– ¡Calla a ese gato!

–Aleja a tu pulgoso, idiota —dije, alejando a Kurama de una suave patada, mientras el gato en mis brazos, aterrado, enterraba sus uñas en mi camisa.

–Ya vámonos, maldición, se hace tarde.

Dejé al pequeño gato sobre mi cama y salí de la habitación con Kurama correteando entre mis piernas, el pequeño gato desnutrido que era hace un mes se había convertido rápidamente en una molestosa bola de pelo, pero lograba ganarse el cariño de todos, el maldito animal.

– ¡Tengan un buen día! —gritó Temari sin quitar la vista de su teléfono.

–Estoy seguro que está saliendo con alguien —dijo Naruto en mi oído.

–No me importa —respondí sacando mi nuevo celular, el ultimo lo perdí en todo el alboroto que hubo con Akatsuki, resoplé negando con la cabeza, no quería recordarlo.

No se sentía real, todo había acabado y ahora me dirigía al instituto en mi bicicleta como en un principio, pensé en detenerme a comprar una cajetilla de cigarrillos, pero Naruto se detuvo abruptamente junto al sonido de un auto derrapando.

– ¡Deja Vu! —exclamo Naruto con una gran sonrisa, el auto de Sasuke se encontraba muy cerca de nosotros, lo miré fijamente esperando el insulto que usualmente usaba en Naruto, pero solo desvió la mirada y siguió su camino.

–Extraño —murmure.

–Algo le pasa, ¿no crees? Algo pasó con él.

Si, lo sabía, pero no era algo que estuviera pasando con él, era algo que le pasaba con nosotros. Éramos la causa de su actitud.

– ¿Tenías que traerlo? —cambie el tema, mirando a Kurama.

–Es un perro libre —dijo, con una expresión en su cara como si hubiera escuchado algo estúpido.

El pulgoso de Kurama nos siguió hasta la entrada del instituto, con las miradas poco disimuladas de los engreídos y los autos caros propios de adolescentes que consiguen todo de los bolsillos de sus padres.

–Llegas tarde, pelirrojo.

–Llegué justo a tiempo —corregí.

Ino sonrió, pasando su brazo entre el de Shikamaru para dar media vuelta y entrar al instituto.

– ¿Nos saltamos la primera hora? —animó Naruto dejando la bicicleta junto a las otras.

–Tentador, pero hay examen la próxima semana —respondí, dándole la última calada al cigarrillo antes de entrar.

–No sé cuáles eran las reglas en su antiguo instituto... Pero aquí no se permite a los alumnos fumar —volteé desinteresado, un hombre de mediana edad y traje nos miraba con desdén.

–Estamos afuera —replicó Naruto, levantando los hombros.

–Sigue siendo parte del instituto —el hombre sonrió triunfante— y debo agregar que ese no es el uniforme asignado.

– ¿Que? ¡Claro que lo es!

–Las zapatillas deportivas no son parte del uniforme —replicó irritado.

–Llegaremos tarde —tire el cigarro e ignoramos al tipo, pero aun sentía su mirada en mi espalda.

– ¿Que les ha dicho? —susurró Ino que aún nos esperaba junto a Shikamaru en la entrada.

– ¿Conoces a ese anciano? —exclamó Naruto subiendo la correa de su mochila.

–Es el nuevo inspector —Shikamaru suspiro mirando al tipo— es muy problemático.

–Confiscó mis aretes nuevos —Ino gruño con sus manos en la cintura.

Lo miré una última vez antes de seguir por el pasillo, el hombre ajustó sus lentes y siguió caminando, una extraña sensación en mi pecho me hizo tomar la decision de que ese hombre no me daba buena espina.

.

.

.

–No puedo más —dejé los palillos sobre la mesa.

–Ya sabes las reglas —dijo la enfermera frente a mí.

–Llegaré tarde.

La enfermera suspiro mirando hacia la puerta, donde se encontraba el encargado de llevarme al instituto esperándome.

–Llévate la manzana —se apoyó por completo en la silla, con los brazos cruzados.

Cogí la fruta y mi mochila, cada día el estar encerrada aquí se hacía más insoportable, apenas crucé la puerta lancé la manzana hacia los arbustos, no lo hacía por no tener hambre, solo que cada cosa que tragaba la vomitaba.

– ¿Se siente bien? —preguntó amablemente el chofer.

–Si —mentí.

Aún quedaban semanas de tratamiento, agonizantes semanas con dietas estrictas, mareos y vómitos por la medicación y reglas que seguir.

–Su primo es bastante persistente —dijo el señor al ver a mi primo esperándome en la acera.

–Buenos días —dije con una sonrisa y bastante ironía, sin parar de caminar.

–Buenos días.

Me detuve abruptamente en medio del pasillo. Suspirando hondo luego de dos minutos de tener a Neji atrás de mí.

–Por favor, Neji —dije tan calmada como podía— Déjame sola.

–Sabes que tu padre...

– ¡Por favor! Hace semanas que volví aquí y no he muerto, estoy bien.

—Sabes que no es por eso...—volteé a verlo con desdén.

–Esto es tan estúpido —pare frente a la puerta del salón.

–Tenemos razones —dijo poniendo una mano en la puerta, evitando que pasara y volviera a ignorarlo— muy... buenas razones.

–Él también lo dejó —respondí entre dientes— quiere que las cosas cambien, y estoy dispuesta a insistir hasta que acepten que él... vale la pena.

Quite su mano de la puerta con un manotazo.

–De nuevo están discutiendo —murmuró una chica a mi espalda.

–Yo también estaría pendiente si tuviera una prima drogadicta, aunque no hay mucho que hacer, ya todos lo saben.

Dejé mi bolso sobre la mesa, ignorando la mirada de esas chicas. Aunque mi padre hizo lo imposible para mantener el asunto en la familia (lo primero que quisieron hacer fue enviarme fuera de la ciudad, donde viven mis abuelos) de todas maneras, se supo. La familia no estaba nada feliz por eso.

–Esto lo mencionaran siempre, para desprestigiar a la familia —dijeron en una de las reuniones familiares, como si mi vida dependiera de la decisión de todos los hombres de la familia.

Mi abuela sólo acaricio mi cabello de manera maternal mientras lloraba en sus piernas, extrañé como nunca a mi madre esos días.

–Lo haremos juntos.

– ¿Que? —dije, mirando a Neji confundida.

–El trabajo —respondió.

–Ah.

– ¿Por qué estas comportándote de esta manera?

–No lo sé, Neji, debo estar drogada por todas las medicinas que me dan para que no vuelva a drogarme —vaya ironía.

Me dio una última mirada de enfado, pero no volvió a molestarme, al menos.

La siguiente clase era aún más aburrida, y apenas terminó me apresuré en mezclarme con los demás chicos que querían almorzar, solo que a mí no me interesaba el almuerzo, quería huir de mi molesto primo, verifique si me seguía y estaba en la puerta con Ten Ten, gritándole '¡Que haga lo que quiera, me harté!'. La castaña sonrió y me hizo una seña para que me fuera.

–Por fin —corrí para alcanzar a las chicas.

–Hola, preciosa —saludo Ino juguetonamente— ¿dónde vas tan sola?

–Espero a mi novio, lo siento —le seguí el juego.

– ¡Hinata! —Naruto lucia sorprendido— ¿Donde esta Neji? —preguntó mirando a todos lados esperando encontrarlo.

–Me libre un momento de él, supongo.

–Genial.

Al escuchar la voz de Gaara mi estomago dio un salto y no pude evitar no sonreír, porque el siempre provocaba eso en mí.

– ¿Podemos hablar un momento? —soltó, sin ninguna expresión resultándome más inquietante la petición.

– ¿Paso algo?

Hizo una seña con la cabeza y lo seguí sin volver a preguntar, pero aun nerviosa.

–No tarden —exclamó Ino con una tonadilla traviesa haciendo que varias situaciones vergonzosas pasaran por mi cabeza.

Nos quedamos bajo las gradas del campus, solo se escuchaba al entrenador del equipo de baseball.

– ¿Entonces? ¿Pasó algo? —pregunté.

