Todos estaban en silencio, mirándose unos a otros con confusión.
Sakura y Sasuke estaban en la entrada, Sasuke con su típica mirada fría y Sakura visiblemente incomoda.
– ¿Que hacen estos aquí? —Kiba fue el primero en hablar, con odio.
—Kiba —lo regañe, el bufó y se sentó en el suelo a beber una cerveza junto a Naruto.
–Problemático —habló Shikamaru acomodándose en el sofa para dormir.
– ¿Por qué está aquí? —Gaara me miraba con frialdad, sabía que no se llevaba nada bien con Sasuke, pero era hora de arreglar las cosas.
—Por qué queremos volver a ser el grupo unido de antes, querido Gaara —dijo Ino bajando dramáticamente de la escalera como en una película, el pelirrojo negó con la cabeza— ¿no les gustaría eso?
Nadie dijo nada, solo bajaron la mirada sumidos en sus pensamientos.
– ¿Qué tal me salió? —preguntó en voz baja saltando el ultimo escalón refiriendo a su bajada dramática.
–Perfecta —dijo Sai con una sonrisa.
–Gracias? Sai. ¡Ahora! Ustedes —apunto acusadora a Sasuke y Sakura— y ustedes —apuntó ahora a Naruto, luego a mí y Gaara— vengan aquí, quiero que hagan un maldito circulo.
– ¿Qué es esto, un castigo de niñatos? - hablo Sasuke, Gaara enojado lo agarró del cuello y lo obligo a ir donde Ino.
–Sasuke, estrecha tu mano con Gaara.
–No tocaré a este imbécil.
–Vuelve a tu barrio —dijo Sasuke con una sonrisa altanera.
–Yo no perdonaré a ese idiota, ¡que se pudra! —gritó Kiba
–Yo tampoco, Hinata sufrió por culpa de ese imbécil hormonal —habló Ten Ten con los brazos cruzados y una mirada de odio hacia el Uchiha.
Se volvió un caos, Kiba y Gaara tratando de golpear a Sasuke pero siendo detenido por mí, Lee y Shikamaru. Shino y Naruto solo miraban y Ino gritaba como histérica que eran unos neandertales.
Ino terminó dandoles un manotazo en la cabeza a Gaara y Kiba para calmarlos. Y funcionó. Ahora ambos se sobaban donde recibieron el golpe.
– ¡Ya es suficiente, son como niños! ¡Estamos aquí para perdonar no matarse entre ustedes! —gritaba Ino con las manos en la cadera.
–Pero Ino...
– ¡Kiba callate! Hazlo, Gaara, o prometo que estaré aquí todas las vacaciones solo para que no veas a Hinata.
Obedecieron de mala gana, Gaara aplicó algo de fuerza provocando que Sasuke hiciera una pequeña mueca de dolor. Luego lo hizo con Naruto que en realidad estaba feliz, hasta que todos estrechamos las manos.
–Ahora, ¿alguno tiene un problema? -— exclamo Ino— baja la mano, Gaara.
Naruto mostró una bolsa con hierba y todos se reunieron alrededor de el. Dejándonos solas con Sakura y Ten Ten, la última aún estaba algo molesta con la pelirrosa pero sabíamos que la perdonaría del todo en un momento, Sakura estaba cabizbaja y me miraba de reojo, podía notar que la culpa la carcomía.
–Te perdoné, Sakura, no hay por qué tener esa cara —dije con una sonrisa que ella me devolvió, me abrazó y le correspondí, pude ver a Gaara con el ceño fruncido y los brazos cruzados con los demás.
Me ha estado ignorando desde que llegó Sasuke.
Después de una hora la tensión había desaparecido, las chicas y yo reíamos con los demás, Naruto molestaba a Sasuke como si nunca lo hubiera casi atropellado o golpeado antes.
Fui a la cocina por mas cerveza y aperitivos, sentí pasos y volteé a ver, el pelinegro estaba apoyado en la puerta.
– ¿Podemos hablar?
–C-Claro —respondí con extrañeza.
–Yo... En serio lo siento, no debió pasar así.
–No debió pasar de ninguna manera.
Nos quedamos en silencio, lo miré a los ojos, esos ojos que en un principio estaban llenos de soledad y dolor, ahora podía ver hasta un poco de serenidad.
–Pero pasó... Ya es pasado, Sasuke, solo olvídalo.
—Lo siento.
–...Está bien.
