Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.
UN MUNDO NUEVO
CAPÍTULO 13: "Llévame a casa o déjame ser"
(Sakura)
Después de una media hora de viaje llegué al lugar donde se celebraría el evento del teatro. El taxi en el que iba frenó y el conductor me miró en señal de que debía pagarle así que saqué mi cartera para hacerlo, pero antes de que pudiera preguntar cuánto le debía, una voz femenina se me adelantó.
—Buenas noches —saludó la señorita Fuutie a través de la ventanilla del vehículo—, yo me haré cargo del monto, ¿esto es suficiente? —preguntó extendiéndole un fajo de billetes al regordete hombre mayor detrás del volante.
—Así es —contestó él con cierta luminosidad en el rostro, de seguro le estaba dando de más.
—Perfecto —dijo ella sonriendo, luego caminó pocos pasos hasta abrirme la puerta—. Me alegra que hayas venido, Sakura.
—Gracias, pero no debía...
—Oh, sí, sí debía, prácticamente te obligué a asistir.
—No diga eso —Me apené ante la posibilidad de que haya notado mis pocas ganas de estar ahí—, es un gusto que me invitara.
Ella emitió una risita mientras me acompañaba al arco decorado que oficiaba de entrada a la estancia.
—No sabes mentir, me recuerdas a mi hermano.
—¿Su hermano?
—Sí, tengo tres hermanas mayores y uno menor, él es nuestro bebé aunque ya sea un adulto —volvió a reír—, hay cosas que no cambian, el cariño sincero, por ejemplo —dijo entonando los ojos y mirándome con suspicacia.
¿Qué le pasaba? Decidí no prestarle atención a aquello.
—Yo también tengo un hermano —comenté naturalmente, sintiéndome cómoda a su lado—, pero él es siete años mayor que yo, siempre me cuidó mucho aunque siga siendo un inmaduro y disfrute de hacerme enojar.
—No está aquí y ya te pone así —Se burló de mi ceño fruncido el cual relajé de inmediato—, debe ser muy gracioso verlos juntos.
—No para mí —murmuré apretando los dientes y volví a escucharla reír.
La señorita Fuutie era una mujer castaña, alta y elegante, llena de buenos modales y sonrisas sinceras. Desde que se presentó como la dueña del teatro siempre tuvo especiales atenciones conmigo, al punto de tener que soportar los comentarios y burlas de mis compañeros sobre que era su favorita, digamos que... por mi atractivo fisico; pero a mí no me parecía, ella también me había caído estupendamente y no tenía que ver con ningún tipo de segunda intención, sino que había algo en Fuutie que se me hacía muy familiar y cálido.
—¿Me estás escuchando, Sakura?
Salí de mis pensamientos y noté que ya estábamos en el centro del jardín.
—Lo siento, me distraje un momento. ¿Qué decía?
—Me di cuenta —respondió ofreciéndome una copa de vino espumante la cual rechacé cordialmente—. Nada, era una tontería.
—Lo siento —repetí avergonzada.
Me sonrió y escuché que la llamaban.
—Señorita Li, luce usted muy bella esta noche.
Sí, Fuutie se apellidaba Li y, para más detalles alarmantes, también era china. Pero a pasar de eso me convencí de que era sólo una coincidencia, y tengo con qué respaldar mi teoría; ¿Saben cuántos Li hay en ese país? Miles, es el segundo apellido más común ahí y yo lo sé porque lo googleé. Sólo el apellido, no me la pasé buscando noticias que pudieran darme pistas sobre Syaoran para nada... De acuerdo, está bien, confieso que así de patética y extraña estuve los últimos dos años, no me hagan caso.
—No empieces, Akito —dijo un poco sonrojada—. Te presento a Sakura Kinomoto, tiene el protagónico de la primera obra que exhibiremos.
—Mucho gusto, Kinomoto, Akito Hyuga.
—Un placer —saludé estrechando su mano.
—Tengo contactos que presentarte, Fuutie, acompañame por favor —dijo el recién llegado invitándola a tomar su brazo.
—Debo irme —Se dirigió a mí la mujer—, pero tú come, bebe y diviértete, y quién te dice que esta noche no encuentras a tu príncipe azul —Terminó la frase guiñándome un ojo—. ¡Nos vemos!
—A, adiós...
Sí que está rara hoy.
