A la mañana siguiente Nami y Franky estaban especialmente cabreados. La pelea de Sanji y Luffy había destrozado media cubierta. Nami decidió que no volvería a poner al trío demoníaco junto en ninguna otra o podrían acabar todos flotando en el mar entre tablones de un Sunny destrozado. Franky no solo tuvo que reparar el barco, también se perdió la pelea de ese día y eso lo ponía SUPER triste. Pero no solo ellos dos estaban de los nervios. Robin, que no había pegado ojo en toda la noche, estaba muy inquieta. No quería cruzarse con Zoro todavía, no sabía qué pensar de lo del día anterior, así que fue a hablar con Nami.
Se la encontró maldiciendo en su despacho mientras repasaba algunos mapas. Sabía que era mala idea, pero no se atrevería a tomarla con ella y menos cuando traía un cotilleo tan bueno.
- Nami, tenemos que hablar .- Nami dejó los mapas y se sentó mejor para mirarla de frente .- no puede volver a ponerme con Zoro en los enfrentamientos.
- ¿Por qué? ¿no te habrá hecho mucho daño no? .- Nami estaba muy confusa.
- Verás… Ayer la cosa se nos fue de las manos y me besó.
- ¿NANI? ¿El marimo te ha besado? .- Nami abría muchos ojos.
- Sí pero no puedes decírselo a nadie y no puedes volver a ponerme con él, sería muy incómodo.
Tras contarle con todo lujo de detalles la historia a Nami, Robin le hizo jurar que no intentaría hacer de casamentera con los dos. Bastante difícil era ya todo, no quería que su amiga se metiera en eso. Nami la entendió, le dolía pero lo entendió. Consideraba a Robin una hermana y le dolía ver que llevaba tanto tiempo enamorada del segundo al mando y ninguno hacía nada. Se prometió a sí misma que les daría un poco de espacio. Si volvían a ser fríos como antes ella misma intervendría otra vez, le pesase a quien le pesase.
El segundo día de combates fue mucho más tranquilo. Nami tuvo que hacer malabares para no poner al trío del demonio juntos, no ponerse a ella con nadie fuerte y no poner a Robin y Zoro juntos, todo teniendo en cuenta que Franky no podía combatir por estar reparando el barco. Al final los entrenamientos quedaron así:
Robin y Nami: biblioteca
Zoro y Brook: tejado
Luffy y Chopper: cuarto de baño
Sanji y Usopp: Nido del cuervo
Con todo esto en mente el resto de la semana de combates de preparación fue mucho más tranquila. No hubo apenas destrozos en el barco y todos estaban muy metidos en el entrenamiento. Franky reparó rápidamente la cubierta para poder competir.
El domingo, séptimo día de entrenamientos hubo un enfrentamiento muy fuerte en el tejado. Los golpes resonaban por todo el barco, eran tan fuertes que todos salieron a cubierta a ver lo que estaba pasando. Ese día descansaba Chopper, que decía que necesitaba preparar algunas medicinas antes de llegar a la isla. Nami y Usopp fueron los primeros en llegar, ya que estaban muy cerca de la cubierta. Seguidamente llegaron Zoro y Brook desde la biblioteca y Robin y Luffy que estaban en el nido del cuervo.
Todos se quedaron impresionados al ver la intensidad de la pelea. En el tejado se encontraban Sanji y Franky totalmente metidos en el combate. Los golpes apenas se veían y ambos tenían la respiración muy acelerada. Sangraban un poco por algunas partes pero Luffy no le permitió al médico parar el combate. Quería ver cómo acababa. El nivel se podía comparar a los de las peleas que se llevaban a cabo en las diferentes islas. Todos estaban asombrados. Aunque Zoro estaba bastante cabreado. Él también quería desatar toda su fuerza pero la bruja usurera no le dejaba luchar contra nadie lo suficientemente fuerte. En un momento de la pelea ambos contrincantes miraron abajo, donde un singular público los observaba. Sanji se emocionó tanto por tener a sus dos damas tan pendientes de él que se puso a hacer su baile. Franky, al ver la cara de orgullo de su capitán y la emoción en los ojos del pequeño Chopper, se puso a hacer poses y cambiarse el peinado para impresionarlos aún más. Al final la pelea acabó ahí y ambos fueron a la enfermería por orden del médico.
