Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.

NA: Este capítulo tiene una escena con diálogos textuales del anime de CCS. Digo, para que no me demanden (sí, claro, por supuesto).

¡Disfruten!


UN MUNDO NUEVO

CAPÍTULO 10: "Como el gato de Schrödinger"

(Syaoran)

En una caja cerrada y opaca se coloca un gato, una botella de gas venenoso y un dispositivo, el cual contiene una sola partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado, de manera que si eso ocurre, el veneno se libera y el gato muere, en caso contrario, el gato vive, obviamente.

Según los principios de la mecánica cuántica, la descripción correcta del sistema en ese momento (su función de onda) será el resultado de la superposición de los estados «vivo» y «muerto».

Sin embargo, una vez que se abra la caja para comprobar el estado del gato sabremos con certeza el resultado.

Ahí radica la paradoja: la sola acción de observar el interior de la caja modifica el estado del sistema tal que ahora observamos un gato vivo o un gato muerto.

(El experimento del gato de Schrödinger es imaginario, nadie crea que se lastimó a un pobre gatito)

Jamás me había sentido así, no sabía si estar feliz o decepcionado, si debía seguir o parar, si estábamos avanzando o retrocediamos. Si lo nuestro existía o no.

Cuando Sakura se me acercó tanto me sorprendí, pero mi cuerpo, ya sea por inercia o deseo subconsciente, inmediatamente le correspondió. Nos besamos como nunca antes, las caricias que me daban sus labios hicieron que mi corazón saltara de la emoción contemplando la posiblidad de que a ella le pasara lo mismo que a mí, que me quisiera de la forma en la que yo la quería. La amaba, a esta altura no tenía sentido disfrazar lo obvio. Pero esa esperanza desapareció cuando después de que le dijera cuánto me alegraba su existencia, se sentó a horcajadas encima mío y me quitó la sudadera con la misma urgencia de siempre. Para ella ese beso no había sido más que el comienzo de otro de los apasionados encuentros que supimos tener, y qué idiota fui en creer otra cosa, si incluso estando bajo los efectos del éxtasis me había dejado muy claro que andaba con ganas. Dudé en si debía permitirle continuar, era la primera vez que nos acostaríamos después de que me sincerara conmigo mismo y no sabía que tan mal me caería volver a la normalidad al acabar.

Por otro lado, todavía no tenía idea de que planeaba hacer con su novio. No me constaba que ella no lo hubiera engañado antes, es decir, si bien la idea de que hubiese estado con los dos al mismo tiempo me revolvía las tripas, no podía ser tan ingenuo de pasar por alto las cuentas. Sakura era impulsiva, mucho, pero el cuento del amor a primera vista simplemente no me lo tragaba.

Mientras meditaba, la dueña de mis pensamientos comenzó bajar por mi mandíbula. Todas las alarmas que ya se me habían encendido se dispararon a las nubes, tanto así, que opacaron mi pila de excusas y suposiciones. Era probable que me estuviera equivocando, pero en verdad me moria por hacerle el amor, aún si para ella fuese sólo un polvo de tantos. Supongo que hay ocasiones en las que es mejor dejarse llevar, no debería haber arrepentimientos cuando se toma decisiones basadas en deseos. Jamás fue muy emocional, más bien todo lo contrario, pero presentándose la oportunidad, mi razonamiento no encontraba motivo suficiente para privarme del milagro. Seguir era lo que quería en ese momento, el resto no me importaba nada.

La tomé por la parte posterior de la cadera y me adelante un poco para que me sintiera, jadeó y reclamó mi boca con más hambre esta vez.

Puede que sea la cosa más estúpida que fuera a pasarme en la vida, o al menos estará en el podio, pero estaba nervioso. Sí, nervioso. Recién ahora que ya eran incontables las veces en las que nos habíamos encontrado en situciones de este tipo. Intentando anular los temblores, la despojé lentamente de todo lo que cubría su torso y contemplé esa imagen lo suficiente para grabarla en mi memoria junto a mis mejores recuerdos. La pausa debió ser más prolongada de lo que me propuse por ella la notó.

—¿Estás bien?

—Sí, claro, lo siento, es que eres preciosa —dije sin pensar.

