Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia si es mía.
UN MUNDO NUEVO.
MINI CAPÍTULO EXTRA: "Distantemente juntos"
"Sólo nosotros sabemos estar distantemente juntos."
Rayuela, Julio Cortázar.
(Syaoran)
Los días fueron pasando hasta que el apogeo del calor llegó y con él mi cumpleaños. Generalmente me la pasaba trabajando y mis familiares y amigos sólo me llamaban para felicitarme, pero este año mis hermanas decidieron que era una buena excusa para juntarnos.
Prepararon un almuerzo en la casa de Feimei y no me dejaron ayudar en nada, así que preferí pasar el rato con mis sobrinos, pero enseguida me di cuenta de que ese no era un asunto necesariamente sencillo. No los veía casi nunca, prácticamente no me reconocían y por supuesto me ignoraron tan pronto como pudieron. Eso me hizo pensar mucho en cómo estaba haciendo las cosas y lamenté no tener tiempo para intentar arreglarlo.
Afortunadamente el mayor sí me recordaba, y hasta le caía bien, así que me concentré en tratar de conocerlo un poco de la única forma que mi padre me enseñó a comunicarme con un niño.
- Eso es. Ahora levántala un poco más y chócala contra la mía, despacio.
- ¿Así, tío?
- Sí, perfecto. Voy a caminar para atrás y tú trata de mantener la misma distancia de golpe porque...
- ¿Puedo ver el entrenamiento?- preguntó Fuutie sentándose junto a la piscina a pocos metros de donde estábamos.
- Claro, es más, si quieres participar estás invitada, ¿no es así, Hien?
Mi contrincante asintió con entusiasmo al mismo tiempo que mi hermana negaba con la cabeza.- Hoy seré sólo una espectadora, no tengo la ropa adecuada.
Y yo coincidía, esa mujer usaba tacos altos y vestidos ajustados hasta para estar entre casa.
- De acuerdo- dije volviendo la vista al frente y alzando la hoja de mi espada-. Ponte en guardia como te enseñé.
- ¡Xiao Lang Li! ¿Qué crees que estás haciendo?- gritó otra de mis hermanas desde la galería de su casa.
- Uh, creo que nos atraparon, pequeño - le susurré a mi sobrino viendo al huracán Feimei Li acercarse a nosotros y provocándole una sonrisa nerviosa a él. Mi hermana sí que podía dar miedo cuando se enojaba.
- Denme eso, ahora - exigió la madre de Hien dirigiéndose a ambos.
- ¿Qué cosa? - pregunté haciéndome el desentendido.
- No te hagas, las espadas que tienen escondidas atrás. ¿Cómo te atreves a traer las armas de papá a mi casa con mis hijos cerca? ¡Y encima le prestas una Hien! ¡¿Acaso enloqueciste?!
- No veo cuál es el problema- intervino Fuutie tomando la Tai Chi que sostenía nuestro sobrino-. Nuestro padre y Wei comenzaron a inculcarnos las artes marciales a los cinco y tu hijo ya tiene once, está más que preparado para...
- No me importa lo que haya hecho nuestro padre con su educación, este es mi hijo y lo quiero lejos de ese ambiente violento del Clan.
- ¿Todos en el clan saben artes marciales, tío Syaoran?
- Sólo los más fuertes- le contesté guiñándole un ojo. La menor de las mujeres presentes se rió por lo bajo sabiendo que Feimei, Shiefa y Fanren habían rechazado la oportunidad de aprender.
- Hijo, los adultos están hablando, guarda silencio. Lo único que debes saber es que no quiero volver a verte con una de esas cosas, ¿se entendió?
Hien sólo asintió con pena.
- No regañes al niño, fue mi idea. Las tenía en el auto porque acabo de mandarlas a pulir y...
- No me interesa, llévatelas de mi casa y no vuelvas a traerlas.
- Fei, no exageres.
- Tú no te metas, Fuutie, no es contigo.
- Está bien, Fei, es tu decisión pero recuerda que las tradiciones son muy importantes en esta familia.- Traté de convencerla de disminuir su cólera tocando ese punto sensible ya que era muy consciente de que para ella nuestra cultura era tan importante como para nuestra madre.
