A/N: Hola a todos, cuanto tiempo, ¿eh? Lo primero decir que siento no haber actualizado en casi tres meses. Después de acabar los examenes (a mediados de febrero) empecé a escrbir este capítulo pero nada de lo que escribía me convencía. Tuve que borrar lo que tenía como dos veces porque no me acababa de gustar... Y ahora no estoy 100% contenta con el resultado pero creo que es mil veces mejor que lo que tenía al principio. A parte de que no os quería hacer esperar más. En fin, ya estoy aquí que es lo que importa y espero no tardar tanto con el resto de capítulos hahaha. De todas formas, vuestras review me han ayudado en los días en los que simplemente no me salía nada bueno. Así que muchas gracias y seguid dejando reviews por que de verdad que son muy importantes para mí y me ayudan muchísimo. En fin, hasta aquí este tocho :D Espero que os guste el capítulo :)
Todo lo que está en negrita pertenece a J.K Rowling
-De acuerdo-dijo Hermione, pasándole el libro.
Harry lo cogió con fuerza y después de respirar hondo dijo:
-Capítulo siete: "Los «sangre sucia» y una voz misteriosa"- echó un último vistazo a Ginny y, con la valor que aquella imagen le ofrecía, continuó con la lectura.
Durante los días siguientes, Harry pasó bastante tiempo esquivando a Gilderoy Lockhart cada vez que lo veía acercarse por un corredor.
-No me extraña-dijo Ron con una sonrisa. Era su intento de mejorar el ambiente tenso que se había instalado en la Sala.
Pero más difícil aún era evitar a Colin Creevey, que parecía saberse de memoria el horario de Harry.
-Lo recuerdo…-dijo Harry con voz queda.
Nada le hacía tan feliz como preguntar «¿Va todo bien, Harry?» seis o siete veces al día, y oír «Hola, Colin» en respuesta, a pesar de que la voz de Harry en tales ocasiones sonaba irritada.
La irritación bañó las facciones de Snape al oír aquello. Se acordaba bien del espectáculo que montaba el crío cada vez que veía a Potter.
Hedwig seguía enfadada con Harry a causa del desastroso viaje en coche,
-La verdad es que no se la puede culpar por ello-dijo Ginny con una pequeña sonrisa forzada e intentando no pensar en el dolor de estómago que sentía solo de recordar el título del capítulo. Agradecía enormemente el gesto de Harry, de ofrecerse a leer aquella parte. Sabía que de ese modo se le haría menos difícil.
y la varita de Ron, que todavía no funcionaba correctamente, se superó a sí misma el viernes por la mañana al escaparse de la mano de Ron en la clase de Encantamientos y dispararse contra el profesor Flitwick, que era viejo y bajito, y golpearle directamente entre los ojos, produciéndole un gran divieso verde y doloroso en el lugar del impacto.
Aquella hizo que los gemelos rieran y que Ginny esbozase una sonrisa verdadera esta vez.
Así que, entre unas cosas y otras, Harry se alegró muchísimo cuando llegó el fin de semana, porque Ron, Hermione y él habían planeado hacer una visita a Hagrid el sábado por la mañana.
-Eso os ayudará a despejaros-asintió Sirius. No sabía muy bien porqué todos habían reaccionado de aquella manera al saber el título del capítulo. Harry había dicho que no iba a ser agradable pero ¿si habían leído el final de su primer año, que podía ser peor que eso?
Pero el capitán del equipo de quidditch de Gryffindor, Oliver Wood, despertó a Harry con un zarandeo varias horas antes de lo que él habría deseado.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry aturdido.
—¡Entrenamiento de quidditch! —respondió Wood—. ¡Vamos!
-Oh, por Merlín-gruñó Molly-. ¡Deja dormir al pobre chico!
-Es inútil, mamá-dijo George-. ¡Es Oliver!
La señora Weasley sonrió a su hijo pero en su interior se sentía inquieta. Sufría por lo que el libro iba a narrar, tal y como demostraba la fuerza con la que apretaba la mano de su marido.
Harry miró por la ventana, entornando los ojos. Una neblina flotaba en el cielo de color rojizo y dorado. Una vez despierto, se preguntó cómo había podido dormir con semejante alboroto de pájaros.
—Oliver —observó Harry con voz ronca—, si todavía está amaneciendo...
-Suerte que no me gusta el Quidditch-dijo con alivio Hermione.
El hecho de que ninguno de los fanáticos a ese deporte dijese nada al respecto, dejaba claro que todos estaban muy pendientes de lo leído por Harry.
—Exacto —respondió Wood. Era un muchacho alto y fornido de sexto curso y, en aquel momento, tenía los ojos brillantes de entusiasmo—.
-Eso siempre es mala señal-explicó Fred con cariño.
Forma parte de nuestro nuevo programa de entrenamiento. Venga, coge tu escoba y andando —dijo Wood con decisión—. Ningún equipo ha empezado a entrenar todavía. Este año vamos a ser los primeros en empezar...
-Que agobio…-suspiró Tonks. No había querido comentar nada hasta ese momento ya que era consciente del ambiente enrarecido que reinaba en la habitación. Pero al mismo tiempo, se dio cuenta de cómo todos los muchachos habían tratado de destensar la situación. De modo que decidió poner ella también de su parte.
Bostezando y un poco tembloroso, Harry saltó de la cama e intentó buscar su túnica de quidditch.
—¡Así me gusta! —dijo Wood—. Nos veremos en el campo dentro de quince minutos.
Encima de la túnica roja del equipo de Gryffindor se puso la capa para no pasar frío, garabateó a Ron una nota en la que le explicaba adónde había ido
-Te agradezco que lo hicieras, Harry-dijo su amigo-. La verdad es que me extrañé bastante cuando me desperté y no estabas.
y bajó a la sala común por la escalera de caracol, con la Nimbus 2.000 sobre el hombro. Al llegar al retrato por el que se salía, oyó tras él unos pasos y vio que Colin Creevey bajaba las escaleras corriendo,
-¿Será posible…?-dijo Sirius con una mezcla de irritación y asombro.
con la cámara colgada del cuello, que se balanceaba como loca, y llevaba algo en la mano.
—¡Oí que alguien pronunciaba tu nombre en las escaleras, Harry!
-Eso es tener fuerza de voluntad-volvió a hablar Sirius, esta vez el asombro era pleno en su voz-. Levantarse a esas horas solo para verte…
¡Mira lo que tengo aquí! La he revelado y te la quería enseñar...
Desconcertado, Harry miró la fotografía que Colin sostenía delante de su nariz. Un Lockhart móvil en blanco y negro tiraba de un brazo que Harry reconoció como suyo.
La señora Wesley no pudo evitar sonreír con ternura.
-Sé que es un poco cargante-reconoció-, pero tiene pinta de ser un buen chico…
-Lo es-asintió Harry.
Le complació ver que en la fotografía él aparecía ofreciendo resistencia y rehusando entrar en la foto. Al mirarlo Harry, Lockhart soltó el brazo, jadeando, y se desplomó contra el margen blanco de la fotografía con gesto teatral.
Ron resopló con diversión y Ginny soltó una pequeña carcajada. Al oírlo, Harry sintió como la tensión que sentía desde el inicio del capítulo disminuía considerablemente. Era agradable ver como sus amigos comenzaban a relajarse y eso provocó que él también lo hiciera.
—¿Me la firmas? —le pidió Colin con fervor.
—No —dijo Harry rotundamente, mirando en torno para comprobar que realmente no había nadie en la sala—.
-Suerte que al ser tan pronto estaba vacío…-dijo Remus. Al igual que el resto de adultos había estado bastante callado, esperando y pendiente de los rostros de los muchachos. Poco a poco, los propios niños se habían encargado de reducir el nerviosismo que se respiraba en el ambiente y Remus se sentía orgulloso y agradecido por ello.
Lo siento, Colin, pero tengo prisa. Tengo entrenamiento de quidditch.
Y salió por el retrato.
—¡Eh, espérame! ¡Nunca he visto jugar al quidditch!
-Entonces entiendo que esté emocionado-dijo Ron-. Aunque ni por la final del mundial me levantaría yo tan pronto.
Hermione y Ginny rieron suavemente. La última lo hizo a pesar de ser consciente de lo que intentaba su hermano con aquellas bromas. La verdad era que estaban funcionando ya que se sentía más tranquila que al principio.
Colin se metió apresuradamente por el agujero, detrás de Harry.
—Será muy aburrido —dijo Harry enseguida,
Los fanáticos del Quidditch miraron a Harry con sorpresa.
-Antes de que digáis nada-empezó el muchacho-, lo dije solo para librarme de Colin.
-Tranquilo-sonrió Fred-. Es comprensible… Además, la charla de Wood sí que fue mortalmente aburrida.
-¡Cierto! Ya casi ni me acordaba.
-Pues que suerte…
pero Colin no le hizo caso. Los ojos le brillaban de emoción.
—Tú has sido el jugador más joven de la casa en los últimos cien años, ¿verdad, Harry? ¿Verdad que sí? —le preguntó Colin, corriendo a su lado—. Tienes que ser estupendo. Yo no he volado nunca. ¿Es fácil? ¿Ésa es tu escoba? ¿Es la mejor que hay?
Harry leyó aquel fragmento haciendo una gran imitación de la voz de Colin cuando se emocionaba de ese modo.
-Vaya…-suspiró Sirius-. Normalmente me gusta cuando la gente muestra interés por las cosas. Creo que es mejor ser alguien a quien le apasiona lo que vive que alguien que nunca se emociona por nada-explicó-. Pero, Merlín… Este chico se ha pasado de entusiasmo.
Harry sonrió.
-Lo cierto es que sí. Aunque he de reconocer que, cuando uno se acostumbra a su forma de ser, es una compañía bastante agradable.
-A parte de que con los años se ha ido relajando un poco-añadió Ron.
-Eso también-rio Harry, más calmado que al principio del capítulo.
Harry no sabía cómo librarse de él. Era como tener una sombra habladora, extremadamente habladora.
Tonks rio con suavidad.
-Esa es una buena descripción.
—No sé cómo es el quidditch, en realidad —reconoció Colin, sin aliento—. ¿Es verdad que hay cuatro bolas? ¿Y que dos van por ahí volando, tratando de derribar a los jugadores de sus escobas?
-Dicho así parece bastante peligroso…-dijo Ron rascándose la barbilla.
-Es que lo es-sonrió Ginny-. Pero es parte de la gracia del Quidditch…
-Sí… También tienes razón.
—Si —contestó Harry de mala gana, resignado a explicarle las complicadas reglas del juego del quidditch—. Se llaman bludgers. Hay dos bateadores en cada equipo, con bates para golpear las bludgers y alejarlas de sus compañeros. Los bateadores de Gryffindor son Fred y George Weasley.
-A su servicio-proclamó George con una inclinación de cabeza. A su lado, su hermano le imitó.
—¿Y para qué sirven las otras pelotas? —preguntó Colin, dando un tropiezo porque iba mirando a Harry con la boca abierta.