Se sonrojó violentamente en lo que yo me daba un golpe mental para lograr concentrarme en lo que debía. Comencé a envolver los centros que se habían robado mi atención anteriormente y me apoderé de su cuello dando pequeños roces con la lengua hasta su clavícula. Sentía la tensión de sus hombros y el filo de sus uñas rasguñándome la espalda cada vez que yo ejercía presión bajo mis yemas. La levanté un poco para recostarla sobre el sofá y seguí con lo que hacía degustando su piel como un niño lo haría con su golosina favorita.

Iba a ser lento, quería disfrutar todo lo que pudiera de tenerla para mí.

Observé complacido como exhalaba suspiros y su nuca formaba una curva perfecta haciendo que perdiera de vista aquella pluma que le regalé y sospechaba que nunca se había quitado. Aunque estuviera casi seguro de que Sakura no me amaba, tampoco creía que no me apreciara, como amigo al menos, ¿o sería que ese dije le había gustado demasiado? Prefería la primera opción.

(Sakura)

Cómo lo había extrañado. El sabor de sus besos, la fuerza de sus manos, el cuidado de su tacto... Todo hacía que me desesperara por tenerlo una y otra vez. Cuando me dijo que agradecía que existiera, sólo pude atinar a intentar demostrarle cuánto me alegraba que estuviera a mi lado. No sé si haya sido la mejor forma de hacerlo, pero era algo que ambos siempre disfrutamos y, francamente, me moria por hacer.

Habiéndose saciado de mis pechos, empezó a bajar lentamente por mi abdomen. De igual forma deslizó las manos por mis piernas llevándose consigo el pantalón de mi pijama. El ardor que me invadía aumentó cuando lo sentí acariciar la parte interna de mis muslos mientras que con el rostro rozaba la tela de mis bragas. La tibieza del aliento de Syaoran logró que me estremeciera por completo cuando bajó con los dientes la única prenda que me cubría. Volvió a su posición y me miró con lujuria antes de separar mis rodillas todo lo anatómicamente posible y perderse en la parte más íntima de mi cuerpo. Inconscientemente, tiré de su pelo con ímpetu como resultado de la locura a la que me orillaban los juegos de su humedad contra la mía. Mi cadera se movía al compás de lo que él hacía, intensificando, de ser posible, las sensaciones que me poseían.

—Ah, así.

No podía evitar los gemidos, me sentía la mujer más deseada del mundo. Pronto el cosquilleo que tenía concentrado se expandió y me hizo abrir los dedos de los pies a fuerza de un increíble orgasmo.

Subió y me besó con la misma dulzura que al principio. Yo recorría sus brazos y hombros tomándome el tiempo necesario para no dejar músculo sin atender. Sin previo aviso, me giró y repartió un camino de besos y caricias desde mi nuca hasta mis tobillos. Lo escuché deshacerse de lo que le quedaba de ropa y sentí sus dedos reptar piernas arriba hasta que se internaron en mi sexo. No lo necesitaba, mi excitación no había disminuido en ningún momento. Por supuesto él se percató de eso, ya que abandonó la tarea casi de inmediato y me apoyó por detrás haciendo que mi impaciencia se tornara insoportable.

—Te extrañé, demasiado —susurró en mi oído mientras se deslizaba para finalmente penetrarme.

Se movía despacio, ahogando un jadeo con cada una de sus estocadas. Sin despegarme, llené de besos la mejilla que antes tenía raspando la mía. Me miró con una ternura impropia del acto y volvió a unir nuestros labios.

Esta vez era diferente, no sabría explicar en qué sentido, ya que es algo que solamente se puede percibir con la experiencia, pero estaba segura de que jamás lo había vivido.

Pasado un rato, nos pusimos frente a frente y lo abracé con brazos y piernas en lo que él volvía a hundirse dentro mío. Yo tenía los ojos cerrados y sólo podía pensar en Syaoran aumentado el ritmo de las arremetidas; cada vez más ansiosas, más profundas. Todo a mi alrededor empezó a girar haciéndome levitar hasta que una segunda explosión derritió lo que me quedaba de cerebro. Acto seguido me si cuenta de que mi temblor había acompañado el suyo y lo había hecho desplomarse sobre mí. Unos pequeños espasmos secuelas sumados a la agitación de nuestras respiraciones nos impidieron hablar unos segundos, pero no por eso evitamos seguir besándonos.

