¡Hola a todos!

Quiero disculparme por la tardanza. La verdad me cuesta creer que haya ALGUIEN que esté esperando este capítulo, pero de cualquier forma me comprometí a terminar la historia, y dejando de lado mis inseguridades de "escritora", estoy acá para cumplir. Como supongo que sabrán, el fin de año siempre es agitado para todo el mundo, y más para los músicos y cantantes (como yo, que soy ambas cosas) por los conciertos. Así que estuve corta de tiempo. Además, tengo que confesar que el mayor problema fue la falta de inspiración y ganas. Me sentaba a tratar de escribir sabiendo lo que quería contar pero consiguiendo escenas forzadas y feas. Obviamente no les iba a compartir eso, bastante tengo con las faltas de ortografía y gramática que suelo encontrar cuando reviso los capítulos. En fin, pienso seguir explayándome pero una vez que hayan terminado de leer. Así que nos vemos abajo.

Ojalá les guste.


Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen al Grupo CLAMP. La historia sí es mía.


UN MUNDO NUEVO

CAPÍTULO 14: "La esmeralda de la discordia"

(Sakura)

Había sido un día realmente agotador. Tuvimos el ensayo general y la prueba de vestuario muy temprano en la mañana, y puedo decir satisfecha que todo salía de maravilla. Al mediodía me reuní con el agente inmobiliario que se encargaba de la transacción del departamento que había alquilado para firmar el contrato. Y por la tarde iba a encontrarme con Meiling, Kero y Tomoyo en la nueva casa de la última. El recién estrenado hogar de mi amiga me recordó al de su infancia. Tía Sonomi era una mujer elegante y ostentosa, su mansión estaba sobre una colina a las afueras de Tomoeda en el barrio más exclusivo de la zona. Al igual que la de su hija ahora, la construcción era imponente y de estilo francés. Contaba con una enorme reja de hierro forjado en negro que delimitaba el final de la calle y el comienzo del delicado jardín delantero rebosante de flores y arbustos. Desde mi puesto pude reconocer a Kurogane sentado debajo de un árbol en pose india con los ojos cerrados. Cuando me miró de repente con el ceño fruncido di un respingo de la impresión. No tengo idea de cómo se dio cuenta de que estaba ahí, juro que no me había movido un centímetro desde que llegué. Se acercó a mí con paso firme y su típica cara de pocos amigos, abrió la entrada con un botón lateral y ladeó la cabeza invitándome a pasar.

—Tomoyo y tus amigos están atrás —dijo el moreno grandulón también conocido como el esposo de mi mejor amiga.

—Muchas gracias. ¿Tú cómo estás? Hace mucho que no te veo.

—Bien, estaba entrenando cuando te sentí.

Sí, Kurogane era un experto en Artes Marciales. No sé que tanta utilidad tenga en pleno siglo XXI pero para él era todo un estilo de vida.

—Bueno, te dejo seguir, nos vemos luego.

—Oye —me llamó y me volteé. Se aclaró la garganta y dijo:

—Me alegra que te quedes en Japón, se te extraña por aquí.

Eso fue lo más bonito que me haya dicho en la vida. Le sonreí a más no poder.

—¡Gracias! No creo que vuelva a irme, este es mi hogar.

Emitió un sonido profundo de aprobación y sonrió de lado antes de alejarse en dirección opuesta a la mía. Casi pude entender que le veían Tommy y Fye; era algo bruto y tosco, pero también un poco sensible, de hecho, siempre supe que tenía un gran corazón. Desde ese momento me ocuparía de conocerlo más, aunque a Kurogane no le gustara mucho el contacto con otros de su especie, me había dado a entender que yo le caía bien. Era toda una privilegiada.

Perdida en mis cavilaciones rodeé el caserón hasta dar con el jardín trasero. A pesar de ser otoño, el clima estaba templado y el sol brillaba con intensidad. Mis tres amigos estaban sentados alrededor de una mesa redonda degustando té y pasteles.

—Gracias por esperarme, insensibles.

—¡Sakurita! —gritó Tomoyo saltando de su silla a mis brazos—. ¿Cómo has estado?

—Bien Tommy, ¿Euphie?

—Está durmiendo adentro, una de las niñeras la está cuidando.

—¿Una de las niñeras? —preguntó Kero mientras deshaciamos nuestro abrazo de saludo—. Por todos los cielos Tommy, eres peor que tu madre.

Me acerqué a Meiling para saludarla de igual forma que a los demás, me correspondió y me invitó a sentarme a su lado.

—Cuando tengas hijos sabrás lo que es tener la necesidad de darles lo mejor, Kero.

—Imagino que ese razonamiento tiene que ver también con la bestia que tienes por casa, Daidouji.

La aludida sonrió como respuesta al comentario de Mei.

—Jamás quise usar el dinero de mi herencia, quería ganarme lo mío, pero ahora mi prioridad es darle todo lo que pueda a mi bebé.

—Mientras no te salga una malcriada como Mei... —bromeó Kero y recibió un golpe en la pierna. Todos terminamos riendo por la escena.

—Así que... -Empezó Meiling entrecerrando los ojos y mirándome con sospecha— Con que volvimos a las andadas.

Al principio no entendí, pero después recordé una conversación telefónica que tuve con mi prima.

—¡Tomoyo!

—¿Qué? Todos somos tus amigos y tenemos derecho a saber por igual, además —Llevó sus manos al rostro con ilusión—, me hace tan feliz que al fin estén juntos. ¡Es todo tan romántico!

