A/N: ¡Hola! Aquí me tenéis otra vez :) Siento haber tardado dos meses en volver a actualizar pero han pasado varias cosas. Por un lado la universidad ha sido super pesada y, entre trabajos y parciales, casi no he tenido tiempo de escribir nada... Por otro, no sabía bien bien que hacer con este capítulo. Es decir, quería que fuera algo un poco "oscuro" y serio, ya que es normal que volver a leer lo que han vivido afecte a los personajes. Pero al mismo tiempo me daba la sensacón de que quizás me estaba pasando o quizás me estaba quedando corta... En fin, que hubo algunas partes que volví a escribir varias veces y al final creo que ha quedado mejor de lo que tenía al principio. O sea que algo es algo hahah Y bueno, si después de todo este rollo no os habéis dormido quiero daros las gracias por vuestra paciencia y por las review, que me ayudan mucho cuando empiezo a dudar de mí misma... Dicho esto, espero que os guste el capítulo y buena lectura :)
Todo lo que está en negrita pertenece a J.K Rowling
Su madre seguía mirándola, dubitativa, pero Ginny extendió la mano en dirección a Harry con decisión.
-El libro, por favor.
El chico se lo dio, con orgullo en la mirada y Ginny supo, en el momento de coger el tomo entre sus manos, que había tomado la decisión correcta. Por extraño que pareciera se sentía más segura, sabiendo que era ella la que leía.
-Vale, bien-empezó Ginny-. Vamos allá. Capítulo ocho: "El cumpleaños de muerte".
Llegó octubre y un frío húmedo se extendió por los campos y penetró en el castillo. La señora Pomfrey, la enfermera, estaba atareadísima debido a una repentina epidemia de catarro entre profesores y alumnos.
Todos escucharon en silencio mientras Ginny leía, sin querer interrumpirla. Incluso los que no sabían nada de lo sucedido eran conscientes de que aquel era un momento importante. Podían verlo en el rostro de la muchacha, en el ceño fruncido por la concentración y en el esfuerzo que se notaba en su voz para evitar que ésta temblase.
Su poción Pepperup tenía efectos instantáneos, aunque dejaba al que la tomaba echando humo por las orejas durante varias horas.
Harry, todavía observando a Ginny con orgullo en sus facciones, recordó durante un instante lo raro que le había parecido aquello la primera vez que lo vio. Luego su atención volvió a centrarse en su amiga y en lo que se estaba leyendo.
Como Ginny Weasley tenía mal aspecto, Percy le insistió hasta que la probó. El vapor que le salía de debajo del pelo producía la impresión de que toda su cabeza estaba ardiendo.
La señora Weasley cerró los ojos con fuerza y apretó la mano de su marido. Le dolía oír como la voz de Ginny había temblado levemente al leer aquel fragmento. La chica sabía que su mal aspecto no tenía nada que ver con estar enferma y todos los demás (menos Sirius, Remus y Tonks), también.
Gotas de lluvia del tamaño de balas repicaron contra las ventanas del castillo durante días y días; el nivel del lago subió, los arriates de flores se transformaron en arroyos de agua sucia y las calabazas de Hagrid adquirieron el tamaño de cobertizos.
Dumbledore sonrió ligeramente al recordar lo orgulloso que Hagrid había estado de sus calabazas. El viejo mago estaba tratando de distraer su mente de la cruda realidad; que era en parte su culpa que la Cámara de los Secretos hubiese sido abierta y que, en consecuencia, Ginny hubiera sufrido de esa manera. Él era el director de Hogwarts y debía de haber encontrado el modo de proteger a sus alumnos y evitar que aquello sucediera.
El entusiasmo de Oliver Wood, sin embargo, no se enfrió, y por este motivo Harry, a última hora de una tormentosa tarde de sábado, cuando faltaban pocos días para Halloween, se encontraba volviendo a la torre de Gryffindor, calado hasta los huesos y salpicado de barro.
-Merlín…suspiró Sirius, siendo el primero en hablar desde que Ginny comenzase el capítulo-. Eso es tener sentir pasión por algo, ¿eh?
Casi todos estaban tan centrados en la lectura que ni le oyeron pero los que sí que lo hicieron asintieron levemente. Harry fue uno de ellos y, aunque apreciaba el intento de rebajar la tensión, sabía que era inútil. No iba a poder calmarse hasta que acabaran de leer aquel capítulo o, al menos, hasta que los ojos de Ginny hubieran recuperado su brillo.
Aunque no hubiera habido ni lluvia ni viento, aquella sesión de entrenamiento tampoco habría sido agradable. Fred y George, que espiaban al equipo de Slytherin, habían comprobado por sí mismos la velocidad de las nuevas Nimbus 2.001.
Los gemelos asintieron al mismo tiempo; lo recordaban bien.
Dijeron que lo único que podían describir del juego del equipo de Slytherin era que los jugadores cruzaban el aire como centellas y no se les veía de tan rápido como volaban.
Una muestra de lo nerviosos que se encontraban todos fue que nadie hizo ningún comentario al respecto. Perder contra Slytherin parecía una tontería en comparación.
Harry caminaba por el corredor desierto con los pies mojados, cuando se encontró a alguien que parecía tan preocupado como él. Nick Casi Decapitado,
-Me cae muy bien-dijo Ginny, pausando la lectura. Luego respiró hondo y continuó hablando-. De acuerdo, escuchadme un segundo, por favor.
Los demás se la quedaron mirando con curiosidad, pendientes de lo que fuera a decir.
-Sé que todos estáis en silencio para intentar ayudarme y que esto-gesticuló en dirección al libro- acabe antes. Pero, aunque os lo agradezco, tampoco quiero que os censuréis por mí o algo así. Cuando llegue el momento ya me pondré nerviosa, pero mientras solo tenga que leer sobre entrenos de Quidditch o Nick Casi Decapitado está bien… Así que, adelante, comentad lo que queráis-terminó, con una fugaz sonrisa.
Por un instante el brillo volvió a su mirada.
Aunque breve, fue la señal que Harry estaba esperando y la que necesitaba. Nada más verlo el nudo en su garganta dejó de estar tan apretado.
-Está bien, cielo-oyó que decía la señora Weasley-, si de verdad no te importa…
-No lo hace. Es más, me relaja-le aseguró Ginny antes de seguir leyendo. La tensión seguía instalada en sus facciones, pero al menos podía respirar mejor que al principio del capítulo.
el fantasma de la torre de Gryffindor, miraba por una ventana, murmurando para sí: «No cumplo con las características... Un centímetro... Si eso...».
-¿De qué habla?-preguntó inmediatamente Sirius, quien parecía haberse tomado muy en serio lo dicho por Ginny.
—Hola, Nick —dijo Harry.
—Hola, hola —respondió Nick Casi Decapitado, dando un respingo y mirando alrededor.
Llevaba un sombrero de plumas muy elegante sobre su largo pelo ondulado, y una túnica con gorguera, que disimulaba el hecho de que su cuello estaba casi completamente seccionado.
La nariz de la señora Weasley se arrugó con disgusto.
Tenía la piel pálida como el humo, y a través de él Harry podía ver el cielo oscuro y la lluvia torrencial del exterior.
—Parecéis preocupado, joven Potter —dijo Nick, plegando una carta transparente mientras hablaba, y metiéndosela bajo el jubón.
Hermione se tragó sus ganas de preguntar sobre qué pasaba con los objetos materiales al entrar en contacto con los fantasmas. Esa carta debió de ser sólida en algún momento y, quizás al ser tocada por Nick, se había vuelto transparente como él. Hizo una nota mental para buscar sobre aquello cuando tuviera tiempo. Ya que una cosa era que a Ginny no le importasen unos cuantos comentarios, y otra muy diferente que tuviera lugar una conversación sobre aquel tema durante varios minutos.
—Igual que usted —dijo Harry.
—¡Bah! —Nick Casi Decapitado hizo un elegante gesto con la mano—, un asunto sin importancia... No es que realmente tuviera interés en pertenecer... aunque lo solicitara, pero por lo visto «no cumplo con las características».
-¿De qué está hablando?-volvió a preguntar Sirius.
-Ahora lo dirá-le aseguró Harry.
A pesar de su tono displicente, tenía amargura en el rostro.
Pero cualquiera pensaría, cualquiera —estalló de repente, volviendo a sacar la carta del bolsillo—, que cuarenta y cinco hachazos en el cuello dados con un hacha mal afilada
-Oh, por Merlín-dijo Ron, asqueado-. Le hace a uno preguntarse quién tiene la fuerza o el tiempo suficiente como para dar cuarenta y cinco hachazos.
Los labios de Hermione se curvaron con diversión mientras que Harry esbozó una pequeña sonrisa.
serían suficientes para permitirle a uno pertenecer al Club de Cazadores Sin Cabeza.
-¿Hay un club que se llama así?-preguntó Sirius con sorpresa y comprendiendo el enfado de Nick.
-Supongo que estará formado completamente por fantasmas- dijo George, sonriendo con sarcasmo.
Fred no vio la sonrisa y se llevó una mano a la frente, suspirando con exasperación.
-Sí, creo que podemos hacer esa suposición.
-Ya lo sé- se defendió el muchacho-, era una broma.
-Lo que tú digas, hermano.
Fue tan cómica la expresión de indignación en el rostro de George al ser acallado de aquel modo, que Fred no pudo evitar reír.
—Desde luego —dijo Harry, que se dio cuenta de que el otro esperaba que le diera la razón.
—Por supuesto, nadie tenía más interés que yo en que todo resultase limpio y rápido, y habría preferido que mi cabeza se hubiera desprendido adecuadamente, quiero decir que eso me habría ahorrado mucho dolor y ridículo.
-Supongo…-murmuró Ron pasándose una mano por el cuello, todavía impresionado con lo de los cuarenta y cinco hachazos.
Sin embargo... —Nick Casi Decapitado abrió la carta y leyó indignado:
Sólo nos es posible admitir cazadores cuya cabeza esté separada del correspondiente cuerpo.
-Vaya-dijo el señor Weasley-, supongo que hay discriminación incluso en el mundo de los fantasmas, ¿eh?
-Qué triste…-repuso Tonks.
Comprenderá que, en caso contrario, a los miembros del club les resultaría imposible participar en actividades tales como los Juegos malabares de cabeza sobre el caballo o el Cabeza Polo.
-Tiene sentido-dijo Remus-. Pero aun así podrían aceptarle y que él no jugase a esos juegos.
-Cierto…-asintió Tonks.
Snape tuvo que hacer un gran esfuerzo para no soltar un suspiro de cansancio. Estaba harto de tener que leer sobre aquellas estupideces. ¿A quién le importaba si el fantasma de Gryffindor no había conseguido entrar en un maldito club? Podría estar invirtiendo su tiempo en algo mucho más productivo en la lucha contra el Señor Oscuro, en vez de escuchar las inútiles aventuras de Potter. Pero claro, pensó, cuando a Dumbledore se le metía algo en la cabeza era difícil hacerle cambiar de opinión. Además, sabía que la niña Weasley estaba pasando por un momento delicado y, contrario a la opinión popular, Snape no era tan desalmado como para alargar su sufrimiento empezando una pelea. "Quizás en el próximo capítulo", reflexionó.
