A/N: ¡Hola! ¿Pensabais que ya no me ibais a ver más en este 2016, eh? ¡Pues aquí estoy! Actualizando antes de irme a celebrarlo :D Espero que os guste este capítulo y nos vemos en 2017. ¡Feliz año!

-Si quieres puedo hacerlo yo-dijo Harry con una sonrisa traviesa-. Y me recrearé mucho tiempo en tus comentarios sobre Lockhart.

-Ni pensarlo-soltó Hermione con rapidez y haciendo que Harry sonriera aún más-. Leo yo.

-Está bien, está bien-dijo Harry levantando las manos-. Adelante, pues.

La chica abrió el libro por la página correspondiente.

-Espero no salir demasiado-pidió y después se aclaró la garganta-. Capítulo 6: "Gilderoy Lockhart".

Al día siguiente, sin embargo, Harry apenas sonrió ni una vez.

El ceño de Sirius se frunció.

-¿Y eso?

Las cosas fueron de mal en peor desde el desayuno en el Gran Salón. Bajo el techo encantado, que aquel día estaba de un triste color gris, las cuatro grandes mesas correspondientes a las cuatro casas estaban repletas de soperas con gachas de avena, fuentes de arenques ahumados, montones de tostadas y platos con huevos y beicon.

-Merlín, Hermione-se quejó Ron-. ¿Has de leer todo eso? Que ya empiezo a tener hambre…

-Yo me limito a leer lo que está escrito. Aunque si quieres puedo saltarme las descripciones de comida… Pero entonces también evitaré leer partes en las que salga Lockhart.

Ron negó rápidamente con la cabeza.

-Ni hablar. Ya me aguantaré.

Dumbledore sonrió ante el intercambio e hizo una nota mental para hacer un descanso de la lectura para comer.

Harry y Ron se sentaron en la mesa de Gryffindor junto a Hermione, que tenía su ejemplar de Viajes con los vampiros abierto y apoyado contra una taza de leche.

La frialdad con que ella dijo «buenos días», hizo pensar a Harry que todavía les reprochaba la manera en que habían llegado al colegio.

-Así era-dijo la chica con firmeza.

-Pues me parece muy bien que lo hicieras-le apoyó la señora Weasley ante la mirada que alguno le había dirigido.

Neville Longbottom, por el contrario, les saludó alegremente. Neville era un muchacho de cara redonda, propenso a los accidentes, y era la persona con peor memoria de entre todas las que Harry había conocido nunca.

Ginny soltó una carcajada.

-Eso es cierto. Aunque ahora ha mejorado bastante.

El correo llegará en cualquier momento —comentó Neville—; supongo que mi abuela me enviará las cosas que me he olvidado.

Ante aquello, Ginny sacudió la cabeza con afecto.

Efectivamente, Harry acababa de empezar sus gachas de avena cuando un centenar de lechuzas penetraron con gran estrépito en la sala, volando sobre sus cabezas, dando vueltas por la estancia y dejando caer cartas y paquetes sobre la alborotada multitud.

Ron tragó saliva, recordando la carta que Errol le trajo aquel día. Pocas veces se había sentido tan humillado y mal consigo mismo. Intercambió una mirada con Harry y supo que él estaba pensando lo mismo.

Un gran paquete de forma irregular rebotó en la cabeza de Neville, y un segundo después, una cosa gris cayó sobre la taza de Hermione, salpicándolos a todos de leche y plumas.

¡Errol! —dijo Ron, sacando por las patas a la empapada lechuza.

-Qué asco-dijo Tonks arrugando la nariz-. Como para beberte eso ahora.

-No estaba tan malo-sonrió Hermione.

Tonks soltó una carcajada aunque luego se la quedó mirando.

-Espera. Lo dices en broma, ¿no?

-¡Claro que sí!-dijo Hermione, riendo y haciendo que Tonks suspirase con alivio.

Errol se desplomó, sin sentido, sobre la mesa, con las patas hacia arriba y un sobre rojo y mojado en el pico.

-¡No...! —exclamó Ron.

-Oh, no…-susurró Sirius, sospechando lo que aquel sobre rojo contenía.

No te preocupes, no está muerto —dijo Hermione, tocando a Errol con la punta del dedo.

No es por eso...

-Bueno pero que no esté muerto también es importante-dijo Fred seriamente.

-Exacto-asintió George-. Que el pobre no tiene la culpa de que tú robases el coche. Como se muriera para que mamá pudiera pegarte la bronca…

Ron les ignoró.

sino por esto.

Ron señalaba el sobre rojo. A Harry no le parecía que tuviera nada de particular, pero Ron y Neville lo miraban como si pudiera estallar en cualquier momento.

-¿Es un howler, no?-dedujo Remus con una pequeña sonrisa-. No me gustaría estar en tu piel, Ron.

El chico asintió débilmente. El recuerdo todavía estaba vivo en su mente, a pesar del tiempo pasado.

Los únicos que no conocían aquella historia eran Tonks y los dos merodeadores. Dumbledore había estado presente en el gran comedor y Snape se enteró por los cuchicheos en su clase, antes de hacerlos desaparecer y de descontar los debidos puntos por hablar.

-A mí tampoco me gustaría ser tu-reconoció Sirius, dándole la razón a Remus-. Mi madre nunca me mandó ninguno en medio de Hogwarts, ya que quería mantener la fachada de que en la "Noble y Ancestral Casa de los Black" todo estaba perfecto-dijo poniendo los ojos en blanco-. Pero James sí que recibió un par de sus padres cuando nos metimos en líos bastante gordos… Y de verdad que no fue agradable.

Remus sonrió al recordarlo.

-Fue un auténtico espectáculo, sí.

Harry escuchó con interés, le gustaba saber más cosas sobre sus abuelos.

¿Qué pasa? —preguntó Harry.

Me han enviado un howler —dijo Ron con un hilo de voz.

-Eso no le va a aclarar las cosas a Harry-dijo Arthur inteligentemente.

Será mejor que lo abras, Ron —dijo Neville, en un tímido susurro—. Si no lo hicieras, sería peor. Mi abuela una vez me envió uno, pero no lo abrí y... —tragó saliva— fue horrible.

-Sí…-reconoció Tonks-. Lo mejor es hacerlo rápido. Como cuando arrancas una tirita.

Hermione y Harry sonrieron pero los demás no entendieron la comparación. Hermione se dio cuenta de ello así que siguió leyendo con rapidez, antes de que hieran preguntas al respecto.

Harry contempló los rostros aterrorizados y luego el sobre rojo.

¿Qué es un howler? —dijo.

-Pobre Harry-rio George-. Nadie le hace caso. Aunque en seguida comprobarás en tus carnes lo que es.

Harry asintió con gravedad.

-Sí que lo comprobé… Y la verdad es que preferiría no haberlo hecho.

Molly observó la cara de susto que Harry y Ron tenían solamente con recordarlo y sintió una punzada de culpabilidad. Luego volvió a pensar en lo que habían hecho y ésta desapareció: se lo merecían.

Pero Ron fijaba toda su atención en la carta, que había empezado a humear por las esquinas.

Ábrela —urgió Neville—. Será cuestión de unos minutos.

-Rápido y sin pensarlo demasiado-le aconsejó Tonks.

Ron alargó una mano temblorosa, le quitó a Errol el sobre del pico con mucho cuidado y lo abrió. Neville se tapó los oídos con los dedos.

-Chico listo-dijo Sirius, sus labios curvados en una sonrisa.

Harry no comprendió por qué lo había hecho hasta una fracción de segundo después. Por un momento, creyó que el sobre había estallado; en el salón se oyó un bramido tan potente que desprendió polvo del techo.

Molly se ruborizó un tanto y, aún lo hizo más cuando Fred dijo:

-Espera un segundo, Hermione. Has de hacerle justicia.

-¿Perdón?

-A la bronca de mi madre-aclaró-. Has de leerla pegando unos gritos iguales a los que se describen. Si no, no tiene gracia.

Hermione se cruzó de brazos.

-Ni hablar, no pienso hacerlo.

-Oh, venga… La Sala no deja pasar el ruido, así que puedes hacerlo sin preocuparte de que se oiga.

Hermione se le quedó mirando.

-Que no lo voy a hacer-dijo al ver que Fred seguía observándola.

-Está bien-dijo él-. No quería tener que recurrir a esto pero… Ron, pídeselo tú.

-¿Qué? ¿Por qué yo? A mí no me metas en esto.

-Por que a ti no te puede negar nada-dijo Fred como si fuera obvio.

Ron y Hermione se sonrojaron al mismo tiempo y Harry salió en su ayuda.

-Yo diría que es justo al contario. Hermione siempre le está negando a Ron dejarle copiar los deberes, por ejemplo.

Fred le miró mal.

-Merlín, Harry, así no me ayudas.

-Lo siento-se disculpó-. Pero ya viví una vez esos gritos y no quiero volver a hacerlo…

Aquello hizo que Fred suspirase.

-De acuerdo… Pero déjame intentar una cosa más-se giró para observar a su madre-. No querrás leerlo tú, ¿no, mamá?

La señora Weasley sonrió con cariño.

-No, lo siento. No me apetece demasiado ponerme a chillar ahora mismo. Además, es Hermione la que está leyendo y, por otra parte, creo que tu hermano y Harry ya han aprendido la lección.

Fred respiró profundamente, aceptando lo derrota.

-Está bien… Sigue leyendo, Hermione.