—A mí me sigue dando mala espina.

—¿Tienes alguna queja de mi primo, muñequito?

—¿Y qué si la tengo, chiquilla?

—Kero, Mei, no discutan, tienen misma edad. Además todavía no estoy con Syaoran, no hasta que no arregle las cosas con su novia.

—Espero que eso sea pronto, la garrapata esa no me dejaba ni acercarme a él cuando venían a Tokio. ¡Soy su prima por los Dioses!

—Y su ex-prometida, Meiling —repuso Tommy.

—Sí, ¡hace como veinte años! De sólo pensar en estar casada con ese egocéntrico me dan escalofríos —dijo fingiendo temblar.

—A mí Li me parece un hombre educado y amable.

—Porque no lo conoces bien —contestó Mei con sorna.

—Bueno, yo no vine hasta aquí para hablar de ese tipejo.

—¡No le digas tipejo, Kero!

—"No le digas tipejo, Kero" —me imitó torciendo la boca con burla y recibiendo mi mejor cara de odio—. Ya, ya, pasemos a algo más agradable. Escuché que te quedas a vivir en Tokio.

—¡Sí! —chillé emocionada— Acabo de firmar el contrato, es oficial.

Los tres hicieron gestos alegres y me felicitaron.

—Estupendo, Sakurita. Y como sabía cuales eran tus planes, quise ser el primero en darte un regalo para tu nueva casa —Se agachó y sacó una caja marrón con agujeros de debajo de la mesa—. Bienvenida.

Tomé el objeto de cartón con cautela y le quite la tapa. Lo que encontré me llenó de ilusión.

—¡Un gatito! —El pequeño maulló en lo que yo interpreté un como saludo, y lo acurruqué en mis brazos. Era una pequeña bola de pelo castaño muy claro, casi dorado, con manchas blancas en el torso y a los lados de ambos ojos— Es precioso, Kero, gracias. —Le di un beso en la mejilla y se enderezó orgulloso.

—¿Cómo lo llamarás? —preguntó Tommy.

—Kero.

—Discupa, yo tendría que elegir el nombre, Mei.

—Lo sé pero sólo míralo, se parecen: rubios, cara de mochi*, ambos molestos. No sabes lo inquieto que estuvo antes de que llegaras —Mi nueva mascota saltó a la mesa directo a cazar un pastelito—. Hasta es un glotón, es perfecto.

Miré a mi amigo y su versión felina y no pude contener la risa. Los dos estaban comiendo felices un dulce totalmente abstraidos del mundo.

—Tienes razón —afirmé—. Basta, Kero, son demasiados.

Volví a levantarlo y lo acosté en mi regazo.

—¿Qué?— cuestionó el Kero mayor con la boca llena y una expresión de disgusto.

—No tú, el gatito, le puse Kero. Por mí, hártate hasta la diabetes pero no quiero que este precioso se enferme.

—Gracias, Sakura, yo también te quiero —Tragó—. Pero me gusta el nombre, definitivamente será un gran gato.

Las tres reímos cuando Kero puso sus brazos en jarra y alzó el mentón en su típica pose de Dios griego.

—¿Y Emma? Sabías que podías invitarla, ¿cierto? Me cayó muy bien.

Asentí a Tomoyo.- Está buscando trabajo, yo le dije que podía ayudarla una temporada pero se niega.

—Bueno, me parece bien. Si planea quedarse es bueno que tenga un poco de independencia.

—¿Esa es la pegatina que te trajiste de Inglaterra? —preguntó Meiling algo irritada. Ella era muy celosa, hasta de sus amigos. No llegué contestar porque Kero se me adelantó.

—Oye, no hables así de la chica, seguro que le tienes envidia, ha de ser muy guapa.

—Lo dudo —contestó cruzandose de brazos.

—Las inglesas suelen serlo.

—No tienen chiste.

—Más que las chinas.

—No es cierto.

—Cálmense ustedes dos —los reprendió con suavidad Tomoyo. Su papel de madre de todos nosotros se había intensificado desde que se convirtió en una de verdad. Por mi parte, no salía del asombro de ver a Meiling roja de furia y a Kero riéndose en su cara.

Se callaron un momento, obedientes pero aún tensos, hasta que el rubio se acercó a Mei y le susurró algo al oido. De repente vimos un pastel viajando con fuerza justo al centro del rostro de Kero. Tomoyo y yo ahogamos en gemido de sorpresa mientras que Meiling se limpiaba las manos orgullosa y su víctima la miraba con rabia sin evitar alargar la lengua para devorar la crema que caía por sus mejillas.

—Mmm, rico —Cogió otro de mismo sabor—. Deberías probarlo —dijo antes de impactarlo en la boca de Meiling y salir corriendo. Ella se levantó de golpe y comenzó a perseguirlo con decisión.

Tommy los miró divertida y fue a la cocina a buscar más pasteles.

—¡Sakura, ayúdame!

—¡Ven aquí cobarde!

—¡Jamás, loca!

Evidentemente ninguno de los dos se percató de la piscina a la que...

—¡Cuidado! —grité.

Tarde.

Ambos cayeron al agua provocando una gran ola que empapó a Tomoyo. Los tres nos quedamos inmóviles por lo que me parecieron siglos esperando su reacción. Se giró suavizando su expresión y comenzó a reír a carcajadas, todos la seguimos y el ambiente se calmó.

Mi prima corrió a la piscina y se tiró con vestido y todo.

—¡Ven, Sakura, está deliciosa!

—¡Voy!

Definitivamente estaba en casa.

