¡Hey! Jejé...

Soy un horror D:

Vale, sé que prometí subir este capítulo mas pronto y... También prometí subir los capítulos de mis otras historias... Pero no he podido, ¡lo siento! Esta vez no voy a prometer nada, porque sino será mucho peor... Bueno, lo único que prometo es que NO dejaré mis historias sin terminar. LO JURO.

Bueno... Muchas gracias a pao saki , Yae Konami , Luisa-Hamato , Sara Mury 11 , IsaEverdeen , Hana Skyle , nina14j , vanne perez , princesaninja789 , , pauli2000 , turtlefangirl2012 , YaniiR , Guest , y mikaela hamato17 por vuestros reviews, de verdad que me animan mucho :)

Canción: Ladytron - Ghosts


Chapter 8: Amor en la oscura noche.

Yumiko se encontraba caminando por los tejados de la oscura New York, con su traje de kunoichi. Extrañamente no quería correr, solo andar tranquilamente. No tenía nada que pensar, simplemente en lo que había hecho esa tarde. Y sonrió al recordarlo, era lo que quería…

*Flashback*

Después de aquel tierno beso, los dos se despidieron. Casey se quedaría por el bosque, pero ella tenía otros planes.

Empezó a correr recordando las coordenadas exactas. Primero a la derecha, luego todo recto… Hasta que al final llegó. Un edificio, igual que todos los de New York. Llamó a uno de los pisos, rogando porque ese fuera el correcto.

-¿Sí? –contestó una voz de mujer al otro lado del timbre.

-Hola, señora, soy Mitsuki Hamato.

La voz no habló más. Lo próximo que se oyó es que la puerta del portal se abría. La chica entró y subió las escaleras hasta el tercero, donde había una puerta abierta. Antes de adentrarse en la casa, dio un pequeño golpe a esta.

-Pasa –se oyó.

Mitsuki obedeció y, justo detrás de la puerta, se encontraba ella… La Señora Jones, la madre de Casey. No era muy alta, incluso algo más bajita que ella. Era algo ancha de caderas, pero tampoco llegaba a ser del todo gorda. Tenía el pelo ondulado hasta los hombros y de color castaño oscuro. Llevaba de ropa un pantalón grisáceo y una camiseta marrón, un conjunto cómodo para andar por casa. Su mirada era triste, aunque ella intentó sacar una pequeña sonrisa.

-Mitsuki… Cuanto tiempo.

-Hola Señora Jones –Mitsu se acercó y le dio dos besos.

-Ven, ¿quieres tomar algo? –dijo, mientras se adentraban más en la casa y acababan en el salón.

-No gracias, señora.

-Siéntate –la indicó el sofá y ella obedeció.

-Venía a hablarle de… Casey.

Al parecer, la mujer al oír ese nombre, se quedó congelada.

-¿Ya no vive aquí, cierto?

-No, no vive aquí…

-¿Podría contarme la razón?

-Pues verás, Mitsuki… La razón simplemente fue… El hockey… Él siempre venía después de jugar lleno de heridas y moratones… Yo no podía… No quería… Pero parecía que a Casey no le importaba en absoluto.

-Señora Jones, de veras que la comprendo… Yo intenté hacer lo mismo que usted. Le grité, le obligué a que se quitara… Hasta que comprendí que el hockey era su vida. Si se lo quitaba, él no volvería a ser el mismo. Al igual que si a mí me quitan… Trigonometría. O al igual que si a usted la quitan a Casey…

La mujer se quedó callada un segundo.

-Tienes razón Mitsuki, en todo, pero… Yo…

De repente, la puerta del salón se abrió dejando ver a una pequeña niña de apenas ochos años, vestida con un blanco camisón. Su pelo era negro y bastante largo, con ojos azules muy claros, y con la cara soñolienta llena de pecas. Esta bostezó.

-Hija, ¿te hemos despertado?

-No mami, ya llevo un rato despierta… -contestó la niña, con una dulce voz.

Mitsuki sonrió al verla. Ella debía ser la hermana pequeña de Casey; se parecían un poco.

La niña se fijó en ella y también sonrió.

-¿Tú eres la que va a traer de vuelta a Casey, no?

