A/N: ¡Ya vuelvo a estar aquí! ¿A qué no me esperabais tan pronto? :D De repente me ha venido como una corriente de energia para escribir y en una semana he acabado el capítulo. ¡Ojalá siempre fuera así! Bueno, espero que os guste y buena lectura :)

Todo lo que está en negrita pertenece a J.K Rowling

-¿Quién quiere leer?-preguntó.

-Ya lo haré yo-dijo el señor Weasley levantando la mano.

Su mujer le pasó el libro y Arthur se recolocó en el asiento, buscando una posición más cómoda.

-De acuerdo-dijo en cuanto la encontró-. Capitulo cuarto: "En Flourish y Blotts".

La vida en La Madriguera no se parecía en nada a la de Privet Drive.

-Menos mal-suspiró la señora Weasley.

Los Dursley lo querían todo limpio y ordenado; la casa de los Weasley estaba llena de sorpresas y cosas asombrosas. Harry se llevó un buen susto la primera vez que se miró en el espejo que había sobre la chimenea de la cocina, y el espejo le gritó: «¡Vaya pinta! ¡Métete bien la camisa!».

Harry soltó una carcajada.

-Sí, lo recuerdo bien.

-Lo cierto es que es bastante útil-dijo Ron-. Aunque a veces puede ser un poco molesto.

El espíritu del ático aullaba y golpeaba las tuberías cada vez que le parecía que reinaba demasiada tranquilidad en la casa. Y las explosiones en el cuarto de Fred y George se consideraban completamente normales.

Fred y George se sonrieron mientras el señor Weasley leía aquel fragmento, podían oir el humor en la voz de su padre.

Lo que Harry encontraba más raro en casa de Ron, sin embargo, no era el espejo parlante ni el espíritu que hacía ruidos, sino el hecho de que allí, al parecer, todos le querían.

La señora Weasley miró a Harry con afecto.

-Por supuesto que lo hacemos-dijo con una amplia sonrisa y ternura en los ojos.

Toda su familia asintió con energía ante aquellas palabras y Harry sintió como su pecho se llenaba de calidez.

La señora Weasley se preocupaba por el estado de sus calcetines e intentaba hacerle comer cuatro raciones en cada comida.

Sirius asintió para sí mismo y le lanzó una rápida mirada de agradecimiento a Molly. De no haber sido por los Weasley... No quería ni imaginárselo.

Al señor Weasley le gustaba que Harry se sentara a su lado en la mesa para someterlo a un interrogatorio sobre la vida con los muggles, y le preguntaba cómo funcionaban cosas tales como los enchufes o el servicio de correos.

-Era realmente interesante-dijo Arthur, sonriente.

¡Fascinante!—decía, cuando Harry le explicaba cómo se usaba el teléfono—. Son ingeniosas de verdad, las cosas que inventan los muggles para apañárselas sin magia.

-Es raro leer sobre uno mismo en tercera persona-reconoció el señor Weasley-. Pero sigo pensando exactamente igual.

Una mañana soleada, cuando llevaba más o menos una semana en La Madriguera, Harry les oyó hablar sobre Hogwarts. Cuando Ron y él bajaron a desayunar, encontraron al señor y la señora Weasley sentados con Ginny a la mesa de la cocina.

Ginny soltó un gruñido de fastidio.

-A ver qué es lo que voy a hacer ahora-dijo tapándose el rostro con las manos.

Al ver a Harry Ginny dio sin querer un golpe al cuenco de las gachas y éste se cayó al suelo con gran estrépito.

Aquello hizo que Ginny dejase ir un largo suspiro.

-Lo sabía-dijo finalmente.

Ginny solía tirar las cosas cada vez que Harry entraba en la habitación donde ella estaba.

-¿Te temblaban demasiado las manos, Gin?-dijo George con una sonrisa burlona.

Su hermana le fulminó con la mirada, lo que hizo que la sonrisa de George se hiciera aún más amplia.

Se metió debajo de la mesa para recoger el cuenco y se levantó con la cara tan colorada y brillante como un tomate.

-Esto es humillante-gimió Ginny.

Haciendo como que no lo había visto, Harry se sentó y cogió la tostada que le pasaba la señora Weasley.

-Gracias, Harry…

-Sin problema-sonrió el muchacho.

Han llegado cartas del colegio —dijo el señor Weasley entregando a Harry y a Ron dos sobres idénticos de pergamino amarillento, con la dirección escrita en tinta verde—.

Ginny agradeció el cambio de tema.

Dumbledore ya sabe que estás aquí, Harry; a ése no se le escapa una.

El director asintió. Solía enviar de vez en cuando a alguien a Privet Drive para controlar que Harry se encontraba bien y seguía ahí.

También han llegado cartas para vosotros dos —añadió, al ver entrar tranquilamente a Fred y George, todavía en pijama.

Hubo unos minutos de silencio mientras leían las cartas. A Harry le indicaban que cogiera el tren a Hogwarts el 1 de septiembre, como de costumbre, en la estación de Kings Cross.

-Cualquiera diría que nos íbamos a olvidar…dijo George.

Se adjuntaba una lista de los libros de texto que necesitaría para el curso siguiente:

Los estudiantes de segundo curso necesitarán:

El libro reglamentario de hechizos (clase 2), Miranda Goshawk.

Recreo con la «banshee», Gilderoy Lockhart.

Al pronunciar ese nombre, la cara del señor Weasley se torció en una pequeña mueca.

Una vuelta con los espíritus malignos, Gilderoy Lockhart.

Vacaciones con las brujas, Gilderoy Lockhart.

Recorridos con los trols, Gilderoy Lockhart.

Con cada libro nuevo de Lockhart que se leía, más rodaban los ojos los alumnos.

Viajes con los vampiros, Gilderoy Lockhart.

Paseos con los hombres lobo, Gilderoy Lockhart.

Un año con el Yeti, Gilderoy Lockhart.

-Madre mía-silbó Sirius-. ¿Qué les ha dado con el Lockhart este? ¿Se llevaba Hogwarts una comisión por cada libro suyo que vendían o algo así?

-No, no nos llevábamos comisión. Eso te lo aseguro-dijo Snape sombríamente. A pesar de conocer a muchos mortifagos, Lockhart se encontraba bastante alto en su lista de personas más odiadas.

Después de leer su lista, Fred echó un vistazo a la de Harry.

¡También a ti te han mandado todos los libros de Lockhart! —exclamó—. El nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras debe de ser un fan suyo; apuesto a que es una bruja.

-También podría ser un brujo-dijo Sirius encogiéndose de hombros.

Fred se lo pensó un instante.

-Sí, tienes razón.

En ese instante, Fred vio que su madre lo miraba severamente, y trató de disimular untándose mermelada en el pan.

Todos estos libros no resultarán baratos —observó George, mirando de reojo a sus padres—. De hecho, los libros de Lockhart son muy caros...

Los Weasley evitaron encontrarse con la mirada de los demás.

Bueno, ya nos apañaremos —repuso la señora Weasley aunque parecía preocupada—. Espero que a Ginny le puedan servir muchas de vuestras cosas.

¿Es que ya vas a empezar en Hogwarts este curso? —preguntó Harry a Ginny.

-Visto lo visto, no creo que ella reaccione muy bien…-dijo Sirius con una sonrisa y los ojos brillando con picardía -. Sabes que tengo razón- añadió al ver la mirada que Ginny le había lanzado.

Ella asintió con la cabeza, enrojeciendo hasta la raíz del pelo, que era de color rojo encendido, y metió el codo en el plato de la mantequilla.

-Merlín…-suspiró la muchacha.

Afortunadamente, el único que se dio cuenta fue Harry,

-Yo no diría "afortunadamente"-bufó Ginny, haciendo que Harry riera.

porque Percy el hermano mayor de Ron, entraba en aquel preciso instante. Ya se había vestido y lucía la insignia de prefecto de Hogwarts en el chaleco de punto.

Todos pudieron notar como, ante la mención de su hijo, la voz de Arthur se volvió más grave. No era difícil poder detectar la rabia y la pena en ella.

Buenos días a todos —saludó Percy con voz segura—. Hace un hermoso día.

George puso los ojos en blanco.

-¿Quién habla así?-dijo en voz baja a su gemelo.

Fred soltó aire con fuerza por la nariz y sacudió la cabeza, conforme con su hermano.

Se sentó en la única silla que quedaba, pero inmediatamente se levantó dando un brinco, y quitó del asiento un plumero gris medio desplumado. O al menos eso es lo que Harry pensó que era, hasta que vio que respiraba.

-¿Cómo?-preguntó Tonks sin comprender.

¡Errol! —exclamó Ron,

Aquello hizo que muchos rieran, olvidando la mención de Percy.

-"Un plumero gris"-dijo Ginny con una sonrisa incrédula-. Aunque lo cierto es que sí que se parece bastante.

-Sé que todo el rato digo lo mismo-sonrió Ron-. Pero me encantan tus descripciones, Harry.

cogiendo a la maltratada lechuza y sacándole una carta que llevaba debajo del ala—. ¡Por fin! Aquí está la respuesta de Hermione.

-Sí que estabas ansioso, hermanito-dijo George burlonamente.

-¿Sabes?-continuó Fred-. A las mujeres no les gusta eso.

-¿Eso?

-Sí, Ronnie, "eso"-sonrió George al ver que su hermano menor intentaba hacerse el despistado-. Tal desesperación. No deberías dejar que se te notase tanto lo mucho que querías leer las palabras de Hermione.

-Sois idiotas- dijo Ginny, yendo al rescate de Ron.

El muchacho se había puesto realmente colorado y evitaba mirar a su amiga. Lo que era difícil ya que Hermione estaba sentada justo a su lado.

