–Sí, papá.

–Llegare a las cuatro en punto, no lo olvides.

–No lo haré.

–Descansa, mándale saludos a Hanabi.

–Eso hare, adiós.

Dejé el teléfono sobre la mesa y respiré profundamente para luego dar un grito de emoción y saltar en mi cama, corrí a la habitación de Hanabi y la encontré leyendo en el puf que había al lado de su cama.

– ¿Qué sucede? —pregunto ya que corrí a abrazarla.

– ¡Papá llegara mañana Hanabi!

– ¿D-de veras?!

Saltamos en la cama y decidimos salir a comprar ingredientes para hacer una torta.

–Hinata —me llamó Hanabi metiendo una caja de huevos en el carrito.

–Dime.

– ¿Quién era ese chico pelirrojo? —preguntó inocentemente, detuve el carro y me sonrojé hasta las orejas, ella solo rio y se fue saltando a los dulces.

– ¡Es solo un amigo! —grite para que pudiera oírme. Terminamos las compras y me ayudó a llevar las bolsas al auto.

–Parece un chico extraño, pero solo eso, no un imbécil como Sasuke.

–No digas eso Hanabi, además, es solo un compañero del instituto.

–Yo no beso en la mejilla a mis compañeros.

– ¡Ya deja el tema, Hanabi! —reclame cerrando la puerta del auto con fuerza.

–Solo decía —dijo con una sonrisa angelical, suspiré y prendí el auto, mi hermana era un demonio cuando quería.

Al llegar a mi casa me duche y me puse un pijama cómodo, tomé mi celular, tenía un mensaje de Ino.

Era una foto, Gaara y yo en ese parque.

(Ino, 7:34)

Qué bello es el amor

Sentía que me faltaba el aire, comencé a hiperventilarme.

(Hinata, 10:24)

Cuando sacaste esa foto?!

(Ino, 10:25)

Cuando estaban súper acaramelados hoy en el parque obvio, recuerda que estas soltera!

Hundí mi cara en la almohada por la vergüenza, aunque estaba sola, no negaba que Gaara me atraía y mucho, pero dios, no ha pasado ni dos semanas que terminé con Sasuke.

.

.

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Vomite por el fuerte golpe en el estómago que recibí de Rasa, me limpié con mi manga la boca que tenía rastros de sangre de mi nariz y me abalancé sobre el tirándolo al suelo, ambos estábamos ebrios por lo que no podíamos hacer mucho, era domingo por la mañana y esto solía pasar de vez en mi hogar dulce hogar. Sentía los gritos de mi hermana, las manos de mi hermano agarrandome y su voz diciéndome que me detuviera, frente a mi estaba mi padre con sangre saliendo de un corte en su ceja y una mirada de odio hacia mí.

Las voces se convirtieron en ecos y mi vista se oscureció, lo ultimo que vi fue a mi hermana gritando y luces rojas y azules.

Desperté con un mareo y entrecerré los ojos por la luz, estaba en el hospital, genial, quité las agujas en mi brazo y me incorporé ignorando el mareo, la puerta se abrió dejando ver a Kankuro.

– ¡Oye! Despertaste, deberías volver a recostarte —indicó con nerviosismo, negué con la cabeza y me puse de pie.

–Estoy bien.

–Eres un cabezón, le avisare a la enfermera que despertaste —salió corriendo y camine lentamente a la salida.

Naruto apareció e hizo que pasara mi brazo por su hombro sin decir nada, no era primera vez que terminaba en el hospital por una pelea o dejaba a alguien en el hospital, prefería lo último.

– ¡No vuelvas a asustarme así otra vez! Idiota —replico Temari abrazándome luego de regañarme— Yashamaru supo.

Oh, no.

–Quiere que te vayas con él, Gaara es lo mej...

–No —dije tajante.

– ¡Solo tratamos de protegerte! No seas imbécil, estarás más cerca del instituto y lejos de papá —hablo Kankuro, lo último lo dijo con odio.

–Puedo cuidarme solo, siempre lo he hecho.

–Vamos, Gaara no seas tan cabezotas, ¡dattebayo! —golpeé en la cabeza a mi amigo por entrometerse en la discusión.

–Solo queremos cuidarte, Gaara —dijo un hombre de cabello claro y traje lujoso. Mi tío Yashamaru.

