HOOOOLAAA AMIGOOOS :D
Bueno, bueno, bueno... La verdad, hoy no tengo nada que decir... No me encuentro muy bien por ciertos problemas que he tenido estos días, y por ellos no voy a poder contestar a los comentarios, ya que no quiero hablaros de manera borde ni nada por el estilo. Aún así os agradezco mil a todos los que leéis mis historias y a los de los reviews...
Gracias a Tory-Hamato2 , nina14j , pao lop , lubeheme , YaniiR , princesaninja789 , Vann-5678 , IA-ali12 , karai saki , Yuriko-West , Luisita Gomez , Hana Skyle , Cooni fghjk , Yinu25 y bueno, a mis "lectores silenciosos" jajaja. Animáis todos mucho :)
Aquí la continuación...
Chapter 5: La gran discusión.
Un gran sonido procedente de una campana, daba por finalizada la tercera hora y el comienzo del recreo. Llenando así el campo del instituto de miles de adolescentes, deseosos de que acabara la semana; y eso que solo llevaban un día de clases.
Mitsuki salió en seguida de clase, directa al cuarto de baño, sin hacer caso a Casey y a su prima, e intentando no encontrarse con Rodrigo.
En cuanto llegó al cuarto de baño, se miró en el espejo. Llevaba el pelo suelto, algo despeinado y sus gafas de sol. Se las quitó y miró sus ojos. Estaba cansada… Más de lo habitual. Solo llevaba tres horas y, había experimentado muchas emociones. Primero lo de Okaro, después lo de Rodrigo… Se mojó las manos y se las llevó a la cara; estaba ardiendo. No se encontraba bien, todo le daba vueltas…
¿Había hecho lo correcto con Rodrigo?
*Flashback*
-¿Querrías venir conmigo o, por lo menos, reservarme un baile?
Se había quedado bloqueada. Le daba vergüenza el simple hecho de pensar en el baile, como para ahora tener de pareja a su profesor… Ese que lo ponía tan nerviosa, con esos ojos, ese pelo, esa boca… ¡Es que era tan guapo! Pero, ¿por qué ella?
-Yo… Yo… No sé qué decir… -Mitsu dejó de mirarle a los ojos, para dirigir su vista a sus manos, así se calmaría más-. Es que… Yo…
-No me digas que ya te lo han pedido –dijo, sonriente-. Porque por lo menos quiero un baile.
-Rodry, yo… Te… Tengo que pensarlo…
-Es una bonita forma de rechazarme –contestó, pero aún con un tono amable y con esa bonita sonrisa.
-¡No te rechazo! –gritó, pero al momento se tapó la boca, muerta de vergüenza-. Me… Me refiero a…
-¡Estupendo! Entonces… ¿Un baile, no? –Rodry seguía con su sonrisa-. ¡Genial!
El profesor, sin ningún descaro, se aceró a Mitsu y le dio un suave beso en la mejilla, al tiempo que se iba.
-¡Nos vemos la próxima, Mitsu!
Ella se quedó ahí, perpleja, y más roja que nunca. Se llevó las manos a la mejilla y sonrió…
-¿Cómo puedo sentir esto…?
*Fin flashback*
Se volvió a mirar en el espejo, ¡estaba muy roja! Maldito recuerdo… Pero ya no podía cambiar nada. No solo iba a cantar en la fiesta, sino que además iba a bailar con su profesor… ¡Le ponía tan nerviosa su sonrisa! Era demasiado perfecto, ¿cómo podía haberle pasado eso a ella? No era normal. Además, ¿qué iba a pensar la gente cuando los vieran bailar juntos? Podría jugarse su trabajo… Y lo que menos quería ahora era que le echaran.
¿A caso se estaba enamorando de él? Era imposible, se conocían de apenas dos días, ¿cómo iba a ser eso? Aunque, por desgracia, no podía sacárselo de sus pensamientos…
-Mitsu, ¿estás bien? –se oyó desde el otro lado de la puerta.
-Sí Casey, ya salgo.
Tras decir eso, la chica se colocó las gafas de sol, se peinó un poco y salió, con una sonrisa forzada.
-¿Estás bien? –preguntó Casey preocupado.
-Sí, ¿por qué no iba a estarlo?
-No sé… Quizás por lo que habéis hablado el profesor Rodrigo y tú.
-E… Eso no era nada, simplemente quería que estirara más las piernas al hacer el pino.
-¿Qué? –Casey se paró de golpe, no se creía nada de eso-. ¿Crees que me voy a creer esa mentira?
-¿Por qué iba a mentirte? –preguntó Mitsu al pararse en frente de él.
