Mi rubia amiga chillaba en mi oído cada cinco minutos, emocionada por la fiesta de esa noche en su casa, a la cual fui obligada a ir.

–Sai me llamó esta mañana para confirmar que irá a mi fiesta, dijo "Claro que iré, hermosa"—imitó con voz grave al chico que, seguramente, conocería esa noche.

– ¿Crees que alcancen todos en tu casa? —ignoré lo del chico que iría a su fiesta, era de lo único que estuvo hablando los últimos días— Creo que no hay suficientes camas para todos...

Ino para asegurarse de que nuestros amigos de nuestro salón y el resto del instituto asistieran les ofreció que pasaran la noche en su casa, éramos un total de doce personas, sin contar a los que solo eran conocidos o acompañantes.

– ¡Claro que si, Hinata! Hay suficientes habitaciones, además no faltará el que caerá borracho por ahí —respondió despreocupada, yo no podría, gente vomitando y causando caos en mi casa.

– ¡Ino, Hinata! Ya no puedo esperar, será tan genial por fin nuestra primera fiesta —Sakura se puso en medio de nosotras y nos abrazó, no entendía por qué tanta emoción.

Aún faltaba una clase para que pudiéramos irnos, almorcé con las chicas y hablábamos sobre los chicos lindos de ultimo año, bueno, yo solo escuchaba y reía.

– ¿Sabes quién es más apuesto que ese chico? El hermano de Sasuke, Itachi, y sus amigos no se quedan detrás —decía Ino, mirando tranquila su cabello mientras lo desenredaba con los dedos.

–Nunca los he visto, Hinata, ¿tú los conoces?

–B-Bueno, solo hemos hablado un par de veces, s-son bastante simpáticos, aunque algo extraños.

–Ya lo creo, pero eso no les quita lo guapos, ¿tu crees que vayan a la fiesta?

– ¡Cómo crees, Sakura! Van en la universidad, seguramente piensan que somos bebés.

En eso sonó la campana para entrar al salón.

–Ugh, nos toca con Iruka —bufó Ino.

–Solo es un poco aburrido.

–Un poco dices, yo no puedo evitar quedarme dormida.

–Yo no lucho contra eso, a veces me duermo sin darme cuenta.

–Shikamaru te contagió eso —mi comentario hizo que Ino se sonrojara hasta las orejas, yo y Sakura nos reímos y ella gritaba que eso no era cierto. Luego de reír, un sentimiento de melancolía me punzaba en el pecho.

–Acabo de recordar que tenia algo que hacer en la oficina, nos vemos en el salón –asintieron y siguieron riendo camino al salón, en realidad no iría a la oficina, solo quería estar sola un momento. Abrí mi casillero y saqué un libro que recién había comprado, subí a la azotea y fui a mi lugar favorito, donde se podía ver el enorme patio y la ciudad, abrí mi libro en la primera página, amaba el olor de un libro nuevo.

Cuando llegué al cuarto capítulo, bajé de la azotea y caminé lentamente al salón, Iruka preguntó por qué mi retraso.

Miré a Sasuke, estaba enojado, entré rápidamente avergonzada por todas las miradas en mi persona. Ino estaba frente a mi puesto y se giró, tenía una mirada de preocupación.

–Hinata, ¿qué te paso? No dijiste que te tardarías.

–Lo siento, no me sentía bien.

–Hmmn... No será que estas embara–

– ¡No! —alcé la voz y algunos se voltearon a mirarme, sentí mi cara más caliente, Ino mencionó eso de un supuesto embarazo y vi a Sakura tensarse, Ino no lo notó ya que estaba regañando a Shikamaru.

No tenía ganas de poner atención a la clase, luego me conseguiría los apuntes. Abrí mi cuaderno en la última hoja y comencé a dibujar hasta que tocaron el timbre para salir y rápidamente guarde mis cosas.

– ¿Dónde estabas? —levanté la mirada y Sasuke estaba a mi lado, seguramente molesto.

– ¿P-Por qué te enfadas? —pregunté fingiendo interés en organizar mis cosas.

– ¿Estabas sola?

– ¿Por qué me preguntas eso?

– ¿Por qué sigues respondiéndome con más preguntas? —alzó un poco la voz y cerró los ojos, estaba muy molesto, solo quedábamos nosotros en el salón.

