Todo lo que había planeado y logrado, se fue directa y rápidamente, a la mierda.

No culpo a Naruto de lo que pasó, o más bien, que volvió a pasar. Todo es mi culpa.

Toda la presión y el constante sentimiento de estar solo pudieron conmigo, quería olvidar todo, despertar junto al cuerpo cálido de la pelinegra que ocupaba mis pensamientos la mayor parte de mis días.

Consumí tantas drogas y alcohol que mi cuerpo estaba colapsando, comencé a vomitar y mi cuerpo estaba tan frio como un cubo de hielo.. Naruto sabía lo que pasaba, llamó a Temari trastabillando en cada palabra, me subió al auto y condujo a urgencias.

Me subieron a una camilla y las enfermeras me hablaban diciendo que no cerrara los ojos, todo se sentía extrañamente confuso, me sentía como un niño asustado rodeado de gente extraña, me moví queriendo alejarme de ellos, sentía una fuerte sensación de estar en peligro, o solo estaba siendo paranoico, vi al doctor poner una luz frente a mis ojos.

–Atenlo —dijo.

–No —murmuré haciendo fuerza en mis brazos cuando las enfermeras se acercaron para tratar de atarme a la camilla. Apenas duré unos segundos haciendo fuerza cuando pudieron conmigo, grité dejando que el pánico se apoderara de mí, seguí tratando de liberarme lastimándome las muñecas, no me importaba.

Entre las enfermeras vi a lo lejos a mis hermanos entrar, Temari miraba a todos lados con temor, grité cuando una de las enfermeras inyectó algo en mi brazo con brusquedad, en un arrebato logre soltarme y saqué la jeringa de mi brazo lanzándola lejos, unos brazos me inmovilizaron sosteniéndome del cuello, grité con dolor.

– ¡Suéltenlo! —gritó Temari tratando de acercarse, pero Kankuro la sostenía, mirando a otro lado. Seguro queriendo evitar verme así— ¡lo están lastimando! —gritó nuevamente, esta vez su suplica fue más desgarradora.

Un hombre me empujó con su mano en mi frente haciendo que me recostara, grité deseando que terminara pronto.

Perdí el conocimiento cuando el doctor se acercó nuevamente una linterna frente a mis ojos.

Cuando desperté mis manos seguían atadas, estaba en una habitación y solo escuchaba el molesto sonido de la máquina que mostraba mi ritmo cardiaco, tenía unos pequeños tubos que daban oxígeno en mi nariz, el suero conectado a mi vena y un dolor intenso en mi cabeza, nada nuevo para mí,

Dos sobredosis en un año, vaya idiota.

Mi mano estaba cálida, me fije en ella y note que había una mano sobre la mía, delgada y con la piel un poco bronceada junto a una mata de pelo rubio amarrado en cuatro coletas, el color era como el de mi madre, di un leve apretón y levantó la mirada de golpe, sus ojos estaban rojos e hinchados, había estado llorando. Apretó mi mano soltando una risa amarga antes volver a llorar.

Hoy estaba nublado. Temari se fue por un momento y volvió con unas enfermeras, desataron mis muñecas y revisaron mi estado, se retiraron cuando el doctor entró y detrás venia Kankuro junto a Yashamaru, y mi padre.

–Así que por fin despertaste, ha mejorado bastante, pero te tendremos en observación otro par de horas para asegurarnos —dijo escribiendo en una ficha, metió su mano en el bolsillo de su bata y saco varios folletos que le entregó a mi hermana— son centros de rehabilitación que podrían interesarles.

–Mi hijo no necesita eso —habló mi padre con los brazos cruzados.

–Yo lo ayudaré, ya hiciste suficiente Rasa, debiste decirnos que Gaara había aparecido —replicó Yashamaru, agradeció al doctor y este se retiró de la habitación.

–Nuestro salvador —ironizó—... esta es mi familia —volvió a hablar mi padre acercándose amenazante.

–No me vengas con ese cuento, hace cuatro meses lo que menos te importaba era tu familia, yo soy el que ha velado por ellos.

–Si tanto lo has hecho, ¿Por qué Gaara está aquí?

–Ya paren. Gaara estuvo a punto de morir, de nuevo, y ustedes no dejan de pelear —Temari aún seguía sentada junto a la camilla, volvió a tomar mi mano y le dio un apretón— y tú —su ceño se frunció— me dirás porque desapareciste.

–No les gustaría saber —dije— ¿Dónde está Naruto?

– ¡Gaaaaara! -gritaron fuera de la habitación, pasos apresurados se escuchaban a los lejos y enfermeras gritando que no se debía correr en los pasillos.

Naruto se detuvo de golpe frente a la puerta, agarrándose de esta cuando no alcanzó a frenar por lo rápido que venía.

