A/N ¡Ya vuelvo a estar aquí! Perdón por haber tardado más de lo normal pero siendo verano es más difícil tener tiempo o un ordenador para escribir. Además, tenía que estudiar para una recuperación... Pero lo importante es que he aprobado y que ya estoy aquí con el siguiente capítulo. Mil gracias por los follow, favoritos y review. Con solo un capítulo esta historia ha tenido muchos y os doy las gracias por ello (sé que es la segunda parte de otro fanfic pero aún así...).
Bueno, espero que disfruteis con la lectura :)
Todo lo que está en negrita pertenece a J.K Rowling
La auror pasó la página y leyó el título del siguiente capítulo.
-"La advertencia de Dobby".
-¿Dobby?-preguntó Sirius-. ¿Vuestro amigo, el elfo doméstico? ¿El que nos trajo ayer la comida?
-Ese mismo-asintió Harry.
Harry no gritó, pero estuvo a punto.
Los que no sabían que había sucedido reprimieron las ganas de preguntar. Estaban seguros de que el libro explicaría el motivo.
La pequeña criatura que yacía en la cama tenía unas grandes orejas, parecidas a las de un murciélago, y unos ojos verdes y saltones del tamaño de pelotas de tenis.
-Vale, sí-dijo Sirius-. Eso es definitivamente un elfo doméstico. Y dado que el capítulo habla de Dobby, debe de ser él. ¿Pero qué está haciendo allí?-añadió para sí mismo.
En aquel mismo instante, Harry tuvo la certeza de que aquella cosa era lo que le había estado vigilando por la mañana desde el seto del jardín.
-Oh, es verdad-asintió George-. Ya casi me había olvidado de eso.
La criatura y él se quedaron mirando uno al otro, y Harry oyó la voz de Dudley proveniente del recibidor.
—¿Me permiten sus abrigos, señor y señora Mason?
Aquello provocó que algunos pusieran los en blanco.
Aquel pequeño ser se levantó de la cama e hizo una reverencia tan profunda que tocó la alfombra con la punta de su larga y afilada nariz.
Harry sonrió al recordar su primer encuentro con el valiente elfo.
Harry se dio cuenta de que iba vestido con lo que parecía un almohadón viejo con agujeros para sacar los brazos y las piernas.
-Pobrecillo…-dijo Hermione con la voz más aguda de lo normal.
—Esto..., hola —saludó Harry, azorado.
—Harry Potter —dijo la criatura con una voz tan aguda que Harry estaba seguro de que se había oído en el piso de abajo—,
Remus tragó saliva.
-Espero que no. Te meterías en un buen lio…
hace mucho tiempo que Dobby quería conocerle, señor... Es un gran honor...
—Gra-gracias —respondió Harry, que avanzando pegado a la pared alcanzó la silla del escritorio y se sentó.
-Supongo que debe de ser bastante impactante encontrarte a un elfo doméstico sentado en tu cama-dijo Ron-. Sobre todo si no sabías ni que existían.
Harry sonrió.
-Fue un poco raro, sí.
A su lado estaba Hedwig, dormida en su gran jaula. Quiso preguntarle «¿Qué es usted?», pero pensó que sonaría demasiado grosero,
Muchos sonrieron al oír eso.
-Bien hecho, Harry-dijo Molly con satisfacción-. La educación siempre es importante.
así que dijo:
—¿Quién es usted?
—Dobby, señor. Dobby a secas. Dobby, el elfo doméstico —contestó la criatura.
Sirius asintió.
-Hasta ahí ya había llegado yo. ¿Pero por qué está en Privet Drive?
—¿De verdad? —dijo Harry—.
-No, Harry-bromeó Fred con sarcasmo-. En realidad te estaba engañando: no era Dobby. Si no Draco Malfoy disfrazado de elfo.
Los alumnos, incluido Harry, sonrieron, aunque el muchacho puso primero los ojos en blanco.
Bueno, no quisiera ser descortés, pero no me conviene precisamente ahora recibir en mi dormitorio a un elfo doméstico.
-Pues no, lo cierto es que no-dijo Ginny.
De la sala de estar llegaban las risitas falsas de tía Petunia.
Harry bufó, conocía de sobra aquellas risas. Tía Petunía las usaba siempre que quería caerle bien a alguien, haciendo ver que la persona en cuestión era extremadamente graciosa.
El elfo bajó la cabeza.
—Estoy encantado de conocerlo —se apresuró a añadir Harry—. Pero, en fin, ¿ha venido por algún motivo en especial?
-Eso. Ves al grano, por favor-pidió Sirius. Tenía ganas de saber.
—Sí, señor —contestó Dobby con franqueza—. Dobby ha venido a decirle, señor..., no es fácil, señor... Dobby se pregunta por dónde empezar...
-¿El principio?-sugirió Ron con una sonrisa.
—Siéntese —dijo Harry educadamente, señalando la cama.
Remus cerró los ojos instintivamente, preparándose para la reacción del elfo.
-Si querías no hacer ruido me temo que eso no ha sido demasiada buena idea…
Harry se pasó una mano por el rostro, recordando.
-Ahora lo sé.
Para consternación suya, el elfo rompió a llorar, y además, ruidosamente.
Ginny gimió con temor.
-Ay, madre…
—¡Sen-sentarme! —gimió—. Nunca, nunca en mi vida...
A Harry le pareció oír que en el piso de abajo hablaban entrecortadamente.
La señora Weasley contuvo el aliento, mientras Sirius se inclinaba al borde de su asiento con atención.
—Lo siento —murmuró—, no quise ofenderle.
-No ha sido eso, Harry-explicó Hermione con enfado-. Es solo que nadie lo había tratado con respeto en toda su vida.
Harry sintió la ira de la muchacha y decidió no recordarle que aquello ya había pasado.
—¡Ofender a Dobby! —repuso el elfo con voz disgustada—. A Dobby ningún mago le había pedido nunca que se sentara..., como si fuera un igual.
-Somos verdaderos monstruos, ¿eh?-repuso Tonks, pausando la lectura.
Sirius encarnó una ceja.
-¿Somos?
-Sí, somos. Nosotros-aclaró haciendo un gesto con las manos que embarcaba toda la Sala-. Los magos, los seres humanos. Como nos quieras llamar. Esclavizamos a especies sin pararnos a pensar y les obligamos a vivir de esta manera-dijo señalando al libro entre sus manos.
