–No me toques —quité bruscamente su mano de mi hombro.

–No tienes derecho a estar molesto, ¡te lo advertimos! El sr. Hyuga no quiere que te vuelvas a acercar a Hinata —habló Temari.

La ignoré y caminé a mi habitación, mi cuerpo estaba tenso por los nervios y frustración, enredé mis dedos en mi cabello y apreté los dientes.

– ¡Que imbécil! —grité lanzando una lámpara contra la pared.

Corrí fuera del departamento, necesitaba salir de este edificio, tomé un autobús hasta llegar al club de Obito, un lugar de ricachones, uno de los mejores de la ciudad con mujeres dispuestas a recibir dinero por una noche.

Entré por la puerta trasera que se encontraba en un callejón vigilada por dos guardias, me dejaron pasar de inmediato.

– ¡Gaara, amigo! Me enteré que lo tuyo con la chica Hyuga se supo oficialmente, su papi ya no te dejará verla ¿cierto? —Deidara se abalanzó riendo sobre mi tratando de abrazarme, lo golpeé tirándolo al suelo, las chicas que se encontraban bailando exclamaron sorprendidas, se miraron entre ellas confudidas hasta que alguien dijo que siguieran trabajando.

Seguí mi camino hasta el segundo piso donde había varias habitaciones para que las chicas llevaran a sus clientes.

La habitación con una puerta negra era a la que me dirigía, alejada de las otras.

–Prepárame uno.

Me senté y saqué una jeringa de la bolsa, no quería pegarme alguna enfermedad por compartir estas cosas. Tomé el cinturón que había en la mesa y lo enrollé en mi brazo con fuerza.

Cuando desperté estaba sudando frío, acostado en un sofá que había junto a la mesa, una patada en mi estómago me hizo toser y removerme tratando de recuperar el aire.

–Obito quiere que tú y Naruto vayan al club que al norte de la ciudad, hoy está lleno.

–No puedo —dije poniéndome de pie apenas— nos reconocerán en esa zona.

Esta vez su puño fue el que llegó a mi estómago.

–Cuando estás drogado me caes mejor —enterrando sus dedos en mi cara me obligó a mirarlo— los quiero allá en una hora.

Me soltó bruscamente haciéndome perder el equilibrio.

–Sasori —Obito estaba en la puerta con los brazos cruzados— ya puedes retirarte.

Reclamando por lo bajo salió de la habitación, Obito me llevó hasta la salida donde me entregó pequeños paquetes con pastillas y hierba.

–Y este —dijo sacando un par de sobres— es la paga, has hecho un buen trabajo como siempre —palmeó mi espalda con fuerza.

Guardé el sobre en el bolsillo de mi chaqueta, la gente estaba solo con camiseta corta por la primavera y yo estaba temblando de frío, caminé por casi media hora hasta que llegué al mejor barrio de la ciudad, donde todos los chicos del instituto se reunían. Les vendí a varios chicos que me encontraría en los pasillos cuando las vacaciones terminaran.

Sasori tenia razón, el lugar estaba lleno y vender la mitad no fue difícil. Estaba cerca de la casa de Hinata, no me tardaría en llegar y trepar hasta su habitación para verla un rato, aun no eran las doce, tengo tiempo para volver y vender el resto.

Reviso los bolsillos en busca de mi teléfono, ahora recuerdo que salí tan exaltado que lo olvidé en mi habitación.

–Tremendo idiota —me digo.

Observo alrededor en busca de una opción y bajo un poste de luz había un teléfono público, me acerqué e introduje unas monedas, troné los dedos de mi mano impaciente.

– ¿Diga?

–Hey, ¿me extrañaste?

.

.

.

–Mentiste, traicionaste mi confianza, destruiste nuestro hogar y obligaste a tu hermana a mentir —dijo seriamente.

–Yo no la obligue a n...

–Te ordené alejarte de ese chico y no me escuchaste, el solo te está usando, Hinata.

