Le conté todo, cómo Akatsuki nos usó desde niños, mi rehabilitación en la penitenciaría juvenil, la insistencia en que volvamos a trabajar para ellos, su expresión cambiaba conforme avanzaba la historia y al final, su cara no tenía expresión alguna.
– ¿Hina?...—tomé su mano.
Pero ella la corrió hasta llevarla a su pecho.
–No volverás con ellos, ¿c-cierto?
–No.
– ¿Son muy peligrosos? —preguntó con una mirada de preocupación.
–No —mentí.
– ¿Akatsuki solo hace eso?
–Bueno... —carraspeé antes de seguir hablando— no quiero hablar sobre eso, pero de vez en cuando viajaba con Naruto y Obito, para... Bueno, ya sabes, negocios.
– ¿Q-Que decían tus hermanos?
–No sabian nada, no somos ese tipo de familia, solo hasta que tuve... una sobredosis, pero solo supieron eso.
– ¡¿P-Por qué no hacían nada?! —exclamó, empuñando sus manos sobre su pecho.
–No es su culpa, Hinata. No lo saben.
–Pero...
–Hinata, cálmate —dije agarrándola de los brazos, ella me miró sorprendida de mi arrebato.
–S-Solo... No puedo creer que pasaras por eso —susurró colocando su cabeza en mi pecho.
La abracé y apoyé mi mentón en su cabeza, más aliviado de que ella no se asustara, o peor, pedirme que me alejara.
–Eres más impredecible de lo que pensaba —dijo pasando sus brazos alrededor mío.
–En realidad —besé su mano con delicadeza, como se debía tratar a alguien tan dulce como mi Hinata —te mereces a alguien mejor que yo.
Negó con la cabeza.
–No digas eso, te quiero y eso no cambiará solo porque hayas tenido un pasado difícil —afirmó sin tartamudear ni dudar de sus palabras, la observé sorprendido por un momento hasta que noté que su sonrisa era por el sonrojo que me habían provocado sus palabras, desvié la mirada, sentí mi cara un poco más caliente por ser descubierto y la dulce risa de diversión de Hinata.
– ¿Crees que vamos muy rápido? Con esto, nosotros —bajé la manta y observé el cielo.
–No, estamos bien —se acercó y besó mi mejilla.
Se durmió en mis brazos, la observé un momento y quité los mechones que caían sobre sus ojos antes de seguir mirando el cielo estrellado.
La razón por la que aún no podía dormir era que no me he inyectado en más de ocho horas, no traía nada conmigo, mi espalda sudaba y no podía dejar de hacer sonar los huesos de mis dedos. Tenía que esforzarme por dormir, no podía simplemente dejar sola a mi novia por una estúpida adicción.
Hinata se levantó bruscamente, estaba agitada. Me miró con miedo y desesperación en sus ojos.
–No me siento bien, Gaara...
– ¿A qué te refieres? —me sobresalté.
–Y-Yo... Lo siento, no pensé en lo que hacía.
– ¿Que? No me asustes, Hinata —la tomé en brazos para adentrarla en la habitación, la senté en la cama y fui a buscar una toalla para limpiar su frente perlada en sudor. Tomó mi mano para detenerme.
–Tengo... Un poco en el baño, el ultimo cajón —dijo con la respiración entrecortada.
Sin saber a qué se refería, corrí al baño y busqué en el último cajón como me indicó, debajo de una pequeña toalla había una jeringa, una pequeña bolsita con polvo y una cuchara. Tome las cosas con las manos temblorosas.
– ¡¿Dónde conseguiste esto?! —exclamé tirando las cosas en la cama para luego agarrarla de las muñecas para que me pusiera atención— Creí que solo sería esa vez, Hinata.
–L-Lo siento... —respondió sollozando, eso me partió el alma y relaje el agarre, no puedo enojarme con ella.
La abracé dejando caer mi cabeza en su hombro, su cuerpo temblaba, me separé de ella, estaba pálida y sudando.
–Solo la última... Por favor, no puedo controlarlo... hay suficiente para los dos —susurró.
Prendí la luz de la mesita con algo de duda, de mi mochila saqué una jeringa que siempre traía conmigo, preparé ambas y busqué la vena en su brazo.
– ¿Estás segura? —dije antes de seguir, los síntomas se hacían cada vez más constantes en mi cuerpo.
