COMBATE EN LA BAÑERA

Lograron escapar de la última batalla sanos y salvos por los pelos. Los marines les habían apresado en un lugar estrecho, sin armas, ni espacio. Lo único que habían podido hacer era enfrentarse a ellos en combate cuerpo a cuerpo. Aunque habían salido ilesos a su capitán le empezaba a preocupar lo mucho que dependendían todos de sus Akuma No Mi y sus armas. Por eso, sin nada más que hacer hasta divisar otra isla, al Senchou de los sombrero de paja se le ocurrió organizar un torneo de combates físicos. Más bien se lo comentó a su navegante, que entusiasmada con la idea lo organizó todo para poder sacar algunos Berries apostando por el ganador.

Convocaron a todos después de la merienda para darles a conocer el genial plan que habían elaborado. Se enfrentarían por parejas en una primera ronda. El ganador de cada una de ellas debía enfrentarse a los demás ganadores hasta que solo quedara uno, que sería coronado "emperador" (Luffy se empeñó mucho en esto, ya que creía que podía ganarlos a todos).

Nami había planteado todo muy bien para ser ella la que tuviera más posibilidades de ganar las apuestas, así que se dispuso que el torneo se haría dentro de dos semanas, justo antes de llegar a la siguiente isla. Mientras debían ir entrenando por parejas para mejorar su táctica contra todo tipo de enemigos. Lo que se traduce en que ella podría ver quién era más fuerte en cada ronda y así afinar a la hora de apostar por un "emperador".

Robin, que era una mujer inteligente, se dio cuenta enseguida del plan de su querida amiga. Ninguno más se percató, todos estaban demasiado entusiasmados o demasiado muertos de miedo por enfrentarse al trío monstruoso como para fijarse en ese detalle.

Por tanto Robin decidió hacerlo todo más interesante sugiriendo que los combates se hicieran en diferentes partes del barco, para no prepararse ante otros adversarios y además para combatir en diferentes terrenos. El senchou quedó prendado de la idea y así se debía hacer. Menos mal que el Sunny era un barco muy grande y podían establecer diferentes escenarios. Desde sitios pequeños como el nido del cuervo (Sanji se negó a que se combatiera en su cocina), pasando por espacios grandes como el césped de cubierta o difíciles como el tejado del propio Sunny.

Nami vió aquí su plan de recabar información muy frustrado. Pero enseguida una sonrisa de gata ladrona se asomó a su rostro. Sería ella la que haría los equipos y la que elegiría los lugares para las peleas de cada día, así que podría devolverle el favor a su querida amiga.

Tras el primer "sorteo" (muy amañado por la navegante) las parejas y los enclaves para el primer entrenamiento quedaron así:

Robin y Zoro: cuarto de baño

Nami y Chopper: biblioteca

Sanji y Luffy: cubierta

Usopp y Brook: nido del cuervo

Franky descansaría y repararía el barco mientras.

Las reglas eran claras. Entrenarían toda la tarde en sus respectivos lugares el combate cuerpo a cuerpo. Estaba prohibido usar armas de ninguna clase o accesorios. Estaba prohibido también usar los poderes de la fruta del diablo. Se intentaría todo lo posible no herir de gravedad al contrincante y estaba totalmente prohibido matar (en esta tripulación había que aclarar todos los puntos).

Esa noche todos se fueron a dormir pensando en sus respectivas parejas de combate. Pero había especialmente dos Mugiwaras demasiado inquietos para tratarse de un simple entrenamiento.

Robin no paraba de dar vueltas en su cama. Sabía que Nami había amañado el sorteo como venganza por su idea de entrenar separados. Ella sabía que su amiga podía ver a través de ella, por mucho que lo intentase ocultar. La consideraba como una hermana pequeña, una a la que no se le escapaba cuando ella miraba embobada al peliverde entrenar o cómo lo evitaba para no ponerse colorada. Pero lo que su hermana creía que era mera atracción física era mucho más. Robin llevaba enamorada de Zoro desde que se unió a esa tripulación de chiflados. Pero se conocía, su corazón no podía amar y esa relación solo traería tormento y mucha desgracia para su tripulación, su familia, y ella lo evitaría a toda costa. Por eso lo ignoraba todo lo que podía en el barco y cuando no podía más se desahogaba con algún hombre de alguna isla pensando en él. Era terrible, lo tenía claro, pero era lo único a lo que podía aferrarse. Él estaba a su lado, eran nakamas, con eso debía bastar. Pero por otro lado mañana debía enfrentarse a él cuerpo a cuerpo. Lo que implicaba necesariamente cercanía entre ambos. Sabía que jamás podría ganarle, pero su parte orgullosa también esperaba asestar un par de golpes a ese fornido cuerpo. Ese con el que ella fantaseaba tanto…

