– ¿Crees que esto esté bien?

–Naruto, ¿tienes otra idea? —regañó Yahiko— si Obito muere, todos se irán. Ese hombre los manipula a tal punto que creen que tienen que dar su vida por él, es hora de que despierten.

– ¿Por qué? —pregunté.

–Por lo mismo que ustedes, los hace sentir importantes y valiosos. Los niños sobre todo, son fácil de manipular. En los barrios de Suna le muestras un par de billetes y se sentirán afortunados.

–Eso tiene mucho sentido —exclamó Naruto en una pose de pensador.

Rodé los ojos y me senté a la orilla del edificio, con las piernas colgando, desde esta altura todos parecen hormigas insignificantes. Prendí un cigarro y expulsé el humo de mis pulmones formando pequeños círculos.

– ¡Mierda! —gritó Naruto por el sonido del disparo.

Volteé a verlo fastidiado, sonrió con nerviosismo y dejó el arma en el bolso con cuidado.

–Lo presioné por accidente, lo siento dattebayo.

–Vengan —habló Yahiko— será sencillo, luego de dispararle nos reuniremos en la entrada de este edificio, Konan vendrá por nosotros, sospecharán de nosotros obviamente, ¿qué harán?

–Nos moveremos por la ciudad, no podemos volver a casa.

–Konan y yo volveremos a Amegakure.

Sonó el teléfono de Naruto y la tensión se hizo presente, sacó el teléfono de su bolsillo y contestó fingiendo simpatía, asintió un par de veces y colgó.

–Está por llegar.

Bajamos por la escalera de emergencia al costado del edificio, escondimos las armas entre la ropa y unos segundos luego de llegar al lugar del encuentro Obito llegó en su lujoso auto negro, bajó arreglándose la corbata con una sonrisa altanera, tomo un maletín de dentro del auto y se lo entregó a Naruto.

– ¿Listos para trabajar? Los demás llegarán más tarde, hay kilos para organizar y vender.

Se detuvo frente a nosotros.

– ¿Por qué están tan callados?

–No es nada —habló Naruto sonriendo.

El estruendo de un motor nos hizo voltear en busca del origen del ruido, dos autos se estacionaron frente al almacén, de uno de ellos bajó Deidara y del otro auto, Hidan.

¿Qué mierda hacían ellos aquí? Se suponía que vendrían más tarde, esto significaba que nuestro plan estaba arruinado.

Miré a Naruto, se veía resignado por la mala suerte que teníamos.

Mi teléfono sonó, las miradas de todos los presentes se centraron en mí, saque el aparato de mi bolsillo y me aleje para contestar.

– ¿Quién es? —pregunto Obito.

–Mi hermana, no tardare.

Me apresuré a alejarme para no levantar más sospechas.

– ¿Quién es? —preguntó Naruto.

–Actua normal, ¿Qué haremos ahora? Vaya mala suerte.

–Me estaba preguntando lo mismo, ¿esperaremos por otra oportunidad?

–No creo que tengamos tanta suerte para la próxima, si esos dos no se van, dispararé en cuanto encuentre una buena vista.

Tiré de mi cabello y suspiré con fastidio.

–Está bien, adiós.

Guardé el teléfono y volví con los demás, entramos al almacén y había unos hombres con ropas de cuero y barba, Obito los saludó con un apretón de manos y los hombres sin perder el tiempo comenzaron a sacar los paquetes con droga de sus camionetas, Obito observaba con los brazos entrecruzados cada movimiento de los hombres.

–Eso es todo —dijo uno de ellos— ¿tienes el dinero que prometiste?

–Claro que sí, amigo, ¡Naruto, trae el maletín!

Naruto corrió con el maletín sobre su cabeza hasta llegar donde Obito y esos hombres, lo puso sobre la camioneta y lo abrió, efectivamente el maletín estaba lleno de fajos de billetes.

–Bien —hablo el que parecía ser el jefe, tenía una voz grave y profunda— volveremos a vernos, pronto.

–Adiós —Obito movía su mano despidiéndose con una sonrisa amable y hasta algo infantil— bueno, metan todo al auto y volvamos.

Tomé todos los paquetes que pude y sali del almacen, desvie mi vista hacia el viejo edificio frente a nosotros, Yahiko hizo una seña y se agacho para no ser visto.

El disparo hizo eco entre los edificios, Obito cayó golpeándose contra su auto, presionando con fuerza su hombro derecho.

– ¡Pero que mierda! —grito furioso.

– ¡Allí está! Es Yahiko —grito Deidara apuntando el edificio, entreabrió los labios sorprendidos para luego mirarnos con enfado— ¡es una trampa! —retrocedió, saco un arma y apuntó a Naruto.

Agarré a Naruto de su sudadera, se había paralizado y lo arrastré detrás del auto y nos agachamos, quité el seguro de mi arma para proseguir a disparar contra Deidara y Hidan, Naruto estaba del otro lado del auto.

– ¡Mierda! —exclamé cuando una bala casi me da.

Le disparé a Hidan que iba corriendo a refugiarse detrás de una pared, al parecer estaba desarmado, lo que significaba que solo Deidara podía cubrir a Obito.

Observé a Yahiko que hacia señas, luego de entender a que se refería saque mi teléfono de mi pantalón y contesté.

–Entra al auto.

– ¿Qué? —exclame— estás loco, seriamos un blanco fácil.

– ¡Hazlo! En este momento Deidara está tratando la herida de Obito, ¡es ahora o nunca, Gaara!

Corté la llamada y abrí la puerta del auto con cuidado, Naruto giro a verme confundido, le hice una seña con la mano para que entrara y le dije que se mantuviera agachado, respiré hondo para meter la llave y acelerar.

Iba a toda velocidad hacia el auto de Obito, Deidara apareció con el hombre malherido, disparó rompiendo el parabrisas de mi auto y me agaché sin dejar de presionar el acelerador, golpeé mi cabeza en el volante con una fuerza brutal al estrellarme. Sentí un molesto pitido y veía todo borroso, sentía los disparos pero no sabía si venían o iban, toque mi frente con mi mano y la vi manchada de sangre.