-No lo sé. Lo que sé es que me estás mintiendo –contestó muy serio, haciendo que ella quitara su sonrisa.
-Casey, no te miento, y aunque lo hiciera… ¿Qué más te da? Lo que hablara con Rodry es cosa mía, no tuya.
-Vaya, ya hasta lo llamas por su apodo. Qué, ¿te ha pedido salir o algo así?
-¡Casey, eso no te importa!
-¿Por qué? ¿He acertado?
-¡No! –Mitsu ya estaba muy cabreada, y se notaba que él también-. ¡AG! ¡No te comportes como un crío, vale!
-Ah claro, que tú ya eres muy mayor… ¡Saliendo con hombres que te duplican la edad!
-¿¡Que me duplica la edad?! ¡Si no tendrá más de treinta años! Y además… ¿¡Eso qué más da?! ¡No estoy saliendo con él!
-¡Eso es lo que me quieres hacer creer! ¡Dime, Mitsu, te gusta ese hombre!
-¡No entiendes nada! –contestó al borde de las lágrimas.
Estaban montando el espectáculo, pero nadie se encontraba en los pasillos de las aulas, entonces les importaba poco los gritos que daban. Ahora solo podían pensar en una cosa; su enfado. Creían que estaban solos, cuando…
-¿Ocurre algo, jovencitos? –Okaro se presentó en mitad de la discusión.
-No, señor Okaro, no ocurre nada –contestó Mitsu la primera, después miró a Casey-. ¿O sí?
Este solo suspiró, estaba demasiado cabreado para decir que no ocurría nada. Solo comenzó a caminar, no sin antes golpear a Mitsu con su hombro cuando pasaba a su lado. La chica se quedó sorprendida, no le había dolido el golpe, pero estaba cabreada por ese gesto.
-En serio, señorita Mitsuki, ¿qué ha ocurrido? –dijo Okaro cuando el joven ya se había ido a la calle.
-Nada señor… Simplemente es Casey, que… La verdad, no sé por qué se ha cabreado conmigo –contestó, mirando hacia donde se había ido su amigo.
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-Hey chicos, ¿qué tal si vamos a dar una vuelta por la ciudad?
Las tres tortugas mientras hacían unos cuantos estiramientos en el bosque, se pararon para observar extrañados al que acababa de llegar con esa interesante proposición.
-¿De qué hablas, Raph?
-Ya sabéis, dar una vuelta… De edificio en edificio…
-¿Volver a ver qué tal está nuestra querida New York? ¡Me apunto! –gritó Mikey, lleno de entusiasmo.
-Suena bien, contad conmigo –siguió Donnie.
-Perfecto, ¿y tú qué dices, Leo? ¿Volvemos a los viejos tiempos?
Todos observaron al mencionado.
-Bueno… -suspiró-. ¿Qué puedo perder?
Y con un fuerte grito de alegría, los cuatro hermanos que en su día fueron los mayores héroes del mundo, empezaron a correr hacia aquella ciudad que los había acogido en su infancia. Quizás ya no eran adolescentes buscando aventuras, pero eran adultos con ganas de revivir el tiempo pasado.
Mientras tanto, en casa de la familia Hamato…
-April, voy a comprar, ¿te vienes?
Claire, ya preparada, entró en el salón, donde se encontraba la nueva y adulta April leyendo un libro.
Esta había cambiado bastante. Se le notaba en la cara la madurez que ya tenía, aunque sin ninguna arruga. Al igual que Claire, parecía mucho más joven de lo que era. Su pelo, era largo hasta los hombros, y con una cierta ondulación, pero con el mismo color pelirrojo que siempre, y con ese flequillo parecido al de la morena. Era alta, no mucho más que Claire, y también bastante delgada. Aunque a simple vista no lo parecía, April era toda una kunoichi; una verdadera mujer ninja.
La pelirroja levantó la vista por encima de su libro y sonrió al ver a su amiga.
-No, vete tú, yo me quedaré aquí para esperar a estas dos pequeñas…
-Perfecto –Claire iba a irse, pero una duda le apareció-. Por cierto, ¿dónde están Raph y los demás?
-Han ido a la ciudad.
-¿A la ciudad? –repitió Claire, muy extrañada.
-Sí, Donnie me ha puesto un mensaje diciendo que querían ver qué tal estaba su querida New York y… Blablablá.
-Wow, que extraño… Espero que no preparen ninguna…
-Ni yo, a veces son como críos.
-Y que lo digas…
Después de una pequeña carcajada de las mujeres, Claire decidió salir de casa. Ella también iba a ir a New York, pero para hacer algo diferente a las tortugas.