Pasados cinco minutos ya me quería volver al hotel; todos esos «ricachones» (como los había llamado Emma) hablaban entre ellos y por lo que pude oír, sólo les interesaba el dinero. Casi sentía que había vuelto a estar en la casa de la infancia de Syaoran, pero con el agravante de la ausencia de Mei y sus ocurrencias.
—¡Hey, guapo, por aquí! —Escuché que alguien gritaba, levanté la vista con curiosidad y seguí las expresiones censurantes de varios invitados para dar con el dueño de la voz. Como no lo logré, seguí revisando mi celular en busca de otra cosa que me distrajera.
Le envíe un mensaje a Meiling relatándole la situación y mientras esperaba que me respondiera sentí una mano que acariciaba mi espalda desnuda y unos labios pegados a mi oído que susuraron: —¿Qué hace una bella muñequita como tú aquí tan sola?
Me irrité al tiempo y volteé muy dispuesta a impactar una bofetada en el rostro del degenerado hasta que lo reconocí.
—¡Por Dios, Eriol, me asustasté! —Me lancé a sus brazos aliviada de no tener que hacer una escena enfrente de todas esas personas—. ¿Cómo estás? Hace mucho que no hablamos.
—Bueno, no fui yo el que desapareció en acción, pequeña —Casi me reprochó entrecerrando las orbes azules detrás del cristal—. Estoy bien, trabajo en el teatro igual que tú, pero como director artístico.
—¡Eso es impresionante! Espera, ¿sabías que yo estaba trabajando ahí y no te acercaste a saludarme ni una vez? —Mi turno de reprochar.
Me regaló una enigmática sonrisa de las que sólo él sabía dar.
—En mi defensa debo decir que no he tenido nada de tiempo, es un trabajo exigente, además no estoy al tanto de los días y horarios de los ensayos, sólo leí tu nombre en la lista del elenco.
—Correcto, estás perdonado —dije llevando mis manos a la cadera y levantando el mentón, acto seguido desarmé mi postura y le sonreí—. ¿Y cómo hiciste para conseguir ese puesto? Suena importante.
—Me acosté con uno de los dueños... —soltó como si nada, mis ojos de abrieron de par en par por la sorpresa—Hace años —aclaró riéndose de mi reacción—, mi ex prometida me propuso sumarme a la sociedad.
Ay no, el mundo es demasiado...
—Ya sabes, Fuutie, la hermana de Syaoran.
No, no es culpa del mundo, es mía pero ser tan lenta y negadora.
—Ah, claro —balbuceé.
—No lo recordabas, ¿cierto?
—Más o menos, es decir, creí que era una coincidencia.
—Las coincidencias no existen, Sakura, sólo lo inevitable —recitó en un tono profundo que me recordó bastante a los cambios en el humor de Yuuko y me provocó un escalofrío—. Hablando de Syaoran, él también está aquí, vamos a que lo saludes, ha pasado tiempo.
Alto. ¿Qué?
Sin darme la posilidad de una negativa, tomó mi mano y comenzó a conducirme por el jardín. Mis pies se movían como autómatas, no podía pensar ni reaccionar. Antes de que consiguiera idear un discurso en mi mente ya estábamos frente a Syaoran, de hecho, lo supe incluso antes de verlo porque llegó hasta mí su inconfundible perfume de aroma amaderado, ese que tan deliciosamente se mezclaba con su piel y lograba marearme. Esto no iba a ser nada fácil.
—Querida Sakura, te presento al socio mayoritario del sagrado recinto donde trabajas actualmente, Syaoran «voltea cobarde» Li.
Ok, ahora sí estoy nerviosa.
—Eres un tonto, Eriol —contesté disgustada por su broma, no había necesidad que ponernos más incómodos.
Mi razonamiento se impactó contra el pasto bajo mis pies cuando vi la expresión de Syaoran. Tenía esos mismos aires de suficiencia y arrogancia que me había presumido años atrás en el encuentro del ascensor. Tragué pesado.
¿Me habría visto antes? ¿Estaría enojado?
—Tanto tiempo, Sakura, ¿cómo has estado?
Finalmente emitió sonido y lo comprobé; ese no era mi Syaoran, se comportaba como si lo hubiesen reseteado y volviera a ser el pedante director de esa revista de cine que conocí... y que tanto me intimidaba.