–Solo quería estar a solas —levantó los hombros a la vez que sonreía.

–Pues debiste habérmelo dicho, me asustaste —lo golpeé suavemente en el hombro.

– ¿Cuándo saldrás de ese lugar? Te extraño.

–Dos semanas —conteste alegremente— no puedo creer que sobreviví en ese lugar... aunque las cosas no cambiaran tanto, Gaara. Seguirás llegando a mi habitación a escondidas.

Hizo un mohín con los labios, lo abrace por el cuello para besarlo cuando un carraspeo me hizo volver la mirada, me separe con rapidez, nerviosa.

–No es correcto que una señorita como usted esté haciendo esas cosas en público.

El nuevo inspector se acercó con las manos en su espalda, mirando despectivamente a Gaara.

–Ya nos íbamos, lo lamento —cogí al pelirrojo del antebrazo obligándolo a caminar, la expresión de desaprobación hacia Gaara me hacía sentir ansiosa.

–Le recomiendo señorita Hyuga —me detuve para escucharlo mejor— que sea más... cuidadosa, con el tipo de gente que frecuenta.

–Lo haré —dije apresuradamente, tirando de la chaqueta de Gaara al ver su ceño fruncido.

–Que pedazo de imbécil.

– ¡No digas eso! —lo regañe, aún no estábamos lo suficientemente lejos del inspector.

–Este lugar es una mierda —dijo, con desprecio.

– ¿Aunque yo esté aquí?.

–...No —respondió, apenado.

Mi estomago rugió con tal fuerza que por un momento pensé que Naruto o Kiba estaban cerca, Gaara soltó una pequeña risa.

–Vamos, tal vez alcanzamos el postre.

En el comedor estaba todo el grupo en una mesa larga, Ino levantó su mano con una sonrisa, a su lado se encontraban asientos vacíos, pero todos quedamos perplejos cuando Sasuke se puso de pie acompañado de la pelirrosa, no se molestaron en despedirse. Al pasar por nuestro lado, Sasuke miró con frialdad a Gaara, el cual solo se limitó a mirarlo de vuelta, con indiferencia.

Me apresuré a sentarme junto a Ino.

– ¿Que ha sido eso?

–Está molesto —habló Kiba, metiendo arroz en su boca.

–Eso es obvio, pero ¿por qué?.

—Creí que sabias, está en todas las noticias.

Miré a Ino con irritación, en rehabilitación no se nos permitía tener televisión.

–Cierto, lo siento.

–Descubrieron que Obito, el tío de Sasuke, tenía una red de narcotráfico en Suna —esta vez fue Shikamaru quien habló.

Miré a Gaara, también escuchaba con atención.

–Mi padre está a cargo del caso, hace poco los Uchiha supieron sobre los sospechosos.

–Y eso significa que... —Naruto miraba a todos lados sin comprender.

–Naruto —le llamó el pelirrojo— somos sospechosos —dijo en voz baja.

El almuerzo ya no tuvo el mismo sabor en mi boca, por un momento reconsideré el por qué debí quedarme con Neji.

.

.

.

Golpeé mi lápiz con impaciencia contra la mesa mirando de reojo a Naruto que no podía evitar su nerviosismo mordiendo sus uñas y maldiciendo en voz baja. Yo por mi parte estaba tratando de pensar que haría y diría cuando las autoridades vinieran por nosotros.

Era algo que esperaba que pasara y también quise maldecir, debí haber pensado en qué hacer cuando comenzaran a investigar.

–Gaara, al ver que está concentrado en la clase, podría decirme la respuesta de la pregunta seis —la voz monótona y sarcástica de Kakashi era de lejos una de las cosas que más odiaba de este lugar.

–1987 —respondí.

–...Correcto -dijo con decepción.

La campana sonó y sentí que nunca había estado más contento de oír ese molesto sonido, cerré el cuaderno y lo guardé dentro de mi mochila.

–Si no saben dónde estoy no pueden interrogarme, ¿cierto? No me encontraran en el apartamento.

–Si huyes se verá aún mas sospechoso.

–Tenías razón, no deberíamos haber vuelto aquí —dijo exasperado.

–Puede que haya sido algo bueno después de todo.

– ¿A qué te refieres?

Respiré profundo y pensé en cosas lindas para no golpear al idiota de mi mejor amigo.

–Mantén un perfil bajo, ¿entendido? Nunca estuvimos ahí.

–Si —respondió, menos histérico de lo que había estado desde ayer.

Kakashi dejo caer una pila de carpetas sobre la mesa, llamando la atención de todos en el salón.

–Vengan por sus penosos trabajos, no habrá otro trabajo para subir la calificación aunque lloren, así que no se molesten en suplicar.

Todos se acercaron al escritorio, ansiosos. Por los lamentos que escuchaba, se podría decir que varios tuvieron baja calificación, o al menos no la que esperaban tener.

– ¡95! —exclamó Ino detrás de mí, al ver mi trabajo— nada mal, veo que le has ganado a Sasuke.

El pelinegro frunció el ceño y doblo su carpeta con enfado, a Ino parecía divertirle el reciente odio de Sasuke hacia mí y no perdía oportunidad para fastidiarlo. Pero tenía razón, le estaba ganando y Sasuke odiaba perder.

–Es solo un trabajo —le defendió Sakura— posiblemente lo ha copiado...

–Yo no haría esas acusaciones considerando que su trabajo es extrañamente parecido al de Shikamaru, señorita Haruno.

Kakashi paso por su lado sin mirarla, Sakura bufo y salió del salón con la cara completamente roja, llevando a Sasuke a rastras de la mano.

Sonreí triunfante, Kakashi no era un conpleto idiota después de todo.

–Eso ha sido épico —susurro Ino sumamente feliz— ¿por qué dejaste que te copiara el trabajo? —dijo cambiando su humor de felicidad a enojo contra Shikamaru.

–Me ofreció dinero.

–Espero que ese dinero sea para llevarme a una cita —manifestó con sus manos en la cadera.

–Desde luego —sonrió derrotado, Ino era una diva y el... todo lo contrario.

Supongo que es cierto que opuestos se atraen.

Algo parecido ocurría conmigo y Hinata, pero no tenía nada que ver con personalidades. Hinata nació privilegiada en todo sentido solo por poseer un apellido, toda su vida ha estado rodeada de lo mejor que el dinero te puede dar, ha viajado por el mundo y aprendido algo sobre cada lugar.

Y yo solo soy un idiota, mi mundo eran las calles de Suna, era todo lo que conocía. Lo único que me han enseñado es que estoy por mi cuenta en esta vida, así ha sido para mí y mis hermanos.

Decidimos ir al patio para sentarnos bajo un árbol y tomar sombra, pero al salir del salón el nuevo inspector apareció y se detuvo frente a nosotros, impidiendo que siguiéramos caminando.

–Buenos días —saludó con una sonrisa, como si estuviera esperando encontrarse con nosotros y fastidiarnos— zapatillas deportivas, sudaderas —nombro mirándonos de arriba a abajo— aretes.

Metí mis manos en los bolsillos desviando la mirada, todos los días, desde hace una semana, el inspector cuyo nombre no recuerdo ni me interesa, nos fastidiaba dándonos advertencias sobre el uniforme, luego de tres días de tratar de explicarle que no teníamos dinero para comprar el costoso uniforme de la escuela nos rendimos y le damos lo que quiere escuchar.

–En cuanto podamos compraremos lo necesario —habló Naruto monótonamente.

–Oh, por cierto, la directora quiere verlos —sonrió con satisfacción— ahora.

–Estaremos donde siempre —los demás chicos se fueron y nosotros dimos media vuelta, acompañados incómodamente por el inspector.

Llamó a la puerta y de inmediato se escuchó la voz de la directora.

–Gracias, Kabuto, puedes retirarte.

–Enserio lo sentimos por no venir durante semanas, abuela ¡pero tenemos buenas razones! —comenzó a lloriquear.

Presione con mis dedos el puente de mi nariz, a veces olvidaba que Naruto podía ser un gran idiota exasperante, nunca se queda callado.