–Si.
Me inyecté a mí mismo luego y me recosté junto a Hinata, quien estaba acostada boca abajo con los brazos debajo de la almohada, sus ojos apenas se mantenían abiertos, la moví hasta que quedara de lado, en caso de que vomitara.
–Recibí un mensaje de Konan —dije somnoliento— iremos a verla y ella seguro nos ayudará.
Al otro día por la mañana volvimos a inyectarnos, ella no quiso decirme quien le consiguió la droga. Pero lo que más me importa ahora era volver a conseguirla, por la tarde volví al departamento por algo de dinero que tenía guardado y fuimos a mi antiguo barrio, en un callejón estaba una casa rodante con bloques de cemento en vez de neumáticos, el olor a marihuana se sentía en cuanto te acercabas al callejón.
Golpeé la puerta y salió Yahiko, aun con algunos moretones en su cara.
–Pasa —dijo mirando a todos lados, cerró la puerta y bajó todas las cortinas.
–Gaara —Konan me saludó moviendo su mano— y...
–Hinata —dije.
–Hinata —exclamó sonriendo amablemente— soy Konan.
Yahiko coloco vasos en la mesa y sirvió cerveza, se sentó junto a Konan, pasando un brazo por su hombro. Entre dos pequeños sillones estaba la mesa, como cualquier típica casa rodante.
-–Este es mi plan —dijo Yahiko, bebiendo de su cerveza hasta dejar el vaso vacío— vuelvan a Akatsuki.
Agarré con fuerza el brazo de Gaara antes de que se abalanzara sobre Yahiko.
– ¡¿Que mierda dices?!
– ¡Solo escucha, Gaara! —exclamó Konan, protegiendo a su pareja.
Con algo de fuerza pude empujarlo hasta que se sentara, estaba agitado y con una cara de querer matar al primero que se le cruzara.
–No lo hagas...—susurré a Gaara— tu dijiste...
–Si vuelven a Akatsuki, volverá a confiar en ustedes —interrumpió Konan.
– ¿Y? —pregunté, impaciente por saber.
–Lo mataremos.
Respiré hondo, ¿escuché bien? Si, lo hice. Mire a Gaara con preocupación.
– ¡Esto no fue de lo que hablamos! Dijiste que se irían de la ciudad y buscarían una manera para ocultarnos —dijo Gaara con los brazos sobre la mesa, con sus manos empuñadas.
–Las cosas cambiaron —Yahiko se sirvió más cerveza— ¿Dónde se esconderán, Gaara? No pueden salir de Konoha, si nos vamos será peor para ustedes, sabes de lo que Obito es capaz.
–P-Pueden entregarlo a las autoridades —dije.
–Si hacemos eso, se enterará de quien lo entregó, de alguna manera, siempre lo hace y se vengara, se ha librado muchas veces de la carcel —habló Konan, apoyando su cabeza en el hombro de su novio con una expresión triste y cansada.
Quedaron en hablarlo con Naruto, conseguimos la droga y salimos de ese barrio en un incómodo silencio, desde que salimos de esa casa rodante no le dirigí la mirada a Gaara en todo el camino, llegamos al parque donde nos reuníamos con los chicos, ahí estaba Ino que me abrazo como si no me hubiera visto en años.
– ¡No sé nada de ti en días! —gritó.
Exageraba.
–Hablamos p-por teléfono, Ino, hace un rato —dije con una gota en mi frente.
–Cerda, no acoses a Hinata, ella puede hacer lo que se le dé la gana —habló Sakura dándole un leve empujón a Ino en su hombro.
– ¡No te metas, frentona!
Sonreí porque mis amigas habían vuelto a ser como antes, esquive a Gaara que trataba de agarrarme de la cintura, Kiba también exageró solo por no vernos unos días. El pelirrojo me hizo una seña, dándome a entender que iría a hablar con Naruto. Lo ignoré y fingí total atención en lo que me contaba Kiba, de reojo pude ver como Gaara se iba indiferente y metía las manos en los bolsillos de su chaqueta para irse junto a Naruto.
Kiba me enseñó a enrolar la hierba en esos delgados papelillos, para ser primera vez me había salido bastante bien. Lo prendí y le di un par de caladas antes de ofrecerlo a los demás.