–Puedo cuidarme solo —volví a decir.

–Rasa no es una buena figura paternal, te iras conmigo, soy tu tutor legal y es todo, no seguiré permitiendo ese tipo de abusos hacia mis sobrinos.

– ¿Ah sí? ¿Ahora vienes a aparecer? ¿Que pasara con mis hermanos? ¿Los dejaras ahí a su suerte?

–Papá no estará en la casa por un tiempo, no te preocupes por nosotros, hermanito —dijo Kankuro entregándome un bolso y una maleta mediana, asentí con incorfomidad, sentí unos brazos rodeándome con fuerza, Temari lloraba en mi hombro y yo solo reaccioné a devolverle el abrazo.

–Iremos a visitarte, no olvides comportarte y... bueno, compórtate jeje —habló Temari secando las lágrimas que corrían por su mejilla con la manga de ese viejo suéter, pertenencia de mi madre.

–Lo haré —respondí tomando mis cosas con pereza, me acompañaron hasta la salida del hospital donde nos esperaba Yashamaru en su auto— solo me iré a vivir a diez minutos de casa, no me iré del país, Temari —regañe a mi hermana mayor que lloraba como si me estuviera yendo a la guerra.

–Eres mi hermanito, es difícil —respondió sollozando.

Rodé los ojos y entre al auto, de todos modos, sabía que esto pasaría algún día, el tío Yashamaru ya me había ofrecido vivir con el cuándo tuve problemas con mi padre, pero yo no quería dejar sola a mi hermana y al estúpido de Kankuro, aunque ahora que acepte no pasaría mucho para que mis hermanos también acepten su propuesta de vivir con él.

Llegamos al edificio en poco tiempo ya que estaba en el centro de la ciudad, mi tío tenía un lujoso departamento para toda una familia, claro que el aún no tenía su propia familia lo que hacía ver al lugar aún más grande.

–Ya sabes dónde está tu habitación, puedes ir a desempacar si quieres —ofreció mi tío con una sonrisa, asentí y caminé con mis cosas hasta la habitación que me tocaba, era espaciosa y tenía un balcón.

Dejé las maletas en la cama matrimonial y comencé a sacar la ropa, entre una de las camisetas había una bolsita del tamaño de mi palma con hierba y una notita pegada a esta.

Para que no te aburras, disfrutalo

-Kankuro

Vaya ejemplo, pensé. Por primera vez en mi vida agradecí no ser hijo único.

Dejé la bolsa en el cajón de la mesita al lado de la cama y seguí desempacando, me extraño ver la caja en la que guardaba las cosas de mi madre, me senté en la orilla de la cama y vi lentamente todas las fotos donde salíamos yo y mis hermanos sonriendo y en medio, mi madre. En la siguiente estábamos en el hospital, yo recién había nacido y mis hermanos me miraban con curiosidad, mi madre sonreía con ternura, escogí la primera para colgarla en el espejo de la habitación.

— ¿Mañana iras al colegio?

–Seguramente, ¿por qué preguntas? — hable sin mirarlo, guardando toda mi ropa en el armario.

–Pensaba en llevarte a ti y a tus hermanos a comer, ya sabes que volví hace poco y me gustaría recuperar el tiempo perdido.

–Lo pensare, quiero descansar.

—Está bien está bien, te dejo, la nevera está llena por si tienes hambre.

"La nevera está llena" es la mejor frase que he oído en mi vida.

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Luego de ir por mi padre al aeropuerto nos llevó a comer al lugar más caro de la ciudad, como siempre lo hacía cuando volvía luego de un largo tiempo.

–Extrañé a mis hermosas hijas —dijo con orgullo.

–Nosotras también te extrañamos —respondí con el mismo cariño que mi progenitor.

–Hinata termino con Sasuke —anuncio Hanabi con una sonrisa.

– ¡Hanabi! —regañe a mi hermana, internamente suplique para que no mencionara a Gaara.

–Ok, ya basta. ¿Es cierto eso, Hinata?

–Si...

–Sasuke es un buen chico, muy educado, la verdad no lo entiendo.

–Tener dinero no te hace un buen chico, papi —contestó Hanabi.

Cuando terminamos el helado fuimos a casa, la cual estaba decorada con globos y un gran cartel, comimos del pastel que preparamos con Hanabi y nos fuimos a la cama.