– ¡Hay que irnos, muévete! —Naruto gritaba tratando de empujarme al asiento del copiloto.

Gruñí cuando me arrastré a los asientos traseros, todo mi cuerpo dolía, sobre todo mi cabeza. Cai algo incómodo cuando Naruto aceleró, los disparos habían cesado, me senté correctamente dejando reposar mi cabeza en el asiento y suspiré acariciando mi cuello, me volteé y Deidara gritaba en medio del lugar, con sangre en su camisa.

– ¿Qué paso? —pregunté frotando mi cara.

Frenó y subió Yahiko al asiento del copiloto, a los lejos se escuchaban las sirenas de la policía y Naruto se metió por un callejón para salir de ahí sin ser vistos.

–Se terminó —dijo Naruto riendo nervioso.

–Obito está muerto —afirmo Yahiko volteando a verme— ¿estás bien?

Mi vista se oscurecia y me sentía agotado.

– ¿Gaara? ¡Hey, no te desmayes!

– ¡Aguanta Gaara, dattebayo!

.

.

– ¡Has pasado todos los limites, todos! ¡No te detienes de sorprenderme, te comportas como una malcriada! —gritaba recorriendo mi habitación.

Puse una mano sobre mi boca para evitar gemir por el llanto, en cuanto Neji salió de su despacho luego de contarle todo, mi padre, no esperó por venir a mi habitación y darme la bofetada más dolorosa que me había dado en mi vida.

–Llamare a la directora para avisar que no iras al instituto por un tiempo, un doctor vendrá a examinarte y te quedarás aquí —dijo, ahora con un semblante melancólico, cerró los ojos y negó con la cabeza— ¿Qué diría tu madre, Hinata?

Lo miré a los ojos sorprendida, mordí mi labio y las lágrimas no paraban de humedecer mis mejillas, salió de mi habitación y escuché como cerraba con llave, pateé la mesita junto a mi cama volteándolo y tirando todo lo que había sobre él, me tiré de rodillas al suelo abrazándome a mí misma, no podía soportarlo.

Seguí destruyendo mi habitación en un intento de liberarme del dolor que todo esto me provocaba, hasta que accidentalmente golpee la puerta de vidrio que daba a mi balcón rompiéndolo y como resultado cortando mi brazo con los trozos de vidrio. Grité asustada y caí al suelo, observe mi brazo y la sangre corría hasta mi codo para finalmente caer a la alfombra de mi habitación, no sabía exactamente donde tenía los cortes por toda la sangre que había en mi brazo, pero no quería indagar por temor.

Mi cabeza dolía como si estuvieran golpeándola con un martillo, por primera vez en mucho tiempo, me detuve. Estaba exhausta, me arrastré hasta mi cama y apoyé mi cuerpo en ella, juré haber escuchado a alguien de la servidumbre llamar a mi padre.

Pasos apresurados se acercaban a mi habitación.

– ¡Abre, deprisa!

Mis ojos comenzaban a pesar, solo quería dormir y olvidar todo, la puerta se abrió y solo vi las piernas de las personas que entraron, corriendo, pude ver que uno de ellos era Neji por que se agachó para golpearme suavemente la mejilla tratando de hacerme reaccionar.

Estoy perdiendo el conocimiento, pero aun puedo escucharte Hanabi, estás llorando por tu tonta hermana mayor, ¿Qué clase de ejemplo le estoy dando a mi hermana? Recuerdo cuando te vi por primera vez, eras tan pequeña que temía que si te tocaba te lastimaría, ese día prometí protegerte de todo.

Mi padre llega a mi lado y me levanta entre sus brazos, puedo ver que dice algo porque sus labios se mueven, pero no entiendo que es lo que dice, me saca de la habitación y solo puedo fijarme en su expresión, está asustado y su frente esta perlada de sudor, mi vista tiene una espesa nube negra alrededor, cierro los ojos, dejándome vencer por el cansancio.

.

.

Dos semanas después

–Buenos días, señorita —saludó amablemente la enfermera, entrando a mi habitación con un carrito.

–Buenos días —respondí con menos animo, me senté en la cama y la mujer sonrió.

Me entregó un pequeño vaso, en su interior estaban los medicamentos que me correspondían diariamente y otro con agua, la enfermera se quedó en mi habitación observándome hasta que consumiera todos los medicamentos, me incomodaba, pero no podía hacer nada, lo hacían con cada uno de los pacientes para asegurarse de que si los consumían correctamente.

– ¿Noticias de su novio, Srta. Hyuga?

Negué con la cabeza.

–Ya aparecerá, siempre vuelven —exclamó con una sonrisa.

–No es tan fácil —susurré.

La enfermera suspiró, cada día, desde que llegó a este lugar, trataba de animarme. Es una mujer bastante hermosa, tiene el cabello castaño al igual que sus ojos que siempre están brillando. Tiene unas extrañas marcas rectangulares en ambas mejillas, de color purpura, lo que me hace recordar de vez en cuando a las marcas de bigotes de Naruto.

Es curioso y algo incómodo, pocos días después de llegar al centro de rehabilitación, nos hicimos algo cercanas, llegando a contarme algo de su vida, como que creció en Konoha pero se fue para seguir sus estudios, y volvió para el funeral de su amigo de la infancia, Obito Uchiha.

Fue inquietante saber que ese tipo de hombre pertenecía a tan noble familia, también llegué a preguntarme si era muy cercano a Sasuke, no pude evitar preocuparme sobre todo sabiendo que Gaara era cómplice de su asesinato.

– ¿Cómo se encuentra tu brazo? —habló apuntando mi brazo derecho.

–Ha cicatrizado bien —respondí, las heridas no habían sido tan profundas, perdí algo de sangre y estaba estresada por todo lo que estaba pasando, hasta que colapsé.

– ¿Y... el otro? —volvió a preguntar refiriéndose al brazo en el que solía inyectarme.