–Oye, ¡idiota, ¡Gaara acaba de despertar y estas en un hospital! —gritó Kankuro haciendo irónicamente un escándalo, agarrando a Naruto del cuello de su camisa, el rubio estaba agitado y rojo por haber estado corriendo.

–Déjalo —dije, sentándome.

–Hinata...—dijo respirando agitadamente— trataron de capturar a Hinata anoche.

– ¿Q–Que haces tú aquí?

–Más bien que haces tú aquí —bajé la mirada avergonzada— ni en mis sueños me habría imaginado que te encontraría asi, dime ¿Qué te has metido para terminar aquí?

Fruncí el ceño por su falta de tacto.

Pase por su lado siguiendo mi camino a buscar a Tayuya, intercambié un par de palabras con la enfermera de turno y me llevó hasta la habitación donde se encontraba la pelirroja, sentada en la cama con la espalda apoyada en la pared. Fijó su vista en mí y me sorprendí al notar el moretón que había en su pómulo izquierdo, sonreí débilmente y entré. Charlamos un rato hasta que la enfermera pidió que me retirara.

–Cierto —dije volteando— ¿recuerdas al chico pelinegro de anoche?

–Sí, ¿Por qué?

–Me encontré con él en el camino.

–Vaya —dijo pensando— tal vez quiera tener sexo contigo y te ha buscado.

–Buenas noches, Tayuya —dije, cerrando la puerta con una mirada de fingido odio hacia ella, la pelirroja levanto el dedo del medio.

Salí por una de las puertas de emergencia para rodear el edificio y tal vez así no encontrarme con él, seguí el camino de piedras y me vi tentada a sentarme en la fuente, el clima no era exactamente el mejor, estaba helado y tal vez llovería.

Pase la punta de mis dedos por el agua continuamente, pequeñas gotas de agua cayeron en mi cabello haciendo ondas en la fuente, las enfermeras tocaron una campana para que los pacientes entraran al edificio, me refugié en mi habitación, estaría sola en el almuerzo y el resto del día, ya que Tayuya es la única amiga que tengo en este lugar.

Me metí bajo las cobijas y solo me quedé mirando la pared deseando que los días pasaran rápido.

¿Correspondería culpar a Gaara por todo esto?

Me levanté de golpe, no, no lo haría porque yo me metí en este lugar, fue mi decisión probar la droga esa noche.

Salté del susto cuando tocaron la puerta, debía dejar de asustarme por todo. Me puse de pie para abrir y me encontré con el pelinegro, lo miré confundida y molesta, traía en sus manos una bolsa transparente con galletas.

– ¿Qué quieres? —pregunte fríamente.

–Pedir perdón —suspiró— fui grosero, lo admito, no se me da sociabilizar.

–Es la peor disculpa que he escuchado —dije, arrebatándole las galletas y retrocediendo para cerrar.

–Espera...—sostuvo la puerta evitando que la cerrara— conoces a Naruto, ¿cierto?

–Si —levanté una ceja— ¿Por qué preguntas?

–Soy su hermano gemelo.

Parpadeé varias veces, podría tener razón, son exactamente iguales. Sólo que este chico tiene el cabello negro.

–Naruto nunca habló de ningún hermano, nucho menos de un gemelo —hablé con desconfianza.

–Es complicado —dijo— si quieres me dejas entrar y hablamos.

Hice una mueca y abrí la puerta por completo para que entrara, me senté en la cama y el me imitó, a una distancia prudente.

–Te escucho —dije, decidida.

Suspiró y saco una pequeña foto instantánea de su billetera, la tomé con cuidado con ambas manos, en ella se veía a dos niños rubios, tenían menos de 10 años.

– ¿Cómo te llamas? —pregunté, sin quitar la mirada de la foto.

–Menma, Uzumaki Menma.

Comenzó a contar la historiade su familia, la mayor parte del tiempo solo escuchaba.

Eran una familia feliz, me mostró también fotos de sus padres, la cara y la forma de los ojos eran idénticas a la de su madre pero heredaron el cabello de su padre. Naruto fue el primero en nacer. Sus padres tuvieron un accidente el cual sospechan, fue ocasionado, pero el caso nunca fue resuelto. Al quedar huérfanos y sin ningún pariente que los pudiera cuidar, quedaron al cuidado de su padrino, Jiraiya.

–Espera, espera —dije moviendo las manos— si ambos quedaron con Jiraiya, ¿Por qué tu acabas de volver y ni siquiera sabes dónde está Naruto?

–Mi padre era profesor en una universidad, una de sus alumnas tenía un vínculo muy fuerte con él y mi madre, pidió la custodia de nosotros al no creer capaz a Jiraiya de criarnos correctamente.

–Pues tenía razón —volví a interrumpirlo.