Mi padre entró a su despacho y estuvo ahí por largo tiempo, a través de alguien supo que la razón de que terminara con Sasuke fue por su infidelidad. Estaba tan enojado que si pudiera iría a la mansión Uchiha con un lanzallamas, pero eso no pasaría. Solo llamo al padre de Sasuke y descargo toda su furia de padre, con el padre de Sasuke. Pobre Hanabi, cuando yo sea lo suficiente mayor para irme tendrá que lidiar solita con él.

Al día siguiente fuimos a visitar a los abuelos que vivían a unas tres horas de la ciudad, en el campo para ser más exactos. Volvimos agotados, con ropa nueva y suéteres tejidos a mano, sin olvidar que más que satisfechos, a punto de reventar.

Me acosté luego de tomar un relajante baño de burbujas, mañana solo faltarían dos semanas para vacaciones de invierno, dos semanas de vacaciones donde no vería a ese pelirrojo de expresión fría y ojeras marcadas.

–Deja de pensar en él, Hinata.

Genial ahora hablo sola, abracé mi almohada con fuerza y cerré los ojos, al volverlos a abrir ya era de día. Odio cuando pasa eso, sentía que no había descansado nada.

Me duche y fui a preparar el desayuno, tuve que detenerme y frotar mis ojos por lo que vi, mi padre estaba cocinando, saqué mi teléfono y tome una foto para no olvidarlo nunca.

– ¡No hagas eso, o no desayunaras! — grito mi padre apuntándome con una espátula, oh si, esto tenía que enmarcarlo.

Revise mi teléfono y tenía un mensaje de Sasuke, seguramente para decirme que por mi culpa lo habían regañado y seguramente dejado sin auto y mesada por un tiempo, conocía bien al padre de Sasuke, jefe de la policía de Konoha.

En el instituto me esperaba Ino sentada en la escalera, en cuanto me vio sonrió y corrió hacia donde estaba.

– ¡Hola Sr. Hyuga! Me alegro de que haya regresado —saludó la rubia con energía.

–Hola, Ino, han pasado años que no te veía, deberías ir a cenar un día, adiós chicas —dijo mi padre haciendo partir el auto con prisa.

–Que exagerado, solo han sido un par de meses —habló Ino quitándole importancia con la mano, reí ante su sencillez.

Fuimos al salón y ahí ya estaba Naruto peleando como niños con Kiba, y Gaara solo jugaba con su teléfono sentado en la mesa.

– ¡Hinata! Yo soy más genial que Kiba, ¿cierto? —preguntó el rubio sosteniendo a Kiba del cuello.

– ¡Ya deja a Kiba, Naruto! —regaño Iruka dejando sus cosas sobre la mesa.

Puse una mano en el hombro de Gaara para llamar su atención, el me miro y prosiguió a sacarse los audífonos, lo que hizo después me dejo tan descolocada que no me moví ni un centímetro. Luego de guardar sus audífonos me acerco con una mano en mi cintura y beso mi mejilla, todos pudieron darse cuenta de su gesto y yo solo atine a sonrojarme hasta las orejas y bajar la cabeza avergonzada, me senté a su lado como lo he estado haciendo desde hace una semana y se escuchó un "uuh" y un silbido de Naruto, mire a Gaara quien tenía una sonrisa de triunfo.

Golpee juguetona su hombro y el rió, no era una risa como las escandalosas de Naruto ni las que apenas se escuchan como las de Shino, era una risa corta y sencilla, no siempre reía, pero siempre que estaba conmigo lo hacía, como él dijo una vez, era de las pocas personas con las que no le importaría compartir momentos así.

Estuvimos toda la clase conversando, jugando al gato en su cuaderno y yo regañándolo porque siempre me ganaba, tocaron para salir a recreo y Naruto salió disparado a la cafetería, detrás de Kiba que lo había desafiado a una carrera.

–N-no vuelvas a hacer eso —mencioné a Gaara camino a la cafetería.

– ¿Qué cosa?

–E-eso que hiciste en el salón.

–Tu hiciste lo mismo el otro dia, era mi turno de sorprenderte.

Mordí mi labio y me sonroje al recordar ese momento. Si, fue bastante atrevido de mi parte.