–Cálmate, Naruto —Tsunade rio por su actitud— no voy a regañarlos...bueno, tal vez un poco, pero Hinata me hablo un poco sobre su situación.

– ¿Enserio? ¿Qué fue lo que le dijo? —Tsunade lo calló solo con levantar su mano.

–Estoy al tanto de que en Suna estuvieron involucrados con alguien que ha estado en la boca de todos últimamente... lo sé desde que Jiraiya vino a esta oficina para hablarme de su ahijado y su amigo en problemas, y él me prometió que vinieron a Konoha para reinventarse.

–Eso hicimos. Es lo que estamos haciendo.

Entrecerró los ojos inquisitivamente, apenas pude sostenerle la mirada hasta que ella paró para mirar unos papeles en su escritorio.

–Por suerte, no perdieron tanto tiempo. Gaara, tus calificaciones son excelentes, Naruto, has bajado tu rendimiento pero no tanto como para perder tu beca, solo les quedan un par de materias para estar al día y quiero que las aproveches para mejorar tu calificación final —dejó los papeles a un lado— una beca completa es algo que hay que valorar, sobre todo en esta institución, ha estado en mi familia por generaciones y mi deber es mantener la reputación intacta, o por lo menos respetable, que es algo difícil entre toda esa elite de lambiscones de primera.

Sonreí más relajado, para ser la dueña de uno de los colegios más prestigiosos y caros del país, era una persona modesta y comprensiva.

–Solo nos falta una cosa que resolver sobre sus becas.

– ¿Qué cosa?

–Necesitan una actividad extracurricular.

– ¿Qué? —pregunte.

–Ya saben, unirse a un club, o a un equipo deportivo, pueden estar en uno o dos. Algunos de los alumnos están en tres clubes, solo tienen que considerar que día se reúnen y organizar su tiempo.

Con Naruto nos miramos extrañados.

– ¿En su antiguo colegio no había actividades extraescolares? ¿Un club?

Ambos negamos con la cabeza.

–Solo había un aro de básquetbol, pero no nos dejaban jugar, siempre terminaba en pelea.

–Bueno, aquí tenemos bastante actividad y además de un aro tenemos el equipo de básquetbol, de beisbol, artes marciales, voleibol, natación, animadores, esgrima, atletismo, orquesta, club de coro, teatro, arte, música, periódico escolar, fotografía, debate, ajedrez y ciencias. Entonces, ¿en cuál les gustaría?

–Admito que me perdió en natación —Naruto se encogió en el asiento al ver la vena palpitante en la frente de Tsunade.

–Piénsenlo y rápido.

–Lo haremos.

–Hay una cosa más que necesito decirles y quiero que confíen en mí, ¿de acuerdo?

Ninguno de los dos se movió.

–Luego del asesinato de Obito, ustedes dos prácticamente desaparecieron. Debe haber una razón para eso, ¿es lo que estoy pensando?

–No sabemos que pasó —dije, bajando la mirada— nos escondimos por que sabiamos que buscarían a todos.

Tsunade suspiró y acaricio su sien.

– ¿Has sabido algo de Jiraiya? —preguntó a Naruto.

–La última vez que hable con él fue cuando deje el departamento.

– ¿Dónde están viviendo ahora?

–Estamos bien, no te preocupes, abuela.

Tsunade lo apuntó amenazante.

–Ya hablamos sobre decirme abuela, maldito puberto, no me hagas golpearte.

Naruto rió nervioso con las manos a la altura de su pecho. Tsunade volvió a su postura calmada pero aun con una mirada de enfado.

–El instituto tiene un edificio con habitaciones que usualmente damos a los transferidos, puedo conseguirles un cuarto, aquí estarán seguros.

–Suena bien, le avisaremos cualquier cosa —dije.

–Entonces pueden retirarse, ¡y no olviden las actividades extracurriculares, les ayudaran para entrar a una universidad!

Me senti extraño al salir de la oficina, si Tsunade nos preguntó sobre Obito, es por que algo sabia que nosotros no. Cuando llegamos al patio le pedi a Naruto que fuera con los chicos sin mi.

–Buscaré a Hinata.

Le hice una seña a lo lejos en cuanto la encontré, le hablo a Neji y por su cara, no le gusto lo que escucho.

– ¿Para que los llamaba Lady Tsunade?

–Solo quería hablarnos sobre la beca, tengo que unirme a un equipo o algún club, dice que es importante y esas cosas...

–Lo son, ¿has pensado en alguno?

–No.

– ¿Qué tal arte? He visto los dibujos que haces cuando estas aburrido —entrelazo su mano con la mía.

–Prefiero dibujar en privado.

–No club de artes entonces, ¿artes marciales? Te gusta pelear.

–Graciosa —volví a besarla, ambos sonreímos.

–Hay mucho para hacer por aquí, algo debe gustarte.

–Ahora que lo pienso, jugaba baseball cuando era pequeño.

–Baseball —repitió, levantando las cejas con asombro.

-Si, baseball —dije extrañado.

–Lo siento, es que Sasuke es el capitán del equipo... Y se que no ha sido el mas amistoso contigo estos dias.

– ¿Cuando lo ha sido?

–Cierto —rió suavemente, apretando mi mano— cambiando de tema, quiero salir, contigo, como una cita.

Sonreí.

– ¿Donde quieres ir?

-Solo sácame de ese lugar.

– ¿Estás segura? Queda poco para que salgas...

–Quiero estar contigo y estar fuera por unas horas, estarémos de vuelta en la mañana.

No era mala idea, hace bastante tiempo no estábamos a solas, sin contar los pequeños encuentros durante los recesos, y con toda la presión de los exámenes de fin de año, una salida nocturna sonaba bien.

– ¿Sabes donde no hemos ido? — mencioné.

– ¿Donde?

–Mi casa.

–Ya conozco tu casa, tonto —se burló.

–No el departamento de Yashamaru, mi casa.

– ¿Es seguro? —preguntó desconfiada.

–Si lo dices por Akatsuki, si. Si es por el barrio, tal vez no, pero estas conmigo, no pasa nada.

–Solo si llevas a Shukaku —sonrió, desde el primer día que lo vio, se encariño con ese pequeño y gordo gato, y yo no podía evitar sentirme celoso cuando se robaba toda la atención de Hinata.

–Esta bien, llevare al estúpido gato — refunfuñe.

–Te esperare junto a la puerta —me abrazó antes de levantarse para volver con Neji— Rin aun no descubre como entras, es divertido verla intentando averiguarlo —mencionó riéndose.

–Solo espero que no lo descubra.

– ¡No lo hará!

Al terminar la última clase me apresuré para salir por mi bicicleta y irme a casa para poder terminar los trabajos y estudiar para los examenes, a veces ni yo me creia que estuviera pensando en terminar un trabajo para tener una buena nota, hace un año era lo que menos me importaba.

Levante la vista de mi bicicleta por un momento, el auto de Hinata se alejaba y solo pude verla por unos segundos, incluso desde aqui, podia notar su cara de fastidio por tener que volver al hospital. Siempre le recordaba que tenia suerte de estar en ese lugar donde le permitian salir por la tarde para ir a clases, a diferencia de otros lugares donde te aislaban hasta que estuvieras completamente limpio y estable, o que les hicieras creer que lo estabas.

– ¡Te has quedado en las nubes de nuevo, baboso! —Naruto saco su bicicleta con prisa y se alejó.

–Mierda.

– ¿Una fumada en mi casa? —habló en cuanto lo alcance.

–Tengo que estudiar.

–Pues una fumada y a estudiar ¡nada mejor, dattebayo!

Hicimos carrera hasta llegar a la entrada de la zona suburbana, apenas entramos paso una patrulla de policias marcando las llantas, no le pusimos atencion.

–Te apuesto 500¥ a que va a nuestra calle —manifestó.

–No digas esas mierdas.

Como una mala broma, la patrulla doblo bruscamente a nuestra calle, bufé y comence a pedalear mas rapido.

– ¡Sueltenme, malditos! —un chico bajo de cabello castaño forcejeaba entre dos policias.