Ron y los gemelos sonrieron al oírlo.
—Bueno, la quaffle, que es una pelota grande y roja, es con la que se marcan los goles. Tres cazadores en cada equipo se pasan la quaffle de uno a otro e intentan introducirla por los postes que están en el extremo del campo, tres postes largos con aros al final.
Snape suspiró, irritado por tener que leer cosas que todos ya conocían. ¿Qué más daban las reglas del Quidditch en la lucha contra el señor Oscuro? ¿Es que tenían que leer cada maldito segundo de la vida de Potter? Dumbledore pensaba que así era por lo que Snape no iba a discutir con el hombre, sabía que no conseguiría nada.
Además, los muchachos se habían puesto nerviosos al leer el título del capítulo y el profesor de Pociones no quería tensionar más a los alumnos con algún comentario de los suyos. Snape sabía lo que iba a suceder a continuación: la abertura de la Cámara y la petrificación de la señora Norris y, más tarde, de los nacidos Muggle. Aquello era algo que había vivido una vez y que no quería tener que volver a recordar pero, evidentemente, su deseo no se iba a cumplir. Si alguien tan impasible con el maestro de Pociones no tenía ningunas ganas de rememorar lo sucedido, podía imaginar lo que debían estar sintiendo los alumnos.
—¿Y la cuarta bola?
—Es la snitch —dijo Harry—, es dorada, muy pequeña, rápida y difícil de atrapar. Ésa es la misión de los buscadores, porque el juego del quidditch no finaliza hasta que se atrapa la snitch. Y el equipo cuyo buscador la haya atrapado gana ciento cincuenta puntos.
-Siempre he pensado que ciento cincuenta puntos son pocos por atrapar una bola tan pequeña-comentó Hermione.
-Bueno, según como lo mires…-dijo Ron-. Solo te dan diez por marcar con la Quaffle y has de atravesar todo el campo, esquivando las bludgers y a los defensas rivales, para después lanzar al aro y que el portero no se la pare. Hay gente que diría que eso es mucho más trabajo que encontrar la snitch-se encogió de hombros-. Por mi parte creo que el Quidditch es genial tal y como está.
-Visto así…-repuso Hermione.
-Te lo dije-sonrió su amigo-. "Según como lo mires".
—Y tú eres el buscador de Gryffindor, ¿verdad? —preguntó Colin emocionado.
—Sí —dijo Harry, mientras dejaban el castillo y pisaban el césped empapado de rocío—. También está el guardián, el que guarda los postes. Prácticamente, en eso consiste el quidditch.
-Luego hay los locos como Wood que se preocupan de las tácticas y estrategias-sonrió Fred-. Nosotros solo nos ocupamos de golpear las bludgers.
-Lo más divertido-asintió su gemelo.
Pero Colin no descansó un momento y fue haciendo preguntas durante todo el camino ladera abajo, hasta que llegaron al campo de quidditch, y Harry pudo deshacerse de él al entrar en los vestuarios.
-Menos mal…-dijo Ginny con una sonrisa, mucho más relajada que al comienzo de la lectura. El paso del tiempo y los comentarios y bromas de sus amigos le habían ayudado enormemente.
Colin le gritó en voz alta:
—¡Voy a pillar un buen sitio, Harry! —Y se fue corriendo a las gradas.
El resto del equipo de Gryffindor ya estaba en los vestuarios. El único que parecía realmente despierto era Wood.
-Y con razón…-suspiró George.
Fred y George Weasley estaban sentados, con los ojos hinchados y el pelo sin peinar,
-Fue realmente duro-dijo George.
junto a Alicia Spinnet, de cuarto curso, que parecía que se estaba quedando dormida apoyada en la pared. Sus compañeras cazadoras, Katie Bell y Angelina Johnson, sentadas una junto a otra, bostezaban enfrente de ellos.
-Menudo panorama-sonrió el señor Weasley.
—Por fin, Harry, ¿por qué te has entretenido? —preguntó Wood enérgicamente—. Veamos, quiero deciros unas palabras antes de que saltemos al campo, porque me he pasado el verano diseñando un programa de entrenamiento completamente nuevo, que estoy seguro de que nos hará mejorar.
Sirius se llevó las manos a la cabeza.
-Soy el primero en querer ganar la Copa de Quidditch… pero esto es demasiado.
-Pues espera a ver la charla que nos pegó después-dijo Harry.
Los gemelos soltaron un quejido.
-Creo que nunca tuve tantas ganas de dormirme-dijo George.
-Yo igual-añadió Fred-. Ni siquiera en historia de la magia.
-Vaya…-dijo Sirius con sorpresa-. Entonces debió de ser realmente soporífero.
Los tres muchachos asintieron con energía.
-Lo fue.
Wood sostenía un plano de un campo de quidditch, lleno de líneas, flechas y cruces en diferentes colores. Sacó la varita mágica, dio con ella un golpe en la tabla y las flechas comenzaron a moverse como orugas. En el momento en que Wood se lanzó a soltar el discurso sobre sus nuevas tácticas, a Fred Weasley se le cayó la cabeza sobre el hombro de Alicia Spinnet y empezó a roncar.
Todos los alumnos soltaron una carcajada y Sirius sonrió con diversión.
-Esto me recuerda a tu padre, Harry-dijo con cariño-. Cuando se le metía una nueva táctica o estrategia de Quidditch en la cabeza no había manera de hacerle callar.
-¿En serio?
-Así es-intervino Remus-. Era bastante aburrido pero el brillo en sus ojos cuando hablaba sobre ello lo compensaba.
Aquello provocó que Harry sonriera con alegría. Siempre había oído que su padre era muy enrollado e interesante así que agradecía escuchar que también tenía momentos como aquellos. Le hacía parecer más real y humano el saber que a veces decía cosas aburridas o mostraba quizás demasiado interés por ellas.
Le llevó casi veinte minutos a Wood explicar los esquemas de la primera tabla, pero a continuación hubo otra, y después una tercera.
Tonks sacudió la cabeza con incredulidad.
-Mira que haceros levantar tan pronto para eso… Estáis tan cansados que no os vais a enterar de nada.
Harry se adormecía mientras el capitán seguía hablando y hablando.
-Lo raro es que hayas aguantado tanto-dijo el señor Weasley-. Recuerdo cuando estudiaba en Hogwarts y si la primera hora de clase tocaba algo aburrido era casi imposible mantenerse despierto.
—Bueno —dijo Wood al final, sacando a Harry de sus fantasías sobre los deliciosos manjares que podría estar desayunando en ese mismo instante en el castillo—.
Ron esbozó una sonrisa.
¿Ha quedado claro? ¿Alguna pregunta?
—Yo tengo una pregunta, Oliver —dijo George, que acababa de despertar dando un respingo—. ¿Por qué no nos contaste todo esto ayer cuando estábamos despiertos?
Ron soltó una carcajada y Ginny sacudió la cabeza con diversión.
-No me acordaba de eso-rio Fred-. ¡Muy buena!- dijo chocando los cinco con su gemelo.
A Wood no le hizo gracia.
George se encogió de hombros.
-Siempre habrá gente que no tenga sentido del humor.
—Escuchadme todos —les dijo, con el entrecejo fruncido—, tendríamos que haber ganado la copa de quidditch el año pasado. Éramos el mejor equipo con diferencia.
-Eso es cierto-dijo Harry.
Pero, por desgracia, y debido a circunstancias que escaparon a nuestro control...
Harry se removió en el asiento, con un sentimiento de culpa. Durante el partido final del año anterior, había permanecido inconsciente en la enfermería, con la consecuencia de que Gryffindor había contado con un jugador menos y había sufrido su peor derrota de los últimos trescientos años.
Sirius cerró los ojos como si aquello le hubiera dolido físicamente.
-Que duro…-dijo-. Aunque no tienes porqué sentirte culpable, Harry. Creo que todos estamos de acuerdo en que fue mucho más importante evitar que Voldemort se hiciera con la Piedra.
-Se nota que no conoces a Wood…-sonrió el muchacho.
Wood tardó un momento en recuperar el dominio. Era evidente que la última derrota todavía lo atormentaba.
—De forma que este año entrenaremos más que nunca…
-Pues ese año tampoco mejoró su suerte…-murmuró Ron.
-Aunque volvió a ser por un buen motivo-añadió Hermione también en voz baja. Ninguno de los dos quería dar pistas sobre lo que iban a leer.
-Eso es verdad.
¡Venga, salid y poned en práctica las nuevas teorías! —gritó Wood, cogiendo su escoba y saliendo el primero de los vestuarios.
Con las piernas entumecidas y bostezando, le siguió el equipo. Habían permanecido tanto tiempo en los vestuarios, que el sol ya estaba bastante alto,
-Por Merlín… Vaya manera de desperdiciar el tiempo-dijo Tonks-. Seguro que os hubierais enterado mucho más de las cosas si os las hubiera explicado ya sobre la escoba.
-Probablemente-asintió Harry.
aunque sobre el estadio quedaban restos de niebla. Cuando Harry saltó al terreno de juego, vio a Ron y Hermione en las gradas.
—¿Aún no habéis terminado? —preguntó Ron, perplejo.
-Es que llevabais un buen rato…-dijo el chico, recordando.
—Aún no hemos empezado —respondió Harry, mirando con envidia las tostadas con mermelada que Ron y Hermione se habían traído del Gran Comedor—.
-Te podríamos haber dado un trozo si nos lo hubieras pedido-dijo Hermione-. Bueno, mejor dicho, yo te hubiera podido dar un trozo-rectificó al ver la expresión en el rostro de Ron.
Harry soltó una carcajada y Ron se sonrojó.
-¿Qué quieres que le haga? Con la comida de uno no se juega.
-Lo sabemos, lo sabemos-sonrió la chica con afecto y un toque de exasperación al mismo tiempo.
Wood nos ha estado enseñando nuevas estrategias.
Montó en la escoba y, dando una patada en el suelo, se elevó en el aire. El frío aire de la mañana le azotaba el rostro, consiguiendo despertarle bastante más que la larga exposición de Wood.
-Lo que yo decía-sonrió Tonks.
-No había caído en la cuenta hasta ahora-dijo Dumbledore, mirando a la metamorfomaga-, pero desde que empezamos la lectura has ido dando muy buenas ideas respecto a la enseñanza de los alumnos y cuestiones de la escuela. ¿Te has planteado alguna vez dedicarte a la enseñanza?
-¿Estas preparando el terreno para contratarla como la siguiente profesora de Defensa?-sonrió Remus, conocedor del problema que presentaba tener que buscar un nuevo maestro cada año.
Dumbledore sonrió con diversión en sus ojos.
-No vendría mal, no-reconoció-. Pero lo cierto es que no había pensado en eso. Era simple curiosidad.
-Oh, bueno-empezó Tonks-. La verdad es que nunca me lo había planteado. Podría ser interesante y tienes razón en lo de que me gusta buscar maneras de enseñar a la gente y, sobretodo, motivarla para que aprendan… Pero creo que acabaría echando de menos la acción del trabajo de auror, si te soy sincera.