—Hoy estuve un poco vaga —bromeé cuando recuperé algo de aliento.

Me sonrió aún estando sobre mí y contestó:

—Bueno, tenemos toda la noche para que lo compenses.

—Me esforzaré.

—Buena chica. —Me siguió el juego antes de plantarme otro beso y deshacer nuestra unión.

Después de eso tomamos una ducha y nos fuimos a dormir. En realidad ambos estábamos tan agotados que no nos importó que no cumpliera con lo que le había dicho, sin contar que al día siguiente él tenía que trabajar y yo volver al set, trabajara o no, mi obligación era dar la cara de una vez. Cuando estábamos a punto de dejarnos vencer por el sueño, le pregunté si se podía quedar unos días conmigo. Su compañía había sido un bálsamo para mis heridas, pero todavía me sentía muy frágil como para abandonar el tratamiento tan pronto. Se quedó callado lo que me pareció una eternidad hasta que al fin contestó que pasaría por su casa a buscar algunas cosas y volvería cuando terminara su día en la oficina. Para festejar, lo abracé y recosté en mi pecho sabiendo lo mucho que le gustaba.

(Syaoran)

Al despertar la mañana siguiente, Sakura aún estaba profundamente dormida. La última y única ocasión que habíamos pasado toda la noche juntos fue la primera vez que nos acostamos. Si hubiese sido por mí se hubiera quedado todas las veces, pero ella siempre prefería vestirse e irse antes de que Meiling sospechara.

Ese recuerdo me dejó un mal sabor de boca. Seguramente también lo haría por su novio, incluso es posible que se hubiera ido a dormir con él después de estar conmigo. Pensar en eso siquiera me hacía sentir enfermo. En serio no podía verla como una adúltera, me costaba mucho creerlo, pero al mismo tiempo, a las pruebas me remitía.

Como sea, decidí hacerlo mejor que en aquella oportunidad. Me levanté y comencé a preparar un desayuno elaborado, no sin antes probar el primer cigarrillo del día; rituales son rituales y vicios son vicios. Cuando tuve todo listo, lo acomedé cuidadosamente en una bandeja y la llevé a la habitación.

—Sakura, arriba.

—Uhn... —balbuceó mientras se refregaba los ojos.

—Ya es de día, despierta.

Me miró y volvió a cerrar los párpados con pereza.

—¿Qué hora es?

—Las siete.

—Es muy temprano —se quejó cubriéndose con las sábanas.

Me reí de su actitud y descubrió su rostro para asesinarme con la mirada.

—Ya entiendo por qué llegas tarde a todos lados. Hoy tienes que ir a trabajar, además, si no te levantas soy muy capaz que comerme todo esto solo.

Se sentó y enseguida se despabiló al notar la comida.

—¡Qué rico! ¡gracias! —Saltó de la cama y dijo—: Voy al baño, no empieces sin mí.

Un minuto después escuchamos el timbre del portero sonar. Salió corriendo y lo atendió. Como no volvía ni escuché a nadie entrar, fui a buscarla y la encontré ida y pálida. Más me preocupó que abría y cerraba la boca varias veces sin lograr emitir sonido, como si hubiera visto un fantasma. Bueno en ella la reacción hubiese sido peor, pero entienden a lo que me refiero.

—¿Está todo bien?

—Es Kero, Cerberos —se corrigió, como si yo no tuviese ese nombre bien aprendido—, está subiendo.

Nos observó a los dos un segundo sin ningún disimulo. Las conclusiones que sacó eran más que obvias: el que yo estuviera sólo en boxers, y ella con una diminuta bata, envidenciaba que habíamos pasado la noche juntos.

—¿Y pretendes que me esconda como todo un amante?

—No es eso, escucha ...

—No, escuchame tú a mí. Ni creas que te voy a seguir el jueguito.

—Syaoran, por favor, sólo vístete, necesito hablar con él.

No le contesté. Regresé hecho una furia al cuarto y me arreglé para irme de ahí. Había pasado de estar contento y tranquilo a sentir el satenazo que la realidad había impactado contra mi cabeza. De nuevo me comportaba como un idiota, y toda situación estaba empezando a cansarme.