Lamentándolo profundamente, por tanto, es mi deber informarle de que usted no cumple con las características requeridas para pertenecer al club. Con mis mejores deseos, Sir Patrick Delaney-Podmore
Indignado, Nick Casi Decapitado volvió a guardar la carta.
—¡Un centímetro de piel y tendón sostiene la cabeza, Harry!
Al imaginarlo, la mayoría de los presentes contrajo la cara en una mueca de asco.
La mayoría de la gente pensaría que estoy bastante decapitado,
-Sí, sí que lo estás-aseguró Ron, recordando la impresión que le dio ver a Nick por primera vez.
pero no, eso no es suficiente para sir Bien Decapitado-Podmore.
Nick Casi Decapitado respiró varias veces y dijo después, en un tono más tranquilo:
—Bueno, ¿y a vos qué os pasa? ¿Puedo ayudaros en algo?
—No —dijo Harry—. A menos que sepa dónde puedo conseguir siete escobas Nimbus 2.001 gratuitas
-Ojalá… -dijo Sirius después de soltar una pequeña carcajada.
para nuestro partido contra Sly…
El resto de la frase de Harry no se pudo oír
Ginny se puso en tensión durante un instante, esperando que no hubiese llegado ya el momento de la abertura de la Cámara.
porque la ahogó un maullido estridente que llegó de algún lugar cercano a sus tobillos. Bajó la vista y se encontró un par de ojos amarillos que brillaban como luces. Era la Señora Norris,
El suspiro de alivio que dejó ir la muchacha contrastó con las expresiones de espanto que soltaron los demás.
-Vete de ahí rápido-le aseguró Fred-. Lo único que trae esa gata son problemas.
-Cierto-asintió Sirius-. Filch encontrará algún modo de ponerte un castigo, aunque no hayas hecho nada.
-Gracias, pero llevo cinco años en Hogwarts; ya sé todo lo que me estáis contando- dijo Harry con diversión, casi había olvidado lo que iban a leer en los minutos siguientes-. Por no mencionar que esto pasó hace tres años.
-Ya, ya-dijeron Fred y Sirius al unísono, sin hacerle caso, centrados en la lectura.
la gata gris y esquelética que el conserje, Argus Filch, utilizaba como una especie de segundo de a bordo en su guerra sin cuartel contra los estudiantes.
-Si lo piensas seriamente es algo bastante patético, esa guerra.
-Tienes toda la razón, Remus-asintió el señor Weasley-. No debe de tener demasiado que hacer…
—Será mejor que os vayáis, Harry —dijo Nick apresuradamente—. Filch no está de buen humor. Tiene gripe y unos de tercero, por accidente, pusieron perdido de cerebro de rana el techo de la mazmorra 5; se ha pasado la mañana limpiando, y si os ve manchando el suelo de barro...
-Ay, madre-dijo Sirius-. Vete volando de ahí.
-No te hagas ilusiones-le advirtió Tonks-, con la suerte que tiene Harry le pillarán seguro.
-¡Eh!- empezó el muchacho, queriendo replicar. Pero no dijo nada más ya que en el fondo sabía que tenía razón.
—Bien —dijo Harry, alejándose de la mirada acusadora de la Señora Norris.
Pero no se dio la prisa necesaria. Argus Filch penetró repentinamente por un tapiz que había a la derecha de Harry,
-Oh, genial…- bufó Sirius.
Casi todos los demás se unieron a sus quejas.
-¿Decías algo, Harry?-le sonrió Tonks, haciendo que el chico se sonrojase.
llamado por la misteriosa conexión que parecía tener con su repugnante gata, a buscar como un loco y sin descanso a cualquier infractor de las normas. Llevaba al cuello una gruesa bufanda de tela escocesa, y su nariz estaba de un color rojo que no era el habitual.
-¿Está constipado?-preguntó Remus.
George hizo una mueca.
-Pues eso no vaya a ayudar a Harry para nada.
El muchacho sonrío para sí mismo al recordar cómo se había librado de aquella.
—¡Suciedad! —gritó, con la mandíbula temblando y los ojos salidos de las órbitas, al tiempo que señalaba el charco de agua sucia que había goteado de la túnica de quidditch de Harry—. ¡Suciedad y mugre por todas partes! ¡Hasta aquí podíamos llegar! ¡Sígueme, Potter!
-Ay, madre…-murmuró Hermione.
-Si he de ser sincera-repuso Molly-, lo cierto es que fastidia bastante cuando después de haber limpiado algo te lo ensucian. Y más si te encuentras mal o estás enfermo.
-Es verdad…-dijo Arthur.
-Aunque, bueno, siempre se puede volver a limpiar con un toque de varita-dijo la señora Weasley con positivismo. Entonces se dio cuenta de algo.- Esperad un segundo, creo que nunca he visto a Filch hacer eso.
-¿El qué?-preguntó Tonks.
-Limpiar algo con magia. O hacer magia, simplemente.
-¡Es verdad!-dijo de pronto Sirius-. ¿Será posible…? ¿Creéis que el viejo de Filch es un squib?-bajo el volumen de su voz al pronunciar la última palabra.
Harry, Ron y Hermione, que lo sabían a ciencia cierta, no dijeron nada.
-Es bastante probable-asintió Tonks-. Bueno, sigamos leyendo a ver si estos tres lo descubren-añadió con sospecha al ver el rostro de los alumnos.
Ron y Harry sonrieron, pero Hermione se quedó pensativa durante un instante. No le gustaba el modo que tenían los magos de hablar sobre la gente squib.
Así que Harry hizo un gesto de despedida a Nick Casi Decapitado y siguió a Filch escaleras abajo, duplicando el número de huellas de barro.
Harry no había entrado nunca en la conserjería de Filch. Era un lugar que evitaban la mayoría de los estudiantes,
-Y con razón-dijeron los gemelos a la vez.
una habitación lóbrega y desprovista de ventanas, iluminada por una solitaria lámpara de aceite que colgaba del techo, y en la cual persistía un vago olor a pescado frito.
-Qué sitio más lúgubre…- murmuró el señor Weasley.
En las paredes había archivadores de madera. Por las etiquetas, Harry imaginó que contenían detalles de cada uno de los alumnos que Filch había castigado en alguna ocasión. Fred y George Weasley tenían para ellos solos un cajón entero.
-¡Chicos!-exclamó Molly.
Los gemelos hicieron un gran esfuerzo por parecer inocentes.
-Pero, mamá… Ya lo has oído. A Harry le ha puesto un castigo por hacer nada. ¡Y hace lo mismo con nosotros!
-¿Vosotros creéis que vuestra madre es idiota?
-… ¿No?-fue la respuesta de Fred tras pensarlo un instante.
Aquella vacilación hizo que el trio de oro y Ginny sonrieran disimuladamente.
-Lo que creemos-acudió George al rescate- es que nuestra madre es demasiado lista como para dejarse engañar por nosotros. Pero también es muy buena y nos quiere tanto que no nos va a echar la bronca… ¿Verdad?-terminó mirándola con inocencia.
La señora Weasley suspiró y se pasó una mano por la cara. Cuando pudieron verle el rostro de nuevo, se dieron cuenta de que sonreía, aunque parecía hacerlo en contra de su voluntad.
-Tenéis suerte de que sí que lo sea-dijo finalmente.
Los gemelos chocaron la mano disimuladamente mientras George decía:
-Tienes toda la razón, somos muy afortunados de tener a una madre tan genial como tú.
-Vale, vale, ya vale-sonrió más ampliamente Molly-. Los halagos me gustan pero demasiados no son creíbles. Continúa leyendo, cielo-añadió en dirección a Ginny.
La chica, quien todavía sonreía, asintió y siguió por donde lo había dejado.
Detrás de la mesa de Filch, en la pared, colgaba una colección de cadenas y esposas relucientes. Todos sabían que él siempre pedía a Dumbledore que le dejara colgar del techo por los tobillos a los alumnos.
-Este hombre está enfermo-dijo Tonks con seguridad.
-Con todo el respeto, director-dijo Arthur-, no sé cómo puede seguir trabajando en Hogwarts, tan cerca de los niños.
Dumbledore no dijo nada durante unos instantes.
-Veamos…-empezó-, es cierto que Argus no es la persona más amable ni … cuerda del mundo. Pero lleva muchos años trabajando aquí y hace bien su trabajo. Y, por supuesto, sabe que no puede hacer nada parecido a encadenar a los alumnos, aunque siempre hable de ello. Y por último… digamos que siempre he sentido cierta debilidad por las personas como el señor Filch. No tiene a nadie más que a la señora Norris y estando en Hogwarts es, a su manera, feliz. No le voy a quitar eso.
Todos asintieron lentamente, procesando las palabras del director.
Filch cogió una pluma de un bote que había en la mesa y empezó a revolver por allí buscando pergamino.
—Cuánta porquería —se quejaba, furioso—: mocos secos de lagarto silbador gigante..., cerebros de rana..., intestinos de ratón... Estoy harto... Hay que dar un escarmiento...
-Da tantos escarmientos como tú quieras, pero no a Harry-dijo rápidamente Sirius, haciendo sonreír a su ahijado.
¿Dónde está el formulario? Ajá...
Encontró un pergamino en el cajón de la mesa y lo extendió ante sí, y a continuación mojó en el tintero su larga pluma negra.
—Nombre: Harry Potter. Delito: ...
Ron puso los ojos en blanco.
-"Delito"… Que exagerado.
—¡Sólo fue un poco de barro! —dijo Harry.
—Sólo es un poco de barro para ti, muchacho, ¡pero para mí es una hora extra fregando! —gritó Filch. Una gota temblaba en la punta de su protuberante nariz—. Delito: ensuciar el castillo. Castigo propuesto: ...
-¿Uno leve?-propuso Tonks sin mucha convicción.
Secándose la nariz, Filch miró con desagrado a Harry, entornando los ojos. El muchacho aguardaba su sentencia conteniendo la respiración. Pero cuando Filch bajó la pluma, se oyó un golpe tremendo en el techo de la conserjería, que hizo temblar la lámpara de aceite.
-¿Qué ha pasado?-dijo rápidamente Sirius, creyendo que ya era el momento de leer lo que Ginny temía.
—¡PEEVES! —bramó Filch, tirando la pluma en un acceso de ira—. ¡Esta vez te voy a pillar, esta vez te pillo!
Y, olvidándose de Harry, salió de la oficina corriendo con sus pies planos y con la Señora Norris galopando a su lado.
-Oh, gracias a Merlín-respiró Sirius-. Ahora vete corriendo de ahí.
Hermione sacudió la cabeza con energía.
-No creo que sea buena idea. Harry no es exactamente alguien de quien Filch se vaya a olvidar. Si se escapa ahora, volverá a por él cuando menos se lo espere y le pondrá un castigo peor.
-Estoy con Hermione.
-Yo igual, Tonks-la apoyó el señor Weasley.
-Oh, bueno, yo soy más un "corre-primero-y-preocúpate-después" tipo de persona-sonrió Sirius-. Pero veamos qué pasa.
