Corrí lo más rápido que pude, empujando a la gente, pero no me detuve. Tenía que encontrarla.

Sentí que algo andaba mal cuando vi a Deidara saludarme cínicamente con la mano, y a Naomi con un chico. Hinata no estaba con ella, tampoco con Naruto.

Busqué por todo el maldito lugar, hasta que frené de golpe cuando vi una débil luz al fondo de un oscuro pasillo, sin pensarlo dos veces avancé, escuchaba risas y murmullos.

Abrí la puerta de golpe, pude divisar apenas a Hinata que estaba en posición fetal en un rincón.

Nunca había sentido tanto miedo por alguien.

– ¿Gaara, que haces aquí? —apenas me había percatado de la gente que había ahí, solo reconocí a Yahiko y Konan.

Konan me miraba con miedo y sorpresa, retrocediendo hasta quedar detrás del cabeza de naranja, los ignoré y me tiré de rodillas al suelo para examinar a Hinata. Con una pierna a cada lado de su cuerpo la abracé, su brazo izquierdo estaba descubierto y tenía un punto rojo justo en la vena. Estaba drogada.

–No a ti —susurré quitando unos mechones de cabello que estorbaban en su cara.

Con cuidado volví a recostarla y me levanté dispuesto a romperle la cara imbecil de Yahiko, el le había hecho esto. Lo pateé logrando que cayera, me puse encima inmovilizándolo y lo golpeé hasta que mis puños dolieron. Konan estaba histérica, suplicaba que me detuviera, el resto de gente había huido en cuanto lo patee.

– ¡Fui yo! —gritó.

La miré con enfado y ella solo lloró más fuerte retrocediendo dos pasos y poniendo sus manos al frente tratando de cubrirse. La tomé del brazo con tanta fuerza que se quejo por el dolor y la empuje a la pared, gritó por el golpe. Estaba furioso, no debieron meterse con ella.

– ¿Te envió Obito?

–No sabía que estarías aquí enserio lo siento, por favor no sabia que la conoces... no me hagas daño —suplicó sollozando.

–No respondiste mi pregunta —exclamé apretando más su brazo.

–Solo hacia mi trabajo, Gaara —respondió más calmada— sabes que ellos te están buscando, deberías estar ocultandote.

La solté y tosió acariciando su cuello. Solo es su trabajo dice, como si fuera algo bueno. Me agaché tirando de mi cabello, esto empeoraba cada vez más.

– ¿Que ha dicho Obito? —pregunte mordiendo la punta de mi dedo.

–Solo está paranoico por que saben mucho, casi todo en realidad. Han estado con él desde el principio —respondió colocando la cabeza de Yahiko en sus rodillas con cuidado— en Suna la policía nos estaba pisando los talones, por eso llegamos aquí.

– ¿Y por qué mierda nos fastidian a nosotros?!

– ¡Está desesperado! Todos lo estamos. Cuando inculpó a Naruto, comenzaron a investigar y conectaron todo hasta llegar a Obito, la policía atrapó a la mayoría de los nuestros. Por eso estamos aquí, los prefiere de su lado, asegurarse de que no le dirán a la policía. O bajo tres metros bajo tierra donde no podrán hablar —dijo con la cabeza gacha— equivocarse lastimó su ego.

–Que se vaya a la mierda.

–Gaara...

–Ella no debería estar aquí, no debí —solté mirando a Hinata, con dolor en mis palabras.

Konan estaba estupefacta.

– ¿Enserio tú...

–Es mi novia.

–Yo... Enserio lo siento... No lo sabía, sabes como es esto —dijo sollozando.

Mi relación con Konan nunca fue la mejor, ella era una persona demasiado amable y tranquila, y yo muy agresivo e irracional. Incluso cuando hacía de las suyas, meter a chicos ingenuos y curiosos en drogas duras, la primera dosis era gratis, luego volvían solos por más.

Tomé en brazos a Hinata para buscar a Naruto y largarnos de aquí, abrió un poco sus ojos y puso su mano en mi mejilla.