–Bueno... el doctor dijo que mis venas no se estropearon y en un par de meses estaré bien de salud.

Se acercó y acarició maternalmente mi cabello.

–Créeme, hay cosas por las cuales vale la pena esperar —dijo melancólica, mirando la foto en la pared en la que salía junto a Gaara, de fondo estaba el parque y árboles de cerezo, volvió a sonreír como si nada y cogió el carrito— bueno, tengo que seguir, nos vemos en el almuerzo.

Cerró la puerta y salí de la cama con pereza, abrí la ventana y observé el patio a través de la reja, era algo molesta, pero supongo que es por seguridad. La habitación era mucho más pequeña que la mía, tenía una cama de una plaza junto a la pared, sobre ella estaban las muchas fotos que las chicas habían traído para mí en una de sus visitas y que habían puesto en la pared con tanto esmero.

Ordené mi cama y tomé una ducha, era recién mediodía y quería salir a tomar aire fresco, vestí un short de jean y una blusa delgada color amarillo pálido. Salí de mi habitación que se encontraba en el segundo piso, el patio era simplemente hermoso. Había una fuente frente al edificio, todo estaba rodeado de césped y flores, caminos de piedra y bancas para descansar, me recordaba un poco al instituto, me senté en una de las bancas alejadas de todos, no había árboles en el patio, solo los que rodeaban la muralla.

A esta hora mis amigas deberían estar en clases, si solo pudiera llamarlas para no sentirme tan deprimida como lo estoy ahora, el mismo día que llegue aquí mi teléfono fue a parar en una caja junto a los de otros nuevos pacientes.

De Gaara... nadie sabe. Sakura dice que no han aparecido en el instituto, desaparecieron sin causa alguna, o eso es lo que piensan todos.

Un día fueron al departamento de Naruto y este se encontraba destrozado, habían volcado los muebles, las ventanas estaban rotas y había hoyos en la pared, pero no se encontraba la ropa del rubio, ni su perro.

Sus hermanos también vinieron a verme junto a su tío Yashamaru, el primer día que vinieron me interrogaron por si sabía su paradero, estaban preocupados, no había vuelto a casa y encontraron el auto que su tío le había prestado repleto de agujeros de balas y con sangre en los asientos, en los hospitales y comisarias tampoco lograron encontrarlo.

Y eso solo podía significar que él había logrado escapar, tenía fe en eso, su familia estaba alterada pero no podía hablar, lo comprendí un par de días después de la última vez que lo vi, solo quiere protegernos.

– ¿Perdida en sus pensamientos de nuevo, Princesa Hyuga? —una voz burlona se acercó.

–Hola, Tayuya —respondí entre dientes, la pelirroja busca fastidiarme desde que llegué aquí.

–Pensando en cómo escabullirte en la enfermería, ¿eh? Creo que hasta sueñas con esas jeringas —dijo riéndose escandalosamente sentándose en la banca.

–Si mal no recuerdo, fue a ti a quien agarraron robando medicamentos la otra noche —volví a responder, con una sonrisa triunfante por el sonrojo de la chica.

–Como sea —exclamó cruzando los brazos.

Reí admirando las nubes, las enfermeras hicieron sonar unas campanillas que indicaban que era hora del almuerzo, entramos al gran comedor, repleto de chicos de hasta veinticinco años, mi padre como siempre se encargó de enviarme a uno de los mejores centros de rehabilitación juvenil para que trataran mi adicción, después de todo comprendió que no iba a arreglar nada gritándome y encerrándome en mi habitación.

Me puse en la fila y tomé una bandeja para sacar con las tenazas algo de la gran variedad de comida, no tenía mucha hambre realmente, eché una pequeña porción de fideos en mi bandeja, ensalada de tomate y una soda en lata. Tayuya por otro lado, lleno su bandeja hasta que no pudo poner mas comida en ella.

– ¿Qué te parece hoy, cariño?

– ¿De qué hablas? —enarqué una ceja.

–Ya sabes —dijo sentándose frente a mí— salgamos de aquí, solo una noche.

–No —dije comiendo un poco de tomate.

–Que aburrida eres.

Le sonreí y ella me miro con fastidio, hace unos días se le metió en la cabeza que podríamos salir para divertirnos y no ha cesado desde entonces.

–Mira, tus amigas las sin cerebro han llegado —habló Tayuya apuntando detrás de mí con sus palillos, le lancé un poco de arroz por idiota.

Volteé a ver y efectivamente ahí estaban, en cuanto Ino y Sakura lograron verme corrieron sonriendo y se sentaron en la mesa.

– ¿Cómo estas, Hinata? —preguntó Ino— si te preguntas por que no han venido los demás no te preocupes vendrán más tarde, Neji y Ten Ten tenían unos asuntos en el instituto así que...

–Ino, cállate —exclamó Sakura— lo siento Hinata, tenemos mucho que contarte y esta cerda esta por explotar si no lo dice.

–Claro, su pequeño cerebro no soportara tanta presión —habló Tayuya riendo, Ino la miró con desagrado.

–Hablemos en privado —dijeron ambas, me despedí de Tayuya y fuimos al patio a sentarnos en la banca de la mañana.

– ¡Tuve sexo con Shikamaru! —exclamó Ino tapando su cara con sus manos.

–Ay, cerda —dijo Sakura con una mano en su frente— no tenías que decirlo así.

– ¿Como pasó? —pregunté emocionada, por fin esos dos comenzaban a aceptarlo.

–Bueno, luego de que lo mío con Sai no funciono ya que él decía que yo sentía algo más que amistad por Shikamaru, resultó ser verdad, el sábado fui a su casa y luego de que Chouji se fuera quedamos solos ya que sus padres no estaban, ¡fue tan romántico, Hinata! Me confesó que siempre me ha querido más que una amiga, pero no quería admitirlo, me besó y fue tan tierno en todo —explicó con ambas manos sobre su pecho y ojos brillantes.

–Me alegro por ustedes, Ino —sonreí amablemente.