Peeves era el poltergeist del colegio, burlón y volador, que sólo vivía para causar problemas y embrollos. A Harry, Peeves no le gustaba en absoluto, pero en aquella ocasión no pudo evitar sentirse agradecido. Era de esperar que lo que Peeves hubiera hecho (y, a juzgar por el ruido, esta vez debía de haberse cargado algo realmente grande) sería suficiente para que Filch se olvidase de Harry.
-Esperemos-coincidió Remus.
Pensando que tendría que aguardar a que Filch regresara, Harry se sentó en una silla apolillada que había junto a la mesa. Aparte del formulario a medio rellenar, sólo había otra cosa en la mesa: un sobre grande, rojo y brillante con unas palabras escritas con tinta plateada.
-Oh, no… Harry, no lo hagas-le advirtió la señora Weasley.
Sirius y los gemelos se la quedaron mirando como si le hubieran salido dos cabezas.
-¡Mamá! ¿El correo de Filch abierto delante de sus narices y sin supervisión? Habría que estar loco para no hacerlo.
-"Habría que estar loco" para hacerlo-le corrigió su madre, haciendo que Fred sacudiera la cabeza.
-Si queréis saber si lo va a leer o no, será mejor que me dejéis leer a mí-les dijo Ginny.
-Cierto, continúa-asintió su hermano.
Tras echar a la puerta una fugaz mirada para comprobar que Filch no volvía en aquel momento, Harry cogió el sobre y leyó:
«EMBRUJORRÁPID» Curso de magia por correspondencia para principiantes.
Todos escucharon con atención, aquello era muy extraño.
-¿Fue Filch expulsado de Hogwarts y por eso no sabe hacer magia?-preguntó Tonks-. Bueno, ¿sabes qué? Continúa leyendo, ya lo averiguaremos.
Intrigado, Harry abrió el sobre y sacó el fajo de pergaminos que contenía. En la primera página, la misma escritura color de plata con florituras decía:
¿Se siente perdido en el mundo de la magia moderna? ¿Busca usted excusas para no llevar a cabo sencillos conjuros? ¿Ha provocado alguna vez la hilaridad de sus amistades por su torpeza con la varita mágica? ¡Aquí tiene la solución! «Embrujorrápid» es un curso completamente nuevo, infalible, de rápidos resultados y fácil de estudiar. ¡Cientos de brujas y magos se han beneficiado ya del método «Embrujorrápid»!
-Igual sí que tenías razón, Tonks-dijo Remus cuando Ginny paró de leer para tomar aire.
-Quizás…-asintió la auror-. Aunque la teoría de que sea un squib de Sirius también es posible.
Sirius se pasó una mano por la barbilla, pensativo.
-Sea como sea, lo que sí es seguro es que Filch no sabe hacer magia. Y me imagino que ello debe de haber influido en su odio a los alumnos.
-Pues creo que has dado en el clavo, Canuto. Debe de ser bastante malo pasarse los años viendo como generación tras generación de magos van a la escuela y aprenden mientras tú te dedicas a limpiar todo lo que ensucian…
-Visto así suena bastante horrible y deprimente-murmuró Hermione. Imaginarse en aquella situación le ponía los pelos de punta-. En parte no me extraña que esté tan amargado.
-No le justifiques-intervino Sirius-. Hagrid tampoco sabe hacer demasiada magia y se pasa el día rodeado por alumnos y es totalmente opuesto a Filch. Es solo culpa suya que este tan solo.
-Sí…-suspiró Hermione-. Supongo que tienes razón.
La señora Z. Nettles, de Topsham, nos ha escrito lo siguiente: «¡Me había olvidado de todos los conjuros, y mi familia se reía de mis pociones! ¡Ahora, gracias al curso "Embrujorrápid", soy el centro de atención en las reuniones, y mis amigos me ruegan que les dé la receta de mi Solución Chispeante!»
La señora Weasley puso los ojos en blanco.
-Suena falso.
El brujo D.J Prod, de Didsbury escribe «Mi mujer decía que mis encantamientos eran una chapuza, pero después de seguir durante un mes su fabuloso curso Embrujorrápid, ¡la he convertido en una vaca! Gracias Embrujorrápid».
-¿Gracias por qué?-preguntó Ron-. ¿Por ayudarte a destrozar tu matrimonio?
-Pues parece que sí…-dijo Hermione-. Aunque no entiendo la gente que está con una persona de este modo. Es decir, la mujer insultaba a sus hechizos y el marido va y la convierte en una vaca-sacudió la cabeza-. Sinceramente, ¿por qué quieren estar casados si ni se respetan el uno al otro?
-¡Exacto!-dijo Ron con energía-. Yo tampoco lo entiendo. Vamos a ver, si vas a estar con alguien es porque estás a gusto con esa persona y la aprecias, ¿no? Y claro, una cosa es pelear en plan broma como hacemos nosotros y otra…-se calló de pronto, consciente de que su subconsciente le había traicionado.
Hermione se le quedó mirando, un tanto sonrojada, pero con un brillo extraño en su mirada.
-Yo… Eh… Quiero decir… No me refería a que nosotros estuviéramos casados ni nada. Es solo que… eh… Nosotros nos peleamos, pero sabemos que hay líneas que no se han de cruzar y… Mm… Tampoco nos enfadamos tanto como antes y, además, es parte de nuestra, digamos, amistad y…
Su amiga, que poco a poco había ido recobrando la compostura, decidió sacarle del lío en el que se había metido él solo.
-Te he entendido, Ronald-sonrió-. No hace falta que te expliques.
-Bien, de acuerdo. Bien-dijo el muchacho, después de aclararse la garganta.
Ginny, con diversión en su mirada y más contenta de lo que había estado desde hacía varios minutos, retomó la lectura.
Extrañado, Harry hojeó el resto del contenido del sobre. ¿Para qué demonios quería Filch un curso de Embrujorrápid? ¿Quería esto decir que no era un mago de verdad? Harry leía «Lección primera: Cómo sostener la varita. Consejos útiles», cuando un ruido de pasos arrastrados le indicó que Filch regresaba.
La sonrisa que había en el rostro de Sirius a causa de la conversación entre Ron y Hermione, desapareció en un instante.
-Maldición-murmuró-, date prisa.
Metiendo los pergaminos en el sobre, lo volvió a dejar en la mesa y en aquel preciso momento se abrió la puerta. Filch parecía triunfante.
-Uf, menos mal-respiró la señora Weasley-. Esto no habría pasado si no hubieras cedido a tu curiosidad, Harry. Pero entiendo que la tentación era muy grande.
Harry, que había agachado un poco la cabeza al oír aquel intento de reprimenda, sonrió con esa última frase. La señora Weasley le conocía muy bien.
Snape, que había escuchado aquel intercambio, tuvo que morderse la lengua para no hacer un comentario. La curiosidad de Potter le recordaba a Lily, pero cuando era el chico quien la exhibía, no le parecía una buena cualidad. El profesor de Pociones había vivido en sus propias carnes lo entrometido que Potter podía llegar a ser. No le hacía falta pensar demasiado para encontrar el primer ejemplo: la intrusión del chico en sus memorias. Aquel recuerdo era uno que a Snape aún le escocía y enfurecía.
—¡Ese armario evanescente era muy valioso! —decía con satisfacción a la Señora Norris—. Esta vez Peeves es nuestro, querida.
Sus ojos tropezaron con Harry y luego se dirigieron como una bala al sobre de Embrujorrápid que, como Harry comprendió demasiado tarde, estaba a medio metro de distancia de donde se encontraba antes.
-Oh…-dijo Tonks, sin poder evitar sonreír-. Sé que te vas a meter en un lío, pero es bastante gracioso.
-Es lo que yo llamo "típico de Harry"-bromeó Ron, mirándole con diversión.
-¡Eh!
-Vamos, Harry, has de admitir que eso es algo muy tuyo-se unió Hermione-. Te fijas en los más mínimos detalles y las cosas más obvias las pasas por alto.
-Bueno, bueno, ya vale-intervino Ginny-. Deberíamos seguir leyendo.
Harry le sonrió.
-Gracias. ¡Por fin alguien me defiende!
-En realidad…-empezó la muchacha, mirándole con picardía-. Solo quiero seguir para saber en qué más líos te vas a meter.
Ante aquello, Harry levantó las manos al aire dramáticamente y puso cara de dolor, haciendo que sus amigos rieran.
-Ahora en serio-volvió a hablar Ginny-, creo que deberíamos seguir.
La cara pálida de Filch se puso de un rojo subido. Harry se preparó para acometer un maremoto de furia. Filch se acercó a la mesa cojeando, cogió el sobre y lo metió en un cajón.
Todos se pusieron serios en un instante. Aunque era gracioso leer sobre loserrores de Harry, ninguno podía olvidar que aquello había sucedido de verdad y que Filch no era precisamente la persona más estable.
—¿Has... lo has leído? —farfulló.
—No —se apresuró a mentir.
El señor Weasley se mordió el labio.
-No creo que cuele-dijo en voz baja.
Filch se retorcía las manos nudosas.
—Si has leído mi correspondencia privada..., bueno, no es mía..., es para un amigo..., es que claro..., bueno pues...
-Está realmente avergonzado-se sorprendió Remus.
-Y, ¿qué esperabas?
-Espera, Canuto, esto puede ser bueno. O muy malo… Pero esperemos que no.
-¿De qué hablas?
-Ya verás. Espero-añadió en voz más baja.
Harry lo miraba alarmado; nunca había visto a Filch tan alterado. Los ojos se le salían de las órbitas y en una de sus hinchadas mejillas había aparecido un tic que la bufanda de tejido escocés no lograba ocultar.
"Qué imagen más horrible", pensó Fred con un escalofrío.
—Muy bien, vete... y no digas una palabra... No es que..., sin embargo, si no lo has leído... Vete, tengo que escribir el informe sobre Peeves... Vete...
-¿Qué?-preguntaron los gemelos a la vez, sin podérselo creer.
Remus sonrío para sí mismo, contento de haber acertado en su suposición. Sirius lo vio y le empezó a zarandear del hombro, con la boca medio abierta en una sonrisa incrédula.
-Eres un genio, Lunático, un genio.
Lupin le sonrió de vuelta.
-Ha sido solo un poco de intuición y suerte.
-Ha sido habilidad, amigo mío-replicó el animago liberándole el hombro por fin, no sin antes darle unos golpecitos en el pecho-. Ah, casi había olvidado estos momentos que dieron lugar a tu mote.
-¿Le llamasteis Lunático por cosas así?
Sirius y Remus asintieron en dirección a Harry.
-A parte de por otros motivos evidentes-sonrió su padrino-. Pero sí, Remus tiene una especie de don para juzgar a las personas. A veces es capaz de predecir que va a decir o hacer basándose en su expresión corporal o cosas así.
-Alucinante-dijeron los gemelos con admiración.
-Lo cierto es que tiene una…. Explicación-dijo Lupin, vacilando durante un instante. La luz que momentos antes se encontraba en sus ojos había desaparecido-. Veréis, los hombre-lobo tienen… Tenemos… Como un sentido extra. Es útil y divertido cuando se usa para esta clase de cosas, pero… Lo cierto es que su verdadera función sirve para identificar a las "presas"-dijo rodando los ojos y sacudiendo la cabeza tratando de ocultar un escalofrío-. Da información sobre que van a hacer a continuación, si son astutas, si son rápidas, si van a atacar…-sonrió con ironía-. Solía enorgullecerme de ello. Hasta que descubrí de donde me venía.