-No tenéis ni idea de lo que le gusta a las mujeres-siguió la Ginny-. Además, cada una puede pensar algo diferente: no somos todas iguales ni sentimos del mismo modo.

-Ahí te quiero ver, Ginny-rio Tonks, guiñándole un ojo-Además-continuó-, Ron puede estar contento por recibir la carta de una amiga. No todo tiene porqué ser romántico. ¿O es que a ti no te hace ilusión recibir cartas de Lee Jordan?

-¿Y quién te ha dicho que no estamos…-George se calló durante unos instantes, buscando la expresión adecuada-"románticamente involucrados", Lee y yo?

Fred se le quedó mirando con espanto durante unos instantes.

-¿Es broma no? ¿Es que habéis dejado que fuera un sujetavelas durante todo este tiempo?

-¿Un qué?-preguntó Remus, confundido.

-Alguien que está siempre junto a una pareja cuando no pinta nada ahí-dijo Fred rápidamente-. Pero ¿es verdad, o no?

George soltó una carcajada.

-¡Claro que no! Si hubiera algo entre Lee y yo serias el primero en saberlo. Solo quería bromear un poco con Tonks, hacer que se lo creyera… Pero me da a mí que no lo ha hecho y que al final el único que se lo ha tragado has sido tú.

Tonks asintió, al tiempo que Fred respiraba profundamente, recuperando la calma.

-Bueno, sí. Está bien. Pero es que es un tema delicado; me hubiera muerto de vergüenza de haber estado siempre ahí en medio y sin enterarme de nada.

Arthur sonrió con cariño ante las tonterías de sus hijos y continuó leyendo el libro.

Le escribí contándole que te íbamos a rescatar de los Dursley.

Ron llevó a Errol hasta una percha que había junto a la puerta de atrás e intentó que se sostuviera en ella, pero Errol volvió a caerse, así que Ron lo dejó en el escurridero, exclamando en voz baja «¡Pobre!».

-Pobre…-volvió a decir el muchacho.

Luego rasgó el sobre y leyó la carta de Hermione en voz alta.

Querido Ron, y Harry, si estás ahí: Espero que todo saliera bien

-Bueno, hubo algún problemilla…-sonrió Ron.

y que Harry esté estupendamente,

-Eso sí-continuó el muchacho, asintiendo con energía.

y que no hayas tenido que saltarte las normas para sacarlo,

-Eso no-dijo Hermione, antes de que Ron pudiera abrir la boca.

-Bueno, pero es que ya se veía venir.

-Cierto-sonrió ella.

Ron, porque eso traería problemas también a Harry. He estado muy preocupada y, si Harry está bien, te ruego que me escribas lo antes posible para contármelo,

-Es verdad, que Hermione no lo sabe-dijo Molly levantando las cejas.

aunque quizá sería mejor que usaras otra lechuza, porque creo que ésta no aguantará un viaje más.

-Pobre Errol…-suspiró Ginny.

Por supuesto, estoy muy atareada con los deberes escolares («¿Cómo puede ser?», se preguntó Ron horrorizado. «¡Si estamos en vacaciones!»),

-¡Eso digo yo!-exclamó Sirius con sorpresa.

-Es algo incomprensible-dijo Ron encogiéndose de hombros-. Pero después de tantos años uno deja de preguntar.

y el próximo miércoles nos vamos a Londres a comprar los nuevos libros. ¿Por qué no quedamos en el callejón Diagon?

-Es una buena idea-dijo Tonks-. Siempre es más divertido ir a comprar con otra gente.

Contadme qué ha pasado en cuanto podáis. Un beso de Hermione.

Fred pretendía decir algo acerca del beso de Hermione pero Arthur continuó leyendo rápidamente, oliéndose algún comentario al respecto.

Bueno, no estaría mal, podríamos ir también a comprar vuestro material —dijo la señora Weasley, comenzando a quitar las cosas de la mesa—. ¿Qué vais a hacer hoy?

Harry, Ron, Fred y George planeaban subir la colina hasta un pequeño prado que tenían los Weasley. Como estaba rodeado de árboles que lo protegían de las miradas indiscretas del pueblo que había abajo, allí podían practicar el quidditch, con tal de que tuvieran cuidado de no volar muy alto.

-Oh, qué bueno-dijo Sirius con una sonrisa.

-Sí-asintió Ron-, la verdad es que mola bastante.

Aunque no podían usar verdaderas pelotas de quidditch, porque si se les escaparan y llegaran a sobrevolar el pueblo, la gente lo vería como un fenómeno de difícil explicación;

-Supongo que sí-rio Tonks-. Me juego algo a que más de un supuesto OVNI ha sido una pelota de Quidditch que se le ha escapado a algún mago.

-¿Un qué?-preguntó Arthur con interés.

-Eh…-empezó Tonks, temiendo que si empezaba a hablar de extraterrestres y platillos volantes la conversación iba a alargarse bastante.

-Ya te lo contará luego, cielo-intervino la señora Weasley, compartiendo una mirada con la auror-. Qué ahora toca acabar el capítulo.

-Cierto, cierto-dijo Arthur, levemente sonrojado-. Perdón, es que me pierden las cosas muggle.

-Lo sabemos, papá-sonrió Ron.

en su lugar, se arrojaban manzanas. Se turnaban para montar en la Nimbus 2.000 de Harry, que era con mucho la mejor escoba;

Harry recordó con cariño su antigua escoba.

a la vieja Estrella Fugaz de Ron incluso la adelantaban las mariposas.

Al oír aquello, Ron sintió como se le encendían las mejillas.

Cinco minutos después se encontraban subiendo la colina, con las escobas al hombro. Habían preguntado a Percy si quería ir con ellos, pero les había dicho qué estaba ocupado.

Los gemelos y Ginny rodaron los ojos.

Harry sólo había visto a Percy a las horas de comer; el resto del tiempo lo pasaba encerrado en su cuarto.

Me gustaría saber qué se lleva entre manos —dijo Fred, frunciendo el entrecejo—. No parece el mismo. Recibió los resultados de sus exámenes el día antes de que llegaras tú; tuvo doce M.H.B. y apenas se alegró.

-Vale, eso es raro-dijo Sirius, quién conocía la personalidad y la manera de ser de Percy por las explicaciones de los Weasley.

Matriculas de Honor en Brujería —explicó George, viendo la cara de incomprensión de Harry—. Bill también sacó doce. Si no nos andamos con cuidado, tendremos otro Premio Anual en la familia. Creo que no podría soportar la vergüenza.

Muchos, especialmente los bromistas, sonrieron ante aquello. Otros, sobretodo Molly, sacudieron la cabeza.

-Pues es un gran orgullo y honor-dijo.

Bill era el mayor de los hermanos Weasley. Él y el segundo, Charlie, habían terminado ya en Hogwarts. Harry no había visto nunca a ninguno de los dos, pero sabía que Charlie estaba en Rumania estudiando a los dragones, y Bill en Egipto, trabajando para Gringotts, el banco de los magos.

-Suena tan guay…-dijo Ginny con una amplia sonrisa. Adoraba a sus hermanos, a pesar de que no los veía tanto como quería-. Tienen unos trabajos tan alucinantes-dijo con los ojos brillantes-. Cuando sea mayor quiero tener alguno parecido, algo que me permita viajar por todo el mundo y que sea diferente cada día.

Harry y Ron asintieron con energía.

-Yo también-dijo el primero.

-Por eso creo que me gustaría ser auror-explicó Ron-. Has de estar siempre alerta y es distinto y estimulante cada vez. Además los magos oscuros no existen solamente en Reino Unido. Podría ir a cualquier parte del mundo y encontraría algo que hacer.

-Tienes razón-dijo Ginny, pensativa-. Pero no sé, no creo que ser auror sea lo mío… Oh, bueno, tengo mucho tiempo para pensarlo todavía-sentenció con un encogimiento de hombros.

No sé cómo se las van a arreglar papá y mamá para comprarnos todo lo que necesitamos este curso —dijo George después de una pausa—. ¡Cinco lotes de los libros de Lockhart! Y Ginny necesitará una túnica y una varita mágica, entre otras cosas.

A medida que leía ese fragmento, el rostro del señor Weasley se iba poniendo más y más colorado. Le entristecía y avergonzaba que sus hijos tuvieran que sufrir por el dinero. Aquello era algo de lo que Molly y él debían encargarse; no quería que sus niños se preocupasen por ello.

Harry no decía nada. Se sentía un poco incómodo.

Lo mismo estaba pasando en aquel momento. Harry gustosamente hubiera dado gran parte de su dinero a los Weasley pero sabía que estos nunca lo aceptarían.

En una cámara acorazada subterránea de Gringotts, en Londres, tenía guardada una pequeña fortuna que le habían dejado sus padres. Naturalmente, ese dinero sólo servía en el mundo mágico; no se podían utilizar galeones, sickles ni knuts en las tiendas muggles.

-Eso es cierto-dijo Remus-. Aunque en Gringotts te lo pueden cambiar.

A los Dursley nunca les había dicho una palabra sobre su cuenta bancaria en Gringotts. Y la verdad es que no creía que su aversión a todo lo relacionado con el mundo de la magia se hiciera extensiva a un buen montón de oro.

-No, yo tampoco lo creo-murmuró Sirius entrecerrando lo ojos.

Al domingo siguiente, la señora Weasley los despertó a todos temprano. Después de tomarse rápidamente media docena de emparedados de beicon cada uno,

-¡Madre mía!-soltó Tonks, asombrada.

se pusieron las chaquetas y la señora Weasley, cogiendo una maceta de la repisa de la chimenea de la cocina, echó un vistazo dentro.

Ya casi no nos queda, Arthur —dijo con un suspiro—. Tenemos que comprar un poco más... ¡bueno, los huéspedes primero! ¡Después de ti, Harry, cielo!

