¡HOLA! *le da miedo aparecerse por aquí*

Y os preguntaréis que qué hago con mi maldita vida subiendo un capítulo a estas alturas, o qué es lo que me ocurre con mis demás historias. ¡VALE! Me merezco un castigo, lo sé, lo sé... La verdad es que este capítulo lo tenía para subir hace MUCHO pero, por razones desconocidas, la página no me dejaba... Aún sigo pensando en qué es lo que le ocurría.

PERO AQUÍ LO TENEIS.

La verdad es que hoy me he vuelto a empezar a leer mi historia de "Raph's feeling" y ha sido como una bomba de nostalgia (y de hacerme llorar sangre por la cantidad de faltas ortográficas) hacia mi persona. Por eso más que nada es por lo que os traigo este capítulo. La verdad es que creo que es mi favorito de todos los que llevo escrito, he disfrutado mucho escribiéndolo, incluso lloré un poquito... Jejé, soy patética.

¡Por cierto, muchas gracias por todos esos reviews que hacen que mi corazoncito me duela! Jasuki-chan , mesias619 , mariko petite , pao saki , turtlefangirl2012 , isa04kunoich2 , aki38 , Guest , Dana vernica y nicolenee gracias por alegrarme el día, hermosuras.

Canción: Despistaos - Cuando lloras

¡Espero que os guste!


Chapter 10: Dulces recuerdos del pasado.

-¿Diana?

-¿Sí?

-Soy Casey.

-Wow Casey… Hola –la voz de la chica tornó a un tono más coqueto.

-Hola Diana, verás, quiero preguntarte algo –dijo Casey, agarrando con firmeza el móvil, que era por donde estaba hablando con aquella chica.

-Claro Casey, lo que sea –las palabras del chico le sacaron una sonrisa ella.

-Es sobre Mitsu.

-Ah, claro… -ahora parecía menos animada.

-¿Ayer estuvo contigo, cierto?

-¿Mitsuki, conmigo?

-Sí, ¿no quedasteis para comer?

-Que yo sepa no, estuve todo el día en casa.

Casey calló durante unos segundos.

-¿Casey? ¿Sigues ahí?

-Ah, sí Diana, bueno… Solo era eso.

-¿Ocurre algo?

-No, nada, hasta mañana…

-Está bien, hasta mañana, Jones.

Al colgar, Casey se levantó de la silla de su cuarto y, poniéndose la ropa de calle, ya que llevaba el pijama, decidió salir de casa, sin avisar a nadie de su familia. En sus pensamientos solo se centraba una cosa, un lugar… Y ahora, nada lo detendría.

*Diez años antes*

En la nueva casa de los Hamato…

"Recuerda Yumiko, si no piensas en el dolor, la caída no la sentirás…"

La pequeña niña subió a su cuarto, después de una larga hora de entrenamiento. Desde hacía días su abuelo, el Maestro Splinter, les había empezado a entrenar a su prima Natsu y a ella en el arte del ninjutsu. Era divertido y genial, pero una hora era demasiado tiempo para dos pequeñas niñas de seis años por lo que, al terminar la clase, las dos acababan agotadas en sus camas. Y ahí era donde se dirigía Mitsuki.

Aunque esta, al entrar en su cuarto, miró directamente al balcón y una idea se le pasó por la mente. Se acercó a este y lo abrió, observando todo el bosque que rodeaba su casa. Luego miró al suelo, habría unos cuantos metros, como cinco o seis, quizás ella podría… Entonces, con la idea decidida, se subió a la barra de su balcón y se mantuvo en equilibrio para luego soltar un suspiro.

-Vamos Mitsu, puedes hacerlo… Te están entrenando para ser una kunoichi…

Al momento, saltó. Al principió sintió vértigo, pero al segundo el tiempo se le pasó lento. Mientras caía dio una vuelta involuntaria en el aire, pero al parecer tenía el equilibrio prefecto e iba a caer de pie. Cada vez estaba más cerca del suelo aunque, en un momento, perdió la concentración y empezó a moverse sin control. Soltó un pequeño grito y cerró los ojos esperando el gran golpe.

Cuando todo paró y, supuestamente, tendría que haber sentido dolor, oyó unos pequeños quejidos de otra voz y abrió los ojos. Su sorpresa fue mayor cuando se encontró, debajo de ella a un niño al que gracias, ella no había sentido daños. Rápidamente se quitó de encima de él y se apartó, más o menos, a dos metros de distancia.