Ino y Sakura me hicieron un espacio entre ellas, gateé hasta llegar a dicho espacio en el césped, reíamos sobre algo, en realidad no tenía idea de que se reían, pero solo verlas me causaba gracia, creo que ellas tampoco saben que es lo divertido.
Alguien me abrazó por la cintura y me levanto hasta salir del círculo que habíamos formado sentados en el césped, volteé a ver, era Gaara.
– ¿Cómo te fue? Con Naruto...—susurré, olvidando por completo el por qué lo ignoraba, nuestros labios estaban casi rozándose.
–Luego te cuento —dijo eliminando esa pequeñísima distancia.
Los chicos silbaban y gritaban que nos buscáramos un motel, cuando me volví a sentarme junto a las chicas Ino reía rascándose la frente divertida por la situación y de mi cara que ya estaba como tomate, Sakura solo sonreía y me codeaba en la costilla con una cara de pervertida.
Se acercaba cada vez más el regreso al instituto, Naruto y Gaara, luego de una extensa discusión quedaron en que lo mejor era seguir el plan de Yahiko ya que él tenía razón, si no lo eliminaban nunca podrían estar tranquilos.
¿Podría vivir yo tranquila sabiendo la clase de crimen que Gaara había cometido?
Yahiko tiraría del gatillo, aun así, Gaara estaría involucrado.
Ganaban confianza, buscaban el momento perfecto y lo liquidaban, nadie sospecharía de ellos por la larga lista de enemigos de Obito que juraron matarlo algún día. O eso fue lo que Gaara me aclaró.
Era simple.
En la tina con ambos brazos extendidos en los bordes y la cabeza apoyada en una pequeña almohada, hace ya unos diez minutos me prepare un chute y estaba mucho mejor que la que Naomi había traído, ese mismo día me enseñó a prepararlo como si habláramos de un juguete para ensamblar.
¿En qué momento mi vida cambió tanto? Tan radicalmente.
Si Gaara no hubiera aparecido tan de repente haciéndome sentir libre de hacer lo que se me diera la gana por primera vez en mi vida, seguramente seguiría con Sasuke fingiendo que todo estaba bien.
Tal vez solo exagero, toda mi vida he estado en una burbuja creada por la sobreprotección mi padre. Debería aclarar mis límites la próxima vez.
El resto de la semana estuve en casa, tenía suficiente para inyectarme si solo consumía en la mañana y en la noche para dormir tranquila, solo para sentirme bien. Los chicos me visitaron, el sábado volvió mi padre de su viaje por lo que no podía salir. De Gaara solo sabía que no lo vería por unos días, solo esperaba que esos hombres no le hicieran nada malo.
A pesar de eso todos los días recibía un mensaje de él para desearme buenas noches.
Miraba de reojo a Naruto, este reía de cada chiste estúpido que Obito soltaba, como siempre lo había hecho, yo estaba en el sofá de la casa totalmente aislado de la 'celebración' que había en Akatsuki, como siempre. Mujeres semidesnudas con lencería extravagante bailando en esos largos tubos, labios rojos y largas pestañas más falsas que mi castidad, dispuestas a fingir placer por unos billetes.
Al principio hubo conflictos con Deidara, odiaba a ese maldito imbécil y deseaba romperle la cara, no fingiría que me simpatizaba solo por el plan, siempre había odiado a ese idiota y su obsesión por las bombas llamándolas 'arte'.
Sasori aún seguía resentido por romper su nariz que no me ha dirigido la palabra desde que llegué.
Obviamente me importa una mierda.
Bebí el poco ron que quedaba en mi vaso, eché la cabeza para atrás y cerré los ojos, lo primero en venir a mis pensamientos fue Hinata. Tal vez no la vea hasta que comiencen las clases, extrañaba besarla y hacerla mía, sus adorables gemidos y mejillas rojas.
Joder, me tiene en sus manos.
– ¿Pensando en chicas? Hay nuevas atrás, muy guapas —dijo Obito con las cejas arqueadas y una sonrisa.
–Paso —respondí.
–Oh claro, nadie reemplaza a la hija de papá, ¿no? Enserio me sorprende que esté con un desviado como tu.
Hice tronar mis dedos, no queria comenzar una pelea y quedar mal con Obito. El resto de la semana fue una tortura, volvimos a los clubes nocturnos y bares a vender toda la noche. Naruto me anima un poco diciendo que no sería por mucho tiempo, y que no estaba solo en esto. Solo quiero que termine esta noche para correr a casa de Hinata, no he sabido de ella en días.