George le dio unas palmaditas en la espalda.

-Una pena, Fred, una pena…

... ROBAR EL COCHE, NO ME HABRÍA EXTRAÑADO QUE TE EXPULSARAN; ESPERA A QUE TE COJA, SUPONGO QUE NO TE HAS PARADO A PENSAR LO QUE SUFRIMOS TU PADRE Y YO CUANDO VIMOS QUE EL COCHE NO ESTABA...

Hermione leyó aquello en un tono de voz más fuerte de lo normal pero, desde luego, no intentó imitar lo que ella había oído. Sería imposible.

Los gritos de la señora Weasley, cien veces más fuertes de lo normal, hacían tintinear los platos y las cucharas en la mesa y reverberaban en los muros de piedra de manera ensordecedora.

Sirius sacudió la cabeza con incredulidad.

-Estoy impresionado, Molly.

-Oh, bueno… Estaba bastante enfada, así que…-se explicó ella, haciendo que Sirius sonriera.

En el salón, la gente se volvía hacia todos los lados para ver quién era el que había recibido el howler, y Ron se encogió tanto en el asiento que sólo se le podía ver la frente colorada.

-Lo estaba pasando realmente mal…

-No me extraña-se compadeció Remus-. Aunque entonces es que el howler cumplió su función.

-¿Cuál? ¿Traumatizarme de por vida?

-No digas esas cosas, Ron-intervino Molly-. Es cierto que ahora que lo leo con calma y con la perspectiva de los años me sabe mal por vosotros… Pero os lo merecíais. El objetivo del howler no era "traumatizaros de por vida" como tú dices. Si no que entendierais la gravedad de vuestros actos. Tu padre y yo queríamos asegurarnos de que nunca se os volviera a pasar algo así por la cabeza.

-Está bien-suspiró Ron-. Por supuesto que entiendo el motivo por el que lo enviasteis. Y está claro que Harry y yo aprendimos la lección. Solo digo que no fue una situación en la que lo pasásemos bien, eso es todo.

La señora Weasley asintió y, como nadie dijo nada más, Hermione lo tomó como que la conversación había terminado.

... ESTA NOCHE LA CARTA DE DUMBLEDORE, CREÍ QUE TU PADRE SE MORÍA DE LA VERGUENZA,

Arthur asintió, recordando.

NO TE HEMOS CRIADO PARA QUE TE COMPORTES ASÍ, HARRY Y TÚ PODRÍAIS HABEROS MATADO...

Harry se había estado preguntando cuándo aparecería su nombre. Trataba de hacer como que no oía la voz que le estaba perforando los tímpanos.

Sirius frunció un poco el ceño. Entendía por qué la señora Weasley también le estaba echando la bronca a Harry, aunque fuera indirectamente. Ella quería educarlo, al igual que a Ron, quería ser una especie de figura materna para el muchacho y eso estaba bien… Pero al mismo tiempo hacía que las entrañas de Sirius ardiesen con celos y algo parecido a la rabia.

Era estúpido y egoísta por su parte, sentir esas emociones por que Molly hubiera tratado a Harry como su hijo pero no podía evitarlo. Aquello le recordaba que Lily y James no estaban vivos y, al mismo tiempo, recalcaba que él no se había hecho cargo de Harry cuando debía. Y ahora que podía cumplir su papel como padrino del muchacho, tenía miedo de que alguien ya hubiera ocupado su lugar.

... COMPLETAMENTE DISGUSTADO, EN EL TRABAJO DE TU PADRE ESTÁN HACIENDO INDAGACIONES, TODO POR CULPA TUYA,

-Oh, no-dijo Tonks abriendo los ojos-. No había pensado en eso. ¿Qué tal fue, Arthur? ¿Encontraron algo en tu contra?

El señor Weasley negó con la cabeza.

-No. Por suerte no había evidencias suficientes contra mí. Pero pasamos un par de semanas no muy buenas por culpa de eso.

-Merlín… Aunque, bueno, menos mal que no fue nada.

Y SI VUELVES A HACER OTRA, POR PEQUEÑA QUE SEA, TE SACAREMOS DEL COLEGIO.

Se hizo un silencio en el que resonaban aún las palabras de la carta.

-Vaya…-respiró Sirius- Eso ha sido intenso.

El sobre rojo, que había caído al suelo, ardió y se convirtió en cenizas. Harry y Ron se quedaron aturdidos, como si un maremoto les hubiera pasado por encima.

-No me extraña…-suspiró Ginny-. Si una bronca normal de mamá ya te deja agotado… Oírla cien veces más fuerte debe de ser horrible.

-Ginny…-empezó Molly.

-Sabes que tengo razón.

La señora Weasley no pudo evitarlo y sonrió.

-Vale, sí. La tienes.

Algunos se rieron y, poco a poco, el habitual alboroto retornó al salón. Hermione cerró el libro Viajes con los vampiros y miró a Ron, que seguía encogido.

Bueno, no sé lo que esperabas, Ron, pero tú...

No me digas que me lo merezco —atajó Ron.

-Si…Aunque fuera verdad no era el momento de decirlo-asintió Tonks.

Harry apartó su plato de gachas. El sentimiento de culpabilidad le revolvía las tripas. El señor Weasley tendría que afrontar una investigación en su trabajo. Después de todo lo que los padres de Ron habían hecho por él durante el verano...

-Tranquilo, Harry-le sonrió Arthur-. Lo importante es que aprendisteis la lección y que al final no pasó nada.

Harry asintió, aunque todavía se sentía mal.

Pero Harry no tuvo demasiado tiempo para pensar en aquello, porque la profesora McGonagall recorría la mesa de Gryffindor entregando los horarios. Harry cogió el suyo y vio que tenían en primer lugar dos horas de Herbología con los de la casa de Hufflepuff.

-¡Eh!-sonrió Tonks-. ¡Mi casa!

Harry, Ron y Hermione abandonaron juntos el castillo, cruzaron la huerta por el camino y se dirigieron a los invernaderos donde crecían las plantas mágicas.

Los tres amigos recordaban muy bien aquella clase. En ella habían visto por primera vez a una Mandrágora.

El howler había tenido al menos un efecto positivo: parecía que Hermione consideraba que ellos ya habían tenido suficiente castigo y volvía a mostrarse amable.

En la voz de Hermione se podía adivinar una sonrisa mientras leía aquel fragmento.

-Bueno, algo es algo-dijo Sirius.

Al dirigirse a los invernaderos, vieron al resto de la clase congregada en la puerta, esperando a la profesora Sprout.

Harry, Ron y Hermione acababan de llegar cuando la vieron acercarse con paso decidido a través de la explanada, acompañada por Gilderoy Lockhart.

-Oh, no…-gruñó Sirius-. No esperaba volver a oír de él tan pronto. Sé que el capítulo se titula "Gilderoy Lockhart"-añadió-, pero igualmente…

La profesora Sprout llevaba un montón de vendas en los brazos, y sintiendo otra punzada de remordimiento, Harry vio a lo lejos que el sauce boxeador tenía varias de sus ramas en cabestrillo.

-Pobre…-dijo Tonks con pena hacia su Jefa de la Casa-. La profesora Sprout siempre me ha gustado mucho.

La profesora Sprout era una bruja pequeña y rechoncha que llevaba un sombrero remendado sobre la cabellera suelta. Generalmente, sus ropas siempre estaban manchadas de tierra, y si tía Petunia hubiera visto cómo llevaba las uñas, se habría desmayado.

-Es una exagerada-dijo Harry después de rodar los ojos.

Gilderoy Lockhart, sin embargo, iba inmaculado con su túnica amplia color turquesa y su pelo dorado que brillaba bajo un sombrero igualmente turquesa con ribetes de oro, perfectamente colocado.

-Este hombre me da grima-dijo Sirius-. Está como demasiado estudiado.

¡Hola, qué hay! —saludó Lockhart, sonriendo al grupo de estudiantes—. Estaba explicando a la profesora Sprout la manera en que hay que curar a un sauce boxeador.

Tonks enterró la cara entre las manos.

-No me lo puedo creer.

¡Pero no quiero que penséis que sé más que ella de botánica!

-No, claro que no-continuó Tonks con sarcasmo.

Lo que pasa es que en mis viajes me he encontrado varias de estas especies exóticas y...

Hermione no pudo evitar poner los ojos en blanco mientras leía. No podía creer como no se había dado cuenta de lo estúpido que Lockhart era en realidad.

¡Hoy iremos al Invernadero 3, muchachos! —dijo la profesora Sprout, que parecía claramente disgustada, lo cual no concordaba en absoluto con el buen humor habitual en ella.

-No la culpo-dijo Remus.

Se oyeron murmullos de interés. Hasta entonces, sólo habían trabajado en el Invernadero 1. En el Invernadero 3 había plantas mucho más interesantes y peligrosas.

Molly sacudió la cabeza.

-¿Por qué será que a los niños les atrae tanto lo peligroso?

-Fácil-contestó George-. Por qué lo otro es aburrido. El peligro le da un toque misterioso e interesante.

-Mm…-se limitó a decir Molly. Podía verle el sentido a aquello, aunque no le gustase.

La profesora Sprout cogió una llave grande que llevaba en el cinto y abrió con ella la puerta. A Harry le llegó el olor de la tierra húmeda y el abono mezclados con el perfume intenso de unas flores gigantes, del tamaño de un paraguas, que colgaban del techo.

Todos cerraron los ojos, recordando esos olores.