No muy lejos de allí, en el nido del cuervo, Zoro dormitaba con su ojo entreabierto. Le había entusiasmado la idea de la pelea. Así cierto cejas de Sushi se daría cuenta de una vez quién era más fuerte de los dos. Además quería enfrentar a un par más de la tripulación. Pero no se esperaba que lo emparejaran con Robin. Sabía que Nami había hecho trampa, nunca jugaba limpio, pero se preguntaba si solo había sido para ponerse con el tierno de Chopper que no podía transformarse o había sido con todos. No se molestó mucho en pensar en el combate en sí mismo, esa maldita mujer dependía demasiado de su Akuma No Mi y no lograría ganarlo ni que tuviera ambas manos atadas. Por otro lado debía controlar su fuerza, no quería dañarla, pero tampoco quería que ella pensara que no se lo tomaba en serio. Robin… Esa mujer lo ponía muy nervioso. Tenía un cuerpo de infarto, eso lo veía él hasta con un solo ojo. Que todos los hombres la miraran al pasar era una evidencia, una que a él le ponía de un humor especialmente malo. Es una nakama y una mujer fuerte, si ellos supieran lo que es capaz de hacer no se atreverían ni a mirarla a la cara. Zoro la admiraba. Su fuerza y voluntad eran innegables y su lealtad al capitán indiscutible con los años. Por otro lado, despertaba en él un cierto sentimiento cálido. Quería protegerla, había luchado sola toda la vida y había sufrido mucho, era el momento de que dejara que otros cuidaran de sus espaldas.

Mañana sería un día muy revelador para ambos.

Pasaron el almuerzo hablando sobre los combates muy animados. Franky estaba MUY apenado por no poder participar ese día, aunque Nami no paraba de repetirle que podría luchar mañana. Tras cambiarse y ponerse ropa cómoda para el combate cada pareja se dirigió a sus respectivos enclaves. Robin y Zoro iban en silencio. Exactamente a las cuatro de la tarde comenzaron todos los combates.

Zoro y Robin estaban muy alejados al principio. El baño no era demasiado grande, pero sí lo suficiente para poder mantener una distancia prudente. Zoro no se decidía a atacar y Robin no quería acercarse demasiado, en cuanto él la tuviera a tiro la reduciría. Al final se fueron calentando y soltando golpes con los puños que ambos podían esquivar fácilmente. Ese intercambio de golpes iba a acompañado de sonrisas de medio lado y risas contenidas. No se estaban esforzando mucho pero era divertido.

El espadachín decidió que ya era hora de dejar los golpes suaves y se lo tomó más en serio. No quería hacerle daño, solo reducirla para ganar ese asalto. Con un movimiento hacia la derecha Zoro intentó capturarla pero Robin escapó grácilmente.

- Has usado tus poderes mujer .- lo acusó él.

- No es verdad espadachín, eres lento .- lo contraatacó ella.

El comentario enfadó más al peliverde que volvió a intentar capturarla, pero esta vez hizo una finta y le apresó ambas manos detrás de la espalda. Cuando Robin dejó de resistirse la soltó, anotándose ese tanto.

- Has sido lenta, 1-0.

- No volveré a bajar la guardia.

Ahora era Robin la molesta, sabía que no podía con él. Iba a pasar la tarde siendo derrotada una vez tras otra. Escapar era la única manera de que no le atrapase, pero no podía huir toda la tarde, además se supone que debían luchar cuerpo a cuerpo. Pensaba en una estrategia mientras volvía el intercambio de puños y patadas entre ambos. No podía escapar, ni podía luchar… pero podría distraerlo para ganarle algún asalto, así el marcador no quedaría tan descompensado y ella no se sentiría patética. Volvió a mirar a su alrededor, estaban en el baño con la puerta atrancada. El calor se iba condensando y Zoro tenía ya una fina capa de sudor envolviendo todo su cuerpo. La arqueóloga se obligó a apartar la mirada, debía desconcentrarlo a él no perderse ella entre esa cantidad de piel tersa y musculosa. Comprobó que la tina estaba llena, pero no sería una buena idea porque ella se sentiría débil enseguida. Por la zona de la ducha había agua en el suelo. Eso le valdría para desequilibrar su cuerpo.

Fue moviéndose lentamente hacia allí con la esperanza de que Zoro no captase su plan, ahora tenía todos sus sentidos agudizados por la batalla, aunque ese intercambio de golpes no merecía tanto la pena.