–No es cierto.

–Las relaciones a esta edad no son para siempre, creí que eras bastante madura para entenderlo.

–Tu conociste a mi a madre a mi edad.

Suspiré pesadamente sintiendo un nudo en mi garganta, si, la había cagado y en grande. Mi padre me mira seriamente desde su escritorio.

–Te avergonzaste frente a todos nuestros conocidos y me avergonzaste a mí —dijo tirando un sobre abierto sobre la mesa con fotos en su interior.

Saqué las fotografías sabiendo de que se trataba, mi padre ya lo sabía, en las fotografías estábamos en el parque dando un paseo de la mano, en la entrada de mi casa e incluso en la fiesta.

–Desde ahora, las sirvientas se harán cargo de ustedes y darán aviso de cada persona que entre a esta casa.

–Pero...

–Contraté un chofer que las llevará al instituto y traerá de vuelta.

– ¡No! —exclamé— ¡no puedes hacerme esto solo por querer divertirme!

– ¡Si crees que destruir la casa es diversión, estas equivocada! —gritó, se acercó y tomó mi brazo con fuerza— No volverás a ver a ese chico, nunca, no sé qué ha hecho contigo, pero haré lo que sea para alejarlo de ti.

–No puedes hacer eso, no lo conoces, no me dejará.

–Ya lo veremos, estás siendo irracional —me llevo hasta mi habitación y cerró con fuerza.

Tiré de mi cabello con frustración soltando algunas lágrimas, corrí al baño e hice lo único que me tranquilizaría. Salí al balcón para tomar aire, todo ha sido un caos, quiero desaparecer y estar tranquila, extraño a Gaara y a mis amigos, pero estoy encerrada por culpa del neurótico de mi padre.

Creo que lo entiendo un poco, todos desde ayer, han estado hablando en sus programas de chismosos sin vida sobre mí y 'mi revelación adolescente' o una mierda parecida. Idiotas.

El tono de llamada de mi teléfono me hizo saltar del susto, corrí a buscarlo, pero se trataba de un número desconocido.

– ¿Diga?

–Hey, ¿me extrañaste? —habló una voz ronca y pausada.

Mi corazón se detuvo por un segundo para volver a palpitar desenfrenadamente.

–Gaara... Esto es un desastre —reí.

–Lo sé.

– ¿Estás aquí? —pregunté emocionada.

–Sí, quería verte.

– ¿Dónde estás ahora? —salí al balcón y lo vi en la calle junto a un teléfono público saludándome con la mano.

–Tengo que irme.

– ¿Me llamarás cuando llegues a tu casa?

–Tengo que... hacer algo antes —dijo suspirando.

Vi el auto de mi padre saliendo y mi estómago se retorció completamente creyendo que vería a Gaara, suspiré con alivio cuando tomó el camino contrario.

Una idea pasó por mi mente.

– ¿Puedo acompañarte?

– ¿Que? No.

– ¿Por qué no? Quiero estar contigo.

–...Esta bien, ¿y cómo piensas salir?

Corté la llamada y saqué una sudadera con capucha, me coloqué las zapatillas y guardé mi teléfono. Cuando estaba por abrir la puerta noté que esta estaba cerrada.

–Tiene que estar bromeando —dije forcejeando más la puerta— como si no fuera suficiente estar encerrada en esta casa.

Solo había una salida: el balcón.

No podía ser tan difícil, ¿cierto?

Me asomé por la baranda y la caída no podría ser tan dolorosa, tragué duro y comencé a bajar por la enredadera.

– ¡Mierda! —exclamé, mi pie había resbalado, pero alcancé a afirmarme bien.

Corrí lo más sigilosa que pude.

–Como rayos paso ahora...—dije cuando estaba frente al muro que era un poco más alto que yo.

– ¿Hinata? —escuché al otro lado del muro.

– ¿Gaara? ¡Gaara! Por aquí.