–Solo le dieron permiso para hacerse mi tutora legal, ambos estábamos muy afectados por la pérdida, en realidad no entendíamos porque ellos no volvían. Mi tutora consiguió un mejor trabajo así que nos fuimos de Konoha y perdimos el contacto.

–Me estás diciendo que no has sabido de tu hermano gemelo... tu única familia, ¿en años? Entiendo a Naruto si no quiere hablar de ti —dije cruzándome de brazos.

– ¿Me ayudaras a buscarlo? —dijo mirándome fijamente.

Ladeé la cabeza pensando en que hacer o decir, ¿estaría bien darle de golpe la noticia de que su hermano se volvió un delincuente y que ahora lo buscan para matarlo?

–Él estuvo aquí ayer. ¿Por qué volviste? —entré en duda.

– ¡¿Él estuvo aquí?!

–Contéstame —exigí.

–Mi tutora volvió por el funeral de un viejo amigo y decidió quedarse aquí, ha conseguido trabajo en este lugar.

¿Rin? Tenía que ser ella.

–Lo siento, pero no sé dónde se encuentra ahora, y no sé si volverá.

– ¿Eres su novia o algo así?

Me sonrojé un poco.

–E–Es el mejor amigo de mi novio —bajé la mirada.

– ¿Tienes novio? -preguntó, con algo de desilusión, abrió los ojos sorprendido por lo que había dicho y volvió a su semblante serio– Si eres su amiga deberías saberlo.

–Escucha —dije algo molesta por tanta insistencia— Naruto está en una situación... complicada. Ahora si no te molesta, me gustaría estar sola.

–Que mujer más molesta.

Rodé los ojos e hice un gesto grosero con la mano, el frunció el ceño y salió rápidamente de mi habitación.

Pensaba en volver a dormir hasta que la molesta campana del almuerzo sonó y una de las enfermeras llegó por mí al no verme en el comedor, de mala gana fui y me senté sola en la mesa de siempre que compartía con Tayuya, jugué con la comida, revolviéndola y separándola hasta dejarla ordenada en el plato, una de las enfermeras se sentó frente a mí, al levantar la mirada pude ver a Rin mirarme con preocupación.

–Supe que Menma fue a tu habitacion ¿te ha molestado?

– ¿Tu eres su tutora? —pregunté para asegurarme.

–Si... dime como ha estado Naruto, te lo suplico.

– ¡Hinataa! —volteé y el anteriormente mencionado rubio se acercaba corriendo, pero se detuvo a unos metros de la mesa, con la boca entreabierta.

Rin se puso de pie sorprendida y con los ojos llorosos, el rubio sostenía una mirada fría hacia ella, cuando ella trato de acercarse el retrocedió unos pasos, viró su vista a mí y entendí que quería salir de ahí, puse mi mano con suavidad en el hombro de Rin.

–Dale tiempo —murmuré. La castaña hizo un gesto de dolor.

Me marché del comedor acompañada de Naruto, ya había parado de llover pero nos quedamos bajo la puerta mirando el patio.

–Ella...—habló, con la voz rota.

–No tienes que decirme si no quieres...

–Ella me abandonó, Hinata —su cuerpo temblaba ligeramente con angustia en su voz— esperé meses que volviera por mi como había prometido, cuando comprendí que ella no volvería...

Sin saber que hacer lo abracé con fuerza y acaricie su espalda haciendo círculos, apoyó su frente en mi hombro encorvando su espalda al ser más baja que él, luego de unos minutos me alejó gentilmente con sus manos en mis brazos.

–Gracias, Hinata -dijo con su sonrisa renovada— ¡Cierto! Lo había olvidado, Hinata, Gaara está en el hospital...tuvo una sobredosis —se mordió el labio.

– ¿Qué? ¡Naruto! Dijiste que no tenías idea de donde estaba —exclamé empujándolo haciendo que su espalda se golpeara con la pared, mi corazón latía desenfrenado.

–Anoche me buscó diciendo que quería verte, pero le dije que tenía que esperar y fue todo muy inesperado —explicó moviendo sus manos exageradamente.

– ¿Esto ocurrió anoche? ¡Por que no viniste para decirme de inmediato! Por lo menos dime como está —lo regañé, con angustia.

–Estable, pero su corazón se detuvo por unos segundos... Vine en cuanto me dijeron que despertaría en unas horas, perdóname Hinata pero debía estar ahí hasta que el estuviera bien.

Suspiré con alivio, ni siquiera podía pensar en que no pudiera ver nunca más a Gaara, eso me derrumbaría por completo, deseaba verlo, besarlo y decirle cuanto lo extrañaba y que no volviera a desaparecer.

–Desde que murió Obito...

– ¡Shh! —tapé su boca con mi mano y miré a todos lados esperando no ver a nadie— no hables de ese tipo aquí, era amigo de la infancia de Rin o algo así.