– ¿Por que se lo llevan? Konohamaru —uno de los hombres empujo a Naruto cuando este trató de acercarse al chico, conocíamos al pequeño bastardo. Vivía en el mismo piso que Naruto.

– ¡Llama a mi madre! No he hecho nada —gritó, dejando de forcejear.

–Te vimos, pequeño imbecil —aseveró el policía, empujandolo dentro de la patrulla, luego se volteo hacia nosotros— estaba unas calles mas alla con esos otros imbeciles —apunto con la cabeza hacia la otra patrulla que aun estaba forcejeando con un chico mas alto que el castaño— alguien denunció.

– ¿Tienen pruebas? —replique contra el uniformado.

–Si esta limpio, lo soltaremos.

Las patrullas se alejaron y vimos a Konohamaru mirándonos desde el asiento trasero, Naruto revolvio su cabello sin saber que hacer por el chico al que llevaban.

–Aah, cuanto drama por un crio, tiró la mercancía mientras corria, un crio listo, lo soltaran en un rato.

Nos miramos con el rubio, suspirando pesadamente al reconocer la voz.

–Pero tu ya conoces el procedimiento de memoria, ¿cierto, hijo? —se levantó tropezandose de la acera, poniendo en alto la cerveza en su mano— por mi hijo, que al fin se digna a visitar a su viejo padre.

–No vine a verte —dije, subiendo a mi bicicleta.

– ¿Que tiene que hacer un hombre para estar con sus hijos? —exclamo, tambaleandose y moviendo los brazos.

–Dejar de ser un gran hijo de puta —comence a pedalear.

– ¡Ah, por favor! Uno da la vida por sus hijos y asi es como me pagan.

Subimos hasta el piso donde se encontraba el departamento, nos sentamos en el sofa turnandonos para fumar.

– ¿Crees que Konohamaru estaba vendiendo? —mencionó Naruto sin dejar de mirar a la televisión.

–Escuchaste lo que dijo Rasa —le di la ultima calada al tercer porro que llevabamos esa tarde.

–Maldicion, hablaré con el.

– ¿Por que te interesa cuidar a ese niño? No es diferente a los demás niños de este basurero.

–No lo estoy cuidando, y sé que también te hace recordar viejos tiempos.

–Tal vez, pero se parece mas a ti por que nunca se calla.

– ¿Me acompañas o no?

Le eché un vistazo a la hora en mi teléfono, aun faltaban un par de horas para que anocheciera. Supongo que estudiare mañana.

–Esta bien.

–Cuida aqui, amigo —le ordeno a Kurama antes de salir.

Llamamos a la puerta del departamento de Konohamaru, una mujer adulta con el cabello enmarañado y profundas ojeras abrio la puerta.

– ¿Que quieren?

–Buscamos a su hijo, lo arrestaron y queriamos saber si estaba bien, dattebayo.

–Estuvo aqui, tuve que ir a buscar a ese idiota y en cuanto llegamos, volvio a irse. Si el quiere terminar en la puta carcel, es su maldito problema —tiró la puerta con fuerza.

–Creo que no esta aqui —hablé.

–No empieces con tu sarcasmo —amenazó. salimos del edificio para ir al parque donde habian visto a Konohamaru con los otros chicos. Apenas nos acercamos pudimos ver claramente a un chico entregándole una pequeña bolsita a una mujer, y esta a la vez le entregaba unos billetes.

–Preguntemosle a ese chico —Naruto se exalto, luego se detuvo abruptamente— pero tu hablale, eres mas intimidante.

Cuando estuvimos frente a frente pude notar que el chico tal vez nos llevaba un par de años, tenia el cabello trenzado y un tatuaje en el cuello.

– ¿Has visto a Konohamaru?

–Tal vez, ¿para que lo buscan? —dijo desconfiado.

–Solo queremos saber si está bien.

El chico frunció el ceño y metió sus manos a los bolsillos de su holgada sudadera.

–No lo he visto.

–Estuvo aquí hace un par de horas, no mientas —insistí.

–Dime como te llamas y le diré que lo estabas buscando.

–Gaara... y prefiero preguntarle en persona.

El chico se mostró asombrado y nervioso.

–T–Tu eres... el chico de Suna, Ichibi —tartamudeo y desvió su mirada detrás de nosotros, volteé hacia donde el miraba y vi un auto rojo estacionado en una esquina.

–Lo enviaron a la ciudad, es todo lo que sé —soltó rápidamente— compren algo o vayanse, me meteran en problemas.

Cuando nos alejamos del parque, el auto rojo se había ido.

– ¿Crees que Rasa nos preste el auto?

–Seguro.

La casa no era un total desastre como esperaba. Me esperaba lo peor, no lo niego, con Rasa nunca se sabe. Como esa vez que el bar cerro e invito a todos a seguir en la casa, esa noche yo no me encontraba, como casi siempre ocurria, Temari estaba haciendo turno sirviendo bebidas en un club y Kankuro duerme como un tronco por lo que no se entero de nada. Temari volvio bastante tarde y encontro a todos durmiendo sobre el sillon, el suelo, la escalera, incluso sobre la mesa, habian vomitado la alfombra y la mesa del living estaba repleta de botellas vacias. No lo dejó volver en una semana.

El auto estaba estacionado frente a la casa, era antiguo y tenia varios golpes, pero era un clasico, tenían algo especial. Si pudieramos arreglarlo y cambiarle la pintura seria un buen auto.

– ¡Rasa! —grite.

Escuché un gruñido arriba, al subir las escaleras lo vi inconsciente en el pasillo, seguramente no alcanzo a llegar a su habitación.

–No tiene las llaves —dijo Naruto, revisando sus bolsillos.

–Las escondemos —respondí, entrando a la habitacion de Temari— el auto es una de las pocas cosas de valor que tenemos, el lo destrozaria en una noche— busqué entre uno de los libros polvorientos sobre una repisa, la llave estaba bajo uno de los mas viejos a un rincon— vamonos.

– ¿Lo dejaremos ahí? —preguntó viendolo en el suelo.

–No lo arrastrare hasta su habitacion, de cualquier manera apenas despierte volvera donde mismo; al bar. Oh, casi lo olvido —dije, sacando la billetera del bolsillo del idiota inconsciente y tomando unos billetes para poder llenar el tanque.

Luego de dos intentos el auto encendió.

Recorrimos Konoha por casi dos horas, preguntando a chicos situados en callejones, cerca de los clubes o a cualquiera que conociéramos.

–No lo encontraremos —dije, mirando la hora– y se hace tarde, le prometí a Hinata que saldríamos hoy. Iremos mañana a su casa y hablamos con el.

– ¡Vamos, Gaara! Se supone que tu eres el inteligente, piensa, ¿donde no hemos ido ya?

–Hemos recorrido toda la ciudad —respondi irritado, presionando el volante con fuerza.

–Solo una vuelta mas por esta calle —insistio, juntando sus manos— tengo una corazonada.

Volví a encender el auto, ya era de noche y al ser el ultimo dia de semana, habian varias personas en esta calle, donde se encontraban la mayoria de los clubes de la ciudad, y en cada uno de ellos seguramente habia alguien vendiendo.

–Mira —exclamó, golpeandome repetidamente en el brazo— ese club es nuevo, ¿crees que este ahi dentro?

–Tiene catorce años y mide un metro y medio.

–Cierto.

–Pero puede estar cerca —estacione frente al lugar.

Rodeamos la cuadra hasta llegar a un callejon, justo detras del club. Nos adentramos y vimos varios vagabundos durmiendo, y un grupo de chicos rodeando una fogata improvisada, al acercarnos mas se voltearon hacia nosotros, tenian bastante mala pinta y no parecian felices de vernos.

– ¿Que miran? —uno de ellos se acerco rapidamente— ¿tu eres el que andaba molestando a uno de mis chicos en el parque?

–Solo le preguntamos por un amigo, no lo estabamos molestando, dattebayo.

–Se llama Konohamaru, el chico del parque lo conoce.

– ¿Para que lo buscan? Escucha, se quien eres y no te tengo miedo...

Me acerqué y el paró de hablar, intimidado retrocedio unos pasos, cosa que lo hizo enfadar y saco una navaja de su bolsillo.

