Busqué algo con que cubrirme del frío, abri un poco los ojos tratando de acostumbrarme a la luz, abrazo a Gaara en un intento de obtener calor. Se da la vuelta al darse cuenta del movimiento y veo que está con una mirada perdida y algo perturbada, me abraza con fuerza y apoya su mentón en mi cabeza.
Recordaba un poco de lo que pasó anoche, Naruto había tomado algo y estaba paranoico, no quiero ni imaginar como es tener un mal viaje con los alucinógenos. Tuvimos que sacarlo de la fiesta, ahora se encuentra más tranquilo —Gaara fastidiado lo noqueo para que se durmiera— en la habitación de invitados. Igual que todos los domingos por la mañana no tenía ganas de levantarme, menos cuando Gaara está abrazándome y me siento tan cómoda.
Lo miré a los ojos, estos estaban mirando directamente a la pared, pasé una mano frente a su cara, parpadeo varias veces y sonrió cuando me miro fijamente.
Se puede decir que fue un gran día, Naruto me ayudo a preparar el almuerzo y tuvimos una guerra de arroz, Gaara ha estado mas callado de lo normal, pero Naruto dice que solo lo deje, que es normal en él.
Ya por la tarde el rubio se fue dejándome sola con el pelirrojo, me senté en el sofá que era el lugar donde estuvo la mayor parte del día, casi ido. Ambos estuvieron muy extraños, mirándose entre ellos, como si hubiera tensión entre los dos. Gaara también se fue luego de una hora diciendo que tenía cosas que hacer, escuché el tono de llamada de mi teléfono en mi habitación, el silencio de la casa era casi desesperante, corrí a responder.
– ¿D-diga?
–Hija, ¿todo bien por allá?
–Si papá, p-preguntas todos los días lo mismo —dije pasando los dedos por mi cabello, está bastante largo.
–Solo llamaba para decirte que volveremos antes, tal vez el miércoles.
–E-Está bien, me alegro —respondí con desgano, tenía planes con Gaara para el último viernes que tendríamos de vacaciones.
–Eso es todo, mañana llamaré de nuevo, cuídate y sé prudente.
-Adiós.
Corté la llamada y me quedé mirando el fondo de pantalla de mi teléfono, lo dejé con cuidado sobre la cama y suspiré, prepare la bañera para tomar un relajante baño de burbujas de casi dos horas leyendo mi libro favorito. Con una toalla envuelta en mi cuerpo y con otra secándome el cabello me senté en la cama, volví a coger mi teléfono para revisar si tenía algún mensaje, tenía dos de Gaara y uno de Ino.
(Gaara, 7:23)
Mis hermanos te invitaron a cenar
Pasare por ti
Tiro a la papelera la cajetilla ya vacía que había comprado ayer, mis nervios me estaban matando. Ellos saben de Hinata, y no puedo advertirle, no puedo, no quiero asustarla ni meterla en esto.
Aunque en cierto modo, ya lo está.
–Akatsuki detrás de nosotros, genial. Justo cuando ya comenzaba a gustarme el instituto —lloriqueó Naruto jugando con un cubo rubik.
– ¿Qué hay de Bee? Él puede ayudarnos.
–No lo sé. Aun así, lo llamare.
En lo que Naruto sacaba su teléfono Temari abrió la puerta de una patada como un animal rabioso y nos golpea en la cabeza con su abanico.
– ¡Si no me dices que haces los días que no vuelves a casa, te juro que te encadeno a la pared, y tú no te salvas rubio! —gritó apuntando a Naruto que estaba en un rincón como perro asustado.
–No tengo por qué decirte —dije cruzándome de brazos, estábamos en una guerra de miradas hasta que desvío su furiosa mirada a Naruto. El idiota se sobresalto y soltó la lengua.
– ¡Salimos con la novia de Gaara y los chicos del instituto, ttebayo! ¡No hacemos nada malo por favor no me mates! —soltó con las manos en alto al ver la mirada de Temari sobre él.