–Ahora lo más importante —Sakura estaba seria, eso aumentó mi curiosidad— hablamos con Naruto.

– ¿Qué? ¿qué les dijo? ¿están bien?

–No dijo mucho, le contamos que estás aquí, vendrá a verte para hablar contigo.

Bajé la mirada y mordí mi labio, ahora tendría que esperar a Naruto para poder saber algo de Gaara, charlamos hasta casi dos horas, las chicas habían traído de regalo rollos de canela para mí.

Cuando se marcharon yo continué en la banca disfrutando el día, sentados en el pasto y bien alejados de todos, se encontraba Tayuya y su novio, el chico era agradable a pesar de su apariencia de chico malo, al igual que Gaara, solo que Gaara si solía ser desagradable con la gente.

Saliendo del edificio no pude evitar fijarme en un chico, no podía ver su rostro ya que tenía puesta la capucha, parecía estar buscando a alguien, cuando miro hacia mi dirección pude ver esos bigotes inconfundible y cabello rubio, conectamos miradas y avanzó hacia la banca, fijé mi vista en el suelo y enterré las uñas en la madera de la banca, mi corazón latía fuerte y solo porque podría saber algo de Gaara, aún seguía mi vista en el suelo y solo vi las zapatillas naranjas de Naruto frente a mí.

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.

.

Corrí con el pie las latas de cerveza en el suelo, mi cabeza dolía como el demonio, me acerqué a la ventana para observar la ciudad, el día no era agradable como otros. Volví para recoger todo e irme, ya llevaba tres días aquí.

Desde hace dos semanas, he estado moviéndome de lugar en lugar alrededor de la ciudad buscando donde pasar un par de días, un día me encontré con Naomi, dijo que Akatsuki seguía buscándonos, pero desistían de a poco y se decía que planean separarse e irse. Esa era una buena señal, pero no podía relajarme solo por eso, de Naruto no he sabido nada desde hace una semana, nos separamos para despistar a los que nos buscaban. Hace solo un par de días vi a unos chicos de apariencia extraña preguntando por nosotros a unos vecinos cuando estuve en un departamento vacío.

Así sobrevivía, si lograba encontrar un lugar vacío, me quedaba un par de días y me largaba, otras veces no tenía tanta suerte y no me quedaba de otra que dormir en la calle.

Con mochila al hombro salí del edificio, tenía poco dinero y un par de cigarros, al pasar frente a un auto pude notar que mi cabello estaba bastante largo, lo tiré para atrás dejando mi frente descubierta.

Entré a un pequeño local por un refresco y algo para comer, camine hasta la banca más cercana para comer tranquilamente. Tal vez era hora de buscar a Hinata, si me extraña tanto como yo lo hago, le alegrará verme.

En esa parte de la ciudad no hay riesgos. Apoyé mi espalda en la banca quedando recostado y con las piernas entreabiertas, entrecerré los ojos por el sol que daba directo a mis ojos. Una mujer y su pequeña pasaron por mi lado, la pequeña sonrió estirando su mano hacia mí, la mujer, asustada, apegó su bolso con recelo a su cuerpo y tomó bruscamente la mano de la pequeña para irse rápidamente, la pequeña sin importarle el comportamiento de su madre se volteó para despedirse de mi con su manito.

Sonreí de lado.

Terminé de comer el ultimo onigiri y boté la lata de refresco, mire en ambas direcciones, camino que tomara seguiría caminando sin rumbo alguno.

Fui a la dirección opuesta de la mujer y su pequeña, tenía que recorrer toda la ciudad si quería llegar a mi antigua casa, el dinero se estaba acabando al igual que las drogas. Era arriesgado, casi estúpido ir ahí cuando solo ha pasado una semana, pero si esperaba hasta la noche y iba con cuidado, todo estaría bien.

Miré por tercera vez desde mi escondite, habían unos chicos fumando en la esquina de mi casa, esperé a que se fueran y corrí al patio trasero, salté la cerca y segui agachado, cuando abrí la puerta no me esperaba que dentro estuviera la persona que menos quería ver, observándome con asombro.

– ¿En que lío te has metido? —exclamó, volviendo a su típico ceño fruncido.

–Veo que ya te liberaron —solté con acidez.

–No seas idiota. No es buen momento para que vuelvas —exclamo cerrando las cortinas.

Lo ignoré y subí a mi habitación.

–Llamaré a Yashamaru.

Bajé con calma y le arrebaté el teléfono de las manos.

–Nadie debe saber que estoy aquí.

-Deben saber que estas bien, tu hermana ha sido un grano en el culo desde que desapareciste —exclamó.

Cerré con pestillo y me lancé en la cama, de alguna manera, se sentía bien estar aquí, tal vez solo es el cansancio que me hace pensar estupideces, el único dolor en el cuerpo que disfruto es el que tengo luego de una noche de buen sexo con Hinata.

Joder, que no daría por volver a estar con ella unos minutos.

Cierro los ojos por unos segundos, pero mi padre comienza a golpear la puerta, gruño fastidiado para darme cuenta de que ya era de día. Hago una mueca de confusión y me levanto a abrirle.

–El desayuno está servido —dijo, se retiró de inmediato.

-–¿Sabes cocinar? —pregunté.

–Claro que sé, come —respondió dejando frente a mi sopa miso, además del arroz había preparado pescado, onigiris de umeboshi y tamagoyaki.

–Tu madre solía preparar esto.

–Lo recuerdo.

Comimos en silencio, era nostálgico recordar a mi madre después de tanto tiempo.

–Estoy en rehabilitación —soltó de repente, avergonzado— Esta vez me haré cargo de mis hijos como se debe.

Bajé la mirada, no podía simplemente fiarme de sus palabras por haber preparado el desayuno.

–Ya he escuchado eso antes, tres veces exactamente.