–Me sentí mal —nunca lo había visto así de alterado, tal vez cree que lo estoy engañando, que irónico.

–Tsk, ya vámonos.

Al llegar a mi casa ayudé a Hanabi a buscar ropa y una pijama, se iría a quedar a la casa de su amiga hasta el domingo.

– ¿Estás segura que quieres estar todo el fin de semana allá? —hice un puchero, extrañaría a mi pequeña hermanita y la casa se sentiría más grande sin ella, mas vacía y fría.

–Solo serán dos días, no me iré para siempre —me sonrió y se veía tan tierna que no pude evitar abrazarla por la nostalgia de que ya no era una pequeña.

–Papá llamó en la mañana, dice que tal vez vuelva a casa el próximo sábado.

– ¿Dónde está ahora? —preguntó ya que papá viajaba seguido por su trabajo en la empresa.

–En Alemania, en realidad no creo que llegue este sábado.

Suena el timbre de la casa haciendo un eco.

–Llegaron por mí —dice animada, me pongo su bolso al hombro y la acompaño a la puerta, abraza a su amiga Moegi y luego a mí, me despido de ambas y las observó desde la puerta hasta que se pierden de vista.

–Bueno...—entro y observo mi casa, demasiado grande para solo tres personas. Bueno, dos personas y uno más de vez en cuando.

Eran recién las cinco de la tarde y Ino dijo que a las ocho estuviera en su casa, así que subiré a darme un relajante baño de burbujas.

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Estaba tan drogado que sentía mis manos dormidas y mis ojos pesados, miré a Sai que estaba a mi lado y luego ambos miramos a Naruto, que en cuanto dejó de mirar a la nada con la boca abierta para fijarse en nosotros, se lanzó al suelo y comenzó a reír abrazando a su extraña mascota; Kurama.

–Eres el mejor perro del mundo, créeme —le decía el rubio a su mascota.

Cruzamos miradas con Sai y finalmente reímos, claro, no tan exagerado como Naruto. Tocan la puerta y Sai va a abrir, era Kiba junto a Shino.

–Guau, Naruto, tu casa huele a ramen y hierba, que inesperado.

– ¡Kiba! ¡Mi amigo! —dijo Naruto levantándose rápidamente a abrazar al castaño.

–Es viernes, ¡son las ocho y quiero alcohol! Vamos a algún lugar.

–Sí, Gaara, ¿podemos ir? —el idiota me miro con ojos de perro mojado.

– ¿Acaso soy tu madre? Vamos, yo también quiero emborracharme.

–Nos vamos a divertir mucho esta noche, ¡dattebayo! —el estúpido rubio salió corriendo a su cuarto a cambiarse de ropa ya que seguía en pijama, miré al suelo y el perro-zorro-mutante de Naruto me miraba fijamente, caminé a la cocina y llené su plato de comida, le acaricié la cabeza hasta que Naruto llegó gritando que estaba listo.

–Naruto, espéranos, ¡imbécil! —le gritaba Kiba al rubio que en cuanto salimos del edificio salió corriendo dejando una nube de polvo hacia el bar que estaba a unas cuadras.

Yo seguí caminando tranquilamente junto a Shino y Sai, prendí un cigarrillo poniendo la mano detrás del encendedor ya que corría un poco de viento, ofrecí uno a Shino quien lo aceptó gustoso y Sai se adelantó un poco diciendo que no le gustaba el humo del cigarro.

Ya me sentía algo mareado, pedí otro ron y reí junto a los demás por la competencia que tenía Kiba con Naruto, ambos tenían la boca llena de papas fritas y se miraban desafiantes mientras seguían metiendo papas en su boca.

Naruto ganó ya que Kiba terminó vomitando, subió a la mesa con los brazos en alto como un triunfador y todos aplaudieron.

Cuando término su espectáculo se sentó frente a mí, bebió un vaso de cerveza lleno y soltó un gran eructo.

–Puto cerdo —le dije.

Levantó su dedo del medio y sonrió.