-Hija, ¿cómo…?

-He soñado con ella –interrumpió la pequeña, llevándose las miradas extrañas de las dos.

-¿Cómo…? –dijo Mitsu.

-Tú eres la que nos devolverá a Casey, después de todos estos meses.

Entonces, el móvil de la adolescente empezó a sonar. Ella miró la pantalla; era Casey, y lo cogió.

-¡Casey!

-Mitsuki, ¿quieres…?

-Casey… -le interrumpió ella-. Tengo que contarte algo…

Pasados unos cuantos minutos, cuando Mitsuki ya había dejado de hablar con su amigo, las tres se encontraban sentadas en el sofá, sin decir apenas palabras. Hasta que al final, el timbre de la casa sonó y la Señora Jones fue a abrir la puerta, esperando que fuera quien esperaba.

La hermana de Casey y Mitsu se quedaron solas en el salón, intentado oír que ocurría. Hasta que, por fin, se oyó unos rápidos pasos y, a continuación un flojo llanto. Las dos se miraron entre ellas y corrieron al portal, para ver lo que ocurría.

Mitsuki sonrió al ver la escena, al igual que la pequeña. La Señora Jones estaba abrazando a su hijo, mientras soltaba alguna lágrima. Casey estaba sorprendido pero acabó también abrazando a su madre. Al separarse, la pequeña no tardó en llegar a los brazos de su hermano, y este la cogió al aire.

-¡Casey!

-¡Hola, pequeña!

-¡Te he echado de menos!

-Y yo a ti…

Mientras, la mujer no paraba de llorar y Casey colocó su mano en el hombro de esta.

-Tranquila, mamá…

-Casey… -entonces abrazó nuevamente a su hijo-. Yo también te he echado de menos…

-No volveré a irme, lo prometo… -susurró el chico.

Mitsuki miraba la tierna escena, con una gran sonrisa e intentando retener las lágrimas que estaban a punto de caer de sus ojos.

*Fin Flashback*

Y también recordó el beso. Fue tan extraño… Pero a la vez rico. No se imaginaba que su amigo Casey besaba tan bien, ¿con cuántas se habría besado ya? Seguro que muchas habían caído a sus pies. Y de repente sintió unos extraños celos, ¿por qué? Era su mejor amigo, ese beso no había significado nada… ¿O sí?

La ciudad estaba tranquila. Ningún criminal, nada fuera de su sitio… Y Casey no aparecía por ninguna parte como el "Chico Calavera". Mitsuki suspiró, seguramente esa noche le tocaba andar sola…

ººººººººººººººººººººººº

En casa de los Hamato…

Abrió los ojos repentinamente. No por un mal sueño, o algún dolor… Simplemente se había despertado. Intentó volver dormir, pero ya era imposible, el sueño no lo iba a recuperar. Miró a su derecha, en su mesilla se encontraba su bandana de color azul.

Quizás debería…

Decidido. Cogió su antifaz y se lo colocó, al igual que sus protecciones, su cinturón y sus katanas. Estaba listo. Necesitaba caminar por la ciudad; despejarse. Como hacía en su adolescencia.

Minutos más tardes ya se encontraba en la ciudad de New York. Hacía mucho que no hacía esto; saltar y correr de edificio en edificio, por la noche, sin preocupaciones… Y, de repente, una imagen de Karai le apareció en la mente. ¿Dónde estaría ella? Hacía mucho que no la veía, bastantes años… Ya casi ni se acordaba de cómo era, ni de sus sentimientos…

Eso le recordó a Mitsuki. Su pequeña y bella sobrina… ¿Qué es lo que realmente sentía por ella? Era de su familia, la hija de su hermano… Pero no podía evitar sentir una extraña sensación. Después de lo que había pasado esa tarde con Casey…

Casey Jones…

Antes no le importaba, pero ahora le hervía la sangre al recordar aquella escena de él y su sobrina riendo y pasándoselo genial. Tenía que hacer algo al respecto. Tenía que hacer que Mitsuki le perdonara y empezar a estar más con ella, para así que ese Casey no pudiera. Sí, tenía que hacer eso.