Tomé mi billetera, celular y llaves, y me dispuse a largarme sin saludarla siquiera. Sabía que toda esa escenita no estaba dentro de mis derechos, pero me importaba un carajo, a la mierda con las reglas.

Del otro lado de la puerta me topé con más leña para tirarle a mi fuego. El novio de Sakura me miró sorprendido y yo saboreé la oportunidad de venganza.

—Nos vemos más tarde dulzura, estuviste estupenda —le dije a Sakura sin apartar la vista del tipo que me fruncia el ceño. Mi intención no era insultarla a ella, pero si podía propiciar una pelea con él, me daba por satisfecho.

—¡¿Quién te crees, imbécil?! —gritó el recién llegado empujádonme.

Victoria.

Le di un liberador golpe en su carita de niño lindo y estaba muy dispuesto a seguir en cuanto vi su intención de responder, pero me detuve al percibir que Sakura se nos había tirado encima.

—¡Syaoran! ¡Kero! ¡Basta! —espetó alarmada.

La expresión de disguto de la mujer que se empeñaba en volverme loco, me hizo acordar a la de Meiling el día anterior. Ahora entendía a Kinomoto. Nos separamos y me invadió el arrepentimiento.

—Lo siento, Sak, no quise...

—Vete. Hablaremos después —dijo con un desprecio que me partió en mil pedazos.

Le lancé una última mirada de odio al sujeto y me fui lo más rápido que pude.

No paraba de equivocarme. Estaba torpe, confundido y muy pero muy enojado. Creo que dije e hice aquello con la intención de que Sakura no pudiera disfrazar nada de lo que había pasado, que terminaran, y yo tuviera el camino libre al fin, pero no hacía más que cagarla cada vez que lograba acercarme un poco a ella. Seguramente la invitación de quedarme unos días en su casa había caducado en el momento en que la ofendí.

Golpeé el volante de mi auto con fuerza intentando deshacerme de la frustración que acumulaba con cada error. En eso, escuché una voz que me llamaba.

—¿Li? —Giré y me encontré con una joven de cabello negro y ojos violentas, era muy llamativa como para no reconocerla—. Soy Tomoyo Daidouji, nos conocimos en la fiesta de cumpleaños de Sakura.

—Sí, te recuerdo. Hola —Me sonrió tan amigablemente que consiguió disminuir mi tensión—. Mira, no quiero ser grosero pero tengo algo de prisa, ¿se te ofrece algo?

—No realmente, vine a ver a Sakura. Tu prima me llamó muy alterada por su estado y me pareció que era momento de darle fin a su duelo —Se agachó y se semblante se volvió genuinamente preocupado—. ¿Estás bien?

—Sí, por supuesto —mentí—. ¡Ah! Y no te molestes por eso, está en excelentes manos, su novio acaba de llegar.

Me miró con pena.

Genial, lo que necesito, lastima de una extraña.

—Ah, bueno, será mejor que me vaya, seguro tienen mucho de que hablar. Fue gusto, espero verte pronto de nuevo.

Se apartó unos pasos y se me ocurrió algo que no sé de dónde salió pero me pareció lo correcto. Últimamente estaba más impulsivo que nunca.

—Daidouji.

—¿Sí?

—¿Tienes auto?

Negó con la cabeza.

—No, voy en autobús, ¿por qué?

—Sube, yo te llevo.

Volvió a sonreír y aceptó mi invitación.

Le pregunté adónde iba y comencé a conducir en esa dirección. Distraerme me venía bien, y la amiga de Sakura parecía una compañía agradable.

—¿Quieres contarme por qué estás así?

Tengo que admitir que su voz era sumamente amable y tranquilizadora.

—Son tonterías, pero gracias.

—Claro —se quedó callada un rato antes de volver a hablar—. Aún no se lo has dicho, ¿cierto?

—¿Qué a quién?

—Lo que sientes por ella, a Sakura, claro.

Bueno, podía ser un poco entrometida también, pero me sorprendió más su observación. En serio pensaba que no se me notaba tanto, es decir, una cosa era que Meiling, que me conocía desde que ninguno de los dos podía hablar, se diera cuenta de un cambio tan rotundo en mí, ¿pero una persona que sólo había visto una vez?