– ¡Maldito traidor! —exclamé lanzando un almohadón que se estrelló en su cara.
– ¿Novia? —abrió los ojos a mas no poder— ¡¿Cuándo pensabas decirme que tenías novia?!
–Nunca. Y no es mi novia.
–No se atreve a pedírselo —rió Naruto. Esta vez fue mi teléfono el que llego a su cara.
–Quiero conocerla.
–No.
–Está bien —dijo con una sonrisa— averiguare quien es.
Me mordí el labio, no sabía si creerle o no, pero con Temari nunca se sabía, me levanté de un salto de mi cama y salí al pasillo.
–Está bien —gruñí— pero no te pongas como la hermana mayor histérica y sobre protectora.
–No prometo nada —se fue saltando a la cocina, seguramente llevándole el chisme a Yashamaru y Kankuro.
–Te odio —dije pateando a Naruto en el suelo, este solo reía.
–Espera, Gaara, hay algo que quería preguntarte —su expresión era seria, Naruto no solia serlo.
–Habla.
–Anoche... ¿Qué fue lo que te dieron?
No respondí, era una pregunta estúpida, él ya sabía la respuesta.
–Gaara, llevas meses limpio...
–Lo sé, ya vete.
Tomé a Naruto de la chaqueta, ya fuera del departamento le tire sus cosas en la cara. Cuando quise volver a mi habitación vi las caras de Yashamaru y Kankuro seguramente listos para empezar a bombardear con preguntas, saqué las llaves del auto de la mesita y salí de ahí, camino al estacionamiento.
Conduzco hasta casa de Hinata después de avisarle sobre la cena, toqué el timbre y ella abrió de inmediato, traía puesto un vestido floreado, un suéter y encima mi chaqueta, se veía hermosa.
– ¿Lista?
–S-Sí.
El conserje del edificio nos miró algo extrañado, pero como siempre que le dirigía la mirada, se encogía de hombros y se escondía en su periódico. En el ascensor noté que Hinata estaba más sonrojada y callada de lo usual.
– ¿Estas bien?
–S-Sí, solo e-estoy algo nerviosa.
Apenas abrí la puerta Temari llego corriendo y abrió los ojos sorprendida, lo mismo hizo Kankuro, Yashamaru solo sonrió amablemente.
– ¡¿Hinata?! —exclamó Temari, luego suspiro exageradamente— estoy tan feliz de que fueras tú y no una de esas...
–Temari —la interrumpi.
–Está bien está bien, lo siento. Siéntense, la cena ya está lista.
– ¿Cómo ha estado tu padre, Hinata? —preguntó Yashamaru cortando un pedazo de carne.
–M-Muy bien, él está de viaje ahora.
–Ahora entiendo por qué Gaara no se ha visto mucho por aquí —Kankuro tenía una sonrisa de diversión en su rostro, Hinata estaba roja como un tomate.
– ¡Kankuro! Que tu aun no tengas novia no significa que puedas molestar a la de Gaara —reprocho Yashamaru, Kankuro bufó y siguió comiendo.
Luego de cenar la lleve a mi habitación para que Temari dejara de hacerle preguntas, observaba mi habitación como una niña pequeña.
–Siéntete como en casa —dije.
Coloqué música y busqué algún cigarro en el armario, el mueble, entre libros y en mi mochila.
– ¿B-Buscabas esto? —habló Hinata sentada en mi cama, entre sus manos había una cajetilla de cigarros.
–Si.
Estire mi brazo para tomar la cajetilla y ella lo alejó, tenía el ceño fruncido y con una mano en mi pecho me empujó.
–Deberías d-dejar esto.
–No quiero -dije tratando de quitarle la cajetilla, pero nuevamente me esquivó.
–Es d-dañino para tu salud.
Suspiré irritado, el tabaco aliviaba un poco mi ansiedad, han pasado más de quince horas desde que esa mierda estuvo en mi sistema y ya siento mi cuerpo que pide otra dosis. Di un par de pasos y lanzó la cajetilla por la ventana, abrí la boca sorprendido, ella tenía los brazos cruzados y un pequeño puchero.