(Syaoran)

—¡Buenas noches, Romeo! —cantaron Eriol y Fuutie al unísono.

Suspiré con pesadez.

—Pasen, par de plagas.

—Trajimos un vino para celebrar el éxito de nuestro plan —dijo él meneando una botella de tinto.

—Sí, valió la pena casi haber obligado a la pobre Sakura a ir al evento, de seguro me gané algún insulto, pero que más da.

—Esperen, ¿ustedes lo planearon? —pregunté enfocando mi atención en la mujer que se desplomaba en mi sofá mientras yo habría una ventana para poder fumar sin tener que soportar sus quejas.

Escuché la voz de mi amigo alzándose desde la cocina.

—Sólo les dimos un empujoncito, confiabamos en que tus habilidades de galán no nos defraudaran.

Si supieran.

—Además, debes agradecerme, no sabes la cantidad de hombres que tuve que sacarle de encima a tu chica —añadió Fuutie.

—¿De qué hablas?

—Pues, se le acercaban con segundas intenciones. Al principio pensé que ella los seducía, pero después me di cuenta de que es demasiado inocente para eso, así que te la cuide mientras aparecías.

—Cuéntale cómo lo hiciste —pidió Eriol sonriendo mientras buscaba el destapador en un cajón.

Fuutie empezó a reír.

—¿Qué hiciste? —Me puse serio. Viniendo de mi hermana podía esperar cualquier cosa.

—Sólo les di a entender que se estaban metiendo en mi territorio.— Sonrió con picardia.

—No lo hiciste.

—Oh sí, ahora todos piensan que soy toda una amante celosa.

Mi amigo amplio su sonrisa y nos sirvió.

—Hasta a mí me llegaron rumores de sus supuestos encuetros en tu oficina.

Volví a mirarla en busca de una explicación.

—No le hice nada, cambia esa cara —Se defendió alzando las palmas—. Sólo la invitaba a tomar té y charlar, así mataba dos pájaros de un tiro. "Confirmaba" lo que insinuaba y de paso la conocía un poco más. Ya sabes, tenía curiosidad.

—Estás loca.

—Lo hice por ti, hermanito —Me abrazó y apreté los dientes—. Hablando de obstáculos, ¿cuándo llega Ai?

—No la llames así. El sábado en la mañana.

—¿Y pensaste lo que vas a hacer?

—Aún no estoy seguro, quizá la invite a almorzar a algún restaurante y se lo diga.

—Me parece bien —Eriol nos extendió las copas y sacó una bandeja de quesos y fiambres de una de las bolsas que habían traído—. Un lugar público te ayudará a evitar un escándalo.

—Yo no estoy tan segura. Imagina que no le importa hacer una escena, quedarás como un ogro frente a un montón de desconocidos. Mejor hazlo aquí, que grite y patalee todo lo que quiera y podrás tranquilizarla sin pensar en los espectadores.

—¿Por qué asumen que hará una rabieta? —cuestioné molesto— Ella es una buena mujer, madura y responsable, no una niña a la que le niegan un juguete.

—No creo que te considere un juguete, hermano, pero estoy seguro de que la situación no le va a gustar nada.

—No es nuestra intención faltarle al respeto, Syao, sólo queremos que estés prevenido —me dijo Fuutie en un tono afable.

—Yo la conozco más que ustedes, por supuesto que no será algo fácil de digerir pero confío en mi experiencia. Ai sabía desde el principio como eran las cosas, me ocupé de dejárselo claro. Entenderá.

—Bien, ojalá sepas lo que haces.

—Está todo bajo control pero gracias. —Le sonreí a mi hermana y me devolvió el gesto con una mueca que supuse que escondía su preocupación.

Francamente no podía entender por qué se comportaban así, ellos no la conocían ni la mitad de lo que yo lo hacía. Tanto Eriol como Fuutie tenían caracteres animados e imperturbables, incluso esperaba que se burlaran de la situación varias veces hasta que los hiciera callar con amenazas, pero en vez de eso, mostraban su inquietud y "solidaridad" lo cual me hacía pensar que me estaba perdiendo de algo. ¿Acaso Ai les había mostrado una cara que a mí no? ¿O creían que yo no me daba cuenta de lo delicado de la situación? Obviamente era consciente de los sentimientos de Ai hacia mí, como ella debía serlo de que no eran correspondidos. Puedo ser muchas cosas, pero nunca un mentiroso. No recuerdo una vez en que le dijera que las cosas habían cambiado. Nuestra relación se seguía basando en lo mismo desde el principio: confianza, atracción y constancia. Eso último de su parte.

—¡Oye, Eriol! No bebas todavía, tenemos que brindar.

—De acuerdo, un único brindis. Por las segundas oportunidades. —Eriol alzó su copa guiñándole a Fuutie. Ella bebió y se atragantó.

—¿Estás bien? —pregunté.

—Sí, sí claro —afirmó en medio de un ataque de tos.

—Correcto, ¿qué sucede?

—Vaya, te has vuelto observador, pequeño saltamontes.

—Contesta- exigí.

—Digamos que no eres el único que las está aprovechando.- Eriol tomo la mano de mi hermana y ella agachó la mirada roja hasta las orejas.

Mientras comíamos me contaron como el trabajo los había acercado de a poco, pero que realmente no había sucedido nada entre ellos hasta la noche de la recepción, cuando Eriol la vio bailando muy cerca de un tal Aquito. Eso lo hizo rabiar al punto de empujar al sujeto y besarla enfrente de todos los invitados. Terminaron discutiendo a los gritos hasta que mi amigo se la llevó y expuso lo que volvía a sentir, según él, con más fuerza que antes. Todo un espectáculo.