El chico se levantó mientras se acariciaba la cabeza, aún entre quejidos. Era más o menos de su altura y de su edad. Tenía el pelo negro y de ropa llevaba unos jeans gastados y una sudadera negra.

-Pero bueno… ¿Se puede saber que hacías tirándote desde…? –el chico no terminó la frase porque clavó sus ojos en Mitsuki.

Ella iba vestida con un pequeño vestido rosa de tirantes, con alguna flor dibujada. No llevaba zapatos y parecía no hacerse daño pisando el suelo lleno de piedras pequeñas y hierba. Pero, lo que más le paralizó al niño eran los ojos que Mitsu tenían, eran un verde tóxico precioso que relucía a la luz del sol.

-¿Quién eres tú? –habló Mitsu, con un gesto de pocos amigos.

-Oh… -el chico salió de su trance-. No, la pregunta es… ¿Quién eres tú?

-¡Y a ti que te importa!

-Oye, ¡gracias a mí no te has hecho daño cayéndote de ahí arriba! –señaló su balcón-. ¡El golpe me lo he llevado yo!

-Bueno, yo… Soy Mitsuki, y ahora, ¿quién eres tú?

-¿Mitsuki? ¿Eres japonesa? No pareces japonesa, pareces más bien… Un hada del bosque –dijo el niño entre risas.

-¡Cállate idiota!

-Bien, bien… -contestó intentando parar de reír-. Yo soy Casey, Casey Jones.

-Vale Casey Jones, pues es hora de que te largues –dijo Mitsu, señalando en dirección contraria a su casa.

-Espera, ¿tú vives aquí?

-¿Te importa?

-Claro, por qué no me iba a importar que una extraña niña viva sola en mitad de un bosque.

-¡Yo no soy extraña y quién te dijo que vivo sola!

Casey iba a contestar pero, de repente, la puerta de la casa de la niña se abrió y su abuelo, con un paso firme, se dejó ver entero.

-Yumiko, ¿ocurre algo? He oído…

Entonces fue cuando Splinter se dio cuenta de que su nieta no estaba sola, si no acompañada de otro niño. A este no se le veía muy bien, la presencia del Sensei le había paralizado y parecía estar tomando un color pálido.

-Es… ¿Es una rata gigante? –dijo, casi sin creérselo.

-Casey Jones, yo… -intentó explicar Mitsu.

Pero, sin poder evitarlo, el niño salió corriendo entre gritos y metiéndose más a dentro del bosque, dejando a Splinter y Mitsu en el sitio. Cuando, pasados unos segundos, ya no se le veía, Mitsu se giró hacia su abuelo, que no parecía estar muy contento.

-Creo que tienes algo que explicarme, pero antes, hay que solucionar que ese chico no le vaya contando a todo el mundo lo que acaba de ver…

-Abuelo yo… Lo solucionaré, lo prometo.

*En la actualidad*

Ya llegaba, estaba justo a un metro de su casa. Al parar debajo del balcón de la chica, cogió unas pequeñas piedrecitas y las empezó a lanzar contra el cristal, haciendo unos pequeños sonidos de golpeos. La puerta no tardó en abrirse dejando ver a una soñolienta Mitsuki. Aún sin peinar y con el pijama que le quedaba grande, se veía guapa. Sus ojos seguían reluciendo como nunca. De repente, todo el cabreo que él tenía se le había pasado, pero negó con la cabeza y volvió a cogerlo. Nada le detendría de hablar con Mitsu.

Esta soltó un bostezo y se frotó los ojos, cuando se le aclaró la vista miró hacia abajo encontrándose con su amigo Casey. Era obvio que había sido él el de las piedrecitas en su cristal, entonces le invitó a pasar a su casa. Casey simplemente escaló por la pared, como si fuera la cosa más sencilla del mundo.

Mitsuki se sentó en su cama, mientras que su amigo se quedó de pie frente a ella. La chica tenía una pequeña sonrisa y el pelinegro, por el contrario, tenía el ceño fruncido.

-Vaya Tomohisa, no me esperaba tu…

-No –interrumpió Casey, sorprendiendo a la chica-. Déjame hablar a mí antes.

-Em… De acuerdo, habla…

-¿Con quién quedaste ayer?

-¿Ayer? –Mitsuki hizo como si lo estuviera pensando-. Con Diana, ya te lo dije.