– ¿Amigos? Por qué tendría una amistad con alguien así —puso una mano en su mentón.

– ¡No lo sé! Pero no lo menciones.

Asintió con la cabeza.

– ¿Naruto?

Ambos giramos para encontrarnos con un Menma asombrado. Ambos se acercaron al otro y se observaron de pies a cabeza, Menma fue el primero en reaccionar y lo abrazó, Naruto le correspondió algo torpe e indeciso.

–Por fin te encuentro, estas tan diferente —opinó Menma observando las ojeras de Naruto.

El rubio sonrió y le propinó una golpiza en el abdomen a su hermano, el cual tosió y lo miro desde el suelo sin entender que pasaba, salté sorprendida pero no solté una palabra, esto era algo familiar y no me correspondía.

– ¡No te hagas el interesado luego de que me olvidaran aquí por años! Nunca hubo una llamada, ni una puta carta ¡me abandonaron!

Mordí mis uñas incomoda, pensé en irme a mi habitación y darles privacidad, pero en cuanto caminé para salir del pasillo Naruto me gritó que no me moviera.

–Es complicado —dijo Menma.

–Excusas —el rubio tomó mi brazo y me obligó a caminar, volteé a ver a Menma y este seguía en el suelo, recordé de golpe el incidente.

– ¡Naruto! —lo llamé, pero siguió caminando sin mirar atrás— ¡escúchame! —seguía sin hacerme caso— ¡los hermanos Zetsu me encontraron!

Paró de golpe y se volteó con temor en su mirada, me agarro con fuerza de ambos brazos y se acercó.

– ¡¿Cómo?! Ellos no deberían saber que estas aquí ¡dattebayo!

–No lo saben, pero anoche... Me fugue con Tayuya y me los encontré, ahí conocí a Menma, nos ayudó a escapar –ambos volteamos a mirarlo, Naruto con una mirada acusadora como si sospechara de él.

– ¿Enserio hiciste eso? —preguntó el rubio.

–Si —respondió, sobándose la zona golpeada.

–Sigo sin perdonarte —volvió a mirarme- Gaara tiene que saber sobre esto, no vuelvas a salir, Hinata, lo digo enserio. Lo que hizo Gaara fue para que tu padre te mantuviera segura, no para que te escapes cuando se te de la gana y te vuelvas a poner en peligro.

Asentí arrepentida y salió corriendo.

– ¿En qué rayos están metidos? —pregunto Menma, ambos lo ignoramos y seguimos por nuestro camino.

Asistí a la charla en grupo, en realidad solo estuve sentada sin querer decir nada, escuchando las historias de superación de los pacientes, entre ellos había una niña pequeña como Hanabi, pálida como un fantasma y con unas horribles ojeras, sus ojos marrones eran opacos y tristes, su cabello maltratado y desordenado.

No podía evitar sentir una enorme angustia y preguntarme que la había conducido a esa vida tan deplorable. La mayoría de las personas en este lugar lucían así, rotas.

Al salir de la sala común donde se realizaban las charlas me dirigí a la oficina del doctor para el chequeo que me realizaban cada tres días, me regañó por mi bajo peso que decaía desde que llegue aquí, últimamente apenas tocaba mi almuerzo y es que no tenía ánimos de nada.

–Tienes que tener fuerzas para mejorarte, Hinata, tu dosis no cambiará, pero habrá una enfermera encargada de vigilar que comas, la anorexia es muy común cuando se realiza este tratamiento —decía sin dejar de escribir en su portátil, observe toda la habitación como todas las veces que venía para pasar el tiempo, la pared estaba adornada con diplomas con marcos de madera oscura y posters con mensajes motivadores— la psicóloga te ha echado un ojo, yo también te he notado algo deprimida —volvió a hablar, esta vez con toda su atención sobre mí— me gustaría que pasaras por su oficina para charlar mas seguido, pero es tu decisión.

–Lo pensaré —espondí perdida en mis pensamientos, ¿Gaara habría pasado por esto también? Y por lo que veo, volverá a pasar por la inquietante abstinencia.

– ¿Tienes alguna duda, Hinata? Puedes preguntar lo que sea.

–Es sobre los tratamientos -comencé— ¿todos son iguales? —pregunté pensando en Gaara.

–Bueno, nosotros trabajamos con medicinas más modernas a diferencia de otros centros, las creamos nosotros mismos, además de anular ese deseo por consumir disminuye los dolores que suele provocar la abstinencia, con los opiáceos se puede decir que es la peor. Lo que tú has pasado las primeras semanas aquí ha sido lo mínimo.

Fruncí el ceño y me fui en silencio, sabia sobre el horrible malestar luego de un día sin consumir, lo había experimentado muchas veces, cuando trataba (sin éxito alguno) de dejarla junto a Gaara.