Por primera vez en la semana me bañé con agua caliente, se sentía como si hubieran pasado años en el infierno para volver al paraíso, pero no del todo. Cuando volví a mi habitación por ropa recordé que solo tenía dos cambios y ambas estaban sucias, no me quedo de otra que buscar entre las cajas donde estaba la ropa vieja, busqué en la caja de Kankuro que estaba hasta el tope de ropa, cogí una polera color azul oscuro y unos pantalones negros.

– ¿Cuándo planeas decirle a tus hermanos?

–Pronto.

–Siempre fuiste un busca problemas, Gaara, me recuerdas a mi cuando joven —rió apoyando sus antebrazos en las rodillas y entrelazando sus manos— creía que sabía todo del mundo.

– ¿Y qué cambió? —seguí, interesado en el rumbo de la conversación.

–Tu madre, por ella cambié, la amaba... cuando murió fue...—se quedó en silencio.

Me senté junto a él en el sofá, imitando su forma de sentarse.

–Fui egoísta, me hundí en mi dolor sin darme cuenta de que los demás también sufrían.

Lo recordaba, cuando pequeño mi padre frecuentaba encerrarse en su habitación y si escuchabas atentamente, lograbas sentir su llanto, siempre lo hacía escondido de todos, fingiendo encerrarse por estar molesto.

–Tus hermanos saben que volviste a la adicción.

–Lo supuse -dije.

Lo primero que harían si desaparezco es meterse en mi habitación.

–Pero no saben lo que dicen aquí, dicen que mataste a un tal Obito. Hay idiotas todos los dias fuera de la casa, esperando.

–Solo vine a buscar dinero que tenia reservado, me iré pronto.

–Sabía que por lo menos uno de ustedes tenía dinero escondido, ¿donde lo escondias, sabandija? ¿Tienes algo para mi?

Esperé toda la tarde sentado en la cama, mi padre me dejó la cena y esperé a que se fuera a dormir para salir por la ventana en la noche, al alejarme lo bastante entré en razón, en realidad no sabía dónde demonios estarían todos. Si mal no recuerdo, hoy es viernes por la noche, por fin un poco de suerte en el momento indicado, solo tenía que recordar a que lugares de pijos solían llevarme con Hinata.

–Vaya, es Gaara —dijo con su inquietante y permanente sonrisa.

–Sai, necesito que me ayudes a buscar a Naruto.

–Bueno, él debe estar con Kiba ahora mismo, en la casa abandonada.

– ¿La casa... está en una fiesta?

Llevé mi mano a mi frente, ir a una fiesta era una pésima idea.

–Vale, te debo una.

–Gaara, ¿estas drogado de nuevo? —preguntó.

–No —respondí.

Corrí por las escaleras, estaba tan cerca de conseguirlo que no podía siquiera esperar para el ascensor, tomé el autobús y esperé pacientemente para llegar al lugar.

En realidad, estaba a un pelo de gritarle al conductor que se apresurara.

Mordí mis uñas mirando por la ventana, no debía hacerme ilusiones tan pronto. Pude ver a lo lejos la casa abandonada con luces y varios autos estacionados. Bajé del autobús y camine el largo trecho que había hacia la casa, entré sin llamar la atención de nadie y cuando llegue a la pista donde la gente en montón bailaba decidí quitarme la capucha, recorrí el lugar soportando empujones.

– ¡Gaara!

Voltee al escuchar la voz escandalosa de Naruto, gire completamente mirando por todo el lugar y no pude encontrarlo, tal vez solo fue mi imaginación.

– ¡Gaara! ¡Por aquí, dattebayo! —volvió a gritar, esta vez logré verlo a unos metros, movía su brazo con energía.

Corrió hacia donde me encontraba y me abrazó efusivamente.

– ¡Me alegro de verte, amigo! Ven, vamos a sentarnos.

Lo seguí a unos viejos sillones con una mesa de café en frente, ahí también se encontraba Shino y Kiba, el ultimo se levantó lanzando su vaso lejos y avanzando hacia mí.

– ¡Kiba, ya hablamos sobre esto! —Naruto lo empujó lejos cuando él se abalanzó sobre mí, golpeándome en la nariz.

– ¡Por su culpa Hinata está en ese lugar!

Limpie el sangrado de mi nariz con la manga de la sudadera.

– ¿Dónde está Hinata? —pregunté sin rodeos.

–Rehabilitación, y por tu culpa —exclamó tratando de volver a golpearme, esta vez Shino lo detuvo.

–Hinata nos contó cómo pasó, no te culpo, Gaara. Pero a Kiba le tomara tiempo —dijo Shino bajo su capucha.

Asentí con la cabeza, no del todo seguro, Kiba tenía razón, era toda mi culpa.

–Quiero verla.

–Bueno... eso es algo difícil ahora —habló Naruto rascándose la nuca.

–Su padre monitorea sus visitas — finalizó Shino.

Bajé la mirada sintiendo una punzada en mi pecho. El rubio notó mi descontento.

–Salgamos.

Me dejé llevar por Naruto que me guiaba con su mano en mi hombro, la gente me empujaba y yo solo seguía caminando como muerto en vida, llegamos al exterior y nos detuvimos en el estacionamiento junto a un auto viejo, con la pintura gastada y magullones.

–Escúchame, Gaara. Hoy fui a ver a Hinata a ese lugar.

Levanté la vista interesado y dejé que siguiera.

–Ella te está esperando, lo hace cada día, espera que atravieses la puerta de ese lugar para verla.

–¿Dónde es? ¡iré ahora! —dije exasperado.

–Cálmate, Gaara, no puedes ir ahora, tienes que esperar a mañana por la mañana.

– ¿Por qué? —dije decepcionado.

–Por que está cerrado de noche, tarado. Y la mujer que le dice todo al padre de Hinata llega a la hora de almuerzo, cuando fui solo pude estar unos minutos por que esa mujer me echó.

–Lo haré, claro que lo haré.

– ¡Así se habla, dattebayo! ¡Ahora, vamos a festejar por eso! —dijo pasando un brazo por mi cuello bruscamente y arrastrándome de nuevo dentro de la casa.

.

.