El humor de la Sala parecía haber decaído en tan solo unos instantes.
-Bueno-dijo Tonks, rompiendo el silencio-, yo creo que mientras lo utilices para cosas buenas, graciosas o útiles, es algo de lo que sentirse orgulloso. Al final las cosas son lo que tú haces de ellas. Un chuchillo puede servir para hacer daño a alguien o para alimentar a una persona. La elección es de cada uno.
Remus inspiró profundamente y luego dejó ir el aire poco a poco.
-Tienes razón-dijo con una pequeña sonrisa, apretándole la mano-. Y siento haberos distraído tanto con esto. Venga, continuemos leyendo.
Asombrado de su buena suerte, Harry salió de la conserjería a toda prisa, subió por el corredor y volvió a las escaleras. Salir de la conserjería de Filch sin haber recibido ningún castigo era seguramente un récord.
-Te lo puedo asegurar-sonrió George.
—¡Harry! ¡Harry! ¿Funcionó?
Nick Casi Decapitado salió de un aula deslizándose. Tras él, Harry podía ver los restos de un armario grande, de color negro y dorado, que parecía haber caído de una gran altura.
—Convencí a Peeves para que lo estrellara justo encima de la conserjería de Filch —dijo Nick emocionado—; pensé que eso le podría distraer.
-¡Brillante!-exclamaron los gemelos con asombro.
-Es una lástima que ya no estemos en Hogwarts, Fred, podríamos haber utilizado a los fantasmas de cuando en cuando.
-Nada de eso-les advirtió Molly. Un segundo después su mirada se posó en Ginny y Ron-. Y vosotros ni penséis en ello.
-¿Pensar en qué?-se hizo la inocente Ginny, mientras Ron sonreía disimuladamente.
—¿Ha sido usted? —dijo Harry, agradecido—. Claro que funcionó, ni siquiera me van a castigar. ¡Gracias, Nick!
Se fueron andando juntos por el corredor. Nick Casi Decapitado, según notó Harry, sostenía aún la carta con la negativa de sir Patrick.
-Le debió de afectar bastante, ¿eh?-dijo Sirius, todavía algo alicaído de lo dicho por Remus segundos antes.
-Así fue-le confirmó Dumbledore, hablando por primera vez en mucho rato-. Creo recordar que incluso vino a preguntarme si podía hacer algo al respecto.
-Vaya…-murmuró Sirius.
—Me gustaría poder hacer algo para ayudarle en el asunto del club —dijo Harry.
Nick Casi Decapitado se detuvo sobre sus huellas, y Harry pasó a través de él. Lamentó haberlo hecho; fue como pasar por debajo de una ducha de agua fría.
-Es una sensación bastante desagradable-dijo Tonks, mientras todos asentían de acuerdo con ella.
—Pero hay algo que podríais hacer por mí —dijo Nick emocionado—. Harry, ¿sería mucho pedir...? No, no vais a querer...
—¿Qué es? —preguntó Harry.
-Eso quiero saber yo-dijo Remus-. No creo que haya muchas cosas en las que un vivo pueda ayudar a un fantasma.
—Bueno, el próximo día de Todos los Santos se cumplen quinientos años de mi muerte —dijo Nick Casi Decapitado, irguiéndose y poniendo aspecto de importancia.
-Vaya… Quinientos años son muchos-repuso Tonks-. No creo que quisiera quedarme tanto tiempo rondando por ahí como un fantasma.
-Yo tampoco-estuvo de acuerdo Sirius, mientras casi todos asentían.
—¡Ah! —exclamó Harry, no muy seguro de si tenía que alegrarse o entristecerse—. ¡Bueno!
Ron sonrió.
-Yo tampoco sabría cómo reaccionar.
—Voy a dar una fiesta en una de las mazmorras más amplias. Vendrán amigos míos de todas partes del país. Para mí sería un gran honor que vos pudierais asistir. Naturalmente, el señor Weasley y la señorita Granger también están invitados.
-¿En serio?-preguntó Sirius con asombro.
Su ahijado asintió, confirmándoselo.
-No creo que haya mucha gente viva que haya ido a alguna fiesta de este tipo-dijo Remus con admiración-. Debió ser bastante interesante.
-Esa no sería la palabra que yo escogería…-murmuró Ron, mientras Hermione sonreía en dirección a su antiguo profesor.
-Yo pensé exactamente lo mismo-dijo encantada.
Remus le devolvió la sonrisa.
Pero me imagino que preferiréis ir a la fiesta del colegio.
Miró a Harry con inquietud.
—No —dijo Harry enseguida—, iré...
-La verdad es que tampoco te ha dado demasiada elección…-dijo Tonks-. ¿Qué le ibas a contestar? ¿"Sí, prefiero ir a la fiesta del colegio antes que a la tuya"?
—¡Mi estimado muchacho! ¡Harry Potter en mi cumpleaños de muerte! Y...—dudó, emocionado—. ¿Tal vez podríais mencionarle a sir Patrick lo horrible y espantoso que os resulto?
Aquello provocó que muchos soltasen una carcajada o sonrieran.
-Oye, igual funciona-dijo el señor Weasley.
—Por supuesto —contestó Harry.
Nick Casi Decapitado le dirigió una sonrisa.
• • •
—¿Un cumpleaños de muerte? —dijo Hermione entusiasmada, cuando Harry se hubo cambiado de ropa y reunido con ella y Ron en la sala común—. Estoy segura de que hay muy poca gente que pueda presumir de haber estado en una fiesta como ésta.
Todos sonrieron ante la emoción de la chica.
¡Será fascinante!
-¿Aun piensas así?-sonrió Ron en dirección a la muchacha.
Ella inclinó la cabeza levemente.
-Sí y no. Quiero decir: fue interesante, por supuesto. Pero no demasiado agradable-arrugó la nariz al recordar el olor de la comida podrida.
-Eso es quedarse corto-dijo Ron, todavía sonriendo. Luego recordó lo que había sucedido justo al salir de la fiesta y su sonrisa se desvaneció.
—¿Para qué quiere uno celebrar el día en que ha muerto? —dijo Ron, que iba por la mitad de sus deberes de Pociones y estaba de mal humor—. Me suena a aburrimiento mortal.
-Y sigo pensando igual-declaró, asintiendo con su yo pasado.
La lluvia seguía azotando las ventanas, que se veían oscuras, aunque dentro todo parecía brillante y alegre. La luz de la chimenea iluminaba las mullidas butacas en que los estudiantes se sentaban a leer, a hablar, a hacer los deberes o, en el caso de Fred y George Weasley, a intentar averiguar qué es lo que sucede si se le da de comer a una salamandra una bengala del doctor Filibuster.
Los gemelos no esperaron al comentario de su madre; nada más oír aquella frase, Fred dijo:
-Sabemos que estuvo mal y nunca volveremos a hacerlo.
-Así que no hace falta que nadie-continuó George, mirando disimuladamente a Molly-, nos lo diga.
La señora Weasley se dio por aludida y, al contrario de lo que sus hijos hubieran querido, en su rostro apareció la expresión que siempre ponía cuando iba a regañar a uno de ellos.
-Me da igual que creáis que no hace falta-dijo-, porque os lo voy a decir igual. No podéis ir tratando de ese modo a los pobres animales. Si se llega a enterar Charlie…
-¿Charlie?-preguntó George-. Pero si no es como si estuviéramos jugando con un dragón.
-Las salamandras se les parecen mucho-replicó Molly-. Además, como magizoólogo, le preocupa el bienestar de cualquier animal, como bien sabéis.
-Pero mamá, era una salamandra de fuego, no le pasó nada-se defendió Fred-. Ellas mismas están hechas de fuego. Más o menos…-añadió en voz baja.
La señora Weasley supo que sería inútil discutir y se limitó a sacudir la cabeza.
-En fin…-suspiró.
Fred había «rescatado» aquel lagarto de color naranja, espíritu del fuego, de una clase de Cuidado de Criaturas Mágicas y ahora ardía lentamente sobre una mesa, rodeado de un corro de curiosos.
Aquello hizo que Molly sacudiese aún más la cabeza.
Harry estaba a punto de comentar a Ron y Hermione el caso de Filch y el curso Embrujorrápid, cuando de pronto la salamandra pasó por el aire zumbando, arrojando chispas y produciendo estallidos mientras daba vueltas por la sala.
-Estoy con Molly en esto-reconoció Tonks-. Pobre bicho.
-Si lo piensas en frío sí que es un poco bestia-dijo Harry-. Pero fue tan espectacular que ninguno nos lo planteamos…
Hermione y Ron asintieron, de acuerdo con su amigo.
La imagen de Percy riñendo a Fred y George hasta enronquecer,
Nadie hizo ningún comentario, pero Molly sintió como algo le oprimía el pecho al oír la reacción de su hijo, tan parecida a la suya propia.
la espectacular exhibición de chispas de color naranja que salían de la boca de la salamandra, y su caída en el fuego, con acompañamiento de explosiones,
La señora Weasley, que seguía pensando en Percy, no dijo nada.
hicieron que Harry olvidara por completo a Filch y el curso Embrujorrápid.
-Ah, así que por eso fue-dijo Hermione, comprendiendo-. Por eso no nos lo dijiste de inmediato.
Cuando llegó Halloween, Harry ya estaba arrepentido de haberse comprometido a ir a la fiesta de cumpleaños de muerte. El resto del colegio estaba preparando la fiesta de Halloween; habían decorado el Gran Comedor con los murciélagos vivos de costumbre; las enormes calabazas de Hagrid habían sido convertidas en lámparas tan grandes que tres hombres habrían podido sentarse dentro,
-Vaya…-dijo Arthur con admiración.
Los Weasley sonrieron ante el entusiasmo de su padre.
-Eran muy impresionantes, la verdad-recordó Ron.
Ginny quiso decir algo, pero lo cierto era que recordaba bien poco de aquella noche. Recordaba poco de todo su primer año, en realidad. Aquel pensamiento le produjo un pinchazo de ansiedad en el estómago y su respiración se hizo más rápida, devolviendo a su mente el tema que había estado intentando ignorar.
y corrían rumores de que Dumbledore había contratado una compañía de esqueletos bailarines para el espectáculo.
-Y así fue-sonrió el director con humor en el rostro.
—Lo prometido es deuda —recordó Hermione a Harry en tono autoritario—. Y tú le prometiste ir a su fiesta de cumpleaños de muerte.
-Eso es cierto-dijo Sirius-. Yo también preferiría ir a celebrar Halloween en el Gran Comedor: es uno de los mejores días de todo el año-explicó, inmerso en sus recuerdos, con melancolía en el rostro-. Pero como bien dice Hermione, lo prometiste y uno debe cumplir con su palabra. Especialmente cuando se trata de amigos. Aunque sean fantasmas-terminó sonriendo.
Harry le devolvió la sonrisa.
-Tranquilo, que al final fuimos.
Nada más decirlo, recordó lo sucedido al salir de la fiesta y la sonrisa se desvaneció, aunque nadie se enteró porque todos estaban escuchando a Ginny, que acababa de retomar la lectura.