En los primeros días de la primavera
y te hizo una separación de miles de enemigos
hizo una pista de un millar de lágrimas
le hizo un preso dentro de su propio secreto

Esa voz… No podía ser… Era igual a la de ella. Giró la cabeza rápidamente, intentando detectar la perteneciente de esa melodía. Y, al final, dio con ella… Una extraña muchacha, vestida de kunoichi, eso estaba claro, estaba de espaldas a él, a unos cuantos metros, sentada en el borde de un edificio.

Hay un fantasma en mí
que quiere decir "lo siento"
No quiere decir lo siento

Se acercó más a ella, no podía evitar sentirse atraído… Hipnotizado… La letra de la canción era extraña y rara, pero la voz de aquella muchacha era preciosa y delicada… Hasta que al final estaba justo detrás de ella, a unos centímetros…

En la primera hora de la primavera
y te hizo una separación de miles de enemigos

Ahora veo que de la esquina
reloj huelgas
y sé que será potable por sí solo

Hay un fantasma en mí
que quiere decir "lo siento"
No significa lo siento.

Ella sonrió. Necesitaba despejarse y las canciones siempre le ayudaban. Pero lo increíble fue al levantarse, darse la vuelta y encontrarse frente a frente con él… Leonardo.

-Em… Yo… -empezó tartamudeando Leonardo.

Mitsuki, o ahora, Yumiko, se quedó paralizada.

-Pe… Perdón… Tu canción… Me ha gustado…

-Yo…

Leonardo interrumpió a la chica estirando su mano, en señal de saludo.

-Soy Leonardo, pero me llaman Leo –Yumiko sonrió, su tío no se daba cuenta de quién era.

-Soy Yumiko –le dio la mano.

-Vaya… Es extraño… Te llamas igual que… Como llama mi padre a mi sobrina…

-¿Qué coincidencia, eh?

Yumiko suspiró. Se le había escapado ese pequeño detalle, pero hoy había hecho bien en ponerse un antifaz con el cual no se le vieran los ojos.

-Sí… Espera un momento… No te había visto nunca por aquí, Yumiko.

-Yo a ti tampoco, tortuga –contestó con algo de sensualidad, y eso a Leo le hizo sonrojarse.

-Bu… Bueno… No vengo mucho, pero hace años… Yo salía mucho por aquí…

-Perfecto –sonrió-. Entonces serás bueno saltando edificios.

-Claro, ¿por…?

-¡Sígueme!

Antes de que pudiera reaccionar, la chica ya había salido corriendo y Leo no tardó en seguirla. Era rápida y veloz, casi tanto como él. No tardaron en llegar a lo alto de un rascacielos desde el que se podía ver toda la bella ciudad iluminada. Yumiko se sentó al borde, mirando las luces que iluminaban New York. La tortuga se acercó a ella con duda, pero acabó sentándose a su lado.

Yumiko aprovechó, unos segundos después, y apoyó su cabeza en el hombro de este, haciéndole sonrojar.

-¿Te gusta New York, Leo?

-Claro, es preciosa…

Entonces ella levantó su cabeza y lo miró a los ojos. Ese par de bolas azules oscuras; preciosos…

-¿Y hay algo que te parezca más precioso? –dijo con dulzura.

-Bueno, yo…

Y de repente, el de azul fue interrumpido por un profundo beso de la chica. Ella tenía los ojos cerrados, pero él los permanecía abiertos por el asombro, aunque al final también los cerró, saboreando aquellos dulces labios. No tardó en llevar sus manos a la cintura de ella y acercarla más.

Ese momento era único, especial… Era lo que Yumiko llevaba esperando desde hace dos años. Era perfecto. Pero, extrañamente, no podía decir cuál era mejor, si el de Casey o el de Leo. Los dos eran geniales. Pero, cada segundo que pasaba, se olvidaba más de Casey y, sobretodo de Rodry, que no había vuelto a surcar sus pensamientos, y se centraba en Leo, y en sus dulces labios.

Por su parte, Leonardo saboreaba la boca de la joven desconocida. ¿Por qué lo estaba haciendo? ¿Una simple ilusión de olvidar a Mitsuki por ella? Aunque eran extrañamente parecidas, no podía evitar sentir algo de traición hacia su sobrina… ¿Pero traición de qué? No eran nada. Entonces, poco a poco, fue olvidando a Mitsuki, y centrándose en aquella extraña kunoichi, Yumiko…

Al separarse, los dos se sonrieron, pero Leo interrumpió ese momento borrando su sonrisa.