Snape sonrió levemente: siempre le había gustado trabajar en el invernadero. No solo porque así se conseguían ingredientes para pociones sino por la tranquilidad y la calma que reinaban en él. Era agradable estar solo en aquel lugar cálido, con las manos y la mente ocupadas en la tarea en cuestión y el olor a plantas en el aire.

Se disponía a entrar detrás de Ron y Hermione cuando Lockhart lo detuvo sacando la mano rapidísimamente.

—¡Harry! Quería hablar contigo...

-¿Qué demonios quiere ahora?-preguntó Sirius con fastidio.

Profesora Sprout, no le importa si retengo a Harry un par de minutos, ¿verdad?

A juzgar por la cara que puso la profesora Sprout, sí le importaba, pero Lockhart añadió: —Sólo un momento —y le cerró la puerta del invernadero en las narices.

-Había olvidado lo irritante que llegaba a ser-dijo Ron- . De verdad que no entiendo que veías en él…

Hermione le miró, sonrojada y Ron intentó que no se notase el gran interés que tenía por saber la respuesta.

-¡Ay! No sé…-dijo Hermione-. Supongo que pensaba que era valiente e inteligente y…

-Y muy guapo, no nos olvidemos-sonrió Fred.

Hermione se ruborizó aún más.

-Bueno quizás sí… Pero eso no era lo importante. Si no que se había enfrentado a muchos peligros y fue capaz de salir con vida gracias a sus conocimientos, coraje y creatividad.

-Hombre-empezó Sirius-. La teoría está muy bien. Pero me da a mí que Lockhart no ha hecho ni la mitad de cosas que ha dicho. Más que un mago brillante y valiente creo que es un charlatán y un tramposo.

Harry, Ron y Hermione intercambiaron una mirada; había dado en el clavo.

-Sí, tiene toda la pinta-le dio la razón Tonks-. Bueno, a ver de qué quiere hablar con Harry.

Mientras Hermione tomaba aire para seguir leyendo, Ron bajó la mirada con desilusión. Si lo que Hermione quería era a alguien inteligente y valiente, entonces, la persona más indicada para ella era Harry y no el propio Ron. Aquello le llenaba de tristeza.

Harry —dijo Lockhart. Sus grandes dientes blancos brillaban al sol cuando movía la cabeza—. Harry, Harry, Harry.

Harry no dijo nada.

-No me extraña-dijo Remus-. Yo tampoco sabría qué decir.

-¿Qué demonios quiere?-soltó Sirius-. ¿Y por qué no para de repetir tu nombre?

Estaba completamente perplejo. No tenía ni idea de qué se trataba. Estaba a punto de decírselo, cuando Lockhart prosiguió:

Nunca nada me había impresionado tanto como esto, ¡llegar a Hogwarts volando en un coche! Claro que enseguida supe por qué lo habías hecho. Se veía a la legua. Harry, Harry, Harry.

-¿Qué?-dijo Sirius, estupefacto-. ¿Puede soltar de una vez lo que quiere? Oh y sería genial si pudiera dejar de decir tu nombre. Me está poniendo nervioso.

-A mi igual-asintió Tonks-. ¿Y qué quiere decir con lo de que sabe por qué cogiste el coche? ¿Es que fue él quien cerró la barrera?

Hermione siguió leyendo para responder a esas preguntas.

Era increíble cómo se las arreglaba para enseñar todos los dientes incluso cuando no estaba hablando.

Harry puso los ojos en blanco al recordarlo.

Te metí el gusanillo de la publicidad, ¿eh? —dijo Lockhart—. Le has encontrado el gusto. Te viste compartiendo conmigo la primera página del periódico y no pudiste resistir salir de nuevo.

Los que acababan de oír esa conversación por primera vez, se quedaron mirando a los demás con incredulidad.

-¿Está de broma, no?-preguntó Tonks.

-No, no lo estaba-le respondió Harry-. Para él todo se basa en eso: ser el centro de atención.

Sirius bufó.

-Y yo que pensaba que íbamos a saber por fin quien cerró la barrera…

No, profesor, verá...

Harry, Harry, Harry —dijo Lockhart, cogiéndole por el hombro—.

Sirius soltó un gruñido de frustración.

-Como vuelva a decir tu nombre una vez más voy a volverme loco.

Lo comprendo. Es natural querer probar un poco más una vez que uno le ha cogido el gusto. Y me avergüenzo de mí mismo por habértelo hecho probar, porque es lógico que se te subiera a la cabeza.

Hermione leyó aquel fragmento con sonrojo. Seguía sin poder creer como había visto algo interesante y atractivo en Lockhart. Era obvio que era un idiota egocéntrico.

Pero mira, muchacho, no puedes ir volando en coche para convertirte en noticia. Tienes que tomártelo con calma, ¿de acuerdo? Ya tendrás tiempo para estas cosas cuando seas mayor. Sí, sí, ya sé lo que estás pensando: «¡Es muy fácil para él, siendo ya un mago de fama internacional!» Pero cuando yo tenía doce años, era tan poco importante como tú ahora.

-De verdad que esto es surrealista-dijo Sirius, con una media sonrisa incrédula-. No sé qué más decir. Sabía que Lockhart era un imbécil pero ¿esto de ir a hablar con un crío para decirle como debe lidiar con la fama? ¿Y que si ya tendrá tiempo y que ha de aprender de él y no sé qué? Es demasiado-concluyó.

-Yo pienso exactamente igual que tú, Sirius-dijo Remus-. Me habían hablado de Lockhart pero pensé que eran exageraciones. Aunque después de leer un par de capítulos ya me ha quedado claro que no es así.

¡De hecho, creo que era menos importante! Quiero decir que hay gente que ha oído hablar de ti, ¿no?, por todo ese asunto con El-que-no-debe-ser-nombrado.

Ron resopló y soltó una carcajada.

-Sí, un asuntillo de nada-dijo con sarcasmo.

Contempló la cicatriz en forma de rayo que Harry tenía en la frente.

Lo sé, lo sé, no es tanto como ganar cinco veces seguidas el Premio a la Sonrisa más Encantadora, concedido por la revista Corazón de bruja, como he hecho yo, pero por algo hay que empezar.

-Me está dando mucha vergüenza ajena-reconoció Ginny-. ¿Queda mucho, Hermione?

-No, no. Por suerte ya se acaba su conversación con Harry.

-Oh, gracias a Merlín.

Le guiñó un ojo a Harry y se alejó con paso seguro. Harry se quedó atónito durante unos instantes,

-No me extraña-repuso Tonks-. Llego a ser yo y me quedo varios minutos atónita, no solo unos instantes. Porque, madre mía… Vaya personaje.

Ron y Harry intercambiaron una mirada. Lockhart podía parecer simplemente un idiota que se creía mejor que los demás pero en realidad era mucho más peligroso de lo que aparentaba. Esa fachada le concedía un aire inofensivo pero Harry y Ron sabían que estaba dispuesto a lo que fuera por mantener su fama y su secreto a salvo.

y luego, recordando que tenía que estar ya en el invernadero, abrió la puerta y entró.

La profesora Sprout estaba en el centro del invernadero, detrás de una mesa montada sobre caballetes. Sobre la mesa había unas veinte orejeras. Cuando Harry ocupó su sitio entre Ron y Hermione, la profesora dijo:

Hoy nos vamos a dedicar a replantar mandrágoras.

-¡Hombre!-sonrió Remus-. No está mal para la primera clase.

Veamos, ¿quién me puede decir qué propiedades tiene la mandrágora?

Sin que nadie se sorprendiera, Hermione fue la primera en alzar la mano.

La chica se sonrojó al leer aquella frase, aunque en el fondo también sintió una punzada de orgullo.

La mandrágora, o mandrágula, es un reconstituyente muy eficaz —dijo Hermione en un tono que daba la impresión, como de costumbre, de que se había tragado el libro de texto—.

-¡Harry!

-Lo siento, lo siento. Pero ¿qué quieres que haga? Yo no controlo lo que pienso…

Snape rodó los ojos ante aquella excusa tan pobre. Si uno mismo no controlaba sus propios pensamientos, ¿quién lo hacía?

Se utiliza para volver a su estado original a la gente que ha sido transformada o encantada.

Todos recordaron a los petrificados de segundo año y como pudieron volver a la normalidad gracias a las mandrágoras.

Excelente, diez puntos para Gryffindor —dijo la profesora Sprout—.

-¡Bien hecho, Hermione!-le sonrió Sirius.

La mandrágora es un ingrediente esencial en muchos antídotos. Pero, sin embargo, también es peligrosa. ¿Quién me puede decir por qué?

Al levantar de nuevo velozmente la mano, Hermione casi se lleva por delante las gafas de Harry.

El muchacho levantó las manos.

-El libro simplemente explica lo que pasó-se defendió-. Y es cierto que casi le das un manotazo a mis gafas.

Hermione, que se había ruborizado, no tuvo más remedio que ceder ante aquel argumento.

-Vale sí, tienes razón.

El llanto de la mandrágora es fatal para quien lo oye —dijo Hermione instantáneamente.

Exacto. Otros diez puntos —dijo la profesora Sprout—. Bueno, las mandrágoras que tenemos aquí son todavía muy jóvenes.

-Menos mal-dijo la señora Weasley-. Mira que si llegáis a morir por culpa de una Mandrágora...

-Yo tuve un pariente que estuvo a punto-comentó Arthur.