Fui a la barra para pedir otro trago, una chica tomó mi brazo y me arrastró a la pista de baile, dijo algo pero la música estaba tan fuerte que solo vi sus labios moverse, en algún momento se detuvo y empezó a bailar muy pegada a mí, yo solo la miraba frotarse en mi, me fije mejor en ella y no estaba tan mal a pesar de tener ese maquillaje tan exagerado, su camiseta dejaba ver su piercing en él ombligo y un tatuaje en la parte baja de su espalda, era bastante delgada, trató de darme un beso pero le corrí la cara, siguió restregándose en mi entrepierna hasta que la agarre de la cintura con una mano y la besé, iba a meter su mano en mi pantalón, la alejé aburrido y volví a la mesa con los chicos.

– ¿Dónde estabas? —preguntó Naruto en cuanto me vio.

- ¿No puedes estar lejos de mi? —le dije sarcásticamente.

-Púdrete.

–Esto ya está aburrido, vamos a otro lado —sugirió Kiba.

Entonces recordé lo que me había dicho Sai el otro día.

–Cierto, Sai, ¿no que irías a la fiesta de la niña rica hoy?

–Eeh... Sí, creo que iré mas tarde.

– ¿Que? ¿Qué chica? ¿De qué hablan? - se entrometió Kiba cuando oyó la palabra fiesta.

–Sai está invitado a la fiesta de una chica y no nos quiere llevar —fingí estar dolido para convencerlo de que fuéramos, sabia porque no quería ir, o más bien que nosotros fuéramos.

– ¿Que pasó, Sai? —Naruto se sentó al lado izquierdo del pálido chico y yo al derecho— Nos portaremos bien, de veras.

–Está bien... Pero no rompan nada, quiero darle una buena impresión.

– ¡Seguro, amigo!

–Ni roben.

– ¿Por quién nos tomas? —ahora Naruto se hizo el ofendido, puso una mano en su pecho y su cara era de indignación— no tomaremos nada que vayan a extrañar —volvió su sonrisa de siempre y revolvió el cabello del pelinegro.

Antes de irnos del bar fuimos a la barra y en lo que el tipo que servía las bebidas se distrajo sacamos un par de botellas de vodka y whisky y las escondimos en las chaquetas.

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Eran las once de la noche, la casa y el jardín estaba repleto, reconocí a algunos del instituto y a otros nunca los había visto, había un Dj y luces de colores, muchos bailando, bebiendo, fumando, divirtiéndose como los jóvenes estúpidos que eramos, pero yo solo observaba todo desde el balcón de la habitación de Ino.

– ¿Por qué sigues aquí? Dijiste que solo vendrías a dejar tu chaqueta —Ino estaba en la puerta con un vaso en su mano.

–E-Es que... No lo sé, me sentí un poco fuera de lugar.

–No seas tontita —se acercó rápidamente a mí, tomó mi mano y volvimos a la fiesta.

– ¿Has visto a Sasuke? N-no lo he visto en un rato...

–Yo tampoco, al diablo con los hombres, ¡vamos a beber! —dijo animada sirviéndose más cerveza.

–No ha llegado, ¿cierto?

–No...—respondió desanimada, pero recuperó el ánimo rápidamente, como siempre— ¡pero no importa! Divirtámonos.

Comencé a beber dejándome llevar por el ambiente, estaba bailando frente al Dj con Ino entremedio de toda la gente, no paraba de reír, me gustaba esta sensación, unos chicos se acercaron y nos acompañaron a bailar, uno de ellos se acercó demasiado, tanto que estaba punto de besarme, lo detuve entre risas y mareada por el alcohol, pero estaba consciente de lo que estuvo a punto de pasar y recordé a Sasuke, hace unos minutos lo estaba buscando. Le avise a Ino que lo buscaría, asintió y siguió bailando con el amigo del chico que trató de besarme, entré a la enorme casa aún algo mareada, busqué con la mirada al pelinegro, pero todos eran más altos que yo, rayos.

Subí lentamente las escaleras —tropezándome cada dos pasos— a la habitación de Ino nuevamente para divisarlo desde el balcón, luego de un rato me rendí y me recosté en su cama sintiendo que todo daba vueltas, esperé unos minutos a que pasara el mareo, todo seguía dando vueltas y miré mi mano, tenía una botella de ron, no recordaba cuando la habia agarrado pero solo bebí de un trago lo que quedaba, ya no sabia tan mal.

Salí de la habitación y en la de en frente se escuchaban gemidos.

Iba a ignorarlos, pero lo que escuche me dejó helada.