Me pregunto en que momento todo se convierte en una mierda en mi dia, en un momento puedo estar riendo por cualquier cosa y al siguiente, estoy deseando morir.

Naruto me contó que el día del ataque él y Gaara tomaron caminos diferentes luego de una semana y no ha sabido nada de el desde entonces, ni una llamada, ni un mensaje.

Abrazo mis piernas apoyando la barbilla en mi rodilla, otra noche en la esquina de la cama donde solo me ilumina la luz de la luna, tal vez espero demasiado de Gaara, tal vez, mi padre tenga razón.

En estos momentos, dudo que en realidad me quiera, no hay forma de saberlo ahora.

–Para de pensar —susurré a mí misma, todas las noches era una constante tortura mental que yo misma ocasionaba.

– ¡Hinata! —exclamó Tayuya abriendo la puerta de golpe lo que me provocó saltar del susto.

–Dios —dije, con una mano en mi pecho, mi corazón palpitaba con fuerza— casi me matas de un susto.

–Si como sea —entró a mi habitación y comenzó a husmear en mi closet.

–Emm... ¿Qué haces? —pregunte al verla sacar ropa, examinarla y lanzarla a mi cama.

–Estoy siendo una buena compañera de manicomio y te sacaré de tu miseria —respondió con una sonrisa y entregándome la ropa— por esta noche.

–Ya hemos hablado de esto, la respuesta es no —cogí la ropa y la dejé sobre la cama.

–Solo esta noche —dijo volviendo a tomar la ropa que había escogido— no pierdes nada intentándolo.

–Podrían darse cuenta —susurré preocupada.

–No lo harán, créeme, he salido miles de veces de aquí y he vuelto sin levantar sospechas.

Fruncí los labios y mire la luna llena, ¿en realidad estaba dispuesta a cometer otra locura, luego de todo por lo que he pasado?

–No estoy segura, Tayuya —bajé la mirada frotando mis antebrazos.

–Joder, solo ponte esto y no pienses en tanta mierda que la vida es lamentablemente muy corta —cerró la puerta dejándome sola.

Observé la ropa sobre la cama, un conjunto sencillo y algo atrevido.

–No pienses tanto —volví a decirme.

Me miré al espejo, sonreí levemente, me siento bien conmigo misma, pero algo falta, abro mi closet y saco la chaqueta café que pertenece a Gaara, cogí el poco dinero que tenía, peino un poco mi cabello con mis dedos y salgo de la habitación, junto a la puerta está Tayuya esperándome. Lleva sus manos a mi cabello y lo revuelve.

–Hey, esa chaqueta sí que te hace ver sexy —exclamó mirándome de pies a cabeza, dio media vuelta y comenzó a caminar por el pasillo.

– ¿D–Donde iremos? —susurré corriendo para alcanzarla.

–Mi novio nos espera afuera en su auto.

– ¿Qué hay de las cámaras? —agregué mirando las luces rojas que se encontraban en varias partes del edificio.

–De eso ni te preocupes, algunas no funcionan y en realidad no hay nadie vigilando como tanto dicen —habló rodando los ojos.

Pasamos por una de las puertas de emergencias y me fui detrás de Tayuya, esta miraba a todos lados viendo que no hubiera nadie, nos metimos entre unos espesos arbustos recibiendo algunos rasguños, cuando llegamos al muro Tayuya empujó una vieja puerta de madera y la abrió estirando un brazo en señal de que pasara yo primero.

– ¿Ves? —exclamó con una sonrisa de superioridad.

–Así que convenciste a tu amiga —habló el novio de Tayuya apoyado en su auto, negando con la cabeza y una media sonrisa— Hola, Hinata.

–Hola, Sakon.

El recorrido no fue tan largo, me entretuve jugando con mis manos, mordí mi labio volviendo a replantearme si era necesario hacer esto, si nos descubrían, estaría más que muerta.

–De nuevo pensando, deja de preocuparte, Hinata, ya te lo dije.

– ¿A qué te referías con que la vida es corta? —pregunté tratando de no hacer obvio que me moría de los nervios.

– ¿Uh? Bueno, ya sabes, si te la pasas dejando pasar buenas oportunidades por muy locas que sean, en menos de lo que te des cuenta tendrás cuarenta años y una vida aburrida sin nada bueno que contar, si quieres hacer algo, hazlo, sin importar lo que digan de ti —finalizó con un pulgar en alto.

–Por esa mentalidad terminaste en rehabilitación -se burló Sakon.

–Agh, tu cállate idiota, son asuntos de mujeres —dijo volviendo a su asiento.

Estacionamos el auto frente a un restaurante, caminamos un par de cuadras hasta llegar a una larga fila de un club, pero en vez de hacer fila pasamos directamente a la entrada. Sakon compartió un par de palabras con el guardia, este sonrió y se hizo a un lado para que entráramos, me apresuré a seguirlos, pasamos un pasillo poco iluminado con luces azules y amarillas, en cuanto pasamos la puerta el ambiente era totalmente diferente.

– ¿Habías venido aquí antes? —grito Tayuya cerca de mí, aun así, no pude oírla perfectamente.

–Un par de veces.

Buscamos unos asientos mientras Sakon iba por unos tragos.

–No está tan mal, ¿cierto?

–No creí que fuera tan fácil salir —dije sonriendo levemente, paseé mi vista por el lugar, abrí los ojos sorprendida y me centre en mis manos con vergüenza por unos chicos que nos apuntaban.

–Créeme, he pasado tanto tiempo ahí, que ya es como mi casa.

–Y... ¿desde cuándo conoces a Sakon? —pregunté para cambiar el tema.

–Conocí a ese idiota en preparatoria, le gustaba meterse en problemas y digamos que yo era la loca que amaba por eso —respondió riendo.

Sakon se sentó junto a Tayuya y dejo sobre la mesa varios vasos con bebidas de colores en su interior, tomó uno y lo bebió de un solo trago.

– ¿Gustaba? —volví a cuestionarla.

