a mis brazos.
Más rápido de lo que pude reaccionar, cerró sus piernas alrededor de mi torso haciendo que me tambaleara un poco y estuviéramos al borde de caer. Mis reflejos siempre fueron buenos, pero mi abdomen aún estaba resentido por el golpe que su querido hermano me había dado.
—¿Qué está pasando aquí? —le pregunté tratando de hacer que me mirara a los ojos. Estaba casi seguro de que conocía la respuesta.
—¡Oh! Escucha —dijo levantando la vista al techo sin cambiar de posición—«Shook me all night long»... ¿Te gusta AC/DC?
—Bájate.
—A mi hermano le encanta, yo no lo soportaba, pero ahora lo entiendo todo. Es tan energético.
Traté de separarla de mí sin hacer demasiada fuerza para no lastimarla. Lejos de funcionar, sólo conseguí que se aferrara más, estrujándome y provocando me quejara del dolor, pero ella lo ignoró por completo. Movía la cabeza para todos lados y estaba un poco sudada, no se necesitaba ser un genio para darse cuenta de lo que tenía.
La tomé de la barbilla y confirmé mis sospechas.
—¿Qué tomaste?
—¿Sabes qué significa el título de esta canción? —Soltando su rostro de mi agarre, comenzó a hablarme al odio— «Me sacudiste toda la noche» —susurró mordiendo el lóbulo de mi oreja suavemente—. ¿Recuerdas cuándo nos pasábamos las noches así? Las noches, las tardes, las mañanas, jamás tuvimos horarios.
—Sakura, basta. —le ordené tratando de alejar su boca de mi cuello. Estaba muy seguro de que nada ocurría ese día, menos en el estado en el que estaba, pero no era tan fácil hacérselo entender a mi cuerpo al parecer.
—¿Por qué? —Trató de besarme pero la rechacé, sin amedrentárse siguió por mis mejillas—. Tú y yo... nos divertíamos tanto juntos.
—Dije que no, entiéndelo.
Se paró en seco y me miró furiosa. Meiling tenía razón, estaba muy rara, pero eso no era alcohol. Cuando estuvo en el suelo aproveché para bajar la música.
—¡¿Qué haces?! Si no quieres estar conmigo, bien, pero no te metas. Vete.
—Qué, tomaste —insistí pausado y bastante molesto.
Para mi sorpresa (bueno, no tanta), su buen humor volvió tan rápido como se había ido. Dando pequeños saltos fue hasta su mesa y tomó un diminuto recipiente plástico.
—¿Quieres? —Me ofreció extendiendo el objeto— Me la trajeron hace unas horas, es sólo una pero podemos compartir.
Sonrió tan infantilmente que cualquiera creería que hablaba de una galleta en forma de osito o algo así.
—Gracias —acepté y ella amplió su sonrisa.
—Oye, ¿quieres agua? No son fáciles de tragar, aunque sea una mitad. —Me dio un vaso lleno y esperó.
—Te ves sedienta, ¿por qué no bebes un poco de agua también? —Asintió y yo aproveché su distracción para guardar el pastillero en mi bolsillo. Luego tomé un sorbo para que no sospechara.
—Ven, vamos a bailar —invitó extendiéndome la mano después de acabar con dos vasos llenos.
—Espera a que me haga efecto, Sak. Siéntate conmigo un rato —le dije cayendo bruscamente en su sofá, cosa que lamenté tan pronto como el dolor regresó.
Me hizo un puchero y, otra vez comportándose como una niña, comenzó a patalear.
—¡No me quiero sentar, quiero bailar!
Sabía que la decisión más inteligente era seguirle la corriente haciendo que se hidrate todo lo posible hasta que el efecto pasara, pero tampoco iba a dejar que suba el volumen de nuevo porque podría tener problemas con sus vecinos, así que preferí distraerla.
—Oye, ésta era de las buenas, ¿quién te la dio?
Mataría a el o la idiota.
Volvió a sonreír y a saltar sobre mí, esta vez se sentó en mi regazo.
—Un amigo. —Se rió tapándose la boca.
—¿Qué amigo?