En un movimiento subió al muro y paso una pierna quedando sentado con una pierna a cada lado del muro, sonrío y extendió una mano.

–Tu puedes.

Tomé su mano y me subió hasta que pude por mí misma, me senté junto a él y lo abracé rodeando su cuello, besó mi frente, luego mi nariz hasta llegar a mis labios.

–Vamos —dijo al saltar el muro.

Corrimos varias cuadras hasta meternos a un callejón en el centro de la ciudad, desde ahí se escuchaba la música de algún lugar cercano. Gaara estaba tranquilo apoyado en la pared, contaba lo que tenia en unas bolsas y volvió a guardarlas cuando termino.

– ¿Dónde iremos? —pregunté en cuánto paso un brazo por mi cintura para comenzar a caminar a un club.

–Solo no te separes de mí —se detuvo frente a mí y con delicadeza subió la capucha de mi sudadera. Entrelazó su mano con la mía y esperamos junto a la puerta de emergencia, un par de chicos salieron riendo y aprovechamos de entrar, el lugar estaba lleno, subimos al segundo piso y Gaara se apoyó en la baranda y me acercó a él en un abrazo.

Apoyé mi cabeza en su pecho cuando la música fuerte se sentía como un eco en mi cabeza.

– ¿Hinata? —sus brazos se apretaron más en mi cintura— ¡Hey! ¿Estás bien?

–Si —dije.

En cuanto Naruto llegó con mas mercancía, habíamos vendido la mitad, reconocí a varios chicos del instituto que también reconocieron a Gaara. Estaba fatigada, llevaba varias horas sin comer y lo sofocante de este lugar no ayudaba mucho, Gaara lucía cansado y adolorido.

– ¡Gaara! Me alegro de que estés aquí —una chica de cabello verde corrió hacia donde estábamos, empujando a la gente y sin importarle los improperios que soltaban.

–Mierda —dijo Gaara mirando a otro lado, tomó mi mano y trató de pasar entre la gente.

.

.

.

Esto no podía estar peor.

La odiosa de Maiko mira recelosa a Hinata, debo salir de aquí antes de que se ponga peor.

–Vámonos —hablé tomando a Hinata del brazo.

– ¿Quién es? —gritó, la música estaba tan fuerte que mi pecho vibraba.

– ¡Gaara! —Maiko nos seguía.

– ¿Quién es e...

–Solo sigue caminando.

Hinata se volteó y gritó sorprendida cuando la chica que nos seguía tiró de la capucha de su sudadera.

Su grito llamó la atención de algunos chicos, los susurros comenzaron y más gente comenzó a husmear que estaba pasando.

– ¿No es ella...

–Va en mi instituto, oí que está en un gran lío por ese chico.

Muchos comentarios llegaban a mis oídos de todas direcciones, Hinata tiró de mi manga notablemente nerviosa.

Volvió a poner su capucha y agachó la cabeza en lo que yo me encargaba de pasar entre la gente para salir.

En cuanto pasamos la puerta pasé un brazo por su cuello luciendo tranquilo para no llamar más la atención.

– ¡Gaara! —volteé a ver a Maiko que estaba en medio de la calle, pero seguí caminando.

– ¿Quién es? —habló Hinata.

–Ignórala.

– ¡¿Por qué la prefieres a ella?! No te quiere, ¡no como yo! Te dejará en cuanto se aburra de ti.

– ¡Cállate! -grité.

Se acercó a nosotros y estaba por empujarla para que nos dejara en paz, pero agarró a Hinata de su sudadera.

–Nos acostamos, ¿sabes?, Asi que no te creas tan importante —la pelinegra estaba perpleja mirando a la chica que la miraba desanfiante.

– ¡Suéltala, estás loca! —con fuerza tomé su muñeca y la empujé, haciendo que retrocediera unos pasos.