De todas formas, Daidouji me despertaba una confianza inusitada. Quizá haya sido porque no tenía a alguien tan paciente y detallista cerca mío. Eriol se me venía a la mente, pero sus comentarios sarcásticos no eran algo que estuviera dispuesto a soportar a cambio de que me escuchara.

Suspiré, rendido.

—No, y no creo que vaya a hacerlo.

—Sakura es una persona muy distraída, es necesario que se lo digas o nunca se enterará.

—Pero ella ya tiene a alguien, y aunque no fuese así, estoy seguro de que no me corresponde.

—¿Y por eso no puedes decírselo? —¿Qué?—. Sabes, a veces hay sentimientos que guardamos en nuestros corazones, pero... ¿estás seguro de que puedes controlar los tuyos hasta no darles importancia? —Apartó su mirada del frente y la elevó al techo entrelazando los dedos, respiró profundo y siguió—. Hay muchas clases de sentimientos, pero es necesario convertirlos en palabras para que los entiendan.

Nos quedamos en silencio otro instante y aproveché para digerir sus palabras.

¿Podría controlar mis sentimientos hasta no darles importancia? ¿Acaso eso que me pasa con Sakura nunca se irá? Bueno, sobrevivió a mi adolescencia y a mis primeros años de adultez, todo apunta a que es bastante fuerte.

Con un poco de suerte yo estaría mal interpretando las cosas y habría una explicación satisfactoria para todo.

Ojalá pudiera ser tan ingenuo.

—Es ahí —dijo sacándome de mis pensamientos y señalando una tienda con dos vestidos en la vidriera, uno lo reconocí porque Sakura lo había usado en alguna entrega de premios de las tantas que encontré en Internet.

Me detuve en el lugar que me había pedido y la curiosidad fue más fuerte que yo.

—¿Siempre eres así de atenta? —pregunté de la nada. Es que su actitud no me parecía convencional.

Emitió una risita, muy femenina por cierto, antes de destrabar la puerta del copiloto.

—Sólo si se trata de la felicidad de mi Sakurita — dijo con un pie sobre la calle— , eso es lo que más me importa en el mundo.

La ¿dulzura? Es probable, o algo similar, con la que pronunció esas palabras sumada a su expresión compungida, me hicieron pensar que había algo más detrás de todo esto.

—Oye, acaso tú...

—Debo irme, gracias por traerme, eres muy gentil.

—Espera, yo...

—Piensa en lo que te dije, ¿de acuerdo?

—Lo haré —logré murmurar cuando se bajó.

Por un momento me pareció que... Qué va, debe ser mi imaginación.

(Sakura)

—Vaya noviecito te conseguiste, eh.

—Kero, Syaoran no es mi novio.

—Obviamente lo tiene clarísimo —ironizó señalando la bandeja con el desayuno que se veía desde mi habitación.

—Tiene motivos para estar disgustado. Pero no creo que hayas venido hasta aquí para hablar de él.

—Por supuesto que no, pero te advierto que ese tipejo me da mala espina.

—Kero... —casi lo amenacé y se llevó las manos a la nuca, desperezándose.

—De acuerdo, vine a que pensemos algo juntos para arreglar este lío. Me dijiste que no estabas con nadie, ¿me mentiste? —inquirió alzando una ceja.

—¡No! Es que bueno, en realidad no lo estaba, es decir, no lo estoy. Syaoran es un amigo —Rodó los ojos sentándose en una de las sillas del comedor—. ¡Es en serio! Sólo que, este...

—¿Sólo que es un poco cariñoso? —sugirió juguetón e inmediatamente se me subieron los colores al rostro.

—¡No lo digas así! —repuse abochornada.

—Mira, Sakurita, a mí no me interesa la clase de amistades que tengas, pero debemos resolver esto.

»Siempre y cuando no haya sido una especie de venganza por lo que pasó hace años, porque si es así, te felicito, te luciste.

—No puedo creer que pienses eso —Su comentario me dejó tan impactada como dolida—. Yo jamás te haría algo así, o a mí.

—No lo pienso, pero tenía que confirmar. Y bien, ¿qué se te ocurre?

—La verdad no sé, no pensé en nada aún.

