HOOOOOLAAA AMIGOOOS :D
Bien, bien, bien... ¡Aquí estoy de vuelta! Con más energías que nunca y muuuuuy animada, ¡GRACIAS POR VUESTRO APOYO! Y gracias a todos vosotros por los reviews... Luisita Gomez , pao lop , Dani411 , Linna B , YaniiR , nina14j y Cooni fghjk .
Para Cooni fghjk : Ay amiga, ¡espero que ya estés bien! Jajajaja, tú me has animado mucho :), ¡intento animarte yo a ti! Así que espero que este capítulo te guste. Y tranquila, me da igual las cosas feas que digan, si no gusta que no lea, ¿no crees? Bueno, ¡espero que estés mejor y que te guste! ¡UN SALUDO!
Para asdfghjkl : Verás, amigo o amiga, la verdad es que en el capítulo anterior no puse nada de que esperaba los reviews lo que me da a entender que has leído más capítulos, entonces, ¿si no te gusta mi historia para qué la lees? NADIE te obliga a nada. También que sepas mi nombre me lleva a pensar que has entrado en mi perfil, ¿para qué tanto interés si mi historia te parece "una mierda"? Para la próxima vez si no te gusta el capítulo no te canses en poner un review y pírate a leer otra historia, ¿entendiste? Bien, así que ya no hace falta que sigas mi historia.
BUEEEEEEENO, ya sabéis que agradezco vuestro apoyo y que sin vosotros no estaría aquí... ¡Así que ya tenéis la continuación!
Chapter 6: Yumiko, la chica ninja.
La rabia es difícil de controlar. Solo pocas personas podían hacerlo, pero Casey no era una de ellas, y ahora se encontraba pagando su ira contra un árbol del bosque, al que no paraba de golpear con su fiel stick de hockey. Le consumía el odio y en sus ojos no se veía otra cosa que cabreo. Golpeaba al árbol sin parar, dañándolo y haciéndole alguna que otra rotura.
-Maldición, maldición… -repetía mientras golpeaba.
Se cansó y le dio una patada al aire arrancando hierba del suelo. Después se acercó a otro árbol y levantó el stick con las dos manos y lleno de ira para golpearlo, pero notó como algo aparecía de la nada y se clavaba en la punta de su "arma". Lo bajó; una estrella ninja. La desencajó y la observó en su mano. Era del clan de Mitsuki, eso estaba claro.
Después miró hacia el bosque. Estaba solo, parecía, ¿pero de dónde había venido esa estrella? ¿Alguien le estaba observando? Entonces se colocó en posición de ataque, apuntando hacia adelante con su stick.
-Qui… ¡Quién hay ahí! ¡Sal, cobarde! –gritó Casey, intentando ocultar su miedo.
Lo siguiente no lo vio venir. De repente, se encontraba en el suelo con algo reteniéndolo. No le dolía nada, pero sintió un gran escalofrío al ver que quien le retenía con un pie contra el suelo era el Maestro Splinter. El gran y respetado abuelo de Mitsuki, pero que, por otra parte era una rata mutante que siempre le daba pánico.
En cuanto tuvo oportunidad, se apartó de él y se acorraló contra un árbol, mientras sequía sentado en el suelo.
Splinter empezó a andar hacia él, pero se paró en un momento. Casey no podría estar más asustado mientras lo miraba. El Sensei se agachó y cogió el stick del suelo. Lo observó un segundo y luego clavó sus ojos en el pelinegro.
-Ma… Maestro Splinter, yo… Yo no… -Casey iba a seguir con su escusa, pero Splinter le interrumpió tendiéndole la mano para ayudarle a levantarse. Este aceptó, aún asustado-. Maestro, yo…
-Tranquilo señorito Casey, no vengo a hacerle daño, como estereotipo que tiene de mis amigos roedores.
-Lo… Lo siento señor… Yo…
-Tienes pánico a las ratas. Sí, lo sé.
-Bi… Bien…
-Pero, señorito Casey, ¿podría pedirle un favor?
-S… Sí claro señor Splinter.
-Cuando la rabia le inunde, intente no pagarla con los árboles –se acercó al árbol al que había dañado Casey y acarició un roto-. Ellos no tienen la culpa…
-Oh sí… -Casey bajó la cabeza-. Lo siento mucho, Sensei…
-Tranquilo, sé que la ira es difícil de controlar. ¿Sabes? Me recuerdas mucho a mi hijo Raphael cuando era niño.
-¿A Raph? –repitió, intentando retener una risa-. Será por eso por lo que me cae tan bien ese hombre.
