Estoy ahí, estamos aquí. Tengo la pelea y la guerra ganada. No hay nada que ya puedan hacer para detenerme. Pero yo me detendré, no es mi afán ahora extender el conflicto. No busco una nueva guerra de los 100 años.
Así que todo se reduce a esto... La Maestra más poderosa del mundo, no puede contra el poder combinado de mi Nación, del Imperio Tierra. Bajo mi dirección y liderazgo he demostrado que la más atrasada y tradicional de las cuatro culturas era capaz de la más grande magnificencia. Y yo, al pie del precipicio, dirigiendo todo. Al fin, una Nación unida y fuerte. La llevaré a una nueva era dorada. Al fin, te tengo a tiro, Avatar, nuestra venerada "salvadora".
Y en un momento todo se sale de control. Apenas puedo levantarme y tener la oportunidad de darme cuenta, que fallé. El fulgor de la muerte, percatarme que estoy a punto de morir, me llena de un miedo primigenio y abandono toda esperanza, mis últimos pensamientos son para Baatar y Suyin...es muy tarde para arrepentirse.
De ningún lado, aparece. Apareces. ¡No! ¿Qué haces? ¿Por qué te arriesgas así por mí? ¿Tú qué todo lo tienes para vivir? Un padre que daría la vida por ti, amigos que van sin dudar a enfrentar la muerte por ti, toda una Nación que renace y se mantiene solo por ti. No tienes que salvarme. Yo disparé dispuesta a terminar con tu vida, sin miramientos ni dudas. A todo, con tal de ganar. ¡No! Los segundos se congelan, se expanden, se alargan y no se contraen. El velo de mi mente ha caído. Yo debo caer, ya no hay nada aquí para mí. Mi letargo y aturdimiento me impiden llegar a ti para hacerte a un lado, y aún eso no bastaría.
Pero en tu expresión solo hay resolución. Te pones firme, respiras profundo y tus ojos brillan. El Estado Avatar. La fuerza más poderosa que tiene a su disposición el Maestro más poderoso de la faz. Eso lo pensé con sorna después de enfrentarte y derrotarte la primera vez.
Ahora espero que sea suficiente.
Solo verte ahí, dispuesta a salvarme, quizá solo por tu síndrome de héroe, me basta para dejar el miedo por mi y temer por ti. Solo una pequeña esperanza, para ti, para que puedas salvarte tú. Verte desde el suelo, rodeada del rayo que provocaría mi muerte y saberte capaz de pararlo, me ha dado las pruebas que no sabía que necesitaba.
Ahora tienes a una creyente más. Pero no tenías que salvarme, merecía morir ahí. ¿O quizás crees que sería muy poco castigo para mis crímenes?
¿Es tu búsqueda de justicia para el mundo lo que te mueve, un verdadero sentido de altruismo o fue solo un reflejo ya en ti, intentar salvarme cuando ya estoy más allá de toda salvación?
El resplandor es demasiado. Ya no veo nada. El sonido es ensordecedor y solo ansió el silencio. ¿Por qué? ¡Responde! ¡¿Por qué me salvaste... Si al fin podría descansar?!
Yo no buscaba la muerte. Todo estaba calculado. La derrota no era una opción. Ahora por fin tenía un motivo, pero la muerte es una vieja amiga que me no me había rondado en años. Ahora, viéndola a la cara, la idea no se me hace tan terrible. Al fin... el descanso, y terminar con todo. Porque, al fin y al cabo, después de esto ya no me queda nada. Baatar, no sé ni siquiera si vive o murió, Suyin no me perdonará, el mundo mucho menos. Déjame irme con la idea de que La Gran Unificadora fue un personaje poderoso que eligió una muerte honrosa en batalla, a que me vean como el despojo de la vieja capitana, que se le subió el poder a la cabeza y ahora yace a los pies del verdadero poder, del Avatar.
Me desvanecí cuando la luz fue abrumadora y lo primero que veo es tu faz morena y ¿preocupada? Huyó tontamente de tu abrazo y lo primero que hago, en vez de agradecerte, es increparte por qué me has salvado. Intenta no culparme, mi vida literalmente acaba de derrumbarse y también creía que se había terminado. Ahora intentas explicarme por qué lo has hecho.
- Creo que somos muy parecidas... Veo mucho de ti en mí -
- ¡Tú y yo no nos parecemos en nada! -
- Te equivocas... Las dos luchamos hasta el final, sin medir las consecuencias -
- Yo no quería que las cosas llegaran tan lejos. Solo tenían que rendirse. Raiko hubiera seguido a cargo, siempre y cuando aceptara mis términos. La Republica Unida le pertenece por derecho al Reino Tierra -
- El Rey Tierra, el Avatar Aang y el Señor Zuko la fundaron, a petición de toda la gente que ya había hecho una vida en las Colonias de Fuego. Nadie le arrebató nada al Reino Tierra -
- Solo quería un Reino Tierra unido, ayudar a mí gente -
- Puedo entenderte... -
- No pretendas que me entiendes ¡No sabes nada de mí! Suyin lo tenía todo para ayudar y dio un paso atrás, tú no estabas, ¡alguien tenía que hacer algo!-
- Y tú diste el paso al frente. Su me contó como te acogió de niña... Debe haber sido duro ser huérfana. Puedo comprender que querías crear un lugar seguro para ti y tu gente -
- ¿Tú que vas a saber de eso? Tienes un padre que moriría y mataría por ti, una madre que te cuida, amigos leales... ¡Eres el Avatar, por todos los espíritus! ¡Millones te idolatran! - Te dejas caer de rodillas frente a mí, tu tranquilidad y mirada de lástima solo me enfurecen más, pero después de creer que moriría mi cuerpo está demasiado relajado, aunque quiero mostrarte mi enfado activamente, mi cuerpo no me obedece.
- No sé lo que significa ser huérfana, tienes razón, pero sí se lo que es tener miedo, vivir con miedo - Me miras directamente y me doy cuenta que tu mirada está llena de compasión, cierta complicidad y algo muy cercano a la vergüenza. - Kuvira, sé que en parte tengo culpa de todo lo que ha pasado ¿podemos detener todo esto, antes de que se cobre más vidas? - Sus palabras son golpes directos contra mi conciencia. Recuerdo la noche previa. ¿Qué me sucedió? Disparé contra ese puesto de avanzada, sin importarme todas las personas que estaban ahí, simplemente porque era un punto estratégico, para que no pudieran avisar de nuestro avance. Lo borré del mapa como si fuera un hormiguero...No, peor, ni siquiera disfruto aplastando insectos.
- Korra... Avatar... - Por fin entiendo. Esta... Esta mujer, más joven que yo, tiene todo el poder del mundo literalmente en sus manos. Pero también es humana, sólo por su mal estado previo pude vanagloriarme de ganarle. Todo eso me parece tan estúpido ahora. Korra estaba herida, y en estas semanas ha hecho lo que fuera necesario para sanarse y poder plantarme cara hoy. Es mi Avatar, y tuve el descaro de oponerme a sus peticiones. El mundo adoraba al Avatar Aang y gracias a su mítica victoria contra Ozai, todos lo escuchaban. En el plazo de su muerte y el levantamiento de Korra como nueva Avatar, el mundo olvidó lo que era respetar a su Avatar. Yo incluida. Ahora pelearé para que el mundo lo recuerde. Y empezaré escuchándola ahora. Muy tarde quizás... Pero es mi salvación.