-Es verdad-asintió Molly-. Ahora que lo dices sí que me suena que lo hayas mencionado alguna vez.

Mientras hablaba, señalaba una fila de bandejas hondas, y todos se echaron hacia delante para ver mejor. Un centenar de pequeñas plantas con sus hojas de color verde violáceo crecían en fila. A Harry, que no tenía ni idea de lo que Hermione había querido decir con lo de «el llanto de la mandrágora», le parecían completamente vulgares.

-Oh, es cierto-dijo George-. Que nunca habías visto una.

-Ni sabía que existían-explicó Harry.

-Pues debiste de llevarte una buena impresión-sonrió George.

Poneos unas orejeras cada uno —dijo la profesora Sprout. Hubo un forcejeo porque todos querían coger las únicas que no eran ni de peluche ni de color rosa—.

Ginny puso los ojos en blanco.

-Vaya tontería…

Cuando os diga que os las pongáis, aseguraos de que vuestros oídos quedan completamente tapados —dijo la profesora Sprout—.

-Eso es importante-asintió Tonks-. Había una chica en mi curso que no se las colocó demasiado bien y se desmayó.

-Pobre…-dijo Ron.

-Pues sí-coincidió la metamorfomaga.

Cuando os las podáis quitar, levantaré el pulgar. De acuerdo, poneos las orejeras.

Harry se las puso rápidamente. Insonorizaban completamente los oídos. La profesora Sprout se puso unas de color rosa, se remangó, cogió firmemente una de las plantas y tiró de ella con fuerza.

Harry dejó escapar un grito de sorpresa que nadie pudo oír.

Sirius sonrió ante su reacción.

-Me hubiera gustado estar ahí para ver tu cara, Harry.

En lugar de raíces, surgió de la tierra un niño recién nacido, pequeño, lleno de barro y extremadamente feo. Las hojas le salían directamente de la cabeza. Tenía la piel de un color verde claro con manchas, y se veía que estaba llorando con toda la fuerza de sus pulmones.

-Bueno, pulmones o lo que sea que tengan esas plantas-rectificó Hermione.

Ron sonrió.

La profesora Sprout cogió una maceta grande de debajo de la mesa, metió dentro la mandrágora y la cubrió con una tierra abonada, negra y húmeda, hasta que sólo quedaron visibles las hojas. La profesora Sprout se sacudió las manos, levantó el pulgar y se quitó ella también las orejeras.

Como nuestras mandrágoras son sólo plantones pequeños, sus llantos todavía no son mortales —dijo ella con toda tranquilidad, como si lo que acababa de hacer no fuera más impresionante que regar una begonia—.

Muchos soltaron una carcajada.

-Es que para ella no lo es-rio Tonks-. Aunque entiendo que la primera vez es chocante de ver.

Sin embargo, os dejarían inconscientes durante varias horas, y como estoy segura de que ninguno de vosotros quiere perderse su primer día de clase,

-Yo no estaría tan seguro…-sonrió Fred-. Hay clases muy aburridas.

George le dio la razón.

-Menos mal que ya no vamos a ir más a la escuela.

-Y que lo digas.

aseguraos de que os ponéis bien las orejeras para hacer el trabajo. Ya os avisaré cuando sea hora de recoger.

»Cuatro por bandeja. Hay suficientes macetas aquí. La tierra abonada está en aquellos sacos. Y tened mucho cuidado con las Tentacula Venenosa, porque les están saliendo los dientes.

Mientras hablaba, dio un fuerte manotazo a una planta roja con espinas, haciéndole que retirara los largos tentáculos que se habían acercado a su hombro muy disimulada y lentamente.

-Y lo hace como si tal cosa-sonrió Tonks con orgullo-. Ah, me encanta la profesora Sprout.

-Es de las mejores maestras de Hogwarts-coincidió Remus-. Y no solo como persona sino también como educadora. Además de que la mayoría de alumnos la tienen en alta estima.

Todos los alumnos asintieron con energía.

-Teniendo en cuenta que hay profesores como Binns, Trelanwey o Sn… Eh-rectificó Harry, a punto de decir el nombre del profesor de Pociones-. Bueno, que teniendo en cuenta que hay estos profesores tan malos, es de agradecer alguien como la profesora Sprout.

Snape se mantuvo impasible pero cuando Hermione prosiguió con la lectura, sus ojos se posaron en el rostro de Harry. Obviamente, se había percatado de lo que Potter había estado a punto de decir pero intentó no darle importancia. Ser un buen profesor no era algo que le quitase el sueño ya que él nunca había querido serlo. Si llevaba tantos años en Hogwarts era, simplemente, porque no tenía otro lugar a donde ir y porque Dumbledore quería mantenerle cerca a causa de su trabajo para con la Orden.

Además, él también consideraba a Sprout como una gran profesora y, a pesar de que su personalidad a ratos le abrumaba e irritaba por ser la típica Hufflepuff, en el fondo Snape la respetaba y agradecía (algunas veces) su compañía.

Harry, Ron y Hermione compartieron su bandeja con un muchacho de Hufflepuff que Harry conocía de vista, pero con quien no había hablado nunca.

Justin Finch-Fletchley —dijo alegremente, dándole la mano a Harry—.

Harry frunció el ceño, recordando todo lo sucedido con aquel muchacho en su segundo año.

Claro que sé quién eres, el famoso Harry Potter. Y tú eres Hermione Granger, siempre la primera en todo. —Hermione sonrió al estrecharle la mano—. Y Ron Weasley. ¿No era tuyo el coche volador?

Ron no sonrió. Obviamente, todavía se acordaba del howler.

-Bien-dijo Molly seriamente.

Ese Lockhart es famoso, ¿verdad? —dijo contento Justin, cuando empezaban a llenar sus macetas con estiércol de dragón—. ¡Qué tío más valiente! ¿Habéis leído sus libros?

-Cualquiera puede escribir algo en un libro-dijo Remus-. Eso no lo hace verdad.

Dumbledore asintió, de acuerdo con Lupin.

-Ciertamente-dijo. Nunca había sido un gran admirador de Lockhart, solo hacía falta mantener una conversación con él para saber que era un fraude, pero por desgracia no había nadie más para el puesto.

Yo me habría muerto de miedo si un hombre lobo me hubiera acorralado en una cabina de teléfonos, pero él se mantuvo sereno y ¡zas! Formidable.

Remus frunció el ceño.

-No es tan fácil derrotar a un hombre lobo-dijo sombríamente.

»Me habían reservado plaza en Eton, pero estoy muy contento de haber venido aquí. Naturalmente, mi madre estaba algo disgustada, pero desde que le hice leer los libros de Lockhart, empezó a comprender lo útil que puede resultar tener en la familia a un mago bien instruido...

-No hace falta luchar contra hombres lobo o vampiros para que tener a un mago en la familia sea útil-dijo Tonks-. Algo tan simple como recoger la habitación mediante la magia o poder aparecerse en cualquier lugar en un instante son unas ventajas que los muggle no tienen.

Después ya no tuvieron muchas posibilidades de charlar. Se habían vuelto a poner las orejeras y tenían que concentrarse en las mandrágoras. Para la profesora Sprout había resultado muy fácil, pero en realidad no lo era.

-Eso es verdad-dijo Ron, rememorando aquella clase.

A las mandrágoras no les gustaba salir de la tierra, pero tampoco parecía que quisieran volver a ella. Se retorcían, pataleaban, sacudían sus pequeños puños y rechinaban los dientes.

-Menos mal que eran pequeñas-dijo Hermione-. Porque si tuviéramos que trasplantar a unas Mandrágoras adolescentes o adultas… Hubiese sido mucho más complicado.

Harry se pasó diez minutos largos intentando meter una algo más grande en la maceta. Al final de la clase, Harry, al igual que los demás, estaba empapado en sudor, le dolían varias partes del cuerpo y estaba lleno de tierra.

-La Herbología es agotadora a veces-reconoció Ginny-. Pero a mí me gusta bastante. Y creo que es mejor hacer clases prácticas, que son entretenidas y hacen que te interese lo que estudias. En vez de algo como Historia de la Magia, que solo te sientas en un aula mientras un señor te pega el rollo.

Todos los alumnos, incluso Hermione, le dieron la razón.

Volvieron al castillo para lavarse un poco, y los de Gryffindor marcharon corriendo a la clase de Transformaciones. Las clases de la profesora McGonagall eran siempre muy duras,

-Y deben serlo aún más después de Herbología…-les compadeció Tonks.

pero aquel primer día resultó especialmente difícil. Todo lo que Harry había aprendido el año anterior parecía habérsele ido de la cabeza durante el verano.

Sirius soltó una carcajada.

-Suele pasar-dijo con una sonrisa en el rostro.

Tenía que convertir un escarabajo en un botón, pero lo único que conseguía era cansar al escarabajo, porque cada vez que éste esquivaba la varita mágica, se le caía del pupitre.

Aquello provocó que muchos rieran.

A Ron aún le iba peor. Había recompuesto su varita con un poco de celo que le habían dado, pero parecía que la reparación no había sido suficiente.

-Es que hacer eso es una barbaridad-dijo Tonks-. Las varitas rotas son muy peligrosas si se siguen utilizando.

A Ron se le colorearon las orejas.

-Ya…-dijo recordando su incidente con las babosas-. Pero no podía pedir otra.

Crujía y echaba chispas en los momentos más raros, y cada vez que Ron intentaba transformar su escarabajo, quedaba envuelto en un espeso humo gris que olía a huevos podridos.