Dumbledore suspiró largamente.
-En fin… Es una pena. Pero ten presente que si alguna vez quieres probarlo, las puertas de Hogwarts están abiertas para ti.
Tonks se ruborizó un tanto.
-Muchas gracias, director.
Dumbledore inclinó la cabeza a modo de respuesta y Harry siguió leyendo.
Era maravilloso regresar al campo de quidditch. Dio una vuelta por el estadio a toda velocidad, haciendo una carrera con Fred y George.
—¿Qué es ese ruido? —preguntó Fred, cuando doblaban la esquina a toda velocidad.
-¿"A toda velocidad"?-preguntó la señora Weasley con los ojos entrecerrados.
-Dentro del rango seguro y razonable-le aseguró Fred mientras Ginny y Harry ocultaban una sonrisa.
La muchacha se había ido relajando y divirtiendo a medida que avanzaba el capítulo y sus temores ya estaban casi olvidados. Aquello había provocado que Harry, al darse cuenta, también se hubiera quitado un peso de encima y estuviera más tranquilo y hablador.
Harry miró a las gradas. Colin estaba sentado en uno de los asientos superiores, con la cámara levantada, sacando una foto tras otra, y el sonido de la cámara se ampliaba extraordinariamente en el estadio vacío.
-No se cansa, ¿eh?-dijo Sirius, sonriendo con sarcasmo.
—¡Mira hacia aquí, Harry! ¡Aquí! —chilló.
—¿Quién es ése? —preguntó Fred.
—Ni idea —mintió Harry, acelerando para alejarse lo más posible de Colin.
Ron soltó una carcajada y los gemelos sonrieron, divertidos.
—¿Qué pasa? —dijo Wood frunciendo el entrecejo y volando hacia ellos. ¿Por qué saca fotos aquél? No me gusta. Podría ser un espía de Slytherin que intentara averiguar en qué consiste nuestro programa de entrenamiento.
-Claro, porque los de Slytherin no tienen medio cerebro...-dijo Hermione poniendo los ojos en blanco-. Si quisieran mandar a un espía lo harían de manera más disimulada.
-En eso tienes razón- asintió Remus.
—Es de Gryffindor —dijo rápidamente Harry.
-¿No decías que no sabías quién era?-le sonrió Ginny, provocando que Harry le devolviera la sonrisa y se ruborizase levemente.
—Y los de Slytherin no necesitan espías, Oliver —observó George.
—¿Por qué dices eso? —preguntó Wood con irritación.
—Porque están aquí en persona —dijo George,
-¿Qué?-preguntó Sirius.
señalando hacia un grupo de personas vestidas con túnicas verdes que se dirigían al campo, con las escobas en la mano.
-¿Es que no se han enterado que tenéis el campo vosotros?-continuó el animago.
Harry siguió leyendo para responderle.
—¡No puedo creerlo! —dijo Wood indignado—. ¡He reservado el campo para hoy! ¡Veremos qué pasa!
Wood se dirigió velozmente hacia el suelo. Debido al enojo aterrizó más bruscamente de lo que habría querido y al desmontar se tambaleó un poco. Harry, Fred y George lo siguieron.
Tonks, quien había vivido muchos enfrentamientos entre las dos casas durante su tiempo en Hogwarts, sonrió.
-Esto tiene pinta de acabar mal.
-¿Y entonces porque sonríes?-preguntó la señora Weasley.
-Pues porqué me recuerda a cuando estudiaba en Hogwarts-explicó Tonks-. Las peleas entre Gryffindor y Slytherin siempre animaban el día y, al no ser de ninguna de las dos casas, no me tenía que preocupar sobre si les quitaban puntos o no-terminó encogiéndose de hombros-. Aunque está claro que no quiero que se desmadre demasiado la cosa; no me gustaría que ninguno de vosotros acabase herido o algo parecido.
Hermione se mordió el labio al recordar el incidente con las babosas, no había sido nada agradable.
—Flint —gritó Wood al capitán del equipo de Slytherin—, es nuestro turno de entrenamiento. Nos hemos levantado a propósito. ¡Así que ya podéis largaros!
-Así me gusta-asintió Sirius-, que no se deje pisotear.
Marcus Flint aún era más corpulento que Wood. Con una expresión de astucia digna de un trol, replicó:
Ron y los gemelos soltaron una carcajada.
-Sí que puso una expresión parecida-rio Fred.
—Hay bastante sitio para todos, Wood.
Angelina, Alicia y Katie también se habían acercado. No había chicas entre los del equipo de Slytherin,
Ginny puso los ojos en blanco.
-¿Por qué no me sorprende? Panda de machistas idiotas.
-Sí que lo son-repuso Hermione-. No me creo que en todo Slytherin no haya una sola chica a la que le guste el Quidditch o que lo juegue bien.
-Yo tampoco-dijo Harry-. ¿Pero qué puedes esperar de alguien que discrimina a los demás por su sangre? Hay muchas posibilidades que también lo hagan debido a su género.
-Eso es cierto-asintió Ginny.
que formaban una piña frente a los de Gryffindor y miraban burlonamente a Wood.
—¡Pero yo he reservado el campo! —dijo Wood, escupiendo la rabia—. ¡Lo he reservado!
-Entonces no tienen ningún derecho a quitároslo-dijo el señor Weasley con firmeza.
Sirius asintió con energía.
-Es que es así, una vez se reserva el campo ya no te lo pueden quitar… Me da a mí que han venido corriendo en cuanto os han visto entrenando, solo para molestar y distraeros.
-Es una buena hipótesis-dijo Remus, aquello se ajustaba con el modo de pensar de los Slytherin.
—¡Ah! —dijo Flint—, pero nosotros traemos una hoja firmada por el profesor Snape.
Sirius fulminó a Snape con la mirada.
-Qué raro…-murmuró.
«Yo, el profesor S. Snape, concedo permiso al equipo de Slytherin para entrenar hoy en el campo de quidditch debido a su necesidad de dar entrenamiento al nuevo buscador.»
Sirius, que durante la lectura de aquella frase había seguido mirando mal a Snape, levantó las cejas con sorpresa y miró al libro en las manos de Harry.
-¿Nuevo buscador? ¿Se graduó el que tenían el año pasado?
-No…-dijo Harry negando con la cabeza-. Digamos que entro uno que "aportaba" más al equipo.
Ron sonrió levemente pero luego recordó lo que Malfoy habia llamado a Hermione y frunció el ceño.
—¿Tenéis un buscador nuevo? —preguntó Wood, preocupado—. ¿Quién es?
Detrás de seis corpulentos jugadores, apareció un séptimo, más pequeño, que sonreía con su cara pálida y afilada: era Draco Malfoy.
Los gruñidos de fastidio no se hicieron esperar ante la mención del muchacho.
-Tendría que haberlo imaginado-se quejó Sirius.
-Supongo que le habrá pedido a su padre que le pagase un hueco en el equipo, ¿no?-preguntó Tonks.
-Así fue-dijo el señor Weasley.
La boca de Sirius se curvó con desagrado.
-Tramposo…
—¿No eres tú el hijo de Lucius Malfoy? —preguntó Fred, mirando a Malfoy con desagrado.
-Ojalá siguiera viviendo en un tiempo en el que no sabía quién era Draco Malfoy…
-Y que lo digas, Fred-dijo su gemelo-. La vida era mucho más bella.
—Es curioso que menciones al padre de Malfoy —dijo Flint, mientras el conjunto de Slytherin sonreía aún más—. Déjame que te enseñe el generoso regalo que ha hecho al equipo de Slytherin.
Sirius gruñó.
-Como lo has acertado, ¿eh, Tonks?
-Pues sí… Aunque lo cierto es que se veía venir-dijo ella.
Los siete presentaron sus escobas. Siete mangos muy pulidos, completamente nuevos, y siete placas de oro que decían «Nimbus 2.001» brillaron ante las narices de los de Gryffindor al temprano sol de la mañana.
Sirius sacudió la cabeza.
-Debería darles vergüenza.
-¿A Malfoy o al equipo?-preguntó Remus.
-A los dos. A Malfoy por no ser lo suficientemente bueno como para entrar por sí mismo y a los del equipo por: uno, dejarse comprar; y dos, necesitar las mejores escobas del mercado para poder ganar a Gryffindor.
-Completamente de acuerdo-dijo Harry con firmeza.
-Ay, no lo había pensado-dijo Tonks con espanto-. Ahora Malfoy podrá derrotarte en atrapar la snitch, dado que su escoba va más rápido.
-Me alegra ver la poca confianza que tienes en mí-sonrió Harry-. Tranquila, solo bromeaba-dijo al ver que ella intentaba disculparse-. La verdad es que al ser solo un modelo más nuevo no se nota tanto la diferencia y dependes en gran parte de la habilidad del buscador-explicó el muchacho-. Y bueno… no quiero chulear, pero creo que soy un poco mejor que Malfoy.
-Mil veces mejor- le aseguró Ginny, mientras Ron asentía con energía.
-Además-añadió Sirius al ver que el muchacho enrojecía-, ahora ya tienes un modelo mucho más bueno que el suyo. La Saeta de Fuego le da mil vueltas a la Nimbus 2.001.
-Eso es cierto-sonrió Harry con alegría-. Aunque técnicamente no lo puedo usar por culpa de Umbridge.
-Entonces esperemos que el sapo se haya ido el año que viene-dijo Hermione.
-Ojalá-pidió Harry.
—Ultimísimo modelo. Salió el mes pasado —dijo Flint con un ademán de desprecio, quitando una mota de polvo del extremo de la suya—. Creo que deja muy atrás la vieja serie 2.000. En cuanto a las viejas Barredoras —sonrió mirando desdeñosamente a Fred y George, que sujetaban sendas Barredora 5—, mejor que las utilicéis para borrar la pizarra.
-Menudo idiota-dijo Ron con rabia.
Todos le dieron la razón.
Durante un momento, a ningún jugador de Gryffindor se le ocurrió qué decir. Malfoy sonreía con tantas ganas que tenía los ojos casi cerrados.
-Ojalá se choque contra algo al caminar-murmuró Hermione con asco.
—Mirad —dijo Flint—. Invaden el campo.
Ron y Hermione cruzaban el césped para enterarse de qué pasaba.
-¿Qué cotillas, no?-les sonrió Harry.
-Oh, calla-dijo Hermione mientras Ron soltaba una carcajada.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Ron a Harry—. ¿Por qué no jugáis? ¿Y qué está haciendo ése aquí?
Miraba a Malfoy, vestido con su túnica del equipo de quidditch de Slytherin.
-Sabía que la presencia de Malfoy equivalía a problemas-explicó Ron.
-Y así fue-dijo Hermione, haciendo recordar al muchacho la horrible sensación de una babosa subiendo por su garganta.