-Mitsuki, deja de mentirme y dime con quién quedaste.

-Te estoy diciendo la verdad –dijo seria.

-¿Así? ¿Entonces por qué cuando he llamado a Diana no sabía nada de haber quedado contigo?

Mitsuki se quedó callada un momento, no se esperaba para nada esa contestación.

-Espera… ¿Y tú por qué llamaste a Diana?

Ahora era Casey el que se quedó callado.

-Y… ¿Y qué importa eso? ¡Solo quiero saber por qué me engañaste!

-¡Y yo quiero saber por qué has llamado a Diana!

-Pues… Porque… ¡Porque quería saber la verdad! ¿Vale? –Mitsuki no se esperaba esa contestación de su amigo-. No estaba seguro de que habías quedado con ella y… La llamé…

-Casey…

-¿Fue con él, cierto?

-¿Qué?

-Quedaste con… El profesor Rodrigo.

*Diez años antes*

La pequeña Mitsuki corría muy rápido, así que le iba a ser fácil alcanzar a ese Casey Jones. El problema era que el bosque era muy grande y ella no controlaba mucho su sentido de la orientación, por lo que no sabía por dónde podría haber ido ese chico. De repente, cansada, se paró en seco y empezó a respirar costosamente.

"Escucha el silencio…"

Esta cerró los ojos y cogió aire para luego soltarlo tranquila y pausadamente…

"Crijjjh"

Volvió a abrir los ojos; un crujir de ramas. El chico no debía andar lejos, entonces volvió a correr y, a los dos minutos, vio la figura de Casey corriendo lentamente entre los árboles, mientras que, de vez en cuando, se caía, pero volvía a levantarse y seguía corriendo.

-¡Casey Jones, espera! –gritó Mitsu, a pocos metros de él.

Este se paró y miró a la niña que le había seguido hasta ahí. Dudó si esperarla, pero al final lo hizo.

-¿Por qué me has seguido? –preguntó Casey, cruzándose de brazos.

-Y… Y tú… ¿Por qué…? ¿Por qué has salido corriendo? –contestó, hablando cortadamente por el cansancio.

-¿Acaso no lo viste? –dijo algo alterado-. ¡Había una rata! ¡Una rata gigante salía de tu casa! ¡Y hablaba!

-Oh, pues…

Mitsuki miró hacia otro lado y se lo ocurrió una idea, pero antes tendría que hacer algo...

-Eh, ¿quieres ver algo? –preguntó Mitsu, olvidando el otro tema.

-¿Qué…? ¿Es que no…?

Sin poder terminar la frase, la mano de Casey fue agarrada por la de Mitsu, lo cual le hizo sonrojarse levemente.

*En la actualidad*

-Casey, yo…

-Mitsuki, ¿te gusta él, verdad?

-No Casey, yo…

-Está bien… -ahora Casey parecía triste-. Lo entiendo, pero tengo que aclarar unas cosas… Porque si ya te has besado con él… ¿Porque te has besado, no?

Mitsuki dudó sin contestar, pero tenía que contarle la verdad.

-Sí, Casey… Me besé con él –eso fue como un cubo de agua fría para él-. Quedé con él, pasamos la tarde juntos y, al final… Nos besamos.

-¿Entonces por qué nosotros…? Nuestro beso…

-Vale Casey –Mitsu se puso firme-. Sabía que esta conversación llegaría así que… Tenemos que aceptarlo… Sí, nos besamos pero, ¿acaso significó algo?

-¿Qué?

-Casey, yo sé lo que significó el beso para mí, pero para ti… ¿Fue algo? ¿Sentiste algo?

*Diez años atrás*

La niña en seguida empezó a correr llevando a rastras al pelinegro, mientras no paraba de hacer preguntas de qué estaba haciendo o a dónde iban. Pero, pasados unos minutos, esas dudas fueron resueltas cuando se adentraron en una parte del bosque donde había un precioso y cristalino lago, rodeado por árboles.

Los dos se acercaron a la clara agua. Mitsu no le había soltado la mano al niño y, al reflejarse en el lago, se miraron entre ellos. No pudieron evitar ponerse algo rojos y soltarse enseguida. Mitsuki, ignorando lo pasado, se sentó en la orilla y metió los pies en el agua. Casey la imitó pero no metió los pies.

-¿Te gusta, Casey Jones?

-Sí, es bonito… Pero, no me llames Casey Jones, llámame solo Casey, así lo hacen mis amigos.