—Yo creo que deberíamos «terminar» —propuso haciendo comillas con sus dedos— . Si voy a ser un cornudo público al menos déjame el gusto de abandonarte —dijo después, cruzándose de brazos y alzando el mentón en una muestra de autosuficiencia muy teatral.

—De acuerdo —accedí—. Pero debemos aclarar lo de las fotos, tampoco quiero quedar como una traidora, no sólo no te engañé por lo obvio, sino que las tomaron antes de nuestro acuerdo.

—¿En serio? —Me miró sorprendido.

—Sí, son del día de mi cumpleaños, y desde ese momento dejé de ver a Syaoran —le contesté bajando la mirada—. Jamás pensé que algo así pudiera ocurrir.

—¿Y nadie lo vio entrar aquí o sí?

No tenía idea, cuando noté a su presencia ya estaba parado en el medio de la sala y no es que yo tuviera mis facultades mentales en óptimas condiciones.

—No estoy segura, pero imagino que no, ¿por qué?

—Porque, querida amiga, se me ocurre una forma de limpiar tu buen nombre y honor y de paso sacarme esta pesada cornamenta de la cabeza.

—¿Eeh?

—Es tan obvio, Sakura, que no puedo creer que no te hayas dado cuenta antes. Aquí no hay que inventar nada, solamente tenemos que decir que esas fotos eran viejas, que tu relación con ese sujeto terminó antes de que volvieramos, y para dar veracidad al asunto, podrías acompañarme a Europa. Tengo que ir por trabajo y tú por la película que se presenta en Francia, es perfecto.

—No lo sé, todo esto me está empezando a alterar —¿Eso quería decir que ya no podía ver a Syaoran? No se lo pregunté, sabía la respuesta—.Además, se supone que sólo el director y los productores viajan.

—Tranquila, yo me ocupo. Eso sí, ten en cuenta que debemos apresurarnos con las escenas que te quedan porque debemos estar en Londres el miércoles.

—¡¿Qué?! Es muy pronto, el festival no se hará hasta dentro de un mes. ¿Por qué no voy después?

—¿Realmente quieres atravesar el aeropuerto tú sola como están dadas las cosas?

—No, pero...

—Bien, ya estuvo de excusas, tú me propusiste esta locura así que ahora me ayudas o me ayudas- Suspiré y asentí con resignación—. Ah, y otra cosa, necesitamos que saques a relucir tus encantos para convencer a tu «amigo» de que respalde nuestra historia.

—¿Tenemos que meterlo en esto? —pregunté bastante harta de ese embrollo en el que yo solita me había metido .

—Con que conteste lo que debe si le preguntan, para mí, es suficiente. ¿Lo harás?

—Lo intentaré.

Syaoran se había ido furioso, no sabía hasta que punto mis, según Kero, «encantos» lograrían que nos apoyara, pero no tenía muchas opciones. El plan era bueno, si la gente se creía aquello, yo podría recuperar parte de mi tranquilidad, aunque jamás llegara a eliminar por completo la vergüenza de que todo el mundo me viera en una situación tan íntima.

—Excelente, ahora me voy —anunció levantándose y caminado a la entrada—. Yo hablaré con Clow y le explicaré para que no se ponga pesado.

Su gesto de hastío me hizo reír.

—Muchas gracias —Lo observé antes de que se marchara y caí en cuenta de que un moretón se estaba formando en su mejilla—. Oye, Kero ¿estás bien? —pregunté señalándome esa zona.

—¡Obviamente, un golpecito de nada jamás podrá contra el gran Cerberos! —exclamó en una pose exagerada como de escultura griega. Negue divertida al ser testigo de ese numerito—. Adiós —se despidió retomando la compostura, me sonrió y desapareció detrás del umbral.

Apenas se fue, me alisté y comí a toda prisa. Al salir del departamento tomé valor y le escribí un mensaje a Syaoran.

Yo: Siento lo de hace un rato, quiero disculparme. ¿Podrías venir más tarde? O voy yo a tu casa, como quieras, sólo hablemos. Avísame.

Cuando llegué al set, saludé a mis compañeros haciendo como si nada hubiese pasado, y agradecía que ellos tuvieran claramente la misma intención. El único que me mencionó algo al respeto fue el director, pero sólo para decirme que entendía los días que me había tomado y que lamentaba mucho la confusión. Resultaba ser que Clow ya lo había llamado para decirle que yo viajaría con Kero y que por eso debíamos acelerar un poco las cosas. Era increíble lo rápido que se hacía todo en ese medio. Ese día me quede filmando unas escenas, la parte buena de ya no estar participando en Cazadores era que dispondría de todo mi tiempo y energía en un único proyecto.