–Pagarás por eso —dije abrazándola fuerte y tirándola a la cama para hacerle cosquillas, ella reía y trataba de liberarse.
–Y-Ya basta G-Gaara, p-por favor —trataba de decir mientras forcejeaba.
Levante su camiseta hasta su cintura y le di pequeños mordiscos, hasta dejar una marca en su lechosa piel.
– ¡G-Gaara! Eso h-hace cosquillas, d-déjame.
–Está bien, suficiente castigo —dije rodeándola con mis brazos.
–I-Idiota.
Me separe un poco y quedamos ambos mirando el techo, con la punta de mis dedos rozando su mano. Vino a mi mente el hecho de que ya llevábamos tiempo saliendo, ya todos sabían tanto en nuestro grupo como en el instituto, no era un secreto y no había razón para negar lo innegable entre nosotros. ¿Y si era una mala idea? Antes de Hinata lo mas cercano a una relación que he tenido se basaba en sexo y no duraba mas de una semana, excepto por...
– ¿Sabes hace cuanto nos conocemos? —hablo Hinata sacándome de mis pensamientos.
-No llevo la cuenta de los dias.
Hinata rió suavemente y entrelazo su mano con la mía.
–Casi cuatro meses.
–Son muchos días.
–Si que lo son...
–Entonces...—le mire a los ojos— ¿Quieres ser mi novia...o algo?
–Ya era hora —sonrio abalanzandose sobre mi para besarme, con una mano en mi cabello.
– ¿Qué te parece si pasas la noche aquí, conmigo? —dije mientras nuestros alientos se mezclaban.
– ¿Q-Que? G-Gaara, e-eso es m-muy apre...
–No sería la primera vez que dormimos juntos, ¿cierto?
–E-Eso es d-diferente, t-tu...—habló, cerraba los ojos avergonzada de su constante tartamudeo.
–No lo es.
Tocaron la puerta y entró Yashamaru con su típica sonrisa amable.
–Ya es tarde, deberías dejar a Hinata en su casa, puedes llevar el auto.
–Se quedará conmigo.
– ¿Q-Que? Gaara...
– ¿Estás seguro de que Hinata puede?
-Claro, se ira en la mañana -me apresure a contestar.
–Esta bien —dijo con una sonrisa— Duerman bien —antes de cerrar la puerta me miro con los ojos entrecerrados y pude leer en sus labios te estoy vigilando.
Por suerte, Hinata no vio eso.
Me coloque la camiseta que Gaara me prestó para dormir, era manga corta? aun así estas llegaban a mis codos. Gaara solo tenía puesto bóxer que le quedaba algo suelto, en su costilla izquierda tiene un tatuaje de calavera, de unos veinte centímetros, del cráneo que estaba abierto en vez de un cerebro salía un cactus, en su piel, tan blanca como la mía el tatuaje contrasta perfectamente. En su antebrazo hay otro, un reloj de arena.
Apagué la luz de la pequeña lámpara en la mesita y me arropé junto a Gaara, ahora que somos pareja, oficialmente, quiero saber sobre su vida, sus metas en esta y sus temores.
–Gaara...—lo llame, casi en un susurro.
– ¿Hm?
–Quiero saber más de ti —solté rápidamente.
–... ¿Cómo qué?
Cierto, Hinata, ¿sobre qué?
–B-Bueno... Podrías contarme algo sobre tu infancia.
Hubo unos segundos de silencio, llegué a pensar que Gaara se había dormido.
–No.
–E-Entiendo... Lo siento, f-fui imprudente.
Su mano llegó a mi cintura y me acercó a él, besó mi frente con suavidad y suspiró pesadamente.
–No lo fuiste... Solo no quiero hablar de eso.