-No todos-puntualizó Sirius.
-Puede que no. Pero aun así nos aprovechamos de ello-dijo con dureza-. Por mucho que no nos guste no hemos hecho nada para cambiarlo... Tú sigues teniendo a Kreacher-le recordó.
-No por que quiera… -replicó el animago-. Conoce información demasiado valiosa.
-Lo sé-dijo Tonks-. Sin embargo, podría haber otra manera de conseguir que no revelase nada. Con un Juramento Inquebrantable, por ejemplo.
Sirius se mordió el labio, pensando en cómo responder. Mientras tanto, los demás observaban el intercambio en silencio.
-No te estoy criticando ni echando la culpa ni nada de eso-se apresuró a aclarar Tonks-. Solo digo que hay que ser un poco más conscientes de la situación. Y que si todos ponemos de nuestra parte podremos acabar con el problema.
Sirius asintió lentamente. Después de pasar tantos años en Azkaban, le costaba habituarse a los cambios en la conciencia social que se habían producido. Especialmente en la gente joven como Tonks.
-Sí, creo que tienes razón-dijo al cabo de un par de segundos-. Me alegro de que cada vez más jóvenes y especialmente nacidos de muggle o mestizos estén intentando cambiar las cosas que veis mal en el mundo mágico. Creo que es importante que los viejos como nosotros nos demos cuenta de que no todo es tal y como creemos.
Tonks soltó una carcajada.
-¿Viejos? ¡Vamos, hombre! ¿Qué tienes, treinta y pico? ¿La misma edad que Remus, no?
Sirius asintió, con un atisbo de sonrisa.
-Era difícil llevar la cuenta de mis cumpleaños en la cárcel, pero creo que sí. Treinta y seis, uno más o uno menos.
La chica sonrió ampliamente.
-¿Lo ves? Si solo tienes catorce años más que yo. Eso no es nada… Y no te preocupes, yo me encargaré de ponerte al día en los temas jóvenes. En cuanto seas un hombre libre nos iremos a celebrarlo a algún sitio guay, ya verás-dijo guiñando un ojo-. Y nos llevaremos a Remus también. ¿Prometido?
Sirius soltó una carcajada y se quedó mirando al hombre lobo.
-¿Qué dices, Lúnatico? ¿Cómo en los viejos tiempos?
Remus suspiró, pasándose una mano por el rostro.
-Está bien…-cedió finalmente.
Tonks soltó un grito de victoria y empezó a hablar con excitación de los locales de moda.
-Ejem-interrumpió la señora Weasley-. No creo que sea buena idea hablar de según qué sitios delante de los niños. Hay lugares que es mejor que no conozcan o puede que tengan la mala idea de ir ahí.
-Mamá…-se quejaron sus hijos.
-Y además-añadió Molly sin hacerles caso-, me parece a mí que deberíamos seguir leyendo.
-¡Merlín, tienes razón!-exclamó Tonks-. Ya casi me había olvidado, perdón-dijo enrojeciendo y tomando aire para continuar leyendo.
Hermione, que había observado toda la conversación, se quedó mirando a Tonks como si fuese su heroína. Había buscado durante mucho tiempo a alguien que le interesasen los derechos de los elfos tanto como a ella y parecía que por fin lo había encontrado.
Harry, procurando hacer «¡chss!» sin dejar de parecer hospitalario,
-Eso debe de ser complicado-dijo Ron después de soltar una risita.
indicó a Dobby un lugar en la cama, y el elfo se sentó hipando. Parecía un muñeco grande y muy feo. Por fin consiguió reprimirse y se quedó con los ojos fijos en Harry, mirándole con devoción.
Snape reprimió un gruñido de fastidio.
—Se ve que no ha conocido a muchos magos educados —dijo Harry, intentando animarle.
Dobby negó con la cabeza.
-Qué raro…-dijo Sirius-. No es habitual que un elfo domestico diga eso de sus dueños.
A continuación, sin previo aviso, se levantó y se puso a darse golpes con la cabeza contra la ventana, gritando: «¡Dobby malo! ¡Dobby malo!»
Sirius gimió con espanto.
-Vale, eso ya es más normal. Por Merlín, espero que no lo hayan oído.
Los demás aguantaron el aliento, mientras Tonks seguía leyendo rápidamente.
—No..., ¿qué está haciendo? —Harry dio un bufido, se acercó al elfo de un salto y tiró de él hasta devolverlo a la cama. Hedwig se acababa de despertar dando un fortísimo chillido y se puso a batir las alas furiosamente contra las barras de la jaula.
-Lo que faltaba…-murmuró Remus.
—Dobby tenía que castigarse, señor —explicó el elfo, que se había quedado un poco bizco—.
La señora Weasley suspiró con tristeza.
-Es horrible que tengan que castigarse de ese modo.
Dobby ha estado a punto de hablar mal de su familia, señor.
—¿Su familia?
-Claro-dijo Ron, dándose cuenta-. No lo sabías…
—La familia de magos a la que sirve Dobby, señor. Dobby es un elfo doméstico, destinado a servir en una casa y a una familia para siempre.
-Al menos Dobby se encargó de explicártelo-sonrió levemente Ron. Todavía recordaba los barrotes en la ventana de Harry cuando había ido a buscarle. Por ello, no podía sentirse tranquilo ni alegre al cien por cien.
—¿Y saben que está aquí? —preguntó Harry con curiosidad. Dobby se estremeció.
—No, no, señor, no... Dobby tendría que castigarse muy severamente por haber venido a verle, señor. Tendría que pillarse las orejas en la puerta del horno, si llegaran a enterarse.
-Qué horror…-murmuró Hermione.
-Al menos ahora ya es libre-añadió Ron, intentando animarla.
Hermione sonrió un poco aunque luego pensó en la cantidad de elfos que todavía se encontraban esclavizados y la sonrisa desapareció.
—Pero ¿no advertirán que se ha pillado las orejas en la puerta del horno?
—Dobby lo duda, señor. Dobby siempre se está castigando por algún motivo, señor. Lo dejan de mi cuenta, señor. A veces me recuerdan que tengo que someterme a algún castigo adicional.
Tonks leyó aquel fragmento asqueada y arrugando la nariz.
—Pero ¿por qué no los abandona? ¿Por qué no huye?
—Un elfo doméstico sólo puede ser libertado por su familia, señor. Y la familia nunca pondrá en libertad a Dobby... Dobby servirá a la familia hasta el día que muera, señor.