Volvió el silencio, me sentía más ligera, sonreí y el sonrío, extendí mis brazos esperando un abrazo como significado de que ya todo estaba bien entre nosotros, él se acercó y me abrazó. Por fin todo estaba bien y podíamos a volver a ser todos amigos. Como antes.
Gaara estaba apoyado en la puerta mirando a Sasuke, nos dejó solos y al pasar junto al pelirrojo este le miro con rencor, Gaara camino hasta quedar frente a mí en cuanto se fue.
– ¿Estas feliz ahora?
–S-Sí, gracias por no golpearlo.
–Hm —volvió a la sala de estar con las manos en los bolsillos y el ceño fruncido.
Cerré la puerta de la nevera con fuerza, odio que me ignore sobre todo por algo tan sencillo como perdonar a Sasuke, quería hacer algo para que terminara su berrinche.
No somos nada, ¿que podría hacer? Se podría decir que estamos saliendo, ¿cierto? No es algo grande como ser su novia, pero es algo.
Me senté junto a Kiba, mire a Naruto que estaba armando un porro, me gustaría ser más como el, siempre dice lo que quiere decir y hace lo que quiere hacer sin importarle los demás. Yo siempre me preocupaba de estar decentemente vestida para dar buena impresión como de pequeña se me ha enseñado y a él ni siquiera le importó fijarse en su calzado, que por cierto no eran del mismo color, ni del mismo diseño.
¿Porque yo no podría?
Respiré hondo y fui a la escalera que era donde Gaara estaba recostado en los peldaños, me senté cerca de él, tomé su mano y entrelace nuestros dedos, me miro algo sorprendido. Lo besé ignorando quien nos viera y que dijeran, aunque en mi interior estaba muriendo de nervios.
–Vaya, vaya —dijo Naruto tosiendo por el humo.
Me sonrojé aún más pero aun así reí por lo inoportuno que era Naruto. Escondí mi cara en la espalda de Gaara, aún tenía mucha vergüenza para ver a los demás.
El reencuentro siguió hasta la noche, vimos películas de terror en las que Naruto gritaba cada cinco minutos asustando a los demás, sobre todo a mí, no solté a Gaara en toda la película lo que no pareció molestarle.
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Voy a vomitar, estoy seguro. Yo debería estar fuera de esto, junto a los amargados de Sasuke y Shino que solo reían de los que caían en la enorme cama saltarina, bueno, solo Sasuke, de Shino ni idea. Pero fui arrastrado por el idiota de Naruto, aunque me encanta ver los pechos de Hinata rebotar preferiría verlos desde fuera de esto.
– ¿Estas bien? —me pregunta Hinata deteniéndose— estas más pálido de lo normal.
Si eso era posible, ignoré las náuseas y el sudor frío de mi espalda y le puse mi mejor cara de 'estoy bien', por su ceño fruncido creo que no se lo creyó.
–Ven, entremos a la casa —dijo con una sonrisa.
Preparó té de menta para ambos, con una manta nos cubrimos sentados en la alfombra, apoyando la espalda en el sofá, tenía un hambre feroz, por suerte aún quedaba comida en la mesa.
Pasé un brazo por detrás y Hinata apoyó su cabeza en mi hombro mientras leía un libro, "Bajo la misma estrella".
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–Gaara.
– ¿Hm? ¿Qué pasó?
–Te quedaste dormido —dijo Hinata mirándome enternecida.
Estiré los brazos hasta que los huesos de mi espalda sonaron, Hinata seguía con su libro, fruncí el ceño y le quite el libro, antes de que protestara la besé y empuje hasta quedar encima de ella. Me deje llevar por los besos de Hinata, al principio eran tiernos y suaves, cuando nuestras lenguas se unieron sentí un calor en mi estómago, el beso se volvió rudo y mi mano iba camino a su seno, nos separábamos un centímetro solo para recuperar el aliento, podía ver sus mejillas al rojo vivo.
– ¡¿Están desnudos?! No importa ya los vi —gritó Ino, riendo.
Nos separamos sonrojados, Ino rio aún más hasta que llegaron los demás.
Era casi las diez de la noche, Temari mando un mensaje diciendo que tenía que volver a casa o me golpearía. Estaba aún molesto por que ahora ese Uchiha estaría cerca, me interrumpieron con Hinata y tendría que ir -seguramente- a una estúpida cena familiar.
Kiba nos llevó en la vieja camioneta de su mamá, en el departamento estaban mis hermanos, Naruto que se había auto-invitado saludó a mi tío y a mis hermanos, molestando a Kankuro como siempre que venía.