-Espera-dijo Tonks-. Harry nunca ha usado los polvos flu, ¿no?

Sirius dudó un instante.

-Creo que no… Al menos no lo han mencionado en el libro anterior.

El señor Weasley, que sabía lo que iba a suceder, continuó leyendo.

Y le ofreció la maceta. Harry vio que todos lo miraban.

¿Qué... qué es lo que tengo que hacer? —tartamudeó.

-Vale, sí-asintió Sirius-. Nunca lo ha utilizado.

-Pues con la mala suerte que tiene…-empezó Tonks con una sonrisa-. Me da a mí que no va a tener una buena primera impresión.

Él nunca ha viajado con polvos flu —dijo Ron de pronto—. Lo siento, Harry, no me acordaba.

-Está bien -sonrió Harry. Aunque luego recordó lo mal que lo había pasado en aquel primer viaje y estuvo tentado a cambiar su respuesta.

¿Nunca? —le preguntó el señor Weasley—. Pero ¿cómo llegaste al callejón Diagon el año pasado para comprar las cosas que necesitabas?

En metro...

¿De verdad? —inquirió interesado el señor Weasley—. ¿Había escaleras mecánicas? ¿Cómo son exactamente...?

Los Weasley y Sirius rieron ante aquello.

-Eres incurable, Arthur-dijo el animago.

Ahora no, Arthur —le interrumpió la señora Weasley—. Los polvos flu son mucho más rápidos, pero la verdad es que si no los has usado nunca...

Tonks se mordió el labio.

-Sí, no sé si es muy buena idea.

Lo hará bien, mamá —dijo Fred—. Harry, primero míranos a nosotros.

Cogió de la maceta un pellizco de aquellos polvos brillantes, se acercó al fuego y los arrojó a las llamas. Produciendo un estruendo atronador, las llamas se volvieron de color verde esmeralda y se hicieron más altas que Fred. Éste se metió en la chimenea, gritando: «¡Al callejón Diagon!», y desapareció.

-Supongo que si no lo has visto nunca debe de impresionar-reflexionó Remus en voz alta.

Tienes que pronunciarlo claramente, cielo —dijo a Harry la señora Weasley, mientras George introducía la mano en la maceta—, y ten cuidado de salir por la chimenea correcta.

¿Qué? —preguntó Harry nervioso,

-Uy…-dijo Sirius-. Ahora que se ha puesto nervioso no creo que vaya a salir bien.

al tiempo que la hoguera volvía a tronar y se tragaba a George.

Bueno, ya sabes, hay una cantidad tremenda de chimeneas de magos entre las que escoger, pero con tal de que pronuncies claro...

-Creo que le estás liando más que otra cosa-dijo Tonks con una sonrisa.

Lo hará bien, Molly, no te apures —le dijo el señor Weasley, sirviéndose también polvos flu.

Pero, querido, si Harry se perdiera, ¿cómo se lo íbamos a explicar a sus tíos?

-Sus tíos deberían ser lo que menos te preocupase-dijo Sirius.

-Sí-suspiró Molly-. Ahora lo sé.

A ellos les daría igual —la tranquilizó Harry—. Si yo me perdiera aspirado por una chimenea, a Dudley le parecería una broma estupenda, así que no se preocupe por eso.

Bueno, está bien..., ve después de Arthur —dijo la señora Weasley—. Y cuando entres en el fuego, di adónde vas.

-Eso es importante-rio Ginny, recordando lo que había sucedido.

-¡Oye!-dijo Harry dándole un golpecito amistoso.

Ginny volvió a reír, esta vez con más fuerza.

Y mantén los codos pegados al cuerpo —le aconsejó Ron.

Y los ojos cerrados —le dijo la señora Weasley—. El hollín...

Y no te muevas —añadió Ron—. O podrías salir en una chimenea equivocada...

Con cada nuevo consejo, Sirius iba entrecerrando más los ojos hasta que finalmente los cerró por completo, haciendo una mueca.

-Esto no tiene nada buena pinta-sentenció.

Todos los que no sabían lo sucedido, asintieron con la cabeza, de acuerdo con aquel veredicto.

Pero no te asustes y vayas a salir demasiado pronto. Espera a ver a Fred y George.

Haciendo un considerable esfuerzo para acordarse de todas estas cosas, Harry cogió un pellizco de polvos flu y se acercó al fuego.

-Creo que todos estamos de acuerdo en que esto va a ir mal-dijo Tonks.

-Sí.

-Definitivamente.

Respiró hondo, arrojó los polvos a las llamas y dio unos pasos hacia delante. El fuego se percibía como una brisa cálida. Abrió la boca y un montón de ceniza caliente se le metió en la boca.

Ca-ca-llejón Diagon —dijo tosiendo.

Sirius soltó una carcajada pero luego pareció darse cuenta de la situación.

-Vale, ha sido gracioso aunque ahora me preocupa el a dónde vas a ir a parar.

Le pareció que lo succionaban por el agujero de un enchufe gigante y que estaba girando a gran velocidad... El bramido era ensordecedor... Harry intentaba mantener los ojos abiertos, pero el remolino de llamas verdes lo mareaba... Algo duro lo golpeó en el codo, así que él se lo sujetó contra el cuerpo, sin dejar de dar vueltas y vueltas... Luego fue como si unas manos frías le pegaran bofetadas en la cara.

-Visto así suena terrorífico-dijo Ron.

Hermione asintió.

-Es más o menos lo que yo sentí la primera vez. Aunque luego, cuanto más lo haces, te acostumbras.

A través de las gafas, con los ojos entornados, vio una borrosa sucesión de chimeneas y vislumbró imágenes de las salas que había al otro lado... Los emparedados de beicon se le revolvían en el estómago.

-Normal…-dijo Remus.

Cerró los ojos de nuevo deseando que aquello cesara, y entonces... cayó de bruces sobre una fría piedra y las gafas se le rompieron.

-Oh, perfecto-bufó Sirius.

Mareado, magullado y cubierto de hollín, se puso de pie con cuidado y se quitó las gafas rotas. Estaba completamente solo, pero no tenía ni idea de dónde. Lo único que sabía es que estaba en la chimenea de piedra de lo que parecía ser la tienda de un mago,

-Bueno, quizás el dueño de la tienda pueda ayudarte…-sugirió Tonks esperanzada.

-No lo creo…-dijo Sirius-. ¿Con su suerte? El vendedor será un vampiro o algo así.

apenas iluminada, pero no era probable que lo que vendían en ella se encontrara en la lista de Hogwarts. En un estante de cristal cercano había una mano cortada puesta sobre un cojín,

Hermione arrugó la nariz.

una baraja de cartas manchada de sangre y un ojo de cristal que miraba fijamente. Unas máscaras de aspecto diabólico lanzaban miradas malévolas desde lo alto. Sobre el mostrador había una gran variedad de huesos humanos y del techo colgaban unos instrumentos herrumbrosos, llenos de pinchos.

-¿Dónde demonios estás?-preguntó Remus, sufriendo por el muchacho.

Sirius sacudió con la cabeza.

-Ni idea pero creo que será buena idea largarse de ahí enseguida.

Y; lo que era peor, el oscuro callejón que Harry podía ver a través de la polvorienta luna del escaparate no podía ser el callejón Diagon.

-No, no hay ninguna tienda así en el callejón Diagon-dijo Tonks.

Cuanto antes saliera de allí, mejor.

-Exacto-asintió Sirius.

Snape no iba a decirlo en voz alta pero estaba de acuerdo con Potter y Black en aquello. El chico debía de salir de ahí y rápido. El profesor de pociones podía notar como una migraña comenzaba a formarse en sus sienes por culpa, una vez más, de Potter. Solo el muchacho era capaz de convertir algo tan sencillo como usar los polvos flu en una situación peligrosa. No estaba del todo seguro pero algo le decía que Potter había acabado nada menos que en el callejón Knockturn. Y aquello no le hacía nada de gracia.

Con la nariz aún dolorida por el topetazo, Harry se fue rápida y sigilosamente hacia la puerta, pero antes de que hubiera salvado la mitad de la distancia, aparecieron al otro lado del escaparate dos personas, y una de ellas era la última a la que Harry habría querido encontrarse en su situación: perdido, cubierto de hollín y con las gafas rotas.

-¿Voldemort?-bromeó Tonks.

-Casi-sonrió Harry.

Era Draco Malfoy.

Sirius soltó un taco y Remus enterró el rostro entre sus manos.

-Merlín, Harry-dijo Tonks sacudiendo la cabeza-. Esto solo te puede pasar a ti.

Harry repasó apresuradamente con los ojos lo que había en la tienda y encontró a su izquierda un gran armario negro, se metió en él y cerró las puertas, dejando una pequeña rendija para echar un vistazo.

-Incluso en esta situación prevalece tu curiosidad, ¿eh?-sonrió Remus.

Harry se encogió de hombros.

-Quería saber qué hacía Malfoy en un lugar como ese.

Unos segundos más tarde sonó un timbre y Malfoy entró en la tienda. El hombre que iba detrás de él no podía ser sino su padre.

Sirius volvió a soltar un juramento.

-¡Esto se pone aún mejor!-dijo con sarcasmo.

Tenía la misma cara pálida y puntiaguda, y los mismos ojos de un frío color gris.

Snape respiró profundamente para tratar de clamarse. Sabía que Lucius podía ser imprevisible en según qué circunstancias y estaba seguro de que no le haría demasiada gracia descubrir a Potter espiando. Por suerte, no recordaba haber oído nada acerca de aquella situación así que suponía que no le habían descubierto.

