Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.
UN MUNDO NUEVO
CAPÍTULO 12: "Recuerdos y reencuentros"
«Puedes perder el rastro de alguien, despistarlo, pero en el fondo sabes que hay recuerdos que te dejan marcado y se niegan a desaparecer.»
El eterno resplandor de una mente sin recuerdos. (2004)
(Sakura)
Era una noche de Navidad como las que se muestran en las películas. La nieve adornaba la copa de los árboles, las calles, las personas. No había viento, reinaban la paz y el calor emocional típico de la fecha. Compradores, luces, niños, ilusiones. Londres podía ser realmente mágica, pero durante el receso de invierno se vestía con sus mejores galas.
Yo estaba feliz, mucho. Sentado a mi lado, un hombre de piel tostada, delgado y bastante alto. Tenía cabello de un castaño muy similar al chocolate y un par de ojos ámbares capaces de asesinarte o enternecerte según les ordenara su dueño. Llevaba un abrigo negro y la bufanda verde que le tejí con tanto empeño para regalársela como agradecimiento por venir a verme desde tan lejos.
—¿Tenemos que estar afuera? —preguntó Syaoran haciendo una mueca de sufrimiento muy chistosa— Ya es de noche y me muero de frío.
—Para eso es la bufanda, Syao —le contesté sonriente, casi con burla. Él obviamente lo notó porque entrecerró los ojos amenazante.
—No te hagas la tonta, sabes a lo que me refiero.
—Está bien, vamos, cobarde. —Eso último se lo susurré cerca del rostro y comencé a correr por mi vida.
El asfalto estaba mojado y resbalozo así que no pude tomar mucha velocidad. Algunos metros después sentí unos fuertes brazos que me envolvían y un aliento que acaloró mis mejillas en cuanto tocó mi oído.
—Te atrapé —dijo acercándose un poco para pegar su pecho a mi espalda.
—¿Y qué piensas hacer conmigo?
Lo escuché reírse bajito.
—Mmm, quizás exija una satisfacción por haberme hecho correr.
—Yo no te hice hacer nada, tú me perseguiste porque quisiste.
—Porque me llamaste cobarde —objetó sin soltarme—, yo no soy ningún cobarde.
—¿A sí? Demuéstralo —lo desafié no pudiendo borrar la sonrisa de mi rostro.
—De acuerdo, pero primero la satisfacción y después la valentía.
Me giró sin despegarse y tomó mi cintura. Acto seguido, me acarició la mejilla con el dorso de la mano y comprobé que tenía razón, estaba helado, pero ese razonamiento perdió valor cuando noté que bajaba la cabeza hasta quedar a mi altura. Yo tenía la boca semi abierta y la respiración alterada. Eliminó las distancias acomodándose en ese espacio vacío entre mis labios y apretó un poco. Enredé mis dedos en su pelo y me sostuve tomado la tela del abrigo que cubría su espalda cuando me inclinó hacía atrás y comenzó a intensificar un poco el beso. Era muy delicado y apasionado a la vez. Suena contradictorio pero no lo es.
Nos separamos escasos centímetros cuando fue absolutamente necesario y me regaló una hermosa sonrisa antes de hablar.
—Por un momento pensé que me rechazarías.
—No creo poder, Li.
—Espero que eso sea cierto porque ahora me toca la valentía. ¿Recuerdas que te debo una conversación desde hace meses?
—Claro, hoy planeaba preguntarte pero, ¿qué tiene que ver con esto?
—Bueno, no quiero andar con vueltas, así que iré directo al grano —dijo firme y decidido mirándome a los ojos—. Te amo, Sakura.
Me quedé petrificada. Recién en ese momento mi cerebro empezó a atar cabos: su reacción por lo de Kero, el cariño y compresión que me transmitía en sus mails, que se negara a decirme de que se trataba nuestro pendiente hasta no vernos... Incluso sus sonrojos de niño llegaron a mi mente.
—Pe, pero, no puede ser... Tú no querías estar conmigo, me lo dijiste a penas comenzamos a vernos —tartamudeé negando con la cabeza.