–No te creas tan rudo, esto no es Suna y si crees que ahora que Obito no está las cosas cambiaron, te equivocas, ahora largate antes de que te mate —finalizó, alzando la navaja.

Un solo golpe en el rostro bastó para tirarlo al suelo, soltó el cuchillo en su mano al caer y tapo su nariz con gesto de dolor, lo tome del cuello de su chaqueta y lo levanté para empujarlo contra la pared, volví a golpearlo y esta vez lo sostuve antes de que cayera.

–Ahora que terminaste tu parloteo, ¿me diras donde esta Konohamaru?

– ¡Konohamaru! —grito agudamente— debe estar por aquí —rió nervioso.

El grito llamó la atención de los demas, que miraron alarmados a su amigo sangrando y a mi, sosteniendolo de su chaqueta contra la pared y los nudillos rotos.

– ¿Que esta pasando? —pregunto uno de ellos.

– ¡Naruto! ¿Que hacen aqui? —Konohamaru se acerco sonriendo, pero al ver al chico golpeado su sonrisa desaparecio— ¿Que ocurre?

–Nos vamos —se apuró a decir el rubio, tomando del brazo al castaño para que nos siguiera.

–P-Pero ellos...

–No les molestara que vengas con nosotros —aseguré.

Lo subimos al auto y nos alejamos rapidamente de ese callejón.

– ¿Pueden decirme que hacian ahi?

– ¡Tu madre esta preocupada!

–Mi madre no esta preocupada, Naruto, ella fue la que me dijo que me largara.

– ¿Te echo del departamento? —lo miré por el espejo retrovisor.

–Siempre lo hace —respondió despreocupado— en un par de dias se le pasará, siempre es así.

– ¿No es la primera vez? ¿Donde te quedas?

–A veces hay espacio en el albergue, pero la mayoria de las veces me quedo en la calle.

– ¿Por qué no fuiste a mi departamento? —exclamó Naruto.

–No estabas ahí —murmuró, algo decepcionado.

Frunci los labios, seguramente varios en el barrio sabian porque nos estabamos escondiendo. Durante esas semanas no vi a Naruto, ya que acordamos separarnos luego de abandonar el auto de Yashamaru, desde entonces no sabemos nada de Hidan y Konan, solo que se largaron para comenzar de nuevo.

Aproveché una luz roja para ver la hora en mi telefono. Eran casi las once de la noche y ya podia ver la cara de irritacion de Hinata esperandome junto a la puerta, pisé el acelerador con fuerza, si no había tanto trafico y me apresuraba podia llegar en quince o diez minutos.

– ¿A donde vamos?

–Si, ¿A donde vamos? —repitio Konohamaru.

–Tengo que ir por Hinata.

– ¿Hinata? Es la chica que hizo una fiesta en una casa gigante, ¿cierto?

– ¡Esa fiesta estuvo genial! La recuerdo, aunque castigaron a Hinata, ¡pero fue epica! Aun tengo una foto de ti borracho, Konohamaru —exclamó emocionado buscando en su telefono.

– ¿Vendrá su hermana también? —preguntó con algo de esperanza.

–No vamos por ella a su casa, vamos a un centro de rehabilitación.

–Oh.

Naruto y Konohamaru cantaban a todo pulmon Hero's Come Back, sonrei entretenido por el bullicio que habian armado, sus personalidades eran tan parecidas que no sabia si conmoverme por la actitud de hermano mayor que tomo Naruto con Konohamaru o pedir misericordia por tenerlos cerca.

–Queria ver a Hanabi, el pequeño idiota —se burló Naruto.

–Es linda —se excusó, levantando los hombros.

–E inalcanzable —agregué.

–No lo desanimes —me regañó.

–Su padre mantiene vigilada a Hinata para que no este conmigo, su primo una vez envio a sus amigos a golpearme y no le ha dicho a su padre que seguimos hablando para no darle mas problemas, pero si supiera que la visito en el hospital o peor, que la he sacado por las noches, probablemente no pueda volverla a ver, ¿aun crees que tienes una oportunidad?

–En realidad, ella me rechazó luego de la fiesta, dijo que su padre no le permitiría estar con alguien como yo —dijo con angustia.

–Lo siento, enano.

Frene con fuerza, la conversación me había distraído y casi pasó de largo el lugar donde se encontraba la puerta. Konohamaru al estar en medio de los asientos casi termina tirado encima de la palanca de cambios, ambos me regañaron por la forma brusca y repentina de frenar, pero apenas terminaron de gritarme ya estaba fuera del auto corriendo hacia la puerta, la empuje con fuerza y busque a mi alrededor.

–Crei que no llegarias.

–Lo siento, enserio lo siento, algo pasó y...

–Está bien, estas aqui como prometiste —dijo, se acerco para abrazarme y beso mi hombro para luego apoyar su cabeza en mi. Le correspondi besando su mejilla, al abrazarla pude volver a notar lo delgada que estaba y me senti culpable.

– ¿Te parece si te llevo a comer algo? Lo que tu quieras.

–Oh, tengo tantas ganas de comer ramen –respondió emocionada— y rollos de canela, tal vez algo de nigiri.

–Estas caprichosa hoy —rei separandome un poco— vamos, te llevare a Ichiraku.

– ¿Trajiste a Shukaku? —frunci los labios queriendo golpearme por olvidar traer conmigo al estupido gato.

–Estuve todo el día con Naruto —la vi hacer un puchero, comenzamos a caminar hacia el auto.

–Si Naruto no fuera como tu hermano juraria que me estás engañando con el.

Hice una mueca de asco, no se de donde saca esas ideas. Naruto se habia cambiado de asiento junto a Konohamaru.

– ¿Lo robaste?

–Me ofendes —dije entrando al auto.

–Ya lo has hecho antes —sonrió, cerro la puerta y se volteo hacia Naruto— ¿quien es el?

–Es Konohamaru, ¿no lo recuerdas? Estuvo en la fiesta con Hanabi.

–Ooh —respondió con tono travieso— mi hermana me habló de ti, pero ultimamente mi padre la mantiene ocupada, no la he visto mucho.

–Somos dos —murmuró.

–Llevaré a Hinata a Ichiraku, ¿que haremos con este? —señalé al castaño.

–Podrían dejarme donde me encontraron.

– ¡Claro que no, dattebayo!

En Ichiraku el viejo Teuchi saludo a Naruto enérgicamente, mientras esperabamos la orden, el viejo le relataba anécdotas de cuando eramos pequeños a Hinata y Konohamaru, ambos escuchaban atentamente y se reían.

–Aún recuerdo la primera vez que entraron por esa puerta, traían solo monedas y me llegaban aquí —dijo, poniendo su mano un poco mas abajo de su cintura– con lo que traian no alcanzaba ni para un plato de fideos, pero aún asi les servi un plato de ramen a cada uno, y siguieron viniendo por años. Un dia llegaron sin nada de dinero, ni un solo yen, así que se ofrecieron a lavar los platos a cambio de un plato de ramen, luego de un rato fui a ver como iban y ambos estaban con espuma hasta el cabello y la cocina estaba inundada, no fue buena idea.

– ¿Siempre venían solos? —preguntó Hinata.

–La mayoria de los niños por aquí aprenden a arreglárselas —respondio sirviendo los platos— los adultos trabajan, algunos tienen dos trabajos, o ninguno, no hay mucho tiempo para estar con los pequeños.

–Debe ser dificil para ti imaginarlo —agregó el castaño sin dejar de mirar su plato. Naruto le dio un codazo molesto.

–Será mejor que coman antes de que se les enfríe —habló Teuchi de manera autoritaria— por mientras les seguiré contando.

De los cuatro, Hinata habia sido la que mas comió, ¿era tan insípida la comida en ese lugar para tener semejante apetito? Posiblemente.

Nos largamos de vuelta a mi casa, esta vez todos cantabamos, Naruto golpeaba el techo cantando a todo pulmon, sonrei al verla reirse con tantas ganas que sujetaba su estomago, bajamos del auto y Hinata se apego a mi en un abrazo, besé su frente y cruzamos la puerta.