-Sí –sonrió-. Si tuvierais la misma edad, seríais grandes amigos.
-Sí señor, aunque ya lo somos.
-Ahora mismo, me preocupa otra amistad tuya, señor Jones.
-¿Otra amistad? –prensó unos segundos-. Ah… ¿Mitsu, cierto?
-Ajá, Yumiko ha entrado llorando a su cuarto hoy.
Casey notó un poco de dolor en su pecho al oír eso. Su mejor amiga, la chica de la que estaba enamorado… Llorando, por una sola razón… Él.
-Llo… ¿Llorando?
-Sí, y por lo que me he enterado… Ha sido por una disputa vuestra, ¿cierto?
-Sí, señor…
-Señorito Casey, no me quiero meter en la vida de dos adolescentes… Sobre todo porque ya sufría la vida de cuatro –dijo produciendo una sonrisa al chico-. Pero creo que Yumiko y tú deberíais hacer las paces, una amistad tan fuerte como la vuestra, no se debería romper por cosas como estas.
El maestro había dejado a Casey sin contestación. Se giró dándole la espalda para dirigirse de nuevo a su casa, pero antes se paró.
-Recuerda, Casey, que el amor es una enfermedad inevitable, dolorosa y fortuita, pero si no se controla la ira que este puede provocar, llega a destruirte a uno mismo.
Entonces fue cuando Splinter desapareció, en un rápido pestañeo.
"¿Qué querrá decir con…?"
ººººººººººººººººººººººº
En la ciudad…
Claire iba con el coche por la carretera mirando a un lado y al otro un lugar para a aparcar. Cuando al fin lo vio, fue directa a él. Al salir del coche se dejó ver bien. Su bonito cabello, su cuerpo de mujer… Y su ropa, que no era del todo corriente. Llevaba unos jeans ajustados de color azul claro, un jersey verde que dejaba ver sus hombros con unos tirantes rojos, y unas botas de color marrón que parecían muy cómodas. También llevaba unas gafas de sol. La verdad es que con ese estilo, parecía una completa adolescente.
Cogió su bolso y fue directa al centro comercial. Al pasar al lado de un callejón notó un rápido movimiento. Giró la cabeza hacia este, pero no vio nada. En cuanto dio otro paso, el movimiento volvió a aparecer, entonces nuevamente giró la cabeza encontrándose con nada.
Se metió al callejón miró hacia arriba de los edificios, también a las escaleras de incendios, a los balcones… Pero no había nada.
Se giró para volver a la calle, pero abrió los ojos sorprendida y dio un pequeño salto de la impresión al ver, justo delante de ella, a Raphael bocabajo colgado de una de las escaleras de incendios. Esa escena le recordaba bastante a aquella película llamada Spiderman, en la que el superhéroe besa a una chica justo en la misma posición que estaba su marido ahora mismo.
-¿Vas a algún sitio, jovencita? –dijo Raph, con una linda sonrisa.
-Sí, me dirigía al centro comercial, ¿y tú, tortuguita?
-Oh, pues verás, yo estaba por aquí, salvando el mundo… Pero te he visto y he preferido salvarte a ti.
-¿Salvarme a mí? ¿De qué? –contestó Claire con una sonrisa.
-De que nadie más te diera esto…
Raphael estiró su mano, agarró el brazo de Claire atrayéndola hacia él y unió sus labios en un profundo beso. Sí, esa escena era muy parecida a la de la película.
-Raphael, que ya no somos unos niños… -dijo Claire sonriendo al separarse del beso.
-¿Y qué? ¿Por eso no te puedo besar?
-Sí, pero tampoco hace falta que hagas estas escenas.
-Pero si sé que te encantan…
Claire no pudo evitar ruborizarse.
-Anda, calla y bésame.
Entonces sus labios volvieron a unirse, con más pasión que la otra vez. Pero algo interrumpió este bonito beso.
-¡HEY RAPH! ¡Deja ya de besarte con Claire y vuelve con nosotros! –gritó Mikey, graciosamente, desde el tejado.
La pareja se apartó, con una sonrisa en la cara.
-Disculpe señorita –Raphael le giñó el ojo-. Pero me necesitan en la planta de arriba.
-Anda vete –contestó con una sonrisa-. Y tened cuidado…
-Lo tendremos.
Y así, Raphael volvió con sus hermanos y Claire volvió a la calle para ir al centro comercial.
"Esta tortuga me va a volver loca…"
ººººººººººººººººººººººººººº
Una sombra corría y saltaba de edificio en edificio en New York.