Al mediodía, en el primer descanso, revisé mi celular y vi que Syaoran me había respondido.

Syaoran: Yo te debo una disculpa a ti. No sé que me pasó, pero prometo que no se repetirá. Te respeto, Sakura, y jamás te hubiera tratado así de estar en mis cabales. No es excusa, lo sé, pero quería que lo supieras. Pasaré hoy a la noche a verte, tengo algo que decirte. Nos vemos.

Yo: No pasa nada, te entiendo. Bien, te espero entonces, yo también tengo algo que decirte. Hasta la noche.

(Syaoran)

El plan era simple, llegar y decirle a Sakura lo que sentía por ella esperando lo mejor. En caso contrario, por lo menos me sacaría un peso de encima y podría continuar con mi vida, no de la noche a la mañana, por supuesto, pero al menos dejaría de vivir en la incertidumbre.

Llegué a su departamento a eso de las ocho de la noche. No sabía como iba a resultar así que no me arriesgue a llevar nada asumiendo que ya no me quedaría los días que me había pedido. Pasé el Hall de entrada gracias a que el encargado del edificio ya me conocía, y subí hasta el cuarto piso.

—Buenas noches.

—Hola, pasa por favor.

La cara de Sakura no era buena señal. Estaba bastante apagada y reflexiva, ella era distraída, pero muy extrovertida y alegre. De todas formas ya me había decidido, no había retroceso posible.

—Bien, empezaré por disculparme de nuevo, me siento realmente terrible por lo que te dije.

—No te preocupes —dijo negando con las manos notablemente alterada—, ya pasó, además imagino lo incómodo que debió haber sido para ti.

—Eso no lo niego, pero peor habrá sido para tu novio.

—Syaoran, siéntate por favor —me pidió dando unas palmadas junto a ella en el sillón. Así lo hice y esperé a escuchar lo que tenía que decirme—. Escucha, Kero no es mi novio, es decir, lo fue, hasta hace unos años, pero jamás volvimos, todo fue una pantalla para los medios.

—¿Disculpa?

—Eso —Bajó la mirada y comenzó a jugar con los dedos sobre su regazo como siempre hacía cuando estaba nerviosa—, le propuse ese trato cuando me contó que un rumor falso lo estaba torturando —Yo estaba atento a su discurso sin cambiar mi expresión seria—. No sabemos de dónde salió pero se decía que él era gay y no lo es, pero tampoco es para nada mujeriego por lo que le era muy difícil demostrar lo contrario, así que me hice pasar por su pareja para que lo dejaran en paz.

—Qué noble de tu parte —comenté en un tono sarcástico. Debería haber estado contento al escuchar que lo de ellos era mentira pero simplemente no me entraba en la cabeza como eso podría ser una buena idea, además...—¿Y por qué no me lo dijiste antes?

—Es que tú te habías alejado de mí y no creí que te importara.

—¿En serio creiste eso? Déjame decirte que sí me importa, y que no creo que haya sido yo el que desapareció. De repente estabas en todos lados con ese tipo de la mano y jamás dijiste algo al respecto.

—Tampoco te hagas en ofendido, no tenía que darte explicaciones. —Su tono se volvió ligeramente hostil y me di cuenta de que me estaba pasando de la raya. Si quería que las cosas salieran bien, era mejor dejar los reproches para más tarde.

—Tienes razón, lo siento, es sólo que...—Mi «estaba celoso» se me quedó en la punta de la lengua cuando su celular comenzó a sonar, me miró buscando aprobación y le hice un gesto para que contestara.

—Hola. Justamente estoy en eso.

¿En qué?

Sí, claro que mi pasaporte está al día.

¿Piensa viajar?

—Bien, a las once de la mañana el miércoles. ¿No pasas a buscarme?

¿Adónde? ¿con quién?

—Preferiría no ir sola al aeropuerto pero si no puedes ... De acuerdo. Adiós.

—¿Qué fue todo eso?