Acaricié su mejilla con cariño, si hablar sobre su pasado lo ponía así de mal, no volvería a insistir con el tema, aunque me moría de ganas de saber que lo atormentaba. Sin aviso me besó, aproveché para morder su labio y seguido profundizar el beso, su lengua era tibia y dulce, su mano presionaba mi cintura.
–D-Deberíamos dormir —dije, sentía mi cara ardiendo.
–Siendo sincero, lo que menos quiero es dormir.
Daba pequeños besos en mi cuello, sus manos se paseaban por mi cintura hasta mis piernas, y de vuelta. Se sentía demasiado bien, una sensación de calor invadió mi estómago seguido de pequeñas oleadas de placer en mi espina dorsal cada vez que el miembro de Gaara hacia un pequeño roce. Gaara me indico levantar los brazos para retirar la camiseta, dejándola desinteresadamente a un lado.
Posé mis manos en su antebrazo cuando sentí la mano de Gaara escabullirse en mis bragas. Me abrazó posesivamente con su cara en mi cuello, bajo para besar mis pechos y acariciarlos, yo no hacía más que tratar de callar mis gemidos mordiendo mi labio.
Volvió a besarme con un frenesí desbordante, saco sus dedos de mis bragas para deshacerse de ellas, alce las piernas para darle más facilidad.
Gaara sonrió levemente y se posicionó sobre mi, lo empujé a un lado y me senté sobre el. Con Sasuke era siempre el que dominaba la situación, por una vez quería ser la que llevaba las riendas en la cama.
Entre besos y gemidos acallados, me pidió que fuera su novia. No me detuve, lo besé con fuerza por la emoción y acepté.
Estábamos ligeramente sudorosos, se acostó a mi lado y reposé mi cabeza en su brazo, sonreí mientras trataba de recuperar el aliento.
Lo hicimos de nuevo en la mañana luego de despertar. No estaba preocupada por lo que pensaran mis amigos, de todos modos, ya nos han visto juntos, ¿El único problema? Más bien, los problemas. Mi padre y Neji. Mi primo no aprobaba para nada a Gaara, mi padre menos, ambos tenían esa mentalidad de casarse con alguien de tu mismo estatus social para mantener el prestigio de las familias.
Nos reunimos en el parque con Naruto y el resto. Gaara me llevo en su bicicleta como cuando recién nos empezábamos a conocer.
– ¿En qué piensas? —habló Gaara acostado en el césped, fumando un porro.
–M-Mi padre vuelve e-en dos días...
–Eso significa que...—agregó apoyándose en sus codos, sin comprender.
–No podremos vernos tan seguido...
–Siempre hay una manera, Hinata, y si no hay, recuerda que puedo aparecer en tu habitación siempre que me lo pidas —dijo con un tono seductor.
Mientras conversaba con Ino y Kiba, Gaara desapareció. Es extraño, él nunca se va sin decir nada, o por lo menos sin decirme a mí. No quise ponerle tanta importancia al asunto, aun así, me acerqué a Naruto por si sabía algo.
– ¿H-has visto a Gaara?
– ¿No está contigo?
–N-No...
Lo vi mirar a todos lados con el ceño fruncido, luego a mí y su gesto cambio a la de alegría normal en Naruto.
– ¡No te preocupes, Hinata! Seguro no es nada malo, ¡dattebayo!
Me llevó con Ino y los demás, frote mis manos tratando de entibiarlas, se estaba haciendo tarde y el frío aumentaba. A lo lejos vi a Naruto llegar junto a Gaara, tenía las manos en los bolsillos y una mirada seria y perdida. Al llegar a mi lado apenas pude verle la cara ya que el pasó su brazo por mis hombros y comenzó a caminar. En sus ojos ya no estaba ese brillo, solo una mirada perdida.
–Te llevaré a tu casa.
Cuando llegamos le insistí en que se quedara conmigo, lo notaba extraño y tenía un mal presentimiento. Se encerro en el baño unos minutos, al volver se dejó caer en la cama y se durmió profundamente, lo observé por unos instantes, tal vez solo estaba cansado, pero cuando lo moví para preguntarle si tenía hambre, no reaccionó.