Se movía rápida, veloz, ágil… Como si corriera por las nubes, como si ese fuera su hábitat.
Pero, de repente, se paró, al borde de un edificio. Parecía que se iba a caer, pero no, estaba perfectamente equilibrada en el final de aquella planta. Observó la ciudad, inundada por la noche e iluminada por varias farolas.
-¡NO! ¡AYUDADME! ¡SOCORRO!
La figura de las sombras se alertó. Miró de dónde habían venido esos gritos de, al parecer, una chica. Fue fácil descubrir el paradero de ella; una chica de, más o menos, su edad, bastante guapa… Pelo rubio largo, delgada y vestida de noche de fiesta con un vestido justo y negro, estaba siendo acorralada en un callejón por tres hombres, que no parecían tener intenciones muy buenas.
La sombra se acercó rápidamente.
-Vamos guapa… -empezó uno de los hombres-. No vamos a hacerte nada malo, a no ser que tú quieras.
-¡No por favor! –gritó la chica, casi con lágrimas.
-Nos lo vamos a pasar muy bien… -contestó otro hombro, con una horrible sonrisa.
-Chimamire no dansei… -susurró aquella sombra-. Tendré que darles su merecido.
Esta estaba a punto de saltar, pero un gran y fuerte silbido interrumpió aquella escena. Los hombres, la chica rubia e incluso la sombra se giraron ante el perteneciente de ese rubio. Entonces, al final de aquel callejón apareció un chico, no muy mayor, de unos dieciséis años, de pelo negro, que llevaba una sudadera negra rota por las mangas encima de otras dos camisetas, una gris y otra carmesí, de mangas largas, un pantalón gris y unas deportivas negras. Una ropa normal si quitamos todo lo demás… Pero el chico, aparte de eso, llevaba la cara tapada por una máscara de hockey, dos grandes guantes en cada mano, uno negro y blanco y otro marrón con pinchos. Y en su hombro izquierdo, un protector de hockey blanco también con pinchos. En su espalda llevaba un bate de beisbol y un stick de hockey, y en sus manos otro stick que movía con gracia.
-Vaya, vaya, vaya… -decía el chico mientras miraba hacia los tres hombres y la chica que no podía retener las lágrimas-. ¿Qué tenemos aquí? ¿Qué chicos? ¿Iban a divertirse con esta chica tan mona?
-¿Algún problema con eso? –preguntó el hombre que todavía no había hablado-. ¡Piérdete, mocoso!
-Eso no era lo que tenía planeado… -el chico parecía que se lo estaba pasando bien y sacó de quién sabe dónde un disco de hockey.
La sombra, que seguía observando lo que hacía aquel chico, no pudo evitar sonreír.
-Está loco… -dijo en un susurro.
-¿Así? ¿Y qué tienes planeado, especie de chico calavera? –preguntó el hombre, casi riéndose.
-¿Chico calavera? Me gusta, tú podrás llamarme así, amigo –colocó el disco en el suelo-. Y mis planes eran… ¡Que os comierais esto! –rápidamente, golpeó el disco con el stick.
Este salió disparado, y le dio justamente al hombre en la cabeza, dejándolo inconsciente en el suelo. Los otros dos hombre miraron a su amigo y luego al chico.
-¿Qué piensas hacer? ¡Nosotros somos dos y tú uno!
-¿Queréis llamar a alguien para estar igualados? –contestó con gracia.
Tanto la chica rubia como la sombra soltaron una pequeña risa. Los hombres miraron a la muchacha y se enfadaron porque, al parecer, había perdido el miedo. Entonces se empezaron a acercar al chico con forma amenazante.
-¿Vosotros también tenéis hambre, amigos? –preguntó el chico.
-Déjate de gracias, Chico Calavera, ahora serás tú el que acabe como él –dijo un hombre, señalando al que estaba inconsciente-. Así que prepárate.
-Vaya, solo él podía llamarme Chico Calavera, pero bueno, si os hace ilusión…
Entonces el pelinegro agarró con fuerza su stick y golpeó la cara de uno mientras esquivaba un golpe del otro. Entonces el golpeado cayó al suelo y el otro recibió lo mismo tirándolo al lado suyo. Los dos estaban doloridos y se miraron entre ellos.
-Tengo un bate también… Quizás les apetezca comérselo.
Los dos hombres agarraron rápidamente a su amigo y salieron corriendo de allí.
El pelinegro los observó riéndose y luego miró a la chica rubia; era bien guapa. Esta se acercó a él con una bonita sonrisa y le dio un gran abrazo, en señal de agradecimiento.