El señor Malfoy cruzó la tienda, mirando vagamente los artículos expuestos, y pulsó un timbre que había en el mostrador antes de volverse a su hijo y decirle:

No toques nada, Draco.

-Sí, nunca sabes exactamente que te pueden hacer ese tipo de cachivaches-dijo el señor Weasley, frunciendo el ceño.

Malfoy, que estaba mirando el ojo de cristal, le dijo:

Creía que me ibas a comprar un regalo.

Te dije que te compraría una escoba de carreras —le dijo su padre, tamborileando con los dedos en el mostrador.

-¿Para intentar competir con Harry?-adivinó Sirius-. Me gustaría verle intentarlo.

¿Y para qué la quiero si no estoy en el equipo de la casa? —preguntó Malfoy, enfurruñado—.

-Tranquilo, que ya se encargará tu padre de comprarte una plaza-dijo Hermione entre dientes.

Harry Potter tenía el año pasado una Nimbus 2.000. Y obtuvo un permiso especial de Dumbledore para poder jugar en el equipo de Gryffindor. Ni siquiera es muy bueno, sólo porque es famoso... Famoso por tener esa ridícula cicatriz en la frente...

-Asúmelo y sigue con tu vida-dijo Ginny poniendo los ojos en blanco-. Además, eso de que no es bueno al Quidditch es una auténtica tontería.

-Y que lo digas-le apoyó Ron-. Ya le gustaría a Malfoy jugar la mitad de bien que Harry.

Malfoy se inclinó para examinar un estante lleno de calaveras.

A todos les parece que Potter es muy inteligente sólo porque tiene esa maravillosa cicatriz en la frente y una escoba mágica...

Me lo has dicho ya una docena de veces por lo menos —repuso su padre dirigiéndole una mirada fulminante—,

-¿Alguien está un poquito obsesionado con el tema?-sugirió Fred con una sonrisa.

y te quiero recordar que sería mucho más... prudente dar la impresión de que tú también lo admiras, porque en la clase todos lo ven como el héroe que hizo desaparecer al Señor Tenebroso... ¡Ah, señor Borgin!

-O sea que estás en Borgin y Burkes-comprendió Sirius-. ¡Fantástico!-bufó con sarcasmo.

Tras el mostrador había aparecido un hombre encorvado, alisándose el grasiento cabello.

¡Señor Malfoy, qué placer verle de nuevo!—respondió el señor Borgin con una voz tan pegajosa como su cabello—.

Dumbledore arrugó la nariz con asco; nunca había soportado a los aduladores.

¡Qué honor...! Y ha venido también el señor Malfoy hijo. Encantado. ¿En qué puedo servirles? Precisamente hoy puedo enseñarles, y a un precio muy razonable...

-No me extraña nada que Malfoy sea un habitual en lugar como ese-dijo Molly con repugnancia.

Hoy no vengo a comprar, señor Borgin, sino a vender —dijo el padre de Malfoy.

¿A vender? —La sonrisa desapareció gradualmente de la cara del señor Borgin.

-Y supongo que siendo alguien como Lucius Malfoy no te puedes negar a comprarle lo que te venda-pensó Tonks en voz alta.

Usted habrá oído, por supuesto, que el ministro está preparando más redadas—empezó el padre de Malfoy, sacando un pergamino del bolsillo interior de la chaqueta y desenrollándolo para que el señor Borgin lo leyera—.Tengo en casa algunos... artículos que podrían ponerme en un aprieto, si el Ministerio fuera a llamar a...

-Bien, bien-sonrió Sirius frotándose las manos-. Que se ponga nervioso…

El señor Borgin se caló unas gafas y examinó la lista.

Pero me imagino que el Ministerio no se atreverá a molestarle, señor.

-Con la de cosas que tiene en su mansión-empezó Arthu-, debería ser el primero al que visitasen.

El padre de Malfoy frunció los labios.

Aún no me han visitado. El apellido Malfoy todavía inspira un poco de respeto,

-Espero que algún día no sea así-dijo Sirius con energía.

pero el Ministerio cada vez se entromete más. Incluso corren rumores sobre una nueva Ley de defensa de los muggles... Sin duda ese rastrero Arthur Weasley, ese defensor a ultranza de los muggles, anda detrás de todo esto...

Arthur leyó aquel insulto hacia él mismo con una sonrisa.

-No hace más que halagarme. "Defensor a ultranza de los mugggles"-volvió a leer-. ¡Sí, señor!-dijo riendo y con orgullo.

Harry sintió que lo invadía la ira.

-Gracias de todos modos, Harry-sonrió el señor Weasley.

Y, como ve, algunas de estas cosas podrían hacer que saliera a la luz...

¿Puedo quedarme con esto? —interrumpió Draco, señalando la mano cortada que estaba sobre el cojín.

-Obviamente va y escoge lo más siniestro de toda la tienda-bufó Ron, poniendo los ojos en blanco.

¡Ah, la Mano de la Gloria! —dijo el señor Borgin, olvidando la lista del padre de Malfoy y encaminándose hacia donde estaba Draco—. ¡Si se introduce una vela entre los dedos, alumbrará las cosas sólo para el que la sostiene!

-Bueno, eso podría ser útil-dijo Remus-. Pensaba que funcionaría para algo peor.

¡El mejor aliado de los ladrones y saqueadores! Su hijo tiene un gusto exquisito, señor.

"Eso no le va a gustar en absoluto a Lucius", pensó Snape.

Espero que mi hijo llegue a ser algo más que un ladrón o un saqueador, Borgin —repuso fríamente el padre de Malfoy.

"Y ahí está", sonrió para sí mismo Snape.

-¿Es que se ha de ofender por todo?-preguntó Tonks.

Y el señor Borgin se apresuró a decir:

No he pretendido ofenderle, señor, en absoluto...

Aunque si no mejoran sus notas en el colegio —añadió el padre de Malfoy, aún más fríamente—, puede, claro está, que sólo sirva para eso.

-Vaya ataque más gratuito hacia su propio hijo-repuso Molly-. Además, creía que Draco era de los que sacan buenas notas.

-Así es-dijo Harry-. Sobre todo en Pociones…

Snape le lanzó una mirada de advertencia.

-Pero no llega al nivel de Hermione, evidentemente-sonrió Harry, cambiando de tema e ignorando a Snape.

No es culpa mía —replicó Draco—. Todos los profesores tienen alumnos enchufados. Esa Hermione Granger mismo...

-Por favor-bufó Ron-. Todo lo que consigue Hermione es gracias a lo mucho que estudia y trabaja. Y no hablemos de alumnos enchufados… porque él es el primero.

Hermione sonrió, contenta.

Vergüenza debería darte que una chica que no viene de una familia de magos te supere en todos los exámenes —dijo el señor Malfoy bruscamente.

-¡Toma ya!-aplaudió Sirius-. Nuestra Hermione, una vez más, demostrando que no importan las tonterías esas de la sangre.

¡Ja! —se le escapó a Harry por lo bajo, encantado de ver a Draco tan avergonzado y furioso.

-¡Harry!-exclamó Hermione-. Que te van a pillar.

El chico soltó una carcajada.

-Pero si sabes exactamente lo que pasó.

Las mejillas de Hermione se encendieron.

-Calla.

En todas partes pasa lo mismo —dijo el señor Borgin, con su voz almibarada—. Cada vez tiene menos importancia pertenecer a una estirpe de magos.

-Esperemos que esa tendencia continúe-dijo Tonks, cruzando los dedos.

No para mí —repuso el señor Malfoy, resoplando de enfado.

No, señor, ni para mí, señor —convino el señor Borgin, con una inclinación.

Todos rodaron los ojos o sacudieron la cabeza.

En ese caso, quizá podamos volver a fijarnos en mi lista —dijo el señor Malfoy, lacónicamente—. Tengo un poco de prisa, Borgin, me esperan importantes asuntos que atender en otro lugar.

-Vamos a ver. ¿Esos asuntos incluyen malcriar más a Draco, abusar de tu poder u odiar a los nacidos muggle?-preguntó Sirius-. Por qué de ser así yo no consideraría asuntos importantes…

Se pusieron a regatear. Harry espiaba poniéndose cada vez más nervioso conforme Draco se acercaba a su escondite, curioseando los objetos que estaban a la venta.

El ceño de Sirius se frunció con preocupación.

Se detuvo a examinar un rollo grande de cuerda de ahorcado y luego leyó, sonriendo, la tarjeta que estaba apoyada contra un magnífico collar de ópalos:

Cuidado: no tocar Collar embrujado. Hasta la fecha se ha cobrado las vidas de diecinueve muggles que lo poseyeron.

-Maldito asqueroso-gruñó Hermione.

-Y que lo digas-la apoyó Tonks-. No puedo comprender como es posible que sonría ante la muerte de diecinueve personas.

Draco se volvió y reparó en el armario.

-Oh, no-gimió Sirius al tiempo que los demás comenzaban a ponerse nerviosos. No importaba que ya supieran lo que iba a suceder, era algo inevitable.

Se dirigió hacia él, alargó la mano para coger la manilla...

Sirius entrecerró los ojos con espanto, temiendo lo que iba a suceder.

De acuerdo —dijo el señor Malfoy en el mostrador—. ¡Vamos, Draco!

-Oh-respiró Sirius-. Gracias a Merlín.

-Y que lo digas-dijo Remus soltando el aire que había estado conteniendo-. De verdad, Harry… No sé cómo te metes en estas situaciones.

-Pues yo menos-sonrió el muchacho.

Cuando Draco se volvió, Harry se secó el sudor de la frente con la manga.

-No me extraña-dijo Tonks llevándose una mano a su pecho, donde el corazón todavía le latía con fuerza.

Que tenga un buen día, señor Borgin. Le espero en mi mansión mañana para recoger las cosas.