Sin volver a mirar atrás caminé junto a Hinata, todo había salido peor de lo que pensaba, pasé una mano por mi cara frustrado, miré a Hinata pero seguía perpleja, como si aún no procesara todo lo que pasó.

Unos minutos después me empujó con ambas manos en mi pecho y me dio una bofetada que me hizo voltear, su labio temblaba y se abrazaba a sí misma.

– ¿No dirás nada? —preguntó.

–Puedo explicarlo.

– ¿T–Te acostaste con ella?

–Sí, pero...

Otra vez su mano golpeó mi mejilla con más fuerza que la vez anterior. Mordí mi labio negándome a verla a la cara; estaba llorando.

–No quiero volver a verte.

Rápidamente volteé la cara para verla, evadió mi mirada dando media vuelta y dejándome solo.

No debería ser así.

La alcancé y abracé por detrás, no me alejó, pero pude sentir su cuerpo temblando y leves espasmos por el llanto.

–Fue antes de que estuviéramos juntos, estaba ebrio, apenas recuerdo lo que pasó —dije escondiendo mi cara en su cuello.

– ¿Por qué debería creerte? —se movió para que la soltara.

–Es la verdad —fruncí el ceño— te quiero, no es algo que digo a cualquier persona, deberías saberlo.

–Me voy a casa, no debí haber salido para empezar.

Suspiré resignado, la acompañé y la ayudé a subir el muro, fumé hasta que las luces de su habitación se apagaron, me senté en el suelo y apoye mis brazos en mis rodillas. Agaché la cabeza haciendo que varios mechones de cabello fueran a mi cara y suspire resignado.

–Nunca se había metido en problemas, hasta que tu llegaste —Neji estaba a mi lado, observando la habitación de Hinata con las manos en los bolsillos de su pantalón y su rostro serio como siempre. No lo habia escuchado venir— Aléjate de ella.

Estaba acompañado por otros dos chicos. No lograba recordar quienes eran.

–Ni en sueños —finalicé, tirando la colilla a la calle.

Con su mano hizo una seña y uno de sus matones se acercó y me pateó. Me defendí como pude de esos dos, cuando apenas podía moverme se detuvieron.

–Aléjate de ella —volvió a decir.

Escupí la sangre que se acumulaba en mi boca.

–Una paliza no me hará cambiar de opinión.

.

.

.

Bajé por la mañana a la cocina donde las nuevas sirvientas ya tenían el desayuno listo, me senté junto a mi hermana a la que no había visto desde que mi padre había vuelto a casa y le ordenara encerrarse en su habitación mientras discutíamos.

– ¿Estás bien? —preguntó.

–Sí, ¿tu?

Asintió y siguió comiendo, mi padre se sentó con el ceño fruncido de siempre y sin decir una palabra.

Salimos de la casa donde ya nos esperaba la camioneta negra que nos llevaría al instituto.

– ¿Qué es esto? —exclamé— ¿vamos al instituto o vendrá el presidente? —hablé, Hanabi rio y subió de todas maneras.

– ¿Podemos pasar por un helado cuando terminen las clases? —preguntó inocentemente la castaña al chofer, se mostraba bastante serio con lentes negros y boca recta.

–Consultare a su padre.

–Eso es un no —susurró bajando la mirada.

Sentí un dolor en mi pecho verla así, todo esto era mi culpa obviamente, mi padre tenía razón, fui inmadura al solo pensar en mí e ignorar las consecuencias que por desgracia afectan también a Hanabi.

Suspiré profundamente cuando estacionó la camioneta frente al instituto, lo que menos quería era ver a Gaara, la imagen de esa chica diciendo que habían tenido relaciones se repetía una y otra vez en mi mente.

Salí de la camioneta antes de que el chofer abriera por mí, esperé a que Hanabi bajara para cerrar la puerta de un golpe y mirar de mala gana al hombre.

–Por cierto —habló Hanabi cuando la camioneta ya se había alejado— alguien más supo de tu huida anoche.