-¡Muchas gracias, Chico Calavera! –contestó la rubia-. Te daría un beso, pero llevas una máscara.
Eso hizo sonrojar levemente al chico.
-No hay problema, ¿para eso estoy aquí, no? Además, no iba a dejar que le hicieran daño a una chica indefensa.
-¡Gracias! –dijo esta mientras le volvía a abrazar-. ¡Eres mi héroe Chico Calavera!
Entonces, la chica, se fue de allí despidiéndose de aquel chico con la mano, que desde ahora sería su gran héroe.
Este se quedó solo en el callejón. Tenía sonrisa en la cara que había puesto sin querer. Qué bien se sentía después de salvar a alguien, era una enorme satisfacción. Pero algo le hizo salir de sus pensamientos. Algo había saltado desde arriba del edificio hasta el suelo, justo delante de él. Cuando la vista se le aclaró, abrió los ojos sorprendido.
Era ella… Había vuelto a salir así…
Una chica, de pelo castaño claro largo hasta casi la cadera, con un flequillo girado a la derecha. Delgada y no muy alta. Llevaba un traje de ninja, que consistía en una bandana negra bastante grande. Un vestido muy corto y justo, que dejaba poco a la imaginación, de color negro y de tirantes y con una cinta ancha y de color roja amarrada a su cintura. En el pecho, en el lado derecho, una estrella de ninja de color amarilla. También llevaba unos guantes negros que dejaban ver sus dedos, una bufanda roja que casi le tapaba la boca y unas zapatillas negras con unos calcetines largos de color blanco. Y, en su espalda, un arco con flechas.
Lo que más sorprendieron al chico era el vede tóxico de los ojos de la chica.
-Mi… Mi…
-¿Qué hay, Tomohisa?
-¡Mi…! –Tomohisa no pudo continuar la frase, porque la chica le había tapado la boca.
-Sabes que cuando voy así vestida no me gusta que me llamen por ese nombre.
-De acuerdo Yumiko –dijo el chico cuando ya le había destapado la boca-. Pero a mí sí me puedes llamar por mi nombre, no hace falta que me llames Tomohisa.
-¡Buen intento! –contestó Yumiko sonriendo-. Pero siempre serás Tomohisa, aunque parece que en la ciudad ya te conocen por otro nombre, ¿no Chiko Zugaikotsu?
-¿Chiko qué? –dijo este.
-Es "Chico Calavera" en japonés, cerebro de mosquito…
-Bueno, ¡perdóname! –Tomohisa se quitó la máscara dejando ver su cara, que sorprendió a la chica, ya que estaba pintada completamente como si fuera una calavera-. Yo no tengo familia de Japón.
-Te perdono –sonrió Yumiko-. ¿Para eso eres mi Tomohisa, no?
El chico abrió los ojos y la miró, son una pequeña sonrisa.
-Y… También te pido perdón, por lo de Rodri…
-Sí –interrumpió esta-. Y te perdono, yo también tuve la culpa… Nos gritamos por una tontería, Casey.
-Opino igual –Casey sonrió, dejando ver su hueco entre los dientes.
Yumiko no pudo evitar un impulso y abrazó a su amigo, mientras le daba un suave beso en la mejilla, haciéndole sonrojas levemente.
-Yumiko, ¿puedo preguntarte algo?
-Claro, pero antes… ¡Sígueme!
La kunoichi empezó a escalar por las escaleras de incendios y subió arriba del tejado. El chico la miró por unos segundos y la siguió. Al llegar a su altura, vio que su amiga se encontraba de espaldas a él, sentado en el borde del edificio. Este se acercó y se sentó a su lado.
La chica miraba la ciudad y la luz de esta le reflejaba en sus ojos.
-¿Cómo una ciudad tan bonita puede tener delincuentes tan horribles…?
-Entonces creo que eso contesta a mi pregunta…
-¿Y cuál era esa? –preguntó Yumiko dejando de mirar a la ciudad y mirando a su amigo.
-Por qué habías vuelto.
-Oh…
-Hacía mucho que no venías como… Yumiko.
-Quizás es porque Mitsuki me cansa.
-¿Te cansa?
-Sí, ser una chica normal, con vida normal… Sin que nadie sepa de mi familia… Eso me aburre. En la única forma que me divierto es siendo Yumiko, ella es una buena kunoichi, puede contra todo lo que se proponga, hace lo que quiere, nadie la domina… Ella es…
-Tú –interrumpió Casey-. ¿Recuerdas que Yumiko eres tú?