—Soy el nuevo buscador de Slytherin, Weasley —dijo Malfoy, con petulancia—. Estamos admirando las escobas que mi padre ha comprado para todo el equipo.
Ron miró boquiabierto las siete soberbias escobas que tenía delante.
—Son buenas, ¿eh? —dijo Malfoy con sorna—.
-Como le encanta fardar-dijo George, rodando los ojos.
Pero quizás el equipo de Gryffindor pueda conseguir oro y comprar también escobas nuevas. Podríais subastar las Barredora 5. Cualquier museo pujaría por ellas.
El equipo de Slytherin estalló de risa.
Fred bufó.
-No deben de oír muchas bromas si es que se ríen así por una tan mala.
-Tienes razón-dijo George-. Si no fueran tan idiotas casi me darían pena.
Molly estuvo a punto de reprenderle su lenguaje pero finalmente tuvo que reconocer que sí que lo eran.
—Pero en el equipo de Gryffindor nadie ha tenido que comprar su acceso—observó Hermione agudamente—. Todos entraron por su valía.
-¡Ohh!-soltó Sirius sin poderse contener-. ¡Qué buena esa, Hermione!-dijo mirándola con admiración.
-Gracias…-sonrió la muchacha, un poco colorada.
-Sí que ha sido buena, sí-dijo Remus con diversión en los ojos-. Y lo mejor es que no has dicho nada que no sea verdad. Es un hecho y punto.
-Exacto-repuso Tonks-. Se pueden enfadar pero eso no lo hará menos cierto.
Hermione continuó sonriendo, encantada.
Del rostro de Malfoy se borró su mirada petulante.
—Nadie ha pedido tu opinión, asquerosa sangre sucia —espetó él.
Las sonrisas de todos desaparecieron al instante.
-¡Será asqueroso!-bramó Sirius con ira.
A su lado Tonks se había puesto roja de rabia (literalmente) y Remus apretaba los dientes con tanta fuerza que su mandíbula se marcaba a la perfección.
-Siendo hijo de Lucius Malfoy no me sorprende que use esa palabra-dijo el señor Weasley, lleno de furia-. Pero pensaba que su padre le había enseñado a guardarse esa horrible expresión en público y solo utilizarla en privado. La mayoría de magos no la toleran-explicó-, incluso los que están de acuerdo en que los "sangre pura" son mejores a los nacidos muggle.
Hermione asintió al oír esa información, indicándole al señor Weasley que le estaba escuchando. Pero no dijo nada, no le apetecía demasiado hablar.
Años antes, cuando había oído por primera vez aquella expresión, no sabía lo que significaba y por ello no le había afectado. Pero ahora sí que lo sabía y reconocía el odio enterrado en esas palabras. Si tres años atrás "sangre sucia" no era más que un término usado por unos pocos magos anclados en el pasado, ahora significaba algo más. Era un recordatorio del momento de guerra que estaba viviendo el mundo mágico, de cómo Hermione (y la gente como ella) se encontraban en peligro por Voldemort y los suyos. Aquello la asustaba y entristecía enormemente.
-¿Estas bien?-le preguntó Ron, leyendo su rostro.
-Sí, sí-se apresuró a responder ella-. Es solo que… oír esto de nuevo me hace pensar en… en todo-dijo haciendo un gesto vago con las manos-. En cómo ha cambiado… todo-sonrió, muy a su pesar-. ¿Qué bien me explico, eh?
Ron le devolvió la sonrisa aunque la preocupación no desapareció de su rostro, había pocas cosas que pudieran dejar a Hermione sin palabras.
-No te preocupes, creo que te entiendo-dijo el chico-. Y es normal que te sientas así-le aseguró-. Las cosas han cambiado desde que íbamos a segundo, con la vuelta de V-V-Vo...-resopló-. Quién-tu-ya-sabes. Con su vuelta el mundo mágico se ha vuelto más difícil y peligroso para ti-continuó, cerrando los ojos como si aquello le doliera-. Pero por eso estamos aquí, leyendo los libros. Para arreglarlo. Para evitar que nadie más sufra. Y aunque sea difícil leer ciertas cosas, al final merecerá la pena-terminó con firmeza y mirando a Hermione con una leve sonrisa.
La chica tragó saliva y luego asintió, parpadeando con rapidez.
-Gracias, Ron-dijo en voz baja y con los ojos llenos de gratitud.
-De nada-repuso él-. Me gusta poder ayudar.
Harry, que había observado la escena sin saber que decir o incluso si intervenir, intercambió una mirada con sus amigos y, al ver que estos estaban listos, siguió leyendo.
Harry comprendió enseguida que lo que había dicho Malfoy era algo realmente grave, porque sus palabras provocaron de repente una reacción tumultuosa.
-Oh, claro-dijo Sirius de pronto-, que nunca habías oído esa expresión.
Harry negó con la cabeza y su mirada se encontró con la de Snape, que le observaba de manera extraña.
El profesor de Pociones no había intervenido desde hacía rato y no pensaba hacerlo en bastante más. Aquel capítulo le estaba mostrando como eran Malfoy y el resto de sus Slytherin realmente. Snape no era ningún estúpido; sabía que sus serpientes tenían muchos prejuicios hacia los nacidos de muggle, eso estaba claro, pero no le gustaba pensar en ello y, además, siempre había tenido la esperanza de que no fueran tan intensos. Era consciente de que un gran porcentaje de los alumnos de sus casa eran hijos de mortifagos y que los que no lo eran, acabarían siendo convencidos por sus compañeros de clase para unirse a Voldemort. Pero, aun así, no le gustaba verles usando aquella horrible expresión. "Sangre sucia" era un término que Snape no soportaba oír desde que él mismo llamó así a Lily y no era agradable escuchar como Draco, por quien sentía cierto aprecio, usaba aquellas palabras malditas.
Flint tuvo que ponerse rápidamente delante de Malfoy para evitar que Fred y George saltaran sobre él.
-Así me gusta, chicos-dijo la señora Weasley.
Sus hijos la miraron sorprendidos: ¿desde cuándo su madre les incitaba a pelearse?
Alicia gritó «¡Cómo te atreves!», y Ron se metió la mano en la túnica y, sacando su varita mágica, amenazó «¡Pagarás por esto, Malfoy!»,
Harry continuó leyendo mientras los demás seguían escuchando con atención. Los rostros de todos estaban llenos de rabia hacia Malfoy.
y sacando la varita por debajo del brazo de Flint, la dirigió al rostro de Malfoy.
-¡Vamos, Ron!-le animó Sirius, con el puño en alto.
Un estruendo resonó en todo el estadio, y del extremo roto de la varita de Ron surgió un rayo de luz verde que, dándole en el estómago, lo derribó sobre el césped.
-¡Oh, no!-gimió Molly.
-No me acordaba que tu varita estaba rota-dijo el señor Weasley con preocupación.
Sirius, Tonks y Remus, que no sabían que había sucedido, parecieron olvidarse de Malfoy por un momento. Miraban a Ron con curiosidad y cierto nerviosismo al mismo tiempo.
—¡Ron! ¡Ron! ¿Estás bien? —chilló Hermione.
-Me asusté bastante-reconoció la muchacha-. Y más sabiendo que te había pasado por defenderme.
-Lo hubiese hecho de nuevo-le aseguró el chico con decisión.
-Lo sé…-dijo ella con un leve rubor-. Gracias.
Ron sonrió.
Ron abrió la boca para decir algo, pero no salió ninguna palabra. Por el contrario, emitió un tremendo eructo y le salieron de la boca varias babosas que le cayeron en el regazo.
-¿QUEEÉ?-chilló Molly con espanto.
Todas las miradas se dirigieron al muchacho.
-El cerdo de Malfoy se lo merecía-se defendió-. ¡Y yo no tenía planeado que me rebotase el conjuro!
Sirius saqueó la cabeza, entre asombrado y asqueado.
-Merlín, Ron... He de reconocer que es un hechizo creativo. Y está claro que Malfoy se lo había ganado-dijo apretando los puños-. Pero lo de escupir babosas… no debió de ser nada agradable-arrugó la nariz-. Qué mala suerte la tuya...
-Muy mala-le dio la razón, Remus-. Una varita rota es realmente impredecible. Así que también te hubiera podido salir el hechizo perfectamente.
-O podrías haber convertido a Malfoy en una oruga gigante-propuso Tonks, con humor en sus ojos.
-¿Es que no lo es ya?-sonrió Ginny.
-Touché- rio la metamorfomaga.
-Un segundo, un segundo-intervino Molly-. Que nos estamos desviando de lo importante. ¿Te pusiste bien?
-No, mamá-dijo Ron, poniendo los ojos en blanco-. Todavía escupo babosas cada dos por tres.
-Oye, jovencito-empezó Molly con voz severa-. No te pases de listo conmigo. Que no te tendría que hacer esta pregunta si nos lo hubieras contado-dijo señalándose a ella misma y a Arthur.
-Bueno… digamos que a final de curso había cosas mucho más importantes de las que hablar-repuso el muchacho, echando una mirada rápida hacia Ginny.
Los ojos de la señora Weasley se desviaron en esa misma dirección y, después de hacer una pequeña mueca, asintió.
-De acuerdo-dijo-, tu excusa es válida. Pero no me hace ninguna gracia que os hayan pasado tantas cosas en Hogwarts de las que no me he enterado… En fin-suspiró-, ¿seguimos leyendo?
Harry sonrió en dirección a la mujer y asintió, cogiendo el libro de nuevo.
El equipo de Slytherin se partía de risa. Flint se desternillaba, apoyado en su escoba nueva. Malfoy, a cuatro patas, golpeaba el suelo con el puño.
Ron se ruborizó.
-¿Será posible…?-gruñó Molly con enfado.
Los de Gryffindor rodeaban a Ron, que seguía vomitando babosas grandes y brillantes. Nadie se atrevía a tocarlo.
-Siento decirlo…-empezó Tonks-, pero no me extraña. Debió de ser un gran y asqueroso impacto.
-Lo fue-dijo Harry.
—Lo mejor es que lo llevemos a la cabaña de Hagrid, que está más cerca —dijo Harry a Hermione, quien asintió valerosamente, y entre los dos cogieron a Ron por los brazos.
-Como se nota que sois de Gryffindor-dijo Sirius con orgullo en la voz-. Cualquiera de otra casa le hubiera dejado ahí, sin atreverse a tocarle y esperando a la señora Pomfrey.
Snape, muy callado y pensativo durante todo el capítulo, encarnó una ceja.
-Como se nota que no tienes ni una pizca de astucia, Black. Un Slytherin que se precie no hubiera necesitado ni tocar a Weasley. Bastaría con conjurar una camilla. Un método mucho más agradable de transporte para alguien que está escupiendo babosas, sin duda. Por no mencionar el hecho que, de ese modo, nadie se arriesgaría a ser manchado por él.
-¿Qué más da quien hubiera transportado mejor a Ron?-interrumpió Molly al ver que Sirius quería replicar-. ¿Es que ha de haber una discusión absurda sobre las casas en cada cosa que leemos? No digo que no podamos comentar cosas pero, ahora mismo, mi hijo está vomitando babosas por la boca y quiero saber que pasa-sentenció.