Parpadeé varias veces analizando lo que había dicho antes de marcharse junto a sus amigos, fruncí el ceño cuando volví a la realidad en la que un montón de idiotas susurraban cosas a mi espalda o peor aún, eran tan idiotas que no disimulaban cuando se decían cosas al oído frente a mí.

–Como pudo cambiar a Sasuke por ese chico, no tiene sentido.

Rodé los ojos.

Apresuré el paso, necesitaba ver a mis amigas, escuchar palabras de apoyo y recibir abrazos.

Lo primero que veo al entrar es a Ino corriendo efusivamente hacía mí, detrás de ella venía Sakura junto a Naruto.

–He visto todo lo que ha salido sobre ti en internet y déjame decirte que son una bola de mentirosos —dijo la rubia abrazándome.

–Lo sé —respondí.

– ¿Te han castigado, cierto? Nunca había visto a tu padre con expresión en la cara, en realidad —bromeó Sakura.

–Hay sirvientas que me vigilan todo el día, aunque no son tan buenas en eso —esto último lo dije bajo, solo para mí misma.

– ¿Has sabido algo de Gaara? No he sabido nada desde anoche —preguntó Naruto algo triste.

Negué con la cabeza y nos sentamos a charlar, mi cuerpo dolía luego de horas sin una dosis, estaba sudando un poco y los chicos mencionaron que estaba más pálida de lo normal hasta que tocaron para entrar a clases, Kiba besó mi frente antes de irse a su salón y Shino solo acarició mi cabello.

–Buenos días, alumnos —saludó Kakashi— señorita Hyuga, tome sus cosas y vaya al salón 2-C.

– ¿Por qué? —protestaron Ino y Sakura.

–Por órdenes de dirección la cambiaremos de salón.

Tomé mis cosas y con la cabeza gacha recibí mi nuevo horario para ir a mi nuevo salón, lo bueno es que estaría con Kiba y Shino.

–Hinata.

Levanté la mirada para encontrarme con los ojos turquesa de Gaara, con un gran moretón en la quijada, el labio inferior roto, hinchado, y varios rasguños en la cara.

– ¡Dios! Gaara, ¿Qué pasó? —solté mis cosas y me acerqué para examinar su cara, apenas puse mis manos en su cara hizo una mueca de dolor cerrando los ojos.

–No importa, ¿dónde ibas? —quitó mis manos de su cara tomándolas entre las suyas, aun sosteniéndolas me seguía mirando en espera de una respuesta.

Sus ojos eran hipnotizantes, los ojos turquesa del chico del que me había enamorado, el mismo que se acostó con otra chica cuando yo lo único que hacía era pensar en él.

Desvíe la mirada y me solté de sus manos.

–Me cambiaron de salón.

– ¿Qué?... ¿Por qué? —me siguió cuando había comenzado a alejarme de el— el salón está en el tercer piso ¿a dónde vas? —con brusquedad tomó mi brazo y me giró, chocando con su pecho.

–Te llevaré a la enfermería —llevé mis manos a su pecho y arrugué su camisa entre mis dedos, de pronto me sentí muy débil.

– ¿Estás bien? —preguntó cuándo apoyé mi cabeza en su pecho y mis piernas flaquearon, me afirmó de la cintura con fuerza.

–Desde anoche que...

–Entiendo.

Llegamos a la enfermería que extrañamente se encontraba desolada.

–Mira —habló Gaara apuntando un pequeño cartel que decía Vuelvo en 1 hora junto a un montón de dibujitos.

Desinfecte sus heridas y en su labio esparcí una pomada para que cicatrizara más rápido.

–Deberían darme una moneda por todas las veces que he limpiado tus heridas —dije.

–Lo siento —respondió— ¿me dejarás explicarte?

–No lo sé.

Suspiró y bajó de la camilla con un semblante triste.

– ¿Puedes... Usar eso en mi abdomen?