Como es natural, amenacé al cuarto-ojos. Qué no se le ocurriera hacerla sufrir otra vez o lo buscaría y lo haría lamentar haber nacido con un cromosoma Y. Ya no tenía margen para los errores y me ocupé de que lo tuviera presente.

Más allá de eso, me alegraba por ellos. No me gustaba ver a mi hermanita sola y sabía que, aunque fuera a punta de escopeta, Eriol cuidaría de ella. Llámenme ingenuo, pero le creí cuando juraba que no volvería a lastimarla. Además, yo también tenía otra oportunidad con Sakura a pesar de haberme comportado como un patán. Podría decirse que no las merecíamos, pero que la suerte al fin nos sonreía.

(Sakura)

Syaoran y yo parecíamos dos adolescentes en su primera relación. Nos pasábamos todo el día enviándonos mensajes de texto con bromas y comentarios sin sentido que me hacían sonreír como tonta de forma involuntaria, simplemente no lo podía controlar. Tampoco faltaban los "Te extraño" y tuve que censurar sus "Te amo" porque me hacían sentir culpable. Lo sé, era sólo un mensaje, además ya nos lo habíamos dicho, pero no me sentiría del todo cómoda con mi felicidad hasta que no estuviese segura que su novia ya no lo era. No es que desconfiara de él, sabía que en cuanto ella llegara le aclararía todo, pero no podía evitar sentir un poco de pena. Me vi en su lugar y el corazón se me aplastó. Sólo esperaba que él no fuese tan brusco. La necesidad de Syaoran por ser sincero y claro hacía que por momentos se tornara algo apático, por decirlo delicadamente. Por supuesto tuve que explicarle todo esto a él, todavía estaba inseguro sobre mis sentimientos y mis censuras no ayudaban en lo absoluto. Me había confesado que temía que me arrepintiera.

Como si eso fuera posible...

Y así fue como me convenció de que nos viéramos esa semana. Prometió que mantendría las manos quietas y no habría besos, sólo quería verme y, como supondrán, yo también tenía el mismo deseo. Estaba ansiosa por redescubrir la intensidad de su mirada y escuchar su risa sin la interferencia de un aparato digital.

Fuimos por un café y después al cine. En un momento de debilidad, me recosté en su hombro y lo abracé por la cintura. No dijo nada, sólo pasó su brazo alrededor de mi cuello y me atrajo más a él. Estaba completamente embelesada por el aroma de su perfume y el calor de su pecho. Cuánto había soñado con volver a tenerlo así.

Después de la película de superhéroes más graciosa que hubiera visto, me propuso ir a cenar a su departamento. Al principio me negué, recelosa de que haya malinterpretado mi gesto en la sala, pero me aseguró que se comportaría y que después de comer me llevaría al hotel. La verdad no le tomó más que ese argumento para que aceptara, yo me hacía la fuerte pero en realidad tenía que morderme la lengua para no saltarle encima.

—No, no, tú eres demasiado serio para ser como Deadpool, serías más como Batman.

Syaoran rió abriendo la puerta de su casa.

—A ver señorita lista, y eso por qué.

—Ya te dije, es más serio, paciente e inteligente. Es más, hasta me puedo imaginar a Wei como tu fiel Alfred.

—Lástima que Wei ya está viejo para esas aventuras.

—También Alfred, no subestimes las capacidades de las personas de la tercera edad, Syaoran.

—De acuerdo, ¿y qué más?

—¿Qué más quieres?

—Te estás olvidando de algo vital. Tanto Batman como yo somos sexies.

Solté una carcajada y lo apunté con mi sobre rosa metalizado.

—Mírate nada más, Li. Admirando a otros hombres.

Se encogió de hombros despreocupado y seguro en lo que se sacaba los zapatos.

—Para nada, sólo reconozco a un par cuando lo veo.

—¿Ah, sí?

—Admítelo —susurró acercándose a mí—. Soy muy sexy —recalcó mientras acariciaba los costados de mi cintura. Aún en la oscurecida sala pude notar como se le formaban unos sutiles pliegues en los extremos de los ojos y que su hermosa boca se curvaba formando una sonrisa burlona.

Esa mirada, esa sonrisa y su cuerpo casi pegado al mío, eran el combo perfecto para que yo perdiera los estribos.

Estaba jugando sucio.

Con lo poco de cordura que me quedaba, dejé de babear esperando que eso me ayudara a hilar una oración que lo convenciera de desistir.

—Syaoran, espera.

—Contéstale.

De repente se encendió la luz cegándome un segundo. Lo primero que vi fue una valija pequeña y unos pies metidos en tacones altos. Seguí subiendo la vista y me encontré con una falda, una camisa azul y unos brazos cruzados. Mi recorrido terminó en el rostro bronceado de una mujer considerablemente más alta que yo, de cabello negro y penetrantes ojos verdes, cuya mirada intentaba asesinarme a través del cristal de sus lentes. Nunca recibí tanto odio de alguien antes.

—¿Qué estás sorda? Te dije que le contestaras.

—Ai, ¿qu- qué est- estás haciendo aquí?

Genial, yo con una parálisis y Syaoran con un ataque de tartamudez.

—Vine a darte una sorpresa, cariño, pero veo que soy yo quien la recibe.

—Pero cómo estraste.

—Hice una copia de tu llave antes de que te fueras. Ya te dije, quería sorprenderte.