Dumbledore asintió y sus ojos brillaron al ver como Sirius y Snape mantenían su boca cerrada.
-Algo parecido iba a decir yo, Molly-dijo el director-. Está claro que podéis hablar tanto como queráis sobre lo que leamos pero también os he de recordar que no vamos precisamente bien de tiempo. Con cada día que pasa, Voldemort se hace más fuerte.
Todos escuchaban con atención y algunos se estremecieron al oír el nombre. Finalmente, Sirius volvió a hablar.
-Tienes razón, Albus. Intentaré comportarme-dijo mirando a Snape de reojo y haciendo que todos recordaran la cantidad de veces que habían oído eso desde que comenzó la lectura-. Continua leyendo, Harry, por favor.
—¿Qué ha ocurrido, Harry? ¿Qué ha ocurrido? ¿Está enfermo? Pero podrás curarlo, ¿no? —Colin había bajado corriendo de su puesto e iba dando saltos al lado de ellos mientras salían del campo.
-Ahora no es el momento-dijo Ginny en voz baja, sin querer pausar la lectura.
Ron tuvo una horrible arcada y más babosas le cayeron por el pecho.
Hermione frunció un poco la nariz aunque la arruga desapareció al recordar como Ron la había defendido.
— ¡Ah! —exclamó Colin, fascinado y levantando la cámara—, ¿puedes sujetarlo un poco para que no se mueva, Harry?
-Oh, por Merlín…-dijo Molly.
A su lado, Arthur sacudía la cabeza. Le caía bien ese Colin pero tenía que aprender cuando era el momento y cuando no.
—¡Fuera de aquí, Colin! —dijo Harry enfadado. Entre él y Hermione sacaron a Ron del estadio y se dirigieron al bosque a través de la explanada.
-Por fin…-murmuró Tonks. Todavía tenía las palabras de Dumbledore en los oídos y no se sentía cómoda comentando nada más.
—Ya casi llegamos, Ron —dijo Hermione, cuando vieron a lo lejos la cabaña del guardián—. Dentro de un minuto estarás bien. Ya falta poco.
Los labios de Ron se curvaron en una sonrisa. Lo cierto era que las palabras de aliento de Hermione le habían ayudado a calmarse un poco.
Les separaban siete metros de la casa de Hagrid cuando se abrió la puerta. Pero no fue Hagrid el que salió por ella, sino Gilderoy Lockhart, que aquel día llevaba una túnica de color malva muy claro. Se les acercó con paso decidido.
-¿Falta algo más?-preguntó Molly con desesperación.
-Pensaba que te gustaba Lockhart-sonrió Sirius sin poder evitarlo.
-Me gustaba -reconoció-, pero ahora que Ron está en apuros y que se cómo es, prefiero que se aleje lo máximo de él.
—Rápido, aquí detrás —dijo Harry, escondiendo a Ron detrás de un arbusto que había allí. Hermione los siguió, de mala gana.
—¡Es muy sencillo si sabes hacerlo! —decía Lockhart a Hagrid en voz alta—. ¡Si necesitas ayuda, ya sabes dónde estoy! Te dejaré un ejemplar de mi libro. Pero me sorprende que no tengas ya uno.
Harry leyó aquel fragmento con la voz más odiosa que pudo producir, lo que hizo que Ginny y Ron le sonrieran con diversión.
Te firmaré un ejemplar esta noche y te lo enviaré. ¡Bueno, adiós!—Y se fue hacia el castillo a grandes zancadas.
Harry esperó a que Lockhart se perdiera de vista y luego sacó a Ron del arbusto y lo llevó hasta la puerta principal de la casa de Hagrid.
-Y todo esto mientras Ron sacaba babosas por la boca-dijo Tonks con asombro.
Harry sacudió la cabeza.
-No fue fácil, la verdad.
-Pues anda que para mí…-dijo Ron, provocando que su mejor amigo sonriese.
Llamaron a toda prisa. Hagrid apareció inmediatamente, con aspecto de estar de mal humor, pero se le iluminó la cara cuando vio de quién se trataba.
Los tres amigos esbozaron sonrisas llenas de cariño al pensar en el guardabosque.
—Me estaba preguntando cuándo vendríais a verme... Entrad, entrad. Creía que sería el profesor Lockhart que volvía.
Harry y Hermione introdujeron a Ron en la cabaña, donde había una gran cama en un rincón y una chimenea encendida en el otro extremo. Hagrid no pareció preocuparse mucho por el problema de las babosas de Ron,
-Menos mal-respiró Molly con alivio.
cuyos detalles explicó Harry apresuradamente mientras lo sentaban en una silla.
—Es preferible que salgan a que entren —dijo ufano,
-Eso está claro-dijo Remus, después de arrugar levemente la nariz al imaginarse las babosas entrando por la boca de Ron.
poniéndole delante una palangana grande de cobre—. Vomítalas todas, Ron.
—No creo que se pueda hacer nada salvo esperar a que la cosa acabe —dijo Hermione apurada, contemplando a Ron inclinado sobre la palangana—. Es un hechizo difícil de realizar aun en condiciones óptimas, pero con la varita rota...
-Eso es cierto-dijo el profesor Dumbledore-. Podría haber sido mucho peor.
-¿Cómo?-preguntó Ron con espanto y haciendo que el director sonriera.
-No tengo ni idea, señor Weasley. Pero la magia es sorprendente y creativa; seguro que encontraría una manera.
El muchacho se estremeció al intentar imaginárselo.
Hagrid estaba ocupado preparando un té. Fang, su perro jabalinero, llenaba a Harry de babas.
—¿Qué quería Lockhart, Hagrid? —preguntó Harry, rascándole las orejas a Fang.
-Es adorable-dijo Ginny con afecto.
-Sí que lo es-asintió Harry-. Cuando sea mayor y viva en mi propia casa me gustaría tener un perro.
-A mí también-sonrió la chica-. Aunque, bueno, ahora tú ya tienes uno-añadió, moviendo la cabeza en dirección a Sirius.
-Tienes razón-rio Harry.
—Enseñarme cómo me puedo librar de los duendes del pozo —gruñó Hagrid, quitando de la mesa limpia un gallo a medio pelar y poniendo en su lugar la tetera—. Como si no lo supiera. Y también hablaba sobre una banshee a la que venció. Si en todo eso hay una palabra de cierto, me como la tetera.
-Y yo te ayudo-dijo Sirius después de soltar una carcajada.
Era muy raro que Hagrid criticara a un profesor de Hogwarts, y Harry lo miró sorprendido.
-Eso es cierto-dijo Dumbledore-. Así que el profesor Lockhart debió de haberle hecho enfadar realmente.
Hermione, sin embargo, dijo en voz algo más alta de lo normal:
—Creo que sois injustos. Obviamente, el profesor Dumbledore ha juzgado que era el mejor para el puesto y...
Hermione gruñó a su yo pasado y enterró la cara entre las manos.
—Era el único para el puesto —repuso Hagrid, ofreciéndoles un plato de caramelos de café con leche, mientras Ron tosía ruidosamente sobre la palangana—. Y quiero decir el único.
-Es cierto-reconoció el director con pesar.
Es muy difícil encontrar profesores que den Artes Oscuras, porque a nadie le hace mucha gracia. Da la impresión de que la asignatura está maldita.
Dumbledore asintió para sí mismo.
Ningún profesor ha durado mucho. Decidme —preguntó Hagrid, mirando a Ron—, ¿a quién intentaba hechizar?
—Malfoy le llamó algo a Hermione —respondió Harry—. Tiene que haber sido algo muy fuerte, porque todos se pusieron furiosos.
-Es que lo fue-dijo Ron, apretando los puños.
—Fue muy fuerte —dijo Ron con voz ronca, incorporándose sobre la mesa, con el rostro pálido y sudoroso—. Malfoy la llamó «sangre sucia».
Ron se apartó cuando volvió a salirle una nueva tanda de babosas. Hagrid parecía indignado.
-No me extraña-dijo Remus-. Él más que nadie sabe cómo se siente que te discriminen por ser quien eres…- "Al igual que yo", pensó, pero no lo dijo.
—¡No! —bramó volviéndose a Hermione.
—Sí —dijo ella—. Pero yo no sé qué significa. Claro que podría decir que fue muy grosero...
-Ahora, por desgracia, sí que lo sé.
Ron y Harry agacharon la cabeza con pena y rabia.
—Es lo más insultante que se le podría ocurrir —dijo Ron, volviendo a incorporarse—. Sangre sucia es un nombre realmente repugnante con el que llaman a los hijos de muggles, ya sabes, de padres que no son magos.
-Es absolutamente ridículo-dijo Arthur con todo el desagrado del mundo presente en su rostro.
Hay algunos magos, como la familia de Malfoy, que creen que son mejores que nadie porque tienen lo que ellos llaman sangre limpia. —Soltó un leve eructo, y una babosa solitaria le cayó en la palma de la mano. La arrojó a la palangana y prosiguió—.
-Qué asco, Ron-le recriminó Ginny, arrugando la nariz.
-¿Qué querías que hiciera? No podía controlarlo.
-También tienes razón…-repuso la muchacha.
Desde luego, el resto de nosotros sabe que eso no tiene ninguna importancia. Mira a Neville Longbottom... es de sangre limpia y apenas es capaz de sujetar el caldero correctamente.
—Y no han inventado un conjuro que nuestra Hermione no sea capaz de realizar —dijo Hagrid con orgullo, haciendo que Hermione se pusiera colorada.
Lo mismo le estaba sucediendo en aquel momento a la Hermione actual. Sus mejillas estaban sonrosadas al recordar los halagos de Hagrid y también al oír el orgullo en la voz de Harry y ver como todos sus amigos asentían, de acuerdo con las apalabras de guardabosque.
—Es un insulto muy desagradable de oír —dijo Ron, secándose el sudor de la frente con la mano—. Es como decir «sangre podrida» o «sangre vulgar». Son idiotas.
-Antes de conocer a alguien hijo de muggles ya me parecía horrible llamar así a una persona… Pero después de ser amigo tuyo, Hermione, lo odio incluso más. Ahora es algo personal-dijo Ron con firmeza.
Hermione le sonrió afectuosamente.
Además, la mayor parte de los magos de hoy día tienen sangre mezclada. Si no nos hubiéramos casado con muggles, nos habríamos extinguido.
-Eso es verdad-asintió Molly.
A Ron le dieron arcadas y volvió a inclinarse sobre la palangana.
—Bueno, no te culpo por intentar hacerle un hechizo, Ron —dijo Hagrid con una voz fuerte que ahogaba los golpes de las babosas al caer en la palangana—.
Fred hizo fingió una arcada.
-¿Has de describirlo todo tan detalladamente, Harry?