La chica quitó la mirada de su amigo y volvió a observar la ciudad. Los dos se quedaron un buen rato en silencio, hasta que…
-Hola chicos…
Los dos jóvenes sintieron un escalofrío al oír esa voz y se giraron encontrándose con una extraña mujer. Llevaba una armadura de ninja, en negro y con algún toque metálico y con una parte que le tapaba la boca. No parecía ser muy mayor; de la edad de April y Claire, más o menos. Tenía el pelo en una corta melena que apenas le llegaba a los hombros, de color negro y rubio. Su maquillaje era extraño; con toques negros y rojos en los ojos, que eran de un color amarillento.
De repente, la chica colocó su mano en su cadera y puso una sonrisa.
-¿Qué hay?
-Em… ¿Podemos ayudarte con algo? –comenzó hablando Casey.
-He visto que eres bueno peleando, Chico Calavera –Casey se sorprendió al oír eso-. Y tú tampoco tienes pinta de ser mala –continuó la señora refiriéndose a Yumiko.
-¿Y a qué viene que nos espíes? –preguntó Yumiko
-Oh, yo no os espiaba, simplemente pasaba por aquí y… Os vi.
-Venga, ¿qué quiere? –Casey no parecía muy seguro de esa mujer.
-¿Os apetece una pelea amistosa?
Los dos adolescentes abrieron los ojos sorprendidos, pero con pensamientos diferentes.
-¡Claro que no! –dijo Casey-. Vamos Yumiko, no perdamos el tiempo.
El chico se levantó y agarró la mano de la chica, pero esta parecía que no quería levantarse.
-¿Yumiko? Vamos.
"Nunca huyas de una pelea… Eso es de cobardes…"
-Me parece que… Voy a aceptar esa lucha.
-¿¡Qué?! –dijo Casey.
-¡Genial! –dijo la mujer.
- Chiko Zugaikotsu, vuelve a casa, yo me ocupo.
-¡Ni de broma! –contestó Casey, al que le extrañó que Yumiko le llamara así, aunque comprendió que era para defender su identidad-. ¡Yumiko no dejaré que luches con esta mujer!
-Zugaikotsu, ¡vete!
Casey se quedó mirándola unos segundos, negando con la cabeza, no creía que su amiga estuviera haciendo eso. Yumiko solo le volvió a mirar con decisión en sus ojos. Entonces el chico simplemente se fue de allí, con algo de cabreo por sus pensamientos.
-Bien, ¡luchemos! –dijo Yumiko, cuando su amigo ya se había ido.
Entonces, la mujer sacó una katana de su cinturón y Yumiko su arco. Esta lanzó una flecha que rozó la cara de la mujer, y la mayor se acercó a ella con su arma. Yumiko esquivaba rápidamente sus movimientos, pero la mujer era muy veloz y acabó golpeándola y tirándola al suelo.
Desde su posición, Yumiko le tiró otra flecha, pero la mujer la esquivó. Entonces se acercó a la adolescente. Parecía que iba a dar su golpe final, pero en lugar de eso, la ayudó a levantarse.
-Peleas bien –dijo la mujer.
-Gracias, pero tú eres mejor.
-Quizás sea porque llevo más años de entrenamiento, ¿no crees?
-Sí… Supongo…
Un pitido procedente del móvil de la joven interrumpió la escena. Yumiko sacó su aparato y se alertó; era demasiado tarde.
-Eh…Disculpa, tengo que irme…
-A ver si adivino, ¿tus padres no saben de tus escapadas por la noche en forma de kunoichi?
Yumiko se sorprendió bastante al oír eso.
-Algo por el estilo…
-Tranquila, chica, tu secreto está a salvo conmigo –contestó la mujer con una sonrisa.
-Me alegro… ¿Cómo te llamas por cierto?
-Mi nombre es… Karai.
La chica sintió un pequeño escalofrío al oír su nombre, ¿pero por qué? Entonces recordó la hora. Tenía que irse o si no sus padres se enterarían.
-Un gusto en conocerte –contestó Yumiko, y tras eso, salió corriendo de allí.
-Igualmente, Mitsuki Hamato –dijo finalmente Karai, cuando la chica ya se había ido.
Bieeeen, ¡y hasta aquí el capítulo!
Bueno, bueno, bueno... ¿Qué pasará con Mitsu y Casey? ¿Qué se tramará Karai ahora que ha vuelto? Estas respuestas las tendréis en los próximos capítulos...
AHHHH, y antes de que se me olvide... Como podréis comprobar, he cambiado la foto de la historia. La chica es Mitsuki, ¿os gusta esta o preferís la otra? La cambiaré según vuestra opinión ;)
¡Un saludo a todos! :D