- Syaoran, cuando tengas tus propios hijos podrás criarlos como te plazca, mientras tanto guarda esas espadas- dijo completamente exasperada, luego suspiró y descruzó los brazos -. Ahora entren a la casa que ya está todo listo.
La seguimos por el jardín, la galería y la sala hasta el comedor de su imponente casa tradicional china. La había mandado a construir desde los cimientos para que se pareciera lo más que se podía a la que teníamos en Hong Kong. Todas mis hermanas añoraban la época en que vivíamos ahí, pero yo no soy de aferrarme mucho a esas cosas, sin contar que había pasado la mayor parte de mi vida en Japón así que tampoco tenía mucho que extrañar.
La enorme mesa de madera se encontraba repleta de platos típicos chinos que me llenaron de ilusión.
- Todo se ve delicioso, gracias.
- Y más te vale que comas hasta reventar porque nos pasamos toda la mañana en la cocina- dijo Shiefa.
- No lo dudes.
- Ese es mi hermanito- contestó abrazándome y plantándome un sonoro beso que le provocó un coro de risas a los niños.
- Ya déjame- me quejé limpiándome la mejilla.
- Serás arisco.
- Ustedes tres, vayan a lavarse las manos antes de sentarse - nos ordenó Fanren.
- Sí, mamá...- dijo Fuutie con sarcasmo recibiendo la típica mirada asesina de los Li.
Pasamos un día tranquilo y animado. Me enteré de muchos proyectos que tenían mis hermanas y de algunos gustos y costumbres de mis sobrinos. Ciertamente me estaba perdiendo de muchas cosas estando lejos de mi familia pero sabía que mis responsabilidades no me permitía verlos más que lo que ya lo hacía. Supongo que todo se trata de tomar decisiones y aceptar lo bueno y lo malo que éstas nos traigan así que por el momento sólo en enfocaba en disfrutar de lo que tenía.
Seguramente se estarán preguntando qué pasó con Sakura y puedo contarles satisfecho que nos manteníamos en contacto, de hecho, hablábamos casi todos los días. De a poco volvía a recuperar la sonrisa y todo se lo debía a su cambio de vida. Por supuesto que me gustaría tenerla cerca, a veces deseaba mucho abrazarla y besarla pero si esto era algo que tenía que pasar mayormente sola no me podía quejar del lugar que me había tocado. No voy a mentir, cada vez que ella me contaba que un hombre la había invitado a salir o me hablaba de alguno con demasiado entusiasmo e interés, me hervía la sangre y me daban ganas de traerla a la fuerza, pero obviamente me contenía. Por suerte para mí, Sakura no tenía planes de salir con nadie ya que sólo quería ocuparse de ella misma, por lo que trataba de no alterarme y menos cuando estaba enfrente de la webcam.
No quería arruinar lo que había conseguido, me había dicho que me quería y lo hacía cada vez que nos comunicamos, además de mencionar lo mucho que me extrañaba. Más de una vez pensé que quizás a ella sentía lo mismo que yo, pero me guardé mis conjeturas hasta el día que fuera a verla o que ella decidiera volver.
Syaoran:
¡Feliz cumpleaños! Me hubiera encantado poder estar en Japón para saludarte como es debido pero por el momento es imposible. De cualquier forma me alegra que lo hayas disfrutado, la familia es muy importante y me alegra que tú estés pasando tiempo con de la tuya.
Yo estoy bien, el trabajo como acomodadora en el teatro se vuelve cada vez más interesante, principalmente porque puedo espiar las obras que se presentan ¡y hasta me pagan por eso!
El otro día hubo una ópera magnífica, se llama La traviata y está basada en La dama de las camelias de Alejandro Dumas. Es una historia de amor, desamor y tragedia, esas no son las que suelen gustarme más pero es que ésta está tan bien contada...¡Y la música! Verdi sí que sabía como ambientar una escena. No sé si a ti te guste este tipo de obras pero yo me quedé estupefacta con todo. Si escucharas cantar a esos actores, fue increíble, hasta me dieron ganas de aprender a cantar...Bueno está bien, quizás eso no es lo mío.