–Podemos ayudarnos —Konan habló ayudando a Yahiko a ponerse de pie.

–Planeamos huir de Akatsuki —dijo Yahiko limpiando con su mano la sangre que caía de su nariz.

Volteé a verlo para confirmar que había escuchado bien, su mirada era decidida.

–Si es así, búscanos. Ya saben donde vivimos... Ah, y perdón por golpearte —dije saliendo de ese lugar hasta llegar al bullicio de la multitud, todo seguía igual. La bajé con cuidado aún en el oscuro pasillo, tome su brazo y subí la manga de su suéter, Hinata miro a otro lado avergonzada.

– ¡¿En qué estabas pensando?! —la regañe.

–L-Lo siento, y-yo...

Bufé desviando mi mirada, no quería ser grosero con ella.

–La primera vez siempre es la mejor —dije sin pensar.

–Al principio fue como si me hundiera en una nube... Ahora todo es... No lo sé, nunca me había sentido así.

–Busquemos a Naruto y larguémonos de aquí.

Cuando encontramos a Naruto, estaba dentro de una bañera vieja y sucia acompañado de una chica. Volado hasta el culo. Robamos un auto y manejé hasta el centro de la ciudad, dejamos el auto abandonado en un callejón. Nos despedimos de Naruto y fui con Hinata a su casa.

No queríamos dormir. Hinata se metió al baño y escuche la llave del agua, entré y me senté junto a la bañera, el agua espumosa tapaba su cuerpo.

–Estas muy callada hoy —dije cerrando la llave del agua y apoyando ambos brazos en la cerámica.

– ¿Quiénes eran ellos, los que estaban en la habitacio? —preguntó mirándome con los labios fruncidos y inquietud en su mirada— ¿Quienes son Akatsuki?

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Desvío la mirada rascándose el cuello incomodo, con una mano presionando sus mejillas lo obligué a voltear la cara y mirarme, pero seguía evitandome.

–Nunca me cuentas nada, ¿no confías en mí? —dije tratando de no ponerme histérica.

–Es complicado —contestó.

– ¿Por qué te buscan?

–Hinata...

– ¿Por qué te buscan, Gaara? —insistí. Estaba perdiendo la paciencia.

–Hinata, no sigas —exclamó con enfado.

– ¡Entonces vete de aquí! —grité lanzándole agua en la cara y saliendo de la bañera.

Enrollé una toalla en mi cuerpo y abrí la ventana del balcón buscando aire fresco para calmarme, estaba furiosa.

Gaara me siguió y trató de tomar mi mano, pero la corrí bruscamente.

–Vete —dije cruzándome de brazos.

–Te ves sexy cuando te enojas, ¿sabes?

– ¡No me importa, lárgate! -—lo empujé fuera de mi habitación y cerré la puerta en su cara. Me coloqué un pantalón para dormir y una camiseta.

–Estas siendo infantil.

– ¡Lárgate! —grité tirándome en mi cama con una almohada en mi cabeza.

–No me iré de aquí hasta que me perdones.

Traté de dormir. Enserio que traté. Pero el solo hecho de pensar en que él estaba afuera, en el suelo y sabiendo que mi casa es muy fría me estaba matando, estúpida conciencia. Bufé y me levanté para salir de mi habitación, y esperaba que no estuviera ahí, solo para tener otra razón de estar molesta con él.

Estaba sentado justo al lado de la puerta, levantó la cabeza para mirarme, suspiré pesadamente y volví a la cama, no sin antes hacer un muro hecho de almohadas, sentí los pasos lentos de Gaara y la cama moverse por el peso del pelirrojo.

– ¿Qué es esto? —preguntó. Estaba dándole la espalda, pero aun así sabía que se refería a las almohadas.

–Estoy molesta contigo.

Lanzó las almohadas a los pies de la cama y se apegó a mí, forcejeé para que me soltara, el solo apretó más los brazos alrededor de mi cintura. Quedamos enredados en la sabana. Justo como la primera vez que Gaara durmió en mi habitación.