—Muy bien, ¿y tú? —Seguí la conversación intentando aminorar mis nervios, me sentía demasiado pequeña e insignificante en su presencia.
—También, muy bien.
—¡Excelente! —exclamó el hombre a mi lado. Estaba tan conmocionada por la actitud de su amigo que incluso me había olvidado de que seguía ahí—. Debo irme, Fuutie debe estar insultándome en veinte idiomas por dejarla sola con todo pero al menos los dejo bien acompañados, no hay nada más agradable de presenciar que el reencuentro de dos grandes AMIGOS —Enfatizó la última palabra y me hizo sentir todavía peor.
Ya no tenía idea qué hacer, muchas veces soñé con volver a verlo y decirle lo que sentía por él, hacerle saber que lo había buscado, que a pesar de haber conocido otros hombres durante este tiempo ninguno jamás le llegó a los talones pero, ¿qué sentido tenía si ese ya no era el hombre del que me había enamorado?
Otro pensamiento atravesó mi mente en ese preciso instante.
Era probable se estuviera comportando así porque estaba tan nervioso como yo y quería disimularlo, es decir, él siempre fue muy orgulloso y no creía que se sintiera especialmente emocionado por quedar expuesto como lo hizo en Londres. Para sacarme las dudas fui la primera en hablar.
—No sabía que te interesara el arte hasta este punto.
—La verdad no me interesa tanto, mi hermana y Eriol se encargan de casi todo. Yo sólo puse el dinero y me siento a ver las ganancias —respondió levemente avergonzado y sonriendo de lado.
Ahí estás.
—Ese sí es el Syaoran que yo conozco.
Había sido fácil encontrarlo, debía calmarme y buscar la posibilidad de invitarlo a vernos otro día para al fin sacarme esta espina del pecho.
De reojo noté que me sonrió.
¡Sí!
Mi corazón dio un vuelco y sentí la adrenalina llenado mis indefensas venas. Hubiera podido saltar de gusto, pero iba a ahorrármelo por el momento.
—¿Así que trabajas en el teatro?
Se puso serio de nuevo, se estaba haciendo el difícil.
—Sí, en realidad no es algo fijo, estoy en la obra que van a presentar en el estreno.
—Vaya, Fuutie me dijo que se trataba de una producción internacional de alto nivel, te felicito, se ve que lograste lo que querías.
—Bueno, no todo.
Era cierto, pero tenía arreglo. ¿Lo tenía, no? No te caigas ahora Sakura, ¡tú puedes!
—Gracias. Tu teatro es en verdad impresionante.
—Díselo al arquitecto, yo ni siquiera supervisé la construcción. Estoy viviendo en China —hizo una breve pausa—, con mi novia, tú la conoces, es Ai.
Y así fue como a Sakura Kinomoto le arrancaron el corazón y lo patearon lo suficientemente lejos como para que no vuelva a encontrarlo jamás.
¡No debo llorar! ¡NO! Puedo con esto, puedo con esto.
—Ah, sí, tu secretaria —dije con un hilo de voz.
—Ex secretaria, pero sí, es ella.
¡PERRA APROVECHADA!
Está bien, está bien, no sabía cómo habían sido las cosas y no podía simplemente sacar conclusiones absurdas, pero el monstruo de los celos me estaba carcomiendo las entrañas y... ¡diablos! Tenía que salir de ahí cuanto antes.
—Bueno, me tengo que ir, nos vemos luego.
Me apresuré a intentar desaparecer pero me tomó del hombro imposibilitando mi huida.
—Espera, esto no tiene por qué ser así, yo estoy bien, en serio, todo eso quedó en el pasado —Lo miré a los ojos y la ira sólo se desvaneció. ¿Por qué y desde cuándo tenía ese poder sobre mí? —. No te pido que volvamos a ser amigos de un momento a otro, pero creo que podríamos pasar un rato juntos, ¿no te parece?
¿Amigos? ¿pasar un rato juntos? Una cucharada de mi propia medicina. La ira volvió pero no era hacia él o su novia, sino hacia mí, lo perdí por idiota y ahora me tocaba pagar las consecuencias.
—No, Syaoran, no me parece —contesté tajante, no tenía otra forma de comunicarme en ese momento, sólo quería correr y, en lo posible, no verlo más.