Me tomó del rostro con ambas manos y me obligó levantar la vista.
—Lo sé, fui un idiota, no sabía lo que sentía por ti en ese entonces. No fue hasta que fingiste que tu amigo era tu novio que me di cuenta. Insisto, fui un idiota, un ciego y un necio, pero creo que ya pagué por eso. Pasé por celos, enojos, falsas esperanzas y desilusiones, estuve lejos de ti sin poder hacer algo para cambiarlo, y créeme que me gustaría ser más elocuente pero es que no se me ocurre nada romántico para decirte. Te amo. No sé cómo o cuándo pasó pero estoy seguro de que así son las cosas.
—Pero yo no sé, no sé que decirte...
Alejó sus dedos de mis mejillas y los guardó en los bolsillos del abrigo.
—Puedes decir lo que sea o no decir nada, es tu decisión. Sólo quería que lo supieras, pero si es algo que solamente me pasa a mí, te pido que no te hagas cargo de esto, tú ya tienes bastante con lo tuyo.
—Espera, yo... La verdad es que tú me atraes, lo sabes, y te quiero, te lo he dicho hasta el cansancio pero... —Esperaba que me interrumpiera y terminara la frase por mí porque yo no tenía idea de cómo hacerlo— No sé, Syaoran, nunca se me había cruzado por la cabeza algo así.
—Vaya que fui sutil —ironizó.
—Lo siento, pero no, no creo que sienta lo mismo que tú —Recordé que una vez Kero me describió cómo era estar enamorado y no era lo mismo que sentía por Syaoran—. Te quiero, mucho...como amigo.
—Está bien, sabía a lo que me atenía y es bueno al fin no tener dudas —Se lo veía muy dolido, con el semblante ensombrecido y... ¿Y eso? Ay, no, por favor no—. Siento haber arruinado todo pero no puedo seguir siendo tu amigo, no por ahora.
—Syaoran, por favor...
—Necesito pedirte una cosa, por el cariño que dices que me tienes: no me busques, necesito alejarme de ti, desintoxicarme —Su voz estaba ligeramente estrangulada—. Voy a hacer esto antes de que sea más patético —dijo refrigándose un ojo para que la gente a nuestro alrededor no notara la lágrima que se le escapó—. Una vez me dijiste que te ibas porque era lo mejor para ti, bueno, ahora es mi turno.
»Me alegra haberte conocido, Sakura, en serio, crecí mucho a tu lado aunque no te hayas dado cuenta. Cuando todo esto se me pase espero que volvamos a vernos, y quizás a ser amigos —Volvió a agacharse pero esta vez el beso fue en mi frente—. Cuídate mucho.
Lo siguiente que vi fue su figura perdiéndose entre la multitud ajena a nuestro adiós.
—¡Syao, espera! —quise gritarle pero no salía ningún sonido de mi garganta—. Syaoran, vuelve...
Nada.
Desde ahí todo pasó en un flash. El nacimiento de bebé de Tomoyo y su posterior boda; Mei y Touya mudándose a Cambridge, Mei y Touya volviendo a Japón porque ella no se adaptó. Mi crecimiento profesional en el teatro, mis nuevos amigos, algún "novio", mi retrasado amor por Syaoran.
—No me dejes, Syaoran... ¡SYAORAN! —bramé desesperada encontrándome invadida por la oscuridad—. Otra vez no... —murmuré cubriendo mi cara con las palmas.
—Oh my God! Sakura, me vas a matar del susto —dijo Emma sosteniéndose el pecho agitado—. ¿Tuviste una pesadilla?
—Algo así —Me senté y encendí la luz de la habitación del hotel constatando que estaba bañanda en sudor—. Soy un asco, tomaré un baño, duerme.
—¿Estás bien?
—Sí, claro. Fue sólo un sueño sin importancia- le mentí a mi amiga inglesa.
—De acuerdo. Pero si necesitas hablar sólo avisame.
Le agradecí en lo que me levantaba de la cama.
—Sakura.
—Dime.
—Sabes que aún estoy aprendiendo el idioma y hay palabras que no conozco.