-Ya me acuerdo-dijo Hermione arrugando la nariz-. Era realmente desagradable.

Incapaz de ver lo que hacía, aplastó el escarabajo con el codo sin querer y tuvo que pedir otro. A la profesora McGonagall no le hizo mucha gracia.

-No, no cierto es que no…-dijo Ron, pasándose una mano por el cuello.

Harry se sintió aliviado al oír la campana de la comida. Sentía el cerebro como una esponja escurrida.

Los gemelos soltaron una carcajada.

-Esa es una buena descripción.

Todos salieron ordenadamente de la clase salvo él y Ron, que todavía estaba dando golpes furiosos en el pupitre con la varita.

¡Chisme inútil, que no sirves para nada!

Ron frunció los labios al recordarlo.

-Lo cierto es que estaba bastante enfadado-reconoció Ron-. Transformaciones ya es lo bastante difícil como añadirle una estúpida varita rota.

-No quiero ahondar en la herida-empezó Molly-. Pero si no te hubieras chocado con el coche…

-Lo sé, lo sé-murmuró Ron.

Pídeles otra a tus padres —sugirió Harry cuando la varita produjo una descarga de disparos, como si fuera una traca.

Ya, y recibiré como respuesta otro howler —dijo Ron, metiendo en la bolsa la varita, que en aquel momento estaba silbando— que diga: «Es culpa tuya que se te haya partido la varita.»

-La verdad es que probablemente hubiera pasado eso-dijo el señor Weasley-. Aunque luego te la hubiéramos comprado-confesó-. No tiene sentido que vayas a la escuela si no puedes practicar nada de lo que aprendes.

-Exacto-dijo Molly-. Aunque después de todos los libros de Lockhart… Lo último que necesitábamos era tener que comprar otra varita.

Esa última frase la dijo en voz baja, más para ella misma que para los demás.

-Lo cierto-empezó Dumbledore, desviando la atención-, es que acabo de tener una idea que, no quiero ser poco humilde, pero me parece muy buena-reconoció con los ojos brillantes.

Todos le observaron, escuchando con atención.

-Creo que sería interesante que Hogwarts contase con una serie de varitas de repuesto para situaciones como ésta-explicó-. Los alumnos podrían utilizarlas en caso de emergencia. Las varitas tendrían diferentes características para intentar adaptarse a las distintas personalidades de los muchachos. Evidentemente, no es lo ideal usar una varita que no es la tuya propia, pero siempre es mejor que ninguna.

-Me parece una gran idea-dijo Remus-. Además, gente como Neville Longbottom podrían beneficiarse también. El muchacho lleva usando una varita que no le va bien desde que llegó a Hogwarts y eso hace que sus capacidades mágicas no se desarrollen tanto como podrían. Y todo porque su abuela quiere que use la varita de su padre.

Snape puso los ojos en blanco y Ginny asintió.

-Eso es verdad-dijo-. De ese modo podría probar diferentes tipos de varita a ver si le va alguna mejor que la suya. Es una gran idea, Remus. Y también es una gran idea la suya, señor-sonrió Ginny al director.

Dumbledore esbozó una sonrisa complacida.

-Me alegro que os guste-dijo inclinando la cabeza.

Bajaron a comer, pero el humor de Ron no mejoró cuando Hermione le enseñó el puñado de botones que había conseguido en la clase de Transformaciones.

Hermione frunció un poco el ceño al leerlo.

-Lo siento, Ron, no me fijé en que estabas tan de mal humor. De haberlo hecho no te los hubiera enseñado.

El chico levantó una mano, tranquilizándola.

-No te preocupes, sé que no pretendías presumir ni nada de eso. Además-añadió-, tú no tenías la culpa de que mi varita estuviera rota.

¿Qué hay esta tarde? —dijo Harry, cambiando de tema rápidamente.

Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo Hermione en el acto.

-¿Eso es bueno o malo?-preguntó Sirius-. Es decir, Defensa es muy interesante pero ¿si la imparte alguien como Lockhart?-hizo un gesto con las manos, sopesando los pros y los contras-. No sabría que decirte.

-Yo sí-intervino Harry-. Es malo.

-Pues qué bien-dijo Sirius con sarcasmo.

-Dímelo a mí-suspiró Harry-. Mi asignatura preferida y solo he tenido un profesor competente-dijo mirando a Remus.

-Me halagas-sonrió el hombre lobo-. Aunque visto lo visto, me parece que no había mucha competencia.

¿Por qué —preguntó Ron, cogiéndole el horario— has rodeado todas las clases de Lockhart con corazoncitos?

Hermione le quitó el horario. Se había puesto roja.

Al igual que la Hermione actual.

Los gemelos empezaron a silbar y Sirius ya iba a hacer un comentario cuando la chica continuó leyendo en voz más alta para acallarles.

-No vale hacer eso-se quejó Fred a su gemelo.

George asintió.

-No deberíamos haber dejado que leyera ella.

Terminaron de comer y salieron al patio. Estaba nublado. Hermione se sentó en un peldaño de piedra y volvió a hundir las narices en Viajes con los vampiros.

-Estabas enganchada, ¿eh?-sonrió Harry-. ¿Tan interesante era la historia? ¿O era solo porque salía Lockhart?

Hermione se ruborizó y continuó leyendo rápidamente. Antes de hacerlo, sin embargo, miró a Harry con intensidad y susurró:

-Ya verás cuando toque leer sobre Cho Chang…

Ante eso, la sonrisa del muchacho despareció y Hermione asintió, satisfecha.

Harry y Ron se pusieron a hablar de quidditch, y pasaron varios minutos antes de que Harry se diera cuenta de que alguien lo vigilaba estrechamente. Al levantar la vista, vio al muchacho pequeño de pelo castaño que la noche anterior se había puesto el sombrero seleccionador.

-Oh, no. Ya me acuerdo-dijo Harry llevándose una mano a la frente.

Lo miraba como paralizado. Tenía en las manos lo que parecía una cámara de fotos muggle normal y corriente, y cuando Harry miró hacia él, se ruborizó en extremo.

-¿Qué le pasa?-preguntó Tonks-. ¿Es que le gustas o algo?

¿Me dejas, Harry? Soy... soy Colin Creevey —dijo entrecortadamente,

Al oír el nombre del muchacho Snape tuvo que contener un bufido. Sabía perfectamente quien era: el mayor fan de Potter.

dando un indeciso paso hacia delante—. Estoy en Gryffindor también. ¿Podría..., me dejas... que te haga una foto? —dijo, levantando la cámara esperanzado.

-¿En serio?-preguntó Tonks.

¿Una foto? —repitió Harry sin comprender.

Con ella podré demostrar que te he visto —dijo Colin Creevey con impaciencia, acercándose un poco más, como si no se atreviera—. Lo sé todo sobre ti.

-Pobrecillo...-sonrió Ginny-. Aunque me dé vergüenza admitirlo yo antes era como él. Impresiona bastante conocer a una celebridad en persona, así que entiendo que estuviera cortado.

-Ya, pero ¿tenía que sacar una foto?-preguntó Harry, haciendo una mueca.

Ginny sacudió la cabeza.

-De verdad… ¿Aun no te has dado cuenta de que eres el gran Harry Potter, el niño-que-vivió?

-Para-dijo el chico, sonrojándose.

-¡El increíble muchacho que derrotó al que-no-debe-ser-nombrado!-exclamó Ginny, haciendo aspavientos con los brazos y provocando que Ron y los gemelos soltasen una carcajada-. ¡El impresionante y alucinante…!

-¡Vale, vale!-la interrumpió Harry con rapidez y una sonrisa-. Lo he cogido.

Ginny rio con ganas.

-Lo que quiero decir-aclaró-, es que para nosotros solo eres Harry. Ya estamos acostumbrados a ti. Que seas "el-niño-que-vivió" y todo eso no nos importa ni nos impresiona. O sea-rectificó-, eso ha sonado mal. No quiero decir que no sea increíble que hayas derrotado a V-Voldemort tantas veces ni que…

-Sí, sí, lo sé. Tranquila, continúa.

-Vale, pues eso. Lo que intento decir es que aunque para nosotros verte y hablar contigo no sea una novedad, para mucha gente lo es. Y no eres consciente de lo famoso que eres por qué no has crecido en el mundo mágico pero verte a ti es como ver a… No sé, ¿Viktor Krum?

Ron soltó un gruñido involuntario.

-Vale, mal ejemplo-sonrió Ginny-. Pero ¿entiendes lo que quiero decir?

Harry asintió.

-Sé que odias sentirte como una celebridad-continuó la muchacha, echando un vistazo a Snape, a ver si se daba por aludido-, pero que la gente se emocione al verte es algo que es normal. Por mucho que te sea raro…

-Sí… -coincidió Harry-. Supongo que tienes razón

Todos me lo han contado: cómo sobreviviste cuando Quien-tú-sabes intentó matarte y cómo desapareció él, y toda esa historia, y que conservas en la frente la cicatriz en forma de rayo (con los ojos recorrió la línea del pelo de Harry).

Harry suspiró. A pesar de que racionalmente comprendía todo lo dicho por Ginny, le seguía costando cuando la gente le miraba a él y a su cicatriz de aquella manera.