Esa noche Nami decidió suspender los entrenamientos un par de días. Tenía que acabar unos mapas y todos estaban agotados de una semana entera sin parar. Además la comida empezaba a escasear y debían pescar para poder llegar bien a la próxima isla. Todos agradecieron mentalmente el descanso. Ahora podrían dedicarse a sus cosas y algún que otro a pensar sobre la situación que estaban viviendo.
Zoro no estaba especialmente contento con la situación. Esa semana no había podido estar apenas en el nido del cuervo, su sitio favorito del barco y donde se sentaba a meditar y pensar. A parte los combates habían sido muy flojos, excepto con Franky y Usopp, nadie le plantaba cara realmente. Curiosamente no volvió a caer con su arqueóloga en toda la semana. Igual que sabía que Nami había amañado el primer combate en la bañera sabía ahora que esta vez era Robin la que le había pedido no ponerlos juntos. Pero él no podía entender el porqué. Toda la semana lo había ignorado, como solía hacer, y entre los entrenamientos y el resto de tareas no la había visto nada más que a la hora de las comidas. Estaba bastante desesperado. Ella podría haber fingido que ese beso no había pasado. Se le daba bien esconder lo que sentía. Él lo habría entendido, había sido impulsivo y ella no deseaba ese beso, no tenía más complicación la cosa. Cada uno volvería a lo suyo y aquello no volvería a pasar. Sin embargo, que ella lo ignorase así, implicando a Nami además, lo descolocaba. Entendía por sus actos que ella todavía le daba vueltas a aquel beso, pero no entendía el motivo. Él había fantaseado una y mil veces también con aquel contacto. Sus labios eran deliciosos, no podía negarlo y quería más. Pero no volvería a ser imprudente, otra vez no.
Desembarcaron en un pequeño islote antes de llegar a la isla a la que tenían previsto llegar a final de semana. No salía en los mapas y Nami se alegró mucho por haberlo encontrado. Por una doble razón. Primero por poder ponerlo en sus mapas y segundo porque podrían recoger algo de fruta y pescar más cómodos antes de llegar a la isla más grande. A Franky se le ocurrió una buena idea al ver esa pequeña isla deshabitada. Adelantar el combate final y nombrar al Emperador allí. Así el Sunny se quedaría intacto y no destruirían una isla habitada. Como todos estaban de acuerdo y el senchou estaba muy emocionado por empezar cuanto antes decidieron hacerlo así.
Una vez recolectados los recursos de la isla, Usopp hizo el sorteo con la mano inocente de Chopper. Como eran impares Nami "hizo el sacrificio" de no competir y se quedaría de juez. Los emparejamientos de la tabla quedaron así.
Robin y Brook
Luffy y Franky
Usopp y Chopper
Sanji y Zoro
Empezaron esa misma tarde, por turnos. Cada pareja era observada por el resto mientras luchaban. En el primer enfrentamiento Brook no paraba de hacer referencias a los panties de Robin pero cuando esta le asestó un golpe que le hizo temblar todos los huesos se lo tomó más en serio. Zoro pensó en lo mucho que había mejorado esa onna. No la había visto en toda la semana, por lo que en comparación con su combate en aquel cuarto de baño ahora la veía mucho mejor. Estaba más segura de sí misma y aprovechaba su gran ventaja. Robin era una mujer excepcionalmente inteligente y eso, aprovechado en combate, podría darle la victoria. De hecho así fue. Consiguió reducir a Brook guiándolo contra un árbol cuando este no estaba atento. Robin era la vencedora del primer combate.
El segundo combate entre Luffy y Franky duró hasta el anochecer. Fue muy igualado pero al final Luffy consiguió imponerse a su carpintero.
Como no había luz y ambos habían quedado un poco magullados se retiraron a cenar, continuarían al día siguiente.
Esa noche, cuando Zoro se iba al nido del cuervo a descansar y preparar su pelea del día siguiente (por fin algo le salía bien y podría medirse al cocinero pervertido) se encontró a Robin por uno de los pasillos de ese enorme barco. Decidió decirle algo.
- Bien hecho hoy onna, has mejorado mucho.