–Claro —exclamó— un día, no recuerdo bien, estaba tan drogada que no pude levantarme por lo que falté a clases, Sakon me encontró y me llevó a urgencias, desde entonces no se ha metido en problemas y ya ves que va todos los días a visitarme —dijo abrazando a Sakon, el chico le correspondió de inmediato y besó su frente.

Bajo la mirada con nostalgia, estaba un poco celosa de la pelirroja por tener a su novio a su lado y preocupándose constantemente de ella mientras yo ni siquiera sé si el mío está vivo.

Negué con la cabeza tratando de liberarme de esos pensamientos, comencé a beber para tratar de pensar en el fuerte líquido que quemaba mi garganta y no en mi desaparecido novio que no ha dado señales.

–Hey, tómatelo con calma —habló Tayuya riéndose, ya me había terminado tres vasos.

Me levanté para ir a la barra, ganándome varios insultos de la gente a la que empujaba al pasar, me apoyé en el largo mesón y pedí un vaso de vodka, luego otro, le pedí al chico que servía que me preparara algo fuerte y lo bebí lo más rápido que pude, deje el vaso sobre la mesa y tapé mi boca aguantando las ganas de vomitar.

–D–Dame otro.

-Creo que es suficiente para ti hoy, cariño —dijo amablemente el chico, si no hubiera sido tan amable conmigo lo habría insultado hasta que, en vez de acceder a mi petición, llamara a los guardias para que me echaran del lugar.

Suspiré y pagué por los tragos, salí del bar para tomar un poco de aire, respiré profundo el aire fresco para luego erguirme y hacer arcadas por las ganas horribles que me habían dado de vomitar.

Cuando me encontraba un poco mejor caminé sin rumbo fijo, no sabía si solo caminaba por estar ebria o por querer escapar, sentí unos pasos y volteé para encontrarme con un chico de cabello negro, no podía ver bien su cara, se detuvo en cuanto me volteé.

– ¿Qué mierda quieres? —exclamé a la defensiva.

–Olvidaste tu chaqueta.

Extendió su mano sosteniendo, como dijo, mi chaqueta, o más bien, la chaqueta de Gaara.

–Gracias —la recibí y apreté sobre mi pecho, me ladeé un poco hasta perder de pronto el control sobre mi cuerpo, sentí como caía hasta que unos brazos me sostuvieron.

El misterioso chico rio sosteniéndome a pocos centímetros del suelo.

–Creo que estas un poco ebria.

Entrecerré los ojos fijándome en los del chico que ahora se encontraba a poca distancia, eran azules como el cielo, y tenía unas... ¿marcas de gato?

– ¿Naruto? ¿Qué les has hecho a tu cabello? Te ves tan extraño —dije riendo.

– ¿Qué? —me sentó en el suelo con cuidado— espera, espera, ¿conoces a Naruto? —exclamó exasperado.

– ¡Hey, tu! —Tayuya se acercó corriendo— que le estás haciendo a Hinata, ¡pervertido! —levantó al chico bruscamente de su camisa.

–Solo la estaba ayudando —se excusó.

– ¡¿Es cierto eso, Hinata?! —gritó zarandeando al pelinegro, Sakon me ayudó a levantarme sosteniéndome de los brazos.

Asentí con la cabeza y Tayuya soltó al chico que se parecía a Naruto.

–Te has salvado —dijo secamente— y tú, jovencita, hora de volver, estamos muy ebrias.

Rodeó mi cuello con su brazo y me obligó a avanzar, la esquivé y comencé a correr en el sentido contrario.

– ¡No quiero volver aun, quiero divertirme! —corrí con todas mis fuerzas, mi pecho quemaba, pero no podía detenerme, no quería volver a detenerme nunca más.

– ¡Hinataa! —escuché gritar a Tayuya, algo raro había en su tono de voz, parecido a la desesperación.

Una luz me vislumbró y en mi cabeza retumbó la bocina de un auto, al siguiente segundo me encontraba en el suelo, adolorida y con mis brazos raspados, levanté la mirada y sobre mi estaba el pelinegro jadeando y con su cabello negro sobre su cara.

– ¡Hinata! —Tayuya y Sakon estaban frente a nosotros igualmente jadeando como si hubieran corrido una maratón— dios, casi me matas de un susto.

– ¿Qué ha pasado? —pregunté sin comprender aún.

– ¿Qué qué ha pasado? Pasa que estuviste a punto de morir por salir corriendo como una loca, ¡eso ha pasado! —gritó.

Tayuya y el misterioso chico me levantaron, quedé cautivada por el gran parecido de ese chico con Naruto.

– ¿Qué? —preguntó molesto por qué segui mirandolo.

–Bueno —interrumpió Tayuya, con las manos en las caderas— ya que la princesa Hyuga no quiere volver al loquero, yo digo que volvamos al club, ¿vienes, extraño? —finalizó animadamente.

Levantó los hombros y caminó junto a nosotros de vuelta al club, al entrar me prometí mentalmente no volver a beber por esta noche, estaba tan ebria ahora mismo que tal vez me dure hasta la mañana, aún eran las tres de la madrugada y no podía perder más tiempo, comencé a bailar con Tayuya pero luego de un rato Sakon se la llevó para bailar con ella.

El misterioso chico no se animaba a bailar y no dejaría que eso arruinara la gran noche que estaba teniendo ahora mismo, sin chicos, sin Gaara, solo yo disfrutando de la buena música.

–Hey, tu sí que sabes mover esas caderas —dijo un chico de cabello verde y chaqueta de cuero blanco tratando de acercarse, sonreí y giré para alejarme de él, al hacerlo choque de frente con el pecho de otro chico.

– ¿A dónde crees que vas, preciosa? —dijo acercándose con una sonrisa maliciosa, era exactamente igual al de recién, llevaba una chaqueta de cuero negra. Al retroceder choqué con el pecho del otro chico, los miré a ambos con miedo y traté de correr, pero me detuvieron entre sus brazos.

–Vamos a divertirnos, linda.