Y me ha dicho un compañero del dormitorio que si revelo el negativo en la poción adecuada, la foto saldrá con movimiento—Colin exhaló un soplido de emoción y continuó—: Esto es estupendo, ¿verdad? Yo no tenía ni idea de que las cosas raras que hacía eran magia, hasta que recibí la carta de Hogwarts. Mi padre es lechero y tampoco podía creérselo. Así que me dedico a tomar montones de fotos para enviárselas a casa.

-Eso es bonito-sonrió Molly-. Me parece un chiquillo bueno y adorable, este tal Colin.

-Lo es-le aseguro Harry-. Solo que me agobió un poco al principio.

Y sería estupendo hacerte una. —Miró a Harry casi rogándole—. Tal vez tu amigo querría sacárnosla para que pudiera salir yo a tu lado. ¿Y me la podrías firmar luego?

-¿Lo hiciste?-le preguntó Sirius con curiosidad-. Sé que James no hubiera tardado ni un segundo en hacerlo, con lo que le gustaba la atención… Pero tú no eres como él-dijo, y parecía más que se lo decía a sí mismo que a Harry-. Así que me imagino que no, ¿cierto?

-Bueno… No tuve ocasión en realidad de decidir qué hacer. Aunque la foto quizás sí que me la hubiera sacado pero desde luego que no se la habría firmado.

¿Firmar fotos? ¿Te dedicas a firmar fotos, Potter?

-Apuesto a que es Snape o Malfoy-dijo Sirius, provocando que el maestro le Pociones le mirase mal.

En todo el patio resonó la voz potente y cáustica de Draco Malfoy.

-Lo sabía.

Se había puesto detrás de Colin, flanqueado, como siempre en Hogwarts, por Crabbe y Goyle, sus amigotes.

¡Todo el mundo a la cola! —gritó Malfoy a la multitud—. ¡Harry Potter firma fotos!

-¿Está un poco obsesionado contigo, no?-preguntó Tonks-. ¿Qué más le da lo que hagas o dejes de hacer?

-Yo creo que tiene envidia y celos de la fama de Harry-dijo Remus-. Al menos es lo que me pareció apreciar en el año que estuve enseñando en Hogwarts.

-Sí…-repuso Tonks-. Tiene toda la pinta.

No es verdad —dijo Harry de mal humor, apretando los puños—. ¡Cállate, Malfoy!

-¡Eso!-le apoyó George.

Lo que pasa es que le tienes envidia —dijo Colin, cuyo cuerpo entero no era más grueso que el cuello de Crabbe.

Sirius soltó una carcajada de incredulidad.

-¡Me gusta este niño!

¿Envidia? —dijo Malfoy, que ya no necesitaba seguir gritando, porque la mitad del patio lo escuchaba—.

-¡Genial!-dijo Tonks con sarcasmo.

¿De qué? ¿De tener una asquerosa cicatriz en la frente? No, gracias. ¿Desde cuándo uno es más importante por tener la cabeza rajada por una cicatriz?

-¿Desde cuándo uno es más importante por tener padres magos que por ser nacido muggle?-dijo Hermione-. Oh, espera…

Ron sonrió.

-Buena, esa-dijo chochándole los cinco a la muchacha.

Crabbe y Goyle se estaban riendo con una risita idiota.

Échate al retrete y tira de la cadena, Malfoy —dijo Ron con cara de malas pulgas.

-Ese no ha sido un gran insulto, Ron-dijo Sirius con decepción-. Pero no te preocupes. Yo te enseñaré, ya verás.

El chico sonrió hasta que vio la mirada que la señora Weasley le estaba mandando que venía a decir "por encima de mi cadáver".

Crabbe dejó de reír y empezó a restregarse de manera amenazadora los nudillos, que eran del tamaño de castañas.

Weasley, ten cuidado —dijo Malfoy con un aire despectivo—. No te metas en problemas o vendrá tu mamá y te sacará del colegio—. Luego imitó un tono de voz chillón y amenazante. — «Si vuelves a hacer otra...»

-Menudo imbécil-dijo Fred apretando los puños.

-Tranquilo, cielo-le calmó Molly-. Él es así precisamente porque sus padres no le han educado como es debido. De modo que se burla de los que sí que lo han sido.

Arthur asintió, de acuerdo con su mujer.

Varios alumnos de quinto curso de la casa de Slytherin que había por allí cerca rieron la gracia a carcajadas.

A Weasley le gustaría que le firmaras una foto, Potter —sonrió Malfoy—. Pronto valdrá más que la casa entera de su familia.

-Maldito gusano-gruñó Sirius.

-No sé cómo se lo hace–empezó Tonks-pero solo con que el crío éste diga dos frases ya consigue ponernos a todos de mal humor.

-Es un don que tiene-dijo George-. Por llamarlo de alguna manera…

Ron sacó su varita reparada con celo, pero Hermione cerró Viajes con los vampiros de un golpe y susurró: — ¡Cuidado!

-Sí, cuidado-dijo Sirius-. Yo no me batiría en duelo con una varita rota…

-No era tanto por eso-empezó a explicar Hermione, antes de darse cuenta de que al leer la siguiente frase no sería necesario hacerlo.

¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que pasa aquí? —Gilderoy Lockhart caminaba hacia ellos a grandes zancadas, y la túnica color turquesa se le arremolinaba por detrás—.

-Bueno, al menos sirve para algo-comentó Remus.

Sirius tuvo que estar de acuerdo con él.

-Solo espero que no les castigue por intentar hechizar a Malfoy.

¿Quién firma fotos?

-Ah…-dijo Sirius con sorpresa-. ¿Solo venía por eso? ¡Y yo que sufría por si os iban a castigar! Aunque en realidad no sé por qué me extraña…

Harry quería hablar, pero Lockhart lo interrumpió pasándole un brazo por los hombros y diciéndole en voz alta y tono jovial:

¡No sé por qué lo he preguntado! ¡Volvemos a las andadas, Harry!

-Oh, por Merlín…-dijo Ginny con irritación.

Sujeto por Lockhart y muerto de vergüenza, Harry vio que Malfoy se mezclaba sonriente con la multitud.

-Ahora que ya ha cumplido con su papel de amargarte el día, se larga-bufó Tonks-. Muy bonito.

-Muy Slytherin, querrás decir-le corrigió Sirius con disgusto.

Tonks se encogió de hombros.

-También.

Vamos, señor Creevey —dijo Lockhart, sonriendo a Colin—. Una foto de los dos será mucho mejor. Y te la firmaremos los dos.

Aquello provocó que casi todos gruñeran con frustración.

-¿En serio?-dijo Sirius.

-No sé cómo te lo haces-confesó Tonks-. Pero para no querer llamar la atención te metes en unos líos…

Colin buscó la cámara a tientas y sacó la foto al mismo tiempo que la campana señalaba el inicio de las clases de la tarde.

¡Adentro todos, venga, por ahí! —gritó Lockhart a los alumnos, y se dirigió al castillo llevando de los hombros a Harry, que hubiera deseado disponer de un buen conjuro para desaparecer.

-No me extraña-dijo el señor Weasley-. A mi este hombre me está agobiando y solo lo estoy escuchando…

-Por cierto-dijo Remus-. Ahora que lo pienso, ¿este Lockhart no tiene que estar dando clases o preparándolas al menos? Porqué ha estado toda la mañana dando vueltas por ahí... Primero se ha dedicado a darle lecciones de Herbología a la Profesora Sprout y ahora está en medio de los jardines sin que venga a cuento.

-Tienes razón-dijo Dumbledore.

-Eso explica por qué sus clases eran tan horribles-se dio cuenta Harry-. Eran totalmente improvisadas.

-Visto lo visto-repuso Sirius-, no me sorprende en absoluto.

»Quisiera darte un consejo, Harry —le dijo Lockhart paternalmente al entrar en el edificio por una puerta lateral—. Te he ayudado a pasar desapercibido con el joven Creevey, porque si me fotografiaba también a mí, tus compañeros no pensarían que te querías dar tanta importancia.

-Merlín, que pesado-dijo Ron, suspirando con cansancio.

Sin hacer caso a las protestas de Harry, Lockhart lo llevó por un pasillo lleno de estudiantes que los miraban, y luego subieron por una escalera.

-Seguro que quiere darse importancia-dijo Ginny-. Que la gente diga cosas como "Harry Potter y Lockhart son amigos" o "Lockhart, el mentor de Potter". Tonterías que saldrían en el profeta.

-Es verdad-dijo Fred-. Habla mucho de que Harry controle sus ansias por la fama pero es él quien las tiene en realidad.

-Totalmente de acuerdo-dijo el señor Weasley.

Déjame que te diga que repartir fotos firmadas en este estadio de tu carrera puede que no sea muy sensato. Para serte franco, Harry, parece un poco engreído. Bien puede llegar el día en que necesites llevar un montón de fotos a mano adondequiera que vayas, como me ocurre a mí, pero —rió— no creo que hayas llegado ya a ese punto.

-Oh, por favor-rodó los ojos Sirius-. Con cada frase que dice se hace más inaguantable. Y yo que pensaba que ya no podía caerme peor…

Habían alcanzado el aula de Lockhart y éste dejó libre por fin a Harry, que se arregló la túnica y buscó un asiento al final del aula, donde se parapetó detrás de los siete libros de Lockhart, de forma que se evitaba la contemplación del Lockhart de carne y hueso.

-Algo es algo-sonrió Tonks-. Siempre hay que mirar el lado positivo.

El resto de la clase entró en el aula ruidosamente, y Ron y Hermione se sentaron a ambos lados de Harry.