Otra atribución que me tomaba fuera de las que me correspondían, pero poco me importaba. Sakura me miró algo sorprendida.

—Era Kero, decidimos seguir con la pantomima un tiempo aclarando que esas fotos son viejas, así ni él queda como un cornudo, ni yo como una zorra infiel. Creo que es lo mejor.

—Es decir que seguirás fingiendo —aclaré bastante molesto.

—No es lo ideal, lo sé, pero no tengo opción. Además, creo que estar lejos de Japón por un tiempo es exactamente lo que necesito ahora — Volvió a bajar la mirada hasta que su flequillo le tapó los ojos y me llamó tímidamente—. Syaoran.

—Qué.

Está bien, estaba MUY molesto.

—Ne, necesito perdirte un favor.

—Dime.

—Si llegaran a preguntarte, ¿podrías decirles tú también a todos que esas fotos son viejas? Y que, bueno, ya no nos vemos de esa forma. —La última oración la susurró.

—Por supuesto —contesté tajante—, no tengo por qué mentir.

—Gracias.

—De nada. ¿Eso era todo? —Asintió prácticamente hecha la representación de un perro mojado—. En ese caso, me marcho.

Me paré pero me detuvo sujetándome por el brazo.

—No tienes que irte, si quieres podemos comer juntos, yo cocino.

Me miraba casi con miedo. Reconozco que cuando estoy enojado mi expresión no es exactamente bonita, pero no creía que fuera para tanto, igualmente intenté suavizar el tono con el que la trataba.

—Quizás en otra ocasión, estoy cansado, fue un día muy largo.

—Claro, te acompaño.—Hablaba tan bajo y pausado que me dieron unas enormes ganas de abrazarla, pero no me sentía capaz.

—No sé si llegue a verte esta semana, así que aquí me despido. Ten un buen viaje.

—Gracias- dijo sonriendo con pereza—. Adiós.

—Adiós.

Sé que había ido con la intención de decirle lo que me pasaba con ella, y yo jamás declino una decisión, pero desafortunadamente no era el momento.

Si yo le decía lo que quería, la pondría entre la espada y la pared, entre que decidiera estar conmigo o seguir apoyando a su amigo y su irracional plan, eso claro, si me correspondía. Tenía todas las de perder, porque, ciertamente, que empezáramos una relación no era la mejor forma de convencer a los periodistas de que ella no había traicionado a su falso novio, y lo que más le importaba a esa altura era que nadie la tachara de infiel, estaba seguro de eso.

Por otro lado, ella aseguró que ese viaje le haría bien, y esperaba que así fuera. Supongo que cuando se quiere a alguien de verdad su felicidad está primero, y deseaba con todo mi ser que ella reviviera ese brillo que se había apagado yéndose un tiempo.

Por mi parte me tocaba esperarla lo que hiciera falta, ahora sabía que lo había hecho durante años, y entendía que pasara lo que pasara, Sakura siempre sería mi persona especial.


Hola! Gracias como siempre por la buena onda.

Saben que me paso algo raro con las últimas reviews, las acepté cuando me llegaron al mail pero después desaparecieron, se me ocurrió que las habían borrado, y no los iba a mandar al frente obviamente, por eso no contesté.

Hay una que apareció después, Anna: me hiciste reír mucho! Espero que el siguiente capítulo y éste no te hayan decepcionado. Y sí, en ese medio son todos carroñeros, no les importa mucho la verdad, prefieren vender. Yo no lo haría, me parece espantoso, pero trato de no juzgar(trato es la palabra clave). Espero leerte pronto!

Espero leer pronto a los demás también, me interesan sus opiniones. Aunque no tengan usuario si se ponen un nombre que los identifique les puedo contestar acá abajo.

Estoy contenta porque aprendí a editar capítulos subidos y pude corregir algunos errores. iupi!

Ah otra cosa, como nota de color(?) me causa gracia como los capítulos con lemon son los que se leen más, pequeños diablillos... En éste sólo iba a mencionar el encuentro pero después me decidí por algo más explícito, principalmente porque con sólo reflexiones perdían intensidad ambos puntos de vista. Espero que no haya sido vulgar, odiaria que lo vieran así.

En fin, eso es todo por ahora. Qué tengan un lindo día!

Éxitos !

Mezzolec.