Su semblante cambió a uno más seductor y acercó su boca a la mía.
—Te lo diré si me das un beso. Extraño dar besos.
—Bueno, no creo que haya pasado tanto.
Sabía que era un golpe bajo, pero tenía que mantener su mente ocupada para que no siguiera con sus provocaciones. También debía conseguirle algo con que taparse cuanto antes.
Soltó aire de forma explosiva e hizo un gesto exagerado abriendo los brazos.
—No nos vemos desde mi cumpleaños Syaoran, ¿qué no recuerdas?
—Sí, pero no me refiero a...
—Seguro tú ya tienes un harén de mujeres, pero para mí no es tan fácil conseguir a alguien- Me abrazó por el cuello—. Además, se vuelve peor cuando debes esconderte.
—¿Esconderte de qué? —No me contestaba— ¿Estás bien? —Le pregunté meciéndola para que reaccione.
—Tengo sueño, lo haremos más tarde, ¿sí? No te enojes.
—No pasa nada, duerme —susurré acariciándole el cabello, que estaba un poco enredado por el sudor.
—Más te vale que no te escapes, aún tengo ganas —murmuró acomodándose en mi pecho .
Reí por lo bajo.
—Despreocúpate, no me iré a ningún lado.
Esperé a que respirara más profundo y la acosté en su cama.
(Sakura)
Abrí los ojos lentamente y desperté en un panorama muy familiar. Estaba acostada en una cama, aún era de noche y tenía a Syaoran durmiendo a mi lado. La sensación de plenitud que me invadia, se alejó en el momento en el que noté que estaba vestido y recostado sobre las sábanas. De repente, mi tradicionero hipotálamo me hizo recordar todo que había sucedido y la vergüenza volvió con mayor intensidad. Él había venido a darme una mano, a ver cómo estaba, y yo lo recibí completamente drogada.
Su voz me sacó de mis pensamientos cuando dijo:
—Lo siento, estaba muerto y tu sillón parece de piedra —Se sentó y acarició mi espalda aún desnuda-. ¿Cómo te sientes?
¿Que cómo me sentía? Humillada, abochornada, un poco confundida; pero sabía que no se refería a eso.
—Agotadísima y tengo algo de náuseas.
—No es para menos, diste un concierto completo sin descansar.
Se rió un poco y me contagió, pero aún así no se libró del golpe que le di en el brazo.
—Cierra la boca. ¿Tú no te la tomaste, cierto?
—Ni loco, me pegan pésimo, además, vine a cuidarte.
—No hace falta, estoy mejor.
Ya había echo suficiente.
—Discúlpame pero no te creo nada —Se paró y abrió mi armario para luego arrojarme algo de ropa—. No te vestí antes porque temía que te despertaras, así que sólo te tapé. Póntelo. Iré a ver que tienes para comer, debes alimentarte e hidratarte, mucho.
—Sí que sabes de esto —le dije aguantando el mareo que me provocó ponerme la remera.
—Bueno, mis hermanas mayores adoraban las fiestas cuando estaban solteras, al igual que mi amigos en la universidad. Además, yo tampoco fui ningún santo. —Dicho esto salió de mi habitación dejando la puerta abierta.
Terminé de vestirme y lo seguí. Mi casa había vuelto a la normalidad: sin rastros de colillas o botellas, estaba limpia y ordenada, las cortinas estaban abiertas de par en par y me mostraban una noche de luna llena y cielo estrellado que me embelesó un buen rato.
—Toma —Me ofreció un vaso e hice una mueca de asco. Tenía tantas náuseas que hasta el agua me parecía desgradable—. Nada de caritas, si eres tan ruda como para meterte esas porquerías también deberás serlo para aceptar las consecuencias.
—De acuerdo, pero que conste que eres un pesado.
—Muchas gracias.
Me sonrió tan, tan... sexy que provocó un vuelco en mi corazón y supe que, al menos ese día, él podría convencerme de lo que se le antojara.
Dicho y hecho, me envió a bañar mientras él preparaba algo para que comiéramos y me obligó a terminarme el plato sin que yo protestara ni una vez. Luego lavó todo y se sentó a mi lado en el sillón.