Estoy cansado, pero no tengo sueño. No recordaba que estar parado viendo como la gente bailaba y se embriagaba fuera tan agotador y fastidioso. Recibo el dinero de unos chicos y les entrego las pastillas, suspiró viendo cómo se alejan, no deben tener más de quince años y se veían tan desastrosos como yo.
– ¿Estas bien, amigo? —Naruto puso una mano en mi hombro.
–Si.
–Nunca te pregunté como fue que te desintoxicaste en casa de Hinata.
–Su padre se fue ese mismo día, me mantuvo encerrado en su habitación —mentí.
–Pero estás bien ahora, ¿cierto? No sientes ganas de...
–No, no te preocupes —me habia inyectado hace una hora, con la excusa de que tenía un cliente esperando.
Nos sentamos esperando a que llegaran más clientes para poder irnos, revisé los bolsillos de mi chaqueta y mi pantalón, pero no encontré nada más que el dinero. Una extraña alegría me invadió por completo.
–Me voy —dije.
– ¿Uh? ¡Hey! Espérame, solo me quedan dos.
Salió corriendo hacia un chico que había estado gritando su nombre, yo solo me quedé en mi sitio impaciente por largarme de aquí y ver a mi novia, miré mi teléfono, solo eran las tres de la mañana, tenía tiempo. Nos querían a las cinco en la casa para entregar el dinero.
Un suave tirón en mi chaqueta me saco de mis pensamientos, una chica de cabello verde me miraba con ojos brillantes y una sonrisa boba.
–Hola, Gaara.
–No me queda nada, lo siento —dije retrocediendo un paso para que me soltara.
– ¿No me recuerdas? —tenía los ojos entrecerrados y se veia algo ofendida.
–No, ¿debería?
–Estuviste en mi fiesta hace unos días, soy Maiko.
Oh, mierda.
–Claro, lo siento pero me tengo que ir —dije.
– ¡Hey! Me gustaría repetir lo que hicimos, ¿sabes? —dijo pasando su lengua vulgarmente por su labio.
Solté una carcajada.
–Ni siquiera recuerdo lo que pasó.
Abrió los ojos sorprendida, vi a Naruto y me alejé lo más rápido posible de esa chica.
–Larguémonos de aquí.
Cuando salimos del lugar respire profundo para llenar mis pulmones de aire fresco, el olor a alcohol y encierro me estaba sofocando. Metí mis manos en los bolsillos, de mi boca salía vapor por el frío que te congelaba hasta los huesos, era la primera noche que sentía tanto frío en todo el invierno.
– ¡Gaara!
Rodé los ojos cuando reconocí esa voz chillona.
– ¿Qué quieres?
– ¡No he dejado de pensar en ti desde ese día, me gustas! Enserio me gustas —dijo con ambas manos sobre su pecho y una mirada decidida.
–No me interesas, lo siento —solté de inmediato.
Empujé a Naruto que estaba perplejo por la confesión de esa chica. Luego de un largo silencio habló.
– ¿Quién era esa chica?
– ¿Recuerdas esa fiesta a la que fuimos con Kiba?
–Sé más específico, Gaara, hemos ido a mil fiestas con Kiba.
–Nos echó a patadas una mujer.
– ¡Oh! La guerra de espuma —susurró con un dedo en su labio— ¿Que hay con eso?
–Desperté con ella.
Arqueó las cejas y se detuvo.
–Tú y ella...—habló apuntándome.
–Es obvio lo que pasó, ¿no crees?
– ¿Hinata sabe algo de esto?
–Pasó antes de pedirle que sea mi novia —suspiré— espero no volver a encontrarmela.
Caminamos en silencio, me despedí de Naruto y seguí mi camino hasta el otro lado de la ciudad, trepé la muralla con facilidad y pude notar la ventana del balcón de Hinata, estaba completamente abierta.
Ella ha estado esperándome.
.
Una brisa helada me rozó la nariz, me destapé para cerrar la ventana que quedaba abierta todos los días, por Gaara. Fui una idiota al creer que vendría, solo me queda esperar a mañana para verlo en el instituto. Di unos pasos y choco, levanto la mirada confundida por haber chocado con algo en medio de mi habitación.