Asentí y esperé que se deshiciera de su camisa, entreabrí los labios sorprendida, todo su abdomen estaba amoratado.

– Fue Neji, ¿cierto? —pregunté preocupada— Hanabi dijo que alguien más me había visto.

–Sus amigos, en realidad.

–Pero el dio la orden —dije angustiada.

–Quieren que me aleje de ti.

Nunca creí que llegarían a este nivel, esparcí la pomada suavemente con los dedos por su pecho y espalda, nunca lo había visto tan lastimado.

– ¿Como fue que pasó? Con la chica.

–Fue en una fiesta, solo recuerdo estar muy mareado y desperté junto a ella, me fui en cuanto entendí lo que había pasado —apretó el puente de su nariz con sus dedos— fue antes de pedirte que fueras mi novia, no tuvo importancia.

Guardé los implementos en sus estantes y los cerré con cuidado, su brazo rodeó mi cintura hasta pegarme en su pecho y me daba pequeños besos en el cuello y hombro.

–Hablé con Yahiko.

Mi cuerpo se tensó con solo escuchar ese nombre y lo que significaba.

–Mañana... Mañana terminaremos esto, estará solo con nosotros y bueno... Solo quería despedirme.

– ¿Despedirte? —me giré para verlo a la cara- ¿Qué significa eso?

–Cuando sepan que estuvimos ahí, nos buscarán. Nos ocultaremos, ya tenemos todo planeado.

–Se siente irreal.

–Si nos descubren vendrán por ti, es muy probable —apreté los dientes, aguantando las ganas de llorar— pero estarás segura, me encargaré de que lo estés.

–No quiero alejarme de ti, idiota —no pude aguantarlo más y varias lágrimas corrieron, rodeé su cuello cuando él me abrazó.

–Sólo será por un tiempo —acarició mi cabello apretando más mi cintura con su brazo.

Besé sus labios abriendo un poco la boca para acariciar su lengua con la mía, tiró un poco de mi cabello para que levantar la quijada y poder besar mi cuello, suspiré con satisfacción, inconscientemente llevé mi mano a su entrepierna y presioné sobre su pantalón.

–Si sigues, no me importará hacerte el amor justo aquí.

Mordí mi labio y decidí seguir, volví a besarlo y me alzó hasta sentarme en la camilla, desabrochó mi camisa con una lentitud tortuosa, acarició mis senos por debajo del sostén, gemí entre el beso y el aprovechó de morderme el labio.

–Enserio que te voy a extrañar —dijo, bajándose un poco los pantalones.

Deslizó mis bragas por mis piernas, Gaara se arrodilló metiendo su rostro en mi entrepierna, cubrí mi boca con mi mano cuando la lengua del pelirrojo lamió mi clitoris haciéndome sentir escalofríos por todo mi cuerpo.

–Gaara...

Se recostó sobre mí, con una mano subió mi pierna a la altura de su hombro y la otra en la camilla para no caer sobre mí. Aguanté la respiración hasta que su miembro entró por completo, acaricié su cabello mientras nos besábamos. Enrollé mis piernas en su cintura y moví un poco mis caderas cuando Gaara besó mi cuello y acariciaba mis pechos, sus embestidas se hacían cada vez más rápidas y lograba escuchar ese sonido grotesco cuando su miembro entraba en mi intimidad.

–No te vayas —dije, mi vista estaba nublada y sentía mucho calor en todo mi cuerpo.

–Lo siento —respondió con molestia.

Tensé la mandíbula y me sostuve de sus antebrazos, mi vientre dolía, pero sentía placer por su repentina rudeza, solo podía pensar en eso y en sus ojos turquesa que me observaban fríamente.

Gemí por última vez cuando se corrió estando dentro de mí, estábamos exhaustos, apoyó su frente en la mía y nuestros alientos entrecortados chocaban, besó suavemente mis labios antes de comenzar a vestirse en silencio.