—Sí, por supuesto, lo estás haciendo muy bien.
—Gracias, pero, ¿qué significa "Syaoran"?
Intenté disimular el disgusto que me causó su pregunta fingiendo que hacía un esfuerzo por recordar.
—Es un nombre chino que significa «pequeño lobo» y se pronuncia Xiao Lang.
—Ah, un nombre, es que eso gritaste cuando...
—Lo sé, Emma —Me rendí liberando un suspiro-, pero no quiero hablar ahora. Siento haberte despertado.
—Está bien, no pasa nada, hasta mañana.
Entré a la ducha y me paré bajo un chorro de agua al borde del hervor esperando que eso me ayudara a disminuir la contractura de mi cuello.
Los sueños con Syaoran se habían hecho más frecuentes desde que estaba en Tokio. A veces lo veía caminar por la calle sin que reparara en mí por más que lo llamara; otras, pasábamos un momento juntos y desaparecía de repente; y la favorita de mi inconsciente: el recuerdo de la última vez que lo vi.
Después de que me dejara sola en esa calle me quedé inmóvil un instante, como tratando de entender lo que había sucedido. Cuando al fin pude levantar los pies del suelo comencé a buscarlo por todos lados, tristemente sin éxito. Imaginé que lo más lógico sería volver a casa, él tenía sus cosas ahí, pero cuando llegué mi compañera de piso de esa época me dijo que Syaoran ya había estado allí y se había llevado todo.
Recuerdo que me encerré el resto de las vacaciones. No supe manejar las cosas y me sentía terrible por eso. La verdad es que no quería perderlo pero tampoco quería engañarlo.
Con el pasar de los días mi angustia no hizo más que crecer, al igual que mis deseos de mutilarme hasta morir por idiota.
Pensar en lo que él me había dicho activó algo en mi interior que me llenó de increíbles añoranzas. Estando en Londres tuve que valerme por mí misma por primera vez, lo que me ayudó a posicionarme mejor en la vida, pero de ninguna manera puedo decir que no conté con apoyo. Cada vez que alguien me trataba mal, que algo no me salía bien o que me sentía desanimada, Syaoran estaba ahí. Cada vez que me felicitaban, conocía a alguien nuevo e interesante o tenía cualquier tipo de logro, Syaoran estaba ahí. No importaba lo que necesitara o en que horario, sólo tenía que hacerle saber que tenía noticias para que él se contactara conmigo. Y no se trataba sólo de un consejero o un deseo egoísta, sino de compartir mi vida con él aunque no estuviera participando activamente en ella. De hacer que fuese la persona que más me conociera, de la que me sostenía, y quería, no, me desesperaba por ser esa persona para él también.
Ser su persona especial, porque Syaoran era la mía.
Me sorprendí extrañando todo de él: Su porte digno y elegante, el aroma a tabaco que desprendía su ropa, la forma en que sus ojos brillaban cuando estaba a punto de hacer una maldad. Su risa. El gesto de entrelazar los dedos sobre la nuca cuando estaba relajado, su exagerado sentido de la justicia, la forma en la que se enojaba cuando lo hacía esperar. Su voz. La capacidad de desconectarse del mundo cuando una película o un libro le interesaban, su irritación cuando lo interrumpía, aquellas ojeras que parecería tener tatuadas. Su necesidad imperiosa de ser siempre sincero, los insultos privados que no podía evitar dedicarle al desempeño laboral de sus empleados, el gesto de tirar de su cabello cuando pensaba, el sabor de lo que cocinara, la cara de niño bueno que ponía cuando quería algo, la mirada de pervertido que me lanzaba cuando tenía ganas, disimulada si estábamos acompañados y descarada estando solos, la de ilusión cuando le llevaba un chocolate.
Los ojos que me iban abierto las puertas del paraíso.
Sus virtudes, defectos y manías. No había nada en Londres que no pudiera relacionar con Syaoran, nadie a quien no hubiese comparado con él, ni momento que me hiciera olvidarlo.
Syaoran Li fue dueño de una parte de mi vida, de mí, y no lo vi, al menos no a tiempo.