Pero seguía molesta. Le lancé lo primero que encontré; peluches. Algunos los esquivaba con su mano, otros llegaban en su cara. Cuando estos se acabaron me abrazó hasta que deje de forcejear.

–Eres un imbécil...

–Lo sé... Lo siento.

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Busqué perezosamente mi teléfono que no dejaba de sonar, con los ojos entrecerrados por la molesta luz.

–Mierda...—susurre cuando este cayó de la mesita de noche— ¿Diga?

–Hinata, estoy en el aeropuerto.

Puse mi teléfono frente a mi cara para ver la hora, eran casi las dos de la tarde, entreabrí los labios sorprendida.

–Hinata, ¿estás ahí?

–Si, iré de inmediato.

–Está bien, no tardes tanto.

Tiré el teléfono en la cama y volví a acostarme para estirar los brazos, me di la vuelta y Gaara dormía profundamente, abrazado a un peluche. Reí por lo tierno que se veía que no pude evitar sacarle una fotografía con mi teléfono.

–Iré por mi padre y mi hermana al aeropuerto —dijo lo más fríamente que pude.

Me lavé rápido para que no me esperaran tanto tiempo, cuando salí del baño Gaara estaba sentado al borde de la cama, con sus codos apoyados en sus rodillas y apoyaba su mentón en sus manos.

Salí de la casa sin despedirme ni esperarlo, en el aeropuerto mi hermana corrió a abrazarme en cuanto me vio.

– ¡Te extrañé mucho, Neji es un aburrido! —exclamó, acaricie su cabeza y sonreí.

– ¿Por qué te tardaste tanto? —habló mi padre metiendo las maletas al auto con prisa.

–M-Me quedé dormida, ¿Pasó algo?

–Sí, tengo que ir a Estados Unidos lo antes posible.

– ¿Estas bromeando? —dije riendo, pero al notar el semblante triste de Hanabi supe que era otra de sus famosas promesas que nunca llegaron a cumplirse.

En la casa todo volvió a la normalidad, mi padre comió y se aseó, lo seguí hasta la limosina que había llegado por el desde la empresa.

– ¡¿P-Por qué haces esto?! —grité cuando él estaba abriendo la puerta del auto.

–Ya hemos hablado de esto, es mi trabajo —dijo sin un poco de sentimiento en su mirada.

– ¿Entonces los negocios son más importantes que tus hijas? —empuñé las manos y apreté los dientes, estaba harta.

–Solo no quiero que les falté nada.

–Ya tenemos todo ¡Lo único que haces es trabajar! ¡No queremos tu maldito dinero, no estas cuidando de nadie, eres un imbecil! —cerré la puerta con fuerza, pude ver la cara de sorpresa de mi padre, realmente exploté.

–Hinata...

Hanabi estaba en la escalera con una mano en su pecho y una mirada de angustia, había escuchado todo.

–Ven, quiero que me cuentes sobre el viaje —dije tomando su mano y sonriendo suavemente para tranquilizarla, lo mejor era fingir que la pelea con mi padre nunca había pasado. Seguro el haría lo mismo.

Pero había otra cosa que me estaba perturbando, toda esta tensión me estaba haciendo desear otro piquete que seguramente me haría sentir mejor en unos segundos.

Eso podría arreglarse, anoche intercambie números con Naomi y estoy segura de que me ayudaría a conseguir.

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Un golpe seco. Dos. Un crujido. Sangre.

– ¿Creíste que no lo sabría? —exclame.

– ¡Ya estuvo, Gaara! Ya le disté su lección —habló Kankuro con calma tirando de mi chaqueta para levantarme. Escupí en el idiota que estaba en el suelo.

Metí mis manos en los bolsillos de la chaqueta y caminé junto a mi hermano, dejando a ese mal nacido en el callejón. Nadie se metía con los Sabaku No y ese idiota se lo había buscado cuando insistía en acosar a Temari aun cuando Kankuro le había advertido sobre que le pasaría si no la dejaba en paz.