Tenía que descubrir que le sucedía.
Cuando desperté, Gaara ya no estaba. Mire por un rato el espacio donde hace poco estuvo mi novio, suspire con pesar, algo estaba mal con el.
Eran las nueve de la mañana, pero mi habitación estaba casi a oscuras, caminé al baño para tomar una ducha pensando en posibles razones para que Gaara desapareciera, pero antes de entrar vi que la luz estaba encendida y la puerta entreabierta.
– ¿Gaara? ...- lo llamé, pero nadie contestó, empujé un poco la puerta— ¡Oh por dios, Gaara!
Mi estómago dio un salto en cuanto vi a Gaara en el suelo, pálido y con la cabeza apoyada en la bañera casi inconsciente. En su mano había una jeringa y en su brazo un poco de sangre, abrí los ojos sorprendida.
–Gaara...—toque su mejilla, estaba fría y estaba sudando.
Dijo un apenas audible 'estoy bien', con una toalla trate de secar su cara y su cuello, lo llevé de vuelta a la cama, estaba congelado, no podía mantener los ojos abiertos.
Busqué mi teléfono con desesperación, mis manos temblaban empeorando mis nervios.
– ¿Diga? —se escuchó una voz somnolienta.
– ¡Naruto! Es Gaara... No sé qué está pasando, no se que hacer —supliqué.
– ¡¿Que?! ¿Qué paso?
–Lo encontré en el baño, Naruto creo que... Creo que tomó algo, no lo se.
–Demonios, estaré allá en un minuto —y cortó.
Toqué sus mejillas para verificar su temperatura, estaba un poco mejor que antes, lo que más me preocupaba era que no reaccionaba con nada.
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.
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– ¡Maldito imbécil! —caí al suelo por el golpe de Naruto, traté de ponerme de pie aun cuando sentía mi cuerpo tan pesado.
–Naruto...—escuché decir a Hinata, seguro ahora está haciendo un puchero para que deje de golpearme.
– ¡Eres un maldito imbecil, completo, Gaara! —exclamó con los puños cerrados.
Hinata me abrazó por la espalda, apoyando su frente en mi hombro, Naruto estaba descontrolado, pero lo comprendo perfectamente, soy un gran imbécil.
– ¿Qué es lo que...
–Heroina —soltó Naruto con asco— entiendo que antes lo hicieras para escapar Gaara pero ahora... ¡Tenemos todo! ¡Tienes una novia que te aprecia y la estás haciendo sufrir!
–No lo entiendes...lo necesitaba —dije, su voz se sentía lejana, haciendo eco en mi cabeza.
Hinata me abrazó más fuerte, hace unos días deseaba que nunca me viera de esta manera, pero estaba tan angustiado y nervioso que en silencio fui al baño mientras Hinata dormía y solo pasó.
–Le diré a Temari, ¡la llamaré ahora!
–Naruto...
– ¡Es lo mejor!
–Podemos ayudarlo, si llamas a Temari se lo llevarán... Y te odiaré si eso pasa.
Hubo un minuto de silencio en que Naruto se sorprendió por la amenaza de Hinata, apreté la mano de la pelinegra y Naruto pasó las manos por su cabello soltando un largo suspiro.
–No sabes como es, Hinata...
–Aun no es tarde...—la voz de Hinata sonaba débil, como si le doliera decir cada palabra.
–...Está bien, hagámoslo.
Gruñí apretando las caderas de Hinata cuando estaba por venirme, dejando mis dedos marcados en su piel, la pelinegra gimió con ambas manos apoyadas en el azulejo de la bañera.
Terminamos de bañarnos luego de casi una hora y fuimos a la cocina con Naruto.
–Es tu ultimo dia de libertad, Hinata. Y también el tuyo, Gaara. Creo que deberiamos salir —habló el rubio comiendo un sandwich.