En cuanto se cerró la puerta, el señor Borgin abandonó sus modales afectados.

-No me extraña…-dijo Arthur.

Quédese los buenos días, señor Malfoy, y si es cierto lo que cuentan, usted no me ha vendido ni la mitad de lo que tiene oculto en su mansión.

Snape asintió para sí mismo. Había estado en casa de los Malfoy varias veces y estaba seguro de que Lucius guardaba muchos artilugios oscuros escondidos por su mansión.

Y se metió en la trastienda mascullando. Harry aguardó un minuto por si volvía, y luego, con el máximo sigilo, salió del armario y, pasando por delante de las estanterías de cristal, se fue de la tienda por la puerta delantera.

-Bueno, al menos ya estas fuera-dijo Remus-. Ahora solo has de encontrar un modo de encontrar a los Weasley.

Sujetándose delante de la cara las gafas rotas, miró en torno. Había salido a un lúgubre callejón que parecía estar lleno de tiendas dedicadas a las artes oscuras.

-El callejón Knockturn-dijo Sirius-. Mi encantadora madre solía llevarnos ahí a mi hermano y a mí. De compras-dijo sonriendo sarcásticamente-. Venden cosas realmente horribles y no es un lugar en a uno le gustaría perderse… De modo que más vale que salgas de ahí enseguida, Harry.

Todos asintieron, dándole la razón.

La que acababa de abandonar, Borgin y Burkes, parecía la más grande, pero enfrente había un horroroso escaparate con cabezas reducidas y, dos puertas más abajo, tenían expuesta en la calle una jaula plagada de arañas negras gigantes.

Ron se estremeció.

-Siempre había querido ir al callejón Knocktrun-dijo tragando saliva- pero ahora ya no me apetece tanto…

Dos brujos de aspecto miserable lo miraban desde el umbral y murmuraban algo entre ellos. Harry se apartó asustado, procurando sujetarse bien las gafas y salir de allí lo antes posible.

-Sí y rápido-le apremió Remus.

Un letrero viejo de madera que colgaba en la calle sobre una tienda en la que vendían velas envenenadas, le indicó que estaba en el callejón Knockturn. Esto no le podía servir de gran ayuda, dado que Harry no había oído nunca el nombre de aquel callejón. Con la boca llena de cenizas, no debía de haber pronunciado claramente las palabras al salir de la chimenea de los Weasley.

-¿Tu crees?-bromeó Ginny intentando distraer un poco a los demás. Especialmente a Sirius, Tonks y Remus que no sabían lo que había sucedido ni, por tanto, como iba a salir Harry de aquella. A los tres se les veía muy nerviosos y la chica esperaba que su comentario pudiera rebajar un poco la tensión que se observaba en sus rostros.

Intentó tranquilizarse y pensar qué debía hacer.

¿No estarás perdido, cariño? —le dijo una voz al oído, haciéndole dar un salto.

-No sé quién demonios es pero más le vale apartarse de ti-dijo Sirius apretando los dientes.

Tenía ante él a una bruja decrépita que sostenía una bandeja de algo que se parecía horriblemente a uñas humanas enteras.

-Que maldito asco-soltó Ginny apretando los labios.

Lo miraba de forma malévola, enseñando sus dientes sarrosos. Harry se echó atrás.

El instinto de proteger a Potter apareció como un relámpago en la mente de Snape. De pronto, sintió como se llenaba de ira hacia aquella mujer y tuvo que respirar profundamente y tragar con fuerza para intentar controlar esas emociones.

Estoy bien, gracias —respondió—. Yo sólo...

¡HARRY! ¿Qué demonios estás haciendo aquí?

-Oh, gracias a Merlín-suspiró Sirius-. No sé quién te ha encontrado pero ¡menos mal!

El corazón de Harry dio un brinco, y la bruja también, con lo que se le cayeron al suelo casi todas las uñas que llevaba en la bandeja,

Hermione arrugó la nariz.

y le echó una maldición mientras la mole de Hagrid, el guardián de Hogwarts, se acercaba con paso decidido y sus ojos de un negro azabache destellaban sobre la hirsuta barba.

-¡Hagrid!-dijo Tonks con sorpresa-. ¿Qué está haciendo ahí? Bueno, da igual. La cuestión es que ya estás a salvo.

¡Hagrid! —dijo Harry, con la voz ronca por la emoción—. Me perdí..., y los polvos flu...

Hagrid cogió a Harry por el pescuezo y le separó de la bruja, con lo que consiguió que a ésta le cayera la bandeja definitivamente al suelo.

-No será demasiado suave -sonrió Sirius, de mucho más buen humor ahora que Harry estaba fuera de peligro- pero he de reconocer que el método de Hagird funciona.

Los gritos de la bruja les siguieron a lo largo del retorcido callejón hasta que llegaron a un lugar iluminado por la luz del sol. Harry vio en la distancia un edificio que le resultaba conocido, de mármol blanco como la nieve: era el banco de Gringotts. Hagrid lo había conducido hasta el callejón Diagon.

-Menos mal…-dijo Molly-. No quiero ni pensar que hubiera sucedido si no te llega a encontrar… Y todo por nuestra culpa.

-Está bien. Señora Weasley-le tranquilizó Harry-. Además, gracias a que me perdí pude escuchar esa conversación de los Malfoy.

Molly bufó, como dando a entender que aquello no valía todo el peligro en el que Harry se había encontrado.

¡No tienes remedio! —le dijo Hagrid de mala uva, sacudiéndole el hollín con tanto ímpetu que casi lo tira contra un barril de excrementos de dragón que había a la entrada de una farmacia—.

-Alguien debería decirle a Hagrid que él es un medio gigante y Harry es solo un renacuajo-rio George.

-¡Oye!

George levantó las manos.

-No te enfades conmigo. Yo solo quiero evitar que te caigas en un barril de excrementos de dragón.

Merodeando por el callejón Knockturn... No sé, Harry, es un mal sitio... Será mejor que nadie te vea por allí.

Ya me di cuenta —dijo Harry,

-No era difícil-dijo el Harry actual.

agachándose cuando Hagrid hizo ademán de volver a sacudirle el hollín—. Ya te he dicho que me había perdido. ¿Y tú, qué hacías?

-Eso querría saber yo-dijo Tonks con curiosidad-. Aunque supongo que necesitaba comprar algo para uno de sus bichos.

Buscaba un repelente contra las babosas carnívoras —gruñó Hagrid—.

-Lo que yo decía-rio Tonks.

Están echando a perder las berzas. ¿Estás solo?

He venido con los Weasley, pero nos hemos separado —explicó Harry—. Tengo que buscarlos...

-Sí-repuso Remus-. Molly debe de estar histérica.

-Sí que lo estaba sí.

Bajaron juntos por la calle.

¿Por qué no has respondido a ninguna de mis cartas? —preguntó a Harry, que se veía obligado a trotar a su lado (tenía que dar tres pasos por cada zancada que Hagrid daba con sus grandes botas).

-A cualquiera que haya caminado alguna vez al lado de Hagrid le habrá pasado lo mismo-dijo Sirius sonriendo ampliamente.

Harry se lo explicó todo sobre Dobby y los Dursley.

»¡Condenados muggles! —gruñó Hagrid—. Si hubiera sabido...

¡Harry! ¡Harry! ¡Aquí!

Harry vio a Hermione Granger en lo alto de las escaleras de Gringotts.

-Oh. Ahí estoy-dijo Hermione-. Me alegro de volver a salir.

-Es verdad-se dio cuenta Ron-. Desde el libro anterior que no aparecías.

Ella bajó corriendo a su encuentro, con su espesa cabellera castaña al viento.

¿Qué les ha pasado a tus gafas? Hola, Hagrid. ¡Cuánto me alegro de volver a veros! ¿Vienes a Gringotts, Harry?

"Agobiante como siempre", estuvo a punto de decir Snape en voz alta. Por suerte para él, se contuvo.

Tan pronto como encuentre a los Weasley —respondió Harry.

No tendréis que esperar mucho —dijo Hagrid con una sonrisa.

Harry y Hermione miraron alrededor. Corriendo por la abarrotada calle llegaban Ron, Fred, George, Percy y el señor Weasley.

-Vale, perfecto-dijo Tonks-. Qué bien que ya estéis todos juntos.

Harry —dijo el señor Weasley jadeando—. Esperábamos que sólo te hubieras pasado una chimenea. —Se frotó su calva brillante—. Molly está desesperada..., ahora viene.

Arthur asintió, recordando aquel momento.

-Lo cierto es que todos estábamos desesperados. La primera semana que estas con nosotros y te perdemos-dijo sacudiendo la cabeza.

¿Dónde has salido? —preguntó Ron.

En el callejón Knockturn —respondió Harry con voz triste.

¡Fenomenal! —exclamaron Fred y George a la vez.

A nosotros nunca nos han dejado entrar —añadió Ron, con envidia.

-Después de leer este capítulo no sé si me apetecería entrar-dijo George, al tiempo que Fred y Ron le daban la razón-. Bueno, quizás iría un rato solo para curiosear un poquito-rectificó con una sonrisa-. Aunque eso sí, acompañado por alguien y no dejando que brujas con bandejas de uñas se me acerquen.

Y han hecho bien —gruñó Hagrid.

La señora Weasley apareció en aquel momento a todo correr, agitando el bolso con una mano y sujetando a Ginny con la otra.

¡Ay, Harry... Ay, cielo... ¡Podías haber salido en cualquier parte!

-Bueno, en cualquier parte de Reino Unido-sonrió Fred.

Respirando aún con dificultad, sacó del bolso un cepillo grande para la ropa y se puso a quitarle a Harry el hollín con el que no había podido Hagrid.