-Bueno, es evidente que no ha sido así-dijo Sirius-. Aunque no entiendo como su familia, si tenemos en cuenta lo mala que es, pudo haberle liberado. Dobby ha dejado claro que no son unos amantes de los elfos domésticos precisamente.
Harry sonrió, recordando lo sucedido.
-Ya lo verás…
Sirius bufó; empezaba a odiar esa frase.
Harry lo miró fijamente.
—Y yo que me consideraba desgraciado por tener que pasar otras cuatro semanas aquí —dijo—.
-Puedes sentirte desgraciado, Harry- dijo el señor Weasley-. Que la situación de alguien sean peor que la tuya no hace que tus propios sufrimientos desaparezcan.
Su mujer asintió, dándole la razón.
Lo que me cuenta hace que los Dursley parezcan incluso humanos. ¿Y nadie puede ayudarle? ¿Puedo hacer algo?
Casi al instante, Harry deseó no haber dicho nada. Dobby se deshizo de nuevo en gemidos de gratitud.
-Oh, no…-gimió Ginny.
Snape puso los ojos en blanco al oír sobre la estupidez de Potter. ¿Es que el chico no se daba cuenta de que cada vez que era educado con el elfo, éste se ponía a hacer ruido? Por una vez, Potter podría haber dejado a un lado su caballerosidad y actuar de manera práctica. Si hubiera tratado al elfo con menos amabilidad, se hubiese ahorrado muchos problemas.
—Por favor —susurró Harry desesperado—, por favor, no haga ruido. Si los Dursley le oyen, si se enteran de que está usted aquí...
-No quiero ni imaginármelo-dijo Fred, mordiéndose el labio con nerviosismo.
—Harry Potter pregunta si puede ayudar a Dobby... Dobby estaba al tanto de su grandeza, señor, pero no conocía su bondad...
-Oh, por Merlín-murmuró Snape poniendo los ojos en blanco.
Los pocos que le escucharon, le ignoraron.
Harry, consciente de que se estaba ruborizando, dijo:
—Sea lo que fuere lo que ha oído sobre mi grandeza, no son más que mentiras.
Snape abrió los ojos de par en par y después los cerró, llevándose las manos a las sienes. ¿Porque Potter no puede ser arrogante y creído como yo siempre había supuesto?, se dijo a sí mismo. Su cabeza dolía al pensar en ello, así que, una vez más, apartó aquellos pensamientos de su mente. Ignoraré cualquier posibilidad de que estaba equivocado en mi percepción del chico y, una vez terminemos los libros y con Voldemort, no tendré que volver a pensar en el maldito Harry Potter. Sí, es un buen plan, se obligó a pensar. Aunque, en el fondo sabía, no iba a ser tan fácil.
Ni siquiera soy el primero de la clase en Hogwarts, es Hermione, ella...
Pero se detuvo enseguida, porque le dolía pensar en Hermione.
-Oh, Harry. Lo siento mucho-dijo ella.
-Ni se te ocurra disculparte, Hermione-dijo el chico negando con la cabeza-. No fue culpa tuya.
—Harry Potter es humilde y modesto —dijo Dobby, respetuoso. Le resplandecían los ojos grandes y redondos—.
Lo que me faltaba, gruñó Snape en su mente, otro fan de Potter. El profesor de Pociones intentó avivar su odio hacia el muchacho para no seguir pensando en que, probablemente, se había equivocado.
Harry Potter no habla de su triunfo sobre El-que-no-debe-ser-nombrado.
—¿Voldemort? —preguntó Harry.
-¡Harry!-exclamó Ron.
El chico se le quedó mirando.
-No lo digo por mí, (que también), pero… ¿No has pensado que si se pone histérico a la mínima, aún se va a poner más al escucharte decir ese nombre?
-Bueno… Sí, claro, ahora que lo dices sí. Pero en ese momento no, evidentemente.
-Ya…-dijo Ron-. Supongo que desde fuera se ve todo más fácil.
Dobby se tapó los oídos con las manos y gimió:
—¡Señor, no pronuncie ese nombre! ¡No pronuncie ese nombre!
Ron asintió con la cabeza, como diciendo "lo que yo pensaba".
—¡Perdón! —se apresuró a decir—. Sé de muchísima gente a la que no le gusta que se diga..., mi amigo Ron...
Se detuvo. También era doloroso pensar en Ron.
-Yo también lo siento, Harry.
El chico negó enérgicamente con la cabeza.
-Te digo lo mismo que le he dicho a Hermione: no te preocupes. No fue culpa tuya.
Sirius y el resto de personas que no sabían lo que había sucedido, fruncieron el ceño. Tenían ganas de saber la verdad.
Dobby se inclinó hacia Harry, con los ojos tan abiertos como faros.
—Dobby ha oído —dijo con voz quebrada— que Harry Potter tuvo un segundo encuentro con el Señor Tenebroso, hace sólo unas semanas..., y que Harry Potter escapó nuevamente.
-No nos lo recuerdes-dijo Molly estremeciéndose, mientras todos pensaban en lo leído el día anterior.
Harry asintió con la cabeza, y a Dobby se le llenaron los ojos de lágrimas.
—¡Ay, señor! —exclamó, frotándose la cara con una punta del sucio almohadón que llevaba puesto—. ¡Harry Potter es valiente y arrojado! ¡Ha afrontado ya muchos peligros!
Snape volvió a poner los ojos en blanco.
-Caray, Harry-dijo Tonks con una sonrisa burlona-. Es todo un admirador.
Pero Dobby ha venido a proteger a Harry Potter, a advertirle, aunque más tarde tenga que pillarse las orejas en la puerta del horno, de que Harry Potter no debe regresar a Hogwarts.
-¿Qué?-preguntó Sirius con extrañeza-. ¿Qué quiere decir con eso?
Hubo un silencio, sólo roto por el tintineo de tenedores y cuchillos que venía del piso inferior, y el distante rumor de la voz de tío Vernon.
Tonks había continuado leyendo para responder a las preguntas de Sirius.
—¿Qué-qué? —tartamudeó Harry—. Pero si tengo que regresar; el curso empieza el 1 de septiembre. Eso es lo único que me ilusiona. Usted no sabe lo que es vivir aquí. Yo no pertenezco a esta casa, pertenezco al mundo de Hogwarts.
Sirius asintió.