–Hace años que no te veía Naruto, creciste mucho...—mi tío le decía el típico discurso de adultos a Naruto, que solo asentía y sonreía.
La cena fue tranquila, sacando la parte donde Kankuro estuvo bromeando con Naruto durante toda la velada.
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Por fin, sábado. Amado sábado. Termino de alistarme para salir, con todo el grupo quedamos en ir a la fiesta de Suigetsu; el amigo de Sasuke. En el instituto se dice que sus fiestas son las mejores y como amigos de Sasuke no habría problema, menos si llevábamos hierba.
Me miré al espejo, tenía un poco de brillo en los labios, un crop blanco, jeans negro y encima la chaqueta café claro con capucha que en la espalda tenia estampado 'mierda' en kanji (糞). Gaara me la prestó la última vez que lo vi ayer en la noche, me quedaba algo grande, taba mis gluteos.
–Sexy.
Volteé a ver quién era, Gaara estaba recargado en la puerta, con la misma camiseta que tenía el día que nos conocimos en la fiesta. Sonrió y salió de la casa, lo seguí y me subí a su auto junto a Ino, Sai y Kiba.
Suigetsu es el típico chico popular del instituto, al principio pensé que era como todos los demás del instituto, creyéndose el mejor por su dinero presumiendo su auto del año. Cuando estuve con Sasuke pude conocer al Suigetsu detrás de ese auto caro y sonrisa altanera. Un chico amable que solo quiere caerle bien a todos para llenar ese vacío que dejan sus padres, Suigetsu para la alta sociedad es un bastardo, su madre era una bailarina exótica y su padre un millonario, casado y con hijos. Solo lo ayuda porque tuvo piedad de él, luego de que su madre lo abandonara, lo mantiene y le ayuda con sus estudios, pero nada más. No estoy segura de si la familia de su padre sabe de su existencia, lo único que se es que vivían en esa casa y se la dejó cuando se mudaron.
Las paredes tenían algunos grafittis, había varios chicos del instituto que se quedaban mirándonos con Gaara, caminábamos con las manos entrelazadas y, es evidente que tengo puesta su chaqueta. Siento mi cara ardiendo.
–¡Hinata! —Suigetsu me saluda con la mano— síganme, los llevaré a la zona VIP.
–No es la zona VIP, imbécil, solo es una habitación —habló Sasuke en la entrada de la zona 'VIP'.
Dentro estaba Naruto y los demás del grupo, había puf y sillones retro, en la pared había un graffiti de un enorme tiburón y en la mesita de centro había varias botellas.
Me senté en uno de los sofá con Gaara, el chico de ojos morados se acercó con un puf y se recostó en él.
–Veo que ya pasamos de Sasuke —dijo con una sonrisa— ¿Son novios?
Baje la mirada avergonzada.
–Entonces solo están saliendo, yo digo que te apresures pelirrojo, Toneri está interesado en Hinata —hablo dirigiéndose a Gaara— Jaja sí que eres serio. Pueden beber lo que quieran, están en su casa.
Se fue al otro lado de la habitación con una chica de lentes pelirroja con minifalda, comencé a beber con Ino mientras Gaara aún no terminaba su cigarro, lo noté algo incómodo así que fui a tratar de animarlo con una cerveza.
Lo aceptó y bebimos juntos, Naruto repartía porros para cada uno, aunque no estábamos distanciados del resto se podía sentir la música fuerte, con las chicas reíamos diciendo cualquier estupidez.
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Con una mano acariciaba su cuello y con la otra me aferraba a su hombro, arrugando su camiseta casi con desesperación. Pasaba sus manos por mis piernas que estaban enredadas en su cintura, mordí su labio tirándolo un poco.
Hace un rato, cuando estaba besando a la novia de Suigetsu por qué Kiba había dicho que no me atrevía a besar a una chica, estando ya muy ebria bese a la primera chica que se me cruzó, que resultó ser Karin. Que también es la prima de Naruto. Me pregunto, ¿Por qué el mundo es tan pequeño?
Luego del beso reté a Kiba a besar a un chico, claro que acepto y terminó besando a Naruto, el rubio lo golpeó y gritó que no estaba interesado.