Camino a mi habitación me encontré con mi familia, incluyendo a mi tío Hizashi, corrí a abrazarlos, Hanabi me abrazó con fuerza y Neji acarició mi cabeza.

–Has hecho todo lo que las enfermeras te dicen, ¿cierto?—preguntó el tío Hizashi.

A pesar de todo lo que he hecho, el sigue tratándome como una niña pequeña, la visita fue corta ya que mi padre tenía que volver a los asuntos de la empresa que últimamente lo tenía más atareado que nunca, Neji tenía entrenamiento y Hanabi, ella solo venía con mi padre, pero no deseaba irse, sonreí a causa de que Hanabi no me soltó hasta que llegamos a la salida y tuvo que subir al auto.

– ¡Lo olvidaba! —exclamo— he traído tu mochila, tiene algunas cosas que tal vez te guste tener aquí žme entrego la mochila que había llevado en su espalda todo el día.

–Adiós, Hanabi.

–Nos veremos pronto, cuídate, pronto te sacaré de aquí —dijo mi padre, asentí y me despedí con la mano de Hanabi que estaba en la ventana. Con calma fui a mi habitación y me encerré en ella, deje mi mochila sobre la cama y comencé a sacar las cosas que había en ella, las fotos de mi familia que antes estaban en mi habitación, mi suéter favorito y algunos dulces, cuando esta se encontraba vacía note un bulto, palpe la mochila y recordé el bolsillo secreto que yo misma había creado en con un cuchillo, introduje mi mano en el orificio y saqué un objeto pesado envuelto en una pañoleta blanca.

–Es de Gaara —murmuré, me deshice de la tela con delicadeza.

Era una navaja automática del tamaño de mi mano. Busqué el pequeño botón y al presionarlo la cuchilla salió.

Haciendo palanca logre soltar una de las tablas del suelo hasta levantarla para esconder la navaja, dejé la tabla como estaba y acomode mi cabello disimulando cualquier cosa.

Ausente o no, rompía las reglas a causa de Gaara.

– ¿Crees que sepan dónde está ahora? —dije comiendo lo que la enfermera había traído, Naruto se tragaba el postre que le había ofrecido.

–Por lo que me dijo, no los siguieron, mientras no vuelva a salir del hospital estará bien, ¿Cuándo falta para que te liberen? —pregunto estirando los brazos y bostezando.

–No lo sé, tal vez en una hora.

– ¿Quieres algo? Iré a la cafetería.

–Una soda, esta mierda de jugo sabe horrible.

Naruto alzó el pulgar y salio de la habitación.

Me recosté en la camilla observando aburrido, todo era blanco y me enfermaba. Me recordaba a los meses que estuve en rehabilitación dentro del reformatorio, en las noches se escuchaban gritos y los tratos no eran los mejores, el primer día que llegué allí me desnudaron y me mojaron con una manguera con mucha presión y el agua era tan fría que dolían los huesos.

No fue la única vez que me sometieron a ese castigo, lo disfrutaban, reían cada vez que lo hacían.

Naruto volvió corriendo y con la cara pálida, rebuscaba entre las cosas con rapidez hasta que dio con una caja bajo un estante.

– ¿Qué haces?

– ¡Hay que irnos! Mierda, mierda, mierda —dejó sobre mi cama la ropa con la que había llegado— puedes correr, ¿cierto?

– ¿Me puedes decir que mierda te pasa? –dije sin moverme de la camilla.

–Vi a Hidan, con Deidara y Sasori, ¡muévete!

Dejé caer la comida por la sorpresa.

Bajé de la camilla para comenzar a vestirme, Naruto estaba en la puerta y asomaba la cabeza al pasillo de vez en cuando, mordiéndose las uñas, termine de ponerme la camisa y las zapatillas para salir de la habitación, le hice una seña a Naruto para que me siguiera, en cuanto abrí la puerta de emergencia, el ascensor del otro lado del pasillo se abría dejando ver al peliblanco en medio de los demás.

– Corre —dije, cerrando la puerta tras de mí, corríamos escaleras abajo, saltando algunos escalones, escuché el sonido de la puerta de emergencia y pasos apresurados, dejé de poner atención y me concentré en no caer.

El rubio delante mío empujo la puerta y espero a que yo saliera para seguir corriendo a la par, nos adentramos al centro de la ciudad, volteé y ellos aún nos seguían, con furia en su mirada sin importarles empujar a la gente.

Nos metimos a un callejón para saltar la muralla, entramos a una tienda al cruzar la calle y corrimos hasta llegar a la bodega, salimos por la puerta trasera que daba a otro callejón, seguimos hasta que sentimos que nos sentimos seguros.

Me senté en el suelo y quité el sudor de mi frente con la manga de mi camisa, aun sentía la adrenalina.

– ¿Tienes dónde ir, Gaara? —preguntó Naruto, encorvado y con sus manos en las rodillas.