– ¿Hablas en serio? Llevo un dia con mi novio, me entero que estuvo en rehabilitación y que volvió a caer frente a mis narices, ¿pero tu quieres ir de fiesta?
–Sabes que no soy el mas responsable del mundo, pero un dia no cambiará nada, ya se ha metido unos tres piquetes, está enganchado. Yo digo que lo encerremos en mi departamento y digamos que está contigo, se lo creerán.
–Yo digo que vayamos —hablé, una fiesta era una buena oportunidad para una última dosis— Naruto tiene razón, un dia no cambiará nada.
–Genial, yo elijo la fiesta, nada de casas pijas, nos vemos en el parque.
Quedamos en juntarnos a las nueve de la noche para ir a la fiesta, me fui a casa para cambiarme.
Me encerré en mi habitación y busqué la caja en que guardaba las pertenencias de mi madre, tomé la foto donde estaba sonriendo junto a Kankuro y Temari, su vientre estaba abultado, esa foto era de tres meses antes de que yo naciera. Tome otra, en esta estábamos toda la familia cenando, Yashamaru debió haber tomado la foto, tenía cuatro años de edad, tres días después mi madre fue atropellada por un auto que no respeto una señal, matándola al instante.
Desde entonces, todo fue un infierno.
Mi padre comenzó a beber solo para olvidar a mi madre. Temari casi no hablaba y Kankuro se encerraba en su habitación construyendo marionetas. Solo teníamos a Yashamaru, que también era ausente. Cuando entré a la primaria conocí a Naruto, era un imbécil molesto y gritón, pero gracias a el todo volvía a ser un poco mejor.
Luego todo se desmoronó nuevamente, mi padre dijo que nos mudaríamos a Suna. Volví a estar solo.
Mi padre seguía con su rutina usual, nunca estaba en casa, Kankuro y Temari pasaban tardes enteras con sus amigos y yo me metía en peleas, dos meses después llegó Naruto con su padrino a Suna. La vida en Suna era dura. Los mas grandes en primaria siempre se aprovechaban. Conocimos a Obito porque nos salvó de unos chicos mayores que querían golpearnos, dijo que nos ayudaría a mejorar nuestras vidas y nos llevó con los demás que tenía como subordinados.
Descubrí que tenía un primo, Sasori. Nos enseñaron a defendernos y Obito nos daba dinero a cambio de que vendiéramos sus drogas, a los once años ya conocíamos todos los clubes en Suna. Con Naruto pasábamos noches enteras cerca de esos lugares. Cuando no vendíamos suficiente para pagarle a Obito lo correspondiente a una noche, nos golpeaban o nos tiraban en el desierto para que volvieramos a la ciudad caminando, decían que eso nos haría mas fuertes.
Comenzaron las expulsiones y cuando mis hermanos notaron que algo andaba mal conmigo, solo supieron lo que hacía cuando me arrestaron. Ya llevaba mas de dos años en el negocio. Ahora mi expediente disciplinario actual es una carpeta bastante gorda.
A los trece años me tatué la frente, y a los catorce estuve por primera vez con una mujer. Cuando empezamos la preparatoria ya era un adicto, hace seis meses tuve una sobredosis y Temari me internó. Naruto que ya era de la familia, se enfrentó a Obito diciéndole que no volveríamos a trabajar para el. Obito no se lo tomó para nada bien, inculpó a Naruto haciendo que terminara en una penitenciaria y cuando mi tiempo en rehabilitación termino se dedico a acosar a mis hermanos y a mi, hasta que Temari se hartó de la situación, apenas Naruto fue liberado, empacamos todo y volvimos a Konoha.
Guardé todo con cuidado y pase ambas manos por mi cabello, solté el aire retenido con pesadez. Me desvestí para cambiarme, tenía unas pocas cicatrices en mi abdomen por anteriores peleas y en mi brazo izquierdo pequeños piquetes, poco visibles.