Como sea, avísame cuando tengas un rato libre para conectarte a Skype, necesito hablar en Japonés con alguien porque pensar todo lo que voy a decir todo el tiempo es agotador y aquí sólo hablan en Inglés, obviamente. Además extraño oír tu voz. Sí ya sé, suena raro pero es cierto, creo que jamás dejaré de acosarte... Es un chiste, no temas. xD
Nos vemos pronto. Te quiero.
Sakura.
(Sakura)
- Y yo, la más desconsolada e infeliz de las mujeres, que gusté algún día la miel de sus promesas suaves, veo ahora aquel noble y sublime entendimiento desacordado, como la campana sonora que se hiende. Aquella incomparable presencia, aquel semblante de florida juventud alterado con el frenesí. ¡Oh! ¡Cuánta, cuánta es mi desdicha, de haber visto lo que vi, para ver ahora lo que veo!
- Simplemente perfecto, Ofelia- me felicitó mi nuevo profesor de teatro guiñándome un ojo.
- Muchas gracias, estuve estudiando mucho y creo que recién ahora estoy empezando a entender a Shakespeare.
- Ése es un viaje de ida, siempre hay cosas nuevas que descubrir entre sus líneas pero creo tú ya lo tienes bastante claro.
- Sí, pienso que para compenetrarse en una obra lo mejor es conocer un poco al dramaturgo.
- Eso es correcto. Bien, es todo por hoy, pero antes de que te vayas me gustaría darte los datos de algunas audiciones que se harán en Londres las próximas semanas.- Se paró de su sillón de cuero marrón y sacó un papel del cajón de su escritorio.
- ¿En serio cree que estoy lista para esto? - pregunté dudosa tomando la lista que me ofrecía.
- Por supuesto, viniste aquí siendo una profesional, sólo necesitas recuperar la confianza y eso lo conseguirás estando sobre las tablas.
- Se lo agradezco, señor Miller.
- Nunca vas a tutearme, ¿cierto?
- Lo siento pero prefiero seguir tratándolo de ésta forma, me gusta conservar las distancias.
Se acercó un poco a mí y me miró de una forma que no supe reconocer hasta que habló.
- Sabes, Sakura, me parece que ya es hora de que cambies de maestro, no hay mucho más que pueda enseñarte, además...- Hizo una pausa y se llevó una mano a la cabeza despeinando su cabello-. Espero que no te lo tomes a mal pero me gustaría invitarte a salir. Ya sabes ir a comer o tomar algo, o a ver una obra que te guste, lo que prefiras.
¿Qué teníamos de especial las japonesas que no dejaba de recibir invitaciones de ese tipo?
Tengo que admitir que Steven Miller era un hombre atractivo; alto, delgado y de ojos cafés. Me superaba en edad unos nueve o diez años pero yo ya era una mujer así que eso no era un impedimento, el problema era que no me apetecía salir con nadie, me había quedado en Inglaterra para reencontrarme y no para andar en citas. No niego que si encontrara una persona que me hiciera pensar otra cosa tampoco rechazaría la oportunidad, pero por más culto y divertido que él fuese definitivamente no me gustaba de esa forma.
- Lo siento, no puedo.
- ¿Ya tienes a alguien, verdad? Y claro, cómo no ibas a tenerlo si eres encantadora.
Me sonrojé un poco cuando dijo eso.- Por favor, me apena. Y no es eso, prefiero no salir con nadie por el momento, es todo.
- De acuerdo, reconozco una derrota cuando la veo. Bien- dijo dando una palmada y cambiando su semblante para despejar el ambiente tenso que se había formado-, al final de esa lista tienes el teléfono de dos profesores que te recomiendo mucho, espero que te vaya bien con ellos.
- Muchas gracias. Adiós, señor Miller- me despedí con una sonrisa.
- Adiós, Sakura, éxitos.
- Igualmente.