-No es culpa mía-replicó el muchacho-. Eso era lo que yo estaba viviendo en aquel momento. Pero si quieres a partir de ahora intentaré no usar tanto mis sentidos cuando me encuentre en una situación asquerosa-dijo con humor en la voz-. Por si alguien más decide convertir mis pensamientos en un libro.
Fred soltó una carcajada.
-Bien pensado.
Pero quizás haya sido una suerte que tu varita mágica fallara. Si hubieras conseguido hechizarle, Lucius Malfoy se habría presentado en la escuela. Así no tendrás ese problema.
-Siempre hay un lado positivo-sonrió Tonks-. Pero lo cierto es que tiene razón. Si Malfoy se hubiera enterado de que hechizaste a su querido hijo… Hubiera encontrado cualquier excusa para expulsarte o alguna manera de hacerte la vida imposible.
Harry quiso decir que el problema no habría sido peor que estar echando babosas por la boca, pero no pudo hacerlo porque el caramelo de café con leche se le había pegado a los dientes y no podía separarlos.
Ron y Hermione soltaron una carcajada.
-Ya se sabe que los caramelos de Hagrid son peligrosos-sonrió la chica.
—Harry —dijo Hagrid de repente, como acometido por un pensamiento repentino—, tengo que ajustar cuentas contigo. Me han dicho que has estado repartiendo fotos firmadas. ¿Por qué no me has dado una?
-¿En serio?-preguntó Sirius-. No sabía que a Hagrid le importaban esas cosas. Al menos a mí nunca me pidió una-dijo guiñando un ojo en dirección a los alumnos y provocando que estos rieran.
Harry sintió tanta rabia que al final logró separar los dientes.
Aquello aumentó las risas entre los presentes e hizo que Snape continuase ignorando lo que sus oídos escuchaban y sobre lo cual su mente no quería pensar.
—No he estado repartiendo fotos —dijo enfadado—. Si Lockhart aún va diciendo eso por ahí...
Pero entonces vio que Hagrid se reía.
—Sólo bromeaba —explicó,
-Ya decía yo…-sonrió Sirius-. Ah, como extraño poder bromear tranquilamente con él…
Harry suspiró.
-Yo también. Espero que no tenga que estar fuera mucho más tiempo.
-Ha de estarlo al menos hasta que las cosas se calmen-explicó Dumbledore.
-Lo sé. Es solo que… Se le echa de menos.
dándole a Harry unas palmadas amistosas en la espalda, que lo arrojaron contra la mesa—. Sé que no es verdad. Le dije a Lockhart que no te hacía falta, que sin proponértelo eras más famoso que él.
-¡Ja!-exclamó George sin proponérselo-. Seguro que le encantó.
—Apuesto a que no le hizo ninguna gracia —dijo Harry, levantándose y frotándose la barbilla.
—Supongo que no —admitió Hagrid, parpadeando—. Luego le dije que no había leído nunca ninguno de sus libros, y se marchó.
Ante aquello, Ginny y los gemelos soltaron una carcajada mientras que los que demás sonrieron con diversión. Incluso los ojos de Snape mostraban un ápice de humor.
-Es el mejor-dijo Ron con orgullo-. Una pena que no estaba en condiciones de apreciarlo en ese momento.
-Seguro que te lo perdona-bromeó Hermione.
¿Un caramelo de café con leche, Ron? —añadió, cuando Ron volvió a incorporarse.
—No, gracias —dijo Ron con debilidad—. Es mejor no correr riesgos.
-Cierto-dijo Remus con una media sonrisa.
—Venid a ver lo que he estado cultivando —dijo Hagrid cuando Harry y Hermione apuraron su té.
En la pequeña huerta situada detrás de la casa de Hagrid había una docena de las calabazas más grandes que Harry hubiera visto nunca. Más bien parecían grandes rocas.
-¿Fueron tus pociones las que consiguieron que llegasen a ese estado, Severus?-preguntó Tonks con curiosidad.
El maestro de Pociones tardó un poco en contestar, sorprendido de que alguien le hubiera hablado directamente. Pero cuando lo hizo, su habitual mueca de fastidio volvía a encontrarse en su lugar.
-No. No fueron mis Pociones, señorita Tonks. Ni siquiera unas preparadas por mí podrían llevar a las calabazas a ese nivel que describe Potter. Aunque, claro, con una descripción tan precisa como "grandes rocas"… Es difícil de decir. Mi teoría es que Hagrid debió de hacerles algo más. Un… ah, un hechizo es lo más probable. Pero, por supuesto, a él no se le permite hacer hechizos. Ni siquiera tiene varita-dijo con malicia, a pesar de que respetaba a Hagrid y le consideraba un… ¿"colega"?
Aquello era algo que Snape siempre hacía, un mecanismo de defensa. Cuando se encontraba en una situación incómoda o en la que no sabía cómo reaccionar, la crueldad siempre había sido su mejor aliada. Mantenía a los demás alejados y le evitaba más momentos parecidos.
-Oh…-dijo Tonks, un tanto desconcertada por la respuesta-. Está bien, gracias.
Harry, que había estado escuchando el intercambio, miró a Snape con irritación y un toque de decepción en la mirada. ¿Por qué no podía portarse como una persona normal? Todos iban a tener que trabajar unidos para poder derrotar a Voldemort, aunque no quisieran. Así que más valía llevarse un mínimamente bien, ¿no? Pero claro, el maestro de Pociones tenía que seguir actuando como un imbécil y no aprovechar ninguna de las oportunidades que le daban para integrarse un poco. "Él se lo ha buscado", pensó Harry, "si quiere estar solo y miserable toda su vida, allá él". Merlín sabía que lo que hiciera Severus Snape no le iba a quitar el sueño.
—Van bien, ¿verdad? —dijo Hagrid, contento—. Son para la fiesta de Halloween. Deberán haber crecido lo bastante para ese día.
—¿Qué les has echado? —preguntó Harry.
-Eso quiero saber yo-murmuró Tonks, aunque después de la respuesta de Snape, lo sospechaba.
Hagrid miró hacia atrás para comprobar que estaban solos.
—Bueno, les he echado... ya sabes... un poco de ayuda.
Harry vio el paraguas rosa estampado de Hagrid apoyado contra la pared trasera de la cabaña.
-Se veía venir-sonrió Ginny, intentando distraer a los demás de lo que había dicho Snape al respecto, no quería que comenzase otra pelea.
Ya antes, Harry había sospechado que aquel paraguas no era lo que parecía; de hecho, tenía la impresión de que la vieja varita mágica del colegio estaba oculta dentro. Según las normas, Hagrid no podía hacer magia, porque lo habían expulsado de Hogwarts en el tercer curso,
-Y aunque técnicamente sea así-comenzó Dumbledore-, creo que todos conocemos a Hagrid lo suficiente como para que eso no sea un problema.
Todos asintieron, de acuerdo con el director. Todos menos Snape, para quien en realidad iban dedicadas esas palabras. El profesor no hizo ningún indicio de haberle escuchado, de modo que Dumbledore suspiró y Harry siguió leyendo.
pero Harry no sabía por qué. Cualquier mención del asunto bastaba para que Hagrid carraspeara sonoramente y sufriera de pronto una misteriosa sordera que le duraba hasta que se cambiaba de tema.
-Típico de Hagrid…-sonrió Sirius con resignación-. Aunque creo recordar que ayer dijisteis que conseguisteis averiguarlo-dijo de pronto.
-Así es-le confirmó Harry-. Y no te preocupes, lo sabrás en este libro-añadió al ver que su padrino ya iba a preguntar.
-Perfecto-dijo él, con auténtica alegría en la mirada.
-Eres incurable, Canuto-rio Remus, sacudiendo la cabeza.
-Como si tú no quisieras saberlo.
-Claro que quiero. Pero eso no quita que tengas un problema.
-Tú eres igual-replicó el animago con diversión en la mirada-; yo al menos lo acepto.
-Está bien, está bien. Tú ganas-sentenció Remus, sonriendo, al ver como la vena en la frente de Snape comenzaba a hincharse.
—¿Un hechizo fertilizante, tal vez?—preguntó Hermione, entre la desaprobación y el regocijo—. Bueno, has hecho un buen trabajo.
-Estaban impresionantes-asintió Hermione.
—Eso es lo que dijo tu hermana pequeña —observó Hagrid, dirigiéndose a Ron—. Ayer la encontré.
Ginny frunció el ceño. Recordaba vagamente lo que había ido a hacer ahí: matar los gallos de Hagrid. Riddle le dijo que debía hacerlo y ella cumplió sin más. Años más tarde, descubrió que era porqué los cantos de los gallos eran mortales para el basilisco y Tom quería evitar problemas. Reprimió un escalofrío. A partir de ahora cada vez que saliera en la lectura iba a sentirse de aquel modo: utilizada y asqueada.
—Hagrid miró a Harry de soslayo y vio que le temblaba la barbilla—. Dijo que estaba contemplando el campo, pero me da la impresión de que esperaba encontrarse a alguien más en mi casa. —Guiñó un ojo a Harry—. Si quieres mi opinión, creo que ella no rechazaría una foto fir...
—¡Cállate! —dijo Harry.
-Voy a matar a Hagrid-dijo Ginny, colorada. Aquella era una sensación más agradable que la que acababa de sentir pero no por ello dejaba de ser humillante.
Ron soltó una carcajada ante las caras de su hermana y su mejor amigo pero la mirada que estos le lanzaron le hizo callarse de golpe.
Fue una suerte de que los dos estuvieran concentrados en el muchacho ya que así no vieron las amplias sonrisas que Hermione, los gemelos y prácticamente todos los adultos tenían en sus rostros.
A Ron le dio la risa y llenó la tierra de babosas.
—¡Cuidado! —gritó Hagrid, apartando a Ron de sus queridas calabazas.
-Es realmente refrescante leer momentos entre vosotros donde no tenéis ninguna preocupación-comentó Tonks.
-Es cierto-dijo Dumbledore-. Por no mencionar que es muy agradable ver estas pequeñas escenas de vuestra amistad, que de otro modo no podríamos observar.
-Eh… ¿Gracias?-preguntó Harry, sin saber exactamente qué contestar a aquello.
Ya casi era la hora de comer, y como Harry sólo había tomado un caramelo de café con leche en todo el día, tenía prisa por regresar al colegio para la comida. Se despidieron de Hagrid y regresaron al castillo, con Ron hipando de vez en cuando, pero vomitando sólo un par de babosas pequeñas.
-Menos mal…-dijo Molly.
Ron suspiró.
-Ya te digo, fue un alivio.
Apenas habían puesto un pie en el fresco vestíbulo cuando oyeron una voz.
—Conque estáis aquí, Potter y Weasley. —La profesora McGonagall caminaba hacia ellos con gesto severo—. Cumpliréis vuestro castigo esta noche.
-Merlín-dijo Tonks-. Se me había olvidado completamente.
-A nosotros también-dijo Harry con cansancio. Recordaba bien aquel castigo, donde oyó la voz del basilisco por primera vez.