– ¿No puedes estar un día sin estar fuera? —Temari estaba en la puerta con los brazos cruzados.
–Saldré con Hinata.
–Gaara, ten cuidado con ella, Hiashi es un viejo muy conservador y estricto con sus hijas, si se entera que ella ha...
–Lo sé, no lo sabrá —dije colocándome una sudadera con cierre, no quería que viera las marcas en mi brazo— ¿Dónde está Yashamaru?
–No lo sé, pero dijo algo de buscar una casa mas grande.
–Me gusta aquí —replique.
–Anímate, si nos mudamos te dejaremos elegir la habitación que más te guste —agregó con una pequeña sonrisa.
No podía mirarla a los ojos. Yo le prometí que no volvería a mi adicción.
Luego de una larga espera, unos cigarros y tazas de té, llego la hora acordada. Me fui caminando para poder pensar un momento, hay una posibilidad de que Hinata se aburra de mí y termine la relación.
Digo, quien en su buen juicio se quedaría con un drogadicto que busca peleas y fiestas porque no quiere aceptar que su familia está arruinada desde hace mucho tiempo, y además de eso lo acosa un peligroso traficante de drogas obsesionado con el control, solo atraigo problemas.
Llegué al lugar de encuentro más rápido de lo que esperaba, Naruto reía sonoramente y Hinata solo sonreía o ponía su mano sobre su boca cuando reía. Le di un beso en los labios y saludé a Naruto chocando los puños.
– ¿D-donde iremos? —ambos miramos a Naruto, después de todo fue su idea.
–Un almacén abandonado. Haku lo organiza.
– ¿Haku? —pregunté.
–Lo conocí en una fiesta —respondió con una gota en la frente.
–Como sea —dije pasando un brazo por el cuello de Hinata.
El famoso lugar abandonado donde sería la fiesta estaba cerca de casa, en los barrios más bajos. Hinata estaba algo intimidada por los chicos que fumaban en los callejones, las calles vacías y casi a oscuras.
Llegamos a un bosque luego de casi veinte minutos al final del camino se podía ver el almacén que no se veia como la gran cosa, entramos por un pasillo casi a oscuras donde solo se veían las sombras de la gente que estaba ahí, el pasillo era algo estrecho por lo que teníamos que corrernos a un lado.
– ¿Cómo conocieron a esta gente? —pregunto Hinata apegándose a mi luego de que una chica con los senos al aire vomitara a su lado.
–Naruto —fue lo único que dije. Este sonrió orgulloso.
- ¡De la mejor clase! -exclamó saludando a un chico con la mano, otro se le acerco con la cabeza rapada y semidesnudo— atraigo a la indecencia, como a Gaara —dijo llevándose a Hinata a saludar a una chica con el cuerpo completo tatuado.
Los seguí hasta llegar al segundo piso, el lugar estaba lleno de polvo, había hoyos en las paredes y la escalera estaba rota. Pero eso a nadie le importaba, solo querían un lugar donde escuchar buena música y beber.
Luego de unas cervezas y fumar con los demás, Naruto nos arrastró hasta el primer piso donde todos bailaban, comenzó a sonar la canción 'Go' de la banda Flow.
– ¡Amo esa canción, dattebayo! —grito Naruto saltando y empujando a los que estaban cerca, que lo acompañaron empujándose unos a otros siguiendo la letra de la canción.
Gaara estaba a mi lado cuidando de que nadie me empujara, me sentí como una niña perdida en un lugar extraño, totalmente diferente al suyo. A la pared del lugar había varios colchones sucios y gastados con chicas en ropa interior, algunas desmayadas y otras besuqueándose con algún chico. Naruto tenía razón, las fiestas de los chicos del instituto no son nada comparadas con esta. Vi a Naruto correr al segundo piso y tirarse desde este a la multitud de jóvenes desenfrenados.
–Volveré en un momento, no la pierdas de vista —dijo Gaara a una chica, dejándome con los amigos del rubio, asentí y se mezcló con la gente hasta perderlo de vista.