Salí de su casa y me dirigí a la mía. Había conseguido un pequeño y nada acogedor departamento cerca de una estación del metro. Mi sueldo era mínimo y no podía permitirme algo mejor, pero estaba aprendiendo mucho de la vida en Londres y de mí misma. Tuve que acostumbrarme a estar sola y a que las cosas se me rompan demasiado seguido por lo que terminé sabiendo un poco de plomería y electricidad a la fuerza, aunque tengo que reconocer que cuando lograba reparar algo me sentía muy satisfecha e independiente. También tuve que convivir con algún insecto, lo cual odiaba profundamente, pero la paz de estar lejos un tiempo hacía que valiera la pena. Todos los domingos iba a visitar a mi padre y a Yuuko a Cambridge, siempre me recibían con algo delicioso para comer y un juego de mesa nuevo. Pasar tiempo con ellos me hacía sentir que de alguna forma seguía conectada con mis orígenes, eso y el contacto que mantenía con mis amigos. Tomoyo escribía mails extensos, rebosantes de sus típicos chistes e ironías y añoranza para nada disimulada. Siempre preguntaba cuando pensaba volver y me daba noticias de su ya avanzado embarazo, por supuesto le prometí que iría a visitarla para conocer a su bebé en la boda que se celebraría cuando él o ella hubiera nacido, ya que mi amiga se negaba a modificar su vestido de novia para caber con semejante abdomen en él. En cambio, Mei prefería tener una charla directa a través de Skype porque las letras nunca fueron lo suyo, al menos no para otra cosa que no sea redactar documentos y defensas, imagino que no existían emoticones suficientes en este mundo que le hicieran justicia a sus excentricidades. Con otro que hablaba mucho era con Fye, me contó que él mismo vivió en Londres varios años y siempre estaba recomendádome lugares para visitar. Los históricos seguían allí pero hubo bibliotecas y bares que habían desaparecido mucho tiempo atrás, y cuando se lo contaba decía que lo hacía sentir viejo. Mi hermano nunca fue de hablar mucho pero nos asegurábamos de no perder el contacto, aunque siempre acabábamos peleando como dos críos lo que me hacía maldecir no poder golpearlo. La correspondencia con Syaoran era la más fluida, llegó un punto en el que no podía siquiera imaginarme un día que no tuviera noticias suyas. Creo que la distancia nos hizo bien, al fin tenía esa relación que tanto había deseado con él ya que ahora era más mi amigo de lo que hubiera sido nunca y eso para mí tenía mucho que ver con que no tuviéramos oportunidad de tirarnos uno encima del otro, claro que extrañaba hacerlo, no voy a mentir, pero prefería dejar las cosas como estaban por el momento.
Sakura:
Me alegra que la estés pasando bien y que estés haciendo nuevos amigos, aunque no dudaba que eso pasara pronto porque tú siempre estás hablando y ayudando a todo el mundo.
Siento no haber podido conectarme anoche, estoy trabajando en un proyecto con mi hermana que será espectacular, ya lo verás, pero es un secreto así que no pienso contarte nada hasta que no sea un hecho, y no insistas, te conozco. De cualquier forma creo que te gustará mucho pero para verlo tendrás que venir a Tokio, no es un chantaje ni nada parecido es sólo que no se puede trasladar.
Mañana te enviaré un mensaje para que hablemos directamente. Yo también te extraño así que seríamos dos los acosadores, ¿o será qué desarrollé síndrome de Estocolmo cuando estabas aquí? No sé, a esta altura no me importa.
Nos vemos, te quiero.
Syaoran.
Hola! Este es un mini extra así que no tengo mucho que decir al respecto. Solamente me gustaría aclarar lo del título. Hay personas que creen que Cortázar se refería a tener a alguien cerca y no poder estar con él pero yo lo apliqué de la forma inversa aprovechando que hay otros tantos que lo ven al revés. Personalmente creo que depende del contexto cuando lees Rayuela te das cuenta pero siendo una frase suelta está abierta a la interpretación.
Todavía no sé cuando voy a tener listo el capítulo posta pero quiero a dejarles éste mientras tanto. Se lee en diez minutos como mucho.
Por las dudas le aviso a la persona "Saludines" que le contesté lo del anterior en un comentario :)
Bueno, nos leemos.
Éxitos para todos!
Mezzolec.