-Eso digo yo. No puedes quedarte más tiempo en esta horrible casa. Debes volver a Hogwarts-terminó con rotundidad.
—No, no, no —chilló Dobby, sacudiendo la cabeza con tanta fuerza que se daba golpes con las orejas—. Harry Potter debe estar donde no peligre su seguridad.
-En eso estoy de acuerdo-intervino Remus-. Por eso mismo tiene que ir a Hogwarts. Dumbledore está allí y él le protegerá.
-¿Cómo sucedió en el curso anterior?-preguntó Molly con sarcasmo.
Todos se le quedaron mirando con sorpresa, no era habitual en la mujer decir algo en contra del director.
-Lo siento-dijo ella rápidamente, mirando al viejo mago-. Solo digo que durante su primer año Harry, Ron y Hermione estuvieron cerca de morir en varias ocasiones. Y, no quiero adelantar acontecimientos, pero en su segundo año tampoco estuvieron a salvo. Sobretodo Ginny.
-Mamá-intervino la muchacha.
-Soy consciente…-continuó la señora Weasley levantando una mano-. Soy consciente de que si Dumbledore no hubiera estado ahí, quizás hubieran estado en aún más peligro... Pero creo que debemos asumir todos que Hogwarts, incluso con sus protecciones y los buenos profesores que tiene, no es un lugar seguro. Siempre acaban pasando cosas peligrosas.
-¿Qué quieres decir con eso, mamá?-preguntó Ron-. ¿Qué quizás no deberíamos ir más a Hogwarts? Porque yo no pienso irme y…
Molly sacudió la cabeza, interrumpiéndole.
-No, no, para nada. Déjame acabar antes de sacar conclusiones precipitadas-le regañó levemente-. Sé que tal y como están las cosas ahora: con la vuelta de Quien-vosotros-sabéis, personas desaparecidas y mortifagos sueltos… Hogwarts es un buen lugar para estar. Eso lo sé-dijo mirando a sus hijos con firmeza-. Pero no lo convierte en un sitio seguro. Menos peligroso que cualquier otro lugar; sí. Pero solo quiero decir que mientras V-V-Vo…-sacudió la cabeza y respiró hondo-. Mientras Quién-vosotros-sabéis siga por ahí, no habrá ningún lugar seguro. Eso es así.
Todos la observaron durante unos segundos, asimilando aquellas palabras. Los muchachos sintieron bastante temor al oír algo que, si bien pensaron muchas veces, nunca habían escuchado a un adulto decirlo en voz alta.
-Molly-empezó el señor Weasley, pasándole un brazo por los hombros-. Querida, sé que estás asustada, todos lo estamos. Y también sé que no es fácil oír todo por lo que han pasado nuestros hijos y amigos, todos lo momentos en los que han estado en peligro. No lo es-sentenció-. Pero hemos de ser fuertes. Estos libros nos ayudaran a ganar la guerra, a conseguir que estén a salvo para siempre. Lo único que hemos de hacer es no perder la calma y seguir adelante. Piensa que todo esto ya ha pasado y, si leemos algo malo que aún no ha sucedido, todavía estamos a tiempo de cambiarlo.
La señora Weasley tragó saliva y respiró profundamente, manteniendo a raya las lágrimas que aún no había derramado. Luego, apoyó ligeramente la cabeza en el brazo de su marido, cogiendo fuerzas.
-Está bien, está bien-asintió -. Tienes razón. Siento haberme puesto tan pesimista, es solo que a veces cuesta.
-Lo entendemos perfectamente, Molly-dijo Dumbledore con delicadeza-. No te disculpes por ello.
La mujer volvió a asentir, sonriendo débilmente.
El director, al ver que Molly ya había recobrado la compostura, dirigió su atención a Tonks.
-Continúa leyendo, por favor.
Es demasiado importante, demasiado bueno, para que lo perdamos.
Todos miraron a Harry con cariño.
-Así es-dijo Sirius, haciendo sonrojar al chico.
Si Harry Potter vuelve a Hogwarts, estará en peligro mortal.
—¿Por qué? —preguntó Harry sorprendido.
-Eso me gustaría saber a mí-dijo Tonks.
—Hay una conspiración, Harry Potter. Una conspiración para hacer que este año sucedan las cosas más terribles en el Colegio Hogwarts de Magia —susurró Dobby, sintiendo un temblor repentino por todo el cuerpo—. Hace meses que Dobby lo sabe, señor. Harry Potter no debe exponerse al peligro: ¡es demasiado importante, señor!
-Pero… ¿cómo lo sabe?-preguntó Sirius-. Debe de ser el elfo de alguna familia de mortifagos, seguro. Solo las familias "sangre pura" siguen teniendo elfos domésticos-dijo, con la mente a toda velocidad-. Y solo ellos son tan estúpidos como para no pensar que alguien como Dobby no iba a prestar atención a sus planes. Y mucho menos contárselos a alguien.
—¿Qué cosas terribles? —preguntó inmediatamente Harry—. ¿Quién las está tramando?
Dobby hizo un extraño ruido ahogado y acto seguido se empezó a golpear la cabeza furiosamente contra la pared.
—¡Está bien! —gritó Harry, sujetando al elfo del brazo para detenerlo—. No puede decirlo, lo comprendo.
-Claro que no puede-dijo Remus frotándose las sienes-. Nunca es tan sencillo.
Pero ¿por qué ha venido usted a avisarme? —Un pensamiento repentino y desagradable lo sacudió—. ¡Un momento! Esto no tiene nada que ver con Vol..., perdón, con Quien-usted-sabe, ¿verdad?
-Eso mismo he pensado yo-asintió Sirius, contento de que la mente de Harry funcionase como la suya-. O él o sus mortifagos.
Basta con que asiente o niegue con la cabeza —añadió apresuradamente, porque Dobby ya se disponía a golpearse de nuevo contra la pared. Dobby movió lentamente la cabeza de lado a lado.
—No, no se trata de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado, señor.
-Menos mal…-suspiró Tonks con alivio.
Harry chasqueó la lengua con fastidio: ¡si solo Dobby le hubiera contado la verdad!
Todos los que habían vivido aquel segundo año en Hogwarts, fruncieron el ceño sin comprender. Sí que había sido Voldemort, ¿a que jugaba el elfo?
Pero Dobby tenía los ojos muy abiertos y parecía que trataba de darle una pista.