Cuando me di cuenta de lo que sentía me tomé unos días en el trabajo y, gastando mis ahorros, viajé a Japón para buscarlo. Al llegar me encontré con que había vuelto a China por un asunto familiar delicado y que no sabían cuando regresaría. Lamentablemente no pude quedarme a esperarlo. La compañía me necesitaba, tenía mi vida en Inglaterra y quizás era mejor dejar que corriera agua debajo del puente. Es decir, no crean que me rendí tan fácil. Intenté comunicarme con él e incluso hablé con Meiling para que me ayudara a localizarlo pero ella me contó que había decidido estar un tiempo solo para superar la muerte de su madre y me pareció mejor darle espacio.
De eso hacía dos años.
Yuuko una vez me dijo que no existen las coincidencias en este mundo, sólo lo inevitable. No sabía por qué el destino había puesto a ese increíble ser humano en mi camino y, aunque quizás no volviera a verlo, realmente me alegraba. Porque estaba segura de que gracias a Syaoran fue que conocí al fin lo que es el amor.
(Syaoran)
Después de mi confesión volví a Japón con, por qué no admitirlo, el corazón totalmente destrozado. Había guardado la esperanza de que Sakura me correspondiera, pensé que quizás ella tenía las mismas dudas que yo y no se animaba a decírmelo ya que durante los meses que nos comunicamos digitalmente nos habíamos hecho incluso más cercanos que antes, y creí que eso significaba algo... pero me equivoqué. Ella me seguía viendo como un amigo y, aunque me hubiese encantado seguir a su lado, no podía volver el tiempo atrás. Nuestro pequeño mundo se había desmoronado arrastrándome con él.
Escondí mi dolor de todos, no quería más humillaciones, es decir, siempre fui muy reservado con mis sentimientos y este no era la excepción. Es más, a la única persona que le hubiese dejado acompañarme era justamente de la que me veía obligado a separarme. Estoy seguro de que hice lo que tenía que hacer, por lo que sólo intenté que esa pena fuera reemplazada por los recuerdos del tiempo que tuve el placer de ser parte de su vida, pero decirlo es una cosa y hacerlo otra muy diferente.
Unos días después de mi regreso me llamaron desde China para avisame que mi madre había fallecido. De la noche a la mañana ya no estaba, y aunque ella era fría, distante y severa, seguía siendo mi mamá. Me sentí bombardeado y no pude más que ponerme a mariconear como un crío encerrado en mi oficina.
Flashback
—Señor, necesito que firme... ¿Se encuentra bien?
—Sí, lo siento, ¿qué decías? —dije intentando disimular.
Ai se acercó a mí extendiéndome unos papeles.
—Que debe firmar el presupuesto del semestre siguiente. ¿Seguro que está bien? ¿quiere que llame a un médico o le traiga algo?
—No pasa nada, en serio.
Firmé lo que me había pedido pero no se fue, todo lo contrario, se sentó a mi lado en el sillón que tenía en un costado de la oficina.
—Sé que no me incumbe pero quiero que sepa que puede confiar en mí.
—Muchas gracias pero es algo personal.
—Es una mujer, ¿cierto?
—En parte, ¿cómo lo sabes?
—Bueno, nosotras tenemos un sexto sentido para estas cosas. Escuche, no digo que yo sea la persona indicada, pero debe desahogarse con alguien. No es bueno guardarse el sufrimiento, a la larga puede volverse tóxico.
—Lo tendré en cuenta, gracias.
—De nada. Bueno, debo volver al trabajo, avíseme si necesita algo.
—De acuerdo —Intentó pararse pero la detuve sujetándole un brazo—. Ai...
- ¿Si?
—Por qué no traes tus cosas aquí, me haría bien un poco de compañía.
—Por supuesto —respondió con una sonrisa.
Volvió rápidamente y nos quedamos trabajando en silencio. Cuando llegó la noche le pedí que se fuera a su casa pero se negó.
—Quizás me esté tomado demasiadas atribuciones pero me parece que le vendría bien distraerse, lo invito a comer algo. No tiene que contarme nada si no quiere, sólo me interesa que se despeje un poco.