Abroché mi camisa y recogí mis bragas que habían terminado en el suelo, me senté en la camilla y fruncí el ceño distrayéndome con cualquier cosa para no mirar fijamente a Gaara.

Mordí mi labio inferior y deslicé una mano por mi mejilla deseando que Gaara no haya notado que estaba a punto de llorar de nuevo.

–Oye —habló.

Alcé la mirada cuando se metió entre mis piernas para abrazarme aún sentada en la camilla.

–Lo siento, por lo de recién, estaba molesto.

Acarició mi mejilla con su pulgar, asentí no tan convencida por su mirada fría y rostro inexpresivo, tener un indicio de si algo le molestaba o agradaba era algo imposible.

–Estoy bien... Vayamos a clase —finalicé.

En total silencio fuimos a mi nuevo salón, se despidió con la mano antes de que tocara la puerta, apreté mi mano empuñada con fuerza enterrándome las uñas en la palma.

– ¡Gaara! —exclamé, se dio media vuelta y sonrío cuando iba corriendo a abrazarlo, rodeé su cuello y me levantó por la cintura, escondí mi cara en su cuello apretando mas mis brazos alrededor.

–Tengo un mal presentimiento de esto.

–Todo saldrá bien, lo prometo.

Salí del instituto con sigilo, ya fuera le envié un mensaje de texto a Naruto para que nos reuniéramos en mi casa.

Dejé la bicicleta junto al auto de Yashamaru, esa mañana al volver a casa y luego de largas discusiones con mis hermanos sobre mi estado al llegar, solo pude pensar en una palabra.

Hipócritas.

Hace un año lo que menos les importaba era donde estaba metido.

Metí una sudadera negra a la mochila, un jeans y una pañoleta blanca algo rota, busqué entre mis cosas algo de dinero, pero solo encontré un par de billetes y monedas.

Saqué las llaves del auto de mi tío y me apresuré a llegar al estacionamiento, subí al auto y en unos minutos me encontraba en mi antiguo 'hogar'.

Naruto estaba junto a la puerta y sonrió en cuanto me vio, pasé una mano por arriba de la puerta y saqué una llave.

Casi corriendo entré a mi habitación, corrí la cama y unos muebles con algo de prisa haciendo un desastre.

–Gaara, ¿qué estás haciendo?

Me arrodillé y levanté una de las tablas sueltas en el piso, metí la mano y tiré de un bolso negro.

– ¿Qué es eso?

–Ábrelo —dije.

Con inseguridad abrió el bolso, metió la mano en su interior y sacó una 9mm, me miró sorprendido y siguió hurgando, eran dos armas y un par de cajas de balas.

– ¿Cómo conseguiste esto? Están geniales, dattebayo —exclamó sosteniendo el arma con ambas manos y apuntando a la pared.

–Obito me las regaló cuando cumplí quince.

– ¡¿Que?! A mi sólo me regaló navajas automáticas.

–Porqué sabe que eres un despistado y probablemente te pegarías un tiro a ti mismo por accidente.

Envolví una de las pistolas en la pañoleta, era ligera y fácil de usar, perfecta para unas manos temblorosas por los nervios.

–Y...¿Para qué es todo esto?

–Obito nos pidió el otro día que lo acompañáramos a revisar mercancía —respondí— si algo sale mal, solo estas armas nos protegerán.

– ¿D–De que hablas? Yahiko...

–Es por precaución, solo actúa normal y Yahiko hará el resto —finalicé entregandole una.

Repartimos municiones y nos largamos de esa casa, me detuve en una luz roja y observaba despreocupadamente la gente cruzar la calle.

– ¿No hay otra manera?... Podríamos huir, irnos de la ciudad.

– ¿Como? —empuñé mis manos alrededor del volante— no tenemos suficiente dinero. Y ya conseguimos todo aquí.

–Sabes que tendremos que huir de cualquier manera, ¿cierto?

–Es diferente, solo será por un tiempo, sin Obito todos se iran y... Los demás no tienen por qué involucrarse.