El único que sí lo hizo fue Snape. El profesor se había dado cuenta de que algo no iba bien con Ginny, ya que desde hacía unos cuantos segundos su ceño se había fruncido levemente y podía notar como su respiración se había acelerado. Snape, como el espía que era, solía fijarse en el lenguaje corporal de la gente. Era algo que le proporcionaba información vital, sobretodo siendo miembro de los mortifagos, pues siempre era buena idea saber de qué humor se encontraba el señor Oscuro o si alguno de sus compañeros le estaba mintiendo, por ejemplo. Por eso, fue fácil para él percatarse del nerviosismo de la muchacha y lo fue aún más descubrir el motivo de esa ansiedad.
Snape había estado ahí cuando descubrieron la abertura de la Cámara y recordaba muy bien la fecha: Halloween. Era comprensible, pues, que Ginny hubiera reaccionado así. Por ello, cuando la sonrisa se esfumó del rostro de Potter, no se sorprendió en absoluto. Sabía que los próximos minutos son serían agradables para nadie y esperaba que, al menos, pasasen rápido.
Así que a las siete en punto, Harry, Ron y Hermione atravesaron el Gran Comedor, que estaba lleno a rebosar y donde brillaban tentadoramente los platos dorados y las velas, y dirigieron sus pasos hacia las mazmorras.
-El lugar más deprimente de Hogwarts-dijo Sirius con seguridad, sin pararse a pensar que Snape se encontraba en la Sala ni cómo podía reaccionar ante aquello.
La verdad era que Sirius estaba bastante distraído como para fijarse en ello. Sabía que algo malo iba a suceder en aquel capítulo, pero ya lo estaban acabando (suponía él) y aún no habían leído nada horrible. Por un lado, tenía ganas de preguntar y así saciar su curiosidad, pero por el otro sabía que al final iba a acabar sabiéndolo. Y, además, no quería que los alumnos tuvieran que revivirlo más veces de lo necesario.
Por suerte para todos, Snape le ignoró.
También estaba iluminado con hileras de velas el pasadizo que conducía a la fiesta de Nick Casi Decapitado, aunque el efecto que producían no era alegre en absoluto, porque eran velas largas y delgadas, de color negro azabache, con una llama azul brillante que arrojaba una luz oscura y fantasmal incluso al iluminar las caras de los vivos. La temperatura descendía a cada paso que daban.
-Qué tétrico- dijo Tonks, frunciendo ligeramente el ceño-. Aunque, tratándose de una fiesta de fantasmas, no sé qué esperaba.
Al tiempo que se ajustaba la túnica, Harry oyó un sonido como si mil uñas arañasen una pizarra.
—¿A esto le llaman música? —se quejó Ron.
-¿En serio?-preguntó Remus, entre la crítica y la fascinación -. Había leído acerca de ello, pero siempre pensé que no era cierto.
-Pues lo es-le confirmó Ron-. Y muy desagradable…
Al doblar una esquina del pasadizo, encontraron a Nick Casi Decapitado ante una puerta con colgaduras negras.
—Queridos amigos —dijo con profunda tristeza—, bienvenidos, bienvenidos... Os agradezco que hayáis venido...
Tonks puso los ojos en blanco.
-Los fantasmas son tan dramáticos-bufó-. Menos el Fraile Gordo, que es genial.
-¿Los Hufflepuffs tenéis mucha relación con él?-preguntó Ginny, intentando distraerse.
La auror asintió, con una sonrisa afectuosa en los labios.
-Así es. Solía venir a la Sala común, a sentarse junto al fuego, y nos contaba historias de su vida, pero también del Castillo. Decía que si se acercaba mucho a las llamas casi podía sentir el calor.
Aquello hizo sonreír a Ginny y, aunque no duró mucho, la chica lo agradeció.
Hizo una floritura con su sombrero de plumas y una reverencia señalando hacia el interior. Lo que vieron les pareció increíble. La mazmorra estaba llena de cientos de personas transparentes, de color blanco perla. La mayoría se movían sin ánimo por una sala de baile abarrotada, bailando el vals al horrible y trémulo son de las treinta sierras de una orquesta instalada sobre un escenario vestido de tela negra. Del techo colgaba una lámpara que daba una luz azul medianoche.
Casi todos los que no habían estado ahí abrieron los ojos con sorpresa.
-Hermione tenía razón con lo que era una oportunidad increíble-dijo Remus, asombrado.
-Sí que lo fue-asintió ella-. Pero espera, que aún no has visto lo malo…
Al respirar les salía humo de la boca; aquello era como estar en un frigorífico.
—¿Damos una vuelta? —propuso Harry, con la intención de calentarse los pies.
-Es verdad que pasamos mucho frío…-dijo Harry-. Ya no me acordaba.
El chico estaba intentando seguir la misma táctica que Ginny, aunque no se diera cuenta de ello. Solo sabía que, si hablaba y pensaba en otras cosas, no tendría que enfrentarse al miedo que sintió aquel día de nuevo. O, al menos, no tendría que hacerlo hasta que no leyeran ese trozo.
—Cuidado no vayas a atravesar a nadie —advirtió Ron, algo nervioso, mientras empezaban a bordear la sala de baile.
Pasaron por delante de un grupo de monjas fúnebres, de una figura harapienta que arrastraba cadenas y del Fraile Gordo, un alegre fantasma de Hufflepuff que hablaba con un caballero que tenía clavada una flecha en la frente.
Tonks sonrió.
-¡Ahí está!-exclamó. Se alegraba mucho de oír hablar sobre el fantasma.
Harry no se sorprendió de que los demás fantasmas evitaran al Barón Sanguinario, un fantasma de Slytherin, adusto, de mirada impertinente y que exhibía manchas de sangre plateadas.
Snape ladeó la cabeza casi imperceptiblemente. Lo cierto era que a nadie de Slytherin le gustaba tampoco aquel fantasma, pero era útil para asustar a las demás casas y, por tanto, ninguna serpiente lo mencionaría nunca.
—Oh, no —dijo Hermione, parándose de repente—. Volvamos, volvamos, no quiero hablar con Myrtle la Llorona.
-¿Quién?-preguntó Sirius, extrañado.
-Oh, no. Yo sí que sé quién es-dijo Tonks, después de pensar un instante-. Es ese fantasma que llora todo el rato y está siempre en el lavabo de las chicas, ¿verdad?
Hermione asintió en dirección a la auror.
-Esa es.
-Parece un verdadero encanto-sonrió Sirius con sarcasmo.
-Lo es-respondió Hermione, aunque ni ella sabía si lo decía en broma o no. Después de saber la historia de Myrtle y lo triste de su vida y su muerte, Hermione no podía si no compadecerla.
—¿Con quién? —le preguntó Harry, retrocediendo rápidamente.
"Oh, ojalá pudiera volver a ese momento en el que no sabía quién era", pensó Harry para sí mismo. Aunque él, al igual que Hermione, sentía lastima hacía la fantasma, no haberla conocido implicaría que no saber nada tampoco de la Cámara de los Secretos y, por tanto, no estar sufriendo en ese instante por lo que tocaba leer.
—Ronda siempre los lavabos de chicas del segundo piso —dijo Hermione.
—¿Los lavabos?
-Sí, Harry-bromeó Fred-, las chicas también van al baño.
El muchacho puso los ojos en blanco y suspiró.
-Gracias por aclarármelo, Fred.
-Para eso estamos-sonrió él, señalándose a sí mismo y a su hermano.
Harry no pudo evitar soltar una carcajada, lo que alivió algo de su tensión.
—Sí. No los hemos podido utilizar en todo el curso porque siempre le dan tales llantinas que lo deja todo inundado. De todas maneras, nunca entro en ellos si puedo evitarlo, es horroroso ir al servicio mientras la oyes llorar.
-La mayoría de las chicas preferíamos ir a los lavabos de un piso más abajo-explicó Hermione-. Aunque estuvieran más lejos.
-Normal…-dijo Tonks.
—¡Mira, comida! —dijo Ron. Al otro lado de la mazmorra había una mesa larga, cubierta también con terciopelo negro. Se acercaron con entusiasmo, pero ante la mesa se quedaron inmóviles, horrorizados.
-¿Por qué?-preguntó inmediatamente Sirius, pensando que el momento horrible había llegado.
Ginny continuó leyendo con rapidez para responderle.
El olor era muy desagradable. En unas preciosas fuentes de plata había unos pescados grandes y podridos; los pasteles, completamente quemados, se amontonaban en las bandejas; había un pastel de vísceras con gusanos, un queso cubierto de un esponjoso moho verde
Todos arrugaron la nariz instintivamente.
-Por Merlín, que asco-dijo Sirius.
-La descripción no le hace justicia-recordó Harry-. Era espantoso.
Ron asintió de acuerdo con su amigo y sintió como se le pasaba el hambre solamente de rememorar aquel momento. Aunque su falta de apetito quizás tuviera que ver con que se estaban acercando cada vez más a la abertura de la cámara.
y, como plato estrella de la fiesta, un gran pastel gris en forma de lápida funeraria, decorado con unas letras que parecían de alquitrán y que componían las palabras:
Sir Nicholas de Mimsy-Porpington, fallecido el 31 de octubre de 1492.
-Lo de la comida era para notar el sabor?-preguntó Remus.
Hermione asintió.
-Ajá.
Harry contempló, asombrado, que un fantasma corpulento se acercaba y, avanzando en cuclillas para ponerse a la altura de la comida, atravesaba la mesa con la boca abierta para ensartar por ella un salmón hediondo.
—¿Le encuentras el sabor de esa manera? —le preguntó Harry.
—Casi —contestó con tristeza el fantasma, y se alejó sin rumbo.
-Me dan algo de pena…-murmuró Tonks-. Toda la eternidad sin poder notar el sabor de la comida, el calor de fuego o el toque de otra persona.
-Sí que es triste-asintió la señora Weasley, después de imaginarse lo que sería experimentar aquello-. Pero al fin y al cabo lo han escogido ellos…
-Eso es verdad-dijo Tonks con voz queda.
—Supongo que lo habrán dejado pudrirse para que tenga más sabor—dijo Hermione con aire de entendida, tapándose la nariz e inclinándose para ver más de cerca el pastel de vísceras podrido.
—Vámonos, me dan náuseas —dijo Ron.
-Era repugnante-dijo el Ron actual-. El asco que daba solo era comparable con la guarida de Aragog.
La última parte la dijo en voz más baja, de modo que solo Harry y Hermione, que estaban a su lado, pudieran oírle. El chico estuvo de acuerdo, pero Hermione murmuró:
-Yo no fui con vosotros, ¿recuerdas?, así que no puedo comparar. Pero tengo muchas ganas de leer sobre ello, debió de ser muy interesante y único ya que no hay mucha gente que haya visto un nido de acromántulas y vivido para contarlo.
-No me sorprende en absoluto…-dijo Ron, reprimiendo un escalofrío-. Y la verdad es que yo preferiría no tener que oír ese trozo; con vivirlo una vez ya fue demasiado.
-Fuisteis muy valientes yendo ahí para buscar respuestas-repuso Hermione-. Sobretodo tú, teniendo en cuenta el miedo que te dan…
-Gracias-murmuró el chico, tratando de ocultar su rubor y, al mismo tiempo, su sonrisa-. Lo cierto es que no fue nada fácil.