–N-No, por favor —exclamé forcejeando.

–La chica ha dicho que no —el chico pelinegro tomó mi mano y de un tirón me liberó de esos hombres, asustada por los hombres me escondí detrás de él.

–No te metas, enano —dijo uno de ellos, abrí los ojos sorprendida cuando los recordé, una vez estuvieron en la casa de Obito, eran de Akatsuki, los hermanos Zetsu.

–Hay que salir de aquí —susurré.

–Será mejor que vengas con nosotros, preciosa, por las buenas o por las malas —el chico chaqueta blanca tomó mi mano, con la otra agarré una botella y se la reventé en la cabeza.

– ¡Agh, pues será por las malas, pequeña zorra!

El chico de chaqueta negra se abalanzó sobre mí y el pelinegro lo golpeó en la cara haciendo que se tropezara y cayera sobre una mesa.

Cogiendo al pelinegro del brazo comencé a correr, volteé un momento para buscar a Tayuya pero toda la gente se había juntado alrededor de nosotros por el escándalo y no lograba ver nada, salimos del club y no pasaron ni dos segundos y una mano en mi hombro me detuvo. Grité por el susto, pero se trataba de Sakon y Tayuya.

–Hay que irnos de aquí —exclamó Sakon cuando las sirenas de la policía se escuchaban a lo lejos.

– ¡Hinata, no pueden llevarnos, el hospital se enterará de que salimos! —gritó Tayuya agarrando mis brazos y agitándome bruscamente.

–Yo los distraeré —dijo el pelinegro.

–Gracias —solté su brazo que había estado sosteniendo con fuerza por el miedo.

Corrimos hasta el auto de Sakon y ya en el asiento volteé a ver al chico que estaba siendo seguido por esos extraños hombres de Akatsuki, espero que no termine herido.

¿Será pariente de Naruto o algo así? El nunca ha hablado de un hermano, solo tiene a Jiraiya.

– ¡Esta si que fue una gran noche! —exclamo la pelirroja tirándose de brazos abiertos en mi cama— definitivamente hay que repetirla.

–Yo creo que no —dije quitándome la ropa.

– ¡Oh, vamos! Por cierto, ¿Quiénes eran esos hombres?

–Larga historia —suspiré— en realidad, ni siquiera quiero recordarla.

Nos metimos bajo las cobijas, aún teníamos unas horas para dormir antes de que nos despertaran para el desayuno, relajé mi cuerpo y cerré los ojos, necesitaba descansar.

– ¿Recuerdas la primera semana que estuviste aquí, Hinata?

–Si...fue horrible. Recuerdo que me mantuvieron encerrada al otro lado del edificio, donde las puertas son de metal y las paredes blancas sólo con una pequeña ventana. Solía arrinconarme en la pared cuando no soportaba la abstinencia.

–Yo también... sobre todo la abstinencia, esa mierda es horrible —dijo tapándose hasta la nariz y cerrando los ojos— en un mes podré volver a asistir a clases, ¿Qué hay sobre ti?

–El doctor dijo que si seguía bien con el tratamiento podría volver, pero tengo que regresar en cuanto terminen.

–Sí, es una mierda...bueno, buenas noches, Hinata.

–Buenas noches.

A las horas siguientes Rin nos despertó para tomar las medicinas e ir al comedor por el desayuno, se sorprendió al ver a Tayuya en mi habitación y dio aviso a los guardias que ya habían comenzado a buscarla.

Nos dio la medicina y nos vestimos para irnos al comedor, al llegar varios chicos se fijaron en nosotras, me encogí de hombros, mordí mi tostada con mermelada y bebí un poco de té, en una hora tenía que ver al doctor y por la tarde habría charla grupal con el psicólogo. Odiaba contar mis problemas a la gente.

–Extraño a Sakoooon, maldito idiota —exclamó Tayuya recostada en la mesa, lanzó su tostada y esta cayó sobre el pelo de una chica.

La chica se levantó de su asiento bastante enojada y miró a todos en el comedor.

– ¿Quién mierda lanzó eso?

–Oh, lo siento —hablo Tayuya— no fue mi intención que mi tostada cayera sobre tu cabello reseco y mal teñido —finalizó malhumorada.

–No querrás meterte conmigo, perra —dijo acercándose intimidante.

–Oh no, que miedo —Tayuya decía cada palabra con sarcasmo y moviendo sus manos en alto.

–Ya está —exclamó la chica antes abalanzándose a golpearla, ambas cayeron al suelo y yo seguía de pie sin saber qué hacer.

–Mierda, haz algo —susurré.

Cogí a la chica de los brazos y la empuje lejos de la pelirroja, cuando se dio media vuelta retrocedí asustada por cómo se acercaba con una mirada llena de furia, me empujó haciendo que cayera sobre mi trasero.

– ¡No te metas con Hinata, mal teñida! —grito Tayuya subiendo a su espalda para botarla y golpear su cabeza.

Varios guardias se acercaron y las separaron, Tayuya se fue tranquilamente con uno de los guardias que la llevaba del brazo, la chica con la que peleó en cambio gritaba que la soltaran y forcejeaba contra los guardias provocando que uno de ellos le inyectara un sedante, era una medida muy agresiva para controlarlos, pero este no es un lugar para tomar las cosas a la ligera.

Pregunté a una de las enfermeras donde llevaron a Tayuya y me respondió que la llevarían al calabozo como castigo, me sorprendí y volví a preguntar a que se refería, contó que así llamaban aquí a las habitaciones de puertas metálicas y que solían usarlas para desintoxicación o castigos, en este caso.

Metí mis manos en los bolsillos de la chaqueta y me dispuse a ir al otro lado del edificio para ver a Tayuya, cuando pasé por la enfermería choqué con alguien por estar mirando el piso distraída, cuando levanté la vista me reencontré con esos ojos azules que en la noche había visto varias veces.

–Vaya, nos volvemos a ver —dijo con una sonrisa, quitando un mechón de cabello negro de sus ojos.