Me detuve en mi casillero y el se apoyó en el siguiente, miré más detenidamente sus facciones sin que se diera cuenta, tenía un moretón en su mejilla. ¿Es que este chico no podía vivir sin meterse en problemas?

– ¿Que miras?

– ¡N-Nada! —cerré el casillero con fuerza.

– ¿Quieres que vuelva a besar tu mejilla? —preguntó con una sonrisa— ¿o en otro lugar?

–Cállate.

Ibamos bromeando y dándonos pequeños empujones amistosos, en uno de esos empujones mi mano rozó la del pelirrojo y nos miramos por un momento sin saber que hacer. Nos reímos quitandole importancia y me colgué de su brazo.

Cuando estabamos por entrar a la cafetería alguien tiró de Gaara y solté un grito cuando un puño impactó en su mejilla. Creo que no es el pelirrojo el que se mete en problemas, los problemas lo buscan a él.

– ¡Aléjate de ella, imbécil! —gruño el pelinegro con el ceño fruncido y las manos hecha puño.

– ¿No tienes una pelo de chicle por ahi para hacerle un ataque de celos? —dijo provocativamente Gaara, el pelinegro lanzó otro golpe directo a su nariz, pero Gaara lo evadió y lo pateo en el estómago. Los golpes se hicieron más rápidos y los alumnos se amontonaron a husmear, Naruto llego corriendo junto a Kiba y Ino.

–P-Por favor! N-No de nuevo, Gaara, ¡detente!

– ¡Te meterás en problemas de nuevo, demonios! —exclamó Naruto agarrando a Gaara por los hombros y Kiba estaba delante de el por si intentaba algo, Suigetsu y Jūgo estaban con Sasuke que seguía tratando de liberarse.

La directora Tsunade llego y todos los intrusos se esparcieron, luego de el regaño que les dio en la oficina que se escuchó por todo el instituto me permitió llevar a Gaara a la enfermería.

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–Creo que este mes romperé mi record —le comenté a Hinata, quien solo presionó la bolita de algodón con más fuerza obligándome a hacer un gesto de dolor.

–No es gracioso, es la s-segunda vez que te veo pelear y creí que me daría un infarto.

– ¿Por qué te preocupas tanto por mí? —pregunte con una ceja levantada.

-No me preocupo por ti, es solo que... bueno, solo me preocupo un poco por ti, ¿esta bien? No siempre va a salir bien cada vez que peleas con un chico —respondió terminando de curarme.

– ¿Qué te parece seguir lo que quedo pendiente antes de la pelea? —cambié el tema.

Posé mis manos en su cintura para acercarla, su rostro se tornó rojo y golpeo con su dedo mi mejilla herida.

–Auch.

– ¡I-Idiota!

–Lo sé, pero no es razón para seguir lastimandome.

–E-Enserio lo siento por el comportamiento de Sasuke, ha d-dado muchos problemas...

–Él no me intimida, puedo aguantar sus golpecitos.

Sonrió y sus labios se veían tan perfectos que no pude aguantarme de besarla en la mejilla, muy cerca de sus labios, tapó su cara con vergüenza.

–No hagas eso —dijo, aun con sus manos en su cara.

–Llegaremos tarde a clases —comenté con tranquilidad saliendo de la enfermería.

Entramos al salón y todas las miradas se posaron en nosotros, algunas con odio y otras con indiferencia. Pasé un brazo por los hombros de Hinata, la cara de enojo de Sasuke fue tan única que me reí, Hinata golpeo mi estómago de manera suave, nos sentamos y la clase siguió.

En el almuerzo fuimos a un árbol enorme en el patio, Naruto comía su sándwich en una rama gruesa y Ino charlaba con Hinata y Kiba.

– ¡Hey! ¿Tienes que subirte a cada maldito árbol? —grite a Naruto quien solo bufo y levanto el dedo del medio.

–Oigan, en lo que ustedes estaban en la enfermería SOLOS —hablo Ino, el sonrojo de Hinata se volvio a hacer presente— acordamos en juntarnos en mi casa. Solo el grupo, algo pequeño.

– ¡Fue idea mía! —grito Naruto como un niño que espera un premio.

–M-Mi padre está en casa.

– ¡Te quedas a dormir! Hiashi no te lo negará, estoy segura, además estará Neji —volvió a hablar Ino.

– ¿Neji? —pregunté mirando a Hinata.