Mitsuki lo miró y sus ojos empezaron a relucir por el sol.

-¿Enserio? ¿Eso quiere decir que somos amigos? –dijo, alegre.

-Claro, ¿por qué no? –contestó él con indiferencia.

-¡Genial! Sabes… Nunca he tenido un amigo.

Casey dejó de mirar el lago y miró a la niña.

-Bueno, tengo una pero… Ella es mi prima y… No es lo mismo.

-¿Tu prima, eh? Y no me digas que ella también es una rata –contestó él, en broma.

-Supongo que te tengo que explicar lo de la rata gigante, ¿no?

-Pues… Sería lo mejor.

-Verás… Es duro de decir pero… Mi familia no es del todo normal.

-Bueno, cada familia…

-No –interrumpió ella-. Mi familia no es del todo… Humanos. Verás… Sé que te reirás cuando lo oigas –ella rió nerviosamente-. Pero mi abuelo es una rata gigante y mis tíos y mi padre, es decir, sus hijos, son tortugas gigantes…

Casey estaba blanco por el asombro. Sinceramente, no creía nada, pero entonces, Mitsu se apartó un poco el pelo y dejó su hombro al descubierto dejando ver una mancha, no muy grande, de color verde.

-Por eso tengo estas manchas… -también enseñó la de la muñeca y la del tobillo.

Antes de que Casey contestara, Mitsu volvió a hablar.

-Por favor, ¡sin asterismos!

Entonces, el chico aguantó el grito que iba a dar.

-No iba a ponerme histérico… No, no… Solo que… Me interesa mucho esa familia y… Las cosas que haces y… -Casey hablaba rápido y casi no se le entendía.

-Bueno, ¿empecemos de nuevo, de acuerdo? –dijo Mitsu, con una pequeña sonrisa y Casey asintió perplejo-. Yo soy Mitsuki Hamato, tengo seis años y vivo aquí… En el bosque, en mi casa del bosque. Yo vivo con mis padres, mis tres tíos, mi abuelo, mi tía y mi prima. Mi madre es Claire Hamato, ella es humana, al igual que mi tía April O'Neil Hamato, y mi prima Natsuki Hamato. Mi abuelo Hamato Yoshi o, como le llaman casi todos, Maestro Splinter, él es una rata mutante y vivía en Japón. Su hijo más mayor es mi tío, Leonardo Hamato, y es una tortuga mutante. Luego va mi padre, Raphael Hamato, que también es una tortuga mutante. Después va mi tío Donatello Hamato, otra tortuga. Y, por último, mi tío Michelangelo Hamato…

-Otra tortuga.

-Exacto.

-Espera… ¿Quieres decir que, tu abuelo, que es una rata, tiene como hijos a cuatro tortugas mutantes?

-Bueno, es que en realidad… No es su padre. Cuando mi abuelo era humano, se mudó a New York y se compró cuatro tortugas bebés.

-Tu padre y tus tíos.

-Veo que lo vas pillando.

-Sí, pero eso no explica el por qué de que sean mutantes.

-Bueno… Es que mi abuelo se encontró con unos señores muy raros y, después de luchar contra ellos, una sustancia extraña le cayó encima transformándolo a él en una rata mutante y a mis tíos y a mi padre en tortuguitas mutantes.

-Oh… Creo que ya lo entiendo…

Mitsuki rió un poco.

*En la actualidad*

Por un momento, Casey pensó en contarle todo a Mitsuki. Explicarle sus sentimientos; que llevaba enamorado de ella muchos años, que aquel beso había sido lo mejor de su vida… Pero no podía hacerlo, era imposible. Y además, ¿para qué? Su amiga estaba enamorada de su profesor de Educación Física y eso, no lo iba a poder cambiar unas simples palabras.

-No… -dijo flojamente.

-¿Qué?

-No sentí nada –contestó, ahora más alto.

Entonces, Mitsuki sintió una punzada en su interior. No sabía el por qué, ya que se suponía que ella tampoco había sentido nada, pero… A lo mejor se equivocaba y el dolor ahora, era inevitable.

-En… ¿Enserio?

-Sí –dijo firme-. Además, ¿por qué debí sentir algo? Solo somos amigos, ¿no?

-Sí… Amigos… -contestó Mitsu, con un hilo de voz.

-Nos besamos, pero no significó nada, ya está. Bueno, hora de irme.

-¿Eso era todo…? ¿Solo habías venido para esto…?