Toneri pensando que era un juego me besó, Gaara no dijo nada, me arrastro hasta este armario, me sentó en una pila de cajas y comenzó a besarme. Entre los besos gemía o trataba de no hacerlo lo que era difícil, Gaara me abrazaba pegándome a él, el aire estaba tibio y denso, sentía mi cuerpo caliente y miles de sensaciones más que no podía describir.
– ¡Maldición! —exclamó Gaara saliendo furioso del armario, empujando de paso al chico que había abierto seguramente por error.
–Lo siento —dijo el tipo antes de vomitar en una esquina, pobre chico.
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Salí del departamento a buscar mi bicicleta que solía dejar en el vestíbulo, planeaba pasar la tarde en casa de Naruto fumando hasta que decidiera que era hora de volver a casa, pedalee hasta llegar al edificio y baje de la bicicleta. Habian unos chicos junto a las escaleras, no le habria tomado importancia si no fuera por que los conocia, pero su presencia no era nada grata.
–Gaara, Gaara, Gaara. Fue difícil encontrarlos ¿sabes? Estuvimos casi dos semanas buscando en Kumogakure —hablo el pelirrojo, sin perder su tono de calma.
– ¿Que haces aquí? Vete antes de que le patee el trasero a ti y a tu novia.
–Ten cuidado con lo que dices —dijo el rubio de cabello largo detrás de mí, Deidara.
– ¿Y qué van a hacer? ¿tirarme al desierto? Imbéciles.
Deidara me agarró del cuello de mi camiseta, nos miramos con odio, levantó su puño dispuesto a golpearme.
–Deidara, no vinimos a pelear —hablo con calma Sasori.
Me dejó soltando un bufido y empujándome cuando paso por mi lado, creí que largándome de Suna y dejando claro a Obito que ya no quería más de esa mierda en mi vida, me dejarían.
–Obito está dispuesto a perdonarte si vuelves a trabajar para él, ha tenido problemas aquí con un...
–No.
–Eres un desagradecido, el los sacó de esa miserable vida que tenían. No entiendo por que los prefiere, par de idiotas...
–Mira, no me interesa si crees que Obito es un puto dios o algo así, pero el solo nos sacó de una mierda para entrar en otra —lo empujé para poder subir. Me agarró del brazo, volteé a verlo y tenía esa estúpida sonrisa.
–Esa rehabilitación sí que te hizo mal, Gaara, yo sé que volverás.
Quité su mano de mi brazo y lo golpeé en la nariz, la sangre saltó en su cara y mis nudillos. Deidara dio un paso y Sasori otro, deteniéndolo.
–Sabes que no se dará por vencido —dijo Sasori antes de irse.
Cuando se alejaron lo suficiente, corrí al departamento y golpeé sin pausa. Apenas Naruto abrió la puerta Kurama salió y saltó feliz de verme, me senté en el sofá frente a la televisión.
–Obito sabe que estamos aquí —dije prendiendo un cigarro.
– ¿Estas bromeando, cierto? —preguntó con una ceja alzada.
–Sabes que nunca bromearía con eso.
El rubio revolvió su cabello frustrado y bajo la cabeza desanimado, juntos salimos de esa mierda y juntos nos libraremos de esos idiotas.
–Bueno, esto se veía venir... ¿Qué haremos?
–Estaban abajo esperándote, creo que no sera fácil evadirlos.
Frunció el ceño mirando a Kurama.
–Sabes como son, Gaara.
–Que se pudran, iré a la estúpida fiesta con Hinata, no dejaré que arruinen mi vida de nuevo —dije saliendo del departamento.
– ¿Aun no le pides que sea tu novia?
– ¿Y que si dice que no? —pregunté dándole la última calada al cigarro.
–Estoy seguro que está esperando a que se lo pidas, ¡dattebayo!
Pasé por Hinata y nos fuimos en su auto directo a la fiesta, se veía malditamente sexy y adorable, por otra parte solo quería despejarme y que mejor que una noche descontrolada con la dulce pelinegra.
Mi teléfono vibro, lo saqué del bolsillo para revisar el mensaje sin dejar de caminar con Hinata de la mano.
(Número desconocido, 10:47)
Hacen linda pareja
Era una foto mía y de Hinata entrando a la casa. Tragué duro y seguí caminando, luego me encargaría de esto, el amigo de Sasuke nos llevó hasta una habitación que no estaba repleta de personas como las demás, al parecer eran buenos amigos con Hinata.
Charló unos minutos con nosotros y luego se largó, Hinata se divertía con sus amigas y yo no podía dejar de pensar en que había uno de esos malditos cerca. Aun peor, ya sabían de Hinata.