Después de dudarlo un instante acepté, pero antes de irnos:
—Gracias de nuevo, eres muy amable.
Volvió sonreír y sin pensarlo la abracé. Al principio se quedó dura pero luego me correspondió.
—No tiene nada que agradecerme, yo siempre estaré para usted, Syaoran.
Y así fue, me acompañó al funeral de mi madre junto a mis hermanas y Eriol, y pidió el traslado para trabajar conmigo en Hong Kong en cuanto decidí empezar de nuevo ahí. No puedo decir que haya sido algo instantáneo o espectacular pero de a poco comencé a tenerle confianza. Era un gran apoyo y se lo agradecía. La Navidad siguiente me agarró con la guardia baja y, estando en la fiesta de la empresa, me embriagué hasta quedar tirado en el patio del salón. Ai me acompañó a mi casa en taxi y antes de que se fuera la besé. Otra vez, no fue para nada espectacular pero sí un lugar seguro. Me llevó varios meses más intentar algo con ella, pero finalmente lo hice. Puede que haya sido por simple soledad, pero Ai me estaba dando lo que necesitaba. En nuestra primera cita le dije que aún no me había deshecho de Sakura del todo, por lo que no podía esperar amor de mi parte, pero le ofrecí mi compromiso y fidelidad mientras que ella se propuso ser la mujer que me ayudara a salir adelante. Porque ella sí me amaba, siempre lo había hecho y se conformaba con estar a mi lado a pesar de todo.
«Los pasajeros del vuelo 199 con destino a Tokio por favor abordar por la puerta dos.»
—Es hora, cariño —dijo Ai mirándome con la misma ternura de siempre—. Lamento no poder acompañarte ahora, voy a extrañarte.
—Yo también pero será sólo hasta el fin de semana.
—Sí, no pienso perderme la inauguración de tu teatro. Además, Fuutie me dijo que la obra que presentarán es impresionante.
—Si ella lo dice así debe ser. Bueno, debo irme. Adiós.
Le di un casto beso en los labios como despedida pero no llegué a voltear cuando la sentí colgarse de mi cuello para invadirme con uno más fogoso esta vez, haciendo que algunas personas nos observaran con curiosidad y poniéndome de lo más incómodo.
—Lo siento —susurró al separarnos—, es que en serio me harás falta.
—No pasa nada —le dije intentando no herirla con mi disgusto-, hasta el sábado —rematé temiendo otro de sus impulsos.
Ai era una mujer atractiva pero tenía un complejo de inferioridad que la hacía ponerse a la defensiva por cualquier estúpida «amenaza». Al poco tiempo de que comenzaramos a salir, mi nueva novia prefirió buscar otro trabajo para que no hubiera confunciones, así que la ayudé recomendándola en la empresa de los Hiraguizawa en lo que ella se ocupaba de encontrar un reemplazo. Cuando conocí a mi nueva secretaria me di cuenta de lo celosa que podía ser. De cualquier forma debía darle crédito teniendo en cuenta que estaba enterada de cómo habían sido las cosas con Nakuru. Tenía bastante sentido que se mostrara desconfiada, lo que no quitaba que a mí no me agradara su actitud, pero preferí no discutir sin sentido.
Como sea, me venía bien estar un tiempo solo. No es que no me gustara estar con ella en general, sino no seríamos pareja, pero estaba seguro que necesitaba un descanso de sus atenciones y este viaje era la oportunidad perfecta para eso.
(Sakura)
Esa mañana Tomoyo, su hija Euphie y yo llevamos a Emma a recorrer Tokio, porque con tantos ensayos y preparativos para la obra en la que estaría no habíamos tenido tiempo de hacerlo. Le mostramos nuestro parque favorito y algunos lugares turísticos, comimos dulces típicos y hasta la acompañamos a visitar galerías de manga y anime que a nosotras no nos entusiasmaban tanto como a mi colega extranjera.
—¡Esto es grandioso, su ciudad es increíble!
—Técnicamente no somos de aquí, pero sí es muy bonita ¿No es así, cariño? Sí que lo es, sí que lo es —dijo mi prima elevando a su bebé por los aires y provocándole una dulce carcajada.