Syaoran todavía tenía las manos en mi cuerpo, así que haciendo un esfuerzo por recuperar mi función motora, me aleje unos pasos.

—No querida, no te vayas. La fiesta aún no comienza y tú eres nuestra invitada de honor.

—Ai, ya deja el sarcasmo —suspiró Syaoran, anticipándose a una conversación que de seguro no disfrutaría—. Mira, realmente no quería que te enteraras de esta forma. Pensaba hablar contigo el sábado.

—Entonces —dijo Ai con un hilo de voz—. Entonces es cierto —Sus ojos se llenaron de lágrimas y dejó caer sus brazos al costado del cuerpo—. Te estás acostando con ella.

Yo me sentía cada vez más pequeña y desubicada. Ese asunto era algo que debían resolver entre ellos, era como estar viendo una escena de una película que sabía que me iba a hacer llorar.

—No —se apresuró a aclarar el hombre a mi lado—. No nos acostamos, no te engañé. Es decir, sí, pero no como crees, yo no, nosotros no llegamos tan lejos. Quería que supie-

—¡¿Ah, no?! —Esta vez la morena gritó cerrando con fuerza los puños. Recién en ese momento me percaté de que sostenía algo pequeño—. Si es así, podrás explicarme qué mierda significa esto —Abrió la cajita de terciopelo y arrojó un anillo a los pies de Syaoran—. Porque yo que sepa no me llamo Sakura.

Por inercia levanté la sortija adornada con una hermosa esmeralda cúbica y leí el interior. Grabado en letras cursivas sobre la plata decía:

Quédate conmigo para siempre, Sakura.

Me quedé tiesa, otra vez. No podía pensar ni mucho menos emitir palabra. En eso, escuché la risa forzada de la otra mujer en la habitación.

—Dios, sólo mírala, Syaoran, ¿en realidad creíste que se casaría contigo? —Dio grandes zancada hasta llegar a él y apoyó las manos en su rostro—. Ella no te quiere, sólo te busca cuando le conviene y se larga cuando se aburre de ti. No vuelvas a pasar por esto, no podrás soportarlo.

Lo vi bajar la mirada. No la apartó, no lo negó, sólo desvió los ojos mientras su semblante se llenaba de pena. No podría creer que aún lo dudara. Yo lo amaba. Se lo había dicho, ¿qué no me creía?

—Ai —la llamó pero ella lo interrumpió.

—Ahora veo que ese cuento con Nakuru era cierto, no sé por qué me mentiste pero es obvio que ella pasó por lo mismo que yo en este momento.

—¿Qué? ¡No! —negó enérgicamente y la alejó de sí.

—Ella te hace mal, no puede verte feliz con alguien más. Lo nuestro es de verdad, Syaoran, yo te amo, podemos resolverlo. Volverás a olvidarla.

—¿Quién es Nakuru? —Ambos voltearon a verme. Ai con furia renovada y Syaoran con sorpresa, como si hubiese olvidado que yo seguía ahí- ¿A quién se refiere?

—Nakuru era su novia cuando tú apareciste hace años, niña.

—¿Qué?

—NO. No es verdad, ella no era mi novia. Ai, ya te expliqué como fueron las cosas.

—Si no era tu novia, quién era y por qué ella dice que pasó por lo mismo.

—Nakuru era una compañera de trabajo, la conocí antes de volver a encontrarte —Syaoran me hablaba como si intentara defenderse después de haber sido atrapado en un engaño. Se acercó a mí y di un paso hacia atrás-. Escucha, ella y yo tuvimos una especie de relación informal, fue sólo sexo, Sakura, te lo juro. Tienes que creerme.

Sólo sexo. Esa idea le causaba repulsión, pero no quería desviar el foco.

—Y por qué...

—Porque cuando comenzamos a vernos ya no quise acostame con ella, se volvió loca y le dijo a todo el mundo que la había traicionado pero no fue así, no teníamos nada.

—Te ves patético.

—Tú cierra la boca, Ai. Sakura, por favor, por favor créeme.

—¿Por qué debería creerte? —Él retrocedió como si lo hubiera golpeado—. Tú no crees es mí, vi como dudaste cuando te dijo que yo no te quería- espeté señalando a nuestra esbelta espectadora.

—¡Sí te creo! ¡Diablos! ¿Por qué iba a pedirte matrimonio si no? Usa la cabeza, por Dios. No dudé de ti ni un segundo.

—Pero... —musité confundida.

—Sólo —Continuó—, sólo que me diste lástima —dijo dirigiendo la vista a su anterior interlocutora.

Ahí estaba su cruel sinceridad otra vez.

—Syaoran, te está volviendo a enredar.

—No, no lo hace, Sakura no es así, y estoy empezando a creer que la que me enredó fuiste tú.

—¿Disculpa?

—Soy un imbécil —Se llevó las manos a la cabeza y tiró de varios mechones castaños—. ¿Cómo no me di cuenta? Aprovechaste un momento en el que no estaba bien y me convenciste de que eras la única persona que se preocupaba por mí.

—¿Cómo puedes pensar así de mí? —Ai se quitó los lentes y retregó los ojos para secar las lágrimas que volvían a brotar de ellos—. Te acompañé, y cuidé, te amé como nadie.

—Porque te convenía- sentenció el insensible y frío Syaoran Li que yo tan poco había visto pero que sabía que era capaz de destrozarte el autoestima. Tendría que aprender a ser consciente de que esa faceta también era parte del hombre que amaba-. Largo.