—¿Por qué? —preguntó con un mueca que me recordó a la de un niño al cual le niegan el permiso para salir a jugar.
—Ya no importa —dije retirando su mano de mi hombro y encerrándola entre las mías. Por una fracción de segundo creí que podría derrumbarme ahí mismo, pero no me lo permití. De ninguna manera lo haría pasar por la terrible culpa de provocar el llanto en alguien, es horrible, yo lo viví con él, además no quería darle explicaciones—. Realmente espero que seas muy feliz.
Me concentré en guardar para siempre el recuerdo de su calor y me despedí con un austero «Adiós».
Volteé y me escapé lo más rápido que pude evitando que volviera a detenerme. Francamente ni siquiera tenía un rumbo fijo, sólo me fui lejos donde pudiera llamar un taxi para volver al hotel y llorar tranquila.
OoOoOoOoO
Era otoño. Las hojas secas de los árboles crujían en el suelo víctimas de unos tacones que las aplastaban sin piedad al paso de una atormentada joven que se adentaba en las profundidades de un bosque a las afueras de Tokio. Sakura se apoyaba en los troncos y las ramas que cruzaba en su camino como pidiéndoles ayuda para avanzar. Sola no podía, no el estado de convalecencia en el que se encontraba. Una vez que estuvo varios metros alejada de las voces y la música, se dejó abrazar por la Luna que le regalaba una caricia luminosa en el perfil de su rostro. Encontró un claro y mirando el cielo estrellado se dio el permiso de rendirse cayendo sobre sus rodillas. Lloró, lloró como no recordaba que lo hubiese hecho antes, tanto que se avergonzó de no haber sentido semejante dolor ni por la pérdida de su madre pero, ¿quién podría culparla? Tenía tres años cuando Nadeshiko Kinomoto partió y estaba segura de que aún estaba ahí para ella, que no la había perdido realmente, que todavía la amaba.
¿Cómo se puede sufrir tanto por un hombre?
Era ridículo, patético.
Sin embargo no podía evitar preguntarse si había perdido la oportunidad de amar y sentirse amada para siempre o encontraría a alguien más que la hiciera sentir especial otra vez.
Sintió una fuerte opresión en el pecho y un nudo en la garganta que le impedían respirar con normalidad. Era un dolor físico y mental tan intenso que por un momento seriamente se asustó.
«Un duelo, sólo es eso, pasará», se repetía como un mantra.
Empezó a especular.
Es interesante como las decisiones que tomamos y la cosas que decimos o dejamos de decir , cambian el curso de nuestras vidas. Si en vez decirle a Syaoran que sólo lo quería como un amigo le hubiera pedido tiempo para digerir la noticia, él podría habérselo dado y hoy estarían juntos, o no, quizás sí había un destino y su relación estaba condenada al fracaso desde el principio.
Pensar en eso le propició otro golpe, como una violenta patada en el medio de sus costillas esternales. Pero no venía de afuera, sino de adentro, era su corazón buscando su propia extracción.
El recuerdo de la expresión de sufrimiento que desplegó Syaoran cuando ella lo rechazó en Londres la abofeteó y se culpó por eso, de nuevo. ¿Cómo había sido capaz de lastimar de esa forma a una persona que quería tanto? Inmediatamente su conciencia fue al rescate: No lo sabía, no fue a propósito, lo hizo creyendo que era lo mejor para él.
—Y qué bien que me salió —Se burló sin humor.
Volvió a llorar con más ímpetu, necesitaba desahogarse lo suficiente para salir más o menos presentable de su boscoso escondite.
Tuvo el consciente nublado hasta que volvieron las imágenes y algo la reconfortó un poquito.
Syaoran estaba bien, se lo había dicho y demosatrado con su actitud. Sólo esperaba no estarse equivocando, porque lo que más deseaba en este mundo era la felicidad de ese hombre, aunque ya no tuviera participación en ella. Y lo entendió. No tenía sentido alguno pensar en condicionales, sólo le quedaba el presente y la promesa de un futuro. Se recuperaría, ahora lo sabía. Si él pudo dejar en el pasado esa Navidad desventurada, Sakura también podía seguir adelante y quizás hasta encontrar a su equivalente de Ai, el tiempo diría.