–Hola —habló con una media sonrisa.
– ¡Gaara me asustaste... Y-Yo... No pensé que vendrías hoy —mentí, prendí la lámpara de la mesa.
–Me estabas esperando.
Bajé la mirada apenada.
– ¿Q-Que haces aquí, de todos modos? E-Es muy tarde.
–Quería verte —me levantó en un abrazo y me dio un casto pero largo beso, me bajó con delicadeza en la cama, me tapé por el frío intenso que hacía.
Lo noté más delgado, lucía cansado. Se deshizo de su ropa hasta quedar solo con sus pantalones y se recostó rodeando mi cintura con un brazo por debajo de mi camisón de dormir, temblé por lo frío que estaba su cuerpo, moví las ropas de mi cama para quedar tapados hasta las orejas. Suspiró con satisfacción en mi cuello por el cambio de temperatura.
– ¿Que has hecho estos días? —preguntó paseando su mano en mi cintura de arriba a abajo.
–M–Mi padre volvió y he estado en casa toda la semana, p–pero los chicos estuvieron aquí para animarme —le conté.
–Entonces no me extrañaste.
– ¡S-Si lo hice! Todos los días.
Di un pequeño salto cuando sentí su mano en mi trasero, también sentí mi cara caliente y apreté los labios. Su mano apretaba más fuerte y sentía un bulto presionando en mi pierna, cerré fuerte los ojos tratando de calmarme y disminuir el calor que sentía en mis mejillas.
–Eres demasiado hermosa —dijo.
–Y–Y tu un pervertido.
Se movió quedando encima de mi cuerpo, pero a una corta distancia, subió mi pierna a la altura de su cadera y se inclinó.
–Me excito con solo tocarte —habló en mi oreja sintiendo su tibio aliento.
Me perdí en sus ojos turquesa, con mis manos en su cuello lo atraje hasta que nuestros labios se juntaron, enredando su lengua con la mía mientras sus manos tocaban mis senos. Bajé mi mano para acariciar sus abdominales hasta escabullirla debajo de su pantalón, soltó un gruñido cuando lo tenía en mi mano. Hice un recorrido con mis labios desde su hombro hasta su cuello, finalizándolo con una mordida en su labio inferior.
Con su mano libre desabotonó su pantalón, me senté de rodillas y lo empujé para que se acostara, era mi turno de darle placer.
–Te has... vuelto muy lasciva —dijo entre jadeos.
Introduje su miembro en mi boca e intenté dar lo mejor, Gaara con una mano en mi cabeza me guiaba. Entrelazó su mano con la mía y la apretó.
–Detente... Me voy a venir —dijo con su voz más grave de lo normal.
Me retiré jadeando, me cogió de los tobillos para estirar mis piernas a cada lado de su cuerpo, tiró mi camisón y me besó, su lengua era dulce y esos labios sí que sabían lo que hacían.
–No traías ropa interior —dijo respirando en mi cuello— traviesa.
Mi mano aún estaba entrelazada con la de Gaara, la apreté y tensé mis piernas con un gemido de puro placer. Mi mente estaba nublada y lo único en lo que podía pensar era en mi unión con el pelirrojo y lo bien que se sentía el vaivén de sus caderas.
Él tenía el control del momento como siempre y yo quería cambiar eso.
Con más fuerza de la que pensé que tendría lo empujé, sentado en la cama tenía una mirada de sorpresa.
Gateé hasta quedar en sus piernas, coloqué una mano en su hombro para no perder el equilibrio, Gaara estuvo quieto apoyado en sus codos sorprendido de mis actos.
Moví mis caderas apoyando mis manos en el pecho de Gaara mientras las uñas del pelirrojo se enterraban en mi piel. Di un leve empujón en su pecho y el captó mi gesto, se recostó en la cama con nuestras manos entrelazadas.
Con esfuerzo moderé el volumen de mis gemidos haciendo más rápido el movimiento de mis caderas, Gaara mordía su labio. Estaba tan avergonzada por la forma en que me miraba, pero ya había llegado demasiado lejos para arrepentirme.
–Sigue así... Maldición, Hinata —gimió.
Tiró de mis caderas con fuerza metiendo por completo su miembro en mi interior, tapé mi boca por las ganas que tenia de gemir, me embistió con fuerza y sentí como mi vientre se contraía y casi como una explosión dentro de mi cuerpo arqueé mi espalda por el placer.