—¿Qué?

—Me escuchaste, no te mereces una explicación, no mereces nada. Me das lástima. Me siento avergonzado de haber perdido el tiempo contigo, Minagawa.

Ai tomó su pequeña maleta y se dirigió a la puerta dando pasos fúnebres. Syaoran irradiaba altaneria e inflexión, tanta que me hizo odiarlo y temerle por partes iguales.

Escuchamos la puerta cerrarse y volvió a ser él, sus ojos recuperaron el brillo y sus músculos faciales movilidad.

—Siento que hayas tenido que pasar por eso.

—Eres un idiota.—Lo empujé cuando intentó abrazarme.

—¿Y ahora qué bicho te picó? —repuso frunciendo el ceño.

—Esa mujer —dije señalando la entrada—, no te engañó, no te manipuló. Lo único que hizo fue apoyar al hombre que amaba cuando creyó que lo necesitaba. No puedes culparla por acercarse a ti cuando tuvo la oportunidad.

—¿Cómo puedes saber eso? No la conoces, no estuviste ahí.

—Pero reconozco un corazón roto cuando veo. Ya estaba herida cuando llegamos, lo lógico era que atacara, pero actuaste como un idiota y terminaste por enterrarla. Piensa qué hubieses sentido si yo te tratara como tú a ella.

—No podría soportarlo pero Sak...

—Nada de Sak. Que te engañen no es fácil. Miles de cosas pasan por tu cabeza. ¿Tan mal estoy? ¿Qué no le di que ella sí? ¿Por qué no me quiere, qué tengo de malo? —Empecé a rememorar todas aquellas cosas que me torturaron por meses después de lo de Kero. Afortunadamente ya no dolían, pero recordaba lo que se sentía—. No importa si fue un beso, un acostón o una familia secreta. La traición duele. Y saber que no olvidaste a alguien a pesar de todos sus esfuerzos debe ser peor.

—¿Qué pretendes que haga? No voy a volver con ella sólo porque a ti te trae malos recuerdos o te da culpa.

Estaba ofendido, tenía ese gesto de niño rebelde que me derretía. Me acerqué y lo obligué a mirarme. Nuestros ojos se encontraron y yo sentí que el corazón me daba un vuelco y las mariposas en mi estómago volvían a danzar.

—No quiero que vuelvas con ella. Te amo, eres mi compañero, mi mejor amigo, el hombre de mi vida.

Me elevé en puntas de pie y aún así no alcancé su rostro, por lo que llevé mis manos a su nuca y me colgué llegando al fin a besar sus labios. Todavía estaba rígido, pero me correspondió envolviéndome entre sus brazos y pegando su cuerpo al mío.

—Supongo que la buscaré mañana y trataré de hacerlo mejor —dijo a penas nos separamos.

Le sonreí con todo lo que tenía.

—Bien, ya que resolvimos eso... —Giré sobre mis talones y entré a su cocina— ¿Qué tienes para comer?

(Syaoran)

Mientras Sakura revolvía mis cajones y saqueaba la heladera, me quedé meditando en lo que me había dicho y llegué a la conclusión de que efectivamente me había comportado como una bestia.

Como ya dije, mi relación con Ai Minagawa no fue especial ni excesivamente apasionada, pero tampoco puedo decir que no la haya pasado bien o que no haya sido una buena compañía. Es más, fue divertido la mayor parte del tiempo, sin contar todo el apoyo que me ofreció y yo me encargué de despreciar dejándome llevar por emoción del momento.

Lo cierto es que estuvo conmigo en momentos difíciles, me sostuvo incluso cuando extrañaba demasiado a Sakura y me soportó hablando de ella durante meses. Estaba seguro de que no sería ninguna novedad que le dijera que aún la amaba -cosa que a esta altura ya era más que evidente-, sin embargo, merecía que fuera lo más delicado posible. Haría todo lo que estuviese a mi alcance para que no creyera que la descartaba y supiera lo mucho que agradecía lo que había hecho por mí. No sabía si me otorgaría la oportunidad de corregir mis errores después de como me comporté, pero le debía el intento.

Una vez hube tomado esa decisión mis pensamientos volvieron a la pequeña castaña que luchaba con una pesada olla llena de agua.

Habían pasado años, miles de conversaciones con incontables niveles de profundidad y Sakura jamás dejaba de sorprenderme. No sólo su corazón, que sobrepasaba lo compasivo, sino su capacidad para sobreponerse de una situación desagradable y continuar con una sonrisa como si nada.

Esa mujer era admirable.

Encontramos unos fideos y una lata de salsa entre las cosas que Eriol y Fuutie me habían dejado para que no muriese de hambre esos días. Rayamos un poco de los quesos que habían sobrado de la noche anterior sin importarnos si realmente servían para eso. Pronto notamos que no por la forma en la que se pegotearon al rayador. Yo había planeado pedir algo para cenar pero cocinar con Sakura, aunque fuera algo sencillo, era mucho más divertido.

Nos sentamos en el piso y comimos sobre la mesita de café. Me contó que cuando estaba en Inglaterra su madrastra los obligaba a ella y a su padre a ocupar la mesa de la forma tradicional japonesa y se había acostumbrado, además de haberse convencido de que esa era una manera más íntima e informal de compartir. Sonreí. Así como estaban marchando las cosas, pronto yo también sería su familia y, lo que es más, podríamos ocuparnos de aumentar el número de integrantes cuanto antes.

Lo que me recordó que Ai arruinó mi sorpresa.