ºººººººººººººººººººººººººº
-¡Ya estamos en casa! ¿Hay alguien?
Las dos adolescentes entraron en su casa y el primero en recibirlas fue su abuelo.
-Natsuki, no grites, tu madre está descansando.
-¡Si que duerme esta mujer! –contestó Natsu entre risas.
-Ay… Esta chica nos va a volver locos… -dijo Splinter para él mismo, y luego dirigió su mirada hacia su otra nieta-. Yumiko, ¿qué tal el día?
Esta, sin hacer caso a su abuelo, salió corriendo hacia su cuarto, sin poder retener las lágrimas. Dejando a Natsu y a Splinter en el pasillo de la entrada.
-¿Qué la ocurre a tu prima, Natsuki?
-Ha discutido con Casey, o algo así… No me ha querido contar nada –contestó, mirando hacia donde se había ido su prima.
-Hablaré con ella, no parece estar pasándolo muy bien –y, con esas palabras, Splinter se dirigió al cuarto de su nieta.
En la habitación de Mitsuki…
Esta se encontraba tirada en la cama, bocabajo, abrazando a su almohada.
Las lágrimas no paraban de salir por sus ojos… Era la primera vez que había discutido con Casey y no podía haber sido peor. Después de los gritos, no se hablaron en todo el día. Ella lo miraba de vez en cuando en clase, pero él parecía negar su existencia… ¿Por qué a ella? ¿Por qué todo en un día? Se sentía fatal… Casey era su mejor amigo, el que más le apoyaba en los peores momentos y, ahora, no tenía a nadie… Solo a su prima y, a ella, no es que se le diera muy bien animar a la gente, por eso ha preferido no contarle todo lo que le ha pasado.
Recuerda una vez, cuando tenían unos… Seis años. Las dos estaban jugando con muñecas y una de las de Mitsuki se rompió un brazo. Esta empezó a llorar, ya que era su muñeca favorita, y su prima, lo único que se le ocurrió para que dejara de llorar, era decirle que las muñecas no sentían dolor… ¿Qué clase de consuelo era ese?
Sonrió al recordarlo. Hace ya tanto tiempo de eso… Justo fue en ese año cuando empezó su entrenamiento como kunoichi, y desde entonces ha cambiado física, psicológica y mentalmente. El arte del ninjutsu era algo que la había hecho madurar demasiado de prisa. O eso creía hasta ahora… ¿Cómo no ha podido controlar esa situación con Casey? ¿O la otra con Rodrigo? Se sentía estúpida. Podía escapar de diez hombres rodeándola para luchar con ella, pero no de una simple cita o una pequeña disputa con su amigo. Era incoherente.
Tock, tock, tock.
Mitsu se limpió las lágrimas y se incorporó en su cama. Aunque era evidente que había estado llorando, no quería que se le notara.
-¡Pasa!
-Yumiko, ¿qué es lo que ocurre?
-¡Abuelo! No… No me ocurre nada –contestó apartando la mirada de él.
-No es lo que tus ojos dicen, ese verde que tienes no te queda bien con el rojo de haber estado llorando…
Mitsuki sonrió, su abuelo era de las pocas personas que podía hacerla sonreír incluso en los peores momentos. Otra era Casey…
-Verás… -la chica hizo una señal para que su abuelo se sentara junto a ella-. Es que… Hoy he discutido con Casey.
-¿Con su amigo al que le doy tanto miedo?
-Jajaja, sí abuelo, ese es Casey.
-¿Y por qué? –preguntó con una sonrisa al haber hecho reír a su nieta.
-Es que… -pensó algo que decir que no fuera lo de Rodrigo-. No quería contarle… Un secreto…
-¿Qué clase de secreto?
-Pues… ¡Abuelo, es un secreto! –contestó entre risas.
-De acuerdo, de acuerdo –Splinter también reía.
-Pero ha sido mi primera discusión con él… -Mitsu miró el suelo, intentando retener las lágrimas-. Y ha sido… Muy fuerte, no me imaginaba que Casey pudiera gritarme de esa manera…
-¿Y hubo insultos?
-No abuelo, solo nos gritamos… Él decía que se lo contara, pero yo me negaba…
-¿Y cómo acabó?
-Bueno, la verdad es… -entonces se acordó de algo-. ¡Okaro!
-¿Qué? –dijo Splinter sin comprender.
-Abuelo, ¡he conocido a tu viejo compañero el señor Okaro! El que hacía contigo ninjutsu.
-Okaro, eh… -Splinter se atusó la barba, pensando-. Ah sí, me acuerdo muy bien de él… Fue un buen amigo, casi tanto como…
-¿Shredder?