—Lo siento, me siento una idiota, tú no deberías estar aquí, estos son mis problemas —me disculpé apenada.
—Bueno, a menos que tenga un hermano gemelo desconocido me parece que yo también estoy involucrado —Me miró divertido—. ¿Lo tengo?
—Eres un tonto —le dije dándole un pequeño empujón.
—Es en serio —Claro que no, se estaba riendo—, sería genial, podría hacer lo que quisiera y él se encargaría de los incompetentes de la empresa.
—Quisiera una también, pero para que ocupara mi lugar y yo pudiera cambiar mi apariencia, así no me reconocerían —Se acercó a mí y me abrazó por la espalda acomodándome en su pecho—. Ahora que lo pienso un gemelo no es tan bueno —continué—, son personas, no podríamos usarlas. Mejor un clon.
—¿Los clones no tienen sentimientos o voluntad?
—Ni idea, creo que no.
—Pues si te clonan sería una copia exacta tuya, tendría tu misma personalidad, ¿no? A menos, que no viva lo mismo que tú y sólo reaccione como lo harías con otra vida. Un cíborg. Eso sí sería bueno, pero dudo que haya algo en el mercado.
—O sea que tampoco puedo usarlos. Qué mierda eso de no poder huir de los problemas.
Me dio un tierno beso en la cabeza y volvió a hablar.
—Cierto, es una mierda, pero sería peor si estuvieras sola. No lo estás, tienes a tu familia, tus amigos...a mí. Estoy contigo, Sakura.
Yo creía que él estaba conmigo excepcionalmente. Hacía semanas que no había mostrado interés en mi compañía y suponía que si las cosas no hubieran tomado ese rumbo, todo seguiría como un par de días atrás, pero aquellas palabras me hicieron dudar. Quizá yo sí le importaba y me estaba creando un problema dónde no lo había. Porque si realmente no le interesaba, no te tendría por qué haber ido a ayudarme.
A menos que fuera culpa.
En ese instante, sentí sus caricias en mi pelo y comprendí que la culpa no provoca esos mimos. Estaba feliz, me había dado cuenta de que tenía de Syaoran lo que más quería: su apoyo y su cariño.
Levaté la vista y el paisaje de ese irresistible ámbar brillando sobre el marrón anuló por completo mi juicio. Acaricié lentamente su mejilla y me acerqué a su rostro sin apartar mi mirada de la suya.
—Gracias —susurré antes de posar los labios a un costado de su boca.
Syaoran imitó mi gesto un poco más al centro. Después de unos tres o cuarto pequeños besos al fin nos unimos. Los movimientos eran suaves y dulces, lentos, no teníamos prisa. Ya no se trataba de tirarnos uno encima del otro. Tenía otro fin, uno más profundo y cálido. Todos los miedos que había acumulado durante semanas desaparecieron sin dejar rastro. Syaoran sí me quería, me lo estaba demostrando, y deseaba que él pudiera sentir lo mismo de mi parte.
Cuando el aire se acabó, nos separamos escasos milímetros y mirándome a los ojos me dijo:
—Gracias a ti, por existir.
"Today is gonna be the day
That they're gonna throw it back to you
By now you should've somehow
Realized what you gotta do
I don't believe that anybody
Feels the way I do, about you now
Back beat, the word was on the street
That the fire in your heart is out
I'm sure you've heard it all before
But you never really had a doubt
I don't believe that anybody
Feels the way I do about you now
And all the roads we have to walk are winding
And all the lights that lead us there are blinding
There are many things that I
would like to say to you but I don't know how
Because maybe, you're gonna be the one that saves me
And after all, you're my wonderwall..."
Fragmento de Wonderwall- Oasis
Hola! Gracias por las reviews! Me hace muy bien leer sus comentarios, posta, me sacan grandes sonrisas. Qué bueno que la sorpresa funcionó :D
Espero que sigan disfrutando de este proyecto aunque sea una fracción de lo que yo lo hago.
Por ahora me despido pero nos leemos muy pronto y prometo dar una nota más desarrollada la próxima.
Éxitos!
Mezzolec.