–Es mi primo.

–Hm...

Y como Ino dijo, el padre de Hinata no le negó quedarse en casa de su amiga, claro que con una pequeña mentira sobre que sería una pijamada, y que los padres de Ino estaban en casa.

Ya que había dejado mi amada y vieja bicicleta en la casa de mi padre, Yashamaru me prestó su auto sin problemas, para él era perfecto que su sobrino con antecedentes por fin comenzará a tener amigos decentes. En fin, pasé por los chicos, compramos alcohol y nos fuimos a la enorme casa de esa rubia. Hinata nos recibió, llevaba puesto un pantalón muy ajustado y una blusa que dejaba ver su ombligo, demasiado sexy para ser real, pensé.

Ya habían llegado los demás, había un chico con el cabello largo y castaño que me analizaba con la mirada, a su lado una chica de chonguitos sonriente, un chico con corte de tazón y unas cejas enormes, y por ultimo ese chico perezoso, a su lado un tipo muy gordo. Deduje que ese chico de cabello largo era el primo de Hinata, bueno, los ojos grises casi blancos no son algo que ves todos los días.

Abrí una lata de cerveza y me senté junto a Hinata, ofreciéndole una lata que ella aceptó de inmediato. A las un de la mañana ya estábamos ebrios, ese chico cabeza de tazón peleaba con Kiba, o buscaba pelea, no lo sé. Sus movimientos eran tan descoordinados que no era muy claro, cuando la penetrante mirada del primo de Hinata no me vigilaba, tome su mano y la arrastre hasta la cocina.

–Ahora yo te secuestro —le dije a Hinata.

Me llamó idiota riendo y camino hacia un estante, sacó una botella de ron que aún tenía la mitad y me la mostró sonriente, se la arrebaté de las manos y bebí directamente de la botella, ella hizo lo mismo haciendo una mueca de disgusto. Paso sus brazos por mi cuello y apoyó su cabeza en mi pecho riendo, la empuje hasta la pared y posé mis manos en sus caderas, dije que terminaría lo que empecé y no me retractare.

Con una mano la obligue a mirarme a los ojos, yo era unos centímetros más alto que ella, Hinata enredo sus dedos en mi cabello y se puso de puntillas. Sus labios eran suaves y fríos, su lengua se enredaba con la mía y sus manos bajaron por mi pecho y acariciaban mi abdomen por debajo de la camiseta, estaban frías y hacían que me estremeciera además de esa sensación placentera en mi entrepierna.

– ¿Has visto a Hinata?

–La vi irse a la cocina con Gaara.

Hinata escuchó igualmente y reaccionó de inmediato, me llevo hasta el borde del mesón que había en medio de la cocina y nos agachamos, la puerta se abrió y Hinata puso una mano en mi boca y me hizo una seña de que no hiciera ruido.

–Neji, volvamos por favor.

–Solo quiero saber dónde está Hinata.

– ¡Ella ya puede cuidarse sola, deja de ser tan sobre protector!

–Confío en Hinata, en el que no confió es en ese chico, no me da buena espina, ya ves lo que Sasuke le hizo a Hinata, TenTen ese chico es peor que Sasuke estoy seguro. Es una mala influencia solo complic...

– ¡Ya cálmate! Estas muy alterado, volvamos con los demás y...

Las voces se alejaron y Hinata lentamente quito su mano, noté como relajo los hombros y se sentó bebiendo todo lo que quedaba de la botella.

– ¿Por qué nos escondemos? - pregunte luego de un largo silencio.

–Mi primo, es muy sobre protector.

–Vaya, lo agregare a la lista de gente que en un futuro cercano me odiara —reí.

–Jeje, creo que sí.

Nuevamente me dejé llevar por esa chica que era una caja de sorpresas sin fin, en una mano tenía una cerveza y la otra estaba entrelazada con la de Hinata.

La bese con más seguridad ya que sabía que no me rechazaría, entre los dos ya llevábamos media botella de ron, ocho latas de cervezas y dos botellas. Hinata me arrastro hasta el segundo piso y me empujo a una habitación, dejé de besarle para quitarme la camiseta y la de ella, nuestras lenguas volvieron a enredarse en un beso lento y excitante, me senté en la cama y Hinata se sentó arriba mío, besé su cuello mientras apretaba su trasero, sus gemidos me estaban descontrolando. La abracé y la recosté quedando yo encima, ¿En qué momento se quitó ese sensual pantalón?