Me acerqué silenciosa y lentamente a la puerta, definitivamente lo que escuche no fue mi imaginación, Sasuke y Sakura estaban teniendo sexo. Ambos sabían que estaba en la fiesta.

–¡Cierra la maldita puerta! —gritó molesto el pelinegro sin voltear para ver de quien se trataba.

Cerré fuertemente la puerta y corrí lo más rápido que pude, en cuanto llegué al final de la ancha escalera caí, me levanté rápidamente y me mezclé entre la gente que me ignoraba.

Seguí corriendo hasta que llegue al jardín delantero y de la nada choque con algo y caíal suelo, ni siquiera me fije con qué habia chocado, sólo me puse de pie para seguir con mi huida.

–La próxima vez que quieras correr mientras lloras deberías fijarte en el camino —una voz molesta se dirigió a mí, la música de la fiesta se sentía lejana, ni siquiera me había percatado de que estaba llorando, levanté la mirada para ver con quien había chocado, su rostro estaba tan cerca del mío que lo primero que vi fueron unos hermosos ojos turquesa y unas ojeras muy marcadas.

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La casa era enorme, más bien era una mansión.

– ¡Genial! ¡Vamos a buscar a tu amiga Sai! —dijo animado Naruto, estábamos frente a la mansión que se veía pequeña ya que había un largo camino decorado con flores y arboles hacia la casa, típico de ricachones.

Suspiré, tomé un largo sorbo de cerveza y los seguí, cuando finalmente llegamos a la puerta de la casa Sai tocó el timbre y abrió un tipo de cabello blanco, nos miró de pies a cabeza con él ceño fruncido, luego miró a Kiba y su gesto cambió a uno de diversión.

–No sabía que te habían invitado, perdedor.

Naruto sin pensarlo avanzó un paso dispuesto a defender a su amigo, pero Kiba lo detuvo poniendo una mano en su hombro.

–No empieces, Toneri, ¿Dónde está Ino?

El chico rodó los ojos y se hizo a un lado para que entráramos.

–Esperen aquí.

Se perdió entre la gente que había en ese lugar, miré alrededor, cuadros extraños y fotos familiares, en lo que seguía observando noté que un grupo de chicas me miraban con cara de sorpresa, se decían cosas al oído y me apuntaban, no me decidía si odiarlas por ser tan estúpidas que no sabían disimular o por el simple hecho de que me apuntaban, harto de la situación les levante el dedo del medio algunas quedaron con la boca abierta, el resto me decían que era un idiota maleducado.

– ¡Sai! ¡Llegaste! —una rubia de cabello largo en una cola se acercó corriendo y abrazó a Sai, nos miró, luego miró al pelinegro, claro, no se esperaba que él traería compañía.

–Hola, Ino, vine con unos amigos, ¿no te molesta, cierto? —dijo Sai con una de sus extrañas sonrisas.

–N–No, claro que no, ¡pasen! Soy Yamanaka Ino.

– ¡Uzumaki Naruto! —se presentó con una sonrisa el rubio, agarró mi manga y me tiró cerca de el— este es Gaara, es un poco antisocial, pero es buen chico, ¡dattebayo!

–Un gusto, Naruto, Gaara, ¡Oh! Kiba, Shino, dijiste que no iban a venir.

–Los planes cambiaron supongo —Kiba se rascaba la mejilla en señal de incomodidad.

–Bueno chicos, les quitaré a Sai, ¡adiós! —dijo la chica con una sonrisa arrastrando al pelinegro hacia quien sabe dónde.

La fiesta no era tan aburrida como esperaba, había chicos vomitando en el patio al lado del Dj, en un rincón un grupo fumando hierba — les cobré de mas pero no pareció molestarles— en la sala de estar estaba ese chico de pelo blanco desmayado sin camiseta en el sofá en forma de L, Kiba y Naruto estaban de rodillas riendo mientras garabateaban la cara y abdomen del inconsciente chico, y yo ya había vendido toda la hierba, era una buena noche.

Salí de la casa para fumar tranquilo, sentía ganas de vomitar y estaba muy mareado, pero seguí por el largo camino de flores de la entrada, busque otro cigarro, pero la cajetilla ya estaba vacía, suspire y di la vuelta para volver a la fiesta. Sentí un golpe en mi pecho y me tambaleé un poco hacia atrás, una chica había chocado conmigo y yo estaba como idiota mirándola en el suelo sin procesar completamente toda la situación, miré a los lados esperando que alguien hiciera algo, pero solo estábamos los dos en ese lugar.