–No puedo arriesgarme a volver a casa —dije poniéndome de pie— ¿y tú?

–Entonces sígueme —exclamo con simpleza, no fue difícil encontrar un lugar donde poder tomar una sudadera sin que nadie nos viera, con las capuchas tapandonos el rostro tomamos un autobús y nos alejamos de la ciudad.

Lo seguí a lo que parecía ser un campamento de remolques. Abrió la puerta de uno pequeño a diferencia de los demás, se veía antiguo y tenía algunas abolladuras, Kurama apareció al instante moviendo enérgicamente la cola, Naruto se agachó para acariciar su cabeza.

–Konan me la dejó cuando se fue de la ciudad. A veces duermo fuera por que Jiraiya suele traer compañía.

Hice una mueca, Jiraiya era un hombre sin escrúpulos y bastante imbécil a veces. Aún recordaba las veces que me quedaba en lo de Naruto cuando éramos niños, de vez en cuando Jiraiya llevaba una mujer a la casa sin importarle que esta gritara y estuviéramos en la habitación de al lado. El rubio ya acostumbrado sólo le subía el volumen a la televisión.

– ¡Ya sé! Podríamos viajar por el mundo ¡seria genial, dattebayo!

Reí de lado, no parecía mala idea alejarse de todo. Abrí la nevera y este se encontraba lleno de comida.

– ¿De dónde sacaste todo esto? Z—pregunté sacando una coca cola.

–Tengo ahorros. He estado pensando en volver al instituto —habló acostándose en el sofá.

–Idiota, te mataran.

–Oh vamos. Ni siquiera se acercan a ese lado de la ciudad.

Bufé y tiré la lata vacía que rebotó en su cabeza.

Solo deseaba que se terminara pronto, estas últimas semanas solo han sido huir y esconderme, sobrevivir. Debí haber dejado una nota para mis hermanos sobre el motivo de mi huida, pero no hubo tiempo.

– ¿Crees que pueda ir a ver a Hinata?

– ¿Mañana?

–Ahora, Naruto —refunfuñe fastidiado.

–Puedes entrar a escondidas, pero no sacarías nada, no encontraras su habitación —respondió entretenido con mi impaciencia.

–Me las arreglaré.

Levanto los hombros y escribió en un papel la dirección y el número de la habitación de Hinata.

Me indicó que lo siguiera, salimos del remolque y detrás de esta, enganchada estaba la bicicleta naranja de Naruto, regalo de sus padres y muy valiosa para el por esa razón. La desenganchó y la dejó en el suelo.

Con un sonrojo comentó que no volvería hasta mañana, diciendo que había conocido a una chica que lo traía loco y pensaba pasar la noche con ella, me entregó las llaves del remolque antes de irse.

Hace poco había anochecido, tenía tiempo de sobra para hacerle una pequeña visita a mis hermanos y luego ir por Hinata, lo ideal era ir a medianoche donde ya todos se habrían ido.

Estacioné a unas cuadras del edificio, el conserje se sorprendió de verme y solo seguí mi camino. Toqué la puerta y abrió Temari, con aspecto deprimente y más seria de lo normal, entreabrió los labios y no pensé mejor cosa que fruncir los labios y abrazarla.

–Te gritaría, pero he estado tan triste que no tengo fuerzas —dijo con gracia mezclada con melancolía.

Al contrario de lo que pensaba, no me regañaron, me invitaron té con galletas mientras Temari con Yashamaru preparaban la cena, no me negué, me estaba muriendo de hambre.

–Gaara... ¿Por qué unos hombres te perseguían? —Temari fue la primera.

– ¿De qué hablan? —pregunté frunciendo el ceño— ¿Cómo supieron eso?

–Estabas en un hospital, Gaara, ¿crees que nadie se daría cuenta? —exclamo Kankuro, negando con la cabeza— ¿nos puedes decir que está pasando?

–No puedo estar aquí... me metí en un problema muy grande. No puedo arreglarlo.

No podía descifrar sus expresiones en ese momento.

—No pregunten por qué —bajé la mirada.

–Maldición —murmuró Temari escondiendo su rostro en sus manos.

–Si te quedas aquí...

–Me iré por un tiempo más, puede que vengan aquí, díganle que no me han visto —me puse de pie y entré a mi habitación para meter toda la ropa que pudiera en un bolso

– ¿Dónde iras ahora? —preguntó Yashamaru apoyado en la puerta— puedes seguir así, la escuela...

–Estaré bien —respondí fríamente, lo escuché suspirar y me encogí de hombros odiando ser una molestia para todos. Antes de largarme besé la coronilla de Temari, de las personas que menos se merecían esta mierda, era ella.

Tiré el bolso sin cuidado al asiento de copiloto, de mi bolsillo saqué el papel que Naruto me había entregado donde estaba la dirección del centro de rehabilitación en el que se encontraba Hinata.