—Francamente te admiro, se te ve tan calmada y natural con ella... Yo no sabría que hacer con un hijo.
—Bueno, al principio me costó adaptarme —contestó la aludida volviendo a colocar a su decendecia en el carrito—, este pequeño angelito se la pasaba llorando por las noches y eso, sumado a la cuarentena, me hacían estar de mal humor todo el tiempo, por suerte Kuro supo manejar la situación y sobrevivimos —comentó jocosamente.
—¿Kuro es tu esposo?
Tomoyo asintió a la pregunta de Emma.
—No me lo imagino a Kurogane cambiando pañales.
—Te sorprenderías, amiga —contestó emitiendo una ligera risita.
Seguimos caminando hasta que dimos con un fino restaurante cercano a la tienda de Tommy en el que solíamos almorzar de vez en cuando mientras vivía en Japón. Entrar a ese lugar me hizo recordar el día que vi a Syaoran en aquel ascensor algunos años atrás y en la impresión que me había causado. Era increíble lo lejana que sentía esa época.
—¿Sakurita, te encuentras bien?
—Sí, claro —Tranquilicé a mi amiga de ojos violaceos aunque no pudiendo ocultar la sorpresa que me causó que me sacara de mis recuerdos—. Sólo pensaba en lo rápido que pasa en tiempo.
—Es cierto, pero creo cada día estamos mejor, ¿no te parece?
Sonreí con sinceridad y me disponía a responderle cuando escuché que me llamaban.
—¿Señorita Kinomoto?
—Sí, soy yo.
—Ah, hola —me saludó una chica de no más de veinte años haciendo una reverenciareverencia—. Mi nombre es Kanoe Ichinose, soy fanática suya desde que estaba en Cazadores. Amé su película y hasta fui a ver una de sus obras cuando viajé a Londres el año pasado.
—Waw, muchas gracias, Kanoe. Eres muy tierna —le contesté con una sonrisa que la hizo ruborizar.
—Para nada. No quiero quitarle mucho tiempo pero me sentiría muy honrada si me permitiera tomarme una foto con usted.
—Claro —Sacó su celular y se lo pasó a la joven rubia a mi lado—. Disculpe, ¿me haría el favor?
—Por supuesto —dijo Emma aceptando el teléfono.
—Muchas gracias. ¿Acaso vuelve a trabajar en Japón? —preguntó la joven después de que nos tomaran la foto.
Asentí.
—En una obra para inauguración del nuevo teatro de Guinza.
Se le iluminó el rostro y su boca dibujó una perfecta "o".
—¡Estupendo! No me la perderé- exclamó emocionada—. La dejo tranquila, qué tengan un buen día. —Hizo una última reverencia, a las tres esta vez, y se alejó entre las mesas del local.
—Vaya, qué será, ¿la cuarta, quinta persona que te pide una foto hoy? Sí que eres famosa aquí.
—No te imaginas cuánto —dijo suspicaz mi prima.
—No es tan así —Me apresuré en aclarar antes que Tomoyo siguiera—, Cazadores fue muy popular entre los adolescentes cuando se transmitía y estos chicos debieron serlo en esa época.
—Por lo que sea, es impresionante, a mí jamás me pidieron ni un autógrafo siquiera, debe ser lindo — comentó la inglesa pasándome el menú.
—Que te demuestren afecto por lo que haces sí lo es, pero la fama no siempre es algo divertido. Estoy mucho mejor ahora.
—Hablando de eso, ¿no pensaste en cómo se tomará la prensa tu regreso?
—No creo que pierdan el tiempo en mí ahora, es decir, el teatro es importante pero no lo suficiente como para atraer ese tipo de periodistas y a los críticos no les interesa más que lo que haga sobre el escenario.
Tommy asintió y después dijo:
Más tarde debemos pasar por mi taller para que te lleves el vertido que usarás esta noche.
—Sí, la verdad es que no me apetece ir a una fiesta en este momento pero estoy prácticamente obligada a hacerlo.