– ¿Todo bien con Hinata? —habló Kankuro.

–Sí, ¿por?

–Oh, por eso no llegaste anoche, ¿eh? —dijo moviendo las cejas.

–Idiota.

Ahora que la mencionó, debe seguir molesta conmigo. Debería mandarle un mensaje o llamarla ya que su padre volvió. Recordarla enojada me hacía tener una extraña sensación, otra razón para apreciarla más. Me acostumbré a estar con ella todos los días, a sus sonrojos cada vez que le insinúo tener sexo o simplemente por tocarla. Su aroma dulce y la manera en que me tranquiliza cuando acaricia mi cabello. Todo en ella es adictivo.

Tan adictivo como las drogas. Saco una cuchara de la cocina y me encierro en mi habitación, agrego un poco de cítrico al polvo y la caliento con un encendedor, cuando me di cuenta claramente de lo que estaba haciendo ya tenía la jeringa en mi vena, pero sin vaciarla, pensé un momento antes de seguir.

Si no me inyectaba, comenzaría a sentir los efectos de la abstinencia, y yo más que nadie sabía lo asqueroso que es eso.

Necesitaba el chute.

Escondí todo antes de recostarme y disfrutar de los efectos. No podía pensar en nada más que en lo genial que me hacía sentir.

Me dormí por unas horas y desperté porque Yashamaru llamó para cenar, si no hubiera sido por que acababa de levantarme ya somnoliento y con los ojos enrojecidos, hubieran sospechado.

– ¿Qué tal todo con Hinata? —pregunto mi tío.

– ¿Porque todos preguntan eso? -susurré concentrado en mi plato.

–Sólo estoy preocupado, los Hyuga siempre estan a la mira de todos. Y cuando Hiashi se entere de que su hija está con alguien comenzará a indagar...

– ¿Cómo sabes eso? Creí que eran muy reservados —habló Temari interesada en el rumbo de la conversación.

-No importa cuanto lo traten de ocultar, los periodistas de una forma u otra lo descubren. Cuando terminó con el chico Uchiha no pasaron ni dos semanas para que toda la ciudad supiera.

– ¡Oh, sí! Creo que vi en la televisión sobre eso en un programa de farándula —exclamó Kankuro mirándome.

– ¿Que se supone que signifique eso? —dije enojado, tanto chisme me estaba irritando.

–Que si vas enserio con Hinata, hables con su padre antes de que él se entere por los medios, o que alguien le diga.

Eso me cayó como un balde de agua fría, no me esperaba nada de eso. No le temo al padre de Hinata, pero es muy pronto para ser tan formal, eso era ir demasiado rápido. Me desvestí y me acosté, solo tapándome con una sábana.

Esa noche no usamos protección, y ahora me preocupo de toda esta mierda. Enterré mi cara en la almohada, estaba siendo muy precipitado, todo estaba saliendo tan bien que me estaba ilusionando, sabiendo que en cualquier momento todo se complicaría.

Mañana hablaría con ella, recordé que la drogaron en la fiesta, pero estará bien, no conoce a alguien que le consiga unas dosis, ¿cierto? Una dosis no es tan grave.

Esperaré hasta mañana para hablar con ella. Todo estará bien.

.

Busque mi teléfono, le enviaría un mensaje a Hinata antes de ir a su casa, no querría toparme con su padre y meterla en problemas.

(Gaara, 3:46)

¿Estás en tu casa? Quiero verte.

(Hinata, 3:55)

Estoy con Hanabi.

Y ese fue el 'no quiero estar contigo' más indirecto que me han dicho. Me coloque la chaqueta y salí del edificio en mi bicicleta. Me detuve en una pastelería para comprar de sus dulces favoritos; rollos de canela. Los guardé con cuidado en mi mochila y me dirigí a casa de la peliazul.