Cuando Zoro estaba encima de la fina capa de agua Robin se agachó para darle una patada detrás de las rodillas, lo que efectivamente con el agua desestabilizó al espadachín, tirándolo al suelo. Antes de que pudiera ponerse en pie Robin ya estaba encima de él sujetando sus brazos por encima de la cabeza. Sin notarlo se había sentado encima de su estómago, muy cerca de su entrepierna y tenía el torso echado hacia delante para poder sujetar bien sus manos. Zoro intentó revolverse un poco debajo de ella, no estaba cómodo, pero no quería dar fuertes tirones para no hacerle daño.

En uno de esos movimientos alzó la pelvis estrellándose contra el centro de los muslos de Robin. El movimiento pilló totalmente desprevenida a Robin, que concentrada en no soltar las manos notó como el chico se le pegaba. No pudo evitarlo y dejó escapar un gemido de puro placer.

Cerró los ojos, dándose patadas mentalmente. La fría Robin había soltado un gemido, y nada menos que delante de Zoro. Abrió los ojos esperando que él no lo hubiera oído. Pero Zoro tenía el ojo abierto de par en par, parecía que se le iba a salir de las órbitas. Sin duda lo había oído. El espadachín dejó de moverse, inesperadamente rígido y Robin se apresuró a levantarse. Intentó recobrar la compostura y volver a poner su cara de poker de siempre.

- 1-1 espadachín .- acertó a decir con la voz totalmente neutra. Solo recibió un gruñido de un confuso Zoro.

A partir de entonces la situación se podía cortar con una katana. Ninguno de los dos hablaba, ninguno sonreía. Él estaba totalmente confuso, ella avergonzada. La tensión era insostenible y Robin acabó enfadándose. Más con ella misma que con él. Cómo se le había podido escapar, ahora él empezaría a sospechar.

El enfado se tradujo en golpes más que fuertes. Robin ya no golpeaba suavemente para que él pudiera esquivar, iba con todo. Golpeaba sin freno en todo el torso del muchacho, que esquivaba algunos y otros se los llevaba de pleno. No es que les doliera demasiado, pero no entendía el cambio de actitud de ella. Lo que sí entendía es que era mejor que la dejara hacer y se desahogara a gusto.

Cuando Zoro comenzaba a notar su pecho caliente decidió acabar con los golpes. Esquivó uno y le dio en el costado para desplazarla a un lado. Lo que no había calculado es que estaban cerca de la tina y Robin al golpearse con el lateral de esta cayó sin remedio dentro. Zoro asustado se tiró a por ella. No era la primera vez que se tenía que tirar al mar a por su capitán y no tenía claro que Robin pudiera salir por ella misma de la gran bañera creada por el Cyborg.

Cogiendola de los costados la ayudó a salir con cuidado, esperando a que ella recobrara la compostura. Estaban ambos sentados en la tina, tocándose con las piernas, pero lo suficientemente lejos para no ser muy incómodo. Se miraban fijamente.

- ¿qué te pasa mujer? .- al final fue el peliverde el que se animó a hablar primero.

- Nada espadachín .- Robin se disponía a salir cuando Zoro la sujetó de las piernas, quedándose ahora muy cerca.

- Mi pecho rojo no opina lo mismo, dímelo.

Zoro la tenía delante, empapada, con la respiración agitada, totalmente incomprensible como siempre, pero jodidamente hermosa. Su pecho subía y bajaba y un tono carmesí inundaba sus mejillas. Tenía los labios entreabiertos y rojos, deliciosos. Zoro pensó en hacer una estupidez, total, siempre acababa haciendo alguna.

La besó.

Posó sus labios sobre los de ella y absorbió el quejido que salió de su boca. Jamás se podrá explicar cómo sus labios sabían al aire fresco que mueve las hojas de cerezo en la primavera. Contra todo pronóstico no quería terminar el beso, así que se acercó aún más para intentar profundizarlo.

Sus deseos se vieron truncados cuando Robin se separó y se levantó de un movimiento ágil y rápido. Sin mediar palabra salió del baño.

Esa noche Robin no fue a cenar. Quería mantener todo el tiempo posible el sabor a sake y metal de su espadachín en sus labios. Estaba confusa y asustada. Es como si las puertas de una presa se hubieran abierto y ahora no pudiera contener más sus sentimientos. Lo amaba, no sabía qué significaba eso, ni lo que él quería, pero estaba dispuesta a averiguarlo con tal de poder volver a probar esos labios una vez más.

Él por su parte estaba más que confuso. La había besado y la niña demonio no le había partido el cuello, es más, podría decir que había salido del baño colorada. Volvió a tocarse los labios, inesperadamente con un solo beso se había vuelto adicto y no soportaba la idea de que otro hombre los probara. Sin duda volvería a por más.

Iba a hacerlo más largo pero me gustó como quedó hasta aquí. Comenten si quieren que continúe con el resto de las peleas y cómo actúa esta pareja a partir de aquí. Besos!