Sé que hacía muy poco que estábamos juntos de nuevo y, a decir verdad, no habíamos pasado un sólo minuto como una pareja oficial, pero poco me importaba. Ya había estado demasiado tiempo lejos de ella como para darme el lujo de vivir un noviazgo. De eso nada, íbamos a saltárnoslo, Sakura Kinomoto sería mi mujer lo más pronto posible. Si ella aceptaba, claro.

—¿Syaoran, te encuentras bien?

Relajé el rostro cuando me di cuenta de que estaba frunciendo el entrecejo.

—Sí, sólo pensaba, no te preocupes.- Volví mi atención al plato casi vacío y la sentí acercarse a mí.

—Em, quería preguntarte algo.

Arqueé las cejas y asentí animándola a seguir.

—En serio ibas a —Sacó el anillo que le había comprado de uno de sus bolsillos y lo colocó suavemente sobre la madera.

—¿Proponértelo?

Agitó la cabeza afirmativamente y comenzó a mover los dedos sobre su regazo.

—Sí, planeaba hacerlo después del estreno.

—Y... —dudó y luego ocultó la esmeralda bajo su palma. La arrastró hasta que quedó frente a mí y terminó de pegarnos apoyando las rodillas al costado de mis muslos-, dime, ¿cómo lo habrías hecho?

—Sakura, no creo que este sea el momento.

—Por favor, sólo dímelo —pidió con una sonrisa que iluminó sus ojos.

Relaje los hombros. Simplemente no podía negarle nada cuando me miraba así.

—De acuerdo. La idea era llevarte a cenar después de la función a un restaurante que ya tengo reservado.

—Ya hemos cenado. ¿Qué más?

¿Qué pretendía?

—Bien, no sé, si hubieses querido, podríamos haber bailado un rato. Fuutie me recomendó el lugar por su orquesta.

—Lo dejaremos para después. Continúa.

—Te hubiera llevado al balcón, el cual tiene una vista increíble de toda la ciudad.

Se paró de un salto volviendo a agarrar la sortija y me tomó de la mano. Ignorando mis protestas, me arrastró al ventanal hasta que estuvimos frente a frente con la panorámica de los edificios iluminados por la Luna de fondo.

—No hay balcón pero la vista es preciosa.

—Sakura, sé lo que intentas pero podríamos esperar a hacerlo bien —dije poniendo mala cara.

—¿Y así me lo hubieses pedido? ¿En ese balcón? —interrogó pasando por alto lo que le había dicho.

—Ajá- corroboré casi alcanzando la resignación.

—Hazlo.

—Sakura.

—Está bien, lo haré yo —Se arrodilló y sin ocultar su diversión recitó:— Syaoran Li, ¿te casarías conmigo?

—Por Dios, estás loca. —Me agaché para levantarla pero me retuvo en cuclillas hacendo fuerza contra mis hombros.

—Estás perdiendo tiempo valioso, Li —Me miró a los ojos con expectativa y ese brillo especial que sólo ella tenía, resplandeciendo—. ¿Aceptarías casarte con esta loca, terca, llorona y enamorada mujer?

¿Qué sentido tenía? Cuando se le metía algo en la cabeza era tan incontenible como cualquier fuerza de la naturaleza que se les ocurra. Oponerse era una simple pérdida de tiempo y energía.

Respiré y me relajé. De repente, nada era más relevante para mí que pensar en compartir mi vida con ese metro y medio de locura y terquedad.

—Por supuesto que sí —Salió desde lo más profundo de mi psiquis.

El rostro de Sakura se enterneció de manera paulatina con una sonrisa y yo me perdí admirando dicho paisaje hasta que su voz me despertó.

—De todas formas no voy a darte mi anillo, así que... —Lo colocó entre mis manos y extendió la suya. La acaricié y me incliné hacia adelante mirándola fijamente a los ojos.

—¿Te casarías conmigo, enana? —dije como si aquella fuera la frase más solemne mundo en vez de la petición más ridícula.

Comenzó a reír con sus esmeraldas reluciendo más que la que deslizaba por su dedo. Cuando terminé estaba derribado y recibiendo el abrazo más apretado que me hubiesen dado nunca.

—¡Sí, sí, sí! Mil veces sí —chilló con alegría.

Aflojó su agarre y se sentó a horcajadas sobre mi cadera. Nos miramos un minuto, quizá más, eso no es realmente lo importante, sino el ambiente de calidez y tranquilidad que se palpaba en el aire.

Intenté enderezarme pero me inmovilizó sobre el parquet enterrando su cabeza en mi cuello. Sus manos subían y bajaban por mi pecho mientras repartía pequeños besos por mi mandíbula hasta llegar a mi oreja.

—Hoy vas a quedarte muy quietecito, quiero consentir un poco a mi prometido.

Y así lo hizo. ¡Y cómo lo hizo! Después de hacer el amor en el comedor me preparó un baño de tina. No me negué sólo porque era esencial que me lavara antes de seguir con la noche, no sé si me entienden... Pero de ningún modo la dejé quedarse afuera. La senté delante de mí y comencé a enjabonarla. Estuvimos conversando hasta que reemplacé la esponja con mis manos y volví a ponerme insoportablemente duro.

Nos pasamos toda la noche entre caricias y risas bobas. Más de una vez pensé que podría ser un sueño si no fuera porque sus uñas me hicieron sangrar la espalda. Era real, y una muestra de lo que podría ser mi vida de aquí en adelante si me dedicaba a cuidar de lo nuestro, cosa que haría con la mayor de las convicciones.