Se tiró en la cama atrayéndome con sus manos en mi espalda, me dejé caer apoyando mi cabeza en su hombro tratando de recuperar el aliento.
–Siempre me sorprendes —acarició mi mejilla y sonrió.
Amaba esos hoyuelos que se marcaban en sus mejillas sin importar lo pequeña que fuera su sonrisa, lo hacían ver aún más apuesto de lo que ya era.
Con ambas manos apretó mi trasero, volví a saltar de la impresión, Gaara sonrió con burla cuando me dio una nalgada.
– ¡G-Gaara! Dios... Eres un pervertido —hablé haciendo un puchero.
– ¿Yo? —dijo con fingida inocencia— Si hace un momento me estabas follando como una diosa.
Me alejé tapándome por completo, ¡¿Cómo pudo decir eso?! Quiero que me trague la tierra. Aunque lo volvería a hacer con gusto.
Gemí frustrada. Si soy una pervertida.
–Hey —Gaara se acostó a mi lado tapándose por completo con la sabana, justo como yo lo había hecho, apenas podía ver su cara— ¿Lista para la segunda ronda?
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La pequeña había entrado a la habitación mientras dormiamos, al darse cuenta de que estaba yo ahi me movio bruscamente por los hombros.
– ¡Vete de aquí! Papá viene, apresúrate —decía Hanabi junto a la cama, me levanté de un salto, me coloqué la camiseta, tomé mi chaqueta y mire a Hinata.
–Te espero en el instituto —dije a Hinata antes de salir al balcón y saltar.
Caminé con calma al departamento de mi tío, abrí la puerta haciendo el menor ruido posible para que pensaran que estaba en mi habitación, bajé la cabeza cuando vi una taza volando hacia mí.
– ¡¿Dónde demonios estabas?! ¡Tienes clases en veinte minutos! ¡No huyas, Gaara!
Cerré la puerta con pestillo pensando que se iría, pero Temari sigue fuera gritando cosas que mis oídos ignoran completamente. Me bañé rápido y me vestí aun con mi cabello goteando, tiré un cuaderno dentro de mi mochila y quité el seguro de la puerta.
– ¡Gaara, maldicion! ¡Escúchame! —gritó Temari.
–Gaara, no ignores a tu hermana —exclamó mi tío desde la cocina.
Gruñí fastidiado, di la media vuelta mirando a Temari.
–Llegaré tarde —sonreí forzosamente.
Temari se cruzó de brazos.
– ¿Estabas con Hinata?
Desvíe la mirada avergonzado.
–Si.
Entrecerró los ojos analizándome de pies a cabeza.
–Está bien —exclamó con una sonrisa— Vete.
Rodé los ojos por lo bipolar y extraña que es mi hermana. Kankuro agitó su mano con energía gritando 'adiós' con la boca llena de arroz.
Camino al instituto me topé con Kiba y Shino, ya en el pasillo había chicas en grupos que me miraban y reían como tontas. Naruto gritaba en vez de contar lo que fuera que estuviera contando en el salón junto a las chicas, Hinata en cuanto me vio bajo la mirada con una tímida sonrisa.
– ¡Chicos, vengan! —gritó Naruto moviendo su mano para que nos acercáramos.
Tiré mi mochila dos mesas delante del grupo, tocaron para entrar a clases, pero después de media hora el profesor no llegaba, me puse los audífonos y me recosté en la mesa.
–E–Esta húmedo —dijo Hinata acariciando mi cabello.
–Planeaba llegar antes que tú, salí corriendo de casa —dije estirando mis brazos hacia arriba.
–E–Entiendo... ¿No quieres venir c-con nosotros? —dijo nerviosa.
Me levanté del asiento con pereza, al darme vuelta casi choco con una chica del salón, estaba sonrojada. Arqueé una ceja y seguí a Hinata, subí a la mesa para sentarme junto a Naruto y Hinata quedó frente a mí.
Estaba extraña, miraba de reojo al grupo de chicas que cuchicheaban entre ellas.
– ¿Están molestándote? —pregunté inclinándome.
–N–No —dijo cruzándose de brazos.
Hice una mueca y rasqué mi nuca, algo o alguien la estaba molestando y por alguna razón no quería decirme.