—¿Qué vamos a hacer, profesora? —preguntó Ron, asustado, reprimiendo un eructo.
—Tú limpiarás la plata de la sala de trofeos con el señor Filch —dijo la profesora McGonagall—. Y nada de magia, Weasley... ¡frotando!
-Castigo típico-dijo Sirius con resignación-. Aunque en realidad podría ser peor…
-El de Harry fue peor-le aseguró Ron, haciendo que el animago soltase un quejido.
Ron tragó saliva. Argus Filch, el conserje, era detestado por todos los estudiantes del colegio.
—Y tú, Potter, ayudarás al profesor Lockhart a responder a las cartas de sus admiradoras —dijo la profesora McGonagall.
-Oh no-gimió Tonks-. Que castigo más horrible.
-Sí que era peor, Ron, sí-dijo Sirius. De pronto, algo se encendió en su mente-. Lo escogiste a propósito, ¿no, Albus?
La leve sonrisa en el rostro del director fue toda la respuesta que necesitaron.
-Puede ser un poco cruel pero estaba seguro de que así Harry no lo olvidaría nunca.
-Y no lo hice…-suspiró el muchacho. "Aunque no por lo aburrido de las cartas de Lockhart", añadió para sí mismo.
—Oh, no... ¿no puedo ayudar con la plata? —preguntó Harry desesperado.
-Buen intento…-sonrió Remus.
—Desde luego que no —dijo la profesora McGonagall, arqueando las cejas—. El profesor Lockhart ha solicitado que seas precisamente tú.
-Seguro que quiere "enseñarte como ser una celebridad" o algo por el estilo-dijo Tonks-. En el fondo es gracioso pero me sabe mal por ti.
A las ocho en punto, tanto uno como otro.
Harry y Ron pasaron al Gran Comedor completamente abatidos, y Hermione entró detrás de ellos, con su expresión de «no-haber-infringido-las-normas-del-colegio».
-Gran apoyo, sí señor-bromeó Fred, haciendo que Hermione se sonrojara.
-¿Por qué te molesta tanto que no se rompan las normas si luego tú lo haces todo el rato?-preguntó George con curiosidad.
-Pues por qué cuando yo lo hago es por una causa muy importante. No por haber tenido una idea estúpida-dijo mirando de reojo a Harry y a Ron- o por, simplemente, el placer de infringir las normas-esta vez su mirada se dirigió a los gemelos.
-Ya, bueno, tiene sentido-repuso George-. Pero nuestros motivos son mucho más divertidos.
Ante aquello, Hermione sacudió la cabeza con resignación.
Harry no disfrutó tanto como esperaba con su pudín de carne y patatas. Tanto Ron como él pensaban que les había tocado la peor parte del castigo.
-Eso pensaba en aquel momento-dijo el chico-. Pero después de que me explicases lo tuyo cambié de opinión.
—Filch me tendrá allí toda la noche —dijo Ron apesadumbrado—. ¡Sin magia! Debe de haber más de cien trofeos en esa sala. Y la limpieza muggle no se me da bien.
-Ni a mí…-reconoció Lupin -. Aunque gracias a esos castigos mejoré bastante.
Aquella frase era "tan" Remus que Sirius no pudo evitar sonreír.
-No intentes encontrarle un lado positivo, Lunático, no lo tiene...
Su amigo soltó una pequeña carcajada.
-Ah, sí… "Sirius Black y su odio hacia la limpieza muggle". Ya casi no lo recordaba.
-Es que es estúpido, una pérdida de tiempo-se defendió el hombre ante las miradas que los alumnos le habían mandado-. Podían castigaros en hacer algo productivo… Por ejemplo, por mucho que odie Pociones, el limpiar los calderos sin magia sí que es útil ya que hay algunos restos que pueden reaccionar con hechizos limpiadores. Pero, ¿unos trofeos? Eso es totalmente innecesario.
-Tienes razón, Sirius-dijo, para sorpresa de todos, Molly-. Podrían aprovechar el tiempo de alguna manera mejor. Es por eso que a mis hijos les hago desgnomizar el jardín o ayudarme con las tareas del hogar cuando quiero castigarles. De esa manera, me ahorro trabajo a mí misma-terminó con una sonrisa.
-Pero mamá…-repuso George-. Si siempre ayudamos en casa aunque no estemos castigados.
-Cierto-dijo la señora Weasley-. Pero eso lo hacemos todos juntos, en equipo, que es más fácil. Cuando quiero dar una lección a alguno de vosotros, solo lo hace quien se ha portado mal. El resto tiene "el día libre", digamos.
-De ahí que nunca me meta en planes vuestros que se ve que van a acabar mal-sonrió Ginny con picardía-. Así gano por partida doble: no me meto en líos y luego, cuando os pillan, no he de ayudar en casa porque ya lo hacéis vosotros.
Los dos gemelos miraron a su hermana con auténtico asombro y desengaño en el rostro.
-¡Nos has traicionado!-exclamaron a la vez.
Su hermana soltó una carcajada.
-Para nada… Simplemente no soy idiota-terminó, sonriéndoles con diversión.
-Nos vengaremos-le prometió Fred.
Ginny iba a responderle cuando la señora Weasley intervino.
-No haréis tal cosa-dijo con firmeza-. No es culpa de vuestra hermana que ella se porte bien y vosotros no.
-¡Pero si solo lo hace porque saca un beneficio!-se quejó George.
-Puede ser, pero el caso es que sigue dándome menos guerra que vosotros dos. Y ahora, silencio. Que creo que ya es hora de seguir leyendo.
-Sí, mamá…-dijeron Ginny y los gemelos al unísono.
Molly asintió, satisfecha, y centro su atención en Harry, quien estaba comenzando a leer. Fue por ello por lo que no se percató de la sonrisita de suficiencia que Ginny les estaba dirigiendo a sus hermanos y la promesa de venganza que se podía observar en los rostros de ellos.
—Te lo cambiaría de buena gana —dijo Harry con voz apagada—. He hecho muchas prácticas con los Dursley. Pero responder a las admiradoras de Lockhart... será una pesadilla.
-Ya te digo…-le contestó Harry a su yo pasado.
La tarde del sábado pasó en un santiamén, y antes de que se dieran cuenta, eran las ocho menos cinco. Harry se dirigió al despacho de Lockhart por el pasillo del segundo piso, arrastrando los pies. Llamó a la puerta a regañadientes. La puerta se abrió de inmediato. Lockhart le recibió con una sonrisa.
Sirius puso los ojos en blanco mientras los demás iban soltando expresiones como "insoportable" o "idiota".
—¡Aquí está el pillo! —dijo—. Vamos, Harry, entra.
-¿Se da cuenta de que es un castigo?-preguntó Hermione-. No debería estar tan contento.
-No intentes disimular lo mucho que te gustaba haciendo ahora mil comentarios contra él-sonrió Ron-. Que todos nos acordamos de aquella época.
Hermione se ruborizó.
-Calla.
Dentro había un sinfín de fotografías enmarcadas de Lockhart, que relucían en los muros a la luz de las velas. Algunas estaban incluso firmadas.
-Oh, por Merlín-suspiró Arthur. El señor Weasley no solía quejarse de la gente pero Lockhart era un caso aparte.
Tenía otro montón grande en la mesa.
—¡Tú puedes poner las direcciones en los sobres! —dijo Lockhart a Harry, como si se tratara de un placer irresistible—.
-Oh, estoy seguro de que a más de uno o una le hubiera parecido-sonrió Tonks-. No lo he dicho hasta ahora pero mi madre también era una gran fanática suya.
La risa de Sirius resonó en la Sala.
-¿En serio? Nunca lo hubiera dicho de Andrómeda… ¿Cómo está, por cierto?
-Está bien, gracias a Merlín.
-Me alegro-dijo Sirius con sinceridad.
El primero es para la adorable Gladys Gudgeon, gran admiradora mía.
Los minutos pasaron tan despacio como si fueran horas. Harry dejó que Lockhart hablara sin hacerle ningún caso, diciendo de cuando en cuando «mmm» o «ya» o «vaya».
Ron y Hermione rieron con ganas pero Harry había comenzado a ponerse nervioso. Quedaba solo una página para acabar el capítulo y la Cámara todavía no había sido abierta. Él se presentó voluntario para leer aquel trozo ya que pensaba que se produciría la abertura en ese capítulo. Ahora veía que no iba a ser así y sufría al saber que no iba a poder apoyar a Ginny de aquella manera.
Algunas veces captaba frases del tipo «La fama es una amiga veleidosa, Harry» o «Serás célebre si te comportas como alguien célebre, que no se te olvide».
-Qué gran sabio-dijo Tonks con falsa admiración, provocando que los alumnos sonrieran.
Las velas se fueron consumiendo y la agonizante luz desdibujaba las múltiples caras que ponía Lockhart ante Harry. Éste pasaba su dolorida mano sobre lo que le parecía que tenía que ser el milésimo sobre y anotaba en él la dirección de Verónica Smethley. «Debe de ser casi hora de acabar», pensó Harry, derrotado. «Por favor, que falte poco...».
-Esperemos que sí-repuso Remus.
-Seguro que el muy idiota no se ha dado cuenta de la hora que-dijo Sirius-. Con tanto hablar y dar lecciones.
-Me da a mí que así fue-coincidió Tonks.
Y en aquel momento oyó algo, algo que no tenía nada que ver con el chisporroteo de las mortecinas velas ni con la cháchara de Lockhart sobre sus admiradoras. Era una voz, una voz capaz de helar la sangre en las venas, una voz ponzoñosa que dejaba sin aliento, fría como el hielo.
-¿Qué demon…?-empezó a preguntar Sirius, pero Harry continuó leyendo. Sabía lo que estaba sucediendo y quería acabar con ello lo antes posible.
—Ven..., ven a mí... Deja que te desgarre... Deja que te despedace... Déjame matarte...
-Espera, Harry, frena un segundo-le pidió Sirius al ver que el chico seguía leyendo, sin prestar atención a las preguntas de los demás.
Realmente, los únicos que no sabían lo sucedido eran Sirius, Remus y Tonks. Los Weasley podían imaginárselo, teniendo en cuenta lo que había pasado en segundo año. Y el trio dorado, al igual que Dumbledore y Snape, estaban al corriente de todo. Ya fuera por haberlo vivido o porque Harry lo explicó después de rescatar a Ginny. Aun así, Dumbledore sentía mucha curiosidad por saber ciertos detalles que Harry había omitido como la abertura de la Cámara o cómo funcionaba exactamente su habilidad para hablar parsel.
-Solo un segundo-seguía diciendo Sirius-. Entiendo que este es un momento tenso y difícil para vosotros, por algo os habéis puesto tan nerviosos al conocer el título del capítulo… Pero, por favor, solo dinos que está pasando. No es necesario que nos lo cuentes todo. Solo quiero saber si vais a estar a salvo.
Harry respiró profundamente, tratando de calmarse y cuando habló, comprobó con orgullo como su voz no temblaba.