Quise preguntarle si estaba bien, maldecí internamente porque de mi boca salio algo opuesto a lo que pensé, me acerque a ella para ver de quien se trataba, senti su aroma a perfume y alcohol, la chica levanto el rostro y estábamos tan cerca que lo primero que vi fueron unos grandes ojos grises con un ligero tono lila.

– ¿Estas... Bien? —pregunté algo aturdido, eran los malditos ojos más lindos que había visto.

—S-Sí, lo siento mucho —respondió mientras se secaba las lágrimas con las mangas de su camisa, lo hacía con tanta brusquedad que tuve que agarrarla de sus delgadas muñecas para que se detuviera.

Me miró a los ojos y volvió a llorar, pasó sus brazos por mi espalda y se aferraba a mi camiseta, sentí pena por ella y odio por el imbécil que la hizo llorar de esa manera.

Cuando se calmó la alejé un poco para mirarla a los ojos.

– ¿Por qué lloras? —volví a preguntarle, miró hacia la casa apenada, luego miró sus brazos que seguían rodeandome y se alejó sonrojada, miré a otro lado incómodo y avergonzado.

–N-No es nada, l-lo siento.

– ¿Por qué te disculpas?

–Y-Yo... lo s-sien... No lo sé —se sonrojo hasta las orejas, rara.

–Hm...volveré a la fiesta, ¿no vienes? Es mejor que estar aquí afuera lamentándose —le extendí la mano, me miró dudando, claro, yo era un extraño y ella seguramente era de esas que se fijan en las apariencias. Y mi apariencia no es muy buena.

Metí mis manos a los bolsillos del pantalón y caminé a la casa.

– ¡E-Espera! —corrió hasta donde estaba y tomo mi brazo para que me detuviera o para no volver a caer, retiró su mano rápidamente avergonzada— I–Iré.

–Bien —caminamos en silencio hasta la casa, sin aviso tomé su mano para no perderle de vista entre toda la gente, nos detuvimos en la mesa donde estaban todas las bebidas y serví vodka para los dos.

–Hasta el fondo —dije, la vi asquearse y empujé con delicadeza el vaso para que lo bebiera todo de un trago.

Seguimos así hasta emborracharnos más de lo que ya estábamos cuando chocamos, dos horas después estábamos tendidos en la alfombra de la sala de estar, reíamos por la huida de hace un rato, habíamos tirado un vaso sobre un chico y estaba tan furioso que nos persiguió por media hora hasta que nos perdió de vista —la verdad no sabia cuanto tiempo habia pasado, pero fue divertido huir— me apoyé en mis codos y ella se acercó a mí, con sus brazos rodeó mi cuello y su cabeza estaba apoyada en mi hombro, aun reía y estaba muy sonrojada. Sentía su respiración en mi cuello, volví a tenderme en la alfombra con esa chica apoyada en mi, en eso aparece Naruto saltando como una niña pequeña con un fajo de billetes en una mano.

–Estos cabrones compran hierba como pan caliente, ¡dattebayo! —se tendió junto a nosotros y detrás de el venia Kiba— ¿Quién es la chica?

– ¿Hinata? —llamó Kiba y la chica a mi lado se levantó de inmediato.

– ¡Kiba! —lo abrazó y me sentí molesto por ser reemplazado, los ignoré y seguí fumando el porro que Naruto me había ofrecido.

– ¿Estas bien? ¡Estas muy ebria! Sabes

que no eres muy tolerante al alcohol —dijo el moreno a la chica que se tambaleaba frente a él mientras reía.

– ¡E-Estoy perfectamente bien! Ese chico —apuntó con su dedo donde estaba yo— me agrada y fue m-muy lindo conmigo —le sonrió a Kiba como si fuera una niña pequeña luego de ser descubierta haciendo una travesura.

–Gaara, ¿qué le hiciste?

– ¿Gaara? Ese nombre es genial.

– ¿Hinata como permitiste que esto sucediera? —grito mirando a Hinata, luego a mí.

–Solo nos tomamos unos tragos —dije con las manos arriba y una sonrisa.

–Vamos Hinata, te llevaré a la habitación —tomo del brazo a Hinata, mierda, hasta su nombre era lindo.