-¿Eso significa que sí tiene que ver con Voldemort? ¿O qué no?-preguntó Sirius-. Bah, nunca se me han dado bien las adivinanzas, ¿por qué no habla claramente? Vale, sí-dijo antes de que nadie comentase nada-. Sé que no puede.
Harry, sin embargo, estaba completamente desorientado.
—Él no tiene hermanos, ¿verdad?
-Oh, Merlín. Espero que no-murmuró Tonks, mientras Ginny se daba la vuelta para mirar a Harry.
-¡Pero que cosas se te ocurren!
El chico se encogió de hombros, con una sonrisa.
-Siempre hay que estar preparado para lo peor.
Dobby negó con la cabeza, con los ojos más abiertos que nunca.
-Menos mal…-suspiró Arthur, diciendo en voz alta lo que todos pensaban.
—Bueno, siendo así, no puedo imaginar quién más podría provocar que en Hogwarts sucedieran cosas terribles —dijo Harry—. Quiero decir que, además, allí está Dumbledore. ¿Sabe usted quién es Dumbledore?
-¿Quién no sabe quién es Dumbledore?-bufó George.
Harry levantó la mano, sonriendo.
-Yo no lo sabía…
-Oh, claro.
Dobby hizo una inclinación con la cabeza.
—Albus Dumbledore es el mejor director que ha tenido Hogwarts. Dobby lo sabe, señor. Dobby ha oído que los poderes de Dumbledore rivalizan con los de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado.
-Me siento halagado-sonrió el director con una leve sonrisa.
Pero, señor —la voz de Dobby se transformó en un apresurado susurro—, hay poderes que Dumbledore no..., poderes que ningún mago honesto...
-Eso es cierto-dijo Dumbledore con firmeza, la palabra "Horrocruxes" en su mente.
Y antes de que Harry pudiera detenerlo, Dobby saltó de la cama, cogió la lámpara de la mesa de Harry y empezó a golpearse con ella en la cabeza lanzando unos alaridos que destrozaban los tímpanos.
-¿Pero por qué ha hecho eso?-preguntó Sirius con espanto.
-Creo que por que ha hablado mal de sus amos-le respondió Tonks-. "Hay poderes que Dumbledore no..., poderes que ningún mago honesto..."-volvió a reeler la auror.
-Oh, ni me había dado cuenta.
En el piso inferior se hizo un silencio repentino. Dos segundos después, Harry, con el corazón palpitándole frenéticamente, oyó que tío Vernon se acercaba, explicando en voz alta:
—¡Dudley debe de haberse dejado otra vez el televisor encendido, el muy tunante!
-¡Oh, no!-exclamó Hermione, al tiempo que los demás aguantaban el aliento.
—¡Rápido! ¡En el ropero! —dijo Harry, empujando a Dobby,
-Lo siento por Dobby pero no era momento de ser amable…-comentó Harry.
cerrando la puerta y echándose en la cama en el preciso instante en que giraba el pomo de la puerta.
Ginny se pasó una mano por la frente.
-Buff… Menos mal.
—¿Qué demonios estás haciendo? —preguntó tío Vernon rechinando los dientes, su cara espantosamente cerca de la de Harry—. Acabas de arruinar el final de mi chiste sobre el jugador japonés de golf...
-Oh, qué lástima…-dijo Tonks poniendo los ojos en blanco.
¡Un ruido más, y desearás no haber nacido, mocoso!
Sirius apretó los dientes con fuerza.
-Tócale un solo pelo y serás tú quien deseará no haber nacido.
Tío Vernon salió de la habitación pisando fuerte con sus pies planos. Harry, temblando, abrió la puerta del armario y dejó salir a Dobby.
—¿Se da cuenta de lo que es vivir aquí? —le dijo—. ¿Ve por qué debo volver a Hogwarts? Es el único lugar donde tengo..., bueno, donde creo que tengo amigos.
-Los tienes-le aseguró Ron con firmeza. A su lado, Hermione asintió con energía.
-Eso-le respaldó Ginny, mientras los gemelos sonreían.
El pecho de Harry se llenó de afecto ante aquellas muestras de cariño.
—¿Amigos que ni siquiera escriben a Harry Potter? —preguntó maliciosamente.
A algunos les costó más tiempo que a otros darse cuenta de lo que implicaban esas palabras. Pero, cuando lo hicieron, todos fruncieron el ceño. ¿Cómo podía Dobby saber aquello?
—Supongo que habrán estado... ¡Un momento! —dijo Harry, frunciendo el entrecejo—. ¿Cómo sabe usted que mis amigos no me han escrito?
-¡Eso es lo que yo habían pensado!-exclamó Sirius-. No me digas que ha sido él…
Tonks le interrumpió al seguir leyendo, sabía que de ese modo se aclararían todas las preguntas.
Dobby cambió los pies de posición.
—Harry Potter no debe enfadarse con Dobby. Dobby pensó que era lo mejor...
-¡Entonces sí que ha sido él!-continuó Sirius boquiabierto.
Los que no sabían lo que había sucedido, abrieron mucho los ojos ante la confirmación.
—¿Ha interceptado usted mis cartas?
—Dobby las tiene aquí, señor —dijo el elfo, y escapando ágilmente del alcance de Harry, extrajo un grueso fajo de sobres del almohadón que llevaba puesto.
-Merlín…-murmuró Remus pasándose una mano por el cabello-. ¿Pero por qué ha hecho algo así?
Harry pudo distinguir la esmerada caligrafía de Hermione, los irregulares trazos de Ron, y hasta un garabato que parecía salido de la mano de Hagrid, el guardabosques de Hogwarts.
-Aunque estaba enfadado con Dobby, fue un alivio el saber que no os habíais olvidado de mi-reconoció Harry, clavando la vista en el suelo.
Sus amigos sonrieron con cariño.
Dobby, inquieto, miró a Harry y parpadeó.
—Harry Potter no debe enfadarse... Dobby pensaba... que si Harry Potter creía que sus amigos lo habían olvidado... Harry Potter no querría volver al colegio, señor.
Sirius sacudió la cabeza con incredulidad.
-¡Menudo plan! Hubiera sido más fácil ir a hablar contigo directamente…
-Tienes razón-dijo Tonks-. Pero todos sabemos que Harry no le hubiera hecho caso.
Harry no escuchaba. Se abalanzó sobre las cartas, pero Dobby lo esquivó.