Pisé fuerte el acelerador, esto tal vez saldría peor de lo que imaginábamos, lo peor sería que nos encuentren, ese sería nuestro fin.

Espero que Hinata lo entienda.

Entramos en un callejón y la casa rodante de Yahiko se encontraba enganchada a una camioneta.

Konan salió golpeando la puerta y llorando, detrás de ella la seguía Yahiko, nos miró y se acercó para darnos una bofetada. Entró en la camioneta y se largó a quien sabe dónde. Ambos miramos a Yahiko con confusión y con una mano en la mejilla.

– ¿Que ha pasado? —preguntó Naruto sobándose la mejilla golpeada.

–Solo está algo alterada —respondió, al igual que nosotros tenía la mano de Konan marcada en la cara, se hizo a un lado cuando la camioneta sacó la casa rodante del callejón.

– ¿Qué es eso?

– ¿Esto? —señaló Yahiko el bolso negro que traía— esto nos librará de ese tipo. Alcance de dos kilómetros, un tiro y adiós.

Naruto se rascó la nuca algo incómodo, di media vuelta para volver al auto, aún tenía cosas que hacer antes de desaparecer.

– ¿A dónde vas? Gaara.

–Vuelvo en una hora.

.

.

.

Suspiré con satisfacción sintiendo mi cuerpo perder la tensión, boté todo y volví al salón con Kiba que me esperaba fuera del baño, Sakura y Ino aún seguían lamentando que me cambiarán de salón pero saben que no hay nada que hacer.

–Hinata —volteé y Ino se acercaba arrastrando a Sakura del brazo— iremos al centro comercial después de clases, ¿te gustaría...

–Lo siento, chicas, ya saben, chófer, padre furioso —dije.

–Lo había olvidado —habló Ino con tristeza— tratáremos de ir a tu casa.

El maldito timbre anunció el inicio de la siguiente clase, me senté junto a Kiba y trataba de fingir que todo lo que decía me causaba gracia, este día era tan deprimente que deseaba tirarme de este edificio, ordené mis cosas en la mochila para irme a casa, me despedí de los chicos y esperé en la entrada la camioneta que se supone nos llevaría a casa.

–Hay alguien esperándote justo ahí —habló Hanabi que acababa de llegar.

Me esperaba apoyado en la pared, fumando un cigarrillo, había cambiado su uniforme por sudadera y jeans, su cabello, rojo y desarreglado como siempre.

–Le dije todo a Neji.

Enarqué una ceja.

– ¿Decir qué?

–Todo, Hinata, estarás en casa por un tiempo, te dije que me aseguraria de que estés segura y esta es la única manera.

– ¿Que hiciste? —exclamé empujándolo.

Su rostro seguía impasible, mordió su labio y bajó la mirada.

–Estarás bien, y quiero que... Tengas esto, mantenlo oculto y cerca de ti —dijo entregándome algo envuelto en un paño.

– ¿Qué es? —estaba por desenvolverlo hasta que el me detuvo.

–Mantenlo oculto.

Lo guardé en mi mochila y miré a Hanabi, me hizo unas señas y vi la camioneta que estaba por estacionar para llevarnos a casa y a Neji salir del edificio más que alterado.

–Te quiero, ¿lo sabes, cierto? Volveré y todo estará bien —tomó mi mano con fuerza y me acercó a su pecho.

Neji tiró de mi hombro para alejarme de Gaara, no quería soltar su mano, no aún, el pelirrojo desvío la mirada y me soltó, me dejé llevar por Neji hasta entrar en la camioneta, me estaba regañando, pero no podía entender lo que me decía. Seguía mirando a Gaara que no se había movido, con las manos en los bolsillos y sus ojos tapados por el flequillo de su cabello, abracé con fuerza mi mochila pensando en lo que había en esa pañoleta.

Tragué duro.

Mi vida se volvería un infierno en poco tiempo.