X

Al día siguiente busqué a Ai. Al principio no fue fácil, ella seguía creyendo que tenía que salvarme de una arpía manipuladora y cruel. Nada más alejado del carácter de Sakura. De todas formas no la convencí, así que cambié de estrategia. Le dije que la decisión estaba tomada y, si llegaba a equivocarme, cargaría con las consecuencias como el adulto que era. Insistió en que si eso llegase a pasar que la llamara, a lo que sólo accedí después de que me prometiera que no me esperaría. Estaba seguro de que eso no iba a suceder jamás.

Reconozco que preferiría que me creyera y pudiésemos ser amigos, pero no se puede tener todo.

La apertura del teatro fue espectacular, y sí, muy rentable. Casi pude sentir mis colmillos alargándose cuando Eriol compartió los números conmigo días después. Superó mis expectativas con creces y por una vez me sentí motivado a tomar parte activa del proyecto.

Sakura se mudó conmigo apenas una semana después de "su propuesta" y le dejó su recién alquilado apartamento a su amiga inglesa. De lo que no tenía idea era de que iba a traer con ella una asquerosa bola de pelos con instintos asesinos y que encima se llamaba igual que su ex. Mis intentos de hacerla cambiar el nombre fueron inútiles pero realmente daba lo mismo. Ese gato me odiaba tanto como el Kero humano. Al final llegamos a la tregua de no cruzarnos en el camino del otro, pero aún competíamos por la atención de Sakura.

Engendro endemoniado.

Nos casamos en primavera. Sakura lucía una belleza insuperable. Llevaba un elegante vestido blanco con detalles en dorado diseñado por su amiga Daidouji, a la cual yo también tengo en alta estima. Su cabello estaba recogido al descuido dejando caer largos mechones rojizos sobre su rostro y escote, y sostenía un ramo de cerezos y lirios a la altura del pecho. Por poco se me cae la mandíbula cuando la vi caminar hacia mi posición junto al altar del brazo de su padre.

Supe en ese instante que era un hijo de puta afortunado.

Al volver a ver a Sakura Kinomoto en las fotos de un artículo de Internet, ni por casualidad se me ocurrió que las cosas podrían tomar un rombo semejante. Yo sólo vi a la niña que me hacía sonrojar de pequeño convertida en una atractiva mujer de fina cintura y un trasero de infarto.

No tomé en cuenta la magia de esa criatura.

Sakura me enseñó muchas cosas, incluso sin pretenderlo, pero la más determinante de sus lecciones de seguro es esa sobre el afecto.

Aprendí que ese "amor romántico" de las películas, no es algo real y se desmorona en cuanto te cansas de actuar -lo cual me recuerda a mi manual autodidacta para conseguir una mujer sin parecer un idiota-. Ella logró ir más allá de mis posturas y me mostró el cariño auténtico. El que es paciente, altruista. La clase de amor que tan sólo quiere expresarse y no pide nada a cambio, que no es posesivo ni violento, sino que te hace dar ganas de esmerarte en que te elijan todos los días. Tampoco hablo de ése tan idílico de las novelas que le gustan a Sakura y con cuyos protagonistas yo no puedo ni competir, sino del que acepta los defectos y ahonda en las virtudes, y ama todo lo que constituye la persona.

Ahora sé que el matrimonio es más que la excusa perfecta para tirar la casa por la ventana cuando ya te sientes viejo para salir de fiesta. Tampoco es, como muchas mujeres piensan, el final feliz de una historia romántica. Es un estilo de vida, y cada pareja es un mundo.

Es difícil de explicar, si alguna vez estuvieron enamorados sabrán a lo que me refiero, pero de no ser el caso, realmente deseo que lo vivan algún día. Es una sensación única que no se describe, se construye, y transforma una pasión pasajera en un lugar donde querrán estar toda la vida. Un mundo sólo suyo y de su pareja, con sus propias reglas y placeres, que no haya existido nunca antes para nadie, un mundo nuevo.


*Mochi; es un pastelito redondo de arroz tradicional de la repostería japonesa.

Bien, bien, bien. Hasta aquí llegamos -oficialmente porque se viene epílogo-. Quiero agradecer a todos los que me siguieron en este experimento. Como habrán notado, traté de jugar con distintos recursos y lo hice para probar en que áreas me sentía más cómoda. Mi gran enemiga fue la gramática, no tenía idea de la cantidad de carencias de mi forma de escribir, pero estoy contenta de haber aprendido e investigado para traerles esta historia lo más prolija posible. Quien me haya leído desde el principio podría haber notado mis intentos de superación y agradezco a las que me señalaron algún error. La idea es revisar todo y editarla desde el principio. No creo que vaya a cambiar gran cosa a nivel argumental, en general estoy contenta con eso.

La vez pasada adelanté que iba a empezar a subir otro fic, no lo esperen, por el momento tomé la frágil decisión de no seguir. Y digo frágil porque puede cambiar mañana, sin embargo, no creo que así sea. Todo esto es muy entretenido y aprendí algunas cosas pero no sé si cuente con el tiempo y motivación necesarias para publicar con regularidad.

Espero que les haya gustado el final- personalmente, me reí bastante escribiendo y me quedé muy satisfecha con la última reflexión- , e incluso sino, me gustaría que me den su opinión con una review.

Hasta pronto!

Mezzolec.

Ah! gracias por los comentarios a los invitados, creo que con todo esto ya les contesté, pero igual voy a contestar a todo lo que me escriban cuando suba el epílogo. Muá. ;)