-Yumiko, soy demasiado mayor para ti…

-¿Y qué?

-No deberías estar conmigo, no deberíamos…

-¿Siempre eres así?

-¿Qué?

-Ya sabes, ¿siempre quieres seguir las normas? ¿Qué importa la edad, qué importa que seas una tortuga mutante? Leo, deja que los demás te den la diversión y sal tú a buscarla.

Yumiko estaba seria y Leo la miraba fijamente a los ojos. No pudo evitar volver a sonreír al oír aquella frase. Ella, al ver que no se tomaba en serio sus palabras, se levantó enfadada y le dio la espalda mientras se cruzaba de brazos.

-Todos los chicos sois iguales…

-Yumiko… -dijo Leo teniendo aún sus sonrisa en la cara y levantándose del suelo, no tardó en rodear con sus brazos a la chica-. Yo no soy igual que todos…

Ella se giró y le miró a los ojos.

-Entonces… ¿No me vas a abandonar?

-No.

-¿Me lo prometes?

-Te lo prometo.

Otro dulce y profundo beso selló aquella promesa.

-¿Quieres ver algo? –dijo Yumiko, con una dulce, aunque pícara, sonrisa.

-Claro.

Yumiko le agarró de la mano y lo llevó, casi a rastras, hasta la vieja Sede del Pie. Entraron dentro por una de las ventanas que aparentaban ser de una Iglesia. Con un ágil salto, llegaron al suelo. Todo estaba oscuro, pero no había cambiado, aunque se notaba que llevaba abandonado bastantes años.

-Alguien me dijo una vez que aquí lucharon los dos grandes maestros del ninjutsu: Hamato Yoshi y Oroku Saki…

Leo se sorprendió ante esas palabras.

-Me hubiera encantado verlo… -seguía diciendo Yumiko mientras observaba el lugar-. ¿A ti no, Leo?

-Cla… ¡Claro! Pero sé que… Sé que ganó Spli… Hamato Yoshi.

Yumiko sonrió ante el descuido de su tío.

-¿Sí? No sé, yo creo que ganó Oroku… Él era mucho mejor –empezó bromeando Yumiko.

-¡¿Qué?! –esas palabras cabrearon en cierta manera a Leo-. ¡Qué tontería, Yumiko!

Esta se giró hacia él.

-¿Tú crees? Yo lo digo en serio –sonrió.

-Yo… Yo… ¡Splinter es mucho mejor que Shredder! –de repente, Leo se tapó la boca.

La chica simplemente sonrió pícaramente.

-¿Splinter? ¿Shredder? –rió-. O sea que así se apodaron…

-Yo no… No quería decir eso…

Pero, de repente, Yumiko se acercó a él y lo volvió a besar tiernamente, como si ya fuera costumbre.

-Tranquilo, Leito… -le guiñó un ojo-. No preguntaré más, y tu secreto está a salvo conmigo…

Leo sonrió, y ahora fue él quien la besó, con más pasión.

Pero lo que ellos no sabían es que alguien los observaba desde la ventana por la que habían entrado. Una extraña sombra que no quitaba ojo a la dulce pareja…

-Vaya… Con que mi Leo tiene ya otra kunoichi, eh… No creo que sea por mucho tiempo…

Y con esas palabras, la sombra desapareció.

ºººººººººººººººººººººº

Horas más tardes, en casa de los Hamato…

Un pitido del móvil la hizo despertarse, pero en lo primero que pensó en cuanto abrió los ojos fue en todo lo que había pasado esa noche. En Leo, en sus labios… Y no pudo evitar ruborizarse. También recordó la dulce despedida, llena de besos y caricias, como si llevaran toda la vida siendo pareja… ¿Pero eran pareja? Daba igual, lo importante era que por fin había probado esos dulces labios.