-Sí, no necesito nada más aquí –dijo con voz cortante-. Nos vemos mañana, Hamato.

Entonces, Casey salió de ese cuarto por el balcón. Y lo que pasó a continuación no se lo esperaba para nada ya que, mientras él iba caminando hacia casa muy cabreado y con el dolor en su corazón por las mentiras que había tenido que decir, Mitsuki, en su cama, empezó a llorar sin poder evitarlo.

Pero, sin llamar ni nada, la puerta de su cuarto se abrió dejando ver a Raphael. Este, en cuanto clavó su mirada en su hija no pudo evitar sentir un pinchazo. Un recuerdo le aparecía en la mente, y ahora lo estaba reviviendo todo, el mismo dolor… Y él, no podía hacer nada…

*Flashback de hace bastantes años*

La tortuga sonrió a su hermano al haberle dejado ir a donde Claire y se fue corriendo a ese jardín que tanto le gustaba. Se paró frente al muro y empezó a llamar a aquella chica.

-¡Claire! Soy Raph, ¿puedo pasar? –gritaba desde fuera del jardín.

Pero la chica no contestaba y la tortuga decidió saltar.

-¿Claire? ¿Dónde estás?

La tortuga la vio, por el cristal de la puerta que conectaba la habitación de la chica con el jardín, allí estaba, su querida chica sobre su cama apoyada en sus rodillas. Parecía que lloraba y eso a Raph le destrozó el corazón.

-¿¡CLAIRE?! –gritó, mientras su piel se volvía pálida por el susto.

El chico no dudó en entrar y ponerse al lado de la chica que esta no paraba de llorar y que no dejaba ver su cara escondida entre sus rodillas.

-¿Claire? ¿Qué te pasa? ¡Claire! Por favor, no llores… -Raphael realmente se sentía mal.

La chica levantó la cabeza, tenía los ojos rojos de tanto llanto y de estos no paraban de brotar lágrimas. Esas lágrimas hacían que sus ojos color miel brillaran más que nunca, pero a Raph le partían el corazón.

-Raph… Yo… -intentaba decir ella.

No pudo continuar por el llanto y la tortuga no lo dudó, la colocó entre sus brazos dándole un fuerte abrazo para tranquilizarla mientras le acariciaba el pelo.

-Tranquila… Yo estoy aquí… Nada malo te va a pasar ahora…

En ese momento, Raph recordó cuando era pequeño y se hacía daño o algo por el estilo. Cuando él lloraba. El único de sus hermanos que le ha visto llorar fue Mikey y para que paraba le cantaba una canción. Esa canción estaba gravada en la cabeza de Raph…

*Fin flashback*

-Mitsuki… -dijo acercándose a ella.

Él se sentó a su lado. La chica no dijo nada, simplemente colocó su cabeza en el pecho de su padre y no dejó de llorar. Raph la abrazó con fuerza y le empezó a acariciar el pelo, con delicadeza.

-Tranquila… Yo estoy aquí… Nada malo te va a pasar ahora…

Cuando lloras,
se para el mundo,
y nunca se que decir…
Cuando lloras,
me derrumbo
y no me sale fingir.

Mitsuki levantó la cabeza un momento, ya que se había sorprendido al oír a su padre cantar. Pero era cierto, Raphael estaba cantando y, lo hacía… Bastante bien, entonces volvió a apoyarse en su pecho.

Cuando lloras
las horas
le dan la vuelta al reloj.
Cuando lloras
a solas
me muerdes el corazón.

Piensa en lo que piensas cuando lloras,
cuando me dices que no…
piensa lo que quieras pero ahora

Cuando lloras se tuerce el rumbo
y no tengo a donde ir.
Cuando lloras
yo me hundo y tardo en volver a salir.

El llanto de Mitsuki empezó a cesar, pero en ningún momento Raph la dejó de abrazar y acariciarle la cabeza. Al momento, ella se incorporó y su padre la sonrió y ella correspondió. Sin dudarlo, se unió para cantar…

Cuando lloras
las horas
le dan la vuelta al reloj.
Cuando lloras
a solas
me muerdes el corazón.

Piensa en lo que piensas cuando lloras,
cuando me dices que no…
piensa lo que quieras pero ahora
piensa en lo que piensas cuando lloras,
cuando me dices que no…
piensa lo que quieras pero ahora el que llora soy yo…
el que llora soy yo…
el que llora soy yo…

Al terminar, Raphael le limpió las últimas lágrimas que le caían por los ojos a su hija con el dedo y luego la besó en la frente. Esta sonrió y su padre le correspondió.