Pero apenas se habían dado la vuelta cuando un hombrecito surgió de repente de debajo de la mesa y se detuvo frente a ellos, suspendido en el aire.
—Hola, Peeves —dijo Harry, con precaución.
Sirius se mordió el labio con preocupación.
-Seguro que no trama nada bueno.
A diferencia de los fantasmas que había alrededor, Peeves el poltergeist no era ni gris ni transparente. Llevaba sombrero de fiesta de color naranja brillante, pajarita giratoria y exhibía una gran sonrisa en su cara ancha y malvada.
-Definitivamente no trama nada bueno-repitió Sirius con firmeza.
—¿Picáis? —invitó amablemente, ofreciéndoles un cuenco de cacahuetes recubiertos de moho.
-¿Peeves siendo amable?-preguntó Remus atónito-. Estoy con Sirius, seguro que tiene alguna maldad planeada.
-Además-añadió Tonks-, sabe perfectamente que no os vais a comer los cacahuetes con moho. Solo lo está usando como excusa para poder hablar con vosotros.
—No, gracias —dijo Hermione.
—Os he oído hablar de la pobre Myrtle —dijo Peeves, moviendo los ojos—. No has sido muy amable con la pobre Myrtle.
-Y ahí está su plan…-suspiró Sirius-. Probablemente os utilice para hacer sentir mal a la tal Myrtle-sacudió la cabeza-. Amargar a los demás es su especialidad.
-No creo que Myrtle necesite una excusa para estar amargada-dijo Tonks-. Pero creo que tienes toda la razón.
Tomó aliento y gritó:
—¡EH! ¡MYRTLE!
Ginny, ver que estaba escrito en mayúsculas, pegó un grito que hizo que su madre casi se cayera de la silla.
Los gemelos ocultaron una sonrisa y Ginny hubiera soltado una carcajada de no estar tan preocupada y nerviosa.
—No, Peeves, no le digas lo que he dicho, le afectará mucho —susurró Hermione, desesperada—. No quise decir eso, no me importa que ella... Eh, hola, Myrtle.
-Merlín…-suspiró Sirius-. Esto va a ir mal.
Hermione se sintió un poco avergonzada al recordarlo, pero luego se dijo que ella no había dicho ninguna mentira, en realidad.
Hasta ellos se había deslizado el fantasma de una chica rechoncha. Tenía la cara más triste que Harry hubiera visto nunca, medio oculta por un pelo lacio y basto y unas gruesas gafas de concha.
-Ay, pobre…-murmuró Molly con compasión.
-¿No estaba en Hogwarts mientras tú estudiabas aquí, mamá?-preguntó Fred con interés.
-Que yo recuerde no… Aunque ahora que lo pienso puede que los lavabos del segundo piso siempre estuvieran cerrados-cerró los ojos, concentrándose-. Ay, no sé, puede ser. Hace bastante tiempo, cielo.
-No tanto-le sonrió el señor Weasley, tomándola de la mano y haciendo que Molly le devolviese la sonrisa.
-Tienes razón, querido. No tanto.
—¿Qué? —preguntó enfurruñada.
—¿Cómo estás, Myrtle? —dijo Hermione, fingiendo un tono animado—. Me alegro de verte fuera de los lavabos.
Myrtle sollozó.
-Pero si Hermione ha sido muy amable-se quejó George.
-Gracias-respondió ella-. Pero no había nada que hacer; Myrtle es así.
—Ahora mismo la señorita Granger estaba hablando de ti —dijo Peeves a Myrtle al oído, maliciosamente.
-Maldito Peeves-bufó Sirius-. Y eso que muchas veces me parecía gracioso… Pero ahora se está pasando de cruel.
—Sólo comentábamos..., comentábamos... lo guapa que estás esta noche —dijo Hermione, mirando a Peeves.
Myrtle dirigió a Hermione una mirada recelosa.
-Me temo que no va a funcionar, Hermione-dijo Tonks-. Aunque ha sido un muy buen intento. Pero con Peeves al lado…
—Te estás burlando de mí —dijo, y unas lágrimas plateadas asomaron inmediatamente a sus ojos pequeños, detrás de las gafas.
—No, lo digo en serio... ¿Verdad que estaba comentando lo guapa que está Myrtle esta noche? —dijo Hermione, dándoles fuertemente a Harry y Ron con los codos en las costillas.
-Muy sutil-sonrió Sirius mientras Ron y Harry se frotaban las costillas inconscientemente.
-¿Sabes?-dijo Harry-. Tienes la mala costumbre de hacer eso muy a menudo.
-Oh, calla…-replicó Hermione, haciendo que el muchacho sonriera.
—Sí, sí.
—Claro.
—No me mintáis —dijo Myrtle entre sollozos, con las lágrimas cayéndole por la cara, mientras Peeves, que estaba encima de su hombro, se reía entre dientes—.
-Maldito duende-se quejó Molly.
¿Creéis que no sé cómo me llama la gente a mis espaldas? ¡Myrtle la gorda! ¡Myrtle la fea! ¡Myrtle la desgraciada, la llorona, la triste!
-Esto no va a acabar bien-sentenció Remus, preparándose para ello.
—Se te ha olvidado «la granos» —dijo Peeves al oído.
Myrtle la Llorona estalló en sollozos angustiados y salió de la mazmorra corriendo. Peeves corrió detrás de ella, tirándole cacahuetes mohosos y gritándole: «¡La granos! ¡La granos!».
Hubo un momento de silencio mientras todos digerían lo ocurrido.
-Vaya-dijo Tonks-. Eso ha sido realmente cruel.
-Sí…-suspiró Hermione, pasándose una mano por el cuello-. No fue demasiado divertido, la verdad.
—¡Dios mío! —dijo Hermione con tristeza.
Nick Casi Decapitado iba hacia ellos entre la multitud.
—¿Os lo estáis pasando bien?
—¡Sí! —mintieron.
La señora Weasley asintió, complacida.
-Sé que siempre os digo que hay que decir la verdad, pero en este caso me alegro de que no lo hicierais. Solo le habríais hecho daño.
—Ha venido bastante gente —dijo con orgullo Nick Casi Decapitado—. Mi Desconsolada Viuda ha venido de Kent. Bueno, ya es casi la hora de mi discurso, así que voy a avisar a la orquesta.
-Su discurso tiene pinta de ser mortalmente aburrido-dijo George con humor en sus ojos.
Fred sonrió y levantó una mano para chocar los cinco con su hermano.
-¡Buena esa!-dijo.
La orquesta, sin embargo, dejó de tocar en aquel mismo instante. Se había oído un cuerno de caza y todos los que estaban en la mazmorra quedaron en silencio, a la expectativa.
Los que no sabían lo que había sucedido, se pusieron en tensión y escucharon con atención.
—Ya estamos —dijo Nick Casi Decapitado con cierta amargura.
A través de uno de los muros de la mazmorra penetraron una docena de caballos fantasma, montados por sendos jinetes sin cabeza. Los asistentes aplaudieron con fuerza; Harry también empezó a aplaudir, pero se detuvo al ver la cara fúnebre de Nick.
-Oh-dijo Remus, comprendiendo-, deben de ser los del club ese de fantasmas sin cabeza.
Los caballos galoparon hasta el centro de la sala de baile y se detuvieron encabritándose; un fantasma grande que iba delante, y que llevaba bajo el brazo su cabeza barbada y soplaba el cuerno, descabalgó de un brinco, levantó la cabeza en el aire para poder mirar por encima de la multitud, con lo que todos se rieron, y se acercó con paso decidido a Nick Casi Decapitado, ajustándose la cabeza en el cuello.
Molly sacudió la cabeza con desaprobación.
-Vaya manera más infantil de comportarse-dijo, con un toque de enfado-. Saben que al pobre Nick le ha dolido no poder entrar en su club y va y aparecen en medio de su fiesta para robarle el protagonismo… Con la de años que llevan en la Tierra cualquiera diría que habrían aprendido a no hacer cosas como esa.
-Creo que precisamente ése es el problema-intervino Tonks-. Deben llevar demasiado tiempo aquí y por eso ya no saben cómo distraerse. Hacer algo así les debe dar un poco de diversión.
Molly suspiró.
-Supongo que tienes razón… Pero sigue pareciéndome mal.
—¡Nick! —dijo con voz ronca—, ¿cómo estás? ¿Todavía te cuelga la cabeza?
Rompió en una sonora carcajada y dio a Nick Casi Decapitado unas palmadas en el hombro.
-Oh, sí, muy gracioso-dijo Sirius con sarcasmo. No le gustaba que se metieran con Nick y no solo porque era el fantasma de Gryffindor sino porque había tratado a Harry con amabilidad y se notaba que eran amigos.
—Bienvenido, Patrick —dijo Nick con frialdad.
—¡Vivos! —dijo sir Patrick, al ver a Harry, Ron y Hermione. Dio un salto tremendo pero fingido de sorpresa y la cabeza volvió a caérsele.
La gente se rio otra vez.
Los presentes, en cambio, pusieron los ojos en blanco o soltaron bufidos de cansancio. A ninguno le caía demasiado bien ese tal sir Patrick. Es más, todos le habían pillado algo de manía. Menos Snape, por supuesto, a quien no podría importarle menos todo aquel fragmento de los fantasmas.
—Muy divertido —dijo Nick Casi Decapitado con voz apagada.
—¡No os preocupéis por Nick! —gritó desde el suelo la cabeza de sir Patrick—. ¡Aunque se enfade, no le dejaremos entrar en el club! Pero quiero decir..., mirad el amigo...
—Creo —dijo Harry a toda prisa, en respuesta a una mirada elocuente de Nick— que Nick es terrorífico y esto..., mmm...
-Bien hecho, Harry-le sonrió Sirius. Pero Harry no le escuchaba.
Sabía que no podían faltar más de unas cuantas frases hasta que él, Ron y Hermione abandonasen la fiesta y su cuerpo se llenó de adrenalina ante ese pensamiento. Por un lado, tenía miedo de leer lo que se avecinaba, si bien no tanto por él sino por Ginny. Pero por otro, quería sacárselo ya de encima.
—¡Ja! —gritó la cabeza de sir Patrick—, apuesto a que Nick te pidió que dijeras eso.
-Te ha pillado-sonrió Tonks.
—¡Si me conceden su atención, ha llegado el momento de mi discurso! —dijo en voz alta Nick Casi Decapitado, caminando hacia el estrado con paso decidido y colocándose bajo un foco de luz de un azul glacial.
»Mis difuntos y afligidos señores y señoras, es para mí una gran tristeza...
George rodó los ojos.
-Te dije que sería un aburrimiento mortal-le susurró a su hermano gemelo.
Pero nadie le prestaba atención. Sir Patrick y el resto del Club de Cazadores Sin Cabeza acababan de comenzar un juego de Cabeza Hockey y la gente se agolpaba para mirar. Nick Casi Decapitado trató en vano de recuperar la atención, pero desistió cuando la cabeza de sir Patrick le pasó al lado entre vítores.
-Pobrecillo…-murmuró Molly con lástima y diciendo lo que todos pensaban.
Harry sentía mucho frío, y no digamos hambre.