–Eres muy linda —un chico se me acercó enredando un dedo en mi cabello.
—Vete de aquí, es la novia de Gaara —la chica con la que me dejo Gaara empujó bruscamente al muchacho, este solo se tambaleó y se alejó.
–P-Puedo cuidarme sola —dije con firmeza.
–No lo dudo, niña. Pero aquí hay que ponerle algo de rudeza al asunto —contestó mirándome de pies a cabeza haciendo un globo con el chicle, cuando este reventó agregó — Me pregunto cómo ese antisocial consiguió una adorable ricachona como tú.
–C-Como lo...
- ¿Cómo lo sé? Se nota a kilómetros, tu forma de hablar y tu ropa de marca, es algo muy obvio no crees —dijo poniendo un cigarro en sus labios— pero no te preocupes, los demás están demasiado ebrios para notarlo —rio enseñando sus perfectos dientes, aunque su risa era como la de una desquiciada.
–G-Gracias supongo...
– ¡Vamos! ¡Di una grosería, maldice, estoy segura de que puede salir algo sucio de esos lindos labios.
–N-No lo sé...
–Yo te ayudo —dijo agarrando mis mejillas y tirándolas— di 'Hijo de puta'.
–H-hij... ¡No puedo! —exclame cerrando los ojos, la chica me pegó una suave cachetada.
–Dilo, hijo de puta.
–H-hijo de puta.
– ¡Más fuerte! —gritó la chica con una sonrisa por su logro.
Luego de gritar eso, me sonrojé ferozmente ya que Gaara estaba mirando todo desde detrás mío, con una sonrisa ladina.
–Wow, ¡Gaara sonriendo! —gritó la chica.
Mire sus ojos, alrededor de estos estaba rojo, los tenía irritados, y un aspecto somnoliento.
– ¿Lo hiciste de nuevo, cierto?
Solo agachó la mirada. Lo llevé hasta los colchones y se tiro en uno de ellos, me quedé de pie frente a el vigilando que no le pasara nada.
–Lo siento, pero... ¿Cómo te llamas? —le pregunte a la chica que hace unos minutos había conocido.
–Naomi. ¿Tu?
–Hinata...—respondí, me ofreció una cerveza, pero me negué, ya estaba bastante mareada.
El tiempo se fue volando, cuando mire la hora en mi teléfono ya eran casi las 4 de la mañana. Naomi estuvo conmigo luego de que Gaara se desmayara, ahora está muy despierto bebiendo junto a Naruto.
–Ven conmigo —dijo Naomi, le seguí sin pensarlo, pasamos un pasillo oscuro donde solo se veía al final una puerta iluminada, era una pequeña habitación, cinco o seis chicos estaban en el suelo formando un círculo.
Nos hicieron un lado para sentarnos, si estuviera sobria me habría quedado de pie viendo lo sucio que estaba el piso, pero claro, no lo estaba.
Enarqué una ceja cuando Naomi puso lo que parecía ser una pequeña pastilla morada en su lengua y tomar un largo sorbo de agua.
–No es bueno combinar esto con alcohol, ¿sabes? Nada bueno —mencionó con una risotada.
– ¿No te gustaría hacer un viaje? —dijo una chica de cabello azul con un piercing en el centro de su labio inferior y un broche de rosa color celeste pálido adornando su cabello— estaré en esta ciudad por poco tiempo, y me has pillado de buenas, será gratis —dijo sin mirarme.
Observé cada movimiento que hacia mientras 'preparaba' esa sustancia y la jeringa.
– ¿Que dices? —preguntó poniendo frente a mí la aguja.
Tragué duro y sin dejar de mirar a la chica, sus ojos eran color ámbar y tenía una mirada serena, casi inexpresiva. Miré a Naomi, esta reía sin parar, salió de la habitación con un chico diciendo que irían a bailar. ¿Qué tan malo podría ser?
–Está bien —respondí.
Solo lo haría una vez, solo para saber que se siente.