–Estuvo divertido, pero tengo que irme ¿si? Ok, adios —hablo Konohamaru dando media vuelta, Naruto que estaba detrás de el puso sus manos en los hombros del chico y lo empujó hasta entrar a la casa.

–No volverás con esos idiotas.

–Naruto, tengo que volver o si no...

– ¿Por que estas trabajando con ellos, para empezar? —me recoste en el sillón y tome uno de los cigarrillos de la mesa. Hinata estaba entretenida mirando las fotos familiares en la pared.

–Les debo... Algo de dinero.

– ¿Cuanto es 'algo'? —pregunté.

–100.000¥ -—respondió, encogiendose de hombros.

Hinata frunció los labios y nos quedamos en silencio hasta que Naruto decidio abrir su boca.

– ¿QUE MIERDA, KONOHAMARU? ¿POR QUE NECESITABAS CIEN MIL MALDITOS YENES? ¿EN QUE ESTABAS PENSANDO?

– ¡Estaba en problemas! Mi madre no pagaba la renta del departamento hace tres meses y estaban por echarnos, ellos pagaron a cambio de que les ayudara, parecia estar bien hasta que...

– ¿HASTA QUE? —gritó.

–Calmate, Naruto.

–Solo trato de ayudar, ¿ok? mi madre apenas puede cuidarse a si misma.

– Deberias conocer al idiota de mi padre —dije, exhalando el humo y pasandole el cigarrillo a Hinata— ¿no te han hecho una iniciacion cierto?

–No.

– ¿Una iniciacion? —Hinata fruncio el ceño— es un niño.

–La nuestra fue antes —respondio Naruto levantando los hombros.

– ¿Q–Que les hacen?

Nos quedamos en silencio por unos segundos, no estaba seguro de que decir y los demas parecian no querer hablar para no asustarla.

–Es diferente en cada lugar —comenzó a hablar Naruto— algunos te golpean en grupo, otros piden varias pruebas, y pocos solo piden que hagas una cosa, no hay golpizas ni pruebas... aun asi es mucho peor.

– ¿Que podria ser peor que una golpiza? —pregunto riendo, dejo de reir cuando noto la seriedad en el ambiente, me miro sin entender aun de que se trataba.

–Matar a alguien es mucho peor que una golpiza —respondi.

– ¿C-Cual de todas tuviste que hacer? —volvió a preguntar.

Un golpe y una risa llamó la atención de todos, mi padre habia vuelto a casa del bar chocando contra las paredes, los golpes y su ropa desarreglada dieron a entender que no fue una algo voluntario.

–Te dije que saldría en unas horas —anuncio dirigiéndose a Konohamaru- ¿y esta belleeza quien es? —dijo arrastrando las palabras, Hinata se apego a mi cuando Rasa se acerco.

–Ya nos ibamos —dije tomando de la mano a Hinata.

–Oh, ya lo entiendo —dijo golpeandose en la frente con su mano- es tu novia, ¿cierto la ricachona, ¡hey, mirennos ayudamos vagabundos de vez en cuando, no somos tan pretenciosos y lameculos como creen! —exclamo moviendo las manos— sabes que eres solo su juguete, ¿cierto?

–Ya vamonos —Naruto le hizo una seña a Konohamaru para que saliera y luego nos miro.

–Seguramente antes de dejar que mi hijo se metiera entre tus piernas —siguio hablando mientras sacaba una botella de su chaqueta— tenias un novio igual de adinerado que tu, con un gran auto y... un reloj de oro, cosas asi, ¿estoy mal?

Hinata agachó la cabeza. Mi padre rio con fuerza y tomó un trago del sake.

–Solo te usa para... desafiar a sus padres y sentirse rebelde estando con un mal parido como tu, en unos meses se aburrira de ti y volverás a su vida de autos y relojes de oro.

–Eso... no es cierto —respondio, al borde de las lagrimas.

–Ya es suficiente, deja de ser un idiota —le regaño Naruto.

–Oh, por favor —exclamo mirando a Naruto por un momento— míralo, es un pobre idiota adicto a las drogas y sin futuro... como yo —finalizo con tristeza volviendo a beber del sake.

–Gaara ha dejado las drogas, el no será como tu.

En cuanto Hinata termino la frase, Rasa escupió el sake y comenzo a reirse maniaticamente, los chicos lo miraron confundidos, yo me tense al instante sabiendo ya lo que se vendria.

– ¡El no ha dejado nada! vamos hijo, muestrale tu brazo a tu novia —continúo riéndose.

Solté la mano de Hinata y me alejé unos centimetros, incapaz de mirarla a la cara.

–Un drogadicto reconoce a otro drogadicto.

Naruto maldijo y mencionó que era un idiota, Hinata se acerco y intento subir la manga de mi sudadera pero se lo impedi cogiéndole de las muñecas, continuó suplicandome que la dejara ver y pidiendome que dijera algo, que dijera que mi padre estaba mintiendo.

–Quiero irme —dijo, soltandose del agarre.

-–Hinata, dejame explicar-

–Gaara, dejala, sólo vámonos de aquí.

Mire a Rasa con odio, lo empujé haciendo que su botella cayera y se rompiera contra el piso, al darse cuenta de esto trato de golpearme pero alcance a esquivarlo, que estuviera ebrio y yo no lo hacia mas facil, lo golpeé dos veces con toda la fuerza que tenia y quedo tendido en el suelo.

–Maldito —dijo, tratando de levantarse, no se pudo a si mismo y volvió a caer.

Hinata estaba esperando junto al auto dandonos la espalda, Naruto se despidio y se fue junto Konohamaru a casa, ya camino al hospital Hinata estuvo mirando por la ventana, pude verla limpiándose las lágrimas un par de veces y volví a odiarme a mi mismo por ser el culpable de eso. El viaje fue incómodo y ninguno dijo algo en todo el camino, la rabia se apoderó de mi y al ver la calle vacía aprete a fondo el acelerador, esta vez Hinata si volteo a mirarme. Pase una luz roja a 100 km/h y seguia acelerando.

–Gaara, vas muy rapido.

La ignoré y seguí acelerando.

– ¡Gaara! —gritó en pánico.

El frenar fue brusco, vi a Hinata que respiraba agitadamente y mantenia sus ojos cerrados. Abrio la puerta del auto y comenzo a caminar. No dude en seguirla.

–Lo siento —dije.

Se volteó con la mano en alto y me abofeteo.

– ¡Siempre dices eso, pero nunca lo sientes de verdad!

–Eso no es...

Mi cara se giro hacía el otro lado por la bofetada.

– ¡Mentiroso! ¡Idiota! —gritó golpeándome el pecho y empujandome, su cara estaba empapada y cuando se cansó de golpearme siguió llorando apoyada en mi hombro, la abracé con fuerza tratando de reconfortarla.

–Te llevare de vuelta.

Durante los pocos minutos de viaje, siguio sin dirigirme la mirada, estacione a unos metros de la arboleda que tapaba la puerta de madera y salio sin mirar atras, esta vez dude si seguirla o no.

–A la mierda —sali apresurado del auto, cuando logré alcanzarla ya habia atravesado la puerta.

–Déjame sola, por favor.

–Enserio lo siento.

–Sigues... Traté de ayudarte, en serio traté. Y tú decidiste volver a lo mismo. Estoy cansada, Gaara, me hiciste creer que todo estaba bien.

–Soy un desastre —admití, me acerqué unos pasos a ella— también lo intenté, no lo entiendes, aun no entiendes que somos muy diferentes en todo sentido.

– ¿Y qué? Tomaste malas decisiones con esas personas hace años pero ellos ya no están, tus hermanos te aman, Gaara, ¿por que sigues haciendote eso? Necesitas dejar de castigarte.

–He estado en lo mismo por años, no es fácil. Tu estas aquí, en este hospital donde te pueden dar de lo mejor y yo estoy alla afuera, solo. Mis hermanos me aman, pero tienen una vida y no quiero que deje de ser así por tener que estar cuidando de mi.

Negó con la cabeza.

–Necesito ..., te quiero, mas de lo que crees, pero no puedo seguir así —limpio una lagrima que caia por su mejilla— aun me queda tratamiento y...