En el receso salimos al patio, metí mis manos al bolsillo y caminé junto a Hinata.
–Es muy lindo...—decían unas chicas, saqué mis audífonos para no tener que escuchar sus estúpidas conversaciones.
–Ve a hablarle.
–No, qué vergüenza —reían.
Busqué en todos mis bolsillos mi teléfono, me lamenté por dentro cuando recordé que lo había dejado en mi mochila. Una chica se posicionó frente a mi bloqueándome el paso, pensé que se había cruzado por accidente y la esquive.
–Espera, Gaara —dijo colocando ambas manos casi tocando mi pecho para que me detuviera, la miré con extrañeza, nunca la había visto.
– ¡Por favor, acepta salir conmigo! —gritó sonrojada y cerrando los ojos.
Me sorprendió. Miré alrededor y estaba el pasillo repleto de chicos de diferentes salones, todos atentos. Sobre todo, Hinata y los demás del grupo.
–Lo siento.
Pasé por su lado e ignoré las miradas, en el patio todo siguió normal, Kiba jugando a las luchas con Naruto, Ino tratando de despertar a Shikamaru, Sasuke y Shino serios mientras Sakura reía de las estupideces de Ino.
Hinata en cambio, estaba más pensativa de lo normal.
Entrelacé su mano con la mía, sonrió falsamente y se apoyó en mi hombro.
Me dormí en clase de historia apoyando mi cabeza en una mano, Hinata trataba de despertarme porque en unas semanas comenzarían los exámenes finales. Me recosté en la mesa y jugué con un mechón del cabello de Hinata mientras escribía.
–Está muy largo —dije.
–M–Me gusta así —respondió a la defensiva.
– ¿Me dirás que te molesta?
–N–No es nada, ya olvídalo.
La abracé por la cintura y la acerqué, estaba roja y me empujaba con sus pequeñas manos en mis hombros.
–Y–Ya basta, Gaara —decía.
Un fuerte golpe hizo que Hinata gritara por el susto, yo me quede en mi lugar mirando imperturbable a Kakashi que había golpeado nuestra mesa con un libro, momento que aprovecho Hinata para alejarse.
–Si los tórtolos están tan enamorados que no pueden seguir la clase, les pido que salgan —habló con calma.
–P–Pero Kakashi-sensei...
–Espero que entiendan que fue más una orden que un favor.
Seguí a Hinata quien tenía la cabeza gacha por la vergüenza, reí por dentro por que seguro esta roja hasta las orejas.
–Podemos ir a la azotea —mencioné.
–I–Iré al baño.
– ¿Me dirás que te pasa? —la seguí.
–N–No me pasa nada, no entiendo que te hace pensar eso —dijo entrando al baño.
Miré a ambos lados y entré.
– ¡G–Gaara! ¿Qué haces? —exclamó cuando cerré la puerta detrás de mi.
–No saldrás de aquí hasta que me digas.
–N–No hay nada que decir, no m–me pasa nada —dijo mirando la pared.
–Eres muy mala mintiendo.
– ¡N–No estoy mint...
Puse una mano en su boca cuando escuché pasos y risas cada vez más cerca, nos escondimos en el cubículo del fondo del baño, la puerta rechinó y Hinata se removió asustada.
– ¿Irás al karaoke con nosotras después de clases?
–Claro, oye ¿no crees que ese chico pelirrojo de penúltimo año es lindo?
– ¿Quién?
-Es nuevo, llegó junto a un rubio hace un tiempo, la.verdad es que no están nada mal.
Observé a Hinata, apretaba los dientes y ignoraba mi mirada por completo. Reí despacio y me miró extrañada, estaba celosa y era adorable.
– ¡Cierto! Es muy guapo, con esos aires de chico malo, ¿Crees que tenga novia?
–Espero que no, aunque escuche que rechazo a Miho, ¿puedes creerlo?
– ¡No! Ella es modelo —cuando la puerta volvió a rechinar y sus voces ya no se escuchaban, quite mi mano de la boca de Hinata.
– ¿Eso era lo que te molestaba? —dije bajando la tapa del baño y sentándome.
Se cruzó de brazos y refunfuñó como una niña pequeña.
–No seas tonta —dije tomando su mano.
–T–Tu estarías i–igual —respondió, le indiqué que se sentara en mi pierna y negó con la cabeza, con los labios apretados y roja como un tomate. Tomando su mano con fuerza la atraje hasta que se sentara.