—No aguanto más —dijo Ron, con los dientes castañeteando, cuando la orquesta volvió a tocar y los fantasmas volvieron al baile.
—Vámonos —dijo Harry.
-Nadie puede culparos por iros-dijo Sirius-. La verdad es que probablemente habéis aguantado mucho más de lo que yo hubiera sido capaz.
Tonks sonrió.
-Yo al ver toda la comida podrida ya me hubiera dado la vuelta.
Al ver que Harry no les estaba haciendo mucho caso, Ron y Hermione les sonrieron, pero luego centraron su atención en el muchacho. Ellos también habían vivido aquel momento, pero sabían que para Harry era mucho peor ya que él había escuchado la voz del basilisco.
Fueron hacia la puerta, sonriendo e inclinando la cabeza a todo el que los miraba, y un minuto más tarde subían a toda prisa por el pasadizo lleno de velas negras.
—Quizás aún quede pudín —dijo Ron con esperanza, abriendo el camino hacia la escalera del vestíbulo.
-Esperemos-sonrió Sirius, pero la sonrisa no duró mucho ya que podía notar que había algo raro en el ambiente.
Y entonces Harry lo oyó.
Antes de que Ginny pudiera leer la siguiente palabra con su voz, que había comenzado a temblar de nuevo, Harry habló:
-Ginny, espera, para un segundo.
La chica le miró sin entender, pero confió en él y esperó a que continuase.
-De acuerdo-empezó Harry respirando profundamente-. Pues aquí está, el "momento horrible" que todos estabais esperando-dijo intentando reducir la tensión y sonreír, algo que no funcionó-. Está bien, a partir de aquí os quiero pedir que no hagáis demasiadas preguntas ni paréis la lectura, por favor. Solo tenéis que pensar que no pasa nada, que al final todo salió bien, ¿vale?
Ginny le miraba con un brillo en sus ojos y aquello le dio fuerzas al muchacho para observar las caras de todos los demás. Se dio cuenta de que, aunque la aprensión era visible en el rostro de los adultos, todos escuchaban a Harry con atención y con determinación en sus facciones.
-Haremos lo que nos pides, Harry-le aseguro Sirius-. Solo quiero que sepas, y esto va para todos-añadió mirando a Ginny-, que, si en algún momento alguien siente que esto es demasiado para él o ella, simplemente decidlo. Y pausaremos la lectura o continuaremos sin esa persona, lo que sea mejor para todos. Y que no os dé ninguna vergüenza porque yo me incluyo, ¿eh? Si creo que no puedo más os avisaré. ¿Estamos todos de acuerdo?-preguntó.
Los demás asintieron con seriedad.
-Está bien, entonces-dijo Harry, reconfortado por aquellas palabras-. Si estás preparada, Ginny, puedes continuar.
La chica aguantó la mirada de Harry durante unos segundos más de lo necesario y luego respiró hondo. Todos pudieron oír como temblaba el aire al entrar por su garganta, pero no importó. Ginny abrió la boca y continuó leyendo.
—... Desgarrar... Despedazar... Matar...
Cuando Ginny terminó de leer esas tres palabras, no había nadie en toda la Sala a quien no se le hubiera puesto la piel de gallina.
Incluso Snape, que ya se encontraba impresionado con el discurso que Potter había pronunciado segundos atrás, sintió como su corazón latía más rápidamente al escuchar aquello.
Fue la misma voz, la misma voz fría, asesina, que había oído en el despacho de Lockhart.
Sirius se aferró al borde de su asiento con fuerza. "Pase lo que pase he de mantenerme sereno por Harry", se decía una y otra vez.
Trastabilló al detenerse, y tuvo que sujetarse al muro de piedra. Escuchó lo más atentamente que pudo, al tiempo que miraba con los ojos entornados a ambos lados del pasadizo pobremente iluminado.
La voz de Ginny había temblado desde que comenzó a leer, pero ella no iba a detenerse por nada del mundo. "Puedo hacerlo, puedo hacerlo", se dijo, apretando los puños.
—Harry, ¿qué...?
—Es de nuevo esa voz... Callad un momento...
—... deseado... durante tanto tiempo...
Los señores Wesley se cogieron de las manos y observaron a su hija con cientos de emociones en sus rostros. Miedo, pena, pánico y culpabilidad eran los que predominaban en ellos pero en el instante en el que Molly y Arthur intercambiaron una mirada supieron sin decirse nada lo que tenían que hacer. Todas esas emociones dejaron paso al orgullo por su hij la determinación por mantenerse fuertes por ella, que era lo que Ginny necesitaba.
—¡Escuchad! —dijo Harry, y Ron y Hermione se quedaron inmóviles, mirándole.
—... matar... Es la hora de matar...
Tonks y Remus, al igual que Sirius, no tenían ni idea de lo que estaba pasando, pero sabían que era bastante grave. En el capítulo anterior ya se había oído la voz, pero estaban seguros de que en este iba a suceder algo realmente malo, o de lo contrario los alumnos no estarían reaccionando así.
La voz se fue apagando. Harry estaba seguro de que se alejaba... hacia arriba. Al mirar al oscuro techo, se apoderó de él una mezcla de miedo y emoción. ¿Cómo podía irse hacia arriba? ¿Se trataba de un fantasma, para quien no era obstáculo un techo de piedra?
Hermione negó con la cabeza y fue ese movimiento el que llamó la atención de Ron. Vio en el rostro del chico el mismo miedo que ella sentía al recordar aquel momento y supo que para él también estaba siendo peor que lo que recordaba. "Tiene que ser por culpa de la voz", reflexionó la parte de Hermione que no se encontraba paralizada por el miedo". "Escuchar esa voz lo hace todo mucho más terrorífico". Eso le recordó que Harry lo estaba viviendo por segunda vez y su mirada se dirigió hacia él. Ron la siguió y se dio cuenta de que estaban pensando lo mismo. Ella apoyó su mano en la de Harry mientras que Ron hacía lo mismo en el hombro del muchacho.
Harry los sintió, más que verlos, pero agradeció mucho el apoyo. Su vista estaba centrada en Ginny y, a pesar de la situación, no pudo evitar sentir una fiera oleada de orgullo al ver el coraje que la chica estaba demostrando.
—¡Por aquí! —gritó, y se puso a correr escaleras arriba hasta el vestíbulo. Allí era imposible oír nada, debido al ruido de la fiesta de Halloween que tenía lugar en el Gran Comedor.
Dumbledore jugueteó nervioso con el extremo de su barba. Él se había encontrado ahí arriba, en el Gran comedor, mientras los muchachos estaban pasando por todo ello. El niño-que-vivió, el chico de la profecía, podría haber muerto entonces y él ni se habría dado cuenta. "No", dijo una parte de él. "Harry podría haber muerto". Dumbledore observó al muchacho y tuvo que reprimir un escalofrío. A lo largo de su vida había hecho y visto muchas cosas terribles, pero nada le inquietaba y asustaba más que sus sentimientos hacía Harry Potter. Aunque, como siempre hacía cuando estos salían a la superficie, volvió a aparcarlos en lo más profundo de su interior.
Harry apretó el paso para alcanzar rápidamente el primer piso. Ron y Hermione lo seguían.
—Harry, ¿qué estamos...?
—¡Chssst!
Si hubieran estado en una situación completamente diferente, Fred y George hubiesen hecho algún comentario acerca de lo gracioso y extraño que resultaba ver a Ginny mandándose callar a sí misma. Pero, por supuesto, no era el momento ni el lugar. Al ver el rostro compungido de su hermana, no podían dejar de preguntarse si serían capaz de volver a hacerla reír de nuevo.
Harry aguzó el oído. En la distancia, proveniente del piso superior, y cada vez más débil, oyó de nuevo la voz:
—... huelo sangre... ¡HUELO SANGRE!
Las manos de Molly temblaron y fue una suerte de que Arthur aún estuviera sosteniéndolas porque eso evitó que fuera corriendo hacia su hija. Si lo hubiera hecho, le habría arrancado el libro de las manos y abrazado con todas sus fuerzas, sin dejar de prometerle que todo iría bien.
El corazón le dio un vuelco.
—¡Va a matar a alguien! —gritó, y sin hacer caso de las caras desconcertadas de Ron y Hermione, subió el siguiente tramo saltando los escalones de tres en tres, intentando oír a pesar del ruido de sus propios pasos.
"Estúpido Potter", pensó Snape, intentando calmarse. "Típico de él, tener un poder que nadie más tiene que le envía de cara contra un maldito basilisco". Aquellos sentimientos de irritación hacia Potter eran familiares y hasta cierto punto reconfortantes. Sin duda, eran mejor que el patético arrebato de protección del muchacho que estaba experimentando.
Harry recorrió a toda velocidad el segundo piso, y Ron y Hermione lo seguían jadeando. No pararon hasta que doblaron la esquina del último corredor, también desierto.
—Harry, ¿qué pasaba? —le preguntó Ron, secándose el sudor de la cara—. Yo no oí nada...
En medio de todas las emociones que Harry estaba sintiendo, no pudo evitar notar el calor del afecto y la lealtad de sus amigos. Ellos no tenían ni idea de que estaba pasando, pero habían confiado en él y le habían seguido hasta donde había hecho falta.
Pero Hermione dio de repente un grito ahogado, y señaló al corredor.
—¡Mirad!
Todos se acercaron al borde de sus sillas, deseando que aquello acabase pronto.
Delante de ellos, algo brillaba en el muro. Se aproximaron, despacio, intentando ver en la oscuridad con los ojos entornados. En el espacio entre dos ventanas, brillando a la luz que arrojaban las antorchas, había en el muro unas palabras pintadas de más de un palmo de altura.
Ginny echó un vistazo rápido hacía la parte inferior de la página y comprobó que solo faltaban unos párrafos más por leer. Saber que ya estaba a punto de acabar, le dio fuerza para pronunciar en voz alta las palabras que tres años atrás ella había escrito en la pared.
LA CAMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA. TEMED, ENEMIGOS DEL HEREDERO.
Necesitó dos intentos para poder leerlo bien pero cuando lo hizo fue como si se hubiera quitado un peso de encima. "Lo he hecho", pensó. "Me he enfrentado y he ganado".
Los que no sabían lo sucedido, abrieron mucho los ojos y recordaron el título del libro.
-Maldita sea…-murmuró Sirius en voz baja.
—¿Qué es lo que cuelga ahí debajo? —preguntó Ron, con un leve temblor en la voz.
Aquellas palabras hicieron que todos levantasen la cabeza para mirar al libro en manos de Ginny.
Al acercarse más, Harry casi resbala por un gran charco de agua que había en el suelo.
"Tuberías", pensó Hermione.
Ron y Hermione lo sostuvieron, y juntos se acercaron despacio a la inscripción, con los ojos fijos en la sombra negra que se veía debajo. Los tres comprendieron a la vez lo que era, y dieron un brinco hacia atrás.
La Señora Norris, la gata del conserje, estaba colgada por la cola en una argolla de las que se usaban para sujetar antorchas. Estaba rígida como una tabla, con los ojos abiertos y fijos.
-Oh, por Merlín-suspiró Molly, tapándose la boca con la mano. Dumbledore le había informado de algunas cosas que sucedieron durante ese curso y, por ello, sabía que había habido petrificados. Pero, como todo, era mucho peor leerlo que saberlo.