—Harry Potter las tendrá, señor, si le da a Dobby su palabra de que no volverá a Hogwarts. ¡Señor, es un riesgo que no debe afrontar! ¡Dígame que no irá, señor!
-Sí, claro…-dijo Ron con sarcasmo.
—¡Iré! —dijo Harry enojado—. ¡Déme las cartas de mis amigos!
-Potter…-dijo Snape con frustración, sosteniendo el puente de su larga nariz con dos dedos-. ¿Eres consciente de que hubiese sido mucho más fácil decirle que no ibas a volver, que te diera las cartas y después ir igualmente?
-¿Mentirle?-preguntó Harry, un poco sorprendido de que Snape hubiese iniciado una conversación con él sin que nadie le hubiese obligado.
-Exactamente, Potter. Mentirle-se encogió levemente de hombros-. No iba a morirse nadie por hacerlo. Y, de ese modo, te hubieras ahorrado todo el ruido que, con tu suerte, tus condenados familiares seguro oyeron.
-Mm…- Harry sabía que el profesor probablemente tenía razón pero no iba a reconocerlo.
-Todo esto ya no importa-intervino Sirius, viniendo en ayuda de su ahijado-. Y yo quiero saber cómo acaba la cosa, así que continuemos leyendo.
—Entonces, Harry Potter no le deja a Dobby otra opción —dijo apenado el elfo. Antes de que Harry pudiera hacer algún movimiento, Dobby se había lanzado como una flecha hacia la puerta del dormitorio, la había abierto y había bajado las escaleras corriendo.
-¡No!-gritaron todos.
-Maldita sea-gruñó, sorprendiendo a todos la señora Weasley.
Con la boca seca y el corazón en un puño, Harry salió detrás de él, intentando no hacer ruido. Saltó los últimos seis escalones, cayó como un gato sobre la alfombra del recibidor y buscó a Dobby.
-Esperemos que puedas detenerle antes de que haga nada-pidió Tonks.
Ron y sus hermanos, que habían rescatado a Harry, sabían que no lo conseguiría. Aun así, al joven pelirrojo no le hacía ninguna gracia tener que escuchar como los malditos de los tíos de Harry habían puesto barrotes en su cuarto.
Del comedor venía la voz de tío Vernon que decía: —... señor Mason, cuéntele a Petunia aquella divertida anécdota de los fontaneros americanos, se muere de ganas de oírla...
-Seguro…-dijo George rodando los ojos, tratando de rebajar la tensión del ambiente.
Harry cruzó el vestíbulo, y al llegar a la cocina, sintió que se le venía el mundo encima. El pudín magistral de tía Petunia, el montículo de nata y violetas de azúcar, flotaba cerca del techo.
Remus cerró los ojos con fuerza, preparándose para lo peor. Sirius, también con horror en el rostro, tragó saliva y dijo:
-Cuando vuelva a ver a ese elfo tendré unas palabras con él.
Dobby estaba en cuclillas sobre el armario que había en un rincón.
—No —rogó Harry con voz ronca—. Se lo ruego..., me matarán...
—Harry Potter debe prometer que no irá al colegio.
-Oh, Merlín-gimió Tonks, mientras la señora Weasley enterraba el rostro entre las manos. Cuando Ron y los gemelos fueron a buscar a Harry, mencionaron algo sobre unos barrotes en su ventana y Molly empezaba a tener la terrible sospecha de que no había sido una exageración.
—Dobby..., por favor...
—Dígalo, señor...
—¡No puedo!
-¡Simplemente miente, Potter!-gritó Snape sin darse cuenta. Los demás estaban demasiado centrados en la historia como para mirarle raro, pero al maestro de pociones no le importo. El chico acababa de ponerse en serio peligro, simplemente por no querer engañar al elfo.
—Entonces Dobby tendrá que hacerlo, señor, por el bien de Harry Potter.
Tonks, mientras leía, entrecerró los ojos con pánico, temiendo lo peor.
El pudín cayó al suelo con un estrépito capaz de provocar un infarto. El plato se hizo añicos y la nata salpicó ventanas y paredes.
-¡No!-gritaron algunos al tiempo que otros escondían el rostro entre las manos o soltaban maldiciones.
Dando un chasquido como el de un látigo, Dobby desapareció.
-¡Maldito elfo!-gruñó Sirius-. ¡Le destrozas la vida a Harry y luego te largas!
-Sirius, está bien.
-No, no lo está, Harry. Juro que se va a enterar cuando le vuelva a ver.
-No, no lo hará-dijo el chico con firmeza-. Él creía que estaba haciendo lo correcto, ¿vale? Solo quería conseguir que no fuera a Hogwarts, mantenerme fuera de peligro.
Sirius sonrió con sarcasmo.
-Pues te ha puesto directamente en medio del avispero. Después de agitarlo.
-Lo sé, lo sé. Y yo también estaba furioso con él la próxima vez que le vi. Pero de esto hace cuatro años y ahora está todo arreglado. Así que, por favor, prométeme- centró la atención en el resto y se corrigió-, prometedme, que no le diréis nada.
Sirius aguantó la respiración durante unos segundos y después soltó un largo suspiro
-¡Está bien, está bien!-dijo levantando las manos en el aire-. Si es lo que quieres te lo prometo.
-Harry asintió, con una sonrisa complacida.
-Ahora continuemos leyendo, por favor. No puedo aguantar más esta tensión. Y como a los asquerosos de los Dursley se les ocurra hacerte algo…
Del comedor llegaron unos alaridos y tío Vernon entró de sopetón en la cocina y halló a Harry paralizado por el susto y cubierto de la cabeza a los pies con los restos del pudín de tía Petunia.
-Ay, madre…-susurró Molly.
Al principio le pareció que tío Vernon aún podría disimular el desastre («nuestro sobrino, ya ven..., está muy mal..., se altera al ver a desconocidos, así que lo tenemos en el piso de arriba...»).
Fred gruñó.
-Maldito embustero. Pero es una buena excusa-reconoció.
Llevó a los impresionados Mason de nuevo al comedor, prometió a Harry que, en cuanto se fueran, lo desollaría vivo,
-Inténtalo, maldito cerdo de…
Tonks continuó leyendo, interrumpiendo la sarta de insultos que Sirius seguía soltando.
y le puso una fregona en las manos. Tía Petunia sacó helado del congelador y Harry, todavía temblando, se puso a fregar la cocina. Tío Vernon podría haberlo solucionado de esta manera, si no hubiera sido por la lechuza.