Las palabras le salieron a Zoro atropelladamente, pero esperaba con ellas quitar algo de la incomodidad que llevaban esos días. Él no volvería a hacer nada estúpido y quería que ella se diera cuenta, no hacía falta que siguiera ignorándolo. Pero la respuesta de ella lo dejó un poco trastocado.
- Gracias, ten cuidado mañana, no quiero que te hagas demasiado daño.
Un leve rumor apareció en su rostro y Robin se retiró de allí rápidamente, dejando al espadachín con la boca abierta. ¿De qué iba esa mujer? ¿De verdad pensaba que sería él el que perdería ese combate? Zoro subió al nido del cuervo bastante cabreado. No necesitaba que nadie le dijera que tuviera cuidado y menos con ese cejas de sushi. Vaya con esa mujer, que poco confiaba en él.
Robin por su parte llegó a su cuarto a la carrera. No sabía de dónde habían salido esas palabras pero se maldecía por haber pronunciado todas y cada una de ellas. No quiero que te hagas daño, eso le había dicho nada más y nada menos que (en su opinión) al mejor espadachín del mundo, un demonio, un ser temido en todos los mares. Ella le había dicho que tuviera cuidado en una pelea entre nakamas. Se reprochó por sonar patética. No era eso lo que quería decirle. Sabía que nada malo le iba a pasar pero no podía evitar preocuparse. Siempre lo hacía, estaba terriblemente enamorada de él y cada vez que lo veía en peligro sufría mucho. Pero esta vez se le había ido la lengua y había acabado diciendo tonterías que seguro que él malinterpretaría.
A la mañana siguiente los combates se reanudaron. El combate de Usopp y Chopper fue mucho más intenso de lo que se esperaba. Pese a que Chopper no podía transformarse había aprendido Karate en los dos años de separación y a Usopp le costó derrotarlo.
Después del copioso almuerzo llegaba el combate más esperado del día. Sanji y Zoro.
No solo eran dos monstruos sino enemigos declarados. El combate se iba a presentar tenso. Ambos tenían muchas ganas de medir sus fuerzas y de enfrentarse a su capitán en una hipotética final. Ambos se respetaban, en el fondo, y tenían muchas ganas de aquella pelea, aunque ninguno lo iba a decir. Con los Hakis desarrollados por ambos la pelea duró hasta el anochecer. Estaba tan interesante e intensa que a Luffy se le pasó la hora de la cena. Toda la tripulación Mugiwara miraba sin perderse ni un solo movimiento. Cada vez que uno de ellos recibía un fuerte golpe contenían la respiración, por si fuera el último del combate. Pero ninguno se daba por vencido. Tenían bastantes heridas, más que cualquier otro día y ambos estaban exhaustos, pero ninguno de los dos iba a rendirse, no cuando competían contra el otro y delante de su capitán. Chopper le suplicaba a Nami que parara el combate o se harían mucho más daño y esta estaba a punto de ceder y declarar un empate. Pero su capitán no le dejó. Tenía un verdadero interés en ver cuál de los dos era vencedor. Robin, que había empezado el combate muy calmada, se descubrió a sí misma agarrándose el pecho e inclinada hacia delante, cerrando fuerte los ojos cada vez que una nueva herida se abría en el cuerpo del espadachín. No podía soportarlo. Ella también quería que aquello acabase. Ya había pasado el límite de mero entrenamiento, incluso de pelea entre nakamas. Parecía un combate a muerte en el que ninguno iba a ceder. No podía seguir mirando.
Cocinero y espadachín se alejaron para cargar un nuevo golpe, uno con mucha fuerza, pierna contra brazo, dándolo todo. El sonido del impacto resonó en cada rincón del Sunny, que miraba a lo lejos como dos de sus tripulantes, dos monstruos, luchaban entre sí.
Se quedaron muy quietos, solo un segundo. Después, primero Sanji y después Zoro, ambos cayeron inconscientes al suelo. Robin estuvo rápida y sacó brazos fleur para amortiguar la caída de ambos. Nami nombró vencedor en un susurro a Zoro mientras sus nakamas los cogían para llevarlos a la enfermería donde ya estaba un histérico Chopper maldiciendo por no haber parado el combate antes.