Se podía freír un huevo en tu cara —dijo Ron—. Más te vale que Creevey y Ginny no se conozcan, porque fundarían el club de fans de Harry Potter.

Los gemelos rieron a carcajadas.

-Que sepas que Colin y yo nos conocimos en la Selección-empezó Ginny, intentando mantener su dignidad-. Y sí, puede que ambos compartiéramos un poco de nuestra admiración por Harry-reconoció-. Pero de ahí a formar un club de fans…

-Admite que lo pensaste en algún momento.

-Para nada-dijo ella con firmeza aunque el sonrojo que le cubrió las mejillas indicaba lo contrario.

Harry no pudo evitar sonreír al verlo.

Cállate —le interrumpió Harry.

Lo único que le faltaba es que a oídos de Lockhart llegaran las palabras «club de fans de Harry Potter».

-Pues sí…-repuso Remus.

Cuando todos estuvieron sentados, Lockhart se aclaró sonoramente la garganta y se hizo el silencio. Se acercó a Neville Longbottom, cogió el ejemplar de Recorridos con los trols y lo levantó para enseñar la portada, con su propia fotografía que guiñaba un ojo.

Sirius puso los ojos en blanco.

Yo —dijo, señalando la foto y guiñando el ojo él también— soy Gilderoy Lockhart,

-¿Tú crees?-bromeó George, provocando que Fred y Harry rieran.

Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, y ganador en cinco ocasiones del Premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista Corazón de bruja, pero no quiero hablar de eso.

-¡No, para nada!-dijo Ron con sarcasmo.

¡No fue con mi sonrisa con lo que me libré de la banshee que presagiaba la muerte!

Esperó que se rieran todos, pero sólo hubo alguna sonrisa.

-Normal…-comentó Ginny mientras Hermione se sonrojaba, ya que una de esas sonrisas había sido suya.

Veo que todos habéis comprado mis obras completas; bien hecho.

-Bueno, es que eran obligatorias-dijo Ron-. Ósea que la opción de no comprarlas no existía.

He pensado que podíamos comenzar hoy con un pequeño cuestionario. No os preocupéis, sólo es para comprobar si los habéis leído bien, cuánto habéis asimilado...

Cuando terminó de repartir los folios con el cuestionario, volvió a la cabecera de la clase y dijo: —Disponéis de treinta minutos. Podéis comenzar... ¡ya!

-Si que empieza fuerte, ¿no?-preguntó Remus.

-Qué va-dijo Harry-. Ahora verás de qué era el cuestionario.

Harry miró el papel y leyó:

1. ¿Cuál es el color favorito de Gilderoy Lockhart?

-¿Es broma?-se atragantó Sirius.

Los alumnos negaron con la cabeza y el animago bufó.

-Tranquilo, Sirius. Yo también estoy alucinada-le apoyó Tonks-. Es que ¿a quién se le ocurre?

-A Lockhart, obviamente-sonrió Remus.

Tonks puso los ojos en blanco aunque sus labios se curvaron en una sonrisa cuando dijo:

-Gracias, Remus.

2. ¿Cuál es la ambición secreta de Gilderoy Lockhart?

3. ¿Cuál es, en tu opinión, el mayor logro hasta la fecha de Gilderoy Lockhart?

Con cada nueva pregunta que se iba leyendo, más se intensificaban los gruñidos y suspiros de fastidio y, al mismo tiempo, más aumentaba el sonrojo de Hermione. A ella no le había parecido tan mal aquel cuestionario. Aunque probablemente sus sentimientos hacia Lockhart habían tenido algo que ver.

Así seguía y seguía, a lo largo de tres páginas, hasta:

-¡Tres páginas!-soltó Molly-. Por Merlín…

54. ¿Qué día es el cumpleaños de Gilderoy Lockhart, y cuál sería su regalo ideal?

Ron puso los ojos en blanco.

-Creo que ha sido el examen más estúpido que he hecho en mi vida.

Media hora después, Lockhart recogió los folios y los hojeó delante de la clase.

Vaya, vaya. Muy pocos recordáis que mi color favorito es el lila. Lo digo en "Un año con el Yeti".

-¡Chicos! ¿Cómo podéis no saber eso?-preguntó Fred con falsa indignación y haciendo que Harry y Ron rieran.

Y algunos tenéis que volver a leer con mayor detenimiento "Paseos con los hombres lobo". En el capítulo doce afirmo con claridad que mi regalo de cumpleaños ideal sería la armonía entre las comunidades mágica y no mágica.

-Pues ese no sería un mal regalo, ciertamente-dijo Dumbledore-. Ya sé que pediré en vez de calcetines este año.

¡Aunque tampoco le haría ascos a una botella mágnum de whisky envejecido de Ogden!

Los ojos de Sirius se dirigieron al libro en manos de Hermione con sorpresa.

-El hombre éste puede ser un idiota, pero sabe lo que se hace en cuanto a bebidas.

Volvió a guiñarles un ojo pícaramente. Ron miraba a Lockhart con una expresión de incredulidad en el rostro; Seamus Finnigan y Dean Thomas, que se sentaban delante, se convulsionaban en una risa silenciosa.

-No me extraña…-dijo Ginny-. En mi clase pasó algo parecido.

-Y en la nuestra-añadió George señalándose a sí mismo y a su gemelo-. Fue totalmente surrealista.

Hermione, por el contrario, escuchaba a Lockhart con embelesada atención

La voz de Hermione se tornó más aguda y empezó a leer más deprisa.

-Eh, espera, espera-la interrumpió Fred-. Más lento que sino no me entero.

-Eso-asintió Ron.

Hermione les fulminó con la mirada pero rebajó un poco la velocidad de su lectura.

y dio un respingo cuando éste mencionó su nombre.

... pero la señorita Hermione Granger sí conoce mi ambición secreta, que es librar al mundo del mal y comercializar mi propia gama de productos para el cuidado del cabello, ¡buena chica!

A medida que iba leyendo, los gemelos no pudieron aguantar más sus carcajadas y comenzaron a reírse con ganas. Harry y Ginny también sonreían con diversión y Ron la miraba con los ojos brillantes.

-¿Habéis acabado y puedo seguir leyendo?-preguntó la chica, colorada hasta la raíz del cabello.

-No hemos acabado-dijo George-. Pero puedes seguir leyendo si quieres.

Hermione soltó un bufido.

-Cuando se lea algo vuestro que os dé vergüenza os vais a arrepentir-les prometió.

-¡Eh! Que yo no me he reído-se defendió Ron-. Me he controlado bastante.

-Bueno, ya veremos…-dijo la chica, aunque se notaba la diversión en su voz.

De hecho —dio la vuelta al papel—, ¡está perfecto! ¿Dónde está la señorita Hermione Granger?

Hermione alzó una mano temblorosa.

¡Excelente! —dijo Lockhart con una sonrisa—, ¡excelente! ¡Diez puntos para Gryffindor!

-Bueno, Hermione, no quiero hurgar demasiado en la herida…-empezó Sirius-. Pero al final tu flechazo hacia Lockhart dio sus frutos. ¡Diez puntos más!

La chica se ruborizó y los muchachos rieron de nuevo.

-Sí, sí, es muy gracioso-continuó Sirius-, pero deberíamos dejar de meternos tanto con ella. Que por lo que llevamos leído es la única que le ha dado puntos a Gryffindor…-añadió mirando a los demás alumnos.

-Eso-coincidió Remus.

-Además-intervino Molly-, ¿qué más da que le hiciese gracia Lockhart? Todos hemos tenido pequeños cuelgues tontos de los que nos arrepentimos…

-¿No estarás hablando de tu propio enamoramiento de Lockhart, no, mamá?-sonrió Ron, sabiendo perfectamente la respuesta.

-No, claro que no-se apresuró a replicar la señora Weasley.

Ginny y los gemelos sofocaron una nueva risa.

-En fin…-dijo Remus con una sonrisa en el rostro-. Sigue leyendo, Hermione, por favor.

Y en cuanto a...

De debajo de la mesa sacó una jaula grande, cubierta por una funda, y la puso encima de la mesa, para que todos la vieran.

-¿Qué hay dentro?-preguntó Tonks, curiosa.

Ahora, ¡cuidado! Es mi misión dotaros de defensas contra las más horrendas criaturas del mundo mágico. Puede que en esta misma aula os tengáis que encarar a las cosas que más teméis. Pero sabed que no os ocurrirá nada malo mientras yo esté aquí.

-Yo no me fiaría…-dijo Arthur con recelo.

Todo lo que os pido es que conservéis la calma.

En contra de lo que se había propuesto, Harry asomó la cabeza por detrás del montón de libros para ver mejor la jaula. Lockhart puso una mano sobre la funda. Dean y Seamus habían dejado de reír. Neville se encogía en su asiento de la primera fila.

Todos contuvieron el aliento con anticipación, menos los alumnos que ya sabían lo que había en el interior.

Tengo que pediros que no gritéis —dijo Lockhart en voz baja—. Podrían enfurecerse.

Cuando toda la clase estaba con el corazón en un puño, Lockhart levantó la funda.

-Es un poco dramático, ¿eh?-sonrió Sirius-. Eso puedo respetarlo…

Sí —dijo con entonación teatral—, duendecillos de Cornualles recién cogidos.

-¿Es broma?-rio Tonks-. Yo ya estaba toda preocupada y nerviosa y resulta que solo son duendecillos.