– ¿Que? No quiero, la estoy pasando genial —se soltó de Kiba y corrió a mi lado.

–Ugh, mujeres... Gaara cuídala ¿ok? ¡Te mato si le pasa algo! —advirtió antes de salir corriendo detrás de una chica.

–Así que Hi-na-ta, ¿eh? —pase mi brazo por sus hombros y ella sonrió.

Nos recostamos en el sofá que anteriormente estuvo Toneri, él que ahora esta tan ebrio, pero no tan inconsciente que está bailando con un inflable de pato en medio de todos, Naruto estaba drogado y solo miraba al techo diciendo algo sobre lo mucho que amaba el ramen.

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Nunca me había divertido tanto como con Gaara, y en solo unas horas hicimos las estupideces que siempre quise hacer pero que no me atrevía, definitivamente el alcohol te cambia, a mi lado estaba el guapo pelirrojo, lo abracé como lo había hecho tantas veces esa noche, si estuviera sobria no podría mirarlo sin sonrojarme, acaricie su cuello y luego sus mejillas, encendió un porro y nunca pensé que alguien podía verse tan sexy solo por esa acción. Eran recién las tres de la mañana, yo sentí como si hubieran pasado diez horas.

– ¿Puedo? —pregunté, me lo entregó dudoso, le di una calada y en cuanto lo sentí en mi garganta comencé a toser, el río y golpeó suavemente mi espalda— No es gracioso —hice un puchero y me enseñó como hacerlo correctamente, varios intentos después me sentí extraña.

– ¿Estas bien? —los ojos de Gaara estaban rojos y casi entrecerrados, piqué con mi dedo su cara y reí, él también rió como si hubiera pasado lo más gracioso del mundo.

– ¿Hinata? ¿Qué mierda haces con este tipo? —Sasuke estaba frente a nosotros.

Fruncí los labios aguantando la risa y estuve así un rato, Sasuke nos miraba sin entender nada.

–Solo divirtiéndome, Sasuke —respondí, no tenía derecho a reclamar después de todo lo que ha hecho a mis espaldas.

– ¿Dónde estabas? Te estuve buscando por todos lados —se acercó y me agarro del brazo, bruscamente me solté y volví al lado de Gaara.

– ¿Toda la noche? ¿Estas seguro? —Sasuke se puso tenso— Solo estaba divirtiéndome —miré a Gaara y sonreí.

En menos de un segundo Sasuke tenía a Gaara del cuello de su sudadera y yo estaba empujando a Sasuke para que lo dejara ir.

– ¿Qué esperas? Golpéame, niño bonito —dijo Gaara provocando al pelinegro.

Levantó su puño para golpear directo a la cara de Gaara, todos estaban atentos y gritaban "pelea, pelea", alguien me jaló del hombro y caí sobre mi trasero, Naruto había golpeado tan fuerte a Sasuke que este estaba en él suelo y yo aún no podía procesar todo lo sucedido.

– ¡Te dije que me la ibas a pagar! —Naruto gritó agitado.

Abrí mis ojos por la sorpresa, como pude ser tan despistada, ¡que idiota! Naruto es el chico del otro día que Sasuke casi atropella, como no me di cuenta, ¿que otro rubio con marcas de gato en la mejilla ves al día? Idiota.

Me levanté para separar a Gaara que seguía lanzándose golpes con Sasuke, un poco más allá estaba Naruto peleando con un chico de cabello celeste.

–Ya d-deténganse, ¡esto es estúpido! — empujé a Sasuke lejos de Gaara luego de un forcejeo, no sé de donde saqué tanta fuerza para empujarlo.

– ¿Que hacías con él, Hinata? —preguntó Sasuke— Tú no eres así, no entiendo tu jamás me serías infi..

– ¿Enserio, Sasuke? ¡Eres un imbécil y cínico!

–Hinata, ¿qué te pasa? —dio un paso delante y yo retrocedí dos— no compliques las cosas...

– ¿Yo complicarlas? Yo siempre complico las cosas para ti ¿cierto? ¡¿Por eso te acostaste con mi mejor amiga?

Todos quedaron callados, Sasuke estaba con la boca abierta y detrás de él estaba Ino mirando a Sakura con decepción, la pelirosa estaba blanca como un fantasma y con gesto culpable.