Al día siguiente, durante el desayuno se repartió la semifinal cuando ambos estaban ya perfectamente recuperados. Eran verdaderos monstruos. Pero estaban inusualmente contentos. Habían medido fuerzas y habían empatado, porque aunque Zoro cayó solo un segundo después que Sanji y técnicamente era el vencedor, ambos estaban ya inconscientes. Estaban orgullosos de haber enfrentado a su rival, enemigo y nakama, hasta el final.
La semifinal quedó de la siguiente manera:
Robin y Zoro
Luffy y Usopp
Como Zoro todavía estaba un poco convaleciente sólo harían una semifinal ese día. Por lo que después de comer Luffy y Usopp se debatieron en el pequeño islote. Obviamente Luffy se proclamó vencedor y la pelea duró mucho menos que las del día anterior.
Zoro estaba muy nervioso. Otra vez le tocaba contra esa mujer que lo ponía tan histérico. Sabía que podría vencerla siempre y cuando se mantuviera frío y no se dejara caer en ninguna de sus trampas. Eso era lo difícil. Cada vez que la tenía cerca se ponía nervioso, recordaba ese quejido de placer el día de la pelea en el baño, su beso. No podía centrarse pero tenía que ganar a toda costa.
Robin por su parte no estaba nerviosa. Sabía que ella no podía ganar y que Zoro no se dejaría engañar como habían hecho los demás. Además tampoco quería oponer demasiada resistencia. Estaba cansada de fingir que las cosas estaban como siempre. Cansada de fingir que no se moría por tocarlo, por besarlo. Por confesarle todo lo que sentía. Era agotador y no quería seguir ocultándolo. Quería confesarse. Pero no podía. Sabía lo complicado que era todo. Ella no podía mantener una relación con él. Que ganas tenía de atracar en la próxima isla para poder quitárselo de la cabeza con cualquier otro hombre.
El combate duró mucho menos de lo esperado. Robin prácticamente se dejó ganar. Sabía que iba a perder y no tenía ningún interés en alargar aquello. Zoro lo dió todo en el combate, como había hecho con los anteriores, pero a mitad del encuentro tuvo que empezar a contenerse si no quería hacerle daño. No entendía el comportamiento de la arqueóloga pero él también quería ganar aquello antes de que el olor a cerezos de su pelo se impregnara en su piel. Antes del almuerzo la pelea había terminado con Zoro como vencedor. Nami estaba un poco enfadada con su amiga por no haber presentado toda la batalla que podía pero la entendía. Debía ser duro para ella enfrentarse así al hombre que le quitaba el sueño. Nada más acabar el encuentro Robin se fue directa a la ducha, debía fingir que estaba cansada. El agua caliente reafirmó sus convicciones, quería poner distancia, solo quedaban dos días para llegar a la próxima isla. Allí todo iría mejor. Cuando salió de la ducha Zoro la atrapó del brazo.
- Te has dejado ganar .- le reprochó muy seriamente.
- Me has ganado limpiamente Kenshi-san, ahora suéltame, quiero ir a cenar.
- De verdad que no te entiendo mujer.
Zoro la tenía agarrada del brazo y había acercado su rostro al de ella. No entendía para nada qué le pasaba. Estaba claro que no estaba luchando en serio desde un principio pero no entendía el motivo. Ahora que la veía de cerca era preciosa y sus ojos se posaron durante un segundo más en sus labios. Esos carnosos labios que tanto le había gustado besar. Pero no podía. Se había prohibido volver a cometer esa locura y él era un hombre de palabra. La soltó, y el espadachín podría jurar que cuando ella se alejó lo hacía con la respiración acelerada.
Esa tarde se dedicaron a pescar y tomar el sol en el islote, ya que al día siguiente, tras proclamar a un emperador se irían de allí para llegar a la próxima isla. Zoro, obviamente, se lo pasó entrenando. Gruñía en voz baja palabras incoherentes entre sus sentadillas y se le notaba muy cabreado. Las palabras "maldita mujer" eran las que más salían de su boca.
Luffy por su parte había mandado a Usopp que hiciera una capa y una corona para cuando hubiera un emperador y estaba entusiasmado.
Nada más salir el sol el capitán los llamó a voces para empezar el combate. Habían pasado ya dos semanas desde aquel combate en la bañera y por fin se decidiría qué Mugiwara era más fuerte. Luffy o Zoro. Senchou o segundo al mando.