Se acordó del móvil y lo cogió. La luz hizo que sus ojos se cerraran y, pasado un rato, acabaran acostumbrándose, hasta que al final leyó que un móvil que no tenía le había mandado un mensaje. Cuando lo leyó, no pudo creerlo. Era imposible…

Número desconocido: Hola Mitsuki, soy Rodrigo,
tu profesor de Educación Física.
Siento si te despierto con este mensaje
pero quería pedirte algo…

Mitsuki tardó un momento en reaccionar, pero al final decidió añadirlo a su lista de contactos y contestar a aquel extraño mensaje.

Mitsuki: Hola Rodrigo.
No importa, ¿qué ocurre? ¿Y cómo has
conseguido mi número?

Suspiró y el móvil no tardó en volver a sonar.

Rodry: Bueno, digamos que he
investigado un poco en tu ficha escolar,
pero ese no es el asunto.

Estaba nerviosa, ¿por qué tanto interés en ella?

Mitsuki: Bien, dime,
¿cuál es el tan importante asunto?

Rodry: ¿Mañana tienes
algo que hacer?

Mitsuki: De momento no,
¿por qué?

Aunque no lo demostraba, Mitsuki estaba más que nerviosa.

Rodry: ¿Querrías venir
a comer conmigo? Una simple comida…
Nada especial…

Y entonces fue cuando todo su mundo se desvaneció. ¿Qué podía hacer? ¿Quedar con él? ¿No quedar? Cada uno tenía sus pros y sus contras… Pero, ¿quedar? ¿Por qué ella? ¿Por qué no otra? Suspiró… El corazón le iba a mil por hora. Estaba siendo un día lleno de experiencias y sentimientos nuevos…

Mitsuki: De acuerdo,
me parece buena idea.

Se sintió tonta al aceptar, y pensaba que estaba haciendo mal, pero un nuevo pitido sonó.

Rodry: ¡Genial! ¿Te paso
a buscar sobre las dos?

Mitsuki: Mejor quedamos
por el camino, ¿en el parque?

Rodry: Con tal de poder
quedar contigo… ¡Estupendo! Pues
hasta mañana, entonces… ¡Un beso!

Mitsuki: Adiós, un beso Rodry.

Volvió a dejar el móvil sobre la mesilla y se tiró nuevamente en la cama. Y de repente se empezó a encontrar mal. Los nervios le daban un pequeño dolor de tripa… No debía de haber aceptado, o sí debía, o no, o sí, o no, o sí… ¡Basta! ¡Ya era suficiente! ¿Qué problema tenía? Tenía dudas y quería resolverlas, no sabía si le gustaba Rodry, Leo o… Casey… Y, a lo mejor, con esa pequeña cita, sabría de verdad sus verdaderos sentimientos. El único problema era su padre. Raphael ahora casi no le dejaba acercarse ni a Casey, para ahora contarle lo de su profesor… ¿Y si no se lo contara? ¡Perfecto! Ya mañana se inventaría una escusa.

Suspiró… ¿Qué le estaba ocurriendo ese día? Primero Casey, luego Leo y ahora Rodrigo… ¿Qué era lo que realmente sentía por todos? De verdad que quería saberlo cuanto antes.

Casey: Su mejor amigo, casi su hermano. ¿Pero por qué había, de repente, empezado a notar aquella atracción hacia él? Solo por ese simple beso. Aunque extrañamente ella quería probar sus labios… Y fue genial.

Leo: Su tío, hermano de su padre. Su amor era imposible, lo sabía desde que, a los catorce años, empezó a verlo más atractivo que nunca. Quizás con Mitsuki su amor no podría ser, pero Yumiko era diferente… Quizás con ella podría haber algo, como lo que había pasado esa misma noche.

Rodry: Su profesor, un casi desconocido. ¿Qué pensarían en el colegio si los pillan mañana juntos? Pero sus sentimientos no podían detenerse por ese hecho. No había probado sus labios, pero sabía que entre ellos había química.


¡Y hasta aquí!

Espero que os haya gustado y que me enviéis reviews.

Siento lo de la "cita" a todos los que odiáis a Rodry, pero si Leo y Casey han tenido su protagonismo... ¿Ahora le tocará a él, no? ¡El siguiente capítulo tratará de ello, así que no os lo perdáis xD.

¡Un saludo! :D