Sirius sonrió ante aquella actitud tan maternal pero un pensamiento le hizo fruncir el ceño y apretar los labios con fuerza. Debería ser Lily quien le enseñase a usar los polvos Flu y quien le quitase el polvo de la ropa, no Molly.

El señor Weasley le cogió las gafas, les dio un golpecito con la varita mágica y se las devolvió como nuevas.

Bueno, tengo que irme —dijo Hagrid, a quien la señora Weasley estaba estrujando la mano en ese instante («¡El callejón Knockturn! ¡Menos mal que usted lo ha encontrado, Hagrid!», le decía)—.

-Pues sí…-dijo Molly, conforme con la actuación de su yo pasado.

¡Os veré en Hogwarts! —dijo, y se alejó a zancadas, con su cabeza y sus hombros sobresaliendo en la concurrida calle.

¿A que no adivináis a quién he visto en Borgin y Burkes?—preguntó Harry a Ron y Hermione mientras subían las escaleras de Gringotts—.

-Y el trio de oro vuelve a estar unido-dijo Ron, sonriendo a sus dos mejores amigos.

A Malfoy y a su padre.

¿Y compró algo Lucius Malfoy? —preguntó el señor Weasley, con acritud.

No, quería vender.

Así que está preocupado —comentó el señor Weasley con satisfacción, a pesar de todo—. ¡Cómo me gustaría coger a Lucius Malfoy!

-A ti y a todos, Arthur-suspiró Tonks-. En el departamento de aurores hay muchos que no se creen sus mentiras de que nunca ha apoyado a Voldemort. Pero tienen demasiado miedo de su influencia como para hacer algo al respecto…

-¿Y mis memorias del cementerio no se podrían usar como prueba?-preguntó Harry.

-Me temo que no, Harry-dijo Tonks con tristeza-. Teniendo en cuenta la situación actual de ministerio y lo que piensan de ti. Probablemente dirían que son falsas o algo así. Idiotas-soltó, sacudiendo la cabeza-. Todo el mundo sabe que es extremadamente difícil crear memorias falsas y que normalmente puedes darte cuenta de que lo son. Pero no te preocupes-añadió con optimismo- es cuestión de tiempo para que Malfoy haga un paso en falso y entonces le tendremos.

Snape, que había estado escuchando la conversación con atención, no sabía que sentir al respecto. Por un lado sabía de primera mano todas las maldades producidas por los Malfoy así como su visión de los nacidos muggle. Sí alguien se merecía ir a Azkaban ese era Lucius. Pero, al mismo tiempo, el hombre era uno de los pocos mortifagos a los que Snape no detestaba profundamente y, con el paso de los años, había llegado a considerar a formar una especie de camaradería con él y su familia. "No importa", se dijo. "Es poco probable que tanto yo como Lucius sobrevivamos para ver el fin de esta guerra".

Ten cuidado, Arthur —le dijo severamente la señora Weasley mientras entraban en el banco y un duende les hacía reverencias en la puerta—. Esa familia es peligrosa, no vayas a dar un paso en falso.

-Eso es cierto-dijo Sirius.

¿Así que no crees que un servidor esté a la altura de Lucius Malfoy? —preguntó indignado el señor Weasley,

-No digas tonterías, Arthur-dijo Molly, haciendo sonreír a su marido.

pero en aquel momento se distrajo al ver a los padres de Hermione, que estaban ante el mostrador que se extendía a lo largo de todo el gran salón de mármol, esperando nerviosos a que su hija los presentara.

-La verdad es que siempre se quedan un poco cortados cuando están en algún sitio mágico.

-Normal…-dijo Ginny-. Debe de ser muy extraño para ellos.

»¡Pero ustedes son muggles! —observó encantado el señor Weasley—. ¡Esto tenemos que celebrarlo con una copa! ¿Qué tienen ahí? ¡Ah, están cambiando dinero muggle! ¡Mira, Molly! —dijo, señalando emocionado el billete de diez libras esterlinas que el señor Granger tenía en la mano.

Muchos rieron ante aquello.

-Me encantas, Arthur-sonrió Sirius-. La comunidad mágica necesita a más magos como tú, que hagan sentir a los muggle bienvenidos.

Nos veremos aquí luego —dijo Ron a Hermione, cuando otro duende de Gringotts se disponía a conducir a los Weasley y a Harry a las cámaras acorazadas donde se guardaba el dinero.

Para llegar a las cámaras tenían que subir en unos carros pequeños, conducidos por duendes, que circulaban velozmente sobre unos raíles en miniatura por los túneles que había debajo del banco.

-Me encantan-dijo Ron.

Harry sonrió.

-A mi igual.

Harry disfrutó del vertiginoso descenso hasta la cámara acorazada de los Weasley, pero cuando la abrieron se sintió mal, mucho peor que en el callejón Knockturn.

-¿Por…?-empezó Ron con preocupación, hasta que se dio cuenta-. Oh.

Dentro no había más que un montoncito de sickles de plata y un galeón de oro. La señora Weasley repasó los rincones de la cámara antes de echar todas las monedas en su bolso.

La mayoría de los Weasley enrojecieron al oír eso y Arthur tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para seguir leyendo como si no pasase nada.

Harry aún se sintió peor cuando llegaron a la suya. Intentó impedir que vieran el contenido metiendo a toda prisa en una bolsa de cuero unos puñados de monedas.

-Espera, papá-le interrumpió Ron-. Deja de leer un segundo.

Arthur se quedó mirando a su hijo durante unos instantes sin saber que pretendía pero hizo lo que le pedía.

-Vale, a ver-empezó-. Harry quiero que me escuches bien. Somos pobres, es así-dijo Ron encogiéndose de hombros-. No es agradable tener que usar cosas de segunda mano y sufrir por no poder comprar los libros y tampoco nos gusta que los demás vean lo vacía que está nuestra cámara de Gringotts. Pero eso no significa que tengas que sentirte mal.

Harry había ido agachando la cabeza a medida que su amigo hablaba pero aquella última frase le hizo levantarla y mirar a Ron a los ojos.

-Lo digo en serio-continuó con una pequeña sonrisa-. Tú no eres el causante de esta situación. Y que tu tengas más dinero que nosotros no nos importa, de verdad. Solo significa que puedes invitarme a cosas del carrito de vez en cuando-dijo sonriendo, recordando su primer viaje en el expreso de Hogwarts-. De verdad, Harry, es una tontería que te sientas mal por algo que no es tu culpa.

-Yo… lo sé-dijo el chico-. Pero no puedo evitar pensar que es realmente injusto. Si alguien se merece tener todo el oro del mundo sois vosotros.

Ron soltó una carcajada.

-Eso díselo al ministerio-dijo cogiéndole el hombro a Harry con cariño-. A ver si le suben el sueldo a papá.

Harry sonrió de vuelta; Ron siempre conseguía bromear sobre cualquier situación y hacerle sentir mejor.

-Antes de continuar leyendo-dijo Arthur-. Me gustaría que supieras, Harry, que todo lo que ha dicho Ron es lo mismo que pensamos nosotros-dijo señalando al resto de los Weasley.

Harry asintió, agradecido.

Cuando salieron a las escaleras de mármol, el grupo se separó. Percy musitó vagamente que necesitaba otra pluma. Fred y George habían visto a su amigo de Hogwarts, Lee Jordan. La señora Weasley y Ginny fueron a una tienda de túnicas de segunda mano. Y el señor Weasley insistía en invitar a los Granger a tomar algo en el Caldero Chorreante.

-Vaya-dijo Tonks-. Cómo de rápido se ha separado el grupo…

Nos veremos dentro de una hora en Flourish y Blotts para compraros los libros de texto—dijo la señora Weasley, yéndose con Ginny—.

Ginny dio las gracias de que su madre le la llevase con ella. Cada vez que oía su nombre sufría por si había hecho el ridículo delante de Harry ya que no lo recordaba. Después de cuatro años era difícil recordar cada momento.

¡Y no os acerquéis al callejón Knockturn!—gritó a los gemelos, que ya se alejaban.

Harry, Ron y Hermione pasearon por la tortuosa calle adoquinada. Las monedas de oro, plata y bronce que tintineaban alegremente en la bolsa dentro del bolsillo de Harry estaban pidiendo a gritos que se les diera uso, así que compró tres grandes helados de fresa y mantequilla de cacahuete,

Ron le lanzó una mirada que venía a decir "¿Lo ves, Harry?" y que hizo que el chico se sintiera mejor.

que devoraron con avidez mientras subían por el callejón, contemplando los fascinantes escaparates.

Ron se quedó mirando un conjunto completo de túnicas de los jugadores del Chudley Cannon en el escaparate de Artículos de calidad para el juego de quidditch, hasta que Hermione se los llevó a rastras a la puerta de al lado,

Sirius tomó nota mental para regalárselo en su próximo cumpleaños. Lo bueno de ser el heredero de una familia como los Black y de no haber gastado nada en los últimos trece años era que contaba con grandes cantidades de dinero que podía gastar como se le antojase.

donde debían comprar tinta y pergamino. En la tienda de artículos de broma Gambol y Japes encontraron a Fred, George y Lee Jordan, que se estaban abasteciendo de las «Fabulosas bengalas del doctor Filibuster, que no necesitan fuego porque se prenden con la humedad»,

-Un clásico-sonrió Fred con los ojos brillando.

y en una tienda muy pequeña de trastos usados, repleta de varitas rotas, balanzas de bronce torcidas y capas viejas llenas de manchas de pociones, encontraron a Percy, completamente absorto en la lectura de un libro aburridísimo que se titulaba "Prefectos que conquistaron el poder".

-Oh, por Merlín-dijo Ginny con cansancio, después de poner los ojos en blanco.