–No quieres verme más.

– ¡No puedo seguir viendo como te autodestruyes sin poder hacer nada! Robé por ti, desobedesco a mi padre cada vez que salgo de aquí y... Necesito tiempo, necesito ver por mi ahora, y espero... espero que tu hagas lo mismo.

Se acercó para besar mi mejilla y dio media vuelta hacia el hospital, esta vez no la seguí porque ella tenia razon, necesitamos tiempo para mejorar.

Pero eso no lo hacia menos doloroso, le di una patada a la puerta trasera del auto abollandola un poco. Conduje de vuelta a casa, enfurecido y sintiéndome un idiota por arruinar todo.

–Veo que a la princesa no le ha gustado nada mi revelación.

–Eres un maldito hijo de puta —solté mi odio contra el— ¿por que tuviste que decirle eso?

–Ella te dejó, ¿y qué? Sabias que pasaría algún dia —me empujó y caminó a la cocina.

Suspire recostandome en el sofá.

–Tal vez.

Volvió con dos latas de cerveza en cada mano, se sentó y me ofreció la cerveza sobrante, la recibí de mala gana.

–Habrán mas mujeres.

–Supongo.

Bebimos en silencio mirando fijamente el televisor que estaba sobre un pequeño mueble, con un gran agujero justo al medio.

– ¿Que le pasó al televisor? —pregunté.

–Creo que la pateé por que mi equipo de fútbol perdió y no gané una apuesta.

Lancé la lata vacia justo dentro del agujero y me hundí en el sofá, cerré los ojos aun con la imagen de Hinata pidiendome que nos alejaramos un tiempo, grabada en mi cabeza.

–Mírate, pareces un marica, sufriendo por una niña, ¡bah! No es la primera con la que estas, lo sé, eres un Sabaku.

–Eres insoportable, ¿lo sabes?

–Ahora dame las llaves del coche y vamonos a un bar, no hay mejor lugar para encontrar otra chica.

–Ni lo sueñes.

– ¡Por favor! Salgamos a divertirnos, padre e hijo —suplicó juntando las manos.

Chasqueé la lengua y saque las llaves de mi bolsillo, Rasa estiró su mano rápidamente pero alcancé a quitar las llaves de su alcance.

–No te aproveches.

Entramos a un lugar pequeño y sucio con poca iluminación, una mesa de pool al fondo y la mayoria de clientes eran tan viejos como Rasa. En resumen, el lugar era una mierda.

–Sirveme dos, para mi y mi hijo —exclamó dandome una palmada en la espalda.

–Vaya, es como ver una versión joven y menos jodida de ti.

Rasa fingió reírse para luego abalanzarse en la barra y tratar de agarrar al chico que era unos años mayor que yo. Supuse que se llevaban bien porque el chico se alejó y comenzó a burlarse.

– ¿Lleva identificación? —preguntó dejando las botellas en la barra.

–Tiene la edad suficiente, bocón.

Frunci el ceño al recordar cuando Rasa me animaba a beber junto a el cuando tenia diez años, eso explica muchas cosas sobre mi falta de moral algunas veces.

El tiempo pasó muy rápido cuando terminamos la quinta ronda y comenzamos con los tragos fuertes. Habian un par de chicas en el lugar, comentaron haberme visto varias veces en el barrio, respondí que en mi vida las habia visto o no lo recordaba.

Nos quedamos en el bar hasta que cerró, Rasa exclamó que era un dia importante de padre e hijo y que seguiríamos en casa, por lo que todos nos siguieron.

Las siguientes horas fueron bastante confusas, y no recuerdo la mayoría. En algún punto mas gente desconocida llegó y con ellos las drogas, de alguna manera siempre había algo que consumir, la mezclaba con hierba, tabaco o pastillas. Las inhalabamos, las tragabamos con vodka o las mezclabamos con heroína.

Sabía que estaba mal, había cruzado el límite nuevamente pero esta vez no lo hice solo, estaba con mi padre y eso era aún peor.

Me estaba convirtiendo en el aunque lo odiara, aunque arruinara nuestras vidas... y eso me hacia odiarme a mi mismo aún mas.

Quería mejorar, mas que nada. Pero una última dosis no me haría mal, solo una y la dejaría para siempre.

Bajé del mueble de la cocina donde me habia dormido por un rato, la luz del sol me cegó y cubrí mis ojos haciendo gesto de dolor, seguí buscando a Rasa entre la gente que estaba tirada por toda la casa.

Subí al segundo piso hasta su habitación, la puerta estaba abierta y se encontraba semidesnudo en su cama junto a una mujer, con una mueca de asco tomé sus pantalones del suelo hasta encontrar una pequeña bolsita transparente con pastillas de colores y cápsulas en su interior. Las guardé en mi pantalón y tomé la botella de sake del escritorio. Me encerré en mi habitación y saque tres pastillas de la bolsita, las tragué con sake y comencé a dar vueltas por el lugar para pensar en algo mientras las pastillas hacian efecto. Era gracioso que la casa donde crecí junto a mi madre ahora estuviera repleta de drogadictos como Rasa, como yo.

Ella debe estar muy decepcionada de mi, como lo debe estar Hinata si supiera lo que he estado haciendo.

Pero ¿por que haria eso?

Estoy bien, me estoy divirtiendo. No hay nada malo conmigo.

Me acosté al comenzar a sentir los efectos, giré mi vista a la ventana, viendo las hojas del arbol mecerse con el viento hasta que todo se volvio extraño.

– ¡Despierta, idiota! —una molesta voz me murmuraba con enojo.

Sentí como tiraban de mis pies hasta caer al suelo, mi cabeza rebotó y abrí los ojos con dificultad.

.

.

– ¿Que demon...

– ¡Son unos malditos aguafiestas, eso es lo que son, pequeños bastardos!

Luego de que todo dejara de ser borroso, reconocí a mis hermanos no muy felices de vernos, Rasa seguía diciendo lo molestos que eran.

– ¡Tu, imbecil, egoísta, inutil! —Temari lo golpeó con su abanico, Rasa se encogió cubriendose con sus manos— ¿estas loco? Arrastras a tu hijo contigo, eres un asco.

–Yo no lo arrast...

– ¡Y tu! —gritó, fijando su mirada en mi— ¡¿que haces aqui con el?! ¡¿En que estabas pensando?!

–Mirense, no pueden ni ponerse de pie.

Kankuro tiró con fuerza de mi brazo hasta que pude estar de pie por mi mismo, me afirmé de un mueble para no tambalearme.

–Solo fue una noche... no pasa nada —dije, lamiendo mis labios resecos.

– ¿Una noche? Gaara, has estado aquí una semana.

Parpadeé varias veces y miré a Rasa con confusión, comenzó a reir con delirio y reí tambien.

–Demonios... ¡eso esta jodido, una semana! —con sus manos en las rodillas siguió riendose y respirando con dificultad.

– ¡Cállate! —le advirtió Temari.

–Ya tranquilízate, hija. Ya sabes como dice el dicho...

Entrecerró los ojos y sonrió.

–Lo olvidé, pero era un buen dicho.

–Idiotas.

Fui arrastrado fuera de la casa por Kankuro, con brusquedad arregló mi chaqueta que colgaba de un hombro.

–Éstas congelado.

– ¿Donde me llevan? —apoyé mi cabeza en la ventana, estábamos en el centro de la ciudad.

–Al hospital, allí te desintoxicaran.

No tenía fuerzas para negarme. Me ayudaron a sentarme en la camilla, el doctor me miró y dijo estar decepcionado de volver a verme.

–Necesito que me digas que has estado consumiendo para proceder.

–No lo recuerdo.

–Pues esfuérzate -dijo Temari entre dientes.

–Metanfetamina, anfetaminas... Un montón de tranquilizantes, no lo sé.

–Sigue intentando —insistió el doctor.

–Cocaína... Heroína.

–Podemos asumir que estuviendo bebiendo también, ¿cierto?

Reí con sorna, gemi adolorido y llevé una mano a mi pecho.

– ¿Que le pasa? —preguntó Temari olvidando su enojo.