-Sí, exacto.
-¿Y por qué no me dijiste nada cuando me apunté a este instituto? ¿Por qué sabías que estaba en él, no? Él sabía de todos nosotros… ¡Fue asombroso! –Splinter escuchaba sonriente a su nieta, que al parecer ya había olvidado el asunto de su amigo; estaba tan orgulloso de ser su abuelo-. Primero me llevó a su despacho, ¡pensé que era por algo malo! Pero no… Me empezó a preguntar por ti, que si seguías en las alcantarillas, que la última vez que te vio estabas entrenando a unas tortugas… ¡Y hasta sabía que Raphael era mi padre! Es un hombre genial, muy simpático y amable.
-Parece que no ha cambiado –dijo Splinter con una sonrisa-. También era así cuando nos conocimos. Oroku, Okaro y yo fuimos grandes compañeros, pero el destino quiso que las cosas cambiaran… Oroku Saki se llenó de celos…
-Sí, por lo de mi abuela Tang Shen, ¿verdad?
-Así es… Y a Okaro lo enviaron a New York para que enseñara a un nuevo clan. Cuando yo me mudé aquí, nos volvimos a ver. Antes y después de la mutación.
-¿Y aún así sigue siendo tu amigo?
-Sí, Okaro es un hombre del que se puede fiar. Los verdaderos amigos te juzgarán a la cara y te defenderán a las espaldas, recuérdalo siempre Yumiko.
-Entonces abuelo, ¿crees que aunque Casey se haya enfadado mucho conmigo querrá seguir siendo mi amigo?
-Estoy seguro de ello. Casey y tú tenéis un fuerte lazo de amistad, no creo que nada sea tan potente como para romperlo.
Mitsuki pensó unos segundos. Su abuelo tenía razón, ¿y cómo no? ¡Siempre la tenía!
-Tienes razón abuelo –la chica, sin dudarlo, abrazó a Splinter y este le correspondió, aunque no era muy propio que entre ellos hubiera tantas muestras de cariño-. ¡Gracias, te quiero!
-Yo también, Yumiko.
Entonces, el maestro se levantó y se dirigió a la puerta, era su hora de meditar. Después de despedirse con la mirada, salió del cuarto de la chica. Esta solo dirigió su mirada hacia el balcón… ¿Estaría Casey pensando en ella tanto como ella en él?
Un rato después, en el dojo de la casa Hamato…
Concentración…. Concentración… Concentración…
Eso era lo único que recorría la mente del maestro Splinter que llevaba un rato meditando, metido en sus pensamientos. Como le gustaban esos momentos de paz, en los que recordaba a toda su familia, incluso a… Tang Shen. Hace un rato la ha mencionado su nieta y ha notado un pequeño pinchazo en su corazón. Si que estaba enamorado de ella… Y la sigue echando de menos. A ella y a Miwa, o como se hacía llamar, a Karai, ¿dónde se habría metido su hija después de todo este tiempo? Ahora sería toda una mujer, como April y Claire.
A veces echa de menos su antigua vida pero, si las cosas no hubieran cambiado, ahora no tendría esta preciosa y grande familia. No habría tenido de hijos a cuatro trastos tortugas y, a su vez, no hubiera tenido a aquellas preciosas nietas que le seguían sorprendiendo día a día con todo.
Si Tang Shen no se hubiera ido, ahora su vida sería muy distinta…
De repente, algo le sacó de sus pensamientos. Sus grandes orejas de roedor se movieron, detectando un ruido extraño, poco habitual en el bosque. La primera vez pensó que era fruto de su imaginación, pero a la segunda, a la tercera y a la cuarta, abrió los ojos. Había algo fuera de lo común.
Salió del dojo y se dirigió a la puerta. Cuando salió el ruido se hacía más cercano. Daba gracias al cielo a que sus habilidades como ninja le ayudaban a tener un oído más agudo de lo normal, al igual que April y que Yumiko. Entonces volvió a oír el ruido. Era obvio, no estaban solos en ese bosque…
Y hasta aquí el capítulo, gracias por leer. ¿Qué pasará con el baile entre Rodry y Mitsu? ¿Se perdonarán ella y Casey? ¿Qué serán esos ruidos del bosque que oye Splinter? Bueno, todas estas dudas y más se resolverán si seguís leyendo la historia.
Por favor, no os preocupéis por lo que me pasa, no tiene nada que ver con las tortugas, con vosotros o con FanFiction en general, son cosas que son normales que me pasan (supongo), y bueno... Solo eso, no os preocupéis por mi :)
¡Un saludo a todos! :D