—Te entiendo, a mí tampoco me gustaría tener que ir a ese evento de ricachones si estuviera en tu lugar, pero imagino que ese es el precio de ser la protagonista. —Se solidarizó conmigo Emma.
—Yo creo será divertido, además —Y aquí vamos de nuevo—, hace mucho que no luces uno de mis diseños ¡y puedo esperar para ver cómo te queda! —exclamó mi amiga amante de la moda.
Sólo me reí nerviosamente mientras la otra adulta en la mesa se quedaba estupefacta con el cambio tan repentino que sufrió el ánimo de nuestra acompañante.
Esa noche tendría un cóctel con algunos inversores y gente relacionada al teatro ya que la dueña me pidió personalmente que fuera. No tenía muy claro para qué pero tampoco me iba a negar a su petición, por obvias razones.
Después de terminar de comer fuimos a un templo cercano y terminamos nuestra excursión en Diseños Daidouji. Allí Tomoyo me hizo probar una docena de vestidos hasta que encontró uno verde de tela metálica y espalda descubirta que según ella resaltaría mis "bellos ojos". Reencontrarme con mi amiga y la ciudad me hizo pensar que quizás era momento quedarme definitivamente en Tokio, todo lo que había necesitado de Londres ya lo había obtenido por lo que me pareció que era hora de volver a casa.
(Syaoran)
—¡Hey, guapo, por aquí! —gritó Eriol llamando la atención de varios invitados.
—¿Te gusto, Hiraguizawa? —bromeé acercándome a él divertido con nuestra típica escena de enamorados.
—Sabes que siempre has sido mi amorcito —dijo levantando una ceja—. No sé cuando piensas aceptar lo nuestro de una vez, nos estamos haciendo viejos.
—Yo que sepa para el amor no hay edad, cariño —le contesté pellizcándole el trasero y poniendo incómodo a más de un espectador. Eriol dio un respingo y lejos de enfadarse, comenzó a reír.
—Al fin aprendiste, pequeño saltamontes.
—Estando contigo es eso o morir de vergüenza — comenté mientras aceptaba la copa de espumante que me ofrecía un mesero.
—Ya en serio, se te extraña por aquí, ¿cuándo vas a dejar esa estupidez del exilio?
—Me halagas pero no tengo planes de volver. Aunque admito que sería más fácil dirigir la empresa desde aquí, estamos muy bien en China.
—De acuerdo, como quieras, pero sigo pensado que estás huyendo de algo, aunque no sepa de qué.
—Estás paranoico.
¿Realmente huía de algo? No me parecía, no había nada en Tokio que me provocara una reacción así. El asunto era que ya me había acostumbrado a vivir en Hong Kong y no veía la necesidad de estar mudándome a cada rato.
—¿Y cómo te va trabajando con tu ex? —le pregunté cambiando el tema.
—De las mil maravillas. Fuutie y yo siempre nos llevamos muy bien y somos lo suficientemente adultos como para no dejar que el pasado se interponga. Pero justo por eso también es que quiero que regreses, el teatro es en su mayoría tuyo y creo que deberías prestarle algo de atención. Sería estupendo si estuvieramos los tres juntos otra vez.
—Si esta es una de tus manipulaciones te advierto que pierdes tu tiempo. Además hace mucho que decidí ser sólo un inversor.
—Si tú lo dices... —desestimó mi afirmación el inglés antes de beber de su copa e inspeccionar todo el lugar.
Mi hermana hizo gala de su refinado gusto cuando eligió el sitio para ofrecer el evento de inauguración. Era un jardín enorme de fuentes europeas decorado con pequeño faroles y detalles en escarlata y dorado, además de tener como protagonista al símbolo de la comedia y la tragedia esculpido en hielo.
—Pero mira nada más qué ven mis ojos —murmuró mi amigo acomodándose los lentes.
El cigarrillo que estaba llevando a mi boca se quedó a medio camino cuando dirigí mi vista a lo que él observaba. Eriol caminó unos pasos y acarició una espalda que, para mi desgracia, yo recordaba demasiado bien. Sakura se dio vuelta notablemente ofendida hasta que lo reconoció y le regaló una radiante sonrisa, luego se abrazaron y comenzaron a charlar animadamente. No salía de mi sorpresa cuando de reojo vi que de acercaban a mí.