Era un poco alejado de la ciudad, llegue rápido debido a que eran casi la una de la madrugada y pocos autos transitaban por esa zona.

Sólo había una cerca de madera de mi tamaño por lo que no fue difícil saltarla, me apoyé en un árbol a observar si no había ningún guardia pero todo estaba extrañamente desolado, corrí hacia el edificio y trate de abrir una de las puertas, me detuve al escuchar pasos y voces, miré a ambos lados y corrí detrás de un arbusto justo cuando la puerta se abría.

–Aah amigo, quiero irme a casa.

–Cállate y ve a vigilar, tu ve por allá yo rodeare esta parte.

Se separaron y en cuanto los perdí de vista entré al edificio.

Decidí ir por la derecha, según Naruto su habitación estaba en el tercer piso, no sabía cuánto tardaría en encontrarla con lo enorme que era el edificio, debía apresurarme, estaba sintiéndome decaído, los medicamentos que me dieron en el hospital estaban perdiendo su efecto.

Tardé casi una maldita hora en encontrar la habitación, me apoyé en la pared sin dejar de mirar el número de la puerta.

¿Cómo reaccionaría?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por silbidos, alguien se acercaba y no me quedaba más opción que entrar. Con cuidado abrí la puerta y entre rápido, cerrécon delicadeza detrás de mí y me apoyé en esta, observando a Hinata que yacía dormida.

Me acerqué lentamente y la observé, estaba pálida, sus mejillas estaban hundidas y tenía los ojos amoratados. Toqué su mejilla y abrió lentamente los ojos.

–Hmm...Gaara —habló media dormida con una sonrisa, abrió los ojos abruptamente y se sentó— ¡¿Gaara?!

Sonreí ladinamente.

–Hola.

Hizo un puchero y estiró sus brazos, me derretí por su ternura y me senté junto a ella para abrazarla, sus delgados brazos rodearon mi cuello y sus manos acariciaron mi cabello, enterré mi cara en la curva de su cuello e inhalé su aroma. La extrañaba y ella me extrañaba a mí, lo que me hacía inmensamente feliz.

–Estas bien —murmuró con la voz cortada, sollozaba y su cuerpo tenia pequeños espasmos.

–Lo estoy —apreté mis brazos alrededor de su cintura, acariciando su espalda con suavidad cuando sentí sus lágrimas en mi hombro.

Se separó y golpeó mi hombro con su puño, hice una mueca y la miré extrañado.

– ¡Ni siquiera trataste de contactarme!

–Hinata...

– ¿Sabes lo preocupada que estaba? —exclamó empujando con ambas manos en mi pecho— ¡Y lo único que me dejas es una maldita cuchilla! —golpeaba repetidas veces mi hombro con sus puños— ¡Idiota! -golpeó por última vez y dejo su cabeza apoyada en mi hombro.

–Lo siento.

–Naruto dijo que... anoche...

–Sí, hui del hospital, Akatsuki me había encontrado —dije separándome para verla a la cara, limpié las lágrimas que aun mojaban sus mejillas con mis pulgares y besé su frente. Una oleada de calor y dolor recorrio mi cuerpo, me removí haciendo un gesto de dolor y Hinata pasó sus manos por mi cara con preocupación.

–T–Tienes fiebre —dijo con angustia— ¿te dieron algo en el hospital?

–Lo de siempre.

Se mordió la punta de los dedos y miró toda la habitación, chasqueó los dedos como si hubiera recordado algo y se levantó de la cama.

–Quédate aquí —ordenó.

La ignoré y la seguí.

–Solo es fiebre, ¿A dónde vas?

–A la enfermería, p–puedo conseguirte unos sedantes —salió de la habitación con precaución y la seguí de cerca.

–Eso no lo detendrá.

–Confía en mi —dijo, los pasillos estaban iluminados solo por la luz de la luna que entraba por las ventanas, caminamos con cautela tratando de escuchar si un guardia se acercaba. Nos detuvimos frente a una puerta con un cartel que decía almacenamiento.

–Lo importante ahora es como la abriremos —dijo rascando su mejilla.

Saqué una pequeña navaja de mi bolsillo e introduje la punta en la cerradura, forcé un poco girándola hasta que sonó un clic. Giré el picaporte y estiré mi mano indicándole a Hinata que entrara primero. Prendió una luz y cerré la puerta.

Había estantes repletos de cajas ordenadas alfabéticamente, Hinata comenzó a buscar entre las ultimas.

–Es esa -dijo apuntando una en lo más alto, me estiré un poco y la bajé dejándola en el suelo.

Hinata sacó una pequeña caja de medicamentos y leyó lo que decía en esta, cogió tres más y se puso de pie.