Todos miraron el libro en manos de Tonks con espanto.
-Oh, no…-murmuró el señor Weasley.
En el preciso instante en que tía Petunia estaba ofreciendo a sus invitados unos bombones de menta, una lechuza penetró por la ventana del comedor, dejó caer una carta sobre la cabeza de la señora Mason y volvió a salir.
-Menuda puntería…-murmuró George.
La señora Mason gritó como una histérica y huyó de la casa exclamando algo sobre los locos.
Ginny se mordió la mejilla.
-Supongo que si no sabes nada de la magia debe de ser un poco loco, sí.
El señor Mason se quedó sólo lo suficiente para explicarles a los Dursley que su mujer tenía pánico a los pájaros de cualquier tipo y tamaño, y para preguntarles si aquélla era su forma de gastar bromas.
-Madre mía…-suspiró Sirius, abatido-. Si es que tienes la peor suerte. Ya podría tenerle pánico a cualquier otro animal.
Harry estaba en la cocina, agarrado a la fregona para no caerse, cuando tío Vernon avanzó hacia él con un destello demoníaco en sus ojos diminutos.
-Ni se te ocurra, Dursley-le advirtió Ron, sabiendo perfectamente lo que el malnacido estaba pensando, ya que lo había visto con sus propios ojos.
—¡Léela! —dijo hecho una furia y blandiendo la carta que había dejado la lechuza—. ¡Vamos, léela!
Harry la cogió. No se trataba de ninguna felicitación por su cumpleaños.
-No, con tu suerte no iba a serlo-dijo Hermione con un hilo de voz.
Estimado Señor Potter: Hemos recibido la información de que un hechizo levitatorio ha sido usado en su lugar de residencia esta misma noche a las nueve y doce minutos. Como usted sabe, a los magos menores de edad no se les permite realizar conjuros fuera del recinto escolar
La voz de Tonks se iba llenando cada vez más de rabia a medida que leía. Aquello era lo último que Harry necesitaba.
y reincidir en el uso de la magia podría acarrearle la expulsión del colegio (Decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad, 1875, artículo tercero).
-¡¿Pero es que no son capaces de distinguir quien ha hecho el hechizo?!-estalló Sirius.
-Al parecer, no-dijo Remus, apretando la mandíbula con fuerza.
-Tienen a los magos menores de edad registrados y, si se produce magia en un lugar donde no hay otro, entonces asumen que ha sido esa persona-explicó Arthur-. Evidentemente, nadie pensó en la posibilidad de que fuera un elfo doméstico.
Asimismo le recordamos que se considera falta grave realizar cualquier actividad mágica que entrañe un riesgo de ser advertida por miembros de la comunidad no mágica o muggles (Sección decimotercera de la Confederación Internacional del Estatuto del Secreto de los Brujos). ¡Que disfrute de unas buenas vacaciones!
-¿Qué disfrute de unas buenas vacaciones?-preguntó Ron con incredulidad-. Te lo dice como si nada…
Afectuosamente, Mafalda Hopkirk Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia Ministerio de Magia
Harry levantó la vista de la carta y tragó saliva.
—No nos habías dicho que no se te permitía hacer magia fuera del colegio —dijo tío Vernon, con una chispa de rabia en los ojos—.
-Maldición-dijo Sirius con horror-. No me acordaba de eso.
Remus abrió mucho los ojos.
-Yo tampoco.
Olvidaste mencionarlo... Un grave descuido, me atrevería a decir...
Se echaba por momentos encima de Harry como un gran buldog, enseñando los dientes.
—Bueno, muchacho, ¿sabes qué te digo? Te voy a encerrar... Nunca regresarás a ese colegio... Nunca... Y si utilizas la magia para escaparte, ¡te expulsarán!
-¡Ni se te ocurra!-gritaron los alumnos.
Y, riéndose como un loco, lo arrastró escaleras arriba. Tío Vernon fue tan duro con Harry como había prometido. A la mañana siguiente, mandó poner una reja en la ventana de su dormitorio e hizo una gatera en la puerta para pasarle tres veces al día una mísera cantidad de comida.
-Asqueroso malnacido…-dijo Sirius apretando los dientes tanto que costaba entender lo que decía.
Los demás habían reaccionado de manera similar, apretando los puños con fuerza e insultando a los Dursley.
Sólo lo dejaban salir por la mañana y por la noche para ir al baño. Aparte de eso, permanecía encerrado en su habitación las veinticuatro horas del día.
-Merlín, Harry-dijo Sirius, la rabia dejando paso a la pena-. Te juro que nunca jamás tendrás que regresar a ese lugar.
Miró a Dumbledore, desafiándole con la mirada a decir lo contrario, pero el director tenía la vista clavada en el suelo. Sirius pensó que nunca le había visto tan anciano como en ese momento, parecía realmente tener todos y cada uno de sus años. Al cabo de un instante, el viejo mago cuadró los hombros y levantó la cabeza y, ese hombre derrotado y triste, volvió a ser uno de los magos más poderosos de todos los tiempos.
Al cabo de tres días, no había indicios de que los Dursley se hubieran apiadado de él, y Harry no encontraba la manera de escapar de su situación. Pasaba el tiempo tumbado en la cama, viendo ponerse el sol tras la reja de la ventana y preguntándose entristecido qué sería de él.
Snape intentó apartar aquella imagen de su mente que estaba haciendo aparecer en su interior extraños sentimientos. Sentimientos que nunca quiso sentir hacia ese muchacho. Nunca quiso sentir lastima y compasión hacia el maldito Harry Potter. Nunca quiso verse reflejado en el chico. Nunca quiso sentir una ola de rabia hacia los que le habían hecho daño ni unas ganas irracionales de hacérselo pagar. Pero, todo y no haber querido eso, la realidad era que lo sentía.
¿De qué le serviría utilizar sus poderes mágicos para escapar de la habitación, si luego lo expulsaban de Hogwarts por hacerlo?
-Debe de haber excepciones, claro-dijo Hermione, intentando mantener el control sobre su voz y su rostro-. Y supongo que esta era una de ellas. Pero, con lo corrupto que es el ministerio, yo no me arriesgaría- la muchacha estaba tratando por todos los medios de no pensar en lo que acababan de leer. Sabía que si lo hacía probablemente empezaría a llorar de rabia y pena y no quería incomodar a Harry.