-Yo igual-dijo Remus-. Aunque lo cierto es que pueden ser muy molestos.

-Si-reconoció Tonks-. Pero ni de lejos son tan peligrosos como los había pintado.

-Cierto.

Seamus Finnigan no pudo controlarse y soltó una carcajada que ni siquiera Lockhart pudo interpretar como un grito de terror.

-No me extraña…-repuso Sirius-. Ha sido bastante anticlimático y ridículo…

¿Sí? —Lockhart sonrió a Seamus.

Bueno, es que no son... muy peligrosos, ¿verdad? —se explicó Seamus con dificultad.

-Lo que yo decía-asintió Tonks.

¡No estés tan seguro! —dijo Lockhart, apuntando a Seamus con un dedo acusador—. ¡Pueden ser unos seres endemoniadamente engañosos!

Snape puso los ojos en blanco. Con cada nueva estupidez producida por Lockhart, su desagrado hacia él aumentaba.

Los duendecillos eran de color azul eléctrico y medían unos veinte centímetros de altura, con rostros afilados y voces tan agudas y estridentes que era como oír a un montón de periquitos discutiendo.

-Buena descripción-sonrió Hermione-. Espera, no, que tú te has reído de lo de Lockhart-rectificó-. Mala descripción.

-Muy madura-rio Harry.

-Ella podría decir lo mismo-sonrió Ginny.

-Shh…

En el instante en que había levantado la funda, se habían puesto a parlotear y a moverse como locos, golpeando los barrotes para meter ruido y haciendo muecas a los que tenían más cerca.

Está bien —dijo Lockhart en voz alta—. ¡Veamos qué hacéis con ellos! —Y abrió la jaula.

-¿Está loco?-preguntó Molly-. Vale que no sean peligrosos pero van a montar un follón… ¡Y todavía no les ha explicado como neutralizarlos!

Se armó un pandemónium.

-Lo raro es que no se hubiera armado-dijo Tonks-. De verdad que alucino con la estupidez de este hombre.

Los duendecillos salieron disparados como cohetes en todas direcciones. Dos cogieron a Neville por las orejas y lo alzaron en el aire.

-Siempre le ha de pasar todo a él-suspiró Ginny con resignación.

Algunos salieron volando y atravesaron las ventanas, llenando de cristales rotos a los de la fila de atrás. El resto se dedicó a destruir la clase más rápidamente que un rinoceronte en estampida.

-Merlín…-dijo Molly con los ojos muy abiertos.

Cogían los tinteros y rociaban de tinta la clase, hacían trizas los libros y los folios, rasgaban los carteles de las paredes, le daban vuelta a la papelera y cogían bolsas y libros y los arrojaban por las ventanas rotas. Al cabo de unos minutos, la mitad de la clase se había refugiado debajo de los pupitres y Neville se balanceaba colgando de la lámpara del techo.

-¿Y en todo ese tiempo el inútil de Lockhart no ha hecho nada?-preguntó Sirius-. No es que me sorprenda pero al menos que disimule un poco.

Remus sonrió.

-Creo que si hubiera intentado algo hubiese quedado peor.

-Tienes razón.

Vamos ya, rodeadlos, rodeadlos, sólo son duendecillos... —gritaba Lockhart. Se remangó, blandió su varita mágica y gritó: —¡Peskipiski Pestenomi!

-¿Qué?-preguntó Tonks-. No he oído ese hechizo en mi vida.

-Parece más bien un tipo de comida extranjera-dijo Harry con diversión-. Rusa o algo por el estilo.

Ginny soltó una carcajada.

-Sí que lo parece, sí.

No sirvió absolutamente de nada; uno de los duendecillos le arrebató la varita y la tiró por la ventana.

-Me está dando vergüenza ajena-dijo Sirius enterrando el rostro entre las manos.

-A mí también-asintió Fred-. Suerte que en nuestra clase no pasó esto. Supongo que aprendió la lección…

Lockhart tragó saliva y se escondió debajo de su mesa, a tiempo de evitar ser aplastado por Neville, que cayó al suelo un segundo más tarde, al ceder la lámpara.

-Podría haberse hecho mucho daño el pobre niño-dijo el señor Weasley-. Y todo por culpa del idiota éste que se hace llamar profesor.

-¡Arthur!- se escandalizó Molly, no acostumbrada a que su marido llamase esas cosas a la gente.

-Si lo es lo es-dijo el señor Weasley con firmeza.

-Bueno, sí, es verdad.

Sonó la campana y todos corrieron hacia la salida. En la calma relativa que siguió, Lockhart se irguió, vio a Harry, Ron y Hermione y les dijo:

Bueno, vosotros tres meteréis en la jaula los que quedan. —Salió y cerró la puerta.

Dumbledore sacudió la cabeza ante una muestra más de la incompetencia del hombre.

-¡¿Y os dejo solos para que vosotros le solucionaseis el problema?!-bramó Sirius-. Menudo imbécil. Es su responsabilidad arreglar lo que él mismo ha hecho. Si le cojo…-murmuró.

¿Habéis visto? —bramó Ron, cuando uno de los duendecillos que quedaban le mordió en la oreja haciéndole daño.

-Ouch-se quejó el chico al recordarlo.

Sólo quiere que adquiramos experiencia práctica —dijo Hermione,

-Hermione… -empezó Sirius con delicadeza- No creo yo que…

-Lo sé, lo sé-dijo rápidamente la muchacha.

inmovilizando a dos duendecillos a la vez con un útil hechizo congelador y metiéndolos en la jaula.

¿Experiencia práctica? —dijo Harry, intentando atrapar a uno que bailaba fuera de su alcance sacando la lengua—. Hermione, él no tenía ni idea de lo que hacía.

-Se puede decir más alto pero no más claro-asintió Remus.

Mentira —dijo Hermione—. Ya has leído sus libros, fíjate en todas las cosas asombrosas que ha hecho...

-Eh...-comenzó Tonks-, que él lo escriba no significa que sea verdad. Cualquiera puede decir que ha hecho algo.

Que él dice que ha hecho —añadió Ron.

-Lo que yo decía-sonrió Tonks mientras Hermione pasaba la página.

-Bien, aquí acaba el capítulo-dijo la muchacha.

-¿Ya está?-preguntó Harry con extrañeza-. Mm… pensaba que sería peor, teniendo por título "Gilderoy Lockhart".

-Yo creo que ha sido bastante horrible-dijo Hermione.

-Venga, hombre-sonrió el muchacho-. No ha estado tan mal. Reconócelo.

La chica suspiró largamente.

-Podría haber sido peor…-reconoció-. Pero aun así ha sido muy humillante y te prometo que ésta me la guardo.

Harry tragó saliva.

-Igualmente habrá merecido la pena.

Aquel intercambio hizo que Ron sonriera con diversión.

-Tú verás lo que haces, Harry, pero yo no me enfrentaría al alguien como Hermione…

-Y haces bien-le respaldó Ginny, quien luego centró tu atención en la muchacha-. Yo también me he reído de que te gustase Lockhart pero era desde el cariño-puntualizó.

Hermione soltó una carcajada.

-Tranquila, Ginny, contigo no me enfado.

-Bien-sonrió ella.

Harry iba a protestar pero Hermione, viendo que aquella conversación se alargaba demasiado, decidió cambiar de tema.

-Por cierto ¿quién quiere leer?

-¿Quiénes quedamos?-preguntó Remus.

-Creo que faltan los señores Weasley-dijo Dumbledore mirando a los gemelos-, la señorita Weasley, Harry, Snape y tú mismo, Remus. Y yo también, por supuesto-añadió.

Remus asintió.

-De acuerdo, gracias. Y ¿Cómo se titula el siguiente capítulo, Hermione?

La muchacha pasó la mirada por el libro y tragó saliva.

-"Los «sangre sucia» y una voz misteriosa"-leyó.

Ante aquello, todas las sonrisas desaparecieron del rostro de los alumnos y Ginny sintió como un escalofrió la recorría.

Remus frunció el ceño ante las reacciones.

-¿Qué es lo que pasa? ¿Va a ser tan malo lo que vamos a leer?

Harry asintió con seriedad y, después de mirar a Ginny con preocupación, respiró hondo.

-Está bien-dijo con determinación. Observar la reacción de la muchacha había tenido ese efecto en él-. Yo quiero leer.

-¿Estás seguro, Harry?-preguntó Sirius.

-Sí-dijo el chico, todavía mirando a Ginny, quien ahora le devolvía la mirada, sorprendida-. Hay ciertas cosas que van a pasar en este capítulo. Que no son muy agradables… Y quiero ser yo quien las lea.

-De acuerdo-dijo Hermione, pasándole el libro.

Harry lo cogió con fuerza y después de respirar hondo dijo:

-Capítulo siete: "Los «sangre sucia» y una voz misteriosa"- echó un último vistazo a Ginny y, con la valor que aquella imagen le ofrecía, continuó con la lectura.

A/N: Hasta aquí este capítulo. El siguiente puede que tarde bastante en actualizar y lo siento mucho pero tengo examenes desde principios de enero hasta febrero. Así que puede que tarde un mes o quizás más en actualizar. Lo siento mucho pero lo primero es lo primero... Aviso para que no penséis que he abandonado la historia ni nada por el estilo. Es solo que la universidad me tiene secuestrada :( En fin, ¡espero que tengáis un gran 2017! Nos vemos :)

Como siempre gracias por leer y dejad review si queréis :D