Título: Oscuro
Palabras: 872
Summary: La oscuridad da paso a pequeñas discusiones, pero también a reconciliaciones.
Disclaimer: Digimon no me pertenece, ¡qué más quisiera yo!


"I kiss you on the brain in the shadow of the train"
(Anyone else but you — The Moldy Peaches)


—Creo que es mejor si pedimos la comida.

Yamato habla pero no obtiene respuesta, por un momento realmente pensó que ella se encontraba en la misma habitación que él, pero como siempre, Sora ha acabado con la tarea que estaba haciendo hace poco más de dos horas y ahora seguro se está dedicando a otra cosa; mientras él, como bobo, observaba la lluvia caer cual diluvio por la ventana.

Iluso él, pensó que en lugar de incrementar, menguaría.

Fue por eso que le sugirió salir a comer, al fin y al cabo no tiene sentido que se queden en casa, ya que hay —literalmente— nada ahí. Acaban de mudarse, apenas y están acomodando las cosas en su lugar y era una genial idea eso de la cena fuera. Una pena que la naturaleza haya tenido otros planes.

Sale de la habitación y se encuentra a Sora sentada en la alfombra de la sala de estar, rodeada de libros; seguro ordenándolos alfabéticamente, para así sólo colocarlos en la estantería. Se arremanga las mangas de esa camisa verde que ella le regaló no hace mucho y se pone de cuclillas para estar a su altura.

—Dije que es mejor no salir —habla él luego de un momento—, la lluvia ha incrementado y es peligroso.

—Podemos ir en carro.

—No entiendo dónde está lo no peligroso en salir en carro cuando llueve como si el cielo se estuviera cayendo.

Sora deja el libro que estaba observando con detenimiento, y lo ve como si hubiese dicho la cosa más ridícula de la vida.

—Exageras —le dice—. Seguro es poca lluvia; tú lo que no quieres es mojarte.

Él niega con la cabeza y termina de sentarse, la posición ya le estaba incomodando.

—No, no. Llueve, fuerte. Muy fuerte —Yamato hace énfasis en fuerte para ver si de esa manera entiende—. Sabes hasta creo que es posible que se vaya…

Y como si con sus palabras —o mente— pudiera hacerlo realidad, la luz se va. No puede decir si Sora está enojada, sorprendida o admirándolo porque está oscuro; los minutos empiezan a pasar pero nadie dice nada. Yamato se pregunta si ella se fue, pero entonces vuelve a hablar.

—Ahora tampoco podremos pedir comida —dice y el silencio vuelve a reinar entre ellos.

Yamato busca en su bolsillo un encendedor y lo encuentra exitosamente, no tarda en iluminarlos a ambos con el pequeño fuego que da; para su sorpresa, Sora lo está viendo de forma inexplicable y él también la está viendo, por supuesto. El rostro de Sora luce hermoso sólo iluminado con la luz del encendedor, quiere tocarlo, pero ella lo detiene.

Ahora sí puede descifrar su mirada, es de enojo. ¿Por qué está enojada?

—¿Tienes un encendedor en tu bolsillo? —pregunta aunque él no sabe por qué ya que es obvia la respuesta—. No puedo creer que estés fumando otra vez.

Sora se levanta y camina quién sabe hacia dónde, no puede moverse mucho por el apartamento por la oscuridad y Yamato teme que se golpee, así que la sigue con su pequeña iluminación.

—Me alegra que tengas un encendedor Yamato, ya que nos ha salvado de estar en oscuras —imita él su voz—. No puedo creer que a la primera conclusión que llegaste sea que estoy fumando otra vez.

—¿Y no lo estás?

Él pudiera mentir, sí… pero entonces todo empeoraría.

—Quizá —responde de manera titubeante—, ¡pero el punto es! Que gracias a eso tengo un encendedor y así no estamos en la completa oscuridad. Más o menos.

—¡No! —ella se voltea a verlo—. El punto es que rompiste tu promesa de ya no fumar.

—Fue sólo una vez, ¿ok? —dice él en modo conciliador—. Y no lo he vuelto a hacer desde ese día, tengo el encendedor por si…

—Por si se te antoja volverlo a hacer —termina ella la frase por él.

Vuelven a quedar en silencio —ha habido bastantes esa noche— y Yamato se siente un poco mal, es cierto que él lo pensó, pero tampoco es como si lo fuese a cumplir, tiene más voluntad que eso; además, ya no quiere pelear con Sora. Se acerca a ella y extiende un brazo despacio, por si ella lo rechaza, pero no lo hace, más bien da un paso para acelerar el proceso del abrazo. Al darse cuenta que esa es su intención, Yamato apaga por fin el encendedor y entonces sí se quedan en completa oscuridad.

Es bueno eso, estar abrazados así, con el sonido de la lluvia golpeando la ventana y ni una sola luz iluminando el lugar, hay cierta intimidad que le fascina.

—De algún modo esto me recuerda al Digimundo —dice ella entre susurros, acomodada en su pecho—. A veces, no podíamos encender una fogata así que teníamos que conformarnos con la luz de las estrellas.

—Pero aquí no podemos ver las estrellas.

Sora empieza a reír y él no tarda en contagiarse. Claro que pueden ver las estrellas, sólo necesitan un poco de imaginación, y pueda qué otra cosa más.

—¿Quieres que te las muestre? —pregunta ella de forma seductora, pero aún con la risa bailando en su rostro.

Él no dice nada, sólo la besa en acuerdo.

.

.

.

Notas: Tenía el principio de esta viñeta desde hace algún tiempo y no sé por qué no la terminaba, hoy me animé y esto salió; sé que es una trama tonta, pero me pareció encantadora en cierta forma. ¡Uno más y estamos con esto! Ojalá logre escribirlo más temprano que tarde. ¡Gracias por leer!