Por otro lado, la vida en Privet Drive nunca había sido tan penosa. Ahora que los Dursley sabían que no se iban a despertar por la mañana convertidos en murciélagos, había perdido su única defensa.
-Esa es una buena idea de castigo, Harry-dijo Fred, tratando de sonreír-. Me encargaré de ponerlo en práctica.
Harry sonrió un poco, agradeciendo el intento.
Tal vez Dobby lo había salvado de los horribles sucesos que tendrían lugar en Hogwarts, pero tal como estaban las cosas lo más probable era que muriese de inanición.
Molly se aferró a la mano de su marido, sacando fuerzas. No había derramado ninguna lágrima y no iba a hacerlo ahora. No, no era por ello por lo que necesitaba el apoyo de Arthur. Lo necesitaba para no aparecerse directamente en Privet Drive y darles a los Dursley su merecido. No podía dejar de pensar en el pobre Harry y en lo duro que debía haber sido vivir todo aquello y, cuanto más lo pensaba, más aumentaba su odio hacía aquella gente. Alguna vez se lo haré pagar, se prometió, respirando profundamente.
Se abrió la gatera y apareció la mano de tía Petunia, que introdujo en la habitación un cuenco de sopa de lata. Harry, a quien las tripas le dolían de hambre, saltó de la cama y se abalanzó sobre el cuenco.
Nadie dijo nada, todos estaban demasiado furiosos y apenados al mismo tiempo.
La sopa estaba completamente fría, pero se bebió la mitad de un trago. Luego se fue hasta la jaula de Hedwig y le puso en el comedero vacío los trozos de verdura embebidos del caldo que quedaban en el fondo del cuenco.
-Oh, Harry-dijo Ginny tan suavemente que casi no se la oyó. El pecho de la muchacha dolía al imaginarse a Harry en esa situación.
La lechuza erizó las plumas y lo miró con expresión de asco intenso.
—No debes despreciarlo, es todo lo que tenemos —dijo Harry con tristeza. Volvió a dejar el cuenco vacío en el suelo, junto a la gatera, y se echó otra vez en la cama, casi con más hambre que la que tenía antes de tomarse la sopa.
Sirius conocía de sobras aquella sensación. En Azkaban, no les daban demasiado de comer y, cuando lo hacían siempre acababa teniendo más hambre que antes de empezar.
Suponiendo que siguiera vivo cuatro semanas más tarde, ¿qué sucedería si no se presentaba en Hogwarts? ¿Enviarían a alguien a averiguar por qué no había vuelto? ¿Podrían conseguir que los Dursley lo dejaran ir?
-Claro que sí, Harry-dijo Remus con firmeza.
El muchacho asintió, agradeciendo esas palabras.
La habitación estaba cada vez más oscura. Exhausto, con las tripas rugiéndole y el cerebro dando vueltas a aquellas preguntas sin respuesta, Harry concilió un sueño agitado. Soñó que lo exhibían en un zoo, dentro de una jaula con un letrero que decía «Mago menor de edad».
Harry sacudió la cabeza; realmente tenía sueños muy extraños. Aunque, reconoció para sí mismo, nada comparado con los de ese año.
Por entre los barrotes, la gente lo miraba con ojos asombrados mientras él yacía, débil y hambriento, sobre un jergón. Entre la multitud veía el rostro de Dobby y le pedía ayuda a voces, pero Dobby se excusaba diciendo: «Harry Potter está seguro en este lugar, señor», y desaparecía.
Sirius se mordió el labio con fuerza. Era consciente de su promesa a Harry pero no podía dejar de estar enfadado con el elfo. Si no fuera por él, su ahijado no se hubiera metido en aquella situación.
Luego llegaban los Dursley, y Dudley repiqueteaba los barrotes de la jaula, riéndose de él.
—¡Para! —dijo Harry, sintiendo el golpeteo en su dolorida cabeza—. Déjame en paz... Basta ya..., estoy intentando dormir...
Ron, por primera vez desde que habían empezado a leer sobre el calvario de Harry, sonrió. Recordaba bien aquellas palabras y sabía que, justo en ese instante, su yo del libro se encontraba al otro lado de la ventana. Esperaba que, a partir de ese momento, la lectura fuese menos dramática y pudieran dejar atrás todas la emociones negativas que ese capítulo había generado.
Abrió los ojos. La luz de la luna brillaba por entre los barrotes de la ventana. Y alguien, con los ojos muy abiertos, lo miraba tras la reja:
-¿Qué?-preguntó Tonks con extrañeza. A su lado, Remus y Sirius tenían una expresión parecida.
Snape y Dumbledore tampoco sabían exactamente qué había pasado, pero decidieron dejar que la lectura contestase a sus preguntas.
alguien con la cara llena de pecas, el pelo cobrizo y la nariz larga. Ron Weasley estaba afuera en la ventana.
-Oh…-dijo Sirius y, por primera vez en aquel capítulo, dejo escapar un suspiró de alivio y se relajó considerablemente.
La fuerza con la que apretaba la mandíbula disminuyó y se alivió la tensión que mantenía rígidos sus hombros.
-Ronald Weasley-continuó el animago-, muchísimas gracias.
El muchacho se ruborizó un poco ante la intensidad y gratitud que se encontraban en la mirada de Sirius pero asintió, aceptando sus palabras.
Tonks observó el libro y se sintió agradecida de que el capítulo hubiera acabado. La lectura de este la había agotado completamente y necesitaba reponer fuerzas. De modo que giró la página y leyó.
-"La Madriguera".
Todos los Weasley sonrieron ante la mención de su hogar.
-Hasta aquí el capítulo-anunció Tonks-. ¿Quién quiere leer? Me imagino que algún Weasley-añadió con una sonrisa.
-Imaginas bien-dijo Molly levantando la mano-. Eso si es que nadie de vosotros quiere leer…
Su marido e hijos negaron con la cabeza, sonriendo.
-Para nada, mamá-dijo Ginny-. Todo tuyo.
La mujer sonrió, mientras Tonks hacía levitar el libro hacia ella.
-Gracias-dijo Molly al recibir el tomo-. De acuerdo, esperemos que este capítulo sea más alegre-carraspeó, tomó aire y leyó-. "La Madriguera"
A/N: Hasta aquí este capítulo, espero que os haya gustado. Como siempre gracias por leer y dejad review si queréis :D