Se levantó del suelo limpiando sus piernas después de esta conclusión y se disponía a regresar cuando escuchó el sonido de unos pasos que avanzaban en su dirección. Alguien se acercaba y todas las posibilidades eran malas: De ser una persona, la vería en una situación de vulnerabilidad penosa, malo. Si se trataba se un animal estaría perdida, las pisadas eran demasiado firmes como para ser algo pequeño, muy malo. Y un espíritu podría matarla del susto teniendo en cuenta que en ese momento su salud cardíaca pendía de un hilo, ¿qué hay peor que «muy malo»? Terrible, nefasto, lo que se aproximaba.
Un lobo, el peor de todos.
Giró rápidamente y agradeció que la oscuridad de la noche ocultara sus lágrimas.
—Ahí estás, tú no te cansas de hacerme buscarte, ¿cierto? —dijo Syaoran en un tono divertido con el que planeaba tantear el terreno.
Bien, Sakura no respondía. Nosotros sabemos a la perfección el porqué, pero Syaoran lo ignoraba completamente, por lo que su preocupación se incrementó.
—¿Qué sucede? Estás muy extraña y no entiendo nada —dijo, recibiendo silencio como toda respuesta—. Este lugar está muy oscuro y podrías lastimarte, volvamos a la fiesta, ¿sí?
Cada palabra fue más amable y paciente que la anterior. No quería presionarla, pero que estuviese sola en ese tétrico lugar le decía que se trataba de algo serio. Sakua respiró profundo y trató de que su voz no delatara su estado.
—No es contigo, déjame sola por favor.
—Sí, claro, ¿acaso piensas que nací ayer? Un minuto estábamos hablando muy tranquilos y al siguiente pusiste una cara de ultratumba espantosa y viniste corriendo aquí sin explicarme por qué huyes de mí.
—No estoy huyendo de ti —Cada vez que abría la boca tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para no ahogarse—, vuelve a tu fiesta, sólo quería estar sola un momento.
—No le pediste a Eriol que te dejara sola cuando fue a saludarte. Estabas bien antes de verme.
Se oyó la queja de las hojas desparramadas por el suelo anunciándole a Sakura que Syaoran se acercaba. Entró en pánico.
—Estoy bien, sólo alejate —le pidió en un intento desesperado de que desistiera, pero no lo hizo, se puso frente a ella y la observó. Ella sólo atinó a cubrirse el rostro con las palmas, agachando la cabeza.
—¿Por qué? ¿Te estás convirtiendo en una especie de mujer lobo o algo así?—bromeó él y la hizo soltar una risa involuntaria—. Eso es, así me gusta, ahora déjame ver esa sonrisa.
Syaoran le apartó las manos tirando con delicadeza de ellas y dejándola al fin en evidencia.
—¿Por qué lloras, Sakura? —inquirió con el tono de voz más dulce que se le hubiera escuchado nunca. Ella sólo pudo negar con la cabeza, ya que sus cuerdas vocales estaba enredadas. A pesar de la casi nula cantidad de luz que alcanzaba el claro, pudo notar que la miró con ternura y de la misma forma secó el rastro de agua salada que no dejaba de fluir mejillas abajo.— Anda, dime, antes nos contábamos todo, ¿recuerdas?
—Eso quedó en el pasado, tú mismo lo dijiste —recriminó intentado disimular lo desafinado de su voz.
—No me refería a eso, lo que quise decir-
—Sé lo que quisiste decir —lo interrumpió cruzándose de brazos y desviando la mirada—, pero ya no importa, no quiero verte, Syaoran. Vete.
—No me trates así, Sak, por favor —Sakura lo miró con un desprecio que le dio a entender que no tenía derecho a apodos—. Intento que estemos bien, ya te lo dije, no pido que volvamos a tener la relación de antes pero no quiero que esta discusión sea el último recuerdo que tenga de ti.
—Pues es lo que hay.
—Correcto, como quieras, por lo menos sé que yo sí traté de hacer las cosas bien —dijo resignado escondiendo las manos en los bolsillos de su pantalón y alejándose unos pasos.
—¡Claro! —le gritó Sakura sin intención de ocultar más nada— ¡Yo siempre soy la que se equivoca! ¿no?
—¿De qué estás hablando? Ya no des más vueltas y dime que te pasa de una maldita vez.
Toda su ternura se había ido al caño en el momento en el que se volvió y la desafió con el ceño fruncido.