–Es para unos dos meses, una diaria –habló despacio entregándome las cajas con las manos temblorosas. Volvimos a su habitación para tomar la primera capsula, nos acostamos y Hinata me abrazó protectoramente acariciando mi cabello con suavidad, al cabo de una hora volvía a sentirme un poco mejor.

–Naruto me contó que saliste de aquí anoche, no vuelvas a hacerlo.

–Lo sé, fue una estupidez.

Suspiré mirando el techo.

–Tal vez podrías cometer esa estupidez de nuevo, conmigo.

Sonrió y me abrazó con fuerza, salimos de la habitación luego de que ella se cambiara de ropa.

– ¿Qué hay de las cámaras? —dije mirando las luces rojas.

–No son un problema.

Salimos por la parte trasera del edificio, habia una vieja puerta de madera que daba a la calle, con las manos entrelazadas caminamos hasta el remolque.

– ¿Y esto? —preguntó apuntando el automóvil.

–Es de Naruto, sube —dije abriendo la puerta.

Conduje hasta el mirador de la montaña Hokage desde donde se veía toda la ciudad, Hinata miraba asombrada el paisaje, saqué un par de cervezas y le entregué una.

Yo estaba apoyado en la baranda dándole la espalda al paisaje, Hinata apoyaba sus codos en esta totalmente atraída por las luces de la ciudad, giré para abrazarla por la espalda y besar su cuello. Mis manos subieron de sus caderas a sus senos, los estruje con suavidad, la pelinegra suspiraba.

Tomé su muñeca y la llevé hasta la escalera del remolque para seguir con lo que había empezado sin dejar de besarla, gemía en medio del beso lo que me hacía excitar aún más.

Tropezamos al llegar en la escalera quedando ella encima de mí, con las manos temblorosas las pasó por mi cuello para profundizar el beso, su largo cabello caía en mis brazos, metí mis manos debajo de su camiseta acariciando su cadera, subí lentamente a su cintura subiendo la delgada prenda en el proceso, con un brazo rodeé su cintura y me levanté para girarla y dejarla bajo mi cuerpo.

Exclamó sorprendida y rio rodeándome con sus piernas, la bajé con cuidado y me agaché para besar su cuello, sus suspiros me estaban volviendo loco, sus pequeñas y frías manos bajaron hasta mi abdomen, subieron hasta mi pecho y volvieron a bajar esta vez haciendo un camino con sus uñas hasta el botón de mi pantalón, sentí escalofríos en mi espalda y cosquilleo en mi entrepierna.

Apoyé mi frente en la de Hinata.

–No sé por qué no puedo dejar de pensar en ti todo el tiempo —dije— y estar entre tus piernas.

Golpeó mi hombro aumentando su sonrojo, sonreí y volví a besarla.

–Creo que sería mejor que vayamos a la cama —dijo con sus manos en mis hombros, me paré y alargué mi mano para ayudarla, al acercarnos al corto pasillo que daba a la cama al fondo del remolque, la levanté haciendo que enredara sus piernas en mi cintura, rocé mis labios en su cuello y acaricié sus largas piernas enredadas alrededor mío, caminé hasta la cama sin dificultad, era realmente liviana.

Al dejarla sobre la cama me deshice de mi camiseta, me acerqué para besarla profundamente, corté el beso para retirar su ropa, se cubrió avergonzada y bajo la mirada.

– ¿Que pasa? —pregunté.

–He perdido mucho peso.

Parpadeé fijandome en su cuerpo. Sus clavículas resaltaban y su cintura se había hecho mucho mas pequeña de lo que se sentía al abrazarla.

–Sigues siendo hermosa —aclaré antes de besarla. Sus brazos en mi cuello fueron la señal de que podíamos seguir.

Seguí deshaciéndome de la ropa de ambos hasta quedar en ropa interior, me recosté a su lado para seguir besándonos mientras tocaba su cuerpo, amaba sus gemidos y la forma en que se estremecía con cada toque.

Ahora era yo el que estremecía, su mano acariciaba mi miembro sobre la tela hasta lentamente meterse dentro de esta y sentí sus manos heladas mientras besaba su cuello, mordí su hombro y ambos jadeamos cuando comenzó a frotarlo, subí mis manos a sus senos pellizcando suavemente sus pezones.

–G–Gaara —gimió y cerró los ojos con fuerza— yo...

–No puedo esperar más —dije, ella asintió tímidamente.

Me levanté para voltearla, me deshice de sus bragas y la penetré lentamente ambos gimiendo por la sensación.

Pegué mi pecho a su espalda.

–Me pones muy duro -gemí volviendo a penetrarla con fuerza.

-Sucio—dijo riendo con suavidad— Gaara..

– ¿Si?

–M–Me gusta rápido —volví a empujar con fuerza, me encantaba ver su cara sonrojada.

–Con gusto.