– ¿Cuantos años tienes, Gaara?

–Dieciséis.

–Necesito que me respondas con sinceridad, ¿hace cuanto consumes?

–Dos años.

– ¿Alguna preferencia?

Levanté mi brazo para que viera las pequeñas cicatrices y las recientes marcas de agujas, el doctor asintió.

–Respira hondo —ordenó amablemente con el estetoscopio en mi pecho.

Hice lo que se me ordenó, volví a gemir de dolor cuando el malestar en mi pecho volvió.

–Abre grande...—guardó todo en su bata y se dirigió a mis hermanos— Por los síntomas, puede que tenga una infección en las válvulas cardíacas, por eso el dolor en su pecho. Le haré unos exámenes para asegurarnos.

– ¿Puede darme algun sedante? Es bastante molesto.

–No mas drogas para ti, hijo.

– ¡Maldicion! —golpeé la cama con frustración, estaba comenzando a sentirme ansioso.

–Si mamá te viera así...

– No lo sabrías ¡porque esta muerta!

Me abofeteó con tanta fuerza que todo el lado derecho de mi cara ardía, cerré los ojos con fuerza intentando retener las lágrimas de dolor.

–No más... No más estupideces de 'yo puedo con esto solo' 'cuando quiera lo dejo', firmaras aquí sin protestar, ¿esta claro? —exclamó dejando un papel sobre mí.

– ¿Que es esto?

–Tu consentimiento para internarte —aclaró Kankuro.

– ¿Rehabilitacion? No, no. Solo llevenme a casa —dije intentando bajar de la camilla.

– ¿Por que nunca puedes quedarte en el hospital hasta que digan que puedes irte? —reclamó empujandome de vuelta a la camilla.

–No me gustan —me cubri con las sabanas al momento de sentir escalofríos.

–Escúchame, Gaara —Temari enterró sus dedos en mis mejillas obligándome a que la mirara— firmarás el consentimiento, te quedarás el tiempo necesario y volverás a clases para terminar la secundaria fresco como una lechuga, ¿entendido? No terminarás como Rasa, y te juro que haré lo necesario para que sea peor para ti la próxima vez que metas esa basura en tu cuerpo.

Tragué saliva y evité mirarla a los ojos, cuando queria era muy convincente y aterradora. Firmé el consentimiento y esperamos que el doctor volviera con los resultados, para mi cada minuto era mas lento, la ansiedad aumentaba junto con un nuevo síntoma; estaba comenzando a sudar.

Los exámenes revelaron endocarditis, una infección en las válvulas cardiacas. El doctor aclaró que si no fuera por mis hermanos, en una semana la infección sería tan grave que si no me operaban, moriría. Una enfermera llegó con una silla de ruedas para llevarme al área psiquiátrica, estaba comenzando a temblar.

– ¿No pueden darle algo? —pregunto Temari comenzando a desesperarse.

–En cuanto lleguemos a su habitación, no se preocupe, señorita —me senté en la silla y me encorve tapandome la cara con mis manos, me sentía como la mierda, quería volver a la calle y buscar algo con qué tranquilizarme.

El ascensor abrió sus puertas y nos adentramos en el cuarto piso del hospital, el área psiquiátrica. Me costaba respirar y pasé una mano por mi cabello.

–No, no puedo, lo siento —dije, bajando de la silla y volviendo al ascensor.

–Claro que puedes —Kankuro se posicionó frente a mi.

–Vuelva a la silla antes de que tenga que llamar a los enfermeros, por favor —habló amablemente la mujer.

–Necesito volver —empuje al castaño y escuché la voz de la mujer llamando por ayuda. Dos hombres me tomaron de cada brazo para arrastrarme a una habitación blanca lo mas alejada de la entrada, solo había una cama, un baño y ninguna ventana. Uuna enfermera llegó con una bandeja, en ella habian dos vasos pequeños, uno estaba lleno de agua y el otro traía una pastilla.

–Estará en aislamiento dos días o tres, el doctor le recetó metadona para que sea... Menos incómoda la desintoxicación.

–Estará bien, en un par de dias podrán volver a verlo —les aseguró la enfermera.

Me tape con las sabanas de la cama y cerré los ojos esperando que los escalofríos y temblores se detuvieran, o hasta poder quedarme dormido.

–Esto es lo mejor para ti, Gaara, te visitaremos en cuanto salgas de aislamiento —Temari acarició mi cabello con delicadeza y pude escucharla sollozar.

Las siguientes horas fueron una tortura, cuando la enfermera llegó por la mañana para entregarme el desayuno, le rogue que me dejara salir, que habia cometido un error y debia estar en el instituto porque le habia prometido a alguien que mejoraría.

La mujer me explicó que no tenia que preocuparme por mis clases, cuando saliera podría volver y no tendría problemas, no me convenció su respuesta y sali corriendo, el hombre trató de detenerme y lo golpee en la cara para seguir corriendo por el pasillo, un silbato alertó a los guardias y se abalanzaron sobre mi, intenté liberarme pero me ganaban en número.

– ¡Se lo prometí, sueltame, maldición!

Me lanzaron a la habitación y golpeé mi barbilla en el suelo.

Patee la puerta con fuerza, necesitaba salir de esa habitación, los dolores en mi cuerpo y los malditos temblores eran insoportables. Me paseaba por la habitación solo con los pantalones puestos, pegué mi frente a la pared y respire entrecortadamente.

–Hora de comer —habló alegremente la enfermera, acompañada de dos hombres— lo siento, Gaara, pero el incidente de ayer te ha dejado mal parado aquí.

– ¿Y eso que significa? —dije mirando la bandeja con comida, no tenia apetito.

–Significa que eres agresivo y estarás el doble de vigilado, vuelve a golpear a un guardia y estarás aquí hasta que termine tu rehabilitación —respondió uno de los hombres.

Bufé, en cuanto salieron lancé el vaso de agua contra la puerta y tiré el colchon de la cama al otro lado de la habitación, estaba furioso aunque sabía que tenia que seguir en este lugar, se lo prometí.

Con la medicina luego de un rato me sentía mejor, solo un poco. Comí una de las tostadas y jugué con el resto de la comida hasta que la enfermera volvió por la bandeja.

.

.

–Despierta, pelirrojo —gritó un guardia, parpadee y lo reconocí, lo habia golpeado la primera noche que estuve aquí.

–Por fin —dije, bostezando.

–Sólo han sido tres dias, niño.

Salimos de la habitación y me llevó hasta un baño amplio con duchas al fondo, una enfermera llegó casi al instante con ropa y zapatos. Era mi ropa, supuse que Temari la había dejado y las zapatillas eran las mismas que llevaba el día que llegué aquí.

–Tienes cinco minutos —fue lo unico que dijo el guardia antes de quedarse de brazos cruzados frente a mi.

Terminé de vestirme y me llevaron hasta una habitación con dos camas y dos cómodas, supuse que la mia era la que estaba vacía. La otra, al contrario, estaba repleta de fotos y revistas, como si el dueño llevara bastante tiempo aquí.

– ¡Haku! Ven aquí, muchacho.

Un chico de mi estatura se acercó al guardia y este le pidió que me mostrara el lugar, tenia una cara inocente, casi angelical.

–Soy Haku, ¿y tu eres?

–Gaara.

– ¿Acabas de llegar?

–Acabo de salir de aislamiento.

–Oh.

Me mostró el comedor y la sala de televisión, la cual no se podía usar por que había un tipo que se había apropiado de ella.

–Pero no es de gran importancia, solo hay canales de cocina y peliculas viejas.

En la sala de entretenimiento habia una mesa de ping pong, materiales de arte y instrumentos de música. La última era usada para juntas de alcohólicos anónimos y otras..

–Y eso es todo, bienvenido.

Asentí y volví sobre mis pasos hasta la habitación para intentar dormir, creo que mis ojeras han empeorado. Apenas apoyé mi cabeza en la almohada una de las enfermeras entró a la habitación avisando que era hora de cenar, chasquee la lengua y me tape hasta quedar cubierto completamente.

Apenas comenzaba mi rehabilitación y ya quería irme.