–Probablemente —rió y golpeó suavemente mi hombro.
– ¿Entonces...
– ¿Quieres que todos sepan que soy tuyo? —coloqué una mano en su cintura para acercarla.
Silencio. Arrugó el cuello de mi camisa con sus dedos e hizo un puchero, tomaré eso como un sí.
–S–Será mejor que salgamos d–de aquí, nos meteremos en problemas.
Esperé para que me diera una señal de que podía salir, movió su mano y volvimos al pasillo. Salimos del edificio y entramos a otro, caminamos hasta un pasillo más estrecho y al final había una gran puerta doble de madera estilo colonial.
– ¿Qué es esto?
–La biblioteca, este edificio es el mas antiguo del instituto.
Había libreros gigantes, altos y llenos de libros de diferentes tamaños, Hinata observaba todo con los ojos brillantes.
– ¿No se supone que debe haber alguien aqui?
–No en un instituto privado, confían en nosotros.
–Eso me ofende.
Me miro con una sonrisa burlesca, nos adentramos en la enorme biblioteca, tenía varios pisos con una escalera de espiral de madera, nunca había visto una biblioteca asi de grande.
–Ten —dijo entregándome un libro— sé que te gustará.
Observé la portada, Frankenstein.
Había sectores para leer, con sillones cómodos, mesas y alfombras grandes y suaves como almohada, además de máquinas expendedoras de dulces y bebidas.
Nos sentamos en la alfombra y me acosté apoyando mi cabeza en las piernas de Hinata, alcancé a leer tres capítulos y tocaron para el receso de almuerzo.
–Quedémonos aquí —dije.
– ¿P–Por qué?
–Solo quiero estar más tiempo a solas contigo.
–N–No, p–puede venir alguien —dije cuando Gaara metió su mano bajo mi falda.
–Si alguien entra no nos podrá ver.
–G–Gaara, por f–favor, me da vergüenza —le empujé suavemente por los hombros.
–Está bien, podemos hacer otra cosa —se separó y comenzo a buscar algo en el bolsillo interior de su chaqueta, sacó una caja de cigarillos, iba a regañarle cuando vi que dentro habia una jeringa y una pequeña cuchara.
–Gaara... Acordamos que no en el instituto.
–Pero no puedo aguantar hasta que salgamos.
Frunci los labios tratando de no mirar la cajetilla, también estaba deseandolo.
–Esta bien, pero prepara para ambos —solté, esto era mas fuerte que yo.
–Sabes que tenemos natación luego, ¿cierto? Bueno, en una hora. No hay problema, no estaremos tan aturdidos.
Levanté la mirada, tenía razón. Todas las del salón estarían ahí y como es usual habrán chicas de otros salones observando, verian a Gaara y tendrá mas pretendientes, como pasó en el pasillo.
Él podría enamorarse de otra chica.
– ¿Lista? —habló con la aguja lista entre sus dedos, subí la manga de mi camisa y extendi el brazo.
Las chicas gritaban en las galerías viendo a los chicos en la piscina, en su mayoría, por Sasuke.
– ¡Mira los tatuajes de los chicos nuevos! ¿No crees que son sexys? —escuché gritar a unas chicas de primer año.
Me siento en el borde de la piscina y observo mis pies bajo el agua, refunfuñé cuando esas chicas seguían gritando cosas.
– ¡Oh! Mira su hombro, ¿Crees que se lo haya hecho su novia?
– ¡Claro que sí! Desearía ser su novia... Es tan lindo —decían, estaba tan celosa, cuánto daría por atreverme a gritarles que es mi novio.
Levanté la mirada y Gaara se acercaba nadando, puso ambas manos a cada lado de mi cuerpo apoyándose en el borde de la piscina para impulsarse y besarme frente a todas, sus gritos pararon para cambiar a balbuceos y susurros.
–Creo que eso las callará —dijo pasando una mano por su cabello dejando descubierto su tatuaje y solo unos mechones volvieron a su cara— ¿En qué momento me hiciste esto? —preguntó apuntando su hombro.
– ¡Ella siempre tiene a los mejores chicos! Como la detesto.
Sonreí triunfante. Baje a la piscina y le lancé agua en la cara al pelirrojo, me sentía la chica más afortunada del mundo en este momento.