La pelinegra llegó a mi lado con un vaso de cerveza, pase un brazo por su cintura y la obligue a sentarse en mis piernas mientras fumábamos. Otro mensaje llegó.
(Número privado, 12:25)
En 5 minutos estaremos esperándolos en el segundo piso
Miré a Hinata esperando que estuviera distraída, estaba con la pelirosa bebiendo y aproveche para irme. Busqué a Naruto y lo saqué de la habitación sin decir nada, busqué la escalera y me dirigí al segundo piso aún tirando a Naruto de la chaqueta.
– ¿Me dirás que está pasando?
Desbloqueé mi teléfono y le mostré el mensaje.
–Maldicion —dijo.
–Se lo dejaremos claro de una vez por todas.
Se escucharon pasos desde el oscuro pasillo, me cruzo de brazos esperando a ver la cara del que nos dio la indicación de reunirnos aquí.
– ¿Cuánto ha pasado desde que no los veo? ¿tres meses? Tal vez cuatro —habló saliendo de las sombras, la mitad de su cara tenía cicatrices, Obito— Suna ya no es lo mismo sin el Ichibi y el Kyubi.
–¡Ya no queremos llevar ese apodo! —dijo Naruto apretando los puños— déjanos en paz.
– ¿Así me lo agradecen? —alzó la voz y nos miró fríamente— ¿recuerdan quien los sacó de las calles y les dio un trabajo, una nueva vida?
–Esa mierda no es vida.
–Gaara tiene razón.
–Ustedes son y siempre serán Ichibi y Kyubi, miembros de Akatsuki. Respetables, jóvenes, ingeniosos —dijo con una sonrisa, como si estuviera burlándose de nosotros.
–Nos importa una mierda, aléjate de nosotros. No importa cuantas de tus perras envíes, no volveremos a eso.
El pelinegro rio, se paseó alrededor de nosotros, examinándonos.
–Me dijeron que están en el Instituto Voluntad de Fuego, ¿acaso creen que, ustedes pertenecen ahí? ¡Imbéciles! Ese no es lugar para chicos listos como ustedes, están desgastando su tiempo entre un montón de mocosos buenos para nada que viven de sus padres.
La mirada de Naruto demostraba todo lo que sentía; ganas de matar, matar al maldito frente a nosotros que sigue tratando de hundirnos junto a él.
–Pero creo que los perdonaré, volveré en poco tiempo por su respuesta definitiva —hablo arreglando su corbata y su saco— pero antes les dejaré un regalo, para que lo reconsideren bien.
Unos tipos nos agarraron de los brazos y el cuello, dejándonos inmóviles, uno de ellos amarró una correa en mi brazo, sabía lo que pasaría y trate de liberarme, pero me ganaban en número. Miré al tipo que sostenía a mi brazo, lo recordaba, era el imbécil de Hidan. Mire al frente y apareció Sasori con un parche en la nariz y una jeringa en la mano.
–Tu favorito, buen viaje —dijo antes de introducir el líquido amarillento directo a mis venas.
El efecto fue inmediato, ya casi había olvidado lo bien que se sentía, mi cuerpo más pesado y mi respiración se hizo más lenta, estaba completamente entumecido.
Tenía que buscar a Hinata, con algo de dificultad llegué a la habitación, más bien siendo casi arrastrado por Naruto, se lanzó al sillón mirando el techo.
Escuché algo sobre un reto salir de los labios de Hinata, vi a Toneri besarla y ella alejándolo asqueada, la llevé hasta un armario al final del pasillo, mi miembro presionando en su entrepierna se sentía mejor que nunca antes, no podía pensar con claridad, solo en que quería hacerla mía.
– ¡Maldición! —exclamé por ser interrumpido de nuevo, empujé al chico cuando salí para volver con los demás.
Me serví un vaso hasta la mitad de vodka y me lo tomé de un trago, sintiendo como mi garganta ardía. Hinata estaba con Kiba y Shino, Naruto seguía en el sillón, me senté junto a él. Estaba asustado, lo podía ver en sus ojos.
Tenía nauseas.
Miré a Hinata. No quiero que vea lo que era yo antes.
Seguro a Naruto le dieron una simple pastilla para que se relajara, o tal vez solo unos golpes, ellos saben que Naruto no es como yo, él nunca se dejó llevar por esa basura.
Lo siento, Temari, Kankuro.
Hinata.
Creo que estoy volviendo a caer.