«Estudio sobre los prefectos de Hogwarts y sus trayectorias profesionales»—leyó Ron en voz alta de la contracubierta—. Suena fascinante...

-Bueno, ahora que eres prefecto…-empezó George.

-Te lo podemos regalar si tanto te interesa.

Ron rodó los ojos ante sus hermanos gemelos.

Marchaos —les dijo Percy de mal humor.

Desde luego, Percy es muy ambicioso, lo tiene todo planeado; quiere llegar a ministro de Magia...—dijo Ron a Harry y Hermione en voz baja,

-Si sigue siendo un lameculos como ahora no me cabe duda de que lo conseguirá.

-¡Ginny!-exclamó su madre.

-¿Qué? Es verdad-se defendió ella, haciendo sonreír a Harry.

cuando salieron dejando allí a Percy.

Una hora después, se encaminaban a Flourish y Blotts. No eran, ni mucho menos, los únicos que iban a la librería. Al acercarse, vieron para su sorpresa a una multitud que se apretujaba en la puerta, tratando de entrar. El motivo de tal aglomeración lo proclamaba una gran pancarta colgada de las ventanas del primer piso:

GILDEROY LOCKHART firmará hoy ejemplares de su autobiografía EL ENCANTADOR de 12.30 a 16.30 horas

-No entiendo la fascinación que provoca este hombre-dijo Sirius sacudiendo la cabeza.

¡Podremos conocerle en persona!—chilló Hermione—. ¡Es el que ha escrito casi todos los libros de la lista!

-¡Hermione!-dijo Sirius con una sonrisa sorprendida-. No me esperaba esto de ti, creía que tendrías más buen gusto.

La chica se ruborizó.

-Yo tampoco lo entiendo-intervino Fred-. Teniendo en cuenta que Lockhart no es pelirrojo…

Ginny, viendo que Ron y Hermione se ponían más incomodos con cada comentario de los gemelos acerca de ellos dos, decidió intervenir.

-Dejad de decir cosas así-les dijo en voz baja-. Estáis haciendo que se pongan muy nerviosos.

-Solo queremos agilizar las cosas un poco-murmuró George-. A este paso de tortuga que llevan acabaran juntos cuando sean viejos. Y no creo que pueda aguantar tanto tiempo.

Ginny sacudió la cabeza pero luego se lo pensó mejor y se dio cuenta de que ella tampoco podría.

-Bueno, de acuerdo-dijo-. Pero sed más sutiles.

-Está bien-susurró su hermano.

La multitud estaba formada principalmente por brujas de la edad de la señora Weasley. En la puerta había un mago con aspecto abrumado, que decía:

Por favor, señoras, tengan calma..., no empujen..., cuidado con los libros...

-Buff…-resopló Tonks-. Me agobio solo de imaginarme la escena.

-Yo igual-dijo Remus.

Harry, Ron y Hermione consiguieron al fin entrar. En el interior de la librería, una larga cola serpenteaba hasta el fondo, donde Gilderoy Lockhart estaba firmando libros. Cada uno cogió un ejemplar de Recreo con la «banshee» y se unieron con disimulo al grupo de los Weasley, que estaban en la cola junto con los padres de Hermione.

-Bueno, al menos no tuvisteis que hacer toda la cola-repuso Sirius.

¡Qué bien, ya estáis aquí! —dijo la señora Weasley. Parecía que le faltaba el aliento, y se retocaba el cabello con las manos—. Enseguida nos tocará.

-Mamá, por favor…-dijo George con vergüenza.

-Ni un comentario más-avisó Molly a sus hijos-. Que antes no sabía cómo era.

A medida que la cola avanzaba, podían ver mejor a Gilderoy Lockhart. Estaba sentado a una mesa, rodeado de grandes fotografías con su rostro, fotografías en las que guiñaba un ojo y exhibía su deslumbrante dentadura.

Dumbledore volvió a preguntarse como pensó que sería buena idea contratar a aquel personaje como profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. "Oh, sí. Por qué no había nadie más", recordó.

El Lockhart de carne y hueso vestía una túnica de color añil, que combinaba perfectamente con sus ojos; llevaba su sombrero puntiagudo de mago desenfadadamente ladeado sobre el pelo ondulado.

Hermione recordó lo mucho que le gustaba Lockhart en aquella época y sacudió la cabeza para sí misma.

Un hombre pequeño e irritable merodeaba por allí sacando fotos con una gran cámara negra que echaba humaredas de color púrpura a cada destello cegador del flash.

Fuera de aquí —gruñó a Ron, retrocediendo para lograr una toma mejor—. Es para el diario El Profeta.

-Vaya maleducado, ¿no?-dijo Tonks con indignación.

¡Vaya cosa! —exclamó Ron, frotándose el pie en el sitio en que el fotógrafo lo había pisado.

-Bien dicho, Ron-le animó la metamorfomaga.

Gilderoy Lockhart lo oyó y levantó la vista. Vio a Ron y luego a Harry, y se fijó en él. Entonces se levantó de un salto y gritó con rotundidad:

-Oh, no…-gimió Sirius.

¿No será ése Harry Potter?

-Ugh, maldita sea-dijo masajeándose las sienes-. ¿Ahora montará una escena, no?

La multitud se hizo a un lado, cuchicheando emocionada. Lockhart se dirigió hacia Harry y cogiéndolo del brazo lo llevó hacia delante. La multitud aplaudió. Harry se notaba la cara encendida cuando Lockhart le estrechó la mano ante el fotógrafo, que no paraba un segundo de sacar fotos, ahumando a los Weasley.

Snape rodó los ojos ante otro caso de "Potter la celebridad" aunque tuvo que reconocer por los pensamientos del chico no parecía estar disfrutándolo.

Y ahora sonríe, Harry —le pidió Lockhart con su sonrisa deslumbrante—. Tú y yo juntos nos merecemos la primera página.

Cuando le soltó la mano, Harry tenía los dedos entumecidos. Quiso volver con los Weasley, pero Lockhart le pasó el brazo por los hombros y lo retuvo a su lado.

-Este hombre es bastante insoportable-sentenció Sirius.

-Estoy de acuerdo-dijo Remus.

Señoras y caballeros —dijo en voz alta, pidiendo silencio con un gesto de la mano—. ¡Éste es un gran momento! ¡El momento ideal para que les anuncie algo que he mantenido hasta ahora en secreto! Cuando el joven Harry entró hoy en Flourish y Blotts, sólo pensaba comprar mi autobiografía,

-No, no pensaba hacerlo-dijo Harry firmemente, haciendo que Ron y Hermione sonrieran.

que estaré muy contento de regalarle.

La multitud aplaudió de nuevo—. Él no sabía —continuó Lockhart, zarandeando a Harry de tal forma que las gafas le resbalaron hasta la punta de la nariz—

-Me está cayendo bastante mal-masculló Sirius-. Por lo que hemos leído me parece alguien que solo se preocupa por él y su fama.

-Entonces has acertado bastante-dijo Hermione.

-Vaya-se sorprendió Sirius-. Ya no te gusta nada, ¿eh?

-Así es.

que en breve iba a recibir de mí mucho más que mi libro "El encantador". Harry y sus compañeros de colegio contarán con mi presencia.

-Oh, no-dijo Tonks.

¡Sí, señoras y caballeros, tengo el gran placer y el orgullo de anunciarles que este mes de septiembre seré el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia!

-¿En que estabas pensando, Albus?-preguntó Sirius con incredulidad.

-Bueno…-se explicó el director-. No había demasiados aspirantes al puesto. Además, era el autor de muchos libros sobre defensa y pensé que sería una buena incorporación. Y después de que el último profesor tuviera a Voldemort en la parte de atrás de su cabeza… Lo cierto es que no creí que hubiera alguna elección peor.

La multitud aplaudió y vitoreó al mago, y Harry fue obsequiado con las obras completas de Gilderoy Lockhart. Tambaleándose un poco bajo el peso de los libros, logró abrirse camino desde la mesa de Gilderoy, en que se centraba la atención del público, hasta el fondo de la tienda, donde Ginny aguardaba junto a su caldero nuevo.

Tenlos tú —le farfulló Harry, metiendo los libros en el caldero—. Yo compraré los míos...

Los Weasley sonrieron ante la generosidad de Harry.

¿A qué te gusta, eh, Potter? —dijo una voz que Harry no tuvo ninguna dificultad en reconocer. Se puso derecho y se encontró cara a cara con Draco Malfoy, que exhibía su habitual aire despectivo—.

-Oh, que pesadilla-dijo Tonks con cansancio-. ¿Es que no te puede dejar en paz?

El famoso Harry Potter. Ni siquiera en una librería puedes dejar de ser el protagonista.

-¿Envidia?-sonrió Ron.

¡Déjale en paz, él no lo ha buscado! —replicó Ginny. Era la primera vez que hablaba delante de Harry. Estaba fulminando a Malfoy con la mirada.

-¡Díselo, Ginny!-la animó Sirius-. Así me gusta: apuntando maneras desde pequeña.

¡Vaya, Potter, tienes novia! —dijo Malfoy arrastrando las palabras.

La Ginny actual puso los ojos en blanco.

-Como si eso fuera un insulto…

-Se nota que no tenía nada con lo que contestarte-dijo Hermione.

Ginny se puso roja mientras Ron y Hermione se acercaban, con sendos montones de los libros de Lockhart.

¡Ah, eres tú! —dijo Ron, mirando a Malfoy como se mira un chicle que se le ha pegado a uno en la suela del zapato—.

Muchos rieron ante aquello.

-No debería decirlo… pero bien hecho, Ron-le dijo su padre, haciendo que Ron sonriera.

¿A que te sorprende ver aquí a Harry, eh?