—Que nunca hago nada bien, que acepté ese trato contigo sabiendo que ese tipo de relaciones no son para mí —le contestó apretando sus puños con furia.
Si sólo se hubiera negado no estaría pasando por esa situación. Ella decía que no se arrepentía, pero es que dolía demasiado.
—¿Qué? —Rió él con un sonido hueco— ¿Es eso? No puedo creerlo... —dijo pateando los restos de árbol a sus pies a medida que caminaba con frustración, revolviendo su cabello y desviando el foco de la loca que estaba parada adelante. ¿Qué tenía que ver eso con ellos ahora?
—¡Mírame cuando te hablo, Li!— espetó más irritada que antes. Él obedeció de forma exagerada llevando sus manos a la cadera.
—¿Está bien así, SAK?
Voy a ahorcarlo, merece que lo ahorque el muy imbécil.
Sakura apretó los dientes desechando su instinto asesino, o guardándolo un momento.
—¿Querías saber qué me pasa? Bien, ahora cierra la boca y escucha —Syaoran se cruzó de brazos consciente de que si se atrevía a decir otra estupidez la interrumpiría le gustara o no—. Siempre, desde el minuto cero me equivoqué contigo. Al principio creí que serías un ligue de una sola noche, error. Después creí que ser amigos con derecho era una buena idea, otro error, no sirvo para eso, no soy capaz separar las cosas. Más tarde me convencí de que eras de verdad mi amigo, mi mejor amigo, y cuando me dijiste que te habías enamorado de mí —Arrastró las palabras con cierta vergüenza y empezó a arrugar nerviosamente la falda de su vestido—, simplemente no entraba en mi sistema porque me había ocupado de no pensar en eso, porque inconscientemente sabía que de lo contrario sufriría. ¿Sabes de qué me di cuenta cuando te fuiste de Londres? De que mi carrera no era lo único que no estaba bien, lo que tampoco podía tolerar era ese enfermoso juego de tenerte en cuerpo creyendo que nunca tendría tu corazón. Me cerré a mí misma, no quise ser la enamoradiza de la historia... pero resultó peor. Tú no estabas físicamente en Inglaterra pero seguías enamorándome más y más con tu cariño y apoyo desinteresados, por lo que en consecuencia incrementé mis esfuezos para negar lo que sentía por ti. No fuiste el único de mis males, necesitaba crecer y hacerlo lejos fue la mejor decisión, sin embargo tenerte acompañándome en el proceso la convirtió en la mejor y más aterradora experiencia de mi vida. Yo te amaba, pero me había engañado tanto tiempo que ya no lo creí posible y lo siento. Cuando me di cuenta de todo esto viajé a Japón tan pronto como pude pero tú estabas en China y no encontré la forma de localizarte. No tienes una idea de lo mal que me sentí por haberte perdido.
Syaoran la miraba como si le estuviese hablando en un idioma extraño.
—Espera —dijo desconsertado—. ¿Por qué?
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué me haces esto?
—No estoy haciendo nada más que decirte lo que tengo atorado hace años —inspiró profundamente— Yo te amo, Syaoran.
—No puedo creerlo —murmuró él enterrando los dedos en el cabello.
—Escucha, no tienes que preocuparte por esto, te repito lo que me dijiste entonces; este no es tu problema, sino mío.
Volvió a murmurar algo, en Chino esta vez, y dijo:
—Esa maldita, maldita y detestable costumbre que tienes de llegar siempre tarde a todos lados.
—¡Lo siento! ¡Sé que es tarde pero hice lo que pude! Y pierde cuidado por favor, ahora veo que tú pudiste superarlo y estoy segura de que yo también podré.
—No podrás —sentenció acercándose hasta que la tuvo a centímetros de él.
—¿A qué te refieres?
—Yo no pude y tú tampoco podrás.
—¿Qué?
—Esto —dijo simplemente antes de tomarla con premura de la cintura y comenzar a besarla con una desesperación tal que a Sakura se le hizo dificultoso seguirle el ritmo al principio, pero lo consiguió. Ambos estaban hambrientos el uno del otro.
Él comenzó a bajar con urgencia por el cuello de Sakura hasta que sintió el sabor metálico de una cadena. Se detuvo un instante y tiró del objeto colgante escondido entre los pechos.
—Aún la tienes —pronunció apenas.
—Claro que la tengo —le contestó con ternura.