–Q-Quiero hacerlo, Gaara —dijo mientras besaba mi cuello, mi auto control se fue a la mierda en el momento en que ella acaricio mi miembro por encima del pantalón.

Le saqué las bragas y baje un poco mi pantalón junto con los bóxers, mi miembro dolía como la mierda y palpitaba, sin pensarlo más la penetre de una rápida estocada, antes de comenzar el vaivén Hinata comenzó a llorar y me quede quieto, completamente confundido.

– ¿Hinata? ¿Que pasa? Dime algo —quité los cabellos de su cara buscando su mirada en un intento de saber que pasaba.

–Soy una zorra —sollozo, tapando con sus manos su rostro.

–No, no, no, te juro que no lo eres —intenté apaciguar las cosas, me aleje de ella y me incline para subir mis pantalones pero termine enredado en ellos haciendo que me tropezara.

–Ino dice que Sasuke es un idiota y se lo merece pero me siento una zorra ¿Por que tuvo que hacerme eso? Hice lo mejor que pude para ser una buena novia y...—siguió hablando entre lagrimas— te acabo de conocer y me estoy acostando contigo.

–No, Hinata —el suelo no dejaba de moverse, impidiendo que me pusiera de pie con la rapidez que quería— no nos estamos acostando, no lo estamos y no eres una zorra.

–Eres muy dulce —se tiro de la cama para quedar junto a mi en el suelo— no te merezco, eres muy genial y yo soy una tonta.

–Creo que deberíamos dormir —dije riendo.

–Es una buena idea.

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Abrí los ojos con pesadez, la luz que entraba por el ventanal eran como martillazos en mi cabeza, puse una mano frente a mis ojos para impedir que la luz pasara y poder mirar alrededor ¿por que estaba acostada en el suelo? al intentar moverme sentí un peso en mi cintura, baje la mirada y el peso era el brazo de alguien, alguien que estaba detrás de mi seguramente durmiendo.

–Por favor no seas Sasuke, por favor no seas Sasuke —murmure girándome con cuidado.

Solté el aire al ver que se trataba de Gaara, estaba impresionada pero enserio habría sido terrible para mi haberme dormido con Sasuke. Volví a recostarme en el suelo, por suerte las habitaciones estaban alfombradas, no era del todo incomodo. Mire al chico a mi lado y comencé a analizar mejor la situación, el estaba sin camiseta y yo estaba en bragas con su camiseta.

–Oh, por d-dios —susurre recordando todo lo que había pasado anoche, estaba tan avergonzada.

–No es tan malo como parece —hablo el pelirrojo.

Lo mire a los ojos por unos segundos antes de levantarme con rapidez incapaz de volver a sostenerle la mirada, me quité su camiseta con rapidez y tome mi ropa para salir de la habitación caminando apresurada, me encerré en el baño y tire mi ropa sobre el lavabo para tapar mi cara en desesperación.

–Hinata, abre.

–V-Vete —dije, mi labio temblaba y mis nervios estaban matándome.

Lo escuche alejarse con lentitud, me calmé y luego de vestirme bajé a la cocina por un vaso de agua, aun me sentía mareada, estoy segura de que no podré verlo a la cara en el instituto.

Decidí ir a ver a Ino que seguro estaría en su habitación, estaba a punto de abrir, pero recordé que estuvo con Sai anoche, no quería ser inoportuna. Golpeé suavemente y a los segundos me abrió una somnolienta Ino.

– ¿Qué pasa?

– ¿I-Interrumpo a-algo?

– ¡N-No, No! Pasa —dijo volviendo a la cama y dando palmaditas a su lado indicándome que la acompañara.

–C-Creí que estarías con Sai.

–En realidad no creo que quiera volver a verme... Yo pensé que tú estabas con Gaara.

– ¿Que paso con Sai? —pregunté preocupada y a la vez evitando hablar sobre el pelirrojo.

–Primero cuenta tú.

–Es m-muy vergonzoso —susurre.

Finalmente, por la insistencia de Ino que me molestó por casi media hora, le conté lo que paso con Gaara.