No me sorprende tanto como verte a ti en una tienda, Weasley —replicó Malfoy—. Supongo que tus padres pasarán hambre durante un mes para pagarte esos libros.

-Será hijo de…-gritó Sirius y Arthur continuó leyendo para acallarle pero aun así todos pudieron oír la última palabra-… Malfoy.

Casi todos se le quedaron mirando con curiosidad, habían pensado que diría otra palabra.

-¿Qué?-preguntó Sirius-. Ser hijo de Malfoy es peor que el insulto que había pensado inicialmente.

Ron se puso tan rojo como Ginny. Dejó los libros en el caldero y se fue hacia Malfoy, pero Harry y Hermione lo agarraron de la chaqueta.

-Hicisteis bien-dijo Remus-. No os conviene pelearos con un Malfoy en un sitio tan público como una librería.

Todos los que sabían que había sucedido miraron a Arthur de reojo y sonrieron disimuladamente.

¡Ron! —dijo el señor Weasley, abriéndose camino a duras penas con Fred y George—. ¿Qué haces? Vamos afuera, que aquí no se puede estar.

-Sí, esa es una buena idea-dijo Tonks.

Vaya, vaya..., ¡si es el mismísimo Arthur Weasley!

Era el padre de Draco. El señor Malfoy había cogido a su hijo por el hombro y miraba con la misma expresión de desprecio que él.

-Oh, por Merlín-se quejó Sirius-. ¿Es que no teníamos bastante con un solo Malfoy?

Lucius —dijo el señor Weasley, saludándolo fríamente.

Mucho trabajo en el Ministerio, me han dicho —comentó el señor Malfoy—. Todas esas redadas... Supongo que al menos te pagarán las horas extras, ¿no? —Se acercó al caldero de Ginny

Ginny se llenó de tensión. Se había dado cuenta de que estaban muy cerca de llegar al punto en el que Malfoy le entregó el diario de Riddle.

y sacó de entre los libros nuevos de Lockhart un ejemplar muy viejo y estropeado de la "Guía de transformación para principiantes"—. Es evidente que no —rectificó—. Querido amigo, ¿de qué sirve deshonrar el nombre de mago si ni siquiera te pagan bien por ello?

-Maldito cerdo-murmuró Sirius con odio-. Yo diría que ser un asqueroso mortifago es deshonrar el nombre de mago, no ayudar a los muggle.

El señor Weasley se puso aún más rojo que Ron y Ginny.

Tenemos una idea diferente de qué es lo que deshonra el nombre de mago, Malfoy —contestó.

-¡Díselo, papá!-le animaron todos los hijos Weasley.

Es evidente —dijo Malfoy, mirando de reojo a los padres de Hermione, que lo miraban con aprensión—, por las compañías que frecuentas, Weasley...

Hermione apretó los dientes con rabia y vio que Ron había soltado un gruñido al oír aquel fragmento. Eso le hizo sentirse mejor, el saber que sus amigos le apoyaban.

Creía que ya no podías caer más bajo.

-No conozco a tus padres, Hermione-dijo Remus con voz grave y un brillo de algo que asustaba en la mirada-. Pero siendo tú su hija, estoy seguro de que son mil veces más buenas personas de lo que los Malfoys podrían soñar siquiera.

Pocas cosas podían poner al hombre-lobo más nervioso que la discriminación hacia alguien simplemente por algo que no se podía controlar, como el hecho de ser un nacido muggle… o un licántropo.

Entonces el caldero de Ginny saltó por los aires con un estruendo metálico; el señor Weasley se había lanzado sobre el señor Malfoy, y éste fue a dar de espaldas contra un estante.

-¡Arthur!-exclamó Sirius con sorpresa, mientras Tonks y Remus abrían la boca como un pez-. Solo puedo decir: vaya. Oh y también que se lo merecía.

Docenas de pesados libros de conjuros les cayeron sobre la cabeza. Fred y George gritaban: «¡Dale, papá!», y la señora Weasley exclamaba: «¡No, Arthur, no!».

Snape se quedó mirando a Arthur con un nuevo respeto en su mirada. Siempre había sabido que el hombre era más fuerte y tenía más valentía de la que aparentaba pero nunca se imaginó que se enfrentaría a Lucius Malfoy de aquella manera. Y a puñetazo limpio ni más ni menos.

La multitud retrocedió en desbandada, derribando a su vez otros estantes.

¡Caballeros, por favor, por favor! —gritó un empleado.

-Me da a mí que no le van a escuchar-dijo Tonks, todavía muy sorprendida.

Y luego, más alto que las otras voces, se oyó:

¡Basta ya, caballeros, basta ya!

Hagrid vadeaba el río de libros para acercarse a ellos. En un instante, separó a Weasley y Malfoy.

-Hagrid siempre consigue lo que los demás no pueden-dijo Harry con una sonrisa orgullosa.

El primero tenía un labio partido, y al segundo, una "Enciclopedia de setas no comestibles" le había dado en un ojo.

-Quien fuera una "Enciclopedia de setas no comestibles"-dijo Sirius-. Para darle a Malfoy en el ojo.

Malfoy todavía sujetaba en la mano el viejo libro sobre transformación. Se lo entregó a Ginny, con la maldad brillándole en los ojos.

Toma, niña, ten tu libro, que tu padre no tiene nada mejor que darte.

Ginny sintió como un escalofrío la recorría al darse cuenta que había sido ese momento el que cambió su vida para siempre. Más tarde, encontraría el diario de Riddle entre las páginas del viejo libro sobre transformación y partir de entonces empezaría a perderse en él.

Vio por el rabillo del ojo como su madre la miraba, transmitiéndole fuerza con la mirada y eso la hizo sentir mejor, menos sola.

Librándose de Hagrid, que lo agarraba del brazo, hizo una seña a Draco y salieron de la librería.

No debería hacerle caso, Arthur —dijo Hagrid, ayudándolo a levantarse del suelo y a ponerse bien la túnica—. En esa familia están podridos hasta las entrañas, lo sabe todo el mundo.

-Exacto-dijo Tonks con energía.

En aquel momento Harry pareció darse cuenta de que, por la parte de la lectura en la que se encontraban, Lucius debía acabar de darle el diario a Ginny. Rápidamente, su mirada se dirigió a la muchacha, observando su rostro para ver si se encontraba bien.

Son una mala raza. Vamos, salgamos de aquí.

Dio la impresión de que el empleado quería impedirles la salida, pero a Hagrid apenas le llegaba a la cintura, y se lo pensó mejor.

-Siempre es bueno tener a Hagrid contigo-sonrió Ron.

Se apresuraron a salir a la calle. Los padres de Hermione todavía temblaban del susto

-Pobres tus padres, Hermione-dijo Remus-. Y qué vergüenza la imagen que se debieron llevar de los magos.

La muchacha levantó una mano.

-No te preocupes-dijo-. Ellos saben que no todos son así, yo se lo he explicado. Además, vieron como el señor Weasley se lanzaba sobre Malfoy para defenderles. Creo que eso les causó una buena impresión-terminó riendo.

Arthur se ruborizó un tanto.

y la señora Weasley, que iba a su lado, estaba furiosa.

¡Qué buen ejemplo para tus hijos..., peleando en público! ¿Que habrá pensado Gilderoy Lockhart?

-¿Qué más da?-dijo Tonks despreocupadamente.

Estaba encantado —repuso Fred—. ¿No le oísteis cuando salíamos de la librería? Le preguntaba al tío ese de El Profeta si podría incluir la pelea en el reportaje. Decía que todo era publicidad.

Sirius bufó.

-No voy a poder aguantar toda la lectura con este hombre de por medio…-declaró.

Los ánimos ya se habían calmado cuando el grupo llegó a la chimenea del Caldero Chorreante, donde Harry, los Weasley y todo lo que habían comprado volvieron a La Madriguera utilizando los polvos flu.

-Espero que esta vez fuera mejor que la anterior-sonrió Tonks.

Antes se despidieron de los Granger, que abandonaron el bar por la otra puerta, hacia la calle muggle que había al otro lado.

-Siempre se me hace raro-dijo Hermione.

El señor Weasley iba a preguntarles cómo funcionaban las paradas de autobús, pero se detuvo en cuanto vio la cara que ponía su mujer.

-Sí creo que será lo mejor-rio Sirius.

Harry se quitó las gafas y se las guardó en el bolsillo antes de utilizar los polvos flu. Decididamente, aquél no era su medio de transporte favorito.

-Aunque ahora he mejorado bastante-dijo sonriendo.

El señor Weasley pasó la página y anunció que se había acabado el capítulo.

-El siguiente se titula "El sauce boxeador". Y veo venir que no nos va a gustar nada…- dijo, intercambiando una mirada con su mujer-. Pero, en fin, ¿quién quiere leer?

Ron suspiró largamente, recordando todos los peligros que habían pasado en su segundo año hasta llegar a Hogwarts: el cierre de la barrera, el viaje en el Ford Anglia y, finalmente, estrellarse junto al sauce boxeador. Estaba seguro de que su familia, y especialmente sus padres, iban a perder los nervios en muchas partes del capítulo así que quizás la mejor idea sería leer él para que no se parase todo el rato la lectura.

-Creo que yo-dijo levantando la mano.

-¿Crees?-le preguntó Ginny con diversión.

-Sé-rectificó el muchacho, estirándose para coger el libro que le acercaba su padre.

Una vez tuvo el tomo entre las manos, Ron se aclaró la garganta y comenzó a leer.

-"Capítulo 5: El sauce boxeador".

A/N: Pues hasta aquí este capítulo, espero que os haya gustado. Por cierto, fui a ver "Animales fantásticos y donde encontrarlos" y ¡me gusto mucho! ¿A vosotros que os ha parecido?

Como siempre gracias por leer y dejad review si queréis :D