Syaoran observó el dije y sintió entre sus dedos la superficie raspada al reverso de la pluma de plata.
—Le grabaste algo al fin.
—Es que antes no sabía que podría ser tan importante como para no querer olvidarlo nunca.
—¿Y qué dice? —preguntó con notable curiosidad, y esperanza.
Ella le sonrió como respuesta a la expresión expectante de él.
—Qué va a decir, tonto, dice Syaoran.
El rostro de él se iluminó pero no contestó, mejor dicho, no con palabras; la empujó con algo de brusquedad contra el árbol más cercano besándola ferozmente y la levantó enrollando un poco su vestido para sentarla sobre sus muslos. Sumidos en una pasión incontrolable, pegaron sus caderas y comenzaron a rozar sus sexos. Cuando Syaoran llevó sus acaloradas manos a la parte baja de la espalda de Sakura y lo sintió jugar con el elástico de sus bragas, ella cayó en cuenta de lo que sucedía.
—Syaoran —escuchó que lo llamaba entre suspiros mientras él se deleitaba saboreando su exquisito cuello—. Syaoran —repitió intentando no jadear—, es en serio, para.
—No te arrepientas ahora, por favor —casi suplicó.
Sakura acarició su mejilla y se permitió perderse en las oscurecidas llamas ambares un instante antes de que no me arrepiento, te amo.
—Yo pensé que me había te había superado, pero evidentemente eso es imposible. También te amo —confesó e intentó continuar con lo que estaban haciendo de una forma más calmada esta vez.
—Pero no podemos seguir —objetó Sakura, besándolo entrecortadamente. Era evidente que a su cuerpo le importaban muy poco las razones de su conciencia.
Él se enderezó y la miró con la perfecta combinación de la sorpresa y el disgusto. Si había algo que Sakura consideraba realmente cruel en este mundo, eso definitivamente era dejar al ansioso Syaoran Li con las ganas. En otro momento no hubiera tenido corazón para hacerlo, además ella también estaba con la temperatura por las nubes, pero antes de que pudiera darle su motivo para detenerse él volvió a hablar.
—Es el lugar ¿cierto? Sí, lo siento, me dejé llevar. Está bien, vámonos de aquí. Todavía tengo mi viejo departamento, estaremos allí en unos minutos —dijo acariciando los labios de su chica de ojos verdes con los suyos—. No puedo esperar para hacerte el amor.
Esa última oración le provocó emociones intensas a Sakura. El ardor que ya se había instalado en su entrepierna se disparó como una columna de fuego después de haberle arrojado un leño grande a una fogata, y su corazón había dado un vuelco tal que creyó que se le saldría. Estuvo a punto de flaquear, sin embargo se mantuvo firme ya que lamentablemente había una más.
—Yo también quiero volver a estar contigo, no tienes idea de cuánto, pero tú estás con alguien ahora.
Syaoran separó sus párpados con impresión y se avergonzó por no haber tenido en cuenta el "detallito".
—Por Dios —exclamó atravesado por la culpa—, tienes razón, Ai no se merece esto.
—Nadie se lo merece— dijo con la voz un poco apagada.
—Lo sé, lo siento— se disculpó siendo conciente de lo que para ella significaban las infidelidades.
—Está bien, creo que casi puedo comprender porque lo hizo Kero, pero no pienso cometer su mismo error tampoco, es decir, no quiero ser la otra ni participar de algo así.
—No eres la otra, para mí nunca lo serás, no habrá otras lo prometo. Ahora tendré que hablar con Ai.
Esto se va poner feo pensó antes de aflojar el agarre con el que sostenía a Sakura, ella le sonrió y automáticamente supo que pasara lo que pasara, todo estaría bien.
(Syaoran)
La solté delicadamente y le permití acomodarse el vestido mientras tomaba algo de distancia. Estaba tan caliente que pensé que alguien podría freír un huevo en mi espalda, y tenerla cerca no ayudaba a disminuir la temperatura, así que me enfoqué en las buenas nuevas.
SAKURA ME AMA.