No lo pensé ni un momento, tomé la mano de Gaara y corrí hasta la casa del árbol donde jugaba con Ino cuando pequeña, estaba escondida lejos de la mansión entre los árboles, la casa de Ino no era tan grande como la mía, pero ganaba en cuanto al jardín.

Gaara no dijo nada en todo el camino, ni cuando subimos a la casa del árbol, ni cuando me senté a su lado y apoyé mi cabeza en su hombro, solo miraba por una de las ventanas de la vieja casita.

–Sabes... Es extraño —dije luego de un largo silencio incómodo.

– ¿Qué cosa? De todo lo que ha pasado —respondió.

–Todo, creo, pero fue divertido.

–Eso es cierto.

Otro silencio incómodo.

– ¿Crees que nos volvamos a ver?

–No lo sé, Hinata, ¿qué crees que dirá tu novio? —dijo mirando a otro lado, ¿estaba celoso? No, no pienses estupideces Hinata.

–Ya es historia.

– ¿Por eso llorabas? —preguntó, cruzamos miradas, tenía el ceño fruncido, creo que está molesto.

–Si... Y-ya no importa —traté de mirar cualquier otra cosa que no fueran sus ojos, eran intimidantes.

–Sabaku no Gaara —dijo de la nada, volví a mirarlo sorprendida.

-H-Hyuga Hinata.

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Desperté por culpa de la molesta luz, me frote los ojos con pereza y mire a mi alrededor, seguía en la casa del árbol, pero no recordaba haberme dormido, a mi lado estaba Gaara, me separe rápidamente de el al darme cuenta que estaba abrazándolo, demasiado íntimo para soportarlo sin sonrojarme.

Con un dedo toque su mejilla para despertarlo, abrió los ojos lentamente y le di una pequeña sonrisa, acaricie su labio que estaba hinchado y con rastros de sangre, aleje mi mano rápidamente cuando hizo un gesto de dolor, le sonreí débilmente y bajamos del árbol sin decir nada.

– ¿En qué momento...N-nos quedamos dormidos? —le pregunté, no recordaba mucho.

-Creo que después de que volvieras a llorar por ese idiota—respondió estirando los brazos.

– ¿E-en serio?

–Si, como un bebé.

Sentí mi cara ardiendo que la tapé con mis manos por la vergüenza.

–No tienes por qué avergonzarte, por cierto, creo que vomité ahí arriba —mencionó con una sonrisa, abrí la boca, pero nada salió, solo reí suavemente por lo sucedido.

–F-fue divertido, Gaara, g-gracias.

Nos detuvimos en la entrada de la casa de Ino, miré a Gaara que estaba con el ceño fruncido y las manos en los bolsillos.

– ¿Q-quieres entrar? —pregunté rápidamente.

–No, sera mejor que me vaya mis amigos deben estar buscandome —dijo, sonrió levemente y me sonroje, estúpidos sonrojos, entré a la casa y me apoyé en la puerta con una mano en el pecho.

– ¿Hinata, eres tú? —Ino se asomó en la escalera, en cuanto vio que era yo corrió y me abrazo hasta dejarme sin aire— ¡vas a contarme todo! —me arrastró hasta la cocina, la casa estaba horrible, el suelo repleto de vasos plásticos y botellas, en algunos rincones había vómito y más botellas.

–Creo que me iré a casa —me solté del agarre de Ino y la mire a los ojos— no quiero ver a Sakura.

– ¡No, quédate! Eché a esa traidora y a todos luego de que escaparas con ese chico —dijo como una niña pequeña dando saltos, la seguí hasta la cocina y me senté, preparada para las preguntas.

– ¿Cuándo te enteraste de lo de Sasuke y Sakura?

-F-fue en la casa de Sasuke, no avisé que iría porque quería sorprenderlo, y l-los vi en su habitación.

– ¿Hace cuánto?

–Dos meses.

– ¿Cómo pudiste seguir tu amistad y tu relación sabiendo eso? Dios.

–No lo sé, son demasiado importantes para mí, anoche estaba mal y simplemente exploté.

Ino estaba seria, no preguntó nada más y se acercó para abrazarme fuertemente.

–Ya estoy mejor, Ino, gracias.

–Ahora, ¿Quién era ese chico con el que estuviste toooda la noche? —preguntó con una gran sonrisa.