–Si que perdiste el control, Hinata Hyuga —habló asombrada, yo estaba que me moría de la vergüenza— no pensé que te afectaría tanto lo de esperar un tiempo.

– ¿N-No entiendes? No p-podré mirarlo a la cara sin recordar eso y sentir vergüenza.

– ¿Por qué te avergüenza?

–Ya d-dejemos el tema, cuéntame sobre Sai.

–En resumen... Besé a Shikamaru.

– ¿Que? —pregunte incrédula.

–Lo que escuchaste...—respondió escondiéndose entre las sabanas.

– ¡Lo sabía! Ustedes siempre se han gustado —dije con emoción.

– ¡E-eso no es cierto!

Discutimos por largo rato sobre el asunto, al parecer estaba jugando con Shikamaru a las cosquillas y terminaron dándose un beso, Sai los vio y sin decir nada se fue aun cuando Ino le insistió en que solo fue un juego.

Volvimos a dormir y despertamos a la hora del almuerzo, fuimos a despertar a Naruto, Shikamaru y Chōji que eran los únicos que se quedaron.

Volví a casa y mi padre me noto deprimida (preferia eso a que se diera cuenta que estaba con una jaqueca de borrachera que prefería matarme), nos ofreció llevarnos a un restaurante para animarnos, fui a despertar a Hanabi de su siesta y la ayude a alistarse para ir al elegante restaurante que padre nos llevaría.

Habían pasado dos horas desde que me fui de la casa de Ino, recibí un mensaje de ella que decía que encontró a Lee durmiendo en la bañera de su baño privado junto a una foto del chico profundamente dormido en una posición incomoda a la vista.

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Conduzco hasta el departamento de mi tío en el auto que casi choco al menos unas tres veces, corrí a mi habitación y caminé de un lado a otro con las manos en mi cabeza, estaba frustrado y con una jaqueca horrible. Golpeé el armario para liberar tensión haciendo un hoyo en este, seguía sin tranquilizarme y procedí a golpear la pared una y otra vez hasta que mis nudillos estaban con pequeñas heridas, me maldije a mí mismo por ser tan bruto, ella debe estar odiándome.

¿Desde cuándo te preocupas por que una chica te odie? Imbécil.

Bajé a la cocina por una cerveza y no encontré nada, volví a mi habitación para verificar si aún me quedaba del regalo de Kankuro, estaba ansioso y necesitaba relajarme, bingo. Armé el porro y me senté en la barandilla del balcón, luego de un largo rato me sentía mejor y preferí quedarme ahí disfrutando del paisaje. Había neblina y estaba helado, pero era agradable, se podía ver toda la ciudad desde el décimo piso.

– ¡Por dios Gaara, que estás haciendo! —escuché gritar a Yashamaru, luego sentí el frío y duro suelo.

–¿Qué pasa? —pregunté confundido.

– ¡En que estabas pensando muchacho!

–Solo estaba tomando aire fresco.

–Me asustaste, demonios, llamaré a Temari.

Desapareció de mi habitación balbuceando cosas, no sé cuánto tiempo paso hasta que mi hermana llegó.

– ¿Que paso Gaara? Yashamaru llamó diciendo que estabas tratando de lanzarte del balcón.

– ¿Que? Solo estaba... solo estaba sentado ahí —dije entrecortado, estaba demasiado drogado.

–Eso espero, no quiero volver a verte en el hospital.

–Ya es pasado, no te preocupes- respondí comprensivo.

–No me digas que no me preocupe idiota, eres mi hermano pequeño —dijo golpeándome en la cabeza.

–Como quieras, ¿dónde está Kankuro?

–Aquí, estaba con el Yashamaru, nos invitara a cenar a un restaurante —dijo comiendo un enorme sandwich.

– ¡Genial! —exclamó Temari animada saliendo de mi habitación con Kankuro, yo solo bufé fastidiado, los restaurantes a los que nos llevaba.

Sonreí por el fantástico plan que se me había ocurrido, busque en mi armario la camiseta mas fea y destrozada que tuviera y los pantalones más rajados, por ultimo mis botas que aun tenían la suciedad de Suna.

Nos largamos del departamento y tomamos el ascensor hasta el subterráneo donde se encontraba el auto, mis hermanos conversaban animados con Yashamaru mientras yo estaba en silencio mas fastidiado que emocionado por llegar a ese lugar.