Realmente desbordaba felicidad en ese momento, es que fue tan sorpresivo que pasé de la confusión -y el enfado- a la euforia en cuestión de segundos. Tengo que reconocer que el que hayamos perdido tiempo por habernos desencontrado me generaba cierto malestar pero no había culpables. Es verdad que ella había llegado tarde pero yo también tuve que darle algunas vueltas al asunto antes de darme cuenta de lo que sentía. Recuerdo que al principio creí que verla con Cerberos me había enojado porque suponía que me había mentido, hasta que varios días después me percaté de que eran celos. Sakura me había buscado pero la muerte de mi madre volvió a separarnos, y otra vez, eso escapaba a nuestro poder de acción. Como sea, ya no importaba; sabiendo que ella me amaba, no existía fuerza en el mundo que lograra apartarme de su lado de ahora en adelante.
—¿Vamos? —me preguntó cuando estuvo lista.
—Emm —mascullé incómodo—. Aún no, tengo un entusiasta aquí que se niega a ceder —dije señalando el bulto bajo mi pantalón. Dirigió la vista hacia la zona indicada y se ruborizó—. Ahora voy a tener que esperar a que se me pase —me quejé irritado.
—Bueno, no te creas que mi estado es mucho mejor tampoco.
—Pero al menos a ti no se te nota.
—Y si... —sugirió haciendo un gesto con la mano.
—No.
—No veo por qué no, la masturbación es algo muy natural —dijo todavía roja y sentándose a mi lado. La imité con algo de dificultad.
—No es eso —Me reí anticipando lo que iba a decir—, a menos que tú quieras ayudarme.
—Syaoran... —me advirtió y la abracé.
—Está bien, como quieras —Volví a bromear fingiendo estar ofendido, ella se rió conmigo y apoyó su cabeza en mi hombro.
Nos quedamos en silencio un buen rato disfrutando de la compañía del otro. Todavía se me hacía un sueño tenerla otra vez entre mis brazos pero me aseguraría de tener tiempo para volver a acostumbrarme, décadas, la vida entera.
—¿Cómo estás? —preguntó de repente.
—Más feliz que nunca.
Me enseñó una sonrisa deslumbrante.
—Yo también, pero no me refería a eso, amor, digo que si ya podemos volver.
—¿Cómo me llamaste?
—Lo siento —se disculpó avergonzada—. Se me escapó.
—Me encantó —le respondí invitándola a tomarme de la mano para ayudarla a ponerse de pie—. Sí, ya podemos volver, amor.
Jamás me cansaría de contemplar su sonrisa ni la luminosidad de ese par de esmeraldas que me hipnotizaron y conquistaron cuando a penas tenía diez años.
Todavía no termina, nos queda algún que otro "detallito" por resolver y este capítulo se iba a hacer desproporcionadamente largo si metía eso acá. En realidad la primera escena con la perspectiva de Sakura fue algo que agregué a último momento, me gustó hacerlo, y espero que no la hayan encontrado repetitiva e innecesaria porque para mí tenía que estar.
Además ya tengo planeado un epílogo pero no lo escribí todavia así que no prometo nada.
Sakurale27: Sakura fue una boluda la pobre jaja Y sí, Ai tiene problemitas, pero ya veremos como reacciona, en teoría ella sabía como venía la mano peeero... Espero leerte de nuevo ! :D
Persona" Me gusta": Me da curiosidad saber que pensabas que iba a pasar y si te gustó como lo resolví yo. Contame ! Saludos :)
Les Cuento a todos que estoy escribiendo algo nuevo (de CCS, obvio) y voy a estar subiendo el primer capítulo esta semana. Está contado en dos planos,uno presente y otro pasado, en el primero vamos descubriendo que hay algo que separó a los protagonistas traumaticamente y en el segundo cuento como se fue consolidando su relación con humor y sandeces romántica como se debe (?) jaja
Les dejo el summary por si a alguien le interesa y se quiere pasar por ahí cuando lo suba:
"El mundo debe estar lleno de historias que no terminan como en los cuentos de hadas, pero, ¿ésta es una de ellas?
Sakura Kinomoto y Syaoran Li se conocieron en la infancia, se acompañaron en su crecimiento y se amaron con una intensidad inusitada; sin embargo, todos los años que pasaron juntos parecieron no significar nada a la vista de un acontecimiento doloroso que abrió un abismo entre los dos.
¿Hasta qué punto serías capaz de perdonar al amor de tu vida?"
Bueeeno, eso es todo por ahora.
Nos estamos leyendo.
Que anden bien.
Éxitos!
Mezzolec.