– ¿Q-Que haces aquí? —preguntó Hinata sorprendida.

–Quería verte, ¿no te había dicho? —respondí con un brazo apoyado en la puerta.

–Estoy con mi hermana.

– ¿Sigues enfadada? —dije pasando una mano por su cintura y con la otra moviendo un mechón detrás de su oreja— traje rollos de canela.

–Eres un manipulador —se hizo a un lado para dejarme entrar, su hermana pequeña estaba en el sofá viendo televisión, Hinata la acompañó de inmediato. Dejé la mochila en el sofá y me senté pasando un brazo por el cuello de mi chica.

– ¡Hola, Gaara! —saludó Hanabi con una sonrisa.

–Hola, enana.

Su tierna sonrisa cambio a un ceño fruncido y ojos entrecerrados, esa niña es un peligro disfrazado de peluche. Arqueé las cejas y me recosté en el sofá.

– ¿Dónde está tu padre?

–Se fue —dijo cortante.

–Y... ¿Qué estamos viendo?

–Frozen.

Fruni el ceño.

– ¿Qué tal si vemos Jurassic Park y pido pizza?

– ¿En serio? —exclamó Hanabi con sus ojos brillando.

Como decidimos pedí una pizza y vimos la saga de Jurassic Park, toda la tarde. Antes de que empezara la última de las películas Hanabi se durmió apoyada en mí, la cargue hasta su habitación y Hinata la arropó, beso su frente y apagó la luz de su mesa. Preparé té, Hinata unos sándwiches y esa seria nuestra cena, sentados en la alfombra de la habitación de Hinata.

–Te ganaste a mi hermana con la pizza —dijo riendo.

– ¿Por qué se fue? Tu papá —hablé cambiando el tema.

–Lo de siempre... trabajo. Tal vez vuelva el domingo, solo vino a dejar a Hanabi.

–Vaya... Por lo menos el tuyo no es un alcohólico y se preocupa por ustedes —dije partiendo el pan en pequeños pedazos.

.

.

.

Me sentí apenada por lo que dijo Gaara, él tenía razón. Su padre no tenía ningún interés en él ni sus hermanos y solo se dedicaba a beber, mi padre trabajaba, pero siempre llamaba para preguntar como estábamos o si necesitábamos algo.

–Vamos a dormir —dijo.

– ¿Que? —pregunté sonrojada.

– ¿Por qué te sonrojas? Te recuerdo que no es primera vez que dormimos juntos —habló sacando su camiseta y tirándola al suelo.

Eso solo empeoro mi sonrojo.

–... No lo sé, no tengo sueño, ¿está bien? —me distraje con cualquier cosa en mi habitación para no pensar en Gaara sin su camiseta. Las otras veces yo no estaba sobria, o simplemente estaba demasiado exaltada para preocuparme del chico semidesnudo a mi lado.

Sentí que abrió la ventana y mire hacia esa dirección, arrastraba el pequeño sofá que estaba a los pies de mi cama al balcón, luego saco la cobija de mi cama y la dejo en el sofá.

– ¿Q-Que haces? —sonreí.

Me llevo hasta el balcón y nos sentamos en el sofá, había luna llena y las estrellas adornaban el cielo. Nos tapamos estando abrazados, sentía su corazón palpitar suavemente.

–Hinata —me llamó.

Me senté derecha para ponerle total atención, el aun observaba el cielo, entrelazó nuestras manos sin mirarme.

–Lo que paso cuando te quedaste en mi casa...

Me encogí de hombros, era vergonzoso recordarlo.

–Y después... Hm...

–Me cuido, si es lo que te preocupa —hablé rápido.

–Bien.

– ¿V-Vas a contarme sobre Akatsuki?

–Hinata...—dijo pasando una mano por su cuello.

–Por favor...— hice un puchero tratando de hacer una cara de perro regañado.

Me miró por unos segundos y desvío la mirada sonrojado. Gruñó frotando su cara con una mano.

–Está bien.