-Está bien. A ver… Básicamente, lo que pasó fue que en ese momento algo muy… malo había despertado en la escuela. Algo que solo yo podía oír, por una serie de razones que el libro explicará. Y ese "algo" fue el causante de que nuestro segundo año no fuera demasiado agradable-dijo y luego esbozó una pequeña sonrisa sarcástica. "No demasiado agradable" se quedaba corto.
-A algunos nos afectó más que a otros lo que sucedió -continuó Harry-. Pero, aunque al final las cosas salieron bien, todos lo pasamos mal en algún momento de ese año. Y es por eso por lo que nos hemos puesto tan nerviosos con el título del capítulo.
-Merlín…-suspiró Sirius-. Veo por vuestras caras que la mayoría de vosotros ya sabíais esto.
-Así es-dijo Molly con voz débil.
-De acuerdo…-asintió el animago lentamente-. Gracias por explicárnoslo, Harry, de verdad.
Tonks y Remus, con preocupación en su rostro, también se lo agradecían con la mirada.
-De nada-dijo el muchacho-. No os preocupéis por querer saberlo; es normal. Es solo que es difícil de leer y recordar ciertos momentos, ¿sabéis? Por eso me gustaría pediros que cuando leamos fragmentos como este si podéis intentar no parar tanto la lectura… Obviamente, entiendo que queráis saber lo que está pasando y si vamos a estar bien y todo eso pero…
Sirius levantó una mano con rapidez.
-Tranquilo, Harry, te entiendo perfectamente. No hace falta que nos des explicaciones, está claro que son unos momentos difíciles y, como todo, es más fácil si se pasa rápido… Así que trataremos, sobre todo yo que sé que soy el que más habla-dijo, sonriendo levemente-, trataremos de no interrumpir tanto en los trozos complicados. Aunque-dijo con seriedad- nadie me va a impedir que suelte algunos tacos.
Harry esbozó una pequeña sonrisa.
-Me preocuparía si no lo hicieras-dijo-. Y gracias por entenderlo. A los tres-añadió, en dirección a Remus y a Tonks, quienes asintieron.
Hubo unos instantes de silencio hasta que Harry inspiró profundamente y dijo:
-De acuerdo... Continuemos con esto.
Harry dio un salto, y un manchón grande de color lila apareció sobre el nombre de la calle de Verónica Smethley.
—¿Qué? —gritó.
—Pues eso —dijo Lockhart—: ¡seis meses enteros encabezando la lista de los más vendidos! ¡Batí todos los récords!
Una muestra de la tensión que se había instaurado en el ambiente fue que nadie hizo ningún comentario acerca de Lockhart.
—¡No! —dijo Harry asustado—. ¡La voz!
—¿Cómo dices? —preguntó Lockhart, extrañado—. ¿Qué voz?
Harry siguió leyendo mientras iba recuperando poco a poco el control sobre sí mismo. Le había afectado más de lo que pensaba, volver a recordar aquello.
—La... la voz que ha dicho... ¿No la ha oído?
Lockhart miró a Harry desconcertado.
—¿De qué hablas, Harry?
-Es cierto-dijo Remus en voz baja-, que has dicho que solo tú puedes oírla.
Harry asintió en su dirección pero no dejó de leer.
¿No te estarías quedando dormido? ¡Por Dios, mira la hora que es! ¡Llevamos con esto casi cuatro horas! Ni lo imaginaba... El tiempo vuela, ¿verdad?
Dumbledore sacudió la cabeza, enfadado de pronto con el hombre. Si no fuese porque Lockhart le hizo quedarse hasta tan tarde, probablemente Harry no hubiera oído al basilisco ni se hubiera metido en todo aquel lío. "Pero fue bueno para él", hizo notar una voz en su mente. "Enfrentarse a Riddle le preparó para poder cumplir la profecía. Además de aportar el Diario, una pieza fundamental en descubrir la existencia de los Horrocruxes". El director solía tener conversaciones como aquella consigo mismo a menudo. Una parte de él deseaba desesperadamente que Harry y el resto de personas a las que quería estuvieran a salvo y fueran felices. Pero otra parte, la que acababa inclinando la balanza, sabía que no había nada más importante en aquel mundo que derrotar a Voldemort. Aunque eso implicase poner en peligro y hacer infelices a tantas personas buenas.
Harry no respondió. Aguzaba el oído tratando de captar de nuevo la voz, pero no oyó otra cosa que a Lockhart diciéndole que otra vez que lo castigaran, no tendría tanta suerte como aquélla.
-Vamos, una suerte…-dijo Ginny en voz baja, tratando de calmarse a sí misma. No iba a dejar que el recuerdo de aquel horrible año la hiciese sentir de ese modo.
Harry salió, aturdido. Era tan tarde que la sala común de Gryffindor estaba prácticamente vacía y Harry se fue derecho al dormitorio.
-Por Merlín, debías estar agotado al día siguiente-comentó Molly, intentado distraer a los demás, pero sobre todo a Ginny, de lo que acababan de leer.
Ron no había regresado todavía.
-¿Es broma?-preguntó el señor Weasley-. Parece que no se puede confiar en Lockhart o Filch para estar pendientes de la hora.
-Oh, Filch sí que sabía lo tarde que era… Lo hizo solo para fastidiarme-explicó Ron. Se estaba dando cuenta de lo que sus padres trataban de hacer, así que puso de su parte también.
-Típico-dijeron los gemelos, uniéndose a su familia y provocando que Ginny sonriera ligeramente.
En el momento en el que Harry vio aquella sonrisa, sintió como si un peso se le hubiera quitado de encima. Desde que fue consciente de que iban a leer acerca de su segundo año, había estado todo el rato preocupado sobre como aquello podía afectar a Ginny y que podía hacer él para ayudarla. Evidentemente, Ginny era lo suficientemente fuerte como para que Harry no tuviera que estar pendiente de protegerla de los malos recuerdos, ella sola se bastaba. Pero el querer hacerlo era algo que no podía controlar. Por ello, al darse cuenta de que el resto de Weasley estaban allí para ayudarle, se sintió mucho más tranquilo y optimista.
Dada su infancia, a Harry a veces se le olvidaba que la mayoría de personas podían contar con su familia en las malas situaciones. Por suerte, los Weasley se lo recordaban cada dos por tres, ya fuera ayudándose entre ellos o a él mismo.
Se puso el pijama y se echó en la cama a esperar. Media hora después llegó Ron, con el brazo derecho dolorido y llevando con él un fuerte olor a limpiametales.
—Tengo todos los músculos agarrotados —se quejó, echándose en la cama—. Me ha hecho sacarle brillo catorce veces a una copa de quidditch antes de darle el visto bueno.
-No ha cambiado nada…-suspiró Sirius, todavía nervioso por lo que se acababa de leer pero siguiendo el ejemplo de los Weasley.
Y vomité otra tanda de babosas sobre el Premio Especial por los Servicios al Colegio. Me llevó un siglo quitar las babas.
Hermione, a pesar de todo, sonrió.
Bueno, ¿y tú qué tal con Lockhart?
En voz baja, para no despertar a Neville, Dean y Seamus, Harry le contó a Ron con toda exactitud lo que había oído.
-Eso es bueno-asintió Tonks-. Que puedas confiar en alguien.
-Sé que siempre puedo confiar en Ron-le sonrió Harry afectuosamente-. Y en Hermione, claro.
La chica le devolvió la sonrisa.
—¿Y Lockhart dijo que no había oído nada? —preguntó Ron. A la luz de la luna, Harry podía verle fruncir el entrecejo—. ¿Piensas que mentía?
-Suerte que me has dicho que solo tu podías oír la voz, Harry-dijo Sirius-. Porque si no ya le estaría echando la culpa al Lockhart este. Y no quiero otra lectura de los libros sospechando de la persona equivocada-explicó mirando de reojo a Snape.
El profesor ni le miró. Seguía con la vista clavada en algún punto de la pared de la habitación, como llevaba haciendo desde que habían leído acerca de la voz. No le gustaban las muestras de apoyo que se estaban produciendo en la Sala a raíz de aquello y, además, le ponía incómodo ver a Potter y a sus amigos tan asustados. Le recordaba que solo eran unos críos y así era más difícil detestarles.
Pero no lo entiendo... Aunque fuera alguien invisible, tendría que haber abierto la puerta.
—Lo sé—dijo Harry, recostándose en la cama y contemplando el dosel—. Yo tampoco lo entiendo.
-Eso es cierto-dijo Remus, su mente formando mil hipótesis sobre el dueño de la voz misteriosa-. ¿Ya has acabado, Harry?-añadió al ver que el chico había dejado de leer.
-Así es-confirmó el muchacho, tragando saliva-. Ginny-dijo de pronto, haciendo que la chica levantase la cabeza para mirarle-, siento mucho no haber podido leer aquella parte, ya sabes cuál. Creía que iba a ser en este capítulo pero me equivoqué.
Ginny sacudió la cabeza rápidamente.
-No te preocupes, Harry, de verdad. Solo el hecho de que lo hayas pensado ya me ayuda-dijo con una sonrisa triste pero llena de afecto, tanto que algunos se sintieron incómodos de estar observando aquella conversación.
-Está bien-asintió Harry, mirando a Ginny a los ojos con seriedad.
Pasaron algunos segundos hasta que el muchacho, con esfuerzo, bajó la mirada hacia el libro que sostenía entre las manos.
-Está bien-repitió-. El siguiente capítulo se titula "El cumpleaños de muerte".
Los que no sabían sobre la fiesta de Nick-casi-decapitado fruncieron el ceño.
-No pinta muy bien, ¿eh?-trató de bromear Tonks.
-No, no lo hace-le dio la razón Ginny-. De acuerdo, pues, si ha de ser así que así sea-dijo en voz baja.
-¿Qué dices, cariño?-preguntó la señora Weasley.
-Nada, solo que…-respiró profundamente-. Quiero leer yo el siguiente capítulo-dijo apretando los dientes.
-¿Qué?-preguntó Molly con asombro-. ¿Estás…? ¿Estás segura?
Ginny, que continuaba apretando los dientes con fuerza, asintió.
-Así es. Más que segura. Quiero hacerlo.
Su madre seguía mirándola, dubitativa, pero Ginny extendió la mano en dirección a Harry con decisión.
-El libro, por favor.
El chico se lo dio, con orgullo en la mirada y Ginny supo, en el momento de coger el tomo entre sus manos, que había tomado la decisión correcta. Por extraño que pareciera se sentía más segura, sabiendo que era ella la que leía.
-Vale, bien-empezó Ginny-. Vamos allá. Capítulo ocho: "El cumpleaños de muerte".
A/N: Y aquí acaba este capítulo, ha sido bastante intenso hahaha Y probablemente el siguiente lo sea más. Me voy a poner con él a partir de mañana y espero tenerlo en un par de semanas, tres como mucho. Gracias por vuestra paciencia con este capítulo y espero que os haya gustado :)
Como siempre gracias por leer y dejad review si queréis :D