-Mitsuki, no quiero verte llorar… Tu sonrisa es preciosa, al igual que tú, así que quiero que se la vayas a enseñar al mundo… ¿De acuerdo? No hace falta que me cuentes qué te pasaba, ya que al ser tu padre, seguramente no quieras pero… Por favor, no llores más.

Entonces, Mitsuki sintió un gran confort en su interior y, por un momento, el dolor se le había pasado.

-Eres el mejor padre que podría tener –y volvió a abrazarle.

Pero, mientras padre e hija demostraban su cariño con un gran abrazo, había una tercera persona que había escuchado todo lo ocurrido desde la puerta y que, ahora, no podría sentirme mejor y más feliz.

-¿Claire?

La nombrada se dio la vuelta hacia su amigo Donnie, que la miraba a unos metros de ella.

-¿Qué haces? –siguió preguntando.

-Enorgullecerme de tener la familia que tengo –dijo con una sonrisa y, al momento, empezó a caminar para irse a la planta baja.

*Diez años antes*

-No le puedes contar a nadie esto, por favor Casey, es el secreto más grande que tengo y…

-Lo sé, lo sé –interrumpió el niño-. Sé guardar un secreto.

-Vale, te creo.

Hubo un pequeño silencio.

-Mitsu… ¿Podríamos volvernos a ver?

La niña dejó de mirar el lago para luego mirar a su nuevo amigo y sacó una sonrisa.

-Claro Casey, ¿crees que no quiero volver a ver a mi primer amigo?

-¿De verdad? –dijo alegre, y dejando ver su pequeño hueco sin diente.

-Promesa de amigos… -Mitsuki sacó su dedo meñique y lo estiró frente a él.

Casey no sabía muy bien qué quería hacer la niña, pero él también estiró su dedo meñique y lo unió al de su amiga.

-Promesa de amigos no, ¿qué tal promesa de mejores amigos? –dijo con una sonrisa.

Mitsuki volvió a sonreír, ahora más alegre que nunca.

-Promesa de mejores amigos –contestó.


¡Y hasta aquí el capítulo!

¡Espero que os haya gustado mucho, como a mí, y que me mandéis vuestros reviews! No quiero mencionar mis otras dos historias de las TMNT que no continuo de momento, por miedo a ser asesinada, ¡así que eso... jejeje!

PREGUNTA:

-Enserio, si a alguno de mis lectores les gusta el anime, RECOMENDADME, lo necesito para vivir :(

-No sé si lo he preguntado ya pero... ¿Con quién queréis que se quede Mitsu? ¿MitsuxCasey? ¿MitsuxLeo? ¿MitsuxRodry? A mi la verdad es que me gustan y me disgustan todos... Eh, ¡¿quizás un MitsuxNatsu?! Jajajajaja, ¡es broma, es broma!

¡Un salu...! Un momento, se me olvidaba decir una cosa: Veréis, como una completa stalker que soy, a veces me pongo a leer reviews de otras historias y ese tipo de cosas... Y encuentro algo que no me gusta nada. Exacto, a los haters. No lo digo por mí especialmente, aunque yo también tengo, pero eso de que escribáis solo para meteros con el trabajo de los demás... ¿Por qué? Hay cuentas que solo escriben mensajes ofensivos, incluso dando a entender que se han leído la historia de principio a fin. Entonces, si tanto asco tienen a esa historia, ¿por qué las leen?
Por favor, si vienes a esta página solo para meterte con las historias de las personas, ahórrate esas energías. A mí me dan igual esos comentarios, ya que no les tomo importancia, pero a las personas que están empezando y que les cuesta más escribir, un simple comentarios como ese les puede arruinar este hobbie que es tan bueno.
¡Ojo! Yo no digo que vayáis diciendo que todas las historias son geniales y que no tienen nada malo, es más, a mí me encantan que me digan los fallos que tengo para así poder mejorarlos, y además también he leído historias de todo tipo, unas me han gustado y otras no. Pero una cosa es eso y otra insultar al autor y a su historia.
Así que, antes de escribir tu opinión, mide tus palabras. Por favor.

Bueno, y después de todo este rollo que os he metido que lo habré leído yo y... Nadie más xD...

¡Un saludo a todos! :D