El maldito de Hiraguizawa sonrió cínicamente antes de aclararse la garganta para llamar mi atención.
—Querida Sakura, te presentó al socio mayoritario del sagrado recinto donde trabajas actualmente, Syaoran «voltea cobarde» Li.
—Eres un tonto, Eriol —soltó ella con una expresión de disgusto.
Después de exhalar el humo en mis pulmones giré con la mayor tranquilidad que pude, la que afortunadamente fue mucha.
—Tanto tiempo, Sakura, ¿cómo has estado?
—Muy bien, ¿y tú? —contestó con la vista clavada en el suelo y un poco sonrojada.
¿Cuándo fue que se invirtieron los papeles? El que debería estar nervioso tendría que ser yo después de lo que pasó.
—También, muy bien.
—¡Excelente! —exclamó de repente mi segundo socio—. Debo irme, Fuutie debe estar insultándome en veinte idiomas por dejarla sola con todo pero al menos los dejo bien acompañados, no hay nada más agradable de presenciar que el reencuentro de dos grandes amigos.
Le lancé una mirada asesina por hacer énfasis en la última palabra y en respuesta me guiñó un ojo antes de irse.
—No sabía que te interesara el arte hasta este punto. —Escuché la voz de Sakura rompiendo el incómodo silencio en el que estábamos inmersos pero todavía sin hacer contacto visual conmigo.
—La verdad no me interesa tanto, mi hermana y Eriol se encargan de casi todo. Yo sólo puse el dinero y me siento a ver las ganancias —le dije muy en serio, pero a ella le provocó una leve risita.
—Ese sí es el Syaoran que yo conozco —comentó finalmente levantándo la cabeza un poco más relajada aunque aún con un adorable sonrojo decorando sus mejillas. Sonreí como tonto y acto seguido me golpeé internamente por haberlo hecho.
—¿Así que trabajas en el teatro?
—Sí, en realidad no es algo fijo, estoy en la obra que van a presentar en el estreno.
—Vaya, Fuutie me dijo que se trataba de una producción internacional de alto nivel, te felicito, se ve que lograste lo que querías.
—Bueno, no todo —susurró volviendo a encogerse, suspiró por lo bajo y volvió a hablar un poco más—. Tu teatro es en verdad impresionante.
—Díselo al arquitecto, yo ni siquiera supervisé la construcción —Me miró extrañada—. Estoy viviendo en China, con mi novia —Por supuesto que la aclaración estaba de más pero no la pude evitar—. Tú la conoces, es Ai.
—Ah, sí, tu secretaria.
—Ex secretaria, pero sí, es ella.
Nos quedamos en silencio otra vez hasta que Sakura lo volvió a interrumpir.
—Bueno, me tengo que ir, nos vemos luego —dijo con congoja.
Hizo el ademán de marcharse pero la tomé del hombro deteniéndola.
—Espera, esto no tiene por qué ser así, yo estoy bien, en serio, todo eso quedó en el pasado —Me escuchaba con atención y por primera vez esa noche, me miró a los ojos—. No te pido que volvamos a ser amigos de un momento a otro, pero creo que podríamos pasar un rato juntos, ¿no te parece?
—No, Syaoran, no me parece —me contestó muy firme y distante.
—¿Por qué? —Quise saber. Nada en su comportamiento me parecía lógico.
—Ya no importa —dijo retirando mi mano de su hombro y encerrándola entre las suyas, observó nuestro unión un segundo en lo que su semblante se enterneció—. Realmente espero que seas muy feliz. Adiós.
La vi alejarse a paso apresurado en dirección a pequeño bosquesillo que había a varios metros de donde estábamos. En ese momento un sentimiento que no supe reconocer me invadió e inconscientemente comencé a seguirla. Algo le pasaba, no tenía ni idea de qué era, pero no me iba a ir de ese lugar hasta no averiguarlo.
Ya casi no falta nada!
Mezzolec.