Tonks, Sirius y Remus tardaron unos segundos en reaccionar.
-Pero, ¿no ha muerto, verdad? Si a veces me habéis hablado de ella, no entiendo…
Nadie le contestó, pero eso era algo que Sirius esperaba. Solo lo había dicho porque no podía quedarse callado.
Durante unos segundos, no se movieron. Luego dijo Ron:
—Vámonos de aquí.
—No deberíamos intentar... —comenzó a decir Harry, sin encontrar las palabras.
Snape se sorprendió a sí mismo negando con la cabeza y estando de acuerdo con el chico Weasley. Incluso pensando que aquella era una buena idea.
—Hacedme caso —dijo Ron—; mejor que no nos encuentren aquí.
-Sí…-murmuró Tonks-, creo que es mejor.
Pero era demasiado tarde. Un ruido, como un trueno distante, indicó que la fiesta acababa de terminar. De cada extremo del corredor en que se encontraban, llegaba el sonido de cientos de pies que subían las escaleras y la charla sonora y alegre de gente que había comido bien.
-Oh, no-dijo Molly, con un hilo de voz. No quería que les culpasen de aquello.
Un momento después, los estudiantes irrumpían en el corredor por ambos lados. La charla, el bullicio y el ruido se apagaron de repente cuando vieron la gata colgada.
Ginny veía como con cada palabra que leía, cada vez iba quedando menos. Aquello le dio un impulso final para terminar la lectura del capítulo.
Harry, Ron y Hermione estaban solos, en medio del corredor, cuando se hizo el silencio entre la masa de estudiantes, que presionaban hacia delante para ver el truculento espectáculo.
-Eso no es bueno-dijo Remus, poniendo en palabras lo que todos pensaban. El hombre lobo todavía estaba impresionado con lo leído.
Luego, alguien gritó en medio del silencio:
—¡Temed, enemigos del heredero! ¡Los próximos seréis los sangre sucia!
-¿Qué demo…?-empezó Sirius con rabia, alzando la voz y haciendo que muchos dieran un respingo.
Ginny no le dio oportunidad de terminar la pregunta porque continuó leyendo y, con rapidez, dijo la última frase de aquel capítulo que tan largo y difícil se le había hecho.
Era Draco Malfoy, que había avanzado hasta la primera fila. Tenía una expresión alegre en los ojos, y la cara, habitualmente pálida, se le enrojeció al sonreír ante el espectáculo de la gata que colgaba inmóvil.
-Ese crío es repulsivo-sentenció Tonks.
-Sí, sí que lo es-dijo Ginny, hablando por primera vez en mucho tiempo.
Todos los ojos de la Sala se centraron en ella. Aunque llevaban la ultima hora escuchándola leer, en todo ese rato su voz no había sonado así ni un instante. Se sentía ligera y tenía un toque de alegría, aunque por las lágrimas sin derramar que se podía ver en sus ojos, nadie lo hubiera dicho.
-Cielo-comenzó Molly con cautela-, ¿estás bien?
Ginny cerró los ojos un instante, pero luego asintió y volvió a abrirlos. En ellos ya no había ni una lagrima.
-Sí-dijo ella con seguridad-. Sí que lo estoy. El capítulo ha acabado-explicó y nada más decirlo una sonrisa se extendió por su cara-. Lo he conseguido. Lo he conseguido-repitió, en voz más baja y suave.
-Sí que lo has hecho, cariño-dijo Molly, levantándose para poder abrazarla y sonriendo con tanto orgullo que muchos tuvieron que desviar la mirada para no emocionarse.
-Lo has hecho muy bien, tesoro-seguía diciendo la señora Weasley, con Ginny entre sus brazos, mientras su marido se unía a ella.
Desde su posición, Harry no pudo evitar sonreír al verlo y sintió como un enorme peso se hubiera esfumado de su pecho.
-Eh-sintió que alguien a su lado decía.
Se dio la vuelta y vio que era Ron.
-¿Y tú? ¿Estás bien?
Harry sintió como se le hacía un nudo en la garganta, pero, no por miedo o angustia, sino a causa de algo tan simple como las palabras de Ron. No confiaba en su voz para hablar así que se limitó a asentir.
-Bien-dijo Ron al verlo-. Por qué nosotros también lo estamos-se señaló a él mismo y a Hermione-. Y creo que podremos con el siguiente capítulo e incluso con el final del libro, por muy malo que sea. Sé que aún es pronto para pensar en eso, pero… Estoy seguro de que estaremos bien.
-Estoy contigo-le apoyó Hermione.
Harry les observó, con orgullo en su mirada y afecto en su pecho hacia sus dos mejores amigos, mientras iba recobrando la compostura.
-Creo que tenéis razón-dijo finalmente.
-Oh, la tenemos-le aseguró Ron-. Ya sabemos que Hermione nunca se equivoca.
La muchacha puso los ojos en blanco, pero Harry sonrió y fue como si todos los nervios pasados en aquel capítulo nunca hubieran existido.
De pronto, oyó como alguien se aclaraba la garganta. Al darse la vuelta, vio que había sido Dumbledore.
-Este ha sido un capítulo bastante intenso-dijo en voz alta, llamando la atención de todos-. Por tanto, si queréis hacer una pausa lo entenderé.
Los demás asintieron; ninguno tenía demasiadas ganas de continuar leyendo inmediatamente.
-Parece ser que ya se acerca la hora de comer-seguía diciendo Dumbledore-, pero creo que ninguno de nosotros tiene demasiada hambre ahora mismo-su mirada se centró en Ron y al ver que éste asentía con energía sonrió.
-Lo cierto es que se me ha cerrado el apetito, señor-dijo el chico.
-Justo lo que pensaba-sonrió Dumbledore detrás de su bigote blanco-. De acuerdo, pues. Hagamos una pausa de unos ¿cinco? ¿Diez minutos?
A los demás debió de parecerles bien porque, o no dijeron nada o asintieron con la cabeza.
-De acuerdo, podéis ir a los lavabos o a las habitaciones, pero os he de pedir que no salgáis de la Sala; no queremos causarnos problemas innecesarios- observó durante unos instantes los rostros de todos y luego sonrió satisfecho.
Nada más acabar de hablar Dumbledore, Ginny, que había conseguido zafarse de sus padres, se puso en pie.
-¿Dónde vas?-preguntó Molly, tratando de ocultar su inquietud.
-Tranquila, mamá, solo quiero ir a estirar un poco las piernas y a lavarme la cara. Voy al baño y ahora vuelvo.
La señora Weasley la observó caminar en dirección al fondo de la Sala sin decir nada, pero su rostro se relajó notablemente cuando Hermione se puso en pie y dijo:
-Yo también he de ir al lavabo-se puso en pie y aceleró el paso hasta llegar a la altura de Ginny.
Sirius, que se había ido recuperando poco a poco del mal trago, se giró hacia Remus para hablar con él en voz baja, probablemente de lo sucedido. Por ello, no se fijó en las muchachas ni vio cómo, al entrar en el lavaba, justo antes de que se cerrase la puerta, Hermione pasó su brazo alrededor de Ginny, reconfortándola.
Harry, en cambio, sí que lo vio y sonrió parra sí mismo; sabía que Ginny estaba en buenas manos.
Para cuando Ginny y Hermione volvieron a la Sala, diez minutos después, casi todos se habían dividido en grupos. Los señores Weasley estaban sentados al lado de los gemelos, charlando animadamente, pero levantaron la vista al oír cómo se abría la puerta. Snape y Dumbledore caminaban por un extremo de la Sala, conversando entre ellos, mientras que Ron y Harry estaban hablando con Sirius, Remus y Tonks. El animago se había preocupado sobre el estado de su ahijado y su amigo pero, una vez visto que se encontraban bien, había empezado a bromear y a charlar de cosas sin importancia. Tonks y Remus no habían tardado en unirse a ellos y, aunque aún estaban un poco tocados por lo que acababan de leer y, sobretodo, por las reacciones de los alumnos, sabían que aquel era un momento para reír y olvidarse de lo demás.
-Ya estamos aquí-dijo Hermione, señalando lo obvio-. ¿Nos hemos perdido algo?
Harry negó con la cabeza.
-Nada importante.
En aquel momento, Dumbledore y Snape regresaron a la mesa, el primero con una sonrisa amable en su rostro.
-¿Habéis hecho descansado lo suficiente?-preguntó, sentándose en su lugar.
-Creo que sí-asintió Ginny, un poco cohibida de repente, al haber demostrado todas aquellas emociones delante de los profesores.
-Perfecto, pues-dijo Dumbledore con entusiasmo. Luego agitó su varita y el libro voló hacia sus manos-. Ahora que estamos todos más tranquilos, ¿os apetece seguir leyendo?
Harry pensó que aquella era una pregunta un tanto estúpida ya que el director sabía perfectamente que nadie iba a decir que no. Aun así, asintió para responderla.
-Excelente-sonrió el director-. Veamos, me parece que faltan por leer: los señores Weasley, Remus, el profesor Snape y yo. ¿A alguien le apetece?
Remus pasó la mirada por encima de los demás. Sabía que en el caso de Snape y Dumbledore no iban a leer a hasta que no tuvieran otra opción y, respecto a los gemelos, no sabía serían capaces de leer el siguiente capítulo, teniendo en cuenta lo sucedido. Por ello, abrió la boca para ofrecerse voluntario cuando:
-Yo leeré- era la señora Weasley quien había hablado, con un fuego extraño en su mirada.
-Mamá, ¿estás segura?-preguntó Ginny, dubitativa.
Molly asintió con energía.
-Totalmente. Si mi hija lo ha hecho, yo también. Siempre que pueda repetir...
Aquello provocó que, pese a todo, una amplia sonrisa se extendiera por el rostro de la muchacha.
-Claro que puedes-le animó, mirándola con cariño infinito.
-Que no se hable más, entonces-dijo Dumbledore, pasándole el tomo a Molly.
Ella lo cogió con firmeza, aunque con cuidado, como si pudiera atacarle en cualquier momento. Luego suspiró y abrió el libro, buscando la página adecuada.
-El siguiente capítulo es el número nueve: "La inscripción en el muro"-dijo en cuanto la encontró-. ¿Estáis todos listos?
Ginny sabía que aquella pregunta iba en gran parte dirigida a ella, de modo que asintió y dijo con firmeza:
-Sí, lo estamos.
-Bien-dijo la señora Weasley. La observó durante unos instantes y luego cogió aire y comenzó a leer.
A/N Aquí acaba este capítulo. El siguiente es probable que tarde bastante en tenerlo porqué empiezo finales en tres semanas y no puedo arriesgarme a suspenderlos. Los acabo sobre mediados/finales de junio. Así que lo siento pero no esperéis nada nuevo hasta entonces.
Por cierto, estoy pensando en poner en un hueco de mi perfil el estado en el que se encuentra el siguiente capítulo. Lo iría actualizando cada vez que fuese escribiendo y así podríais saber cuando esperarlo. ¿Qué os parece? Yo creo que podría ir bien... Bueno, espero que os haya gustado el capítulo.
Gracias por